Udalak

OÑATI

Anteriormente Oñate. Villa y Municipio de Gipuzkoa que adopta su denominación actual por resolución 23-03-1981 (Boletín Oficial del País Vasco 18-05-1981 y Boletín Oficial del Estado 22-04-1989). Está situado al suroeste de la provincia y regado por los ríos Ubao, Olabarrieta y Auntzerreka, que se unen en la villa, con sus afluentes tales como el barranco de Arantzazu y los arroyos de Basauri, Zubillaga, Madari, San Pedro y San Lorenzo que recorren únicamente este término. La villa del mismo nombre se encuentra en la parte central del valle y término municipal, rodeada de zonas montañosas cuyas alturas oscilan entre 1.365 m. (Artzanburu) y 220 m. Las coordenadas geográficas son 43° 02' 10" de latitud y 1° 16' 35" de longitud (mapa catastral, hoja 88, 1:50.000), Mer. M. Limita al norte con los términos de Bergara y Antzuola, al este con los de Legazpi y con la parzonería de Altzania, común a Álava-Araba y Gipuzkoa, al sur con los términos alaveses de Asparrena, San Millán/Donemiliaga y Barrundia de los que le separa la sierra de Urkilla. Los barrios de Araotz y Arantzazu se hallan en las laderas sur de Madina y Aloña respectivamente. Dentro del hábitat rural pueden citarse Sarramendi, Urrexola, cerca de las calizas de Orkatzategi, Murgia y Berezano, el de la falda del Aloña, Uribarri en la base del Aloña, Garagalza, entre los ríos Arantzazu y Lezesarri, y las partes altas de Garibai, Olabarrieta y Larraña en las estribaciones de Aurrekomendi.


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Su casco urbano se asienta sobre terreno aluvial. Sus contornos están constituidos por una sucesión flyschoide arenisco-calizo-arcillosa. El valle se encuentra entre los anticlinales de Satui y de Aloña-Aizkorri. El valle de Araotz, a mucha mayor altura, se encuentra en una cubeta entre los monoclinales de Madina y de Artía, a casi 600 m.

Población 1960-70-88: ver cuadro.

Censos. 1489: circa 3.800; 1668: c. 3.200; 1767: c. 3.200; 1788: 4.823; 1800: 4.953 h.; 1860: 5.983; 1900: 5.975; 1910: 6.149; 1930: 6.662; 1940: 6.699; 1950: 7.225; 1966: 10.070; 1970: 10.645; 1975: 10.765; 1981: 10.893; 1986: 10.460; 1988: 10.859; 2000: 10.717.

Población inmigrante. En 1981 contaba con un total de 3.374 inmigrantes llegados:

Antes/en 1950 Entre 1951-1960 Entre 1961-1970 Desp. de 1970
179 v.
300 h.
282 v.
278 h.
586 v.
626 h.
588 v.
535 h.

(Ref. "Movimientos Migratorios").
Altitud. 231 m.
1800: 295 casas y 377 casas de labranza; 1845: 303 casas y 407 casas de labranza; 1950: 890; 1970: 678 casas y 306 de labranza. Desde 1960 a 1968 la población de este municipio creció en un 2,64 % medio anual. Indice de crecimiento de 1960 a 1970 (base 100): 126,25. Variación porcentual de la población 19701975: + 1,1.
Distancia desde la capital del municipio a Donostia-San Sebastián: 75 kms. Distancia a la cabeza del partido judicial: 12 kms. Este municipio tuvo estación de ferrocarril. Tiene relación a través de una carretera comarcal con la comarcal 6.213 y el monasterio de Nuestra Señora de Arantzazu. También comunica por medio de una carretera local con la población de Legazpi. Si Oñati perteneció de jure a Gipuzkoa, por razones de abastecimiento tuvo muchas más relaciones con Álava-Araba. Por esto la calzada más importante fue la que conducía a esta provincia. El trazado de esta calzada fue aproximadamente el siguiente. Partía de Portalekua -este nombre parece indicarnos que era la entrada del pueblo; como Oñati jamás tuvo recinto murado, creemos que indicaría simplemente la entrada principal- y desde este punto, seguía el mismo trazado de la actual carretera a Arantzazu hasta Urtiaga; aquí seguía recto por el actual atajo hasta Urtiagain, de donde iba hasta Zapata por el mismo trazado que la carretera. A unos 50 metros de la capilla de Zapata, bajaba por el camino carretil que conduce a Arrikrutz; este trozo conserva todavía vestigios de la vieja calzada; de aquí pasando por el puente de Aldaola, subía hasta San Juan de Artia. Desde este punto seguía subiendo hasta el collado entre Sikillao y Burgamendi, donde se internaba en terreno de Álava-Araba. En el s. XVIII se le llamaba a este camino «Arrieria». Sobre Burgamendi debió existir un castillo. Zumalde (1957) basa su hipótesis en la existencia en sus cercanías de dos toponímicos muy reveladores. Hay una fuente que se llama Katilluiturri (fuente del castillo), cerca de la cual se construyó a fines del siglo pasado una casa-albergue para mikeletes; en la vertiente alavesa hay un arroyo denominado Argastelu (¿castillo de piedra?). Añádase a esto las siguientes frases encontradas, la primera al describir las dehesas que en 1557 designó el Consejo: «...entre las peñas de Arrigojenaga e la peña del castillo de Artia», y la segunda, en un contrato de venta de madera de 1585: «... son linderos por parte de Arrigojenaga el camino que iba para el castillo de Artia por el cerro de arriba...» De Arrikrutz partía un ramal para Arantzazu, que primero subía a Gesaltza, de donde seguía el actual camino para el molino de Akuegi; antes de llegar a éste comenzaba a ascender y pasando junto a la casería de Zapiarbe llegaba al Santuario. En Arantzazu enlazaba con el Erromesbide (camino de peregrinos) que pronto se bifurcaba en dos: uno conducía por Katabera a Gipuzkoa, y el otro a Navarra y los pueblos alaveses limítrofes con este reino. En el s. XVI esta última calzada debía ser frecuentada únicamente por peregrinos y mulateros conductores de vino. Para esas fechas, el comercio con Navarra, floreciente en pasadas centurias, se había reducido a sólo el vino. De la calzada general que venimos describiendo, partían dos ramales para Araotz: uno de cerca de Zapata que bajaba a Jaturabe (el puente de este nombre se rehizo ampliándolo en 1531); el otro partiendo de cerca de Arrikrutz por Madina bajaba a Araotz. Para ir a Álava-Araba, los araoztarras usaban atajos, sin necesidad de usar la calzada; estos atajos se convirtieron desde fines del pasado siglo en rutas de contrabando interprovincial. La segunda calzada partía de Oñati en dirección al Valle de Leintz. Hasta el cruce de la carretera de Olate, seguía aproximadamente el actual trazado de la carretera general. Desde este punto por el puente de Garibai bordeando el río, iba a la Magdalena, donde se confundía con la carretera actual hasta la casería de Txipitxalle; desde este punto, seguía el camino de Erguña hasta llegar a Mondragón y Aretxabaleta. Este último trozo se llamó Erregebide, por haberlo construido los mondragoneses a fines del s. XIV para que pasase el rey Enrique II. Para ir a Bergara partía un ramal desde el puente cercano a la casería de Txipitxalle que llegaba hasta el molino de Elorregi, por el mismo trazado que la actual carretera. En Elorregi, atravesando el puente, llegaba hasta el puente que se encuentra enfrente de la iglesia de San Prudencio, donde se unía a la calzada que de Mondragón iba a Bergara. El puente de Elorregi se construyó en 1504. Hasta esa fecha se solía vadear el río. Se construyó para poder usar el camino, pues en días de grandes avenidas de agua era intransitable. La tercera calzada que enlazaba con Gipuzkoa por Legazpi nacía en Santa Marina y por Kurtzebaltz, tocando las paredes del convento de Bidaurreta y por delante de la casería (y ferrería entonces) de Olaa (antiguamente se llamaba Narriaondo) iba hasta el puente de Olapoto; aquí torcía a la izquierda y bordeando el río por Ugarkalde lo atravesaba por el puente que se encuentra en frente de la casería de Irubieta, para pronto atravesarlo de nuevo por el puente de Artxubi (puente de piedra); hasta el comienzo del puerto de Udana seguía el actual trazado de la carretera; en este punto subía por lo que hoy es el atajo hasta llegar a la cumbre llamada entonces Inunziaga, ya en término de Legazpi. Había otras calzadas de segundo orden: la que de Zumelzegi subía para dirigirse a Antzuola; la que partiendo del humilladero del Angel de la Guarda por Urrexola iba al Valle de Leintz, de las cuales poseemos muy pocas noticias. El trazado de las calzadas que hemos indicado comenzó a variar en 1767. En este año se pensó variar el trazado de la calzada que se dirigía a Bergara, haciendo un ramal desde el molino de Elorregi hasta la nueva carretera que la Provincia había construido del valle de Leintz a Bergara, en el punto donde actualmente se une, o sea, eliminar el paso por el puente de Elorregi y el puente de la iglesia de San Prudencio. Para ello tuvieron que hacer otro puente, el que actualmente está en uso. Esta obra comenzó en 1777 y concluyó en 1794. Con esta ocasión se varió algo el trazado del camino desde Auntzokua. Desde esta fecha fue perdiendo importancia la calzada de San Juan de Artia. La carretera general desde Legazpi a San Prudencio con el mismo trazado que el actual se hizo en 1845. En 1789 se comenzó la reforma de la carretera a Arantzazu, adoptando el trazado actual hasta la última capilla del rosario. Desde este punto subía al humilladero del Santo Cristo, para seguir el viejo camino, que todavía existe, por Goiko-benta. (Ref. Zumalde, I. (1957: 332-339).
L. L. Bonaparte, en 1863, la clasificó en el euskera guipuzcoano y, dentro del mismo, en el subdialecto de Gipuzkoa y variedad de Bergara. En el primer tercio del s. XIX, Añibarro la incluye, a efectos de predicación, en una lista de localidades cerradamente vascoparlantes (Varios "Geografía Histórica de la Lengua Vasca", Auñamendi, 1960, t. I, pp. 44-60). En 1970 el número de vascófonos ascendía a 8.960 personas (Pedro de Yrizar: "Los dialectos y variedades de la lengua vasca", sep. "Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País", 1973, p. 20). Según el censo de 1981 había los siguientes hablantes: ("Educación y Euskera"):

Erdaldunes 1.678
Euskaldunes
- Alfabetizados
- Algo Alfabetizados
- No alfabetizados
2.450
4.422
969
Casi euskaldunes
- Alfabetizados
- Algo Alfabetizados
- Pasivos
159
514
407

Al comenzar el s. XIX casi todos los habitantes del casco urbano se ocupaban en tres ferrerías, una fandería y algunas fraguas que trabajaban fleje, herraje, clavo, cerrajería, etc. Había además telares de mantas y márragas de lana churra del país. La agricultura era importante, sobresaliendo entre las hortalizas los espárragos y la borraja, de cuya flor se elaboraba un dulce conocido como «jarrillas de Oñate». El vecindario tenía un carácter especial debido a los numerosos religiosos, rentistas, propietarios, profesores y estudiantes que se contaban en él. Un siglo más tarde la industria seguía teniendo importancia, aunque no había sufrido el desarrollo espectacular de otras comarcas guipuzcoanas: había una fundición de hierro, bronces y metales, fábricas de herramientas, serrerías mecánicas, etc. En 1877 se establece la firma «Moyúa, Guerrico y Cia.» una factoría de puntas de París en el barrio de San Pedro. Entre 1866-1871 se establecieron dos fábricas de fósforos, principal la de Garay procedente de Aretxabaleta. Además de las dos importantes industrias que hemos señalado, hubo en esta villa otras de menor importancia, como son: la de Simón Amíe, de hachas, martillos y otras herramientas; la de calderas de cobre, de los señores Alberdi y Compañía; la de clavos, de los Sres. Ugarte y Compañía; la de curtidos, de los Sres. Arrazola y Compañía; la de cestas, de Tomás Lascurain; la de tejas y ladrillos, de los Sres. Urcelay y Compañía, y varios pequeños talleres de poca importancia. Molinos antiguos: Errotazar, Olabarrieta, Olako, San Miguel, Tokillo, Santa Kruz, Murgigoikoa, Murgibekoa, Linazibar, Akuegi, Boliño, Errotaberri, Saratxo, Gasparrena, Jaturabeko, Azkarraga, Elorriaga, Zubillagako, Garibai, Urrejola, Errotatxo, Lamiategi, Lamiategibekoa, Zuazola, Usako, Errotabarrigoikoa y Errotabarribekoa. (Ref. A. A. S.: «T. de M.»). En los años 50-60, segunda industrialización del País Vasco, encontramos fabricación de herramientas de corte para agricultura y oficios varios, producción de tubos de acero soldados y calibrados de precisión, estructuras metálicas prefabricadas y armazones para paraguas y parasoles en Hijos de Juan Garay, S. A., desde 1921. Construcción y reparación de maquinaria. Fabricación y venta de aparatos eléctricos para calefacción y uso doméstico en Solaun y Rubio, S. A., fundada en 1945. En cuanto a su comercio, Oñati pertenece al área comercial de Vitoria. Según el censo agrario de 1962, en este ayuntamiento había 789 explotaciones agrícolas, 140 de menos de 0,1 Has., 93 de 0, 1 a 1 Ha., 146 de 1 a 5 Has., 301 de 5 a 20 Has., 102 de 20 a 100 Has., 6 de 100 y más Has. El régimen de tenencia era el siguiente: Propiedad: 10.107; Arrendamiento: 435; Aparcería: 62; Otros: 16. En 1986, con el ingreso en el Mercado Común, fue declarado este municipio «zona de montaña» haciéndose acreedor a un subsidio del 35 % sobre el proyecto de desarrollo integral del mismo.
Censo industrial (1975). Había un total de 129 empresas, dedicadas a la alimentación 14, textil 3, madera y corcho 17, química 1, construcción 29 y metal 42. Las empresas de más de diez trabajadores enclavadas en su término son: Altuna Hermanos, S. A. (Zubillaga, herramientas de mano), con 1 17; Arrázola, Marcos, (Olabarrieta, tejas y ladrillos), con 19; Arrúe Hermanos (herramientas de corte), con 16; Becusa, S. A. (Zañartu, cerrajería), con 11; Cartonajes Arregui, S. A. (Goribar), con 20, Celaya Emparanza y Galdós, S. A. (CEGASA) (pilas y linternas), con 241; Cerrajería Uríbarri, S. L. (CEUR), con 39; Chinchurreta, S. L. (tubería), con 30; Chocolates Hueso, S. A., Zahor, con 224; Construcciones Electromagnéticas, S. A. (COEL), con 87; Construcciones Egeralur, S. L. (Kale Zaharra), con 26; Construcciones Ugarte, S. L. (Padre Lizarralde), con 56; Construcciones Umerez, S. L. (López de Aguirre), con 90; Enara, S. Coop., (Zubillaga, forja y estampación), con 184; Ezpeleta Balzategui, José María (Patrue Kale, paraguas), con 13; Fagor Industrial, S. Coop. (FAGINDUSTRIAL) (Santxolopetegi, equipos de hostelería y lavandería industrial), con 300; Hijos de Juan de Garay, S. A. (Obispo Otaduy, barras y perfiles de latón) con 365; Industrias Betik, S. A. (Lezesarri, madera), con 57; Industrias Labeko, S. Coop. Ltda. (Obispo Otaduy, chocolates), con 28; Inoxlan S. Coop. (vajilla y servicio mesa), con 27; Irizar Villar y Cia, S.A. (Lezesarri, cerrajería), con 37; José Igartua y Cia, S.A. (TAIGAR) (báculos y columnas de alumbrado), con 30; Lana S. Coop. (Zubillaga, madera), con 90; Leniz S. Coop. (Sancho Lopetegi, muebles), con 200; Mugarza, Ugarte y Cia, S.A. (MUCIA) (Obispo de Otaduy, metales), con 83; Ogille, S.A. (Zubillaga, panadería), con 57; Onraita, S. A. (Ramón Irizar, herramientas), con 25; Pastelería Muruamendiaraz, S. A. (Zubillaga), con 13; Perosterena e Irizar, S. R. C., Manufacturas Lau (Campincho, parasoles y sombrillas), con 11; Serrería Igartua, S. A. (Zubillaga), con 11; Stadler, S. A. (Garibay, piezas sintetizadas), con 27; Talleres Ulma, S. Coop. (Obispo Otaduy, maquinaria), con 470; Viuda de Lino Urcelay, La Higiénica (Zubillaga, madera), con 26; Zubia Ojanguren, Nemesio (Olabarrieta, accesorios de aluminio y hierro), con 21. («C. I. P. V.», 1982). En 1981 poseía 57 empresas, de las cuales 30 ocupaban de 3 a 19 personas, 19 de 20 a 99 y 8 de 100 a 499. En las primeras trabajaban 209, en las segundas 856 y en las terceras 2. 101 , sumando un total de 3. 166 personas ocupadas en la industria. (Ref. ESICAE, 1983, E. Jaurlaritza).
El total de población considerada activa en 1982 era de 3.109 varones y 1.264 mujeres. De éstos, 2.890 v. y 1 .081 m. se hallaban ocupados, 136 v. y 155 m. buscaban empleo por primera vez y 83 v. y 28 m. habían trabajado anteriormente. El total de inactivos estadísticos era de 2.306 y de inactivas estadísticas 4.142. (Ref. AEV 1982).
La iglesia parroquial de San Miguel tiene como elemento más antiguo la actual nave del Rosario o de Sancti Spiritus, pues las primeras noticias conocidas sobre ella se remontan al año 1305. Por otro lado, las obras realizadas en su momento en el claustro permitieron encontrar capiteles románicos, lo cual hace que debamos suponer la existencia de un templo de ese periodo. En su estado actual posee tres naves, habiéndose erigido con posterioridad a la citada la central y la del lado del evangelio. Se supone que esa intervención tendría lugar a mediados del siglo XV. También se cree que en un principio habría un cobertizo junto al río, constituyéndose en cuarta nave cuando se erigió el claustro. De esta manera, la planta del edificio es irregular. Además, las tres naves mencionadas en principio cierran en sendos ábsides, poligonales la central y la de la epístola y plano el del lado de la capilla de la Piedad. El presbiterio se halla elevado con respecto a la nave central, circunstancia que se debe al enterramiento efectuado debajo del altar mayor en 1612. Hay que consignar también que el coro, situado a los pies y apoyado sobre bóvedas de crucería, ocupaba en origen tan sólo el espacio correspondiente a la nave central. El claustro fue sufragado por el obispo don Rodrigo Mercado de Zuazola, contratando en 1526 la obra Pedro de Lizarazu. El responsable de la traza sería probablemente Rodrigo Gil de Hontañón, aunque también existiría una consulta a Diego de Siloé. Realización de carácter gótico, las dos puertas que dan acceso a ese claustro se consideran como las primeras realizaciones arquitectónicas de carácter renacentista en la provincia. Son arcos de medio punto muy sencillos, enmarcados por medias columnillas estriadas y terminadas en un gracioso friso con cabezas de querubines, apreciándose el blasón del mecenas inserto en una medalla y situado en las enjutas del arco. La portada fue diseñada por Martín de Zaldúa en 1712. Además, Tomás de Auzmendi incorporó al diseño cinco esculturas y dos remates en los macizos de las pilastras. De la concreción se encargó Juan de Carrera, pero como el trabajo no estaba siendo del agrado de los patronos, el entallador de Viana Juan Bautista de Suso asumiría esa labor, realizando además un diseño en el que añadía mayor labor decorativa. Realización plenamente barroca, la planta une secciones cóncavas y rectas con el fin de otorgar mayor profundidad al acceso. La torre fue diseñada por Manuel Martín de Carrera en 1778. Se sitúa a los pies de la iglesia, consiguiendo de esta manera otro pórtico de entrada. Los órdenes aparecen superpuestos, anunciando la severidad del conjunto los principios neoclásicos.

La capilla de la Piedad se sitúa en el lado del evangelio. Es una capilla funeraria, toda vez que en ella sería enterrado Rodrigo Mercado de Zuazola. El retablo se ejecutaría hacia 1533-1536, con traza de Gaspar de Tordesillas, tomando parte en su concreción los entalladores Andrés de Mendiguren, Miguel de Iragorri, Juan de Olazarán y el imaginero Juan de Ayala II. Con la habitual disposición de casillero, es un organismo de enorme interés. El mausoleo se atribuye a Diego de Siloe, quien lo realizaría entre 1529 y 1532. Se trata de una obra cimera, de incuestionable calidad técnica y mensaje propio del periodo. De este modo, el cultivo de la virtud, el conocimiento de la fe y la defensa del dogma son cuestiones que atañen al finado, sin olvidar la esperanza en la resurrección, la devoción, la piedad y la sabiduría. La sepultura propiamente dicha, situada frente al mausoleo, es de sobria concepción, debiéndose su factura a Pierres Picart. Igualmente destacables son las rejas que cierran la capilla, constando en la de la entrada la fecha de 1535.

El retablo mayor fue realizado entre 1714 y 1717 por el propio Juan Bautista de Suso, responsable igualmente de la traza. Nos hallamos ante un retablo-fachada de dos cuerpos de tres calles y remate. Es una obra de grandes dimensiones. Los soportes poseen un papel importante en su desarrollo, ya que se hace uso de columnas salomónicas pareadas. Provisto de un acusado sentido ascendente, el desarrollo tiende a la forma piramidal. Otro aspecto relevante es que se conserva la traza otorgada por el maestro señalado en la propia parroquia. La policromía se retrasaría hasta el rococó, sin que se conozca a su autor. Tampoco se sabe el nombre del autor de la escultura, si bien su labor no es destacable. En la cripta situada bajo el altar mayor se sitúa la tumba de los Condes de Oñate, datada en el siglo XIV.

En la capilla del primer tramo de la nave del evangelio se sitúa el retablo lateral de fray Miguel de Aozaraza. Es un retablo de hacia principios del siglo XVIII que anteriormente contaba con un lienzo de la Virgen con Santo Domingo y San Simón. Actualmente lo preside un lienzo del segundo tercio del siglo XVIII que nos muestra al santo señalado, correcta realización claramente dependiente de un grabado. Entre el retablo mayor y la capilla del Rosario se sitúa un púlpito renacentista, realización de Martín de Iragorri, quien lo ejecutaría en 1563. El retablo de la capilla del Rosario es una realización plenamente rococó, obra de interés tanto en lo arquitectónico como en lo escultórico. También el retablo de San Pedro, situado en el primer contrafuerte del lado de la epístola, es de carácter rococó. El retablo de Santa Marina, apoyado en el primer pilastrón del claustro, es de carácter romanista, pudiendo datarse entre los años finales del siglo XVI y principios del XVII, si bien la primera opción parece más correcta. El retablo de San Juan Bautista se sitúa en el segundo de los pilastrones del lado de la epístola. Realizado en la primera mitad del siglo XVI, cabe suponer la participación de algún maestro local, dada la escasa entidad del desarrollo escultórico. El retablo de San Agustín, ubicado en el tercer pilar de la nave del Rosario, es de carácter romanista, sin que tampoco en este caso la calidad de la escultura resulte destacable. El retablo de San Antonio es de cronología rococó, el de la Dolorosa es barroco y en el claustro hay una efigie gótica de Cristo. En la sacristía hay varias imágenes, algunas de las cuales pertenecen al siglo XVI. Se conserva igualmente en esta iglesia una efigie de San José con el Niño realizada en torno a 1771 por José Salvador Carmona.

La universidad de Sancti Spiritus se sitúa prácticamente enfrente del edificio anteriormente comentado. En 1534 Rodrigo Mercado de Zuazola escribe al Concejo de la villa mostrando su deseo de fundar un colegio que sirviera para que los naturales del país tuvieran acceso al mundo de las letras. Tras la concesión de la bula otorgada por Paulo III en 1540, es Domingo de Guerra el cantero encargado de la construcción, sirviéndose de la calidad de Pierres Picart para la confección de la labor de talla en la portada. De todos modos, el resultado de su trabajo parecería pobre al cliente, razón por la cual Picart firma en 1545 un contrato en Valladolid con el obispo don Rodrigo para erigir cuatro pilastrones que darían mayor dignidad a la fachada principal del edificio. Algunos meses más tarde, ya en 1546, ambas partes redactan un nuevo documento, en el cual se precisan las condiciones y el precio de tal labor. En 1558 se examina todo el edificio, peritaje que corresponde a Juan de Lizarazu y Juan Ochoa de Arronategui. La planta del edificio es cuadrangular, con patio central, capilla en uno de los lados del vestíbulo y diferentes salas, distribuidas en dos pisos unidos por una escalera pétrea de carácter claustral. El modelo seguido para esta construcción sería el colegio de Santa Cruz de Valladolid. En cualquier caso, lo que en Valladolid había venido impuesto por su carácter tardogótico, con dos contrafuertes dotados de función tectónica que se recubren con decoración renacentista, aquí pasaría a ser algo meramente ornamental. El contenido temático de esas nuevas aportaciones figurativas se distribuye en pasajes mitológicos, entre los que destacan algunos trabajos de Hércules, virtudes teologales y cardinales, distintas santas y santas específicamente mártires. El claustro es la parte más avanzada del conjunto, con dos pisos en los cuales se disponen arquerías de medio punto. Los medallones representan a personajes famosos de la época. La capilla se sitúa junto a la entrada. Obra de carácter plenamente gótico, alberga un magnífico retablo, ejecutado entre 1545 y 1550 y asignado a Pierres Picart y sus colaboradores. En cuanto a su tipología, adopta forma de casillero con entrecalles. La calidad del conjunto es soberbia en todas sus facetas, imponiéndose el expresivismo del entallador francés, bajo cuya dirección se consigue un conjunto de acusada uniformidad. En el claustro hay actualmente dos monolitos enfrentados, "Lurra eta ilargi", obra realizada en 1995 por Jorge Oteiza y José Luis Pequeño.

En Kalezahar se sitúa la torre de Zumeltzegi, edificio de carácter medieval. La casa Askoritza es un palacio del siglo XVI muy reformado que, sin embargo, mantiene algunos vanos de carácter gótico. El edificio con el número 24 conserva un acceso de carácter gótico. Antigua casa de los Bergantzo, esta familia se asentó en la localidad en el siglo XV, momento al cual correspondería el elemento señalado. La casa Olakua ocupa el número 15 de la calle. Pese a mantener elementos propios de la obra original, correspondiente a los inicios del siglo XVI, fue en origen una construcción de dos viviendas. Aunque son numerosas las viviendas con elementos históricos, conviene destacar el palacio de los Sarria, que posee el número 60, con una serie de arcos de ladrillo en su fachada. La casa de los Alzaá, identificada con el número 64, ha sido muy reformada, si bien mantiene el escudo de armas en su fachada. En la plaza del 1 de Mayo destaca la casa Egañena, remodelada en el siglo XX, pero con elementos gótico-renacentistas, mientras que la casa Txaketua se erigió en el siglo XIX. En la calle de la Solead sobresalen la casa Galarza, de carácter barroco, y los números 1 y 9, ya del siglo XX, mientras que los números 27 y 29 son de carácter modernista y del llamado estilo neovasco respectivamente. En Aita Madina kalea encontramos la casa de Hernani, del siglo XVI, mientras que la iglesia de los Canónigos Regulares Lateranenses es una realización neogótica erigida en 1890. La plaza de Santa Marina posee como edificios más señalados los palacios de Madinabeitia y Barruena, de carácter barroco.

La plaza de los Fueros se habilitó a mediados del siglo XIX, debiéndose el proyecto a Mariano José de Lascurain. Sobresale en este ámbito la casa consistorial, una de las más destacadas de la provincia. El autor del proyecto fue Martín de Carrera, adjudicándose en 1763 la cantería a Francisco de Echánove y la carpintería a Francisco de Cortaberría y Miguel de Sarazíbar. La finalización del edificio se produciría en enero de 1780, encargándose de la sillería de la sala principal Manuel Martín de Carrera. La planta del edificio es rectangular y posee tres plantas, si bien en la crujía de la escalera hay cuatro. En la baja se dispone el habitual porche, con tres arcos en su frente y dos a las calles laterales en este caso. Relacionado en su concepción con el de Arrasate, también en este caso se finaliza la calle central de su fachada principal en un frontón triangular, ubicándose en ese lugar el escudo de armas realizado por Manuel de Olaran y Vicente Ramírez de Pecina. Como señalábamos anteriormente, es uno de los edificios más destacados de la segunda mitad del siglo. A ambos costados del edificio reseñado se sitúan las calles Zumalakarregi y Kaleberri. En la última destacan las casas Kirrin, Ocariz y Eugeniokua, del siglo XVI en origen, si bien han sufrido algunas reformas. En la primera sobresale el palacio Lazarraga, casa torre en origen, ampliada en el siglo XV y reformada en época barroca.

Ignacio CENDOYA ECHANIZ
Profesor de la U.P.V.-Euskal Herriko Unibertsitatea
Arte, II. Situado en uno de los arrabales de la localidad, el monasterio de la Santísima Trinidad de Bidaurreta es otra de las construcciones sobresalientes con las cuales cuenta esta privilegiada localidad. Juan López de Lazarraga, secretario del Consejo Real y Contador Mayor de los Reyes Católicos, llevó a cabo su fundación en 1510. En ese año tendría lugar el inicio de la construcción, motivo por el cual las primeras religiosas tuvieron que alojarse en un lugar cercano. Con anterioridad, el aludido personaje se dirigió a diferentes conventos españoles para recabar la mayor información posible para su fundación. El diseño de la iglesia se debió a Juan de Ruesga, maestro destacado en el panorama nacional, mientras que para la clausura se adoptó como modelo el convento de La Mejora de Olmedo, en Valladolid. Además, entre 1580 y 1585 se erigiría un nuevo dormitorio, siguiendo para ello la traza realizada por Juan de Errasti, que se conserva en el propio cenobio. El cantero Martín de Marulanda fue el encargado de erigirlo, mientras que de la carpintería se responsabilizaron Juan de Arriaga y Juan de Araoz. Por último, Martín de Carrera diseñó la nueva portería, realizándola en 1760. La casa torre de Olakua se encuentra en las proximidades del cenobio. Es un edificio de carácter medieval, en el cual pervive la entrada en forma de arco apuntado. Hasta la finalización del convento, aquí es donde se albergaron las religiosas.

La iglesia del convento posee planta de cruz latina con capillas entre contrafuertes y cabecera poligonal de tres paños. Como es habitual en el periodo, predomina la proporción dupla entre la mayor parte de sus elementos. En cuanto a la zona destinada a clausura, su contorno no reproduce la forma cuadrada, con medidas irregulares para sus tres crujías. En el interior sobresale el claustro, de grandes proporciones y severo en su formulación. Se ubica en la iglesia el antiguo retablo mayor, ejecutado entre 1531 y 1533 por el maestro local Juan Martínez de Olazarán. Provisto de banco, dos cuerpos y remate, la calidad de la escultura no es destacable. El actual retablo mayor es, por su parte, una realización de indudable entidad. Efectuado entre 1751 y 1753 por fray Jacinto de la Sierra, tracista de la obra, junto con fray Esteban López, el taller de los Sierra, en Medina de Rioseco, se encargaría de la escultura, si bien las imágenes de San José y San Juan Bautista se trajeron de Vitoria. Antonio Jiménez, pintor de esa última localidad, policromaría las imágenes grandes, encargándose José de Quintana de otras tareas. Con todo, la arquitectura del retablo no llegaría a dorarse. El conjunto es espectacular. Provisto de cuerpo único de tres calles y remate, destaca la presencia de un baldaquino iluminado a través de un transparente. La calidad es muy alta tanto en la disposición arquitectónica como en el complemento escultórico. José de Sierra parece adquirir protagonismo en esa última faceta, si bien tampoco puede descartarse la participación de Pedro de Sierra.

El retablo del Nazareno es una realización neoclásica ejecutada entre 1786 y 1789 y situada en el segundo tramo del evangelio. Alberga en la calle del evangelio un Cristo atado a la columna realizado en torno a 1580, imagen romanista de indudable interés. También el grupo de la Piedad se halla en el mismo mueble. Su autor fue Andrés de Irigoitia, quien la realizó en 1588. Su policromía se debió a Miguel de Olazarán. Preside ese singular mueble una imagen del Nazareno, efigie perteneciente al taller de los Sierra y realizada entre 1751 y 1753. El Ecce Homo es de idéntica procedencia. Además, en la clausura existe una imagen de San Juan Evangelista de hacia 1630, el grupo de la Oración en el Huerto de los Olivos, obra igualmente debida al taller de los Sierra. El retablo de la Soledad se sitúa en la segunda capilla del lado de la epístola. Se realizó en torno a 1785 y alberga una imagen de la Virgen de la Soledad procedente del taller anteriormente señalado. De fines del siglo XVIII es la Verónica que se guarda en la clausura. El retablo de San Francisco se sitúa en el tercer tramo del lado del evangelio, realización clasicista de hacia 1630. También el retablo de María Magdalena, situado en el primer tramo de la epístola, es un mueble clasicista, si bien algo más tardío, ya que una inscripción nos señala su finalización en 1666. Conviene señalar, además, la existencia de cuatro imágenes procedentes de Malinas, de las denominadas Poupupées, en la clausura. También se conservan numerosos lienzos en esa zona, destacando una serie de Sibilas datadas en la segunda mitad del siglo XVI y, sobre todo, un espléndido lienzo con la Aparición de la Virgen a San Francisco, firmado y fechado por José Antolinez en 1668.

El antiguo arrabal de Zubiate tiene como elemento más sobresaliente la casa torre de Urain, construcción de fines del XV o principios del XVI. En Zubikoa sobresale el otrora convento de Santa Ana, convirtiéndose su iglesia en casa de cultura, mientras que la clausura se destinó a fines educativos. Beaterio en origen, la primera ampliación del núcleo primitivo se produjo entre 1618 y 1622, encargándose de la mencionada ampliación Juan de Sagarzurieta, cantero vecino de la localidad. La iglesia se erigió entre 1649 y 1654, tarea encomendada a Martín de Balanzategui por Juan Bautista de Hernani y Domingo de Berganzo, quienes poseerían sendas capillas. Entre 1653 y 1655 Martín de Garatechea realizó la espadaña. Además, a partir de 1648 se produciría la conversión del pabellón realizado por Sagarzurieta. Martín de Balanzategui finalizaría ese trabajo para 1653. La planta baja de ese ala pasaba así a convertirse en una iglesia con planta de cruz latina dotada de pórtico. Puesto que los retablos se conservan, señalemos que el retablo mayor fue ejecutado entre 1660 y 1664. El responsable de su realización fue Juan de Sagües, ensamblador de Tolosa, quien seguiría la traza que se le había dado, sin que conozcamos el nombre de su autor. La imagen de Santa Isabel fue realizada por Domingo de Zatarain, mientras que las restantes se deben a su hermano Martín de Zatarain. Finalmente, el dorado del mueble se produce a partir de 1725, siendo José González el responsable de esa tarea. El retablo se compone de banco, cuerpo único de tres calles y remate semicircular. Obra de indudable interés en lo arquitectónico, la escultura es muy desigual, si bien hay imágenes de cierta entidad. Los retablos colaterales de la Purísima Concepción y del Ecce Homo se realizarían entre 1651 y 1654 poco más o menos. Provistos de banco, cuerpo único de tres calles y remate, la imaginería se conserva en otros lugares, mostrando una calidad muy desigual. Así, de gran calidad son los relieves de las calles laterales del colateral del Ecce Homo, mientras que el resto no posee tanto interés. En el convento actual, situado relativamente cerca del originario, se guardan dos lienzos del pintor flamenco del siglo XVII Pedro de Obrel que en su momento se hallaban situados en sendos retablos colaterales. Se trata de la Visión de San Antonio de Padua y el Angel de la Guarda, realizaciones ambas de cierta entidad.

La torre de Zumeltzegi fue erigida a fines del siglo XIII. En el siglo XIX fue convertida en caserío, si bien mantiene tanto su estructura como los elementos propios de su carácter defensivo. La ermita de San Martín y San Roque se erigiría en el siglo XVI, realizándose la espadaña en el siglo XVIII y el pórtico a principios del XX. Destaca su retablo, de carácter renacentista, obra de Felipe de Borgoña. Los retablos colaterales son también de esa época, si bien su calidad es inferior. La ermita de San Juan, por su parte, posee planta rectangular. Alberga un retablo ejecutado entre 1613 y 1622, obra clasicista en la que la imaginería mantiene aún evidente relación con los principios romanistas, mientras que los lienzos del remate son de discreta factura. Junto a ella se sitúa el humilladero del Ángel de la Guarda.

En el barrio de Zubillaga destaca la amplia ermita de San Pedro, realización del siglo XV que fue reformada a mediados del siglo XX. Además, se han resaltado los caseríos Elorregi y Zubillaga Azpikoa, casas solares que sobresalen por sus accesos y el mantenimiento de sus escudos. En Bolivar o Goribar se sitúa la ermita de San Isidro, realización del siglo XIX, destacando igualmente los caseríos Goribar Goiti y Ugartondo. En Torreauzo hallamos la ermita de San Pedro, del siglo XVI. Destacan también los caseríos Elazarra y Etxe Haundi, además de la casa Torrekua. En Antsolopetegi o barrio de la Magdalena sobresale la ermita de la Magdalena, realización de carácter barroco en la actualidad y que alberga un soberbio retablo rococó, conservándose igualmente la imagen original de la titular, realización de carácter gótico. En la sacristía hay un banco de altar con pinturas manieristas sobre tabla. En el anexo a la ermita se sitúa el altar de San Francisco de Borja, además de un par de lienzos barrocos. Entre las construcciones civiles, la más señalada es el caserío de Belauntzategi.

En Larraña sobresale la ermita de San Lorenzo, sencilla construcción que mantiene un acceso en forma de arco conopial, datándose la construcción en el siglo XVI. En Olabarrieta encontramos la ermita de San José, realización del siglo XVI reedificado en los siglos XVIII y XIX. Posee planta rectangular, ábside poligonal, coro a los pies y acceso lateral mediante arco de medio punto. En 1618 se decidió erigir su retablo, encargándose de su realización el escultor Andrés de Zubía. A pesar de ser una obra clasicista, perviven aún numerosos elementos manieristas. Dotado de banco, cuerpo único de tres calles y ático, preside el conjunto la imagen de San José y el Niño. La labor escultórica es de escasa entidad, imponiéndose por tanto la labor estructural. El caserío Artxubi posee en su fachada algunos elementos procedentes del escudo de los Reyes Católicos existente en el monasterio de Bidaurreta. Por otro lado, Billargoiti y Kortaberri son casas solares, manteniendo el primero su escudo y sobresaliendo el acceso del segundo.

El barrio de Lezesarri se define en torno a la ermita de San Esteban, datada en el siglo XV, si bien ha sido objeto de numerosas e importantes reformas a lo largo de los siglos. Mantiene el acceso en forma de arco apuntado. El caserío Altzibar Azpikoa conserva sus escudos circulares en la fachada. En Uribarri hallamos la ermita de San Andrés, con un acceso del siglo XVI y una sacristía perteneciente al siglo XIV. Se conserva, además, en su interior, una imagen gótica de la Virgen. En las proximidades se sitúa un humilladero. También se destacan los caseríos de Azkarraga Haundia y Goitikua.

En Araotz, la iglesia de San Miguel es una construcción de planta rectangular y cabecera plana. La fábrica original se habría erigido hacia el siglo XV, ampliándose con posterioridad el templo, en el siglo XVI en principio y en el siglo XVII después, momento éste al cual correspondería la zona de la cabecera. Con todo, mantiene el carácter gótico con sus tres naves escalonadas. Su retablo mayor fue ejecutado en 1727 por Pedro de Quintana y José de Urdaneta en su arquitectura, mientras que de la escultura se ocuparía Domingo Zumalde. Provisto de banco, cuerpo único y ático semicircular, pertenece al barroco decorativo. Tampoco en esta ocasión resulta destacable su complemento escultórico. De hacia las mismas fechas serían los colaterales, consiguiéndose de este modo un conjunto plenamente coherente, en el que, lógicamente, se impone la visión de conjunto. La gruta de San Elías posee una ermita en su entrada. Entre las construcciones de carácter civil, las más señaladas son los caseríos de Zubia, Araotz Urruti, Ugaran, Jausoro, Uriarte, Aizkorpe, Madiña y Agirre.

En Urruxola sobresale la iglesia de Nuestra Señora, edificio de nave única provisto de capilla bautismal, al tiempo que el pórtico comunica con el cementerio. Además, la portada principal es en forma de arco carpanel, circunstancia que hace que esta parte del templo se haya datado en el siglo XVI, mientras que el resto pertenecería al XVII. Posee una bóveda nervada de madera. Su retablo mayor es de principios del Neoclásico, manteniéndose sobre el sagrario una pequeña imagen del Niño Jesús de fones del XVI o principios del XVII, aunque de carácter popular. También los retablos colaterales son de ese periodo. Ya en Berezano, destacan la ermita de Santa Lucía, sencilla construcción del siglo XVI con planta rectangular y acceso mediante arco apuntado, y los caseríos Agirre, Agirrezubiaga y Kapaingoa.

Murgia es otro de los barrios con los que cuenta la localidad. Destaca aquí la ermita de la Ascensión, trasladada a su actual ubicación a principios del siglo XX. Además, cambiaría también de advocación, ya que anteriormente se dedicaba a San Andrés. Provisto de planta rectangular, destaca en su interior el retablo, realización del primer tercio del siglo XVI debida a Felipe de Borgoña y Andrés de Murguialday. La imagen titular se guarda en la sacristía, ocupando ahora su lugar un lienzo contemporáneo con la Resurrección. También aquí se impone el desarrollo arquitectónico, toda vez que la escultura es de poca calidad, circunstancia perceptible sobre todo en los relieves de las calles laterales.

En Arantzazu se sitúa el Santuario, complejo conventual de enorme importancia tanto espiritual como artística. Tras la aparición de la Virgen en 1469, el lugar adquiriría gran relieve, sucediéndose los asentamientos religiosos. Los franciscanos se asentaron definitivamente en 1514. Durante las Guerras Carlistas el cenobio fue incendiado, salvándose la cabeza de San Antonio ejecutada por Gregorio Fernández para uno de los retablos erigidos para el santuario. Como consecuencia de lo acaecido, en el siglo XX se acometerían una serie de obras de suma importancia en el panorama artístico de la zona. Así, la iglesia se erigió entre 1950 y 1955, según el proyecto realizado por Francisco Saez de Oiza y Luis Laorga. Posee planta de cruz latina, ya que es una construcción de pie forzado, pues se levanta sobre los cimientos de la antigua iglesia. Posee dos torres cuadradas con bloques de piedra en punta de diamante, en alusión al nombre del lugar. Además, cuenta con una torre exenta. Jorge Oteiza fue el autor de dos Apóstoles y la Piedad de la fachada, mientras que, en el interior, el retablo fue diseñado por Lucio Muñoz, ejecutándolo junto a Joaquín Ramo. También hay que destacar las puertas de la basílica, debidas a Eduardo Chillida, mientras que las pinturas de la cripta fueron realizadas por Nestor Barrenetxea. Como señalábamos, el conjunto goza de extraordinaria importancia.

Ignacio CENDOYA ECHÁNIZ
Profesor de la U.P.V.-Euskal Herriko Unibertsitatea
Arte, II.
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    Municipio, partido judicial de Bergara, Gipuzkoa.
    Villa independiente, 90 fuegos. Su capacidad de elegir alcalde data de comienzos del s. XV. Esta elección de Alcalde ordinario se hacía anualmente el domingo siguiente a la festividad de la Candelaria por sólo el linaje que estaba en turno, sacando a la suerte delante del altar mayor de la iglesia de San Miguel dos electores. Cada uno de éstos escribía separadamente en dos cédulas los nombres que quisiese, y el que de los cuatro así propuestos salía primero en suerte era alcalde, y el segundo el teniente. Esta costumbre de elegir el alcalde por linajes quedó abolida en virtud de acuerdo del Ayuntamiento de vecinos de 25 de marzo de 1745, confirmado por el Rey en 8 de julio de 1747, mandando que el nombramiento se hiciese libremente entre todos los habitantes. Resulta igualmente que en lo antiguo el nuevo Alcalde, después de confirmado por el Conde, tomaba posesión del cargo el día de la Anunciación de Nuestra Señora, que cae en 25 de marzo, y que enseguida hacía la elección de los oficiales del gobierno municipal. En el s. XIX el Ayuntamiento de esta villa se componía de un alcalde, dos regidores, dos diputados y un síndico procurador general. La elección de alcalde y de su teniente se hacía el día de San Andrés 30 de noviembre de cada año, por medio de cuatro electores sacados en suerte, y se remitía a la aprobación del Conde: la de los regidores y síndico el día 1.° de enero en ayuntamiento general de vecinos concejantes. Además en virtud del auto acordado de 5 de mayo de 1766 se establecieron dos diputados del común y un síndico personero. Luego se arregló a la ley general, y se compuso de un alcalde, dos tenientes de alcalde y trece regidores.
    Oñati tuvo una escuela elemental completa de niños, con un maestro dotado con 6.600 reales anuales y su ayudante con otros 3.300, y una igual clase de niñas con la asignación de 1.320 reales. Según las Reales Ordenes de la primavera de 1769, el colegio que los jesuitas tenían desde el s. XVI en esta localidad fue destinado a aulas y habitaciones de los maestros de primeras letras, latinidad y retórica, formándose casa de pupilaje para retóricos y gramáticos. Su iglesia se convirtió en oratorio. [E. J. L.: «H. G. S. B.», t. VI, p. 402]. Poseía (1970-1971), 36 unidades escolares: 18 públicas, 17 de la Iglesia y una privada. Total de escolarizados: 730 niñas y 697 niños. Ikastola Txantxiku que cuenta con Jardín de Infancia, Preescolar, E. G. B.. y c. o. u., disponiendo además de comedor escolar y transporte. Instituto mixto de Bachillerato «Rodrigo Mercado de Zuazola», transferido a la Comunidad Autónoma Vasca en 1981. Escuela comarcal de Formación Profesional en el barrio de San Lorenzo. Centro privado que funciona en régimen de cooperativa, concertado con el Departamento de Educación del Gobierno Vasco. Imparte Administración e Informática de Gestión. La «gau-eskola» contaba con 67 alumnos para clases de euskara, durante el curso 1981-1982. Se cambió al euskera en el Colegio Público «Santa Marina» tres de las diecisiete unidades de s. c. s. suprimiéndose dos de las restantes, y en el Centro de Educación Preescolar «Errekalde» dos de las tres unidades de Párvulos, en virtud de la orden del 21 de agosto de 1981 del Dep. de Educación del Gobierno Vasco. En 1982 había una población preescolar de 304 niños y 279 niñas, 2 centros públicos de EGB y 4 privados que acogían 815 niños y 690 niñas, un centro público de Bachillerato y COU al que asistían 180 niños y 236 niñas, un centro de FP público y uno privado al que acudían 121 niños y 153 niñas. La población escolar de las ikastolas era la siguiente: 310 alumnos de preescolar, 578 en un centro. (Ref. AEV 1982). El n.° de alumnos en el curso 1983-1984 era: en preescolar 443, de los cuales 53 en centros públicos, 215 en ikastolas y 175 en centros privados; 1.497 en EGB. de los cuales 269 en centros públicos, 620 en ikastolas y 608 en centros privados; 329 en BUP/COU, todos ellos en centros públicos; 195 en F. P. 1. todos ellos en centros públicos; 85 en FP 2 todos ellos en centros privados. Servicio de educación especial en el Colegio Público Santa Marina y de atención a deficientes mentales en el Centro Especial de Empleo «Behar-Zana» (Actividad Ocupacional).
    El nivel de instrucción de los mayores de diez años era, según el censo de 1981 ("Educación y Euskera"):

    Analfabetos
    Sin estudios
    Primer Grado
    Primer Ciclo
    127
    194
    5.957
    650
    F. Profesional
    Segundo Ciclo
    Escuelas Univ.
    Facultades / ETS
    431
    296
    205
    225

    Casa de Cultura en la Casa Moyua. Los servicios de que dispone son: Biblioteca con 23.863 volúmenes, Sala de conferencias con una capacidad de 360 personas, Sala de audiovisuales, Teatro, Música, Aulas de trabajo, Fonoteca, Taller de cerámica, Taller de pintura, Radio local. Cuenta con animador cultural.

    Fiestas Eúskaras y J. Florales. Días 27, 28, 29 y 30 de septiembre de 1902. Día 27. Dianas y pasacalles a cargo de la banda municipal, txistularis y dulzaineros. Preparativos del concurso de ganadería y agricultura. A la tarde, recibimiento a la Excma. Diputación y al Consistorio precedidos de bandas y dantzari-txikis. Canto de un Ongi etorri, "Bienvenido", a cargo de los niños dirigidos por la maestra Dolores López de Guereñu. La comitiva se dirigió a la iglesia de San Miguel. Salve escrita expresamente para el día por el organista Francisco Esnal. A la noche, concierto por el Orfeón Tolosano, dirigido por el maestro Eduardo Mocoroa. Día 28. Dianas. Procesión foral y Misa Mayor oficiada por el párroco D. Ladislao Sagastizábal, cantándose por un conjunto de 150 voces del Orfeón de Tolosa y Coro de Oñati. Predicó en euskera el P. Manuel Umérez. Banquete oficial en el Ayuntamiento y discursos. A las cuatro de la tarde, distribución de premios del concurso agrícola y ganadero por el Presidente de la Dip. Sr. Machimbarrena. Aurresku de autoridades. Aurresku de dantzari-txikis. Improvisaciones de los bersolaris Txirrita, Pello Errota, Gaztelu y Txintxua en la Universidad literaria. Dio pie J. Zapirain. A la noche, concierto musical por el Orfeón Tolosano. Día 29. Fiestas de San Miguel, patrón de Oñati. Dianas. Misa Mayor, con canto del Orfeón. Sermón en vascuence a cargo del P. Zaloña. A la tarde, partido de pelota. Concursos de aurreskularis e irrintzilaris, ganando en los últimos el octogenario Ignacio Zabaleta, de Oñati. A la noche, en la Sala Capitular, distribución de premios a poetas y músicos, con lectura de composiciones. Fueron premiados, de entre 50 trabajos presentados: Eugenio Urroz, autor de Sinismena eta Euskera, "La fe y el euskera"; Ezequiel G. Aguirreche, autor de Kapillako ardatzalea, "La hilandera de la capilla"; José Ignacio Garmendia, autor de Aurreramena, "Progreso". Accésits: Juan Ignacio Uranga, autor de Uda berriya, "Primavera"; José Artola, autor de Sabiroya, "El traquino o salmón de mar"; Enrique Elicechea, autor de Interes-kutxak, "Cajas de ahorro". Men. hon.: Rosario Artola, autora de Aranzazuko Ama Birjiñari, "A la Virgen de AránzaZu"; Cayetano S. Irure, autor de Nere Ametsak, "Mis ilusiones"; Ramos Azcárate, autor de Zer onra dan gipuzkoatarra izatea, "Qué honra es ser guipuzcoano". Elías Gorostidi, autor de ¡Gurasoa... beti guraso!, "El padre... siempre padre"; "Goierriar batek", autor de Interes-kutxaren mesedeak, "Los beneficios de la Caja de Ahorro". Se dieron, también, varios premios a compositores musicales. Grandes discursos de D. R. María de Azkue y D. Arturo Campión. A la noche se representaron las obras dramáticas ¡Aitona, aitona!, de Gamboa; Praisku, de Artola y Legorreko Arrantzalia, de Artola. Día 30. Examen de lectura y escritura euskérica en la Sala Consistorial a cargo de los niños de las escuelas. El diputado D. Joaquín Pavía, dirigió sentidas frases de felicitación a las maestras de Oñati, lamentándose de la nota discordante de los maestros que no presentaron a sus niños. Concurso de aizkolaris y certamen de txistu y chirrita; Gaztelu, de Usurbil y Regino, de San Sebastián. Jurado: A. Arzac, Miguel Salaberria, Toribio Alzaga y José Artola.
    El mote habitual de los oñatiarras es el de txantxikus, es decir, «sapos». Ello parece provenir de diversas bromas que sus vecinos les jugaban aludiendo a su relación con el Conde. Al parecer se les aludía en una conseja según la cual debían de hacer acallar a los sapos cuando el Conde dormía la siesta:Ixilik ao, ixilik aokondia siestia lo egiten dao. También se hacía mofa de los oñatiarras relatando que cuando los recibía el Conde alguien los engañaba haciéndoles pisar sólo las baldosas de un color, es decir, haciéndoles andar a saltos. De ahí el sobrenombre de «sapos». En la actualidad se usa como apelativo cariñoso. Danzas de Corpus en Oñati. Baile religioso celebrado en la festividad de «Corpus Christi»; consta documentalmente desde 1560. En la procesión participa la Cofradía del Santísimo Sacramento, llamada popularmente «del Apostolado». Fundada en 1553, sus miembros se dividen en «personados» y aspirantes; los primeros representan a los doce apóstoles, San Miguel, la Virgen, y un Abanderado. Los danzantes de Corpus propiamente dichos son 8, composición que no ha variado desde el s. XVII; bailan cuatro danzas: el Zortziko de San Miguel, el Contrapás de San Miguel, el «Banako» y la «Arku-Dantza». (Ref. Zumalde, I.: Las Danzas de Corpus de Oñate, San Sebastián, 1974).
    En esta villa hubo un hospital denominado de Santa María Magdalena, de patronato de la misma, cuya fundación es muy antigua. Siendo de recursos muy escasos, no podía en lo antiguo sostener sino a una media docena de pobres enfermos. A principios del s. XIX trató la villa de mejorar este establecimiento, dándole mayor extensión, para cuyo efecto hizo el acopio necesario de materiales, pero, habiendo sobrevenido la guerra antinapoleónica, no se ejecutó la obra. El aumento de la población hizo cada vez más necesaria la realización de este proyecto; y en efecto, el Ayuntamiento construyó en el año de 1844 un nuevo y capaz edificio sobre los solares del anterior, para que sirviese de hospital y casa de misericordia de los pobres ancianos y desvalidos, disminuyendo así la postulación de las casas. Para su sostenimiento se contó con los recursos del antiguo hospital, con ocho mil reales anuales que consignó el Ayuntamiento de sus fondos, con la suscripción del vecindario, limosnas de bienhechores y algunos pequeños arbitrios. Además de los que albergaban en esta casa, eran socorridos a domicilio muchos pobres del pueblo. Otra de las obras de piedad y beneficencia de Oñati es la fundada por Martín Ibáñez de Hernani en el año de 1544, de patronato particular, para la redención de cautivos de la misma villa y en su falta de los de esta provincia, y así bien dotar anualmente a las doncellas, huérfanos o viudas, parientes del mismo, para ayuda de tomar estado de matrimonio. Para los propios fines fundó en esta villa otra obra pía Lázaro Ibáñez de Hernani; y el ilustrísimo señor D. Lorenzo de Otaduy y Avendaño instituyó otra con el fin de que sus rentas sirviesen para los gastos de pleitos justos que se tuviesen que seguir contra el Conde. Las Cofradías de N. S. de Arantzazu datan de una de la que da noticia Garibay, que agrupaba a mondragoneses y oñatiarras. Luego se repliega a solo Oñati hacia 1491, en el que se traen de Roma concesiones de indulgencias para los que peregrinasen a la santa casa de Arantzazu. No se permitía ingresar en la Cofradía a los Condes de Guevara con todos sus paniaguados y renteros. En 1918 se crea en Oñati la primera federación sindical local de ELA-STV. El 14 de mayo de 1931 se inauguró el Centro Republicano Federal de la villa.
    Celebra fiestas de San Miguel, el 29 de septiembre. Festivales vascos, con toda la gama de juegos populares, aizkolaris, korrikalaris, dantzaris, pelota, etc. Celebra fiestas el 4 de octubre, con pelota, etc. Celebra el Concurso Internacional de Perros de Pastor desde 1960. La proclamación de la Virgen de Arantzazu como Patrona de Gipuzkoa en 1918 marca un momento importante en su resurgimiento. Por real provisión de 10 de abril de 1758 se concedió a esta villa la facultad de celebrar una feria anual desde el día de la Aparición de San Miguel hasta el de su octava, y un mercado todos los viernes del año. Recurrió después al Consejo Real, haciendo presente que los días señalados para la feria no caían en la mejor estación para el tráfico de la provincia, y que además había otras ferias en el mismo tiempo, por lo que solicitó la traslación de aquélla al día de San Miguel de setiembre y su infraoctava. Propuso al propio tiempo que el mercado semanal concedido sólo tuviese lugar los primeros viernes de cada mes para la compra y venta de ganados. Se accedió a ambos extremos, y se expidió sobre el particular la competente real cédula el 9 de diciembre de 1800.
    Una prueba más de sus orígenes navarros se halla en el sello primitivo usado por Oñati: un «Príncipe San Miguel de Oñate». En 1776 se instituyó el escudo cortado, y la mitad superior partida en dos cuarteles: en el de la derecha hay un águila volante; en el de la izquierda un ciervo. La inferior representa un campo sembrado de trigo cercado de un seto o vallado, en él un ciervo, y sobre éste un águila que le pica el corazón. Es sin duda un emblema, cuya parte superior significa las dos parentelas o linajes de Garibay y Uribarri de que procede esta villa, sus enemistades y luchas.
    Nombre. Dos son los nombres que aparecen en la documentación más temprana con relación a esta villa. Oñati (en el texto latino Oinati) y Oñate. De las dos formas aparece en este documento. En el traslado que manejó Guerra Oñate se lee tres veces, y Oinati una vez. En el que ha usado Zumalde, a la inversa. En el traslado de 1582, tres veces Oinati y ninguna vez Oñate porque le falta la línea en que por cuarta vez aparece el toponímico. No tomamos en consideración las tres traducciones del documento que conocemos por el simple hecho de ser traducciones. Por otra parte, en la mayoría de los documentos originales del s. XV aparece Oñati. Es además la forma en que la designan los nativos del mismo en la actualidad.
    HISTORIA. Restos arqueológicos. En varias cuevas del término se han hallado restos que pueden datar del Magdaleniense final o del Aziliense. Cabe señalar la cueva Urtao II utilizada como depósito funerario en el Calcolítico (excavada en 1984, 1985). En zonas de relativa altura abundan los dólmenes, menhires y túmulos, así como yacimientos de la Edad del Bronce.
    Orígenes históricos. Se desconocen los orígenes de Oñati. Gorosábel recoge el creer general de que la parte primeramente poblada en su distrito fue la de los barrios de Garibai o Lazarraga y Uribarri; y coincide con esto la circunstancia de los dos linajes de estas denominaciones que hubo antiguamente, divididos entre sí de tal manera, que hasta ocupaban bancos peculiares en la iglesia parroquial, como indicando un origen diferente. Parece que el cuerpo de la primitiva villa sólo llegaba hasta la plaza principal, llamada de San Miguel, y que la población de la parte de Santa María y Kalebarria no eran más que unos barrios extramurales o arrabales, de cuyo aumento ha resultado su unión con aquéllas y la formación de la actual villa. Es el motivo sin duda por el que se han reducido a quince las veinte antiguas vecindades. Por lo que hace al cuerpo de la villa, es tradición que la parte que primero se edificó fue la calle denominada Lekunbarri, pero el nombre de Kalezarra indica que ésta fue anterior. Según una tradición popular la zona de huertas que se ubica entre Mendikokale y la subida a Zumeltzegi fue un antiguo casco urbano que pudo ser el caserío feudal congregado en torno a la torre condal de los Guevara. El monasterio de San Miguel aparece citado a finales del s. XII como iglesia consagrada por el obispo de Calahorra Rodrigo de Cascante, que retuvo para la mitra el derecho episcopal. Por esos años existen cinco casas-torres en el término, por lo general comunicadas con la red viaria: Garibai, Lazarraga, Olakua, Urain y Zumeltzegi. Entre los s. XIII-XIV se crea un ensanche a la izquierda de la regata de Arranoaitz: Kalebarria, Atzekokale.
    Señorío de los Guevara. Los señores de Guevara fueron condes feudatarios de la Corona pamplonesa desde muy antiguo v. GUEVARA. Los orígenes de su dominio feudal sobre Oñati y la zona no son conocidos con certeza. La primera prueba podría ser un documento de 1284, ya que la célebre escritura de establecimiento del mayorazgo de 1149 podría ser posterior a esta fecha, tratándose de una acreditación de señorío producido entre los s. XIV-XV a tenor de las necesidades justificatorias de la familia. Es indudable, sin embargo, la ligazón con Navarra de esta familia, que fue una de las principales de la facción gamboína, llegando a hacerse, entre los s. XIII y XIV, con el patronato del monasterio primeramente episcopal de San Miguel y con la propiedad de las ferrerías de Zubillaga. El status separado de Oñati, derivado de su señorialización y su no acceso al régimen de villazgo pleno, se prolongó hasta el s. XIX, en que la revolución liberal favoreció sus aspiraciones de independencia administrativa del poder señorial. De los dos bandos presentes en la localidad, el de los Garibay fue pro gamboíno disfrutando por lo general de la confianza de los Guevara, cabezas de linaje gamboíno. Al margen de estos parientes mayores y su parentela se hallarían los pecheros del conde.
    ¿En la Cofradía de Arriaga?. Pese a su sujeción señorial, Oñati intentó pertenecer a una unidad mayor que le permitiera aflojar tal vínculo y ganar en autonomía. Sin embargo, no lo consiguió de forma prolongada y su pertenencia a organizaciones de ámbito alavés, navarro o guipuzcoano fue de corto tiempo y muchas veces siguiendo la política de sus señores con respecto a Navarra o a Castilla, los dos reinos a los que la tierra oñatiarra perteneció durante el Medievo. Tras la conquista de Gipuzkoa y Álava-Araba por el rey de Castilla en el año 1200, Oñati, posesión de los Guevara, pareció atraída por la cofradía alavesa. En el privilegio que el rey Alonso XI dio en Valladolid el 22 de febrero de 1332, confirmando la sentencia arbitral pronunciada por Juan Martínez sobre las diferencias de la cofradía de Álava con el concejo de Vitoria aparece Beltrán Yañez de Guevara, como señor de Oñati. Otro tanto sucede en el acta de entrega de dicha cofradía, hecha al mismo monarca en 2 de abril del propio año. El 2 de abril de 1332 (Vitoria), el rey Alfonso XI de Castilla comunicó que los hijosdalgo y caballeros de la Cofradía de Arriaga, entre los que se encontraba Yañez de Guevara, señor de Oñati, le otorgaron la tierra de Álava, para, así, traspasarla al realengo. (Ref. Cartulario Real a la provincia de Alava, SEV, 1983). De estos datos parece colegirse que la villa pudo pertenecer a la cofradía alavesa.
    La rebelión de 1389. Queriendo participar en el proceso de emancipación de las villas del poder feudal, Oñati formó parte de «Cofradías y Hordenanzas vedadas» desde, por lo menos, el s. XIV. En el verano de 1388, 87 hidalgos oñatiarras presentaron al Señor una relación de desafueros y quejas pretendiendo desnaturarse del mismo. Según resalta Gorosábel, Beltrán de Guevara, señor de la tierra a la sazón, les procesó criminalmente. Como resultado de esta causa, mandó quemar las casas de los autores principales de estos sucesos, talar sus manzanales, desterrarlos de la villa y señorío, con otras varias penas, tras lo cual reconociendo su proceder, puestos de hinojos, le pidieron éstos humildemente perdón. Intercedieron al propio tiempo ante Beltrán, su mujer Mencía de Ayala, Isabel de Múxica, que lo era de su hijo Pedro Vélez, Juan de Gamboa y otros caballeros. Por estos ruegos, considerando los servicios que los antecesores de los procesados habían prestado, y la deshonra que recaería sobre ellos, por auto de 7 de junio de 1389, les concedió el perdón pedido, sobreseyéndose la causa. Esto no obstante, quiso que los acusados principales no entrasen en la villa por algún tiempo hasta que fuese su deseo permitirlo. Terminada de esta manera la causa, la villa de Oñati continuó reconociendo el Señorío de los poseedores de la casa de Guevara en cada sucesión, así como éstos lo hacían respecto de los fueros y costumbres de la villa. Antes de morir, en 1395, Beltrán hizo su testamento manifestando su interés en que su hijo mayor, Pedro Vélez, heredara Oñati con su monasterio de San Miguel, con sus bienes de Leintz y Alava.
    Elección del alcalde ordinario. Esta facultad fue concedida a los de Oñati por Constanza de Ayala, condesa regente, en el primer tercio del s. XV. Es posible que también el Concejo fuera elegido entre los dos bandos de hidalgos del lugar. La condesa se reservó el derecho de confirmar la elección. De esta forma, como comenta I. Zumalde, acercó a sus vasallos oñatiarras a los usos de su tierra de origen, Ayala.
    Juramento heredero-Villa de 1447. El día 9 de julio de 1447, después que cumplió la mayoría de edad, Pedro Vélez de Guevara, hijo del señor, prestó juramento de guardar los buenos usos, costumbres, privilegios, libertades y exenciones de la villa, según y en la manera que lo hacían sus antecesores. El ayuntamiento y vecinos de la misma le hicieron en seguida el reconocimiento y pleito-homenaje como a su señor heredero, y le besaron la mano; los actos se verificaron en la plaza de San Miguel. Este belicoso Guevara fue el responsable más destacado de la quema de Arrasate-Mondragón del año siguiente.
    El concejo y los linajes contra el primer conde moderno (1455). Oñati tuvo con el eclesiástico Iñigo Vélez de Guevara, llamado primer Conde de la misma, que entró a suceder a su hermano Pedro en el año de 1455, diferencias muy ruidosas. Tuvo aquél la pretensión de que se señalase un río donde pudiese pescar solo, sin que ningún otro vecino tuviese tal facultad, y para el logro de sus deseos, la comunicó a los adheridos a su casa, entre los cuales se contaban los de la parentela de Arrieta y Olalde. Los jefes de los dos linajes de Garibai y Uribarri, aunque tan encontrados por lo demás, se avinieron en oponerse a la demanda del Conde, cuando se tratase de ella en el Batzar o Junta General de vecinos. Producida luego en ésta, García Ruiz, capitán de los oñacinos, expuso que si bien el río que pedía Iñigo y todos los demás de Oñati estaban al servicio del mismo, su uso debía ser común a todos los vecinos, como la había sido siempre. Enojado de esto el Conde, le dijo que por el desacato que había cometido le pondría la cabeza donde tenía los pies; a lo que Sancho García, capitán de los gamboínos, replicó que pesaba demasiado la cabeza de García Ruiz, para poder quitarla de donde estaba. El Conde, vista esta oposición de los linajes y del pueblo en general marchó airado a su casa de Guevara; y como tuviese en ésta a Gil García, hijo mayor de Sancho García, quiso darle con un bastón que traía en las manos, diciéndole que era hijo de un villano, y que su padre, casa y todo Oñati no le querían obedecer. Gil García tuvo que defenderse con su espada, y saliendo de la casa del Conde como pudo, vino a la de su padre. Iñigo, para hacerse obedecer, pidió favor a Miguel Lucas de Iranzo, Condestable de Castilla, el cual le dio para este efecto una partida de caballería al mando del capitán Herrera, y llegó con esta fuerza al valle de Leintz. Los de Oñati, así gamboínos como oñacinos, habiéndose levantado padre por hijo, fueron a esperarles en las herrerías de Marulanda, para que no entrase el Conde en el término de aquella villa, y como dicho capitán viese tanta muchedumbre de gente se retiró con la tropa al Condestable e Iñigo con los suyos a Guevara.
    Capitulaciones con el Señor en 1456. Fueron firmadas con el señor Iñigo Vélez de Guevara después de los altercados reseñados, y para paliar el efecto desastroso del desconocimiento de los mutuos deberes. Señalaron lo pertinente al uso de los montes altos y bajos y la tierra, tema conflictivo que había sido el origen de múltiples conflictos. Una de las cosas estipuladas fue el establecimiento de 6 guardabosques -dos por el Señor y cuatro por el Concejo- que vigilarían todos los montes. Estas capitulaciones fueron impugnadas por Oñati en 1477.
    ¿Oñati y la Hermandad de Gipuzkoa?. Al generalizarse la constitución y permanencia en las Hermandades, Oñati también quiso entrar en las más cercanas, alavesa, navarra o guipuzcoana. Gorosábel menciona un documento localizado en el archivo de Arrasate por el cual su ayuntamiento recibió un poder por la junta general de la provincia celebrada en el campo de Bizkargi, cerca de Azkoitia, el 21 de septiembre de 1451, para que otorgase con los apoderados de Oñati la escritura de unión que ya estaba convenida de antemano. A pesar de esto, no se puede asegurar que la anexión de Oñati a Gipuzkoa se hubiese realizado entonces, y, si es que tuvo lugar, debe creerse que lo fue por muy poco tiempo. La razón que hubiese habido para ello, después de estar convenidos en las condiciones de la unión, no es fácil de explicar con solidez; pero hay motivo para pensar que sería a causa de la oposición del Conde, cuyo poderío se hubiera rebajado. Lo que dice Garibay, que celebró la Hermandad de Gipuzkoa en la villa de Oñati junta general en el año de 1457 con asistencia de Juan Hurtado de Mendoza, corregidor de la provincia, no es prueba bastante. La propia villa ha participado también de este error, arrastrada tal vez del aserto de Garibay en su obra de 1565.
    Oñati, reducto de malhechores y banderizos. De todos estos datos y de los aportados por Iñaki Zumalde en su muy conocida y básica monografía (1957) se infiere que, pese a los deseos de la mayoría de los oñatiarras, la localidad no conseguía zafarse del dominio señorial. Que la villa de Oñati no estaba en la hermandad de Gipuzkoa en el año de 1455 dedúcese claramente de la escritura compromisaria otorgada entre la provincia y el valle de Oiartzun. Allí están citados los procuradores de los pueblos que concurrieron a la Junta que la decretó, pero no figura en su acta el nombre de Oñati, como debía haber sucedido, si esta villa hubiese sido miembro de la Hermandad guipuzcoana. En segundo lugar, se sabe que en el mismo año de 1457, a que se refiere Garibay, se reformaron las ordenanzas de la misma, y se ve que su capítulo 32, tratando del caso en que los malhechores huyesen desde esta provincia a los pueblos limítrofes de fuera de ella, la cita entre éstos. El capítulo siguiente de las mismas ordenanzas todavía es más explícito y decisivo de esta materia. Dispone, en efecto, que la ciudad de Vitoria, la villa de Salvatierra, las hermandades de Álava, los hijosdalgo y hombres buenos de Oñati y del señorío de la casa de Guevara, y los concejos de otros pueblos de fuera de Gipuzkoa, fuesen requeridos a que guardasen la ordenanza relativa a la responsabilidad de cada uno por razón de los robos que se cometiesen en los caminos de la respectiva jurisdicción. Contra la opinión de Garibay obra también el contexto de la reales cédulas despachadas por Enrique IV en la misma época. Una de éstas fue dada en Vitoria el 31 de marzo de 1457, y dirigida a Iñigo de Guevara y Juan Alonso de Múxica. Por ella les manifiesta el Rey hallarse informado de cómo en las villas de Oñati y Aramaio acogían a los malhechores de Gipuzkoa y Bizkaia y otras partes, y no permitían a los corregidores y alcaldes de Hermandad el cumplimiento de la justicia a título de ser dichas villas privilegiadas y exentas. Les manda por consiguiente que luego que fuesen requeridos de parte de dichos jueces entregasen los malhechores acogidos en las expresadas villas, y cuando no lo hiciesen así, autoriza a los mismos corregidores y alcaldes para entrar violentamente en sus distritos a hacer su captura y justicia. (Ref. Cartulario Real de Enrique IV a la provincia de Guipúzcoa, SEV, 1983). De todos estos antecedentes deduce Gorosábel con acierto que, si es cierto que el corregidor de la provincia y la Hermandad de ella entraron en el territorio de Oñati, fue para prender y juzgar a los malhechores abrigados en ella. En efecto, de una real cédula de 23 de diciembre del mismo año de 1457 se descubre que en el término de esta villa habían sido muertos Juan de Cortázar, merino de esta provincia, y otros que iban con él; pero noticia de haberse celebrado entre las mismas la anexión que supone el historiador Garibay, no se encuentra. Además, el escribano fiel de la provincia era entonces Domenjón González de Andía, y no parece regular que autorizase sus actas Juan López de la Vista, como asegura el mismo historiador. Es claro, pues, que este oficial público intervino en concepto diferente del indicado por Garibay, o sea para autorizar el proceso criminal. (Ref. Cartulario Real de Enrique IV a la provincia de Guipúzcoa, SEV, 1983). La otra real cédula fue fechada en Ubeda el 25 de setiembre de 1458, dirigida a los mismos Guevara y Múxica. Díceles en ella que tenía noticia de que, no obstante la carta anterior, se habían acogido a una cueva próxima a la villa de Oñati algunos malhechores, cuya entrega no quería hacer la justicia de ésta bajo el pretexto de ser privilegiada y exenta, por lo que les manda que se cumpliese lo que había ordenado en dicha cédula.
    Capitulado de 1458. Fue establecido entre el Señor y los oñatiarras como complemento de los de 1456. Trató de la mejora de la justicia, de la forma de paliar las consecuencias de la quema de Arrasate en 1448 y de la erradicación del bandidismo. El 4 de agosto de 1463 (Madrid), se ordenó que ninguno de la provincia de Gipuzkoa fuese a los bandos de Oñati, Bizkaia, Álava ni Labort. (Ref. Cartulario Real de Enrique IV a la provincia de Guipúzcoa, SEV, 1983).
    Hermandad con Navarra. A semejanza de la Hermandad creada en 1368-9 para defender los intereses mutuos en caso de guerra con Castilla, Navarra creó en 1466 una Hermandad entre las villas de Estella y valles de Ayerri, Vesala (¿Gesalaz?), Bortziriak, Cinco Villas, Val de Allín, Améscoa, Echarri-Aranaz, Buernida (¿Burunda?), Val de Araquil y tierra de Larraun, entidad a la que quisieron unirse Oñati y diversas tierras alavesas como la villa de Salvatierra de Álava con su jurisdicción, hermandad de Eguilaz, junta de Araya, hermandad de Barrundia, Gamboa, junta de S. Millán, Guereñu, Luscando, Alaiza y Gaceo, que dirigieron una petición a la reina Leonor I de Navarra. Aceptada aquélla por ésta, lo comunicó a las Cortes de Estella y les recibió en dicha Hermandad, dándoles seguro para ellos, sus familias, acémilas, averías, mercaderías, ganados y otros cualesquier bienes para que pudiesen andar seguros por el reino de Navarra comerciando, so pena de la vida y de 10.000 florines para los infractores. A la vez les prometía no saquear sus tierras ni tomar sus ganados a pesar de las rupturas de treguas que se pudieran dar o diesen entre Navarra y Castilla. Se hacía referencia a un Cuaderno de Hermandad que sería la norma a regir entre ellos. Y se preveía la ruptura de la misma o de sus seguros, para lo cual los recién ingresados en la misma serian avisados dentro de los 30 días. Como apunta Zumalde (1957:86), «este documento es prueba patente de las relaciones que Oñate mantenía con Navarra; relaciones que en un principio fueron de orden político cuando la Casa de Guevara militaba con los reyes navarros, y que con el tiempo se redujeron a comerciales. La Hermandad en cuestión era de tipo meramente comercial, una más de las muchas que se conocen».
    Derechos señoriales del Señor de Oñati. Los mutuos derechos y deberes entre el Señor y los oñatiarras fueron establecidos en el Capitulado de 1467. Se amplió entre Iñigo Vélez de Guevara y los vecinos de Oñati, valle de Leintz y villa de Salinas en 1475 presentándose finalmente en Oñati el 27 de junio de 1477. El concejo solicitó la confirmación de la capacidad de hacer ordenanzas de buen vivir, cosa que fue aprobada por el Señor. Los derechos señoriales con el tiempo fueron sólo jurisdiccionales y patronales. Los principales eran la administración de justicia, el nombramiento de escribanos de número, la confirmación de los alcaldes, la tutela de los negocios públicos de la villa, el puerco ezkurbeste, ciertos tributos pecuniarios y la capitanía a guerra de la gente armada en las ocasiones del real servicio y defensa del país. La jurisdicción contenciosa del Señor de esta villa consistía en la facultad de entender de los pleitos y causas criminales de sus vecinos en primera instancia, cuando residiese en ella, sea por sí mismo o por medio de persona de la misma villa a quien cometiese su conocimiento. Le correspondía también entender en apelación de las sentencias del Alcalde ordinario sobre toda clase de negocios. Podía también poner Alcalde Mayor, representante suyo, Corregidor o Juez de comisión, tener receptor de penas de cámara, prestamero, cárcel pública en la casa de éste, cobrar los derechos de carcelaje de los presos, y por último la horca. Pero al mismo tiempo, siendo los oñatiarras hidalgos en su mayoría, le estaba prohibido advocar en primera instancia las causas prevenidas por el Alcalde ordinario, prender a éste a no ser por delitos notorios, tener promotor fiscal permanente, llevar presa a persona alguna a su torre y fortaleza. El Alcalde Mayor puesto por el Señor debía residir en esta villa; era admovible a su voluntad; y a la vez juez de primera instancia para los pleitos y causas, que, habiendo prevenido éste, le delegase, y de apelación en asuntos civiles, cuya cuantía pasase de diez mil maravedíes. Este funcionario estaba autorizado, por lo tanto, para traer la vara de justicia, escoger en la iglesia parroquial el asiento que le acomodase, y, para el ejercicio de su autoridad, le bastaba exhibir al Ayuntamiento su nombramiento. En estos capitulados el Señor confirmó su derecho a sancionar el nombramiento de Alcalde ordinario. Otro de los derechos señoriales de los señores de Oñati, consignado en el capitulado celebrado el 27 de junio de 1467, era el del puerco ezkurbeste; el cual consistía en que de cada rebaño de sesenta y seis puercos que se engordasen en los montes le hubiesen de dar uno trasañado. Lo era también la prestación de las acémilas o bestias, reducida a que por cada una de éstas que bajasen del monte Artia cargada de carbón le pagasen veinte y cinco maravedíes en cada año. En 1481 el Señor fue titulado Conde. Pedro Vélez de Guevara en la concordia que celebró con la villa el 16 de julio de 1542 cedió a ésta los expresados dos derechos, obligándose a no exigirlos en adelante, en cuya compensación y de otras gracias le entregó el Ayuntamiento cuatro mil ducados. Cesaron, pues, en tiempo de aquél dichas gabelas, pero su sucesor Ladrón de Guevara, no considerando obligatorio para él semejante contrato, exigió judicialmente en el año de 1560 a varios particulares de la villa el pago de ellas. Para el ejercicio de la jurisdicción el Conde podía valerse de escribanos, ya fuesen del número de esta villa, como de fuera de ella, y hacer llevar a los de aquélla bajo conocimiento de recibo los registros y autos originales a efecto de verlos, con la obligación de devolverlos dentro de un breve término. Otro de los derechos reconocidos al Conde fue el de ser capitán a guerra de la milicia concejil con obligación de pagar la ración de los movilizados. En el s. XVI este derecho iba a ser contestado. Por su parte el Señor hizo algunas concesiones, entre las cuales la posibilidad de que los oñatiarras apelaran al Rey en las sentencias dictadas por el Señor.
    Vetada en la Hermandad de Gipuzkoa (1477). Nuevamente intentó Oñati formar parte de la Hermandad de Gipuzkoa, pero sus componentes, temerosos con toda probabilidad de que el status señorial de la villa pudiera menoscabar la general hidalguía de los coaligados, rechazaron por mayoría su incorporación pese a las presiones ejercidas por la Corte castellana.
    Ordenanzas de 1479. Según recoge la investigadora Rosa Ayerbe (1985), Oñati poseyó desde antiguo diversas ordenanzas aprobadas por sus vecinos que fueron recopiladas el 20 de marzo de 1479 incluyendo nuevas ordenanzas acordes con las nuevas necesidades. Luis María Uriarte, el primero que estudió esta ordenanza con cierto detenimiento (1928), opinaba que la costumbre vigente de Oñati que determinaron modificar, o sea, la división de los patrimonios territoriales entre los herederos, procedía de «la continua relación que los habitantes de la villa sostenían con los vecinos pueblos alaveses en que la Casa de Guevara 'llevaba la voz', y en los que tenía general arraigo la partición de los bienes raíces», y que en este aspecto, se regían por las leyes del Reino de Castilla a partir de su incorporación a él. Bonifacio de Echegaray ha estudiado con posterioridad (1952-1953) el mismo asunto y lanzado una nueva hipótesis, que a nuestro entender, es mucho más acertada: la influencia navarra. Zumalde ha tratado en varias ocasiones de las influencias navarras que se observan en Oñati. «El Fuero de Navarra autorizaba a la clase nobiliaria la libertad de testar, en tanto ponía cortapisas a los plebeyos o labradores. Un ejemplo de lo primero, lo tenemos en la fundación del llamado mayorazgo de Oñati. En él, el Conde Ladrón, que era uno de los magnates del Reino de Navarra, donó al 'amado de sus hijos' todo lo que poseía en Oñati. La costumbre, a fuerza de siglos, logró en Navarra nivelar estas leyes, reduciéndolas a la libertad de testar, excepto en ciertas regiones, tales como la Burunda y parte del Valle de Allín, donde la herencia se repartía por partes iguales. Basándonos en esto, no es del todo descabellado pensar que los señores de Oñati impusiesen la ley del Fuero Navarro en lo que respecta a los labradores o plebeyos, para de este modo impedir que sus vasallos mantuviesen sus patrimonios intactos y, en consecuencia, no tener enemigos poderosos, en tanto que para ellos se reservaban el derecho de vincular. De este modo, los siglos fueron mimando las casas solariegas y los oñatiarras decidieron poner fin a este lamentable estado de cosas en la primera ocasión que tuvieron, equiparándose a la costumbre vigente en Vizcaya y Guipúzcoa». Esta ordenanza rigió hasta 1788, en que por Real Orden se prohibió la fundación de mayorazgos. Si bien la vinculación que autorizaba dicha ordenanza no era propiamente un mayorazgo, así se entendió.
    Proceso de 1482. Tras haber sido varias veces desoídos en sus quejas, los oñatiarras acudieron al Consejo de Castilla, solicitando la intervención real ante los desafueros señoriales. Este, según el estudio de Rosa Ayerbe (1983) falló en sentencia definitiva a favor de los labradores: por ella se establecía la sola obligación de los labradores de pagarle los 24 y 37 mrs., las 3 gallinas y el trigo y avena establecido de siempre (no mencionándose el asunto de los 5.000 mrs., que suponemos quedaría invariable), y se prohibía a D. Iñigo exigirles cualquier tipo de prestaciones personales u otros servicios, prohibiéndoles además imponer nuevos pechos y tributos, y cobrar a los labradores durante los 10 primeros años, a contar de 1 de enero de 1483, los dichos mrs., trigo, avena y gallinas a que tenía derecho, período en que se suponía recuperarían los labradores los 2 cuentos de mrs. que montaba la demasía de lo cobrado in justamente. La protesta no se hizo esperar pues Iñigo aún tenía otros derechos sobre sus vasallos «de que paresçia seer dados por quitos, non lo debiendo seer», diciendo haber probado su derecho a poner jueces y justicias, y a poner y llevar las penas, sangre y setena y otros derechos que acostumbraban llevar sus antecesores, como lo hacían otros señores de la comarca y del reino. El proceso prosiguió en la Chancillería de Valladolid, el que dictaminaría a favor de la sentencia salvo en los siguientes puntos sistematizados por Ayerbe: 1. Los labradores no estarán obligados a ir a las casas y fortalezas de su señor, ni a acarrear la leña, paja y ropa que necesiten, ni a llevar sus repuestos ni armas con sus bestias sin cobrar por ello su justo salario; 2. Los labradores tendrán que ir a rondar y velar en tiempo de necesidad a la fortaleza de Guevara y a las otras casas y fortalezas del señor que estén en la tierra y jurisdicción donde ellos viven y moran, no estando obligados a hacerlo fuera de dicha jurisdicción: Estarán obligados asimismo a facilitarle toda la paja; a acarrearle toda la leña que precisase para su casa a cambio de un razonable mantenimiento; a darle toda la ropa que él y los suyos necesitasen al aposentarse en Oñati y tierra de Leintz; a llevarle sus repuestos y armas, y las de los suyos, con sus bestias, mientras estuviesen en su tierra y a cambio de un jornal; 3. Los que poseyesen molinos propios en fecha anterior al comienzo del pleito en las cuales ya moliesen trigo y cebera, podrían seguir haciéndolo pacíficamente; pero los que no los tuviesen tendrían que acudir a moler a los molinos del señor, pagando la maquilla acostumbrada de 50 años a aquella parte. Sólo en caso de exigírseles más maquilla tendrían libertad de acudir a los otros molinos. Se prohibe además la edificación de todo nuevo molino sin licencia del señor; 4. En caso de pasar las heredades pecheras a manos de hijosdalgo por matrimonio, seguirán manteniendo su carácter de pecheras y pagando lo que antes del matrimonio acostumbrasen pagar.
    Capitulado de 1484. Se estableció también con D. Iñigo y consistía en un solo punto que aprobaba la posibilidad de que los alcaldes ordinarios conocieran en los pleitos en primera instancia pudiendo apelarse ante el Señor o los Alcaldes mayores. Entre los s. XV y XVI el poder concejil -ejercido por turnos de bandos hasta 1745- fue afianzándose y cada vez se mostrará más refractario a soportar intromisiones señoriales. En los alrededores de la iglesia de San Miguel se fue constituyendo el núcleo urbano más importante (Hernani, Berganzo, etc.) coincidiendo con el movimiento de los linajes hacia el núcleo poblacional. La figura del Alcalde Mayor irá convirtiéndose en meramente honorífica.
    Incendio de 1489. Padeció un gran incendio en el año de 1489, quedando como consecuencia destruida toda la población que había de la plaza principal para arriba. Así resulta de un acta del Ayuntamiento General de vecinos del 22 de febrero del mismo año, reunión en la cual se hizo el repartimiento del maderamen de los montes comunes para su reedificación. Dice así: «por cuanto agora había permitido Dios nuestro Señor para les dar castigo para que remediasen sus vidas e costumbres se había quemado el barrio de la rua nueva e gran parte de la vecindad de Santa Marina y muchas casas del barrio de Mendikoa, y el daño había seido tan grande, que estimaban á lo ser perdido así la mitad de toda la hacienda de todos los vecinos de dicho condado, etc.». El fuego se atribuyó a las muchas ferrerías y fraguas ubicadas en su término.
    Constitución del hábitat rural definitivo. Salvo excepciones, el hábitat rural oñatiarra se halla ya constituido en el último cuarto del s. XV . VVAA (1982) al analizar un documento de 1489, nos hablan de un poblamiento bastante denso en zona rural aunque desconociéndose la disposición del hábitat y organización territorial. Citamos a continuación, por barrios, los datos que aparecen en el mencionado documento: Zubillaga, 19 vecinos; caseríos citados: Elorregi-goiti, Arretxe, Zubillagaspi (Azpikua), Askasubi (Aska(z)uri), Kortazar. Balenzategui (Balantzategi, hoy Antsolopetegi (Txantxilipiztei según algunos) o barrio de Magdalena (Maala)), 36 vecinos; caseríos citados: Erguña, Izurrategui (Antuena), Urteaga, Sacholopeztegui (Antsolopetegi?), Balantzategi. Garibai, (también llamado Garibi), 27 vecinos; caseríos citados: Garibay Barrena (Garibarren o bien Migelena), Osinaga, Garibay Goitia (Garibigoiti), Duruaran (Duruan), Campia (Kanpixa), Lizargarate (Lizargate), Gorospizcar (Koixkar). Murgia, (Murgixa), 5l vecinos; caseríos que se citan: Murguia (jauregi), Murguisur (Murguzur), Maristegui (Maiztegi), Estenaga, Santa CroZ (Santa Krutz o Santa Kruzko Errotia), Umerez, Biain (Bixaingua), Elorriaga (Elorrixa), Murguialday (Murgialdai). Berezano, 22 vecinos; caseríos citados: Lizarralde, Celaibarrena (Zela(i)barren), Guipuzeche (Kipuetxe), Arritzuriaga (Artxuixa), Aguirre (Agerre), Mendia (Mendikua), Sarria (Sarrixena?), Belacoin (actualmente sólo es topónimo). Lesasarri (actualmente Lezesarri), 13 vecinos; caseríos que se citan: Erostegui (Eroste(g)i), Alcibar (Altzibar), Gasteasoro (Gastiaso(r)o), Goyonechea (Goixenetxe), Linacibar (Liñantzibar), Zuloeta, Lesasarri. Uribarri, 47 vecinos; caseríos citados: Soraluce (Soraluze), Ascarraga (Azkarraga), Sagastizabal, Asurduy (desapareció en el s. XVIII), Otaduy (Otadui), Datustegui (Latoste(g)i), Balzategui (Baltzate(g)i). Araoz, (Araotz), 44 vecinos; caseríos y vecindades citados: Madina (Ma(d)iña), Araoz Urrutia (Araotz-urruti), Aizcorbe o Ascorbe (Aizkorbe), Lortondo (Elorto), Zubia, Uriarte, Errasti. Como observan estos autores, la estructura más importante del hábitat rural está ya formada. Aparecen caseríos, pocos, que no conocemos en la actualidad y las vecindades más importantes, están ya delineadas.
    Fin del señorío de Iñigo Vélez de Guevara. El 20 de agosto de 1496 (Laredo), la reina Isabel de Castilla, mediante Provisión real, prohibió a los condes de Salvatierra y Oñati y a cualquier otro caballero que tuviese vasallos en la provincia de Alava, hacer repartimientos de gentes. (Ref. Cartulario Real a la provincia de Alava, SEV, 1983). No sabemos si el Conde acató la orden pero sí que levantó en Oñati un castillo que duró hasta la primera guerra carlista.
    Otra vez la cuestión de los alcaldes. A pesar de la solemne estipulación de D.ª Constanza, el asunto de la confirmación del Alcalde ordinario, o la aplicación de ella en los casos prácticos dio lugar a continuas y graves diferencias, siendo de advertir que el teniente de alcalde no tenía necesidad de semejante requisito. La primera cuestión se suscitó en el año de 1510 y el pleito fue seguido ante la Real Chancillería de Valladolid, cuyo tribunal declaró en 1516 que el Conde estaba obligado a confirmar el nombramiento de Alcalde, y a dar poder al efecto para usar y ejercer la jurisdicción contenciosa, civil y criminal. Esta sentencia era resolutiva de otros varios puntos disputados, y aunque suplicaron de ella ambas partes, fue confirmada en revista en 16 de diciembre de 1516. Dos causas criminales algo notables ocurrieron en esta villa a instancia del Conde contra los alcaldes y vecinos de la misma, cuya memoria parece digna de conservarse. La primera tuvo lugar en el año de 1518 contra Juan Estíbaliz de Olalde, Alcalde electo como consecuencia de haber tomado la vara sin confirmación del Conde, que a la sazón era D. Pedro Vélez de Guevara, y además por haber hecho con varios vecinos resistencia armada a los mandatos de éste. Querellóse D. Pedro por tales excesos ante el Rey, por cuya disposición se dio comisión al doctor Ortiz, Alcalde de la Real Casa y Corte, para instruir, determinar y ejecutar la causa. En efecto, habiéndose trasladado desde luego a Oñati, cumplió en ella su cometido, pronunciando la sentencia definitiva el 5 de agosto del propio año. Por ella impuso a Estíbaliz las penas de privación del ejercicio de la alcaldía, inhabilitación perpetua para obtener ningún cargo municipal, destierro de la Corte, sus cinco lenguas, de la villa y condado de Oñati por tiempo de tres años y veinte ducados de multa. Le condenó además a que sacándosele de la cárcel, donde estaba preso, con una soga al cuello sobre un burro, y llevándosele a la vergüenza por las calles más públicas de la villa se le clavase en un poste de la plaza la mano derecha, en cuyo estado permaneciese por espacio de dos horas. A Pedro de Sodupe, otros de los procesados, le condenó a sufrir igual acto de vergüenza pública; a otros al destierro del pueblo, multas y costas; a algunos a que fuesen a servir a su costa con armas y caballos en los ejércitos del Rey de Orán contra los moros. El doctor Ortiz ejecutó con Estíbaliz y Sodupe la sentencia respecto de la vergüenza pública y clavadura de la mano el mismo día en que la pronunció, pero en cuanto a los demás extremos quedó suspendida la ejecución, a causa de haber apelado de ella las partes. El tribunal nombrado por el Rey para conocer de este asunto en segunda instancia agravó la precedente sentencia respecto del destierro de Estíbaliz, pues mandó que fuese perpetuo. En cuanto a los demás acusados dejó sin efecto el servicio de armas en Africa a que fueron condenados por el doctor Ortiz; quedando confirmada con leves modificaciones la sentencia de éste en los otros extremos, y así se ejecutó. Se promovió por la villa otro pleito ante el mismo tribunal superior en el año de 1537, quejándose de que en medio de la obligación que tenía el Conde de confirmar la elección del Alcalde ordinario, lo hacía poniendo algunas cláusulas perjudiciales a sus derechos. Tales eran las de creo y pongo, que insertaba en los títulos que expedía a los electos. Su fallo, pronunciado en 16 de marzo del mismo año, consistió en condenar al Conde a que confirmase los nombramientos, conforme a la real ejecutoria de 1516, precedentemente citada, cuya determinación se confirmó por auto de revista de 13 de julio siguiente.
    Desarrollo urbano y Universidad. La constitución del núcleo urbano de Oñati se estabiliza en el s. XVI incluidos los arrabales (Zubikua, Portalekua y Aozaraza). Las riquezas de América y las generadas por la vida cortesana revierten en la población, que se dota de importantes bienes inmuebles. El obispo Mercado y Zuázola decide hacerlo con una Universidad. Tras conocer el valioso legado otorgado por el obispo Mercado, la villa y el obispo firmaron en Valladolid una escritura (1539) de convenio para la ejecución del edificio necesario. La villa se comprometió a abrir a su costa todos los cimientos del edificio, a dar el maderamen necesario, a acarrear de su cuenta la cal, piedra, yeso, ladrillo y teja, y además a entregar quinientos ducados de oro en dinero. Mercado se comprometió a erigir en esta villa un colegio de la advocación del Espíritu-Santo, al cual debería dotar con sus bienes y rentas. La vida y vicisitudes de esta Universidad bascongada se hallan recogidos en epígrafe aparte. También se erigen en este siglo los conventos de Santa Ana, Arantzazu, Bidaurreta y San Miguel y los jesuitas, atraídos por las cátedras universitarias, fundaron una casa en Zubikua. El centro de la vida urbana se halla en Sietevientos (casas de Hernani y Astorkitza).
    Pleito infructuoso contra el Conde (1540). En el 1540 la villa puso demanda en la Chancillería de Valladolid con la solicitud de que se declarase que era de la Corona Real y que el Conde no tenía título para llamarse Señor de ella ni para ejercer ninguna clase de jurisdicción en la misma, incluida la eclesiástica. Este pleito, favorable al Conde pero beneficioso para Oñati, debió durar largo tiempo. Para su buen éxito la villa solicitó el auxilio de la Provincia durante los años 1595, 1597, 1629 y 1640, expresando en las comunicaciones dirigidas con este motivo que tenía pendiente con el Conde el asunto de su exención y libertad de la dependencia de éste; en efecto le fue otorgada su voz y costa. Lo cierto es que la villa de Oñati continuó hasta el s. XIX perteneciendo al señorío de la casa de Guevara ya que las sentencias que recayeron sobre su exención no fueron favorables. Pedro Vélez de Guevara en el capitulado celebrado con la villa en el año de 1542, por cuyo otorgamiento ésta le dió cuatro mil ducados, se obligó entre otras cosas a no entremeterse en las cosas de la gobernación del pueblo, a no residenciar a los capitulares, a no tomar a éstos las cuentas de su administración, salvo el caso de que hubiese querella de parte de algún vecino. Pero su sucesor no se creyó obligado a observar este contrato.
    Pretensiones del Conde Ladrón, 1560-1580. Pese a haber renunciado a varias prerrogativas en virtud del Capitulado de 1467, los señores de Oñati volvieron a reclamar varios derechos en 1560, especialmente el puerco ezkurbeste. Su Ayuntamiento se opuso a la exacción, fundándose para ello en que eran imposiciones nuevas, y también en que todos los montes comprendidos dentro de la mojonera de la villa eran concejiles. Finalmente en la consideración de que el padre del demandante había renunciado al derecho que podía tener en esta parte. De los antecedentes que se han tenido a la vista, no aparece otra cosa sino que la villa expidió este asunto a la Real Chancillería de Valladolid, a donde el Alcalde de la misma, ante quien se entabló, mandó remitir los autos. Sin que se hubiese resuelto todavía definitivamente la cuestión, procedió el Conde en el año de 1582 a cobrar de propia autoridad las mencionadas prestaciones, lo cual dio motivo a un nuevo incidente ante el propio tribunal. Su resultado fue haberse revocado por atentado todo lo obrado por el Conde en el particular, mandando la restitución de la prendas sacadas por él. Consiguientemente se libró la competente real carta ejecutoria de esta declaración en Valladolid el 8 de agosto del propio año, y en su cumplimiento se entregaron por el prestamero del Conde las prendas que obraban depositadas en su poder. Así que el Conde no percibió ya más que las rentas enfiténticas de diferentes heredades y terrenos, como de propiedad particular. Pero ese mismo año se ingirió en diversos asuntos de la administración económica y gobierno del pueblo, de que se originó un nuevo pleito. Los puntos sobre los que giró éste fueron resueltos por la Real Chancillería de Valladolid por medio de su sentencia pronunciada en grado de vista el 30 de setiembre de 1600, modificada por la de revista dictada en Medina del Campo el 4 de junio de 1602, y en segunda suplicación el 26 de junio del mismo año. Con arreglo a estas determinaciones, el Conde podía prever las cuentas de los propios y rentas del concejo de esta villa, pero no las del hospital y memorias pías, como había pretendido. Podía también poner precio por su persona a los bastimentos, no habiéndolo hecho el Alcalde ordinario; no así visitar las carnicerías, abacerías, tabernas, mesones, ventas, pesas, ni medidas, por ser todo esto atribución privativa del Ayuntamiento. Le era igualmente permitido poner medidas nuevas para la venta del vino y otras cosas, con tal que fuesen conformes a las leyes del reino. Así bien estaba autorizado para hacer de noche rondas del pueblo, con el objeto de conservar la tranquilidad de él y perseguir a los malhechores. Las mismas sentencias, al paso que declararon a favor del Conde otra facultad importante, cual era de tomar por sí la residencia a los capitulares cesantes, o de nombrar jueces de comisión para el efecto, le prohibieron proceder contra el Alcalde ordinario durante su oficio por cosas pertenecientes a éste; pero por delitos comunes podía procesarle.
    Otra vez la alcaldía. Consta también que a consecuencia de haber dictado el Conde un auto, mandando que Juan Pérez de Lazarraga, alcalde nombrado para el año de 1582 no usase el oficio sin que él mismo le entregase la vara, hubo un pleito en la Chancillería de Valladolid. Esta libró real provisión el 22 de junio del propio año, dando comisión al rector del colegio de la misma villa, para que pusiese a dicho Lazárraga en posesión de la alcaldía, como lo ejecutó sin tardanza.
    Rebelión del alcalde Lazarraga, 1582-1585. Nuevamente manifestaron los oñatiarras su vehemente deseo de sacudirse la tutela señorial. El licenciado Vázquez de Saavedra, Alcalde mayor por el conde Pedro Vélez de Guevara, estando ejerciendo en la misma villa su jurisdicción, dio un mandamiento para que Martín de Galarza, escribano de ella, entregase ciertos papeles y recaudos que habían pasado ante él, concernientes a los derechos del dicho Conde. Notificado este auto a Galarza, contestó que los expresados documentos obraban en poder de Juan López de Lazarraga, Alcalde ordinario de la propia villa, a quien se le requirió luego con repetición para que los devolviese a dicho escribano, a fin de que lo mandado tuviese efecto. Lazarraga no se prestó a su cumplimiento, por lo que el Conde dictó contra él auto de prisión, y se le notificó en presencia de dicho Alcalde Mayor. Todavía menos se allanó a obedecer esta providencia; antes bien repelió con la fuerza a cuantos fueron a arrestarle, incluso el Conde y su Alcalde Mayor. Menospreció con voces altas y descomedidas la dignidad de aquél; apeló a los circunstantes y a todo el pueblo en su ayuda, haciendo que repicasen las campanas a voz de concejo, etc. A consecuencia del alboroto que causó este escándalo, el Conde tuvo que retirarse sin haber podido lograr el hacerse respetar y obedecer. Desconocida y desprestigiada de una manera tan grave su autoridad, entabló inmediatamente ante el Consejo Real la correspondiente querella criminal, no solamente contra el Alcalde Lazarraga, principal causante del suceso, sino también contra otros treinta y tres vecinos complicados en él. El Rey nombró por juez de comisión para conocer de esta causa al doctor D. Alonso de Agreda, Alcalde de la Real Casa y Corte. Constituido éste sin tardanza en la villa de Oñati, instruyó la correspondiente sumaria información de los hechos: recibió a los procesados las declaraciones, oyó sus defensas y pronunció una difusa sentencia definitiva el 13 de diciembre del mismo año. Redújose ésta a condenar a Juan Pérez de Lazarraga, a Juan Ibáñez de Hernani y al doctor Mendizabal, abogado y regidor, a que fuesen a servir a su costa con caballos y armas por tiempo de cinco años a Orán u otra frontera que se les señalase, en inhabilitación perpetua para ejercer los cargos de Alcalde y demás de Ayuntamiento, en quinientos ducados de multa a cada uno, y en las costas del proceso. A los otros treinta y un encausados les impuso así bien las penas del destierro de la villa y condado de Oñati por diferentes años, algunas multas, costas, etc. Los procesados se alzaron de esta determinación judicial ante la sala de alcaldes de la Real Casa y Corte, cuyo tribunal, después de seguir la causa por sus trámites regulares, la falló en 9 de febrero de 1584. Su resolución consistió en confirmar la del doctor Agreda, con la modificación de que la condena de Lazarraga se entendiese en diez años de galeras, como soldado a su costa; cumplidos éstos, a destierro perpetuo del reino y en la pérdida de la mitad de sus bienes para la real cámara. La pena de Ibáñez de Hernani quedó reducida a cinco años de destierro de la villa de Oñati y mil ducados de multa; la del doctor Mendizabal a destierro del reino e inhabilitación para ejercer la abogacía por igual tiempo de cinco años; las de los demás procesados, según los pronunciamientos anteriores. Siguióse el negocio en la tercera instancia, por cuyo resultado la condena de galeras de Lazarraga se moderó al servicio de cuatro de soldado en la frontera de Orán en destierro perpetuo de todo el condado de Oñati, de la corte y sus cinco leguas, en cuatrocientos ducados de multa, y en las costas. Igualmente, el castigo impuesto a Ibáñez de Hernani quedó reducido por la misma sentencia de revista a destierro del condado de Oñati y de la Corte por tiempo de un año y a la multa de cien ducados. La condena del doctor Mendizabal se declaró en destierro del término de la villa de Oñati por cinco años, en inhabilitación para ejercer la abogacía y obtener cargos de república por igual tiempo, en la multa de doscientos ducados y en las costas. Esta sentencia fue pronunciada en 15 de enero de 1585, y para su ejecución se libró la correspondiente real provisión, fechada en Madrid a 26 de marzo siguiente.
    Nuevos pleitos. Tanto el período de Pedro Vélez como el de Catalina de Guevara vieron florecer nuevos pleitos entre el Concejo y los Señores. Durante el gobierno de la segunda, el Concejo oñatiarra se atrevió en 1597 a servir a la Provincia con una compañía para la defensa de la frontera. Sintiéndose la condesa agraviada con semejante paso, gestionó contra él. Oñati no consintió en las pretensiones de la condesa lo que dio después origen a un pleito que se siguió ante el Consejo Supremo de la Guerra, siendo su resultado haber obtenido el segundo en el año de 1614 una real ejecutoria favorable a sus intenciones. A pesar de ella, en el de 1638, envió el Concejo su compañía de ciento ochenta infantes con sus oficiales a las órdenes del coronel de la provincia contra los franceses sin licencia de la condesa. Querellóse nuevamente ésta de tal hecho, y en virtud de las gestiones logró en dicho Consejo una sobrecarta por la cual se mandó el cumplimiento de la librada en el año de 1614. Por otra real cédula se declaró que la villa se había entremetido sin facultades en nombrar los oficiales y disponer de la gente. Consiguiente a estas resoluciones, mandó el general que la compañía de Oñati se entregase al alférez nombrado por la condesa, para que la gobernase mientras no hubiese alguna otra orden del Rey o persona nombrada por el Consejo de la Guerra. Tal fue la práctica que se observó posteriormente en esta materia. Sin embargo, hay que advertir que estas prerrogativas militares del Conde solamente se entendieron valederas mientras estaba presente en la villa de Oñati, y no cuando se hallaba fuera de ella. No habiendo en el último caso en esta villa más jurisdicción ordinaria que la del Alcalde, a éste tocaba entonces la capitanía a guerra de su gente. Por lo tanto, como el Conde residió posteriormente en la corte del Rey, su antigua prerrogativa militar estuvo sin uso y quedó abolida con la extinción de los derechos señoriales en el s. XIX.
    Alegato antiseñorial. En diversas ocasiones Oñati alegó contra su sujeción. En un memorial que dirigió a las Juntas de Mondragón de 1595 asentó que en tiempos pasados había sido tenida por una de las de Gipuzkoa; añadiendo que por esta consideración adoptó las cosas más importantes de ella. También la Diputación manifestó el mismo concepto en el acta de 7 de julio de 1629 al expresar que la villa de Oñati estuvo incorporada a Gipuzkoa en el s. XV, y que ésta celebró en aquella Junta General el año de 1457. Sea o no válido históricamente este argumento sí lo es desde el punto de vista político ya que manifiesta la voluntad de este colectivo. Por lo demás, a través de sus pleitos y alegatos, Oñati fue homologándose cada vez más, a lo largo de la Epoca Moderna, con el resto de la provincia, pleiteando su hidalguía como en el resto de Vasconia y valiendo sus expedientes en toda Gipuzkoa. También, a lo largo de los ss. XVII y XVIII, efectuó aportaciones económicas a la Provincia y fue llamada por ésta en los casos que pudieran interesarle. Envió apoderados a las juntas provinciales de Gipuzkoa en virtud de invitación, a las que nunca ha rehusado de corresponder. Tantas y tan estrechas fueron las relaciones que mediaron entre Oñati y Gipuzkoa, que la primera no dudó en pedir a la segunda su favor y apoyo en los varios pleitos tenidos con el Conde, su Señor.
    Otro litigio por la alcaldía. Por otra providencia de dicho tribunal del 30 de setiembre de 1600 se declaró que el Conde debía confirmar la elección del Alcalde dentro del tercer día desde que fuese requerido con ella. Se siguió otro expediente en el año siguiente sobre las palabras con que el Conde debía ejercer este derecho, y se declaró por la Chancillería el 31 de agosto que, en cumplimiento de la ejecutoria y sobrecarta, no pusiese otras palabras, sino que confirmaba y daba poder al elegido, para que usase de la jurisdicción. Suplicó el Conde de esta resolución, pero se confirmó el 20 de octubre del mismo año. Se hizo al propio tiempo la aclaración de que las confirmaciones fuesen y se entendiesen solamente del oficio de Alcalde ordinario, debiendo usar en ellas de estas palabras: «atento a que sois idóneo y suficiente para usar el oficio de alcalde, os cofirmo y doy poder para que como mi alcalde useis y ejerzais el oficio». No quedó satisfecha la villa con las palabras como mi alcalde que se mandaba insertar en los títulos, y así interpuso el recurso de súplica sobre este punto, pidiendo que en su lugar se pusiesen las de como alcalde de la dicha villa, etc. Sin embargo, se confirmó el 19 de octubre de 1602 la sentencia anterior, y se libró la real carta ejecutoria de esta determinación en Burgos el 29 de noviembre de 1605. Después de tantas declaraciones no había quedado todavía terminado del todo este asunto de las confirmaciones. El conde no quiso con firmar en el año de 1626 la elección hecha en el doctor Sebastián del Puerto y Hernani, en el año 1692 la verificada en Juan Antonio de Araoz y Zaráa, ni en el de 1754 la que recayó en Miguel Nicolás de Sarriá y Elorduy, objetando estar pendientes de residencia por razón del desempeño de cargos municipales anteriores. En las tres ocasiones recurrió la villa en queja de semejante proceder a la Real Chancillería de Valladolid. Por su resultado mandó este tribunal que el Conde confirmase las elecciones luego que fuese requerido con ellas; y que no siendo habido personalmente para esto, bastase el requerimiento hecho a cualquiera de sus criados de escalera arriba, con cuyo testimonio el alcalde saliente diése posesión al nuevo. Pero, en fin, esta antigua prerrogativa de los condes de Oñati cesó en virtud de la real cédula de 30 de julio de 1814, que la trasladó por regla general a las chancillerías y audiencias del reino en todos los pueblos de señorío donde estaba establecida; y así se hizo hasta la reforma del s. XIX.
    Derecho señorial sobre las Escribanías. Prerrogativa muy antigua del conde de Oñati fue también el nombramiento de escribanos de número de la misma. Según se deduce de los antecedentes, antiguamente hacía esta elección para uno o dos años, y les removía a su voluntad. La villa le demandó ante el Consejo Real en el año 1635, y se declaró por él que el Conde no debía hacer los nombramientos por tiempo limitado. Después de esta determinación el rey Felipe IV, en 1642, hizo al mismo Conde y a sus sucesores en el mayorazgo merced de las escribanías de esta villa con facultad de remover a sus servidores con causa o sin ella, no obstante cualquiera ejecutoria despachada en contrario. En esta conformidad empezó a poner en sus títulos las palabras de mientras fuere nuestra voluntad; y volvió a hacer los nombramientos con la restricción de dos años. A pesar de esto, los que los tenían usaron de los oficios después de pasado este plazo sin confirmación, y en la residencia que se les tomó el año de 1660, el juez de comisión de ella les condenó en ciertas multas, apercibiéndoles para que no usasen de los oficios sin obtener nuevo título. Los escribanos condenados apelaron de esta providencia ante la Real Chancillería de Valladolid, donde se revocó, mandando al mismo tiempo que las partes acudiesen a usar de su derecho a donde bien visto les fuese, por lo cual quedaron aquéllos en el ejercicio de sus oficios. Esto no bastó para que el Conde dejase de expedir los títulos con la calidad de mientras fuere nuestra voluntad, hasta que el año de 1691, con motivo de haberse dado en esta forma a Bernardo de Astorquiza, la villa recurrió a dicho tribunal superior. Con audiencia de partes mandó éste que los títulos de escribanos se presentasen ante el Ayuntamiento, y que esta corporación les diese uso con la cláusula de sin perjuicio, añadiendo que sobre la subsistencia de la merced hecha al Conde acudiesen al Consejo Real. No consta si alguna de las partes promovió después en este nuevo juicio en tal razón y es lo cierto que los Condes continuaron despachando los títulos con dichas palabras, así como la villa protestándolas. A la facultad de nombrar escribanos era inherente la de visitarlos, tomarles la residencia, nombrar jueces de comisión para el efecto, imponerles multas, correcciones y demás penas legales en los casos que hubiesen faltado al buen desempeño de sus deberes. Todos estos derechos de los condes de esta villa respecto de sus escribanos desaparecieron en el año de 1815, en que en virtud de real disposición se restituyeron a la Corona las numerías de pueblos de señoríos.
    La prosperidad del XVIII. El movimiento de mejora y reforma de la agricultura se hizo notar también en Oñati traduciéndose en viviendas adosadas y en la penetración del capital de origen burgués en el campo, creándose nuevos caseríos. En el casco urbano las nuevas construcciones fueron: el conjunto de Santa Marina, la casa Agerrena, el Concejo o Casa consistorial, la torre de la parroquia, Etxaluze y la casa de Larrastegikua en San Antón. La vida cívica se fue trasladando desde Sietevientos a la plaza del consistorio y se va constituyendo la plaza de Santa Marina con las casas de las nuevas familias enriquecidas (Madinabeitia, Baruekua, Antía, etc.). Una serie de jardines rodea a las nuevas residencias. Esta nueva burguesía y las familias hidalgas que monopolizan el poder concejil hacen que las atribuciones condales sean ya mucho más honoríficas que sustanciales. En un documento de 1752, estudiado por VVAA (1982), donde se contienen las ferrerías mayores que trabajaban el hierro por aquel entonces («Libro del Diario de D. Francisco Antonio de Oquendo», publicado por J. I. TELLECHEA, pp. 189-192), se citan las del Conde y la de Olalde produciendo 2.700 quintales, mientras que las 69 que había en la provincia labraban 62.000. En cuanto al acero, las ferrerías de Olalde y Bidaurreta producían 2.000 arrobas, mientras que otras siete ferrerías guipuzcoanas sacaban tan sólo 4.300 arrobas en total. Según este mismo texto se hacían en estas olak oñatiarras: «usos, prensas, planchas, palas, picos, zapapicos, arados, mazos, yunques, bogas y todas las demás piezas necesarias correspondientes a la manutención de las ferrerías de la Provincia de Guipúzcoa y Señorío de Vizcaia, la Montaña y Reyno de Navarra». De todas formas para estas fechas el sector había entrado en franca decadencia en toda Vasconia ante la competencia de los hierros y aceros de Suecia y Rusia principalmente y ante su propio desfase técnico. Oñati participó en una serie de planes de reorganización y regeneración que se intentaron al socaire del movimiento ilustrado de aquellos años.
    Incorporaciones intermitentes a Gipuzkoa. Oñati aprovechó todas las ocasiones que tuvo para normalizar su caso. Se ve, en efecto, que cuando el año de 1719 se sometió Gipuzkoa al duque de Berwick, Oñati prestó a éste igual obediencia por medio de sus diputados D. Juan Antonio de Araoz y Zaráa y D. Luis Antía, para lo cual pidió a la Diputación en carta de 14 de agosto hiciese relación a dicho duque sobre los extremos que consideró necesarios. Tales eran: que pertenecía al territorio guipuzcoano; que gozaba de las libertades y exenciones de esta provincia pese a haberla separado el señorío del Conde; que mantenía la hermandad con Gipuzkoa en todas las ocasiones de paz y de guerra que se ofrecían en el país. Un estado de cosas tan anómalo no podía subsistir por más tiempo. Así es que apenas se iniciaron en España las reformas políticas y administrativas, la agregación de la villa de Oñati a la provincia de Gipuzkoa se hizo natural e inevitable. Su situación topográfica dentro de las vertientes de las aguas, la identidad de la lengua, la semejanza de costumbres; en fin, tantos lazos de amistad, no podían dejar de inclinar a los habitantes de esta villa hacia Gipuzkoa. Consiguientemente, durante la dominación francesa desde el año de 1808 al 1813, como también después, hasta la abolición del régimen constitucional en mayo de 1814, estuvo incorporada a esta provincia. Otro tanto sucedió desde el mes de marzo de 1820 en que se proclamó la Constitución de Cádiz hasta que este código dejó de regir en España, en virtud del decreto del Rey de 1 de octubre de 1823. En aquella ocasión se barajó asimismo su incorporación a Álava, cosa a la que Oñati se opuso.
    Consecuencias de la revolución liberal sobre la tierra. Como consecuencia de las desamortizaciones y de la privatización de los comunales se colonizaron, a lo largo del s. XIX, tierras que nunca habían sido cultivadas, fundándose incluso el barrio de Arantzazu.
    Primera guerra carlista. En octubre del año 1833 estalla el primer conflicto armado carlista. El campesinado y gran parte de las clases urbanas bajas se adhieren al Carlismo en las provincias vascas, Cataluña y Aragón predominantemente. Se debatían temas como el foralismo, autonomía regional contra el estado liberal centralizador, formas de propiedad y formas de vida, así como cuestiones religiosas, dinásticas, etc. El que promueve este alzamiento en Oñati es Francisco José de Alzáa, el 8 de octubre de 1833, al grito de «a las armas, viva el rey D. Carlos». Después de la caída de Bilbao en manos de Sarsfield, el 25 de noviembre de 1833, cundió el desaliento entre las tropas vizcaínas y guipuzcoanas. Oñati fue el punto de concentración de las fuerzas carlistas de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, con sus jefes más prestigiosos, Zabala, Villarreal, La Torre, etc... Enterados Castañón y Lorenzo, proyectaron en combinación una maniobra que arrojase a los carlistas a Navarra. Ante este golpe la dispersión de los carlistas fue completa, entrando Lorenzo en Oñati con facilidad, sembrando el desaliento en este país que les era adicto. De todas maneras los carlistas volvían a rehacerse al poco tiempo. El dos de marzo de 1834 Espartero bate a los carlistas que viniendo perseguidos desde Bizkaia se encerraron en el pueblo en vez de apoderarse de las alturas de Oñati. Aunque Espartero se veía imposibilitado de destruirlos porque los carlistas, siempre fraccionados en partidas, sólo se reunían para dar una sorpresa a los liberales. La villa fue corte del Pretendiente. En la misma funcionó una fábrica de cañones y una maestranza y se tiró la «Gaceta» del Ejército Carlista. Tras los fusilamientos de Estella, en mayo de 1838 hubo disturbios anticortesanos en Oñati, donde grupos de paisanos gritaron «mueran los ojalateros y viva Carlos V». Espartero penetró en Oñati tres días antes del Abrazo de Bergara.
    Incorporación definitiva a Gipuzkoa (1845). Durante la guerra civil estuvo adherida a Gipuzkoa en todos los asuntos concernientes a la misma. Terminada ésta en el año de 1839 por el convenio de Bergara, la villa de Oñati dependió de esta provincia en todo lo político, judicial, administrativo y económico. Concurrió, por lo tanto, a una con los demás guipuzcoanos, a las elecciones de diputados a Cortes y senadores del Reino, y estuvo sometida a la autoridad del jefe político, juez de primera instancia, diputación provincial y comisión económica. Por fin, la anexión completa y definitiva de Oñati a Gipuzkoa llegó a formalizarse en virtud de escritura de concordia otorgada el 9 de octubre de 1845 por testimonio de D. Juan Fermín de Furundarena, escribano de número de la villa de Tolosa. Esta incorporación de conveniencia recíproca se realizó a consecuencia del acuerdo de las Juntas Generales del mismo año bajo las condiciones que de común conformidad se establecieron, siendo las principales las siguientes: 1.ª Que la Provincia abriese el camino de coches proyectado desde la villa de Ormaiztegi hasta el punto de San Prudencio de Bergara pasando por la de Oñati, cosa que hizo. 2.ª Que por dotación fija del instituto provincial establecido en ésta se le pagasen por la Provincia veinte mil reales anuales. 3.ª Que en el caso de elevarse dicho instituto a Universidad se le aumentase la expresada asignación hasta la suma que prudentemente se juzgase necesaria. Consiguiente a este convenio, se declaró a la villa de Oñati como uno de los pueblos de juntas generales de la Provincia; se le encabezó para los requerimientos foguerales de ésta y votaciones en 109 fuegos y se asignó a sus representantes el segundo asiento a mano izquierda del corregidor. En ese momento y, según describe Gorosábel, contemporáneo de los hechos, el cuerpo de la villa constaba de diferentes calles, de las que tres eran las principales, compuestas en general de buenos edificios, algunos de ellos suntuosos, dos plazas y alguna que otra plazuela. Tenía varias fuentes de agua, buenos espolones, agradables paseos de arboledas, hermosa carnicería, alhóndiga y otros establecimientos de servicio público. Sus barrios exteriores se denominaban Araotz, Garagalza, Garibai, Goribar, Lazarraga, Lezesarri, Murgia, Narria, Olabarrieta, Santxolopeztegi, Uribarri, Urrexola, Berezano, Zañartu y Zubillaga, pero antiguamente estuvo dividida en veinte vecindades. Entre 1848-1849 se construyó la arquería de la plaza cercana al ábside de San Miguel y entre 1854-1857 el resto y los pisos superiores. En 1858 se erigió el frontón.
    La segunda carlistada. El 16 de mayo de 1872, es decir, nada más comenzar la segunda guerra carlista (1872-1876), los carlistas proyectaron tomar Oñati y, saliendo de Mondragón a pesar de que tienen noticias de que el pueblo de Oñati estaba ocupado por 300 txapelgorris guipuzcoanos, se deciden a marchar sobre Oñati. En el camino los carlistas tienen confidencias de que los txapelgorris se habían refugiado en Bergara, y mientras 4.000 hombres marchaban con descuido por una encañada que forman los montes, fueron sorprendidos por los gubernamentales. Mientras el peso del combate lo sostenía el batallón de Arratia, los demás pudieron coronar los montes cercanos, a pesar de la confusión que reinaba por la sorpresa del ataque. Esta batalla que se desarrolló en las cercanías de Oñati, -barrio de Garaibai, etc.- fue la más sangrienta de esta campaña. El batallón de Mendigorria tuvo que huir ante las últimas descargas de los carlistas pero la noticia de que se aproximaban fuertes columnas de gubernamentales hizo que los carlistas se re tirasen a Araotz, a poca distancia del Santuario de Arantzazu. El 24 se rendían los carlistas en Amorebieta pero por poco tiempo. Preparándose para la guerra, Felipe Dugiols, tolosarra, creó un Cuerpo de Voluntarios de la Libertad, que fortificó el ayuntamiento y tapió el callejón de la bajada del río. A comienzos de 1873 Santa Cruz intentó intimidar a Dugiols y a los voluntarios a fin de que entregaran las armas. La contestación de Dugiols no dejó lugar a dudas y el cura tuvo que retirarse. El 14 y 15 de abril se resistieron contra cerca de 4.000 carlistas, pero en verano, apretados por el enemigo, los voluntarios tuvieron que evacuar la villa, en la que entraron el general Lizarraga y los suyos. Carlos VII ocupó por temporadas la casa n.° 7 de la plaza, propiedad del diputado Verzosa. La Imprenta Real se instaló en el palacio de Lazarraga y la Moneda en la fábrica de Garai. En otro orden de actividades del Estado Mayor carlista -es decir, de la Diputación foral en esta Segunda Guerra-, concretamente en el orden cultural, se establece, por real orden del 12 de febrero de 1874 la Universidad de Oñati. Las disposiciones de la Diputación foral carlista, aparte del orden militar, abarcaban estos aspectos esenciales: los políticos, los culturales, los religiosos, y los económicos. El 28 de septiembre de 1874 se recibió una comunicación de Roma en la que constaba la declaración del Papa, concediendo a la Universidad de Oñati el pleno goce de todos sus antiguos derechos y facultades. D. Carlos presidió la apertura el 16 de diciembre de 1874, así como la apertura del Real Tribunal Superior de Justicia. En la villa se instalaron también el Tribunal Supremo y una academia militar, con lo que Oñati acabó siendo una de las capitales, junto con Durango, Tolosa y Estella, del que se ha llamado Estado Vasco de D. Carlos. El 3 de mano de 1876 fue recuperada por los gubernamentales.
    Elecciones en el siglo XIX.
    Elecciones generales del 21-IV-1879. CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSBarcaízteguiDinástico79Castelar6[Ref. B.O.G. del 24-IV-1879].

    Elecciones generales del 1-II-1891.CANDIDATOPARTIDOSVOTOSAnasaldoCoalición Liberal454[Ref. La V. de G. del 3-II-1891].

    Elecciones generales del 5-III-1893.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSSánchez TocaIndependiente706AltubeCoalición Liberal418[Ref. B.O.G. del 9-III-1893. Filiaciones en diversas publicaciones de la época].

    Elecciones generales del 12-IV-1896.CANDIDATOPARTIDOVOTOSSánchez TocaConservador357[Ref. B.O.G. del 17-IV-1896. Filiación en La Unión Vascongada del 13-IV-1896].

    Elecciones generales del 27-III-1898.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSGarcía OgaraCoalción Liberal353En blanco 1[Ref. B.O.G. del 30-III-1898. Filiación en El Fuerista del 27-III-1898].

    Elecciones generales del 16-IV-1899.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSFernández FretConservador487García OgaraLiberal443[Ref. B.O.G. del 19-IV-1899. Filiaciones en La Unión Vascongada del 17-IV-1899].
    Elecciones 1900-1923.
    Elecciones generales del 19-V-1901.CANDIDATOPARTIDOVOTOSGarcíaLiberal321[Ref. B.O.G. del 24-V-1901. Filiaciones en La Unión Vascongada, del 13-V-1901].

    Elecciones generales del 26-IV-1903.CANDIDATOPARTIDOVOTOSGarcíaMaurista333[Ref. B.O.G. del 29-IV-1903. Filiaciones en La Constancia del 26-IV-1903].

    Elecciones generales del 10-IX-1905.CANDIDATOPARTIDOVOTOSGarcíaLiga Foral302[Ref. B.O.G. del 13-IX-1905. Filiaciones en La V. de G. del 11-IX-1905].

    Elecciones generales del 21-IV-1907.CANDIDATOPARTIDOVOTOSGarcíaMaurista323[Ref. B.O.G. del 24-IV-1907. Filiaciones en La V. de G. del 22-IV-1907].

    Elecciones a Diputados en Cortes del 8-V-1910.CANDIDATOSVOTOSGabriel M.ª Ibarra de la Revilla1.065Rodrigo Soriano2Julio Gorostiza1Francisco Egaña Aranaz1Votos en blanco10[Ref. B.O.G., mayo 1910].

    Elecciones a Diputados en Cortes del 8-III-1914.CANDIDATOSVOTOSGabrile M.ª Ibarra de la Revilla676Luis Olaso Madaria492Enrique de Ocio López de Haro17Votos en blanco1[Ref. Boletín Oficial de Guipúzcoa, marzo 1914].

    Elecciones generales del 9-IV-1916.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSOrbeaConservador Maurista872RiveraLiberal242En blanco 17[Ref. B.O.G. del 12-IV-1916. Filiaciones en La V. de G. del 10-IV-1916].

    El 13 de enero de 1916 tiene lugar la Asamblea anual de Solidaridad de Obreros Vascos a la que acuden representantes de las 19 agrupaciones de Vizcaya y 7 de Guipúzcoa, entre ellas diversos trabajadores de Oñati.

    Elecciones generales del 24-II-1918.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSLequericaCiervista706EizaguirreP.N.V.463[Ref. B.O.G. del 1-III-1918. Filiaciones en La V. de G. del 25-II-1918].

    Elecciones generales del 1-VI-1919.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSJuaristiTradicionalista682EizaguirreP.N.V.421RengifoLiberal1En blanco 1[Ref. B.O.G. del 6-VI-1919. Filiaciones en El P.V. del 26-V-1919].

    Elecciones generales del 19-XII-1920.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSBorbónIndependiente676CelayaP.N.V.428De FranciscoP.S.O.E.4En blanco 3[Ref. B.O.G. del 22-XII-1920. Filiaciones en La V. de G. del 21-XII-1920].

    Elecciones generales del 29-IV-1923.CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSDuque de HernaniConservador701UrizarCandidato Popular400[Ref. "El P. V." del 1-V-1923].
    La República en Oñati. En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 resultaron elegidos en esta localidad diez concejales Nacionalistas y cuatro Jaimistas. [Ref. «La Voz de Guipúzcoa», abril 1931 ] . La República fue proclamada el 14 a los acordes de «La Marsellesa» tomando la palabra al Presidente del Centro Republicano Guillermo Martínez. El 18 hubo un acto republicano en el que se entonaron la «Marsellesa», el himno republicano y el «Gernikako Arbola», tomando la palabra Gomendio que habló sobre los fueros de Vasconia. Fue elegido alcalde Javier Celaya. El día 21 de abril celebró el Ayuntamiento su primera sesión aprobando una moción nacionalista por la que se urgía la proclamación de una República Vasca federada a las del resto del estado español, con el voto en contra de los concejales Mugarra, Ugarte y Elortondo. Desde mayo de 1931 dejó de efectuarse el desalojo del frontón municipal a las diez de la mañana los días festivos y a la hora de vísperas, los días precedentes, desalojo que se efectuaba a fin de que la población renuente fuera a los actos religiosos.. [La VG, 28 mayo, p. 13).
    Elecciones en 1931-1933.
    Elecciones generales del 28-VI-1931. CANDIDATOSPARTIDOSVOTOSPildainIntegrista2.695LeizaolaNacionalista2.691UrquijoTradicionalista2.693PicabeaIndependiente2.689UsabiagaDerecha Republicana318GárateAcción Nacionalista318AmilibiaUnión Republicana314De FranciscoSocialista312UrgoitiUnión Republicana2CastroRepublicano2Votos en blanco 14[Ref. B.O.G. del 29-VI-1931. Filiaciones en El Pueblo Vasco del 30-VI-1931].

    Elecciones a Diputados en Cortes del 19-XI-1933.CANDIDATOSVOTOSPaguaga1.382Urraca1.377Tellería1.372Maeztu1.367Leizaola1.160Irujo1.140Monzón1.130Irazusta1.114Picavea1.091De Francisco183Echevarría179Angulo170Gomendio165Alvarez113Bizcarrondo88Usabiaga80De la Torre57Imaz7Urondo2Larrañaga2Astigarribia2Zapirain2[Ref. "La Voz de Guipúzcoa", noviembre 1933].
    Sí al Estatuto Vasco. En la primavera de 1931, a los días de instaurarse la República, Oñati se adhirió al Estatuto. En el plebiscito del 5 de noviembre de 1933 para refrendar el Estatuto Vasco se obtuvo en esta localidad el siguiente resultado:(véase resultado) [Ref. «La Voz de Guipúzcoa», noviembre 1933].
    Elecciones de 1936.
    Elecciones a Diputados en Cortes del 16-II-1936. CANDIDATOSVOTOSLojendio1.495Oreja1.485Paguaga1.484Múgica1.478Irazusta1.302Monzón1.297Lasarte1.293Picavea1.273Apraiz301Ansó301Amilibia298Larrañaga294Irujo22[Ref. El Pueblo Vasco, febrero 1936].

    Elecciones a Diputados en Cortes del 1-III-1936.CANDIDATOSVOTOSLasarte1.752Irazusta1.751Irujo1.743Picavea1.730Ansó278Apraiz277Amilibia268Larrañaga265[Ref. "El Pueblo Vasco", marzo 1936).
    Guerra de 1936-1939. Al iniciarse la guerra de 1936-1939, Oñati permaneció en poder de las fuerzas leales a la República. Un grupo de voluntarios organizó una incursión por tierras alavesas llegando hasta la localidad de Araya, que dominaron por sorpresa. Tras libertar a los 35 prisioneros que tenía la cárcel del pueblo, apoderarse de la documentación del Ayuntamiento y los locales de «Acción Popular» y de numerosos fusiles y munición y detener al secretario, regresaron a Oñati. El avance de las columnas nacionales por Gipuzkoa llegó a los límites de la villa el 20 de septiembre de 1936, en que fueron tomadas las alturas del lado de Legazpia, entrando los nacionales en la villa el 21 , para seguir el 22 por el barrio de Zubillaga hacia San Prudencio. Durante la represión subsiguiente, fueron hechos prisioneros y custodiados en las escuelas casi todos los varones menores de 70 años. Fueron asesinados a continuación: Félix Ugarte, nacionalista; Guillermo Martínez; Antonio Galdós; Ramón Aiastuy Ormazabal, miembro de ELA; Marcelino Azcárate Aiastuy, miembro de ELA: Ceferino Ugarte Aiastuy, nacionalista; Pedro Bengoa Aranguren, de ELA; Juan Urcelay Cortabarria; Valentín Arcauz Urcelay; Fructuoso Aberasturi; Pedro Aguirrezabal; Manuel Gutiérrez; Marcos Aldazabal; Vicente Oregui; Angel Iturmendi; Benito Aiastuy; José Lete Ugarte. Francisco Arrizabalaga había muerto en julio en el frente de Altsasu.
    Oñati en el Primer Franquismo (1936-1948). La villa de Oñati, situada en el extremo sur occidental de Gipuzkoa, se mantuvo al margen de los combates que se produjeron a lo largo de toda la provincia durante el verano de 1936 como consecuencia de la Guerra Civil. A pesar de ello en la localidad se creó un comité local de defensa y milicianos del Alto Deba se trasladaron a la zona, ante el repliegue de los efectivos de la Guardia Civil destacados en el municipio. Varios vecinos derechistas de Oñati fueron detenidos y trasladados a la cárcel de Bergara, de donde -poco antes de ser ocupada esta localidad- fueron trasladados a Bilbao muriendo dos de ellos en el asalto a las prisiones bilbaínas, el 4 de enero de 1937, tras producirse un bombardeo de las fuerzas franquistas.

    Las tropas de Alonso Vega, que habían partido de Vitoria/Gasteiz el día 20 de agosto de 1936, tenían la misión de penetrar en Gipuzkoa por el puerto de Arlaban, para confluir con las tropas que debían avanzar por el centro de la provincia. Milicianos de Oñati, por su parte, ocuparon la localidad alavesa de Araia, donde mantuvieron un tiroteo en el que resultó muerto el secretario de Acción Popular de la localidad y fueron puestos en libertad 35 presos retenidos en el citado municipio alavés. Esta fue la única acción ofensiva de los republicanos de Oñati que, ante la carencia de municiones, se vieron obligados a abandonar las posiciones que defendían. Tropas procedentes de Bergara y de la zona de Arlaban -concretamente de Leintz Gatzaga/Salinas de Léniz- avanzan sobre Oñati ocupando la villa el 21 de septiembre de 1936 (Cfr. Barruso, 1996). A partir de ese momento da comienzo el Franquismo en Oñati que, en sus primeros años se va a caracterizar por la dura represión sufrida por el municipio y por el desarrollo de la llamada "democracia orgánica", dos de los aspectos fundamentales de los que nos vamos a ocupar en estas páginas sobre Oñati.

    La situación política en Oñati

    Pese a que la represión ejercida por el Franquismo contra sus supuestos opositores perduró durante todo el período de vigencia del Régimen, la que aparece directamente ligada a la Guerra Civil se desarrolló, fundamentalmente, entre 1936 y 1945. Es en estos años cuando se promulgan las principales disposiciones legislativas para reprimir a los "desafectos" y eliminar toda posibilidad de disidencia. Leyes como la de Responsabilidades Políticas y de Represión de la Masonería y el Comunismo protagonizarán en gran medida la represión franquista. Pero no serán estas leyes las únicas, los decretos de incautación de bienes, los procesos de depuración laboral y la aplicación de la justicia militar condicionarán en gran manera la vida de la Oñati como veremos a continuación.

    Pero, para entender correctamente la repercusión de los procesos represivos en la villa es necesario retrotraerse a la II República, a la que hacen referencia toda la normativa represora del Franquismo. Oñati en el período republicano es un municipio con un comportamiento electoral claramente conservador. En los comicios municipales de 1931 el consistorio fue formado por una amplia mayoría nacionalista (10 concejales) y por cuatro tradicionalistas, no obteniendo representación la izquierda. En las elecciones legislativas de la II República la victoria correspondió a la Coalición de Defensora del Estatuto de Estella -formada por tradicionalistas y nacionalistas ( excepto A.N.V.) - en 1931 al P.N.V. en las de 1933, por escaso margen sobre los tradicionalistas, y a éstos en 1936. La izquierda obtuvo su mejor resultado en 1931, donde logró un 10% de los votos. Como se ve, estamos ante un comportamiento electoral claramente conservador, con un reparto de votos casi equitativo entre nacionalistas y tradicionalistas (Cfr. Rodríguez Ranz, 1994).

    En lo que se refiere a las fuerzas políticas en Oñati durante la República la implantación de las mismas es escasa. Según Rodríguez Ranz tan solo nacionalistas y carlistas cuentan con una presencia organizada en la villa. La Comunión Tradicionalista en Guipúzcoa, tras la proclamación de la República y la fusión entre las dos ramas del carlismo -la jaimista y la mellista llevada a cabo tras la muerte de D. Jaime ocurrida en octubre de 1931- conoció un importante desarrollo en el transcurso del cual se revitalizó el -en palabras de Rodríguez Ranz- "agónico" Círculo Tradicionalista de Oñate. Desconocemos en gran medida el desarrollo de las organizaciones satélite del Tradicionalismo -Juventud Tradicionalista, Margaritas, Agrupación Escolar Tradicionalista y Agrupación Deportiva Tradicionalista- pero es de suponer que al menos existiera una mínima estructura organizada de las dos primeras, las más extendidas por Gipuzkoa. La otra presencia organizativa destacada en Oñati corresponde al P.N.V que cuenta con presencia en Oñati al menos desde 1908. Durante la II República, además de la Junta Municipal del P.N.V., existía en la villa una presencia organizada Eusko Gastexu Batza (Federación de Niños Vascos), Emakume Abertzale Batza (Federación de Mujeres Patriotas), Mendigoixales (Montañeros Vascos) y Solidaridad de Trabajadores Vascos, organizaciones que se integran en la llamada "civilización nacionalista" (Cfr. Tápiz, 2001).

    El resto de las opciones políticas se reduce a una presencia testimonial. El nacionalismo vasco cuenta con la presencia de A.N.V., pero a la vista de sus resultados electorales (0, 23% en 1933, únicos comicios en los que concurre de manera individual), su presencia debe ser poco menos que testimonial (Cfr. Granja, 1986 y Rodríguez Ranz, 1994). La presencia de la izquierda tampoco podemos decir que logre un mayor desarrollo. Únicamente se puede documentar la presencia organizada de Izquierda Republicana no contando con presencia el resto de las organizaciones de izquierda. En el plano sindical tampoco la izquierda obtiene una mayor pujanza. Tan solo la U.G.T está presente en Oñati en 1931 y en 1933 se crea una nueva sección del sindicato. El resto de organizaciones sindicales carece de representación en el municipio.

    Durante la Guerra Civil, la represión republicana no es especialmente intensa. Sí es cierto que son detenidos, como ya hemos mencionado, varios vecinos de la localidad -dos de los cuales serán asesinados en Bilbao- y cuatro guardias civiles del puesto de Oñati son procesados por el Tribunal Popular de Euzkadi, si bien tres son absueltos y uno -que se encontraba en rebeldía- condenado a cadena perpetua en noviembre de 1936 (A.G.G.C., T.P.E., Caja 1).

    La represión militar en Oñati

    Cuando se aborda la cuestión de la represión, la primera referencia que se hace es, siempre, a la aplicación de la justicia militar. Esta es quizás la parte más llamativa de la represión de guerra y posguerra, pero -como veremos- no la única ni la más importante desde el punto de vista numérico. Evidentemente es la más grave de cuantas jurisdicciones pone en marcha el Franquismo en tanto en cuanto puede acarrear la muerte del procesado o una larga condena de cárcel.

    Los datos de que disponemos, sobre el caso de la represión militar en Gipuzkoa en general y en Oñati en particular, no son completos pero vamos avanzando cada vez más en su conocimiento. Según los datos de que disponemos al menos treinta vecinos de Oñati pasaron por un consejo de guerra. De éstos al menos ocho fueron condenados a muerte siendo fusilados cinco de ellos. Según las fuentes del Instituto Bidasoa al menos otros dos vecinos de Oñati fueron fusilados a la entrada de las tropas -uno de ellos un ferroviario de 78 años- lo que colocaría el número de ejecutados en el municipio en siete. Entre los condenados a muerte se encuentran Genaro Arregui y Basilio Galarza, condenados a muerte y propuestos para un canje de prisioneros al final de la Guerra Civil. El primero de ellos fue comisario de un batallón nacionalista y el segundo médico, aunque desconocemos si formó parte de los batallones nacionalistas.

    El resto de los procesados por la Justicia Militar son condenados a penas que oscilan entre uno y veinte años de prisión. Analizando un poco más detalladamente los procesados por las autoridades militares observaremos que la edad media de los mismos es 20 años, siendo el grupo más castigado el que se sitúa entre los 21 y los 30 años, no superando ningún procesado, exceptuando el mencionado anteriormente, los cuarenta años, lo cual demuestra que la represión, en este caso, se centra en hombres jóvenes que probablemente hayan formado parte de las tropas republicanas, como prueba el que cinco de ellos se encuentren encarcelados en El Dueso, tras producirse la rendición de los batallones nacionalistas en Santoña.

    No conocemos la filiación política de gran parte de los procesados pero, en los casos que conocemos ésta, podemos apreciar un reparto equitativo entre nacionalistas y personas de la izquierda. Entre los nacionalistas encontramos a dos afiliados al P.N.V. y uno a S.T.V. Por su parte la izquierda está representada por tres republicanos y dos socialistas. Los republicanos son, sin embargo, la opción política más castigada ya que los tres representantes de la misma son fusilados, dos de ellos a la entrada de las tropas. Por su parte, entre los nacionalistas tan solo podemos constatar la ejecución de un procesado, perteneciente a S.T.V. Completa la nómina de fusilados cuya filiación podemos identificar un militante socialista que es ejecutado en 1938.

    En lo que se refiere a la extracción social de los procesados se puede mencionar que casi el 50% de los mismos proviene del sector secundario, especialmente de la construcción. Es de destacar la presencia de dos médicos y un maestro. Este último caso puede tratarse de Ángel Iturmendi, que ejercía en Mondragón y que fue procesado por los sucesos de octubre de 1934. Varios maestros de Mondragón (cfr. Mondragón en el Primer Franquismo (1936-1957) fueron acusados posteriormente de haber tomado parte en un banquete de homenaje al citado maestro cuando en 1936 fue puesto en libertad tras ganar el Frente Popular las elecciones. Iturmendi, aunque éste es un dato que todavía esta pendiente de confirmar, parece que fue fusilado en Gijón en 1938, lo cual constituiría el único caso de un maestro que, ejerciendo en Gipuzkoa, fue fusilado como consecuencia de la Guerra Civil, sí pudiéndose constatar la muerte de tres maestros guipuzcoanos durante la contienda, dos de ellos tras incorporarse a las filas del ejército franquista.

    Dentro del cuerpo de maestros destaca, como única mujer además entre los vecinos oñatiarras procesados, Edurne Galarza Zulueta, hija del Dr. Galarza, que ejercía de maestra en Murgia (Alava) y fue acusada de ser la instigadora de la detención del duque de Sotomayor (Martinez de Irujo). Se le acusó también, entre otras cosas, de haber estado "afiliada a la Sociedad de Emakumes, entidad femenina afecta al Partido nacionalista vasco, desempeñando las funciones de maestra de las Pospoliñas". Se le condena al pago de una multa y dos años de prisión menor en el colegio San José. Tal y como consta en documentación oficial, se le impone "como sanción la suspensión de empleo y sueldo por dos años, siéndole de abono el tiempo que lleva suspendido, traslado forzoso fuera de las provincias vascongadas y limítrofes con prohibición de solicitar vacantes en cinco años e inhabilitación para el ejercicio de cargos directivos y de confianza en Instituciones Culturales y de Enseñanza". La joven fue cesada en su empleo el 30 de septiembre de 1936 y no volvería a ejercer como maestra hasta el 8 de abril de 1940. Sería en la escuela de Fuente el Olmo de Fuendidueña (Segovia).

    La represión económica en Oñati (1936-1945).Una vez que hemos visto la aplicación de la justicia militar en la localidad debemos pasar a ocuparnos de la represión económica que tanto por su duración temporal, como por su extensión, afectó con gran virulencia a Oñati. Las medidas represivas de tipo económico puestas en marcha por los sublevados comienzan el día 13 de septiembre de 1936. Ese día -coincidente con el de la ocupación de San Sebastián por las tropas que avanzaban desde Irun y la frontera- la Junta de Defensa Nacional publicó el llamado “Decreto 108” por el cual, a la vez que se ilegalizaban todos los partidos que se habían opuesto al “Alzamiento”, se decretaba la incautación de todos su bienes. Del mismo modo se posibilitaba para que los bienes de los afiliados a dichos partidos y de las personas que huían y no regresaban en un plazo establecido pudieran ser igualmente incautados.

    Para llevar adelante toda esta política de incautaciones se crea, el 9 de enero de 1937, la Comisión Central de Incautación de Bienes que, a su vez, se subdivide en las correspondientes comisiones provinciales. La Comisión Provincial de Incautación de Bienes de Guipúzcoa (CPIB) es creada a principios de 1937 y extiende su vigencia hasta julio de 1939, fecha en la que desaparece, debido a que el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas de Navarra y el Juzgado de Responsabilidades Políticas de San Sebastián asumirán todas las funciones, con veremos más adelante.

    No conocemos el número exacto de vecinos de Oñati expedientados por la CPIB de Guipúzcoa pero, según su propia documentación, ésta administra un total de 51 propiedades (33 terrenos rurales, tres caseríos, un crédito de “850 ducados” y catorce casas en el casco urbano) pertenecientes a doce propietarios de la localidad. En los dos años de funcionamiento de la CPIB ésta recauda en Oñati -procedente de las propiedades que administra al estar incautadas a sus propietarios- un total de 23.640 pesetas, cantidad inferior a la que se obtiene en otras localidades como Arrasate/Mondragón (31.092 pesetas) o Andoain (46.030 pesetas) pero muy superior a las restas que percibe el Estado en municipios como Azkoitia (8.455 pesetas) o Fuenterrabía (5.548 pesetas). Como referencia diremos que en un municipio muy golpeado por la represión, como es el caso de Irun (Cfr. Barruso, 2003b), los ingresos de la C.P.I.B ascienden a 23.903,18 pesetas.

    Cuando la Guerra Civil esta cerca de su final, en febrero de 1939, el Gobierno de Burgos presidido por el General Franco promulga la Ley de Responsabilidades Políticas que nace con la pretensión de que aquéllos a los que el Régimen consideraba opositores o “desafectos” borrasen sus “yerros pasados”. La Ley de Responsabilidades Políticas era una ley civil, es decir, que las sanciones que imponía nunca suponían penas de cárcel. Era una ley que imponía sanciones económicas, de inhabilitación, de destierro e incluso de traslado a las posesiones españolas en África en función de la gravedad de los supuestos hechos cometidos por el procesado. La sanción económica, la que con más frecuencia se aplica a los procesados por esta jurisdicción especial, podía llegar incluso a la pérdida total de los bienes, circunstancia que se da en el caso de Gipuzkoa en veinte ocasiones, una de ellas en Oñati. Esta sanción recae sobre personalidades de la II República como el alcalde de San Sebastián -el republicano federal Fernando Sasiain- o el comandante de la Guardia Civil García Ezcurra entre otros. Las penas de inhabilitación y destierro también son frecuentes obligando a los procesados a habitar a una distancia determinada de sus lugares de residencia habitual. En el caso guipuzcoano no hemos recogido ningún caso de personas deportadas a las posesiones españolas en África.

    Entrando ya en el análisis concreto de la Ley de Responsabilidades Políticas en el caso de Oñati vamos a proceder, en primer lugar, a establecer una comparación entre lo ocurrido en la villa y en localidades similares Para establecer la relación con otros municipios hemos elegido el criterio de relacionar lo que ocurre en Oñati con el resto de las localidades de la llamada “Guipúzcoa Urbana” siguiendo la división sociológica elaborada por Rodríguez Ranz (Cfr. Rodríguez Ranz, 1994). Esta compartimentación, pese a ser “artificial”, en este caso y dada las especiales circunstancias del proceso que se da en Oñati, nos va a resultar más ilustrativo que establecer una comparación con otros municipios de la comarca o del partido judicial, que dejan de lado numerosos elementos que tienden a homogeneizar la comparación y poder hacer viable el estudio comparativo. En el caso del partido judicial -el de Azpeitia- supondría realizar comparaciones con municipios alejados y que nada tienen que ver con el comportamiento social y político de Oñati. Similares argumento se pueden emplear para no usar el criterio la comarca geográfica -Alto Deba- en la que Arrasate/Mondragón juega un papel desatacado.

    Si observamos el cuadro 1 veremos que Oñati es la localidad de la “Guipúzcoa Urbana” en la que se da un mayor número de procesados -173- lo que supone que el 41% de los procesados en la citada área son residentes en Oñati. Esto es un dato destacado porque la siguiente localidad con un mayor número de vecinos inculpados por la Ley de Responsabilidades Políticas en Azkoitia, con 57, lo que supone tan solo el 13, 5% del total. El resto de municipios se sitúa en valores inferiores al 10% en todos los casos.

    Desconocemos cuáles son las razones que produjeron tan elevado número de procesados por la Ley de Responsabilidades Políticas en Oñati. No se puede pensar que estamos ante una especia de “revancha” por la represión republicana en la Guerra Civil, que ya hemos visto que apenas existió y que los muertos derechistas de la localidad lo fueron en Bilbao. Debemos pensar que son dos los motivos fundamentales que llevan a que la aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas en Oñati sea tan intensa. La primera es la implantación del nacionalismo vasco en la villa. El nacionalismo es el principal perjudicado por la Ley, pero no porque sea una ley especialmente pensada para reprimir al nacionalismo vasco sino que se trata de una ley que persigue a las clases medias, dotadas de unos ciertos medios de fortuna y que pueden afrontar, con garantías de que sea satisfecha, una sanción económica y, en el caso contrario, el Estado se asegura la posesión de unos bienes inmuebles, pocos o muchos, que en un momento dado puede rentabilizar bien mediante la cesión a algún organismo del Movimiento bien mediante la venta de los bienes incautados, extremo contemplado en la Ley.

    El siguiente aspecto a reseñar es el valor de los bienes de los procesados, un aspecto de la mayor importancia para los jueces instructores de responsabilidades políticas para, en función de éstos, calcular las sanciones que imponen a los procesados. Del mismo modo vemos cómo es Oñati el lugar donde los bienes de los procesados son más elevados, superando los dos millones de pesetas de 1939, es decir más de dos millones y medio de euros en la actualidad. Al igual que ocurre en el caso anterior es Azkoitia la localidad en la que el valor de los bienes de los procesados es mayor, pero supone en torno a la mitad del valor de los bienes de los procesados de Oñati.

    Las acusaciones contra los procesados en Oñati son muy variadas y algunas pueden ser consideradas como de poca entidad, como la de un militante de Izquierda Republicana que era el “portero del local en el que se encontraba el Comité Local del Frente Popular” y que tras huir es condenado a pagar una multa de 50 pesetas. El haber aceptado cargos de las autoridades republicanas se considera un hecho grave por parte de la Ley de Responsabilidades Políticas. De esta manera un nacionalista “Alcalde de barrio con el Frente Popular” es condenado en 1941 a una multa de 500 pesetas pese a que había fallecido en 1939 (A.G.A.-Justicia, c.354).

    La sanción más importante que se impone a un vecino de Oñati recae sobre José Miguel Gomedio, gestor provincial por Ezquerra Vasca Federal, al que el 1 de julio de 1941 se le condena a la pérdida total de sus bienes. La sentencia recoge que "...se erigió en Jefe del Frente Popular de Gipuzkoa procediendo al nombramiento del Comité Local, ordenando detenciones, registros y requisas; distribuyó armas entre los milicianos, dictó bandos de acuerdo con el Ayuntamiento rojo-separatista...ejerció el cargo de fiscal de los Tribunales Populares de San Sebastián...ejerciendo nuevamente las funciones de fiscal del Tribunal Popular, pidiendo numerosas penas de muerte contra las personas de ideología derechista que fueron ejecutadas. A la proximidad de las tropas nacionales huyó a la zona roja catalana donde desempeñó el cargo de secretario del llamado Gobierno de Euzkadi".(AGA-Justicia, c.364). El procesado, dada la gravedad de las acusaciones que en caso de haber caído en manos de las autoridades “nacionales”, le hubieran supuesto una condena a muerte se encuentra en el momento de ser condenado exiliado en Caracas. Por su cuantía la siguiente sanción más importante -75.000 pesetas- se impone al contratista, y militante del PNV, Javier Celaya Esperanza acusado de ser quien "convocó a los nacionalistas en el batzoki, con objeto de organizar las milicias mediante el reclutamiento de voluntarios para oponerse al Movimiento Nacional. Formó parte del Comité del Frente Popular y como miembro del mismo ordenó requisas y publicó un bando ordenando la entrega de armas de las personas de ideas derechistas; intervino personalmente en la detención de Don José María Otaño, elemento de derecha, pero no se portó cruelmente con los detenidos a quienes asistió en lo posible". Al igual que en el caso de Gomedio el procesado se encuentra en el exilio, esta vez en Chile (AGA-Justicia, c.311).

    Un importante número de procesados por la Ley de Responsabilidades Políticas residentes en Oñati se exilió o regresó al finalizar la guerra o tras producirse la invasión alemana de Francia, en junio de 1940. Podemos documentar al menos diez casos de vecinos de Oñati que parten al exilio y que, a su regreso, se ven procesados y condenados, cuando no enviados a la cárcel o a un batallón de trabajadores. Este es el caso al menos de dos procesados. Uno de ellos, militante de UGT, a su regreso en 1939 es enviado a un batallón de trabajadores y en 1941 es condenado a pagar una multa de 400 pesetas. Otro vecino "se unió a la subversión ingresando como miliciano en el Batallón U.H.P. habiendo luchado en diversos frentes hasta caer herido y pasado más tarde a Francia en septiembre de 1937, donde permaneció hasta septiembre de 1939, en que regresó a España siendo conducido a un Batallón de Trabajadores y puesto en libertad en septiembre de 1940" (AGA-Justicia, c.364). Posteriormente, en abril de 1940 se le impuso una sanción de 100 pesetas. Otros ven frustrado su intento de escapar a Francia como es el caso de un militante del PNV que “se puso a disposición del Comité de Defensa de la República en Oñati actuando algunas veces con armas en la población y frentes y otras transportando milicianos; tomo parte en el asalto por sorpresa a Araya (Álava)" (AGA-Justicia, c.364). Tras ser hecho prisionero, es incorporado al ejército franquista, del que deserta, pero es detenido al intenta cruzar a Francia. En 1941 se le impone una sanción de 750 pesetas. Sin embargo, como hemos visto anteriormente los casos más comprometidos optan por no regresar, como ocurre con Vicente Navarro que es acusado de colaborar con el Frente Popular "formando parte del Comité Local y ordenando la detención de dos guardias civiles del puesto de Oñati; penetró violentamente en la casa-cuartel en ausencia de la fuerza apoderándose de la documentación relativa a la posesión de armas por particulares". Cuando se le impone, en 1941, una sanción de 3.500 pesetas el procesado sigue en el extranjero.

    Pero la Ley de Responsabilidades Políticas no solo sirve para castigar actuaciones políticas durante la II República y la Guerra Civil. El rigor de la Ley provoca situaciones, que sino fuera por la tragedia que se encuentra detrás, moverían a la sonrisa. Este es el caso de un vecino de Oñati que “Liberada la villa de Oñate por las Fuerzas Españolas, el inculpado se presentó en la Casa Consistorial reclamando un aparato de radio de su propiedad incautado por los rojos y, al contestarle que se desconocía su paradero, profirió gritos contra los elementos partícipes en el Movimiento Nacional palabras injuriosas del tenor siguiente: los rojos me lo quitan y estos no me lo devuelven, son todos iguales, si los de antes eran ladrones estos de ahora ladrones y medio". La discusión le costó a este vecino estar detenido seis meses en San Sebastián y una sanción de 500 pesetas a la que se le condenó en julio de 1940 (AGA-Justicia, c.538).

    Un aspecto que llama la atención es que los procesos sancionadores no se detienen ni aunque el procesado haya fallecido. El caso quizá más grave es el de aquellos que han sido fusilados previamente y, posteriormente, son sancionados por la el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas. Esta circunstancia se produce, al menos que conozcamos, en una docena de casos. Quizá los más destacados sean el del concejal socialista de Irun Florencio Iracheta- fusilado en 1938- y condenado a una multa de 75.000 pesetas por la Comisión Provincia de Incautación de Bienes. Incluso aquellos que han muerto por la represión republicana, como el caso del Comandante Militar de San Sebastián -coronel León Carrasco Amilibia- son procesados por en virtud de la citada ley, si bien en este caso es absuelto en septiembre de 1941. Ningún procesado de Oñati, que tengamos constancia, es condenado tras ser fusilado pero si podemos localizar procesados condenados por la autoridad militar que posteriormente lo son por el Tribunal de Responsabilidades Políticas. El hecho de ser condenado por un consejo de guerra suponía la incoación automática de un expediente de responsabilidades políticas y, en el caso de Oñati, podemos documentar nueve casos de vecinos de la villa que se ven en esta situación.

    La sanción más elevada recae sobre Cipriano Zufiria Galárraga, un hostelero de Oñati que en 1938 había sido condenado en San Sebastián a seis meses de cárcel acusado de adhesión a la rebelión. En enero de 1940 el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas le impuso una multa de 10.000 pesetas. El resto de las sanciones impuestas a los condenados por un tribunal militar son más moderadas y oscilan entre las 1.000 pesetas de un procesado condenado en Bilbao a un año de prisión y las 50 pesetas que se imponen a otros dos vecinos, sobre los cuales habían recaído, sin embargo, las sanciones más graves.

    La severidad de la ley era tal que ni el colaborar con las nuevas autoridades era garantía de quedar al margen. A modo ilustrativo podemos mencionar el caso de un vecino que "...permaneció en su casa sin intervenir en la subversión y una vez liberada la localidad facilitó informes a las tropas nacionales". Ello no fue óbice para que en 1941 fuera condenado a pagar una multa de 300 pesetas. (AGA-Justicia, c.311). Del mismo modo podemos mencionar a una vecina que "...durante el dominio rojo-separatista colaboró con la subversión cosiendo voluntariamente camisas para las milicias vascas llamadas gudaris; ocupado Oñati por las fuerzas nacionales trabajó en la intendencia militar para las fuerzas españolas". Sin embargo el tribunal debió tener más en cuenta sus trabajos de costura para los “rojos” que su trabajo para los “nacionales” ya que le impuso una multa de 400 pesetas en 1941 (AGA-Justicia, c.311).
    La represión económica en Oñati (tablas).
    Natural de Sancion Bienes Total ¿?
    Alza
    Azkoitia
    Azpeitia
    Beasain
    Deba
    Elgeta
    Gabiria
    Ikaztegieta
    Lasarte
    Lazkao
    Legorreta
    Lezo
    Olaberria
    Oñati
    Oiartzun
    Errezil
    Segura
    Bergara
    Villabona
    30.400 Pts
    15.825 Pts
    29.600 Pts
    8.350 Pts
    1.100 Pts
    400 Pts
    400 Pts
    450 Pts

    5.000 Pts
    50 Pts
    7.025 Pts
    1.700 Pts
    120.625 Pts
    17.550 Pts
    2.500 Pts
    0 Pts
    6.200 Pts
    10.000 Pts
    91.566 Pts
    1.115.275 Pts
    140.845 Pts
    183.800 Pts
    54.398 Pts
    28.000 Pts
    4.600 Pts
    64.380 Pts

    236.167 Pts
    0 Pts
    487.582 Pts
    85.100 Pts
    2.008.378 Pts
    189.381 Pts
    43.500 Pts
    0 Pts
    199.000 Pts
    25.000 Pts
    21
    57
    18
    13
    12
    5
    4
    2
    3
    23
    3
    33
    7
    173
    18
    11
    1
    14
    3
    3
    1
    6
    7
    6
    1
    2

    2
    2

    7
    3
    51
    2

    1
    5
    2

    Natural de Absueltos Condenados Perd. Bienes Sobreseidos
    Alza
    Azkoitia
    Azpeitia
    Beasain
    Deba
    Elgeta
    Gabiria
    Ikaztegieta
    Lasarte
    Lazkao
    Legorreta
    Lezo
    Olaberria
    Oñati
    Oiartzun
    Errezil
    Segura
    Bergara
    Villabona
    5
    24
    1



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    Depuración y control social en Oñati durante el Primer Franquismo. Para culminar con el estudio de los procesos represivos en Oñati debemos referirnos a la depuración que se lleva a cabo por las nuevas autoridades para, de esta manera, lograr un control de la sociedad oñatiarra lo más completo posible y eliminar social y laboralmente a aquéllos que -según la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo- "se infiltran en nuestras filas".

    Las depuraciones laborales son un aspecto todavía poco conocido dentro de los procesos represivos puestos en marcha por el Franquismo. A pesar de ello de algún sector como el Magisterio empieza a tenerse un conocimiento más concreto. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de Gipuzkoa, ningún maestro de la localidad resulta sancionado, dato que no deja de sorprender teniendo en cuenta que el 24% de los maestros guipuzcoanos son sancionados y dada la incidencia de la represión en la localidad. Por el contrario, el profesorado del Instituto de Oñati sí se ve afectado por la depuración. De los siete profesores que hemos localizado su expediente de depuración cuatro son confirmados mientras que tres se ven sometidos a un intenso proceso depurativo. Quizá el caso más interesante sea el de Rafael Hernández Ruiz (A.G.A.-Educación, leg.18.746), profesor de Geografía e Historia en el Instituto de la localidad y que pone de manifiesto el peso de la Iglesia Católica en la posguerra.

    El citado profesor, al comenzar la Guerra Civil, parece que se encontraba en Madrid, lo que supone que al comenzar el curso escolar no pudo reincorporase, lo que le supuso que se formularan en su contra una serie de cargos, entre ellos el abandono de destino y el de "ateo y profesar ideas disolventes". En 1939, cuando acaba la guerra, continúa su expediente de depuración, que se había interrumpido -a diferencia de lo que ocurre con los maestros- hasta que pudiera presentarse en su lugar de destino. En este momento tiene importancia un informe redactado por el párroco de Oñati, en diciembre de 1936, en el que desmiente las acusaciones a la vez que señala que es "un verdadero indiferente respecto a derechas e izquierdas". El expediente se resuelve con su confirmación en diciembre de 1939 tras presentar el expedientado el consiguiente pliego de descargo y tomarse en consideración el informe del párroco.

    Otro de los depurados en Oñati fue Damián Lizaur Lasa, que fue Diputado Provincial durante la Dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1927, y concejal de Oñati entre 1916 y 1923. Tras la ocupación de Oñati fue detenido como rehén al ser cuñado de José Miguel Gomedio, al que -como hemos visto- el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas condenó a la pérdida total de bienes. La razón de su detención es que, además de encontrarse en Bilbao su cuñado -ejerciendo como fiscal del Tribunal Popular- se encontraban en la capital vizcaína "dieciocho detenidos de esta localidad" (AGA-Educación, leg.18.478). La toma de rehenes, aunque pueda sorprender, era una práctica habitual en los primeros tiempos de la Guerra Civil. En Navarra se pueden documentar numerosos casos de personas que son detenidas -entre ellas la familia del diputado nacionalista Manuel de Irujo- con la pretensión de proceder a su canje por detenidos en la zona republicana o como garantía de las vidas de los detenidos en la zona no controlada por los sublevados. Sin embargo estas prácticas y los canjes se prohibieron a los pocos meses del conflicto por parte de la Junta Técnica, pero siguieron produciéndose a lo largo de todo el conflicto (Cfr. Barruso, 2001). Pese a que la "Comisión C", encargada de la depuración de la Enseñanza Secundaria, se inhibe en el caso de Damián Lizaur dado lo endeble de los cargos que se formula en su contra -pertenecer al P.N.V., partido que el depurado abandonó en 1916- la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado, radicada en Burgos, decide sancionarlo e inhabilitarlo para cargos directivos y de confianza, la sanción más benigna que imponían, y que prueba que las acusaciones contra Lizaur carecían de fundamento.

    El expediente de depuración de Genaro Fernández Santamaría, director del Instituto de Oñati desde 1935, nos ofrece mucha información sobre la vida en Oñati durante la II República y los primeros tiempos del Franquismo. En el caso de este profesor de ciencias, miembro del Centro Republicano de Oñati y antiguo "upetista" arranca de un polémico artículo publicado en su contra en el diario tradicionalista de San Sebastián "La Constancia" en el que se señala que "había expuesto en su clase la teoría darvinista causando escándalo entre sus alumnos" (AGA-Educación, leg.18.470). Tras la ocupación de la villa, y pese que se sumó al "Alzamiento" ese mismo día, es detenido acusado de colaborar con la Comisaría de Abastos del Frente Popular. Sancionado con 2.000 pesetas de multa es confinado en Segovia, pero en diciembre de 1936 está de nuevo en San Sebastián, pero esta vez en la cárcel. Los tradicionalistas de Oñati formulan toda clase de acusaciones en su contra considerando que "por sus ideas ateas le consideramos incompatible e indeseable para con el pueblo", opinión que repite el informe de la Guardia Civil, si bien indica que llegó a "admitir en su domicilio a personas que fueron a resguardarse de las hordas rojas". Llama la atención, que por el contrario, el párroco, sea mucho más moderado en sus opiniones cuando declara que "la conducta católica es bastante corriente, bautizaba a sus hijos, asistía a misa los domingos..." no dando ninguna importancia a la cuestión del darvinismo que generó la polémica por la cual, a fin es sancionado. Finalmente la "Comisión C" le sanciona con la suspensión de empleo y sueldo durante dos años a la vez que lo inhabilita para cargos directivos. Genaro Fernández se reincorporó a la Enseñanza el año 1938 en Llames y en 1940 regresó a San Sebastián, no volviendo a ejercer en Oñati.

    Como hemos podido ver el clero de Oñati se muestra bastante más conciliador que el de otras localidades, pero no por ello escapa a la política represiva de las nuevas autoridades. En 1937 el Gobierno Civil de Gipuzkoa elabora una lista de casi 200 sacerdotes que ejercen sus funciones en la provincia a los que pretende sancionar y, en algunos casos, deportar o encarcelar. En el caso de Oñati son cuatro los sacerdotes de la villa que se encuentran en la citada lista (Félix Olalde, Juan Emparanza, José Casundaudap y Ascensión Zabala). Finalmente parece que no se toma ninguna medida contra ellos pero en el Arciprestazgo de Bergara, al que pertenece Oñati, dos sacerdotes son desterrados fuera del País Vasco, cuatro están en prisión y otros dos son trasladados dentro de Gipuzkoa lo que prueba que ni el clero quedaba al margen de la acción depuradora de las nuevas autoridades.

    El proceso político de 1947 y 1948

    Para concluir estas líneas sobre Oñati en el Primer Franquismo vamos a hacer referencia a los procesos políticos que se llevaron a cabo entre 1947 y 1948 y que supusieron la puesta en marcha de la llamada "democracia orgánica" por parte del Franquismo, como culminación de un proceso que había dado comienzo en 1942 con la apertura de las Cortes franquistas y había continuado con la aprobación del "Fuero de los Españoles" en 1945.

    En 1947 el régimen se plantea proponer a referéndum la llamada "Ley de Sucesión" por la cual se capacitaba a Franco a nombrar su sucesor. Para lograr el "éxito" de la consulta se puso en marcha la llamada "auscultación" que lo que pretendía era conocer la posición política de cada posible votante -calificados en "afectos", "indiferentes" y "desafectos", identificados significativamente por el color azul, gris o rojo- en cada localidad. Pese a que no conocemos los resultados por localidad si sabemos que Gipuzkoa fue considerada como "provincia enemiga" al igual que Bizkaia (APG. Leg.41). La campaña electoral que se llevó a cabo celebró un acto de propaganda en Bergara en el que participaron el alcalde de la localidad, Antonio Pagoaga, el Delegado Provincial de Sindicatos y el Gobernador Civil. Ni que decir tiene que los resultados fueron abrumadores a favor del "SÍ".

    La celebración del referéndum dio paso a la celebración de las primeras elecciones municipales orgánicas, en las que se elegirían los tres tercios -familiar, sindical y de entidades- que iban a conformar los ayuntamientos franquistas. Realmente solo se llegaba a "votar" el tercio familiar, pero en Oñati, al igual que en otras muchas localidades guipuzcoanas, al existir tantos candidatos como cargos concejiles a elegir, la elección se celebra automáticamente. En el caso de Oñati eran tan solo 1.175 los cabezas de familia con derecho a voto, al menos aparentemente ya que la legislación privaba de voto a todos aquéllos que hubieran sido sancionados en cualquiera de los procesos represores puestos en marcha por el Régimen.

    El ayuntamiento que resultó de las elecciones municipales del 1948, como no podía ser de otra manera, fue de amplia mayoría tradicionalista, filiación a la que pertenecían todos los miembros del Ayuntamiento menos un concejal del tercio de entidades. La media de edad del consistorio es de 50 años, algo que choca con la tendencia guipuzcoana, pese a que el alcalde -Vicente Ugarte- tan solo contaba 34 años. Profesionalmente el sector primario es el más representado, ya que cinco de los diez miembros de la corporación declaran dedicarse a labores agrícolas mientras que el resto se emplea en el sector servicios.

    Cuadro 2: Evolución demográfica de la "Guipúzcoa Urbana"

    Localidad Pob. 1930 Pob. 1940 Dif. % de TCI Pob. 1948
    Lezo
    Legazpi
    Ordizia
    Beasain
    Zarautz
    Elgoibar
    Oñati
    Hernani
    Azkoitia
    Azpeitia
    Arrasate
    Bergara
    Pasajes
    Errenteria
    Eibar
    Tolosa
    Irun
    2.062
    1.898
    4.423
    5.260
    4.786
    5.239
    6.662
    6.282
    7.557
    7.848
    7.720
    9.307
    7.519
    8.973
    12.874
    12.847
    17.670
    2.143
    2.763
    4.335
    4.986
    5.251
    5.683
    6.699
    7.093
    7.632
    8.024
    8.645
    9.499
    10.024
    10.106
    11.772
    13.583
    14.638
    81
    865
    -88
    -274
    465
    444
    37
    811
    75
    176
    925
    192
    2.505
    1.133
    -1.102
    736
    -3.032
    103,93
    145,57
    98,01
    94,79
    109,72
    108,47
    100,56
    112,91
    100,99
    102,24
    111,98
    102,06
    133,32
    112,63
    91,44
    105,73
    82,84
    2.207
    2.780
    4.456
    5.231
    5.547
    5.688
    6.841
    7.570
    8.122
    8.319
    8.834
    9.828
    9.174
    10.313
    12.191
    13.024
    14.485

    Para finalizar debemos hacer referencia al comportamiento demográfico de la villa. Si observamos el cuadro 2 en el que se recoge la evolución demográfica de la "Guipúzcoa Urbana" veremos que Oñati mantiene un mínimo crecimiento entre 1930 y 1948 que se sitúa por debajo de la media de la Tasa de Crecimiento Intercensal de la zona, que sitúa en un similar 106,69%, mientras que Oñati presenta valores que escasamente superan el valor 100 y teniendo en cuenta que cuatro municipios pierden población. Por lo tanto, en el plano demográfico, podemos afirmar que en el período del Primer Franquismo, la tendencia demográfica es hacia el estancamiento como consecuencia de las pérdidas humanas que supuso la Guerra Civil.

    Pedro BARRUSO BARÉS
    Historiador
    La expansión de los años 50-70. Coincidiendo con un período de crecimiento económico y de gran inmigración, Oñati crece de forma espectacular. En 1955 Damián Lizaur, arquitecto oñatiarra residente en la villa, y Félix Llanos diseñan un plan general que sirve de base al de 1959 de Vicente Guibert. En este plan se plantea la variante por la zona Sur, variante que sirve de vía colectora del tráfico. La zona Norte era calificada de reserva urbana. Sin embargo, esta reserva no se respetó y surgieron Errekalde (1964), el polígono Olakua ( 1965) y San Lorenzo (1967), desordenados y de baja calidad y en los que se halla concentrada la tercera parte de la población.
    Las primeras votaciones del postfranquismo.
    Elecciones del 15-VI-1977. Tras haberse expresado en el Referéndum de 1976 con 2.227 sí, 65 no, 118 votos en blanco y un 35,22 % de votantes, en 1977 define así sus opciones:PNV2.540 (48,8 %)FUT100 (1,9 %)GU613 (11,7 %)PCE1,3 %)PSOE596 (11,4 %)PSP35 (0,6 %)ESB520 (10 %)FDI17 (0,3 %)DCV303 (5,8 %)ANV12 (0,2 %)EE220 (4,2 %)AETG3 (0,0 %)DIV169 (3,2 %)Nulos y abst.:1.903 (26,9%) El referéndum constitucional del 6 de dic. de 1978 dió el siguiente resultado sobre un censo de 7.980 electores:Votos:2.469Abst.: 5.511 (69,06 %)Sí: 1.386 (17,37 %)No:910 (11,40 %)Blanco: 162Abst. y No: 80,46 %Elecciones generales del 1-III-1979. (Censo electoral: 8.036)PNV2.091 (37,81 %)PCE63 (1,13 %)HB1.265 (22,85 %)UFV46 (0,83 %)UCD863 (15,60 %)EKA42 (0,75 %)EE521 (9,42 %)FE(A)7 (0,12 %)PSOE450 (8,13 %)UN6 (0,10 %)EMK91 (1,64 %)ORT5 (0,09 %)LKI81 (1,46 %)Absten.2.390 (29,74 %) [Ref. Ibermática. Norte S. A.].

    Elecciones municipales del 3-IV-1979.
    Para cubrir las 17 concejalías de este ayuntamiento se presentaron seis candidaturas: EMK-OIC, HB, PSOE, PNV y Oñate para los Trabajadores. Los votos y concejales elegidos, sobre un censo de 7.099 electores, fueron: PNV con 3. 136 votos: Elías Galdós, Miguel Echegoyen, Jesús M. Isasmendi, Carlos Aguirrebengoa, Ignacio Galdós, Fermín Guridi, Santiago Cortabarría, Angel Milicua, Félix Errazquin, Juan Altube e Hilario Uriarte; HB con 1.521: Javier Altube, Miguel Galdós, Jesús M. Uribeecheberría, José M. Larrañaga y Pedro Solagaistoa; PSOE con 332: Javier Ezpeleta. Alcalde: Elías Galdós del PNV.
    Últimas elecciones.
    Referéndum estatutario del 25-X-1979. Sobre un censo electoral de 8.019 electores resultan:Votos:4.799 (59,84 %)Abst.: 3.220 (40,16 %)Sí: 4.428 (92,26 %) s/c (55,21 %)No:166 (3,45 %)Blanco: 184 (3,83 %)Nulo: 21 (0,43 %)[Ref. DV. 27-X-79].

    Primeras elecciones para el Parlamento Vasco. 9-III-1980. (Censo electoral: 8.281).PNV2.524 (48,04 %)LKI58 (1,10 %)HB1.155 (21,98 %)ESEI49 (0,93 %)EE572 (10,88 %)PCE40 (0,76 %)UCD389 (7,40 %)EKA5 (0,09 %)PSE188 (3,57 %)PTE5 (0,09 %)EMK112 (2,13 %)UC3 (0,05 %)AP92 (1,75 %)Absten.3.028 (36,57 %) [Ref. DV. 11-III-1980].

    Elecciones generales del 28-X-1982 (8.198 electores, 6.243 válidos, 85 nulos, 21 blancos).PNV2.973PSOE629HB1.497EE57 2AP/UCD470UCE5CDS62FN4PST18PCEmI3PCE8CUC2 Elecciones municipales del 8-V-1983.
    Concejales: PNV: Eli Galdós, Miguel Echegoyen, Carlos Aguirrebengoa, Ignacio Galdós, José Luis Irizar, José Ignacio Urcelay, Santiago Guridi, José Antonio Gómez, Santiago Cortabarría, Carmelo Astigarraga, Pedro Víctor Arregui e Hilario Uriarte. HB: Javier Altube, Luis M.ª Guridi y Jesús M.ª Goitia. EE: Miguel Angel Cortabarría. PSOE: José Luis Mendiarach. Resultó elegido alcalde el primero.

    Elecciones al Parlamento de Vitoria del 26-II-1984. PNV3.186CP385HB1.360Auzolan87 EE465PC6PSOE460 Elecciones generales del 22-VI-1986. PNV2.517EE373HB1.536CDS106PSO E504IU7CP430UC5 Elecciones municipales del 10-Vl-1987.
    Resultaron elegidos los siguientes concejales: PNV: Eli Galdós Zubia, José Luis Irizar Balzategui, José María Igartua Aranguren, José Ignacio Urcelay Unzurrunzaga, Carmelo Astigarraga Galparsoro, Angel María Iturbe Yarza, Aitor Bernardo Arregi Murgiondo, Andoni García Urtaza. HB: Javier Altube Alberdi, José M. Larrañaga Azcarreta, Milagros Loidi Larrañaga, José Antonio Amondarain Arana, Miguel Etxaburu Biain. EA: Elías Goñi Olalde, Pedro J. M. Tellería Goenaga, Miguel Maiztegi Arregi. EE: Miguel Angel Cortabarria Guridi.

    Elecciones generales del 29-X-1989. PNV2.160PP281HB1.454CDS63EA949IU36EE 522Otros54PSOE372 Elecciones al Parlamento de Vitoria del 28-X-1990.PNV2.264HB1.509EA882PP188 PSOE461CDS13EE433Otros65 Elecciones municipales del 26-V-1991.
    Resultaron elegidos los siguientes concejales: PNV: Angel María Iturbe, José Luis Irizar, Isidro Palacín, Agustín Beitia, María Asunción Villar, Jesús Vicuña, Andoni García, Antonio Urkizu y Rosario Aguirre. HB: Francisco Javier Altube, José María Larrañaga, Ana María Evarista y Gorka Maiztegui. EA: Pedro José María Tellería y Francisco Javier Inza. EE: Miguel Angel Kortabarria. PSE: Andrés Arlanzón.
    Parroquia principal dedicada a San Miguel y dos parroquias de barrio (San Miguel de Araotz y Anunciación de Urrexola), arciprestazgo de Mondragón, obispado de San Sebastián. Ermitas de Ascensión de Gesaltza, Sta. Cruz de Berezano, Sta. Cruz en Garagaltza, Sta. Cruz de Zelaakua, Sta. Cruz de Kalezarra, Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora de los Ángeles, Nuestra Señora de Arantzazu, San Miguel, San Antón Abad, San Bartolomé de Ergia, San Bartolomé en Goribar, Sta. Catalina en Goribar, San Cristóbal en Olabarrieta, San Esteban en Lezesarri, San Francisco de Borja en Santxolopeztegi, San Jorge en Berezano, San José en Olabarrieta, San Juan de Artia, San Juan Bautista de Orkomardia en Garagaltza, San Julián en Zañartu, San Lorenzo en Narria, Sta. Lucía en Berezano, Sta. María Magdalena en Santxolopeztegi, Sta. Marina, San Martín, San Martín de Gesaltza, San Pedro de Eleazarraga, San Pedro de Zariartu, San Pedro en Zubillaga, San Román en Berezano y la ermita de Zumelzegi. Convento de franciscanos de Nuestra Señora de Arantzazu, convento de clarisas de la Santísima Trinidad de Bidaurreta y convento de franciscanas concepcionistas de Sta. Ana.
    La iglesia de San Miguel, de creación probablemente episcopal, pasó luego a ser de patronato de los Señores de Oñati. Su origen exacto es desconocido, así como la denominación de colegiata que le ha sido adjudicada, pero se sabe que siempre tuvo una vinculación con Calahorra como lo demuestra que en el sínodo de Logroño de noviembre de 1499 recibiera una asignación de 16 florines. En épocas pasadas perteneció a la vicaría de Oñati y obispado de Calahorra y, luego, en el s. XIX, a la diócesis de Vitoria. Regíala en lo antiguo un abad con jurisdicción cuasi episcopal acumulativa con el ordinario de Calahorra, para conocer en primera instancia de todas las causas de sus súbditos y de las matrimoniales de los habitantes de esta villa y todo su territorio. Luego debió de residir en ella el abad; y esta dignidad se confirió por el patrono a algún canónigo de iglesia catedral. Por esta razón en el s. XIX se hallaba servida por dos curas párrocos y doce beneficiados cuya presentación correspondía al patrono en hijos naturales de la misma villa en virtud de la concordia celebrada en el año de 1542. El abad, párrocos y beneficiados hacían vida común, y habitaban en una casa contigua a la torre hasta mediados del s. XVII, en que la desocuparon a causa de amenazar ruina y como el Conde no quiso repararla, quedó de hecho disuelta la comunidad. Hasta la extinción de los diezmos en virtud de la ley de 29 de julio de 1837, el Conde percibía todos los frutos de esta clase de la jurisdicción, y entregaba a cada cabildante para su sustento la cuota fija de sesenta fanegas de trigo y otras tantas de maíz anualmente. El convento de Santa Ana, situado en la proximidad de la plaza mayor, es edificio de bastante capacidad, debido a la piedad de D. Domingo de Verganzo, Doña María de Ocariz, su mujer, D. Juan Bautista de Hernani y de algunos otros bienhechores. En su origen fue un beaterio, cuyo director fue San Francisco de Borja, establecido por los años de 1500, el cual se redujo a clausura a principios del s. XVII. El de Bidaurreta, existente fuera de la villa sobre el camino que va a Legazpi, lo fundaron el 11 de marzo de 1510 D. Juan López de Lazarraga, contador de los Reyes Católicos, y Doña Juana de Gamboa, su mujer, habiendo obtenido para el efecto una bula del Papa Julio II en el año 1509. No obstante, la oposición que a su erección hicieron el Conde y cabildo eclesiástico, la bendición de la iglesia y cementerios se verificó el día 26 de mayo de 151 1 por D. Pedro de Leizarola, obispo de Trípoli, por comisión del de Calahorra. El patronato de este convento se lo reservó para sí el fundador, y después de sus días para sus sucesores. En la plaza mayor estuvo el colegio de la Compañía de Jesús, fundado por D. Juan de Araoz Lazarraga a fines del s. XVI, cuyo edificio se ejecutó entre los años 1644 y 1648 y la iglesia en el de 1659. Este colegio fue demolido en el de 1854 para la construcción de la nueva carnicería. En la falda de la elevada montaña de Aloña está asimismo el convento de religiosos de Arantzazu. v. ARANTZAZU. Tuvo un convento de Agustinos Lateranenses erigido en 1890.
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