Lexikoa

HIERRO

Obtención del hierro: los primeros hornos. Aunque la elaboración del metal era conocida en tierras vascas desde el siglo VI o VII a. C., sólo durante la dominación romana debió recibir un fuerte impulso. De hecho, en Vizcaya el poder romano se limitó prácticamente a la ocupación de los puntos estratégicos que permitían la comunicación de Somorrostro con la calzada Astorga- Burdeos, por un lado, y con el mar, por otro. En el s. X se envía vena de Somorrostro a La Rioja, Navarra y Alava a lomo de acémila, y a los puertos guipuzcoanos por vía marítima. En el s. XI el tráfico de mineral hacia puertos guipuzcoanos y labortanos es intenso. El primitivo procedimiento de elaboración del hierro consistía en la calcinación del mineral a campo libre, utilizando grandes cantidades de carbón vegetal y leña. Posteriormente se comenzaron a emplear troncos huecos de árboles recubiertos de arcilla y otras materias minerales, sustituidos luego por hornos de cal y canto de un metro de diámetro y dos o tres de altura, dentro de los cuales se disponían capas alternativas de mineral y carbón vegetal. El horno quedaba totalmente cerrado, salvo un orificio por el que se inyectaba aire mediante fuelles movidos a mano o con los pies. El tiro se regulaba abriendo o taponando con arcilla orificios en la parte superior del horno. Las cenizas del mineral caían en una hoya denominada "arrago", "arragua". Estas instalaciones primitivas requerían gran cantidad de combustible: nueve sacos de carbón de roble, haya o encina, o una cantidad algo superior de carbón de castaño para obtener un quintal de hierro. Por ello, se hallaban normalmente en los montes, en las cercanías de algún bosque, aunque a veces alejadas de los yacimientos de mineral. Todavía hoy es fácil encontrar en las montañas vascas montones de escorias procedentes de estas antiguas ferrerías. Son de color oscuro y brillo vítreo muy característico, y tienen aspecto de haber sido muy fluidas antes de su solidificación. Todavía se recuerdan, en las viejas leyendas, las ferrerías de los montes, con los nombres de "aitzeolak" (ferrerías de viento) o "gentilolak" (ferrerías de los gentiles). Los primitivos ferrones vascos aparecen en la tradición como gigantes paganos, de fuerza sobrehumana.