Toponimoak

FILIPINAS

La contribución vasca al descubrimiento de las islas Filipinas y su organización como Estado y ente cultural perfectamente definido fue de gran importancia. El viaje de Fernando de Magallanes (1519), con Juan Sebastián de Elcano, que habría de completar la primera vuelta al mundo, y el posterior de Juan García de Loayza, con Andrés de Urdaneta y Elcano que muere y es sepultado en el océano, son decisivos para establecer una ruta segura desde Nueva España (Méjico) al Extremo Oriente. Con el posterior viaje de Legazpi se inicia la conquista y colonización del archipiélago en el que la huella de los vascos ha sido profunda y duradera.
Expedición de Magallanes. Fernando de Magallanes, navegante portugués, obsesionado por encontrar un paso hacia el océano Pacifico para llegar a las islas de las especias, pasó a España y logró interesar al joven emperador Carlos en la empresa. Antes de viajar a Valladolid, donde estaba la Corte, Magallanes se había dirigido a la Casa de Contratación "Domus Indica" de Sevilla. Esta institución era un centro de recepción de noticias -allí enviaban sus informes y planos secretos los Adelantados de las tierras descubiertas-, un centro de estudio y reunión de los marinos y cosmógrafos más expertos del mundo. Allí se enseñaba, además, las ciencias de observatorio y tenía un taller de instrumentos científicos. Los oficiales de la Casa de Contratación estudiaban los problemas planteados cada día por los descubrimientos y tenían, ante el Estado, carácter de cuerpo consultivo. Magallanes expuso allí su proyecto aunque cautelosamente. Pero la magnitud de la empresa rebasaba las posibilidades de la institución y tuvo que dirigirse, para tener éxito, a Valladolid. [Muchos de los altos puestos de la Casa de Contratación eran ejercidos por vascos; Sancho de Matienzo, por ej., de origen vizcaíno, era el tesorero.] Ya el 19 de agosto de 1518 consta en el libro de gastos de la expedición el envío de una crecida suma de ducados de oro al capitán de Lequeitio Nicolás de Artieta. Durante el otoño e invierno Artieta, acompañado del cuñado de Magallanes, Duarte de Barbosa, y de Cormeño, polvorista de la Casa de la Contratación, trabajaban en la costa vasca preparando el abastecimiento necesario para la expedición. El capitán Artieta compraba la "Trinidad" en Bilbao. Juan de Aranda, oficial de la entidad sevillana mencionada, andaba también en la compra de las naves. Parece que la "Victoria" había sido construida en Zarauz. La calidad de los pertrechos, incluido armamento ofensivo, y sus mejores precios, habían determinado que se adquirireran en el País Vasco. En la época de los descubrimientos la costa vasca jugaba un papel de primer orden en la construcción de naos y de toda suerte de equipo adecuado a estos fines. Durante la preparación de la expedición magallánica, Juan López de Recalde cumplía funciones de contador. Los Isasaga, Equino, Munibe-Alberro, Isasti, Urquiza, Oña, Iturriza, Berrozpe e Ibarrola ocupaban también otros elevados cargos. (J. Arteche). Elcano, arruinado, perseguido por la justicia por haber entregado la nave que mandaba a sus acreedores extranjeros, estaba en Sevilla, tratando de embarcarse en alguna de esas expediciones descubridoras que le supondría un empleo conforme a su capacidad y el indulto subsiguiente. Para ello se presume debió recurrir a ese alto empleado Ibarrola, pariente suyo.

Mariano ESTORNÉS LASA
De Sevilla a Filipinas. La Armada que reunió Magallanes en Sevilla se componía de cinco naos, con provisiones para dos años y una tripulación de 265 hombres. Los vascos estaban distribuidos así: en la "Trinidad", mandada por Magallanes, León de Espeleta, escribano, y Domingo de Urrutia, marinero, de Lequeitio; "San Antonio", maestre Juan de Elorriaga, guipuzcoano, y Juan de Segura, marinero, de Segura, Guipúzcoa (los once vascos restantes de La "S. Antonio" se cree que volvieron a España desde el estrecho de Magallanes al fugarse la nao abandonando la expedición); la "Concepción" llevaba como maestre a Juan Sebastián de Elcano, de Guetaria, y contramaestre a Juan Acurio, de Bermeo; Antonio de Basozabal, calafate, de Bermeo; Domingo Icaza, carpintero, de Deva; Juan Aguirre, marinero, de Bermeo; Lorenzo de Iruña, marinero, guipuzcoano; Joan Navarro, grumete, de Pamplona; Pedro de Muguertegui, grumete, de la merindad de Marquina; Martín de Iraurraga o Insaurraga, de Bermeo, y Pedro de Chindurza o Indarchi, paje, de Bermeo. Nao "Victoria": Martin de Gárate, carpintero, de Deva; Juanico, alias Vizcaíno, grumete, de Somorrostro; Juan de Arratia, grumete, de Bilbao; Ochote u Ochoa de Erandio, grumete, de Bilbao; Pedro de Tolosa, grumete, de Tolosa; Juan de Zubileta, paje, de Baracaldo, y Lope Navarro, de Tudela. Como servidores del contador Coca figuraban: Juan de Menchaca, ballestero, de Bilbao y Pedro Olabarrieta, barbero, natural de Galdácano. Sin saberse a qué naos estaban vinculados figuraban en la expedición Juan de Aroca, carpintero, vizcaíno; Perucho, de Bermeo; Rodrigo de Hurri o Hurrira y Martín de Barrena. El día 10 de agosto de 1519 sale del muelle de las Mulas, en Sevilla, la expedición. Pero ,no hará la salida definitiva desde Sanlúcar de Barrameda \ hasta el 20 de setiembre. La Armada llega a Tenerife el 17 de octubre. Se colocará a la vista del Brasil el 8 de diciembre del mismo año, en el paralelo 20 Sur. Llega al río Solís, río de la Plata, el 7 de enero de 1520. Sigue la costa argentina y el día 31 de marzo llega al río San Julián, en tierra deshabitada. Aquí es donde estalla la conspiración contra Magallanes en la que muere, entre otros, el guipuzcoano Juan de Elorriaga, maestro de la "Trinidad", nao almiranta. El 21 de octubre penetró la Armada en lo que ahora conocemos por estrecho de Magallanes. La "Santiago" se había perdido en la costa argentina salvándose tripulantes y enseres. El 27 de noviembre las naos "Trinidad", "Victoria" y "Concepción" -pues la "San Antonio" había desertado- salieron al océano Pacífico, saludando el acontecimiento con salvas de artillería cuyas piezas se habían construido en Bilbao y la pólvora en Fuenterrabía. La travesía del Pacífico fue larga y llena de penalidades; faltaron los víveres, la galleta se había deteriorado y se comían ratas y el cuero protector de las jarcias. Los hombres morían de escorbuto o de hambre. El 20 de enero de 1521 estaban en la isla de Guam del archipiélago Magallanes. Aquí, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los nativos, se abastecieron de víveres por la fuerza. Unos días más tarde llegaron a la isla de Samar, ya en el archipiélago que hoy es Filipinas. Magallanes desembarcó en una pequeña isla llamada Humunu, actualmente la Encantada. Con la ayuda de los nativos y lo deleitoso del lugar lleno de belleza, los hombres de la Armada se repusieron. Después navegaron a la isla de Leyte. El 7 de abril de 1521 llegaron a Cebú donde se les hizo un buen recibimiento. Magallanes se entretenía en Filipinas, contraviniendo la orden que había recibido del rey de ir directamente a las islas de las especias, las Molucas. Empezó a intervenir en las querellas de los reyes locales. Con este carácter desembarcó el día 27 de abril en la isla de Mactán, cerca de Cebú. En el combate que duró una hora muere Magallanes, sin poder rescatarse su cuerpo. El día 1.° de mayo, con el cebo de un regalo de piedras preciosas para el rey de España, el rey de Cebú invitó a los expedicionarios a un banquete. De los 22 que desembarcaron y fueron al convite, sólo se salvó Calmeta, capellán de la Armada, ya que parece que el hermano del jefe lo escondió en su casa. Allí cayeron el escribano León de Espeleta, Rodrigo de Hurrira y Sancho de Heredia, al parecer de origen vasco. Cuando la expedición anclaba en la isla de Bohol, las bajas por diversas causas ascendían ya a 72 hombres. En el reajuste de mandos subsiguiente, Elcano pasa a capitán de la nao "Victoria". Costeando la isla Negros, los dos navíos que quedaban -pues la "Concepción" había sido quemada por falta de tripulación-, llegaron a la costa de Mindanao. La aparente pobreza de la isla les hizo levar anclas. La próxima isla de Cagayán era escasa en víveres. En Paleoan se pudieron abastecer con abundancia. El aprovisionamiento de alimentos era siempre a base de regalos, de intercambio y regateo. Los reyes locales practicaban la costumbre de sangrarse con una autoridad de la Armada como pacto de paz. No obstante, rompían el pacto cuando podían accediendo a bautizarse, como el rey de Cebú y sus hombres, que ya meditaban su liberación. Con estos sucesos sucumbió la factoría y el incipiente núcleo cristiano de Cebú. El cronista Pigafetta había regalado a la reina de Cebú una Virgen con el niño Jesús. Es la imagen que fue hallada en una choza por un soldado de la expedición de Loayza y Urdaneta, como se verá, unos años más tarde. El día 8 de julio de 1521 los restos de la Armada llegaron a Borneo.

Mariano ESTORNÉS LASA
Filipinas en la primera vuelta al mundo. Por estar íntimamente ligada al descubrimiento de las Filipinas y posterior colonización, con la consiguiente influencia de los vascos en aquellas tierras, anotamos aquí la última fase del glorioso periplo de Juan Sebastián de Elcano, que culminaba la primera vuelta al mundo de la historia. El 11 de febrero de 1522, la nao "Victoria", probablemente construida en Zarauz, sale de Timor al mando de Elcano. El gran problema para llegar sano y salvo -con su nave maltrecha y su tripulación muriéndose por las enfermedades y el hambre- era cómo evitar el encuentro con los portugueses que dominaban aquellas rutas desde las islas de las especias al cabo de las Tormentas y Portugal. Elcano tuvo que apartarse notablemente de las rutas conocidas por el océano Indico hasta avistar la isla desierta de Nueva Amsterdam, donde no pudieron recalar, ocurriendo esto el día 18 de marzo. Para doblar el cabo de las Tormentas, hoy Buena Esperanza, Elcano, apelando a su astucia y pericia marinera, se remonta hasta a los 42° de latitud Sur, permaneciendo nueve semanas con las velas recogidas a causa de los vientos Oeste y Noroeste que terminaron en una horrible tempestad. Con el mástil y verga del trinquete destrozados, este experto marino y su tripulación exhausta siguen luchando. El espíritu ruin del cronista Pigafetta sigue ignorando a este gran capitán que ya el 22 de mayo se hallaba a 70 leguas del terrible cabo, acercándose paulatinamente al Ecuador, que atraviesa los días 7 y 8 de junio. La tripulación había perdido 22 hombres: el 13 de mayo murió el marinero Lorenzo de Iruña, de Soravilla, Guipúzcoa; el 17 Juan de Santelices, grumete, de Somorrostro; el 1 de junio Martín de Insaurraga, grumete, de Bermeo, y el 8 de junio, Lope Navarro, grumete de Tudela. El 9 de julio, no pudiendo soportar más la falta de alimentos, anclan en la Santiago, una de las islas Cabo Verde. La indiscreción de un marino descubre a los portugueses la procedencia de la "Victoria". Cuando sólo había cargado cierta cantidad de arroz, día 10 de julio, Elcano huye a toda vela ante el ataque de una chalupa armada. La nao hace agua y los tripulantes que quedaban tienen que achicar sin descanso. El 7 de agosto avistan Tenerife. El 12 Fayal, de las Azores. El 4 de setiembre el cabo San Vicente. El 6 fondea la "Victoria" en Sanlúcar a los 3 años menos 14 días de su salida. Habían navegado 14 mil leguas. La suerte de algunos vascos fue ésta: Juan de Elorriaga, maestro de la "San Antonio", muerto en el complot contra Magallanes, Juan de Aroca y Martín Barrena fueron los primeros enterrados en Filipinas. En la trampa tendida por el rey de Cebú fueron asesinados Luis de Espeleta, escribano de Magallanes, y Rodrigo de Hurri; Domingo de Urrutia quedó prisionero en Borneo y Antonio de Basozabal en Tidor. De los que regresaban con Elcano en la "Victoria", quedaron retenidos en Cabo Verde Pedro de Chindurza y Pedro de Tolosa, aunque después fueron repatriados. El total de vascos que seguían en la expedición eran 29. Los vascos que llegaron, dando la vuelta al mundo e integrando el grupo de los 18, fueron: Juan Sebastián de Elcano, capitán; Juan de Acurio, contramaestre; Juan de Arratia, grumete, y Juan Zubileta, paje. Eran respectivamente de Guetaria (Guipúzcoa), Bermeo (Vizcaya), Bilbao (Vizcaya) y Baracaldo (Vizcaya). Los dos vascos que quedaron en Cabo Verde representaban a Bermeo y Tolosa. En Sanlúcar de Barrameda Elcano pidió alimentos para sus hombres. Y volvió a la nave abundantemente provisto. Pronto Domingo de Ochandiano, tesorero entonces de la Casa de Contratación, envió una barca con quince hombres y a Juan de Heguivar, escribano de sus Magestades. De acuerdo con Elcano se prohibió el acceso de curiosos a la nao carcomida por los elementos. Dos días después, gracias a la ayuda de Eguibar y sus hombres, la "Victoria" atracaba al muelle de Sevilla. El extraordinario periplo estaba cumplido con creces. A la mañana siguiente desembarcaron, en camisa y descalzos y con sendas hachas en las manos..., en cumplimiento de promesas hechas en momentos angustiosos. La extraña e imponente procesión de demacrados comenzó a andar con pasos vacilantes hasta la iglesia de N. Sra. de la Victoria y a la de Sta. María de la Angustia por entre una multitud sobrecogida (J. Arteche). Entre los 18 iba el cronista Antonio Pigafetta que entregaría su manuscrito "Viaje alrededor del mundo" al emperador, y copias a otros personajes de la época. Pigafetta, que debía toda su gloria a Elcano, no lo nombra una sola vez en su Diario. Celoso de la gloria de Elcano o por incompatibilidad con el carácter del vasco, no se ha sabido por qué. Elcano se entrevistó con el emperador en Valladolid y posteriormente salió airoso del interrogatorio de las autoridades. Había traído a bordo de la desvencijada nao un valioso cargamento de especias cuya venta pagó todos los gastos de la expedición, incluido el valor de las naves, y aún dejó utilidades. Carlos V honró a Elcano con una pensión anual de 500 ducados, que no percibió jamás. Los tripulantes de la "Victoria" y los que habían quedado en Cabo Verde, que fueron repatriados, no fueron olvidados. El emperador concedió a Elcano un escudo bastante complicado, en el que se destaca un globo terrestre alegórico con esta leyenda: PRIMUS CIRCUNDEDISTI ME (El primero que me circundidó).

Mariano ESTORNÉS LASA
Expedición de Fray Juan García de Loayza. El valioso cargamento de la "Victoria" -quinientas treinta y siete arrobas de clavo-, había dado buenas utilidades. Este hecho indujo a crear una Casa de Contratación de especias en La Coruña, por el estilo de la de Sevilla. Al frente de ella se puso a Cristóbal de Haro, rico hombre de negocios portugués que ya había ayudado a financiar la expedición de Magallanes. La flota se componía de siete navíos: "Santa María de la Victoria", mandada por Loayza, caballero de origen vizcaíno; "Sancti Spiritu", capitán y piloto mayor Juan Sebastián de Elcano, Andrés de Urdaneta, piloto, cosmógrafo y escritor, pues el mismo día de la salida, 24 de julio de 1525, empieza su Diario. Las otras naves llevan los nombres de "Anunciada", "San Gabriel", "Santa María del Parral", "San Lesmes" y el patache "Santiago", donde iba como capitán Santiago de Guevara, guipuzcoano, y Ortuño de Alango, piloto. También navegaba en este patache el presbítero Juan de Areizaga y Guevara. La relación de vascos que se enrolaron en la flota de Loayza era bastante nutrida. (Ver E. c. I. del P. v., tomo An-Artazu, art. Areizaga Guevara, Juan de.) La expedición zarpó de La Coruña el 24 de julio de 1525 con una dotación de cuatrocientos cincuenta hombres. Notemos que Elcano había enrolado dos hermanos suyos Martín Pérez de Elcano, piloto, y Antón Martín de Elcano, ayudante de piloto. Y que Juan de Areizaga Guevara era cuñado de Elcano. La expedición escala en la Gomera para abastecerse de "leña, agua, carnaje y atavíos", dice Urdaneta. La travesía del estrecho de Magallanes, luchando contra las tormentas y toda suerte de adversidades les llevó 48 días. La flota superviviente llegó al Pacifico el 28 de mayo de 1526. El Pacifico recibe a las naos con una horrorosa tempestad. El 1.° de junio la expedición de 7 naves se había reducido ya a una sola donde iban Loayza, Elcano, Urdaneta, Uriarte que había realizado notables mediciones en el estrecho, los Carquizano y otros. En adelante, la "Santa María de la Victoria", la capitana, seguiría en solitario su derrotero. La "Sancti Spiritu" se había destrozado contra la costa magallánica, la "San Gabriel", separada de las demás por los temporales, se había vuelto a España. La "Anunciada", no pudiendo entrar en el estrecho, tomó la ruta del cabo Buena Esperanza intentando llegar a las Molucas por el derrotero portugués y se la vio desmantelada en medio del océano. De las que se perdieron en el Pacífico, el patache "Santiago", que dependía de la capitana para abastecerse, al perderse tomó rumbo a Nueva España (Méjico). Allí iban el capitán Guevara, el cura Areizaga y el piloto Alango. Tras muchos sufrimientos y aventuras lograron su objetivo. Después de la tempestad, los del "Santiago" habían avistado a la "San Lesmes", sin que se supiera más de ella. Pero esta nave se llevaba consigo su asombro de haber descubierto el cabo de Hornos, el "acabamiento de tierra", según el parte dado lacónicamente a Loayza. La "Santa María del Parral", después de un motín, embarrancó en la isla Sanguin, entre Mindanao y las Célebes ya en Indonesia. El desastre era completo. Hasta en la misma nave capitana se cebaba la tragedia. El escorbuto hacía estragos, llegó a treinta el número de cadáveres que se tiraron por la borda en aquella larga travesía. La nave hacía agua y las bombas trabajaban sin cesar, temiéndose que se partiera en dos. El día 30 de julio muere Loayza. Era el momento de abrir el sobre secreto para conocer al sucesor. La provisión real disponía: "Otro sí: muriendo el dicho comendador Loayza, mandamos que venga por Capitán General de la dicha Armada Juan Sebastián de Elcano". El 2 de julio Elcano había hecho su testamento que firmaban Hernando de Guevara, Martin de Uriarte, Martín García de Carquizano, Andrés de Gorostiaga, Joanes de Zabala, Andrés de Urdaneta y André de Aleche. En el reparto de sus pertenencias no olvida a sus hermanos desaparecidos y repite su frase condicional "Si topare con los hermanos". Elcano encontró la gran tumba de los marinos, la inmensidad del océano; el día 6 de agosto de 1526 falleció "el magnífico señor Juan Sebastián de Elcano". Le sucede en el mando el vizcaíno Toribio Alonso de Salazar, siendo nombrado tesorero el guipuzcoano de Elgoibar Martín Iñiguez de Carquizano. Según Urdaneta, Salazar murió el 15 de setiembre. La nave costeaba la isla filipina de Mindanao. Había muerto también el maestro de la nao Juan de Huelva, ocupando su puesto Iñigo de Elorriaga. Carquizano nombró tesorero a su hermano Martín García de Carquizano. El 6 de octubre Urdaneta pisaba la isla de Mindanao. Los desembarcados vieron que era tierra habitada por gente relativamente amistosa, donde hicieron aguada y buenas provisiones en trato con los naturales. Pero muy pronto los nativos mudaron de actitud. Y ya Urdaneta los enjuicia como "los más atraicionados indios que hay en gran parte". Intentando cumplir el objetivo de la expedición siguen a las islas de las especias. El 12 de julio de 1527 muere en las Molucas Martín Iñiguez de Carquizano. A fin de febrero de 1535, Urdaneta parte de "Maluco" para la India portuguesa para tomar un barco portugués y dirigirse a Lisboa. Hombre de grandes dotes, ha sostenido tenaces luchas con los portugueses al frente de los supervivientes de la expedición de Loayza, sobrevive a todos los desastres, vence todas las dificultades y llega a Lisboa el día 26 de junio de 1536. En Lisboa le despojaron de todos sus papeles con las valiosas anotaciones y derroteros de once años. No obstante, cuando el emperador llegó a Valladolid, tras larga ausencia, pudo presentarle una Relación de los sucesos de la Armada de Loayza, muy amplia y detallada.

Mariano ESTORNÉS LASA
EXPEDICIÓN DE MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI. A la desastrosa tentativa de Loayza en 1525 le suceden las de Alvaro de Saavedra, que parte del puerto mejicano de Siguantejo en 1527; la de Hernando Grijalva en 1535 que, de vuelta del Perú, llega hasta las Papuas (Nueva Guinea), y la de Ruy López de Villalobos, que partiendo de Navidad, Méjico, arriba a Mindanao, Sarangani y Leyte y les da el nombre de Filipinas en honor del príncipe heredero. Estas navegaciones y la de Magallanes terminada con éxito por Elcano, son las precursoras de la más satisfactoria de Legazpi con el establecimiento de la ruta definitiva entre la nueva España y Filipinas por Andrés de Urdaneta. El objetivo de la expedición de Legazpi era fundamentalmente la toma de posesión del archipiélago filipino y asegurar una ruta permanente entre el Extremo Oriente y las costas de Nueva España. Legazpi había nacido en Zumárraga entre 1503 y 1505. La expedición la componían dos naos y dos pataches. La persona más relevante era Fray Andrés de Urdaneta, navegante experimentado y uno de los mejores cosmógrafos de su tiempo. La nao capitana llamada "San Pedro", desplazaba quinientas toneladas y la nao almirante, "San Pablo", sobrepasaba las trescientas. El patache "San Juan de Letrán", ochenta toneladas y el "San Lucas" de cuarenta. "A popa de la "San Pedro" iba un ligero bergantinejo de remos, muy propio para transmitir órdenes de uno a otro navío". El personal alcanzaba a los trescientos ochenta hombres. El piloto mayor de la "San Pedro" era Esteban Rodríguez, su segundo el vasco-norteño Pierre Plin, maestre el bilbaíno Martín de Ibarra y contramaestre Francisco de Astigarribia. Mateo del Saz, capitán de la "San Pablo", era a la vez maestre de campo, o sea segundo jefe de la expedición. El patache "San Juan de Letrán" llevaba por capitán a Juan de la Isla, posiblemente vizcaíno, y a su hermano Rodrigo como piloto. El otro patache, que pronto desertaría, estaba mandado por Alonso de Arellano. Los mandos y puestos claves estaban distribuidos así: Mateo del Saz, con mando sobre todas las fuerzas, segundo jefe de la expedición; Andrés de Ibarra, alférez mayor; Luis de Haya, sargento mayor; Martín de Goiti, capitán de artillería. Los cargos de oficiales reales recaían en Guido de Labezaris o Labezarri, vizcaíno, que sucedería a Legazpi; Andrés de Mirandaola, factor de la real hacienda; Andrés de Cauchela, contador, cuyo apellido puede ser una mala transcripción de Carchela, topónimo roncalés-suletino. Como capitán de su guardia personal, llevaba Legazpi a su nieto Felipe de Salcedo Legazpi. Los religiosos de la expedición, con Andrés de Urdaneta como superior, eran: Andrés de Aguirre, vizcaíno, Pedro de Gamboa, Martín de Rada, navarros y Diego de Herrera. Urdaneta y Rada eran cosmógrafos, hombres claves. El primero conocedor ya del derrotero por haber participado en el viaje de Loayza y Elcano, sobreviviendo incluso a Carquizano y haber navegado durante once años por los mares de Oriente. El segundo, el navarro Rada, habría de ser el eficaz colaborador de Legazpi al regresar Urdaneta creando la ruta segura a Nueva España.

Mariano ESTORNÉS LASA
Del puerto mejicano de Navidad a Filipinas. El martes 21 de noviembre de 1564 la armada de Legazpi zarpa de la costa americana para este viaje que sería un éxito a pesar de las grandes dificultades que debía vencer, además de la deserción del "San Lucas" a los diez días de navegación. El día 9 de enero de 1565 los vigías de la capitana señalaron tierra. Sólo logró anclar el "San Juan de Letrán". El nieto de Legazpi, Felipe de Salcedo, tomó posesión de la tierra, con la ceremonia acostumbrada en aquella época. Los habitantes habían huido y sólo contactaron con una familia. La isla pertenecía al grupo de las actuales Marshall. Por consejo de Urdaneta siguieron a la isla de Guam. Aquí hicieron aguada bajo una fuerte protección. El sábado 5 de febrero la escuadra puso rumbo a Filipinas. Diez días después llegaba a la isla de Samar, siguiendo la ruta Magallanes-Elcano de hacia 45 años. Legazpi encomendó a Urdaneta la búsqueda de un buen puerto o una ría y la puesta en comunicación con los nativos. Con Urdaneta iban el maestro Campo y el capitán Goiti. Los intentos pacíficos de abastecerse -problema ya angustioso-, fracasaron a pesar del buen trato de Legazpi y de los obsequios repartidos. El alférez mayor Andrés de Ibarra tomó posesión de la isla, previo acuerdo con un indígena principal y usando los rituales de rigor. Levantó el acta el escribano Fernando Riquel y entre otros testigos anotamos a los padres Diego de Herrera y Pedro de Gamboa. Ante la defensividad de los habitantes la escuadra zarpó el 20 de febrero de 1565 y al día siguiente llegaba a la isla de Leyte. La hostilidad de los naturales se manifestó inmediatamente, pero Legazpi tomó posesión de la tierra con toda solemnidad. Ante el informe positivo que traía el capitán Goiti de sus exploraciones, la expedición tomó rumbo Sur hacia un núcleo poblado llamado Carballán a donde llegaron el día 5 de marzo. La Relación anónima que describe estos lugares, se supone fue del secretario de Legazpi apellidado Lazcano. El problema del abastecimiento era grave, pues los isleños huían llevándose al interior sus alimentos. El capitan Goiti, el capitán Isla y el alférez Ibarra, con el cosmógrafo Urdaneta eran generalmente los que exploraban aquel dédalo de islas, iniciando relaciones amistosas con los nativos. La política pacifica daría sus primeros frutos en Bohol. En la isla de Cebú la labor de Legazpi y los suyos sería difícil debido a la matanza en aquel banquete-trampa contra los hombres de Magallanes. Ante la oposición de los cebuanos, temerosos de una represalia, los hombres de Legazpi debieron tener mucha prudencia. Sin embargo, fue asesinado Pedro de Arana que se había aventurado a dar un paseo sin protección. Legazpi, después de una asamblea consultiva. ordenó el desembarco y la construcción de una base permanente para futuras operaciones y como prevención ante un posible ataque portugués desde las Molucas.

Mariano ESTORNÉS LASA
De Cebú a Méjico. Para asegurar el establecimiento permanente en Filipinas debía trazarse la ruta directa con Nueva España, idea del gran cosmógrafo Urdaneta que iba en la expedición con ese objeto. Había llegado la hora. Legazpi había decidido quedarse a poblar y colonizar las islas y la vuelta de Urdaneta por la nueva vía que llevaba en su mente estaba decidida. La nao "San Pedro" zarpó de Cebú el día 1.° de junio de 1565 al mando de Felipe de Salcedo, nieto de Legazpi. La dirección del rumbo quedaba encomendada exclusivamente a Urdaneta. El día 10 de junio la nao perdía de vista las Filipinas. La travesía por el nuevo derrotero duró cuatro meses. La nao fondeó en Acapulco el 8 de octubre. El escorbuto había ocasionado 16 víctimas. La tripulación llegó sin fuerzas ni para mover el ancla y fondear. El éxito de Andrés de Urdaneta salvó la empresa de Legazpi en Filipinas, permitiendo el envío de refuerzos desde Méjico. Este, con sus procedimientos de atracción pacifica, logró la convivencia con los cebuanos, permaneciendo en Cebú cinco años. Construyó un fuerte y varias fragatas que convirtieron la isla en base de operaciones y de defensa. Debió desbaratar la rebeldía de sus gentilhombres y una grave conspiración que hubiera comprometido la empresa colonizadora. Ahorcó a los cabecillas y perdonó a los demás después de una confesión detallada de lo ocurrido y de los planes que habían trazado para el futuro.

Mariano ESTORNÉS LASA
De Acapulco a Filipinas. El galeón "San Gerónimo" zarpó de Acapulco el día 1.° de mayo de 1566. Llevaba la noticia de la llegada de Urdaneta a Méjico. El piloto de este galeón, Lope Martín, había desertado en el "San Lucas" y temía el castigo que le esperaba en Filipinas. Esa era la idea de Hernán Cortés al enviárselo. Pero el desertor tomaba sus precauciones para adoptar rumbo a cualquier sitio menos Filipinas. Encargó al vasco Rodrigo de Ataguren el reclutar la tripulación que convenía a sus planes. Durante la travesía, los conjurados asesinaron al capitán Pedro Sanchez Pericón, a su hijo y a todo sospechoso de no secundar sus planes. Y Lope Martín se hizo con el mando. Pero el contralmirante Rodrigo de Angle, el capellán, y un grupo de valerosos leales lograron hacerse con la nao. Lope Martín y los suyos quedaron abandonados en una isla desierta y el "San Gerónimo" pudo llegar a Filipinas donde lo hallaron perdido las fragatas de Legazpi. La investigación subsiguiente terminó con la ejecución del escribano del galeón Juan de Zaldibar, cómplice de Lope Martín.

Mariano ESTORNÉS LASA
El capitán Martín de Goiti asciende a maestre de campo. Esto ocurrió a la muerte de Mateo del Saz. Goiti quedaba como jefe de todas las fuerzas después de Legazpi. Martín de Goiti, según unos era bilbaíno, según otros guipuzcoano. Llegó a ser el conocedor más experimentado del archipiélago gracias a sus contínuas expediciones de reconocimiento y a sus salidas en busca de abastecimientos. En una de sus expediciones de avituallamiento, en noviembre de 1566, como maestre de campo y al mando de la "San Juan", alcanzó la costa de Mindanao. Allí se encontró con una fusta tripulada por portugueses al mando del capitán Siqueira, con la misión de fijar la posición de la armada de Legazpi. Los portugueses rehuyeron el combate y Goiti regresó a Cebú. Ante esta noticia Legazpi se preparó para la defensa. No tardaron en aparecer dos fustas portuguesas que se volvieron sin combatir. Pero pronto llegaron otras naves de la misma procedencia, proponiendo a Legazpi el abandono de las Filipinas. Pero ya la línea abierta por Urdaneta funcionaba y Legazpi había recibido dos navíos más el 20 de agosto de 1567, mandados por Felipe de Salcedo, nieto de Legazpi, con 200 soldados de refuerzo. Con éste venia también su hermano Juan, que aún no había cumplido los veinte años. El día 17 de setiembre de 1568 Gonzalo de Pereyra se presentó ante Legazpi con una potente escuadra. Pretendía la retirada de Legazpi a España, evacuando a sus hombres a bordo de naves portuguesas. Tras una entrevista borrascosa en la que intervino como técnico el religioso navarro P. Rada, los portugueses se retiraron a sus bases de las Molucas, pues el campo fortificado de Legazpi les auguraba un desembarco desastroso. Con esto los conflictos hispanoportugueses en Oriente habían terminado.

Mariano ESTORNÉS LASA
Conquista de Luzón. Legazpi, bien asentado en Cebú, preparó la ocupación de Luzón, territorio principal de las Filipinas. A mediados de 1569, deja Cebú fuertemente guarnecido y se dirige a Panay que somete fácilmente, interviniendo los capitanes Haya y Juan de Salcedo. El capitán Ibarra a su vez toma la isla de Marbate. Después ocupan Mindoro, llave para la conquista de Luzón. La expedición a Luzón, mandada por Goiti, se componía de un junco, una fragata y quince paraos. En las cercanías de la isla de Mindoro toparon con dos navíos chinos que se presentaban en plan de guerra. En el breve combate Goiti se apoderó de las naves con su cargamento de sedas, algodón, hierro, acero, cobre y porcelana. Cumpliendo las normas de Legazpi, Goiti puso en libertad a los supervivientes devolviéndoles uno de los navíos para que volvieran a su tierra. Legazpi daba una importancia suma a Luzón como base, no sólo para la dominación del archipiélago, sino para una ulterior expansión, que creemos comercial, hacia China. La armada de Goiti siguió hacia Manila agregando también a su flota un parao de nativos de Batangas, en la península sur de Manila. La expedición fondeó en la bahía de Manila, en la parte de Cavite. Por este tiempo dominaban Manila los rajás Acha y Solimán. El primero estaba dispuesto a recibir a Goiti que fue solo al castillo, acompañado de un intérprete. Goiti y el rajá Acha realizaron el pacto de sangre acostumbrado. Pero Acha le previno de las intenciones guerreras de su sobrino Solimán. Las fuerzas de Goiti se componían de noventa arcabuceros y veinte marinos, más seiscientos auxiliares indígenas. Los acontecimientos se precipitaron ante una falsa alarma en los defensores del fuerte de Manila que empezaron a disparar alcanzando al navío de Goiti. Asaltado el fuerte cayó sin apenas resistencia, apoderándose de trece piezas de artillería que inmediatamente fueron utilizadas contra los fugitivos. Luego, las embarcaciones que atacaban a la armada de Goiti fueron dispersadas a cañonazos. El día 23 de junio de 1570 llegó a la isla de Aguteya el capitán vizcaíno o cántabro Juan de la Isla con tres navíos procedentes de Méjico. Los despachos que traía el capitán resolvían la incorporación definitiva de las islas a la corona de Castilla y el título para Legazpi de Adelantado de las Islas de los Ladrones. Se encarecía a Legazpi la conservación, a toda costa, de la base de Cebú, para contener a los portugueses. Para entonces Legazpi había fundado en Cebú la ciudad del Santísimo Nombre de Jesús, donde el marinero bermeano Juan Camuz había hallado en una choza el niño Jesús de los tiempos de Magallanes, dejándola al mando del tesorero Guido de Labezaris o Labezarri.

Mariano ESTORNÉS LASA
Fundación de Manila (1571). Tomadas estas disposiciones y el mando de la escuadra, zarpó para la bahía de Manila a mediados de abril de 1571. Con el fuerte en poder de su maestre de campo Martín de Goiti, los nativos se sometieron. Legazpi fundó solemnemente la ciudad de Manila el día 24 de junio de 1571. Nombró el cabildo (ayuntamiento) y señaló el trazado de la ciudad conforme a los cánones establecidos. En agosto de 1571 llegaron desde Nueva España los navíos "San Juan" y "Espíritu Santo" al mando de Juan López de Aguirre, conduciendo el más abundante abastecimiento de todos los recibidos. Acompañaba a López de Aguirre el sobrino de Legazpi, Diego de Legazpi, otros parientes y la familia del maestre de campo Martín de Goiti. Llegaron también buen número de soldados y algunos misioneros.

Mariano ESTORNÉS LASA
Conquista total de Luzón. Legazpi fijó su residencia definitiva en la ciudad recién fundada. Encargó al maestre de campo Martín de Goiti y a Juan de Salcedo la conquista de Luzón. A pesar del adelanto de los nativos en ingeniería militar, la zona de Manila no presentó grandes dificultades al capitán Goiti. El joven Salcedo demostró sus dotes militares en la toma de Cainta y Taytay. Llevaba a su servicio ochenta soldados y alguna artillería. Los pueblos del interior. unos doscientos, fueron ocupados casi todos después de atinadas negociaciones. Tres meses antes de la muerte de su abuelo, comenzó Salcedo la conquista de Bocos y Cagayán, las regiones más septentrionales de Luzón. En la parte de Pangasinán sorprendió a un junco chino cargado de esclavos nativos a los que Salcedo dio libertad. Estos actos, norma permanente de Legazpi, dieron buenos frutos. El joven Salcedo supo sortear asechanzas de toda índole y luchar con valentía. Para consolidar la ocupación de aquella extensa región estableció una base de apoyo, al Norte. en Vigan, demarcación de Bocos. Previamente había negociado con los indígenas, convenciéndolos de la necesidad de su protección. Construyó un sólido fuerte donde dejó una guarnición bien armada con 27 soldados al mando del alférez Hurtado. Exploró las costas del Norte de Lazón con sólo 17 soldados. Volvió a Manila el 21 de agosto de 1572, después de haber naufragado y haberlo salvado los nativos. Manila le esperaba enlutada. Su abuelo Miguel López de Legazpi había muerto repentinamente. Había muerto pobre. Se le encontraron 460 pesos que le habían prestado días antes. La conquista, casi siempre ocupación pacífica, pues practicaba siempre la negociación, había evitado los saqueos que muchos soldados deseaban. Su obra estaba allí, miles de islas aglutinadas en una unidad superior, capaz de defenderse de las depredaciones milenarias de chinos y malayos. Con su genio organizador había creado las Islas Filipinas, introduciendo la cultura occidental sin destruir su propia identidad. Rodeadas por un entorno totalmente asiático, con su problemática socio-religiosa propia, sería, con el tiempo, el único núcleo cristiano de importancia en Oriente. El guipuzcoano Miguel López de Legazpi y Gurruchategui dejaba planeado un sistema de convivencia que atraería a multitud de vascos cuyas actividades trataremos de exponer.

Mariano ESTORNÉS LASA
Gobernadores de ascendencia vasca. A la muerte de Legazpi en 1572, entra en la gobernación interinamente Guido de Labezarri, alférez real de la expedición de Legazpi. Confirmó las encomiendas creadas por el fundador de Manila, de las que muchas eran detentadas por vascos. En este tiempo el poderoso pirata chino Li-Ma Hong atacó Manila con una numerosa escuadra. Las escasas fuerzas de Labezarri resistieron heroicamente hasta la llegada de Juan de Salcedo. Bien conjuntadas las fuerzas derrotaron a los chinos, obligando al pirata a retirarse a Lingayén, donde se fortificó en una isleta. En la lucha había muerto el maestre de campo o general Martín Goiti y también el alférez Pedro de Gamboa. Tuvo importante actuación el alférez real Amador Arriarán. Dos embarcaciones chinas enviadas por el Virrey de Fo-Kien en busca del pirata mencionado habían llegado a Pangasinan, al mando del capitán y embajador Pescung Aumón. La delegación china fue agasajada por Salcedo primero y luego por Labezarri. El capitán chino logró entrevistarse con el pirata que estaba sitiado por las fuerzas de Salcedo sin resultado. Además, el astuto hombre de mar pudo huir sin ser visto al amparo de la noche. Labezarri entregó al capitán Aumón cincuenta y dos prisioneros apresados por los piratas en las costas de China, entre los que se contaban algunas mujeres principales por las que se interesaba el Virrey de Fo-Kien. Este gesto del gobernador y los agasajos y regalos otorgados abrieron las puertas de China a la Gobernación española de Manila. Aumón conduciría a su país a las personas que nombrara Labezarri. La gobernación de Manila venía acariciando la idea de entablar relaciones comerciales con China y aprovechaba la ocasión. Ya se conocían los preciosos artículos del Celeste Imperio por pequeñas embarcaciones apresadas años atrás en aguas filipinas. La delegación filipina estaba formada por el P. Martín de Rada, como jefe, acompañado del P. Jerónimo Marín, Miguel de Loarca, Pedro Sarmiento y un intérprete chino llamado Sinsay. Se contaba también con el aprendizaje de esta lengua que ya había emprendido el P. Rada, siendo obispo de Cebú, con la intención de misionar en China.

Durante la gobernación interina de Juan Niño de Tabota, en 1626, descolló como maestre de campo Lorenzo de Olaso Ochotegui que llegó a encargarse del mando militar.

Diego de Salcedo, 1663. Creó diversos astilleros. Fue acusado de herejía por la Inquisición, siendo apresado en su palacio en 1668, causando ello gran conmoción en el país.

Gabriel Curucealegui y Arriola. Guipuzcoano de Elgoibar. Era caballero de Santiago y había ocupado altos cargos. Se posesionó en 1648. Había puesto como condición para tomar el bastón de mando la restitución del arzobispo en su sede de Manila, destituido por el gobernador Juan de Vargas.

Domingo de Zabalburu. 1701. Reparó el puerto de Cavite y sus fortificaciones, repuso la flota mercante y concluyó las obras de los almacenes reales.

Martín de Urzúa y Arizmendi, Conde de Lizarraga. 1709. Puso límite a la población sinense obligando a los excedentes a marcharse a China.

Fray Juan de Arechederra, gobernador interino en 1749. Dominico, obispo electo de Nueva Segovia. En este tiempo pidió ayuda y se bautizó el sultán destronado de Joló. Pero en la siguiente gobernación de Francisco José de Ovando -1750-, se descubrió su superchería.

Pedro Manuel de Arandia, 1754. Reorganizó la defensa de Filipinas.

Gobernador interino Miguel Lino de Ezpeleta, obispo de Cebú. Durante su mandato llegaron al país el arzobispo Manuel Rojo del Río y el oidor Simón de Anda y Salazar. Una escuadra inglesa de 13 navíos y 6.000 hombres atacó Manila al mando del almirante Cornish. El arzobispo que ya ejercía de gobernador, rindió la plaza el 5 de octubre de 1762.

Gobernador interino Simón de Anda y Salazar, alavés nacido en Subijana, había sido nombrado por la Junta de autoridades. Los ingleses pusieron precio a su cabeza, pero Anda mantuvo a las islas libre de invasores. Desde su base de Basolo, en la isla de Papanga, les hacia una guerra implacable interceptando los convoyes de víveres, intentando vencer a los ingleses por hambre. En 1764, cumpliendo el tratado de paz entre España, Francia e Inglaterra, los invasores se retiraron. Ejerció un segundo mandato, realizando grandes trabajos públicos. Se le erigió un monumento en la Avenida Bonifacio de Manila.

Félix Berenguer de Marquina, 1788. Redactó el "Plan de Reformas".

José de Gardoqui tomó posesión el 4 de setiembre de 1813.

Luis Lardizabal, 1837. Desmembró de la antigua y extensa provincia de Cagayán el territorio de Nueva Vizcaya en 1839, mejoró algunos servicios públicos y defendió la fama del tabaco filipino en el exterior.

Marcelino de Oráa, 1841. Sofocó un movimiento de rebeldía en Tayabas y la sublevación de un regimiento en Manila.

Antonio de Urbiztondo, 1850. Refrenó a los piratas. En su gobernación se fundó el Banco Español-Filipino y empezó a publicarse el Boletín Oficial de Filipinas.

Fernando de Norzagaray, 1857. En 1858 vuelven los jesuitas ausentes desde 1768. Se les facilitan misiones en Mindanao y en 1859 toman la dirección de la Escuela Pía que después se llamará Ateneo Municipal.

Rafael Echagüe, 1862. Se establece la Escuela Náutica y luego la Militar y la Escuela Normal de instrucción primaria, a cargo de los jesuitas. A este gobernador le sucedió Juan de Lara e Irigoyen.

Domingo Moriones, 1877. Restableció la disciplina en el cuartel de artillería de Manila, fusiló a los más comprometidos y condenó a otros a presidio. Logró que el sultán de Joló suscribiera un acta de reconocimiento de los derechos de España.

Mariano ESTORNÉS LASA
Escritores.

El P. Martín de Rada, agustino, había nacido en Pamplona, el 20 de julio de 1533. Su padre era del Consejo Real de Navarra y su linaje de una de las doce familias de los rico-hombres del reino. Presentado por Felipe II para el obispado de Jalisco, prefirió embarcarse con Urdaneta para Filipinas, como misionero en la expedición de Legazpi en 1564. Prior del convento de Cebú en 1569 y provincial tres años más tarde. En 1575, después del asedio de Manila por el pirata chino Li-Ma-Hong con neta victoria del gobernador Labezarri y Juan Salcedo, encabezó una misión oficial a China. Ya en Cebú, con la idea de misionar en China, había estudiado una lengua china con un chino que vivía en la misión. Su estancia de varios meses en esa inmensa nación fue fructífera. Volvió a Manila con más de un centenar de tratados de diversas materias relativas a la civilización china. Algunos de ellos habían sido impresos 500 años antes. El Virrey de Fo Kien creía que sólo ellos conocían el arte de imprimir. El P. Rada tuvo que sacar su Breviario y mostrárselo para disipar sus dudas. Con estos aportes del P. Rada, el P. Juan González Mendoza pudo escribir su Historia sobre China. Más tarde, el P. Rada quiso repetir el viaje, pero los introductores chinos que los llevaban, furiosos por la descortesía del gobernador al no haberlos obsequiado como requería el protocolo, después de haberlos azotado los abandonaron en Bolinao, atados los viajeros a cada árbol. Allí los encontró el sargento Morones. Según testimonios de sus coetáneos, Rada era un genio matemático, geógrafo, astrónomo, nauta, hábil poliglota, etc. Activo y defensor de los nativos. Dejó varios tratados: De recta hidrographiae ratione; Geometría práctica; Vocabulario y arte de la lengua cebuana; Diccionario y arte de la lengua china; Un breve tratado de las antigüedades, ritos y costumbres de los chinos, del que nos da noticia el P. Jerónimo Román en su Repúblicas del mundo; Relación de la entrada de la China que hizo el P. Fr. Martín de Rada y Fr. Hierónimo Marín, incluida en los vols. VIII y IX de la Revista Agustiniana, después La Ciudad de Dios. Además dejó numerosas tablas astronómicas. Gran parte de esta labor se perdió. Sólo se imprimió su Relación y alguna Carta. En aquel tiempo no existía imprenta en Filipinas ni amanuenses que copiaran. Pero en medio de su ajetreada vida tuvo tiempo de enviar algunos de sus tratados al P. Jerónimo Tomás y al P. Juan González de Menéndez, a Felipe II, a su hermano Juan de Rada, Alcalde Mayor del Reino de Navarra y al provincial de los agustinos de Méjico. El humanismo del navarro P. Martín de Rada se manifiesta con insistencia en sus cartas. El P. Fermín de Uncilla Arroitajauregui en su obra Urdaneta y la Conquista de Filipinas transcribe parte del texto de tres cartas al Virrey citado. La primera fechada en Panay, 21 de julio de 1570; la segunda en Manila, 10 de agosto de 1572, y la tercera con fecha 10 de junio de 1573. En todas ellas denuncia los abusos que se cometen con los nativos. En su tercera carta, ya después de la muerte de Legazpi, se expresa así: "Cada día se hacen muchos agravios, y hay tan poca enmienda y castigo agota como en tiempo del Adelantado; antes lo lloran los indios al pasado que harto más padre se les mostraba quel de agora".

Fray Rodrigo Aganduru Moritz. Este descenciente de Orio (Gipuzkoa), del caserío Andu, y nacido en Valladolid en 1584, fue misionero agustino en Filipinas. Escribió: "Historia de las conversiones hechas en Japón y Filipinas" e "Historia general de las islas Molucas y Filipinas", publicadas a principios del siglo XVII.

Antonio de Morga. Sucesos de las Islas Filipinas, Méjico, 1609.

Manuel Zumalde, La Bascoana, sátira contra el gobernador José Basco.

Diego Aduarte, Historia de la provincia del Santo Rosario en Filipinas, Japón y China, Manila, 1640.

Domingo Ezquerra, Arte de la lengua bisaya de la provincia de Leyte, Manila, 1663, reimpresa en 1747.

Melchor Ovanguren, Tagalismo elucidado y reducido, en lo posible, a la latinidad de Nebrija.

Juan Bautista Uriarte, Manifiesto v resumen histórico de la fundación de la Santa Misericordia de la ciudad de Manila, Manila, 1728.

Juan de Arechederra, Puntual relación de lo acaecido en las expediciones contra moros tirones en Malanaos y camucones, Manila, 1767.

Joaquín Martínez de Zúñiga, navarro, de Aguilar. Padre agustino que llegó a Filipinas en 1785. Historia de las islas Filipinas, Sampáloc, 1803. Estadismo de las islas Filipinas o Mis viajes por este país, Madrid, 1893. Historia y novena de la Virgen del Buen Suceso. Murió en Parañaque, Filipinas, en 1818.

Pedro Murillo velarde, Historia de la provincia de Filipinas de La Compañía de Jesús, Manila, l749.

Vicente de Salazar, Historia de la provincia del Santísimo Rosario de Filipinas, Manila, 1742.

Francisco Gainza, Memoria sobre Nueva Vizcaya, Manila, 1849.

Manuel Buzeta, Gramática de la lengua tagala.

Camilo de Arana, Derrotero del archipiélago filipino.

Juan Miciano Zulueta, poeta premiado en 1885, en Manila.

Robustiano Echauz, Apuntes de la vida de Negros, Manila, 1894.

H. de Tavera, Una memoria de Anda y Salazar, Manila, 1849.

Wenceslao Emilio Retana y Gamboa, residió en Manila y fue un filipinista de primer orden, autor, editor y prologuista de muchas obras sobre el tema filipino. Su nómina es importante: El indio batangueño. Estudio Etnográfico, Manila, 1888; Supersticiones en Los indios filipinos, Madrid, 1894; Los antiguos alfabetos de Filipinas, Madrid, 1895; Arte de la lengua en las islas Filipinas, Madrid, 1896; Aparato bibliográfico de la historia general de Filipinas, 3 tomos, Madrid, 1906; Noticias histórico-bibliográficas del teatro en Filipinas, Madrid, 1910; Orígenes de la imprenta en Filipinas, Madrid, 1911 ; Indice de personas nobles que han estado en Filipinas, Madrid, 1921; Diccionario de filipinismos, París, 1981.

El navarro capuchino Padre Román M.° de Vera -Juan M.° Dornaku Olaechea- tenía gran facilidad para aprender lenguas. Llegó a dominar el tagalo, el bicol, el pangasinán, el sorsogon, etc. Cuando predicaba en tagalo se reunían grandes muchedumbres. Fue profesor del arzobispo de Manila Jeremías Harty. Le traducía al tagalo o al español sus sermones. Había llegado a Filipinas en la 6.a expedición de capuchinos de 1901.

El Padre navarro Cesáreo de Legaria escribió una colección de cantos religiosos en lengua pangasinán, traducidos del latin, vasco, español, etc. Era colaborador de las revistas de Manila "La Defensa" y "Cultura Social".

Uno de los fundadores de la revista Estudio fue el Padre Roque de Azcoiti, siendo director, en 1920, el abogado y periodista Alejandro Aboitiz.

El Padre Pedro M.ª de Rentería se acreditó como un buen lingüista.

Monseñor Miguel Angel Olano y Urteaga, capuchino como los anteriores, publica en Manila, en 1950, su Diary of a Bishop, relato de sus andanzas como prisionero de guerra en Japón y después en la India, Australia y en Guam.

Padre Bienvenido de Arbeiza, misionero capuchino en Filipinas, publica en Pamplona, 1969, Reseña histórica de los capuchinos en Filipinas, 1886-1952.

Higinio Uriarte, Un vasco en La guerrilla de Negros, 1962.

Mariano ESTORNÉS LASA
Misioneros de origen vasco. La evangelización de Mindanao por San Francisco Xabier o simplemente su visita a las Misiones portuguesas en esta gran isla filipina es negada por unos, defendida por otros. Entre los primeros se encuentran el P. Pío Pi, el P. Repetti y el P. Jorge Schurhammer, siendo este último el más eminente de los xabierógrafos. El P. Pastells, buen xabierólogo, supone que Xabier, funcionario del rey de Portugal, procuraba prudentemente ocultar su personalidad en su evangelización de Mindanao para evitarse odiosidades con la Corona de Castilla. Y añade el eminente orientalista de Filipinas, que el paisaje, el vulcanismo, la etnografía, hasta los vocablos dialectales de las cartas xaberianas se traducen a maravilla en las riberas marítimas de Davao, extremo meridional de la isla de Mindanao. El P. Jorge Schurhammer aduce: "No existe documento alguno primitivo en el archivo de la Compañía que mencione el nombre de Javier en las Filipinas". Pero el P. Guillermo Ubillas que le había consultado, responde a esta afirmación: Esto es verdad, pero fuera del archivo de la Compañía hay dos documentos primitivos que aseveran la tradición; la Bula de la Canonización de Urbano VIII y la Carta de San Francisco Xabier de 20 de enero de 1548. Citamos también como opiniones positivas las del P. Marcelo Mastrilli, fundador de la Novena de Gracia y mártir del Japón; del P. Antonio Astrain que, en Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia de Castilla, dice que la tradición xaberiana es probable; el P. Francisco Apalategui afirma que todo induce a creer que es fundada la evangelización de Mindanao por San Francisco Xabier. Finalmente, el P. Guillermo de Ubillas, jesuita como todos los anteriores, analiza las Cartas de Xabier, de 10 de mayo de 1546 y 20 de mayo de 1548, más la Bula de Canonización del Papa Urbano VIII, en su trabajo La evangelización de Mindanao. Si los testimonios de Xabier concuerdan con los caracteres físicos, etnográficos y dialectales de Davao y si en la Bula citada se señala, entre los méritos del Santo, la evangelización de los Mindanaos, habrá que darles crédito. Pero la duda queda en el aire. Entre 1545-1548 pudo haber estado en el Sur de Mindanao el P. jesuita que luego sería San Francisco Xabier. Misionaba en las Molucas enrolado por los jesuitas portugueses. Como hemos visto, en tiempos de Legazpi ya estaban los agustinos integrando la misma expedición, instalándose firmemente en Cebú, Manila, etc. Las órdenes religiosas van llegando sucesivamente: 1577, los franciscanos; 1581, los jesuitas procedentes de España; en este mismo año de 1581 llegaba el dominico P. Domingo de Salazar, adelantado de su orden que llegaría en 1587. La imagen del Niño Jesús hallada en Cebú por el bermeano Juan Camuz en 1565 y la de N. Sra. de la Guía de Manila, tienen marcadas señales de haber sido talladas en China o por un artífice chino, por sus ojos oblicuos. Domingo Ibáñez de Erquicia, dominico, desempeña la cátedra de filosofía en Manila, siendo además gran orador sagrado. El año 1623 pasó a las misiones de Japón, siendo martirizado y muerto en Nagasaki en 1633. El misionero filipino P. Francisco Ezquerra fue inmolado en Guam. El Padre jesuita Francisco de Mendoza en Mindanao. En un lugar indeterminado de Filipinas fue martirizado y muerto el jesuita P. José de Esandi. Los nativos de Leyte en 1663 mataron al jesuita P. Juan Bautista de Larrauri. El Papa Juan Pablo II beatificó el I8 de febrero de 1981, en el Luneta Park de Manila, a los misioneros guipuzcoanos martirizados en Japón: Domingo Ibáñez de Erquicia y a Miguel de Aozaraza, de Régil y Oñate respectivamente. En 1886, llegan los capuchinos. Tras éstos los benedictinos, los Padres Stoyl, Maryknol, oblatos, etc. Finalmente, con la ocupación americana, los pastores protestantes. Los primeros capuchinos vascos fueron: P. Daniel de Arbacegui, P. Saturnino de Artajona, P. Agustín de Ariñez, Fr. Miguel de Gorriti y Fr. Benito de Azpa. Un vizcaíno, un alavés y tres navarros. En 1891 es procurador de los recoletos en Manila el P. Demetrio de Navascués. En 1894, los hermanos Joaquín y Rafael Inchausti donan a los capuchinos un terreno para construir una casa de salud en Maytubig, Panay. Además donativos para la casa y capilla. En 1897, es presidente de la Casa-Procura de los capuchinos el P. Alfonso de Morentín. Ya en el siglo XX, en 1901, llega a Manila el P. Román Vera (Juan M.ª Dornaku Olaechea) que llegaría a ser un gran predicador en tagalo. En 1904, Joaquín de Inchausti apadrina al P. Miguel de Leiza que canta su primera misa. Llega a Manila (1905) el obispo de Docimea y Vicario Apostólico de Guam P. Joaquín Olaiz y Zabalza, acompañado de los P. Juan de Guernica, Isaac de Azpeitia y los Hnos. Tiburcio de Eusa y Miguel de Lecumberri. En 1920, se funda en Manila la revista "Estudios". El patronato de enfermos establecido en tiempo del P. Félix de Iguzquiza "por el ilustre caballero Manuel de Inchausti", fue inaugurado el 10 de febrero de 1929. Era el primer establecimiento de su género en Filipinas. Fermín Urmeneta, gerente de la Tabacalera, ayuda a la erección de la parroquia de San Miguel en Tarlac, con una cuota mensual.

Mariano ESTORNÉS LASA
Guerra nipón-americana.

Matanza de religiosos. En los primeros días de enero de 1942 los japoneses habían entrado en Manila y los americanos se batían en retirada. Hasta 1944, setiembre-octubre, no empezó la reconquista americana, con los bombardeos del puerto, depósitos de municiones, campos de aviación, etc. Cuando los primeros rumores de la invasión japonesa, la mayoría de la población nativa había huido a los montes. Por la ocupación japonesa, las guerrillas de los patriotas y consiguiente irregularidad de los abastecimientos, cientos de personas morían de hambre en Manila. La recuperación de Filipinas por los americanos comenzó el 9 de enero de 1945, desembarcando en Lincayén. Rotas las defensas japonesas de Bambán, 20 de enero, los habitantes de Manila creyeron que la liberación estaba ya muy cerca. Los japoneses cogidos por sorpresa abandonaron el Norte de Manila. Pasaron al otro lado del río Pasig volando los puentes. Rechazada la rendición, los americanos comenzaron a cañonear los distritos de Ermita, Malate, Paco, Intramuros, etc. El P. Bienvenido de Arbeiza hace un relato patético de la "tragedia de Intramuros", la parte vieja de Manila. El día 5 de febrero los japoneses obligaron a los habitantes de Intramuros a concentrarse en el cine Hollywood, iglesia de San Agustín de San Francisco y en la catedral, cerrando también las puertas de la ciudad amurallada. Sobre estos siniestros preparativos la artillería americana seguía batiendo la ciudad de Manila, principalmente sus murallas, hasta abrir una brecha después de lanzar más de diez mil granadas. El día 19 de febrero por la noche los soldados japoneses sacaron de San Agustín a los religiosos con los seglares españoles por entre las ruinas de Intramuros hasta la catedral, a los refugios construidos por los japoneses a la derecha de la entrada del citado templo. Dos ayudantes filipinos de los capuchinos fueron sacados, rociados de gasolina y quemados vivos. Antes de comenzar a entrar en el mayor de los refugios, les dijo un soldado que entraran cuantos más mejor y que estuvieran todos de pie, pues era cosa de poco tiempo. Según la orden del soldado se acomodaban de pie bastante apretados. Así entraron unos ochenta. "Entre ellos estaban nuestros religiosos de Intramuros: M. R. P. Florencio de Lezáun, Superior de la Misión, el M. R. P. Félix de Iguzquiza, Discreto, el P. Ladislao de Busturia y los Hermanos Fr. Valentín de Azcoitia, Fr. Elzeario de Sarasate y Fr. Ignacio de Vidania. Una vez dentro, intrigados y altamente preocupados, guardaban silencio. Un sacerdote les invitó al acto de contrición y les dio la absolución general. Pronto se inició la matanza arrojando bombas y granadas de mano por los tragaluces del refugio. Los que se lanzaron a las puertas intentando salir, fueron recibidos con descargas de fusil y ametralladora. Sólo escaparon con vida el agustino P. Belarmino Celis y el seglar Sr. Rocamora, que gravemente heridos esperaron hasta el día siguiente para salir cuando entraba la vanguardia americana. Los P. capuchinos Santiago de Ibiricu, Raimundo de Labiano y Pacífico de Villatuerta, párroco y coadjutores de la parroquia de Singalong, en Manila, habían sido sacados de su iglesia por los japoneses y degollados en un riachuelo cercano. De veinte iglesias de la Manila amurallada o Intramuros, sólo quedó en pie, y deteriorada, la de San Agustín. El Dr. Jesús Arocena se había salvado de la matanza. Pero más tarde cayó asesinado por un soldado japonés cuando portaba una bandera blanca, en una procesión de mujeres y niños. Tras la muerte de los religiosos capuchinos, de los que 6 eran navarros, 2 guipuzcoanos y 1 vizcaíno, el P. Bienvenido de Arbeiza se encarga del gobierno de la Misión capuchina. La casa de Claudio Luzuriaga de Manila, de las pocas que quedaban en pie, fue un asilo constante de numerosos refugiados. La valiosa corona de la Virgen de Lourdes de la iglesia de los capuchinos de Manila, junto con el tesoro, se salvó guardada en la caja fuerte de la agencia de Raimundo Soloaga, en Binondo. Este tesoro se vendió al terminar la guerra para construir la nueva iglesia de Quezón City. También se salvaron las imágenes de las vírgenes de la Guía y de Lourdes. En 1948, el P. Blás de Guernica levantó por séptima vez la parroquia de la Ermita, aunque de materiales ligeros. Unos años más tarde, los PP. Alberto de Urdiain y Carlos de Urzainqui edificaron definitivamente la octava iglesia. 1950, Salvador Araneta cede los terrenos para la nueva iglesia de Lourdes. Se inauguró con la asistencia del obispo Mons. Olano.

El mausoleo de San Agustín. Durante el mes de enero de 1946 los americanos comenzaron a limpiar los escombros de la ciudad amurallada de Manila. Esto afectaba al refugio donde estaban enterrados los religiosos asesinados. Las órdenes religiosas desenterraron sus muertos y los llevaron a la capilla-panteón de San Agustín. Un total de 35: 12 agustinos, 10 franciscanos, 6 recoletos, 9 capuchinos, no habiéndose hallado los restos de los 3 degollados en Singalong. A los capuchinos vascos ya nombrados, debemos agregar los nombres del agustino Hno. Juan Cavanas y los recoletos Rev. Mariano Alegría, Rev. Hernán Biurrun y Hno. Juan Machicote, también de origen vasco. En los actos recordatorios de las víctimas participaron los obispos Mons. Miguel Angel Olano Urteaga, capuchino, y Mons. Javier Ochoa, recoleto. El periódico "Voz de Manila" publicó una reseña el 1.° de abril de 1946.

La odisea de Mons. Miguel Angel Olano. Fue arrestado por los japoneses en enero de 1943, junto con Fr. Jesús, en la isla de Guam, donde era vicario apostólico, dependiente de la Misión capuchina de Filipinas, desde enero de 1935. Fueron encerrados en la catedral con los prisioneros de guerra americanos hasta que un día los embarcaron en el "Argentina Maru", rumbo al Japón. En Guam ya había martirizado y muerto el P. Dueñas. En Tokio fue recibido por el P. Vizcarra que lo llevó al convento de los jesuitas donde permaneció hasta setiembre de 1943. De aquí viajó a Goa, siempre con Fr. Jesús, donde el patriarca portugués Mons. José Núñez los retuvo hasta febrero de 1944. De Goa salieron para el Sur de la India. Visitó las misiones jesuitas y capuchinas, atravesó la India central y embarcó para Australia, pasando en su viaje peligroso cerca de las bases japonesas. Después de 27 días de navegación llegó a Sydney, hospedándose en los franciscanos. A petición de los católicos de Guam el almirante Chester Nimitz puso un avión del ejército a su disposición y volvió a su diócesis. Según testimonio que recogí de labios de Mons. Olano en San Sebastián, los nativos le demostraron su cariño entregándole un libro euskérico que habían tenido guardado durante la invasión japonesa. Era el libro sagrado que le veían leer a menudo, escrito en una lengua ininteligible para ellos. Salvo error, creemos era el "Itun Berria" del P. Olabide. Volvió a Manila, donde publicó el mencionado "Diario" de su periplo asiáticoinsular. De San Sebastián, donde le conocimos en su vejez, regresó a Guam y allí terminó sus días.

Mariano ESTORNÉS LASA
La leprosería de la Isla de Culión. Esta isla, refugio de 14.000 leprosos y familiares, estuvo durante muchos años prácticamente aislada. Los barcos no osaban acercarse a la costa y lanzaban al mar sus barriles de alimentos. Fue el guipuzcoano jesuita Padre Olazabal, que había sido profesor de la Facultad de Derecho de Deusto, quien dio a conocer al mundo, en 1974, esta situación a su llegada a Culión. Se debió a su iniciativa que la ANESVAD tomara a Culión como uno de sus objetivos fundamentales, cuyas necesidades más apremiantes eran la dotación de fuerza eléctrica, agua corriente y procurar erradicar el hambre y la alta mortalidad infantil.

Mariano ESTORNÉS LASA
Actividad mercantil vasca. Establecimientos agrícolas y comerciales. Desde 1593 el comercio entre Filipinas y el continente americano estaba totalmente canalizado por la ruta Manila-Acapulco, abierta por Andrés de Urdaneta como ya se expone al hablar de la Expedición de Legazpi. La navegación en el Pacífico, relativa a las colonias españolas, consistía principalmente en el galeón real de Manila y la Armada del Sur. Esta última cubría la zona Panamá, Perú, etc., llevando las riquezas del imperio incaico a la gran feria de Portobelo que las expedía a la metrópoli y los productos españoles que llegaban a Panamá y a las colonias del Pacifico. Las Filipinas eran el punto más avanzado del imperio hispano. Y la ruta de Urdaneta vital para la supervivencia y desarrollo de esta colonia tan lejana enclavada en el mundo asiático. Las relaciones con la metrópoli sólo eran factibles a través de Nueva España, pues la ruta del estrecho de Magallanes era difícil y peligrosa. En los primeros tiempos el privilegio de comerciar con Nueva España -Méjico estaba circunscrito a ciudadanos filipinos prominentes, funcionarios de la Corona y comunidades religiosas. Pero pronto otras personas buscaron acuerdos con las autorizadas. De esta forma, al llegar el siglo XVII, comenta Jon Bilbao, el comercio por esta vía estaba abierto a cualquiera que lo deseara. El tráfico estaba limitado a un galeón real anual estrictamente controlado. Las mercancías que se enviaban a Méjico eran principalmente sedas, especias y porcelanas procedentes de China e India. Se pagaban casi enteramente con plata y oro, procedentes de las minas de Nueva España. Esto creaba un problema calificado como "fuga de metales preciosos" hacia Oriente. Además, estas mercaderías al llegar a Méjico hacían la competencia a las procedentes de España. A pesar de la legislación vigente, que castigaba con la confiscación de bienes y 10 años en galeras a los infractores, se exportaban desde aquí al Perú y aun a España. Este estado de cosas que había condicionado la vida mercante filipina, produjo el abandono de las explotaciones isleñas en las que figuraban muchos vascos. Todas las actividades comerciales estaban centralizadas en Manila, alrededor de los viajes del galeón real. En 1768 el gobernador alavés Simón de Anda y Salazar solicitó del rey el envío de colonos exponiéndole la situación. Esta se mantuvo hasta la creación de la Compañía de Filipinas en 1785, sustitutiva de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, que funcionaba en Venezuela. La creación de esta Compañía se debió a un poderoso grupo de vasco-madrileños: Francisco Cabarrús, presidente del Banco de San Carlos; Bernardo de Iriarte, de la Suprema Corte de Estado; Francisco Leandro de Viana, ex-procurador de la Corona en Manila; Diego de Gardoqui, embajador en Estados Unidos. Muchos guipuzcoanos relacionados con la Compañía de Caracas pasaron a ocupar cargos representativos en los puestos comerciales de Oriente, Manila, Calcuta, Bombay, etc. El movimiento independentista del siglo XIX, generalizado en toda la América española acabó con este comercio cerrado en torno a los galeones reales y a la Compañía de Filipinas. A mediados del siglo XVIII o antes muchos vascos se establecieron en Papanga, Laguna, Batangas, Bicoland, Negros y Panay. "Algunos de estos inmigrantes eran refugiados carlistas, como en el caso de Ruiz Luzuriaga en la Isla de Negros, pero la mayoría eran marinería (pilotos y capitanes) implicada en el comercio mercante. Compitieron con los chinos, invirtiendo sus ahorros con hombres de negocios vascos como Zubiri, Matía, Menchacatorre, Aldecoa, Gorostiza, Marcaida, Menchaca, Eguiluz, Aristegui, Laucirica, Inchausti, Azcona y Nessi-Arrola" [Jon Bilbao, Basques in the Philippine Islands].

José Oyanguren, guipuzcoano de Vergara, llegó a Filipinas en 1825. Ya en el año 1847 emprendía una empresa de gran envergadura, su plan de desarrollo de Davao. Había sometido su proyecto a la aprobación del Capitán General Narciso Claveira. Consistía en entregarle el mando de esta región por un periodo determinado con el privilegio exclusivo del comercio. A cambio de esto, llevando hombres escogidos, pacificaría y desarrollaría toda la región, desde Cabo San Agustín a Punta Sarangani. Además sometería a los belicosos musulmanes y fundaría comunidades cristianas. Equiparía la agricultura dotando a los nativos del utillaje apropiado. Se comunicaría con los paganos del interior de Mindanao para convertirlos. Claveira lo acogió favorablemente y llevó el caso ante la audiencia que lo aprobó de acuerdo con las Leyes de Indias. Pero haciendo constar que no debía considerársele como un contrato con el Gobierno sino como una concesión acordada por un período limitado. El gobernador, por decreto del 27 de febrero de 1867, concedió a Oyanguren, por diez años, el control del territorio que pudiera organizar en la región de Davao, con el derecho exclusivo de comerciar durante los seis primeros años. A esto había precedido un tratado negociado por las autoridades de Manila con el sultán de Mindanao. A Oyanguren se le proveyó de armas, estipulándose que la provincia se denominaría Nueva Guipúzcoa y su capital Vergara. Un decreto de 1849 apoyaba los nuevos nombres que sólo estarían vigentes hasta diciembre de 1862. Oyanguren murió en Davao el 10 de octubre de 1858. Fue enterrado en el cementerio de su Vergara filipino. Al parecer había logrado incorporar social y económicamente Davao al núcleo organizado de Filipinas, que giraba en torno a Manila. Iloilo fue desde 1850 el segundo establecimiento vasco en importancia. Allí operaban importantes compañías vascas como Inchausti y Compañía, que controlaba grandes plantaciones de azúcar y una flota muy importante de más de 20 navíos (Jon Bilbao, obra citada). Los vascos más numerosos en las islas eran los vizcaínos, hombres de mar, capitanes, pilotos y constructores navales, traídos por la apertura de los puertos filipinos. Después los navarros, dedicados al comercio, plantaciones de abaca (de cuya fibra textil llegó a ser Manila el primer puerto del mundo), coco, azúcar. El tercer grupo era el guipuzcoano, con la exploración y desarrollo de Mindanao por el vergarés Oyanguren y Joaquín Urquiola, de Zaldibia. Y José Joaquín Inchausti, de Zumárraga, que había fundado "Inchausti and Company" con socios navarros como Elizalde, Irisarry y otros. Los alaveses y vasco-norteños eran menos numerosos. Los vascos descollaron, como es natural, en la navegación. En aquel laberinto de islas con bahías a remodelar y equipar, con gentes conocedoras de los intrincados derroteros marítimos que eran sus medios naturales de comunicación, los vascos estaban en su elemento. La Compañía de navegación Larrínaga establecida en Liverpool abrió oficinas en Manila. Tras la apertura del canal de Panamá en 1865 aumentó la inmigración vasca a Filipinas. La segunda guerra carlista también contribuyó a esta afluencia de vascos. La marina mercante contaba con más del 90 % de capitanes y pilotos vascos en las rutas de Manila con otros puertos asiáticos. Las explotaciones azucareras de Filipinas fundadas o regentadas por vascos anteriores a la guerra nipónamericana eran muy importantes. Podemos citar algunas de ellas: Central San Isidro de los señores Bidaurrezaga; Central Palma, regentada por el Sr. Gurrucharri, contándose como personas principales a Federico Soloaga, Carmelo Imaz y Donato Inchausti; Grandes Haciendas de Uriarte Hnos., bajo la dirección de Hilario Zamacona y otros; Hacienda Navarra, de los Oquiñena; Carmen Grande y Carmen Chica, administradas por Eugenio y Santi de Echanojauregui; Haciendas y plantaciones de coco de los Aldecoa, Isasi y Erquiaga; Haciendas de Arraza y Salutregui; Hacienda San Antonio, administrada por Tomás Sagastasoloa; Hacienda San José, de Celestino Mendiola y Hermógenes Inunciaga; Haciendas Euskara y Baskonia de Marino Gamboa; Hacienda de Domingo Menchaca, administrada después por su hijo político Roberto Llantada Larrasquitu, continuando la hacienda los hermanos Txomin, Andrés, Isaías y Antonio Menchaca, además de Antonio Arocena. Los exiliados de la guerra de 1936 Saturnino de Uriarte y Estanislao Garavilla instalaron en Cebú la fábrica de conservas de pescado más importante de Filipinas. De esta actividad industrial surgieron ilustres filántropos como Marino de Gamboa y Manuel Inchausti a quienes centenares de vascos les deben su bienestar en el exilio. Debemos integrar en esta labor humanitaria a la firma Aldecoa-Erquiaga y habría que ampliar la lista si se hiciera una amplia encuesta al respecto.

Mariano ESTORNÉS LASA
Euzkeldun Batzokija. Frontón Jai Alai. Según Jon Bilbao "en el libro de bautizos de la iglesia de San José de Iloilo figura ya un nombre euskérico como Marco ta Barandiaran "tar Erinea". La inscripción había sido efectuada por una pareja navarra de Estella. Este hecho ocurría a los cuatro años de fallecer D. Sabino de Arana Goiri, fundador del Nacionalismo Vasco y creador del "Izendegi" o "Nomenclator vasco". La fundación de este Batzoki fue el 31 de julio de 1909. Esto trajo consigo la celebración de fiestas anuales conmemorativas de San Ignacio y San Fermín con misas en euskera, danzas y otros aconteceres de raigambre vasca. El frontón "Jai Alai" de Manila se inauguró el l7 de octubre de 1940 con un cuadro de pelotaris profesionales de cesta punta. La invasión japonesa interrumpió los partidos. La reconquista americana, con los japoneses dentro de Manila, trajo la destrucción del frontón. Su reconstrucción se efectuó en 1948 convirtiéndose en uno de los mejores del mundo por donde desfilaban los mejores pelotaris de la modalidad ya indicada. De estos pelotaris quedó como "Chief pelotero" o fabricante de pelotas Ignacio Jauregui. El organismo federativo de la pelota vasca ha estado presidido desde el principio por Manuel Elizalde. Este deporte no se conocía en Filipinas hasta 1899, cuando un grupo de aficionados encabezado por los hermanos Tiburcio, Santiago y Joaquín Elizalde empezaron a organizar partidos amistosos a mano. Con éstos jugaban los Navascues, Arregui, Matute, Nieto, Soloaga, Pascual, Larrañaga, Inchausti y Garriz. Se les considera como los precursores de la pelota vasca en Filipinas. En la segunda promoción de aficionados se destacaron: José Arriola, Juan Tellechea, Dionisio Leguizamón, Martín de Eiguren, Néstor Gamechogoicoechea, hermanos Sarasola, Zabaljauregui, Cincunegui, Azparren, José Egozcue, L. Garteiz, L. Garriz, Angel y Juan Miguel Elizalde, Rafael Iturralde, Pedro Uriarte. La liberación de Manila costó la vida a algunos pelotaris como Garriz, Castro y Soucheiron y el frontón destruido. El pequeño grupo que quedó, Nieto, Dampierre, Olaso, Aguirre, Egozcue, Uriarte, Gamecho y algún otro siguió jugando en el Jai Alai regentado por A. Argárate. Los pelotaris vasco-filipinos concurrieron a varios Campeonatos Mundiales. En Balcolod, Negros Occidental, un grupo de aficionados construyó un frontón en 1960, fomentándose la modalidad de paleta. Otra promoción posterior fue la de los Enrique y Rafael Nieto, Javier y Antonio Irala, hermanos Faustmann y Jaime Ugarte. Entre los intendentes del frontón del Casino Español señalamos a Antonio Univaso, Florencio Garriz, Luis de Garteiz, Buenaventura de Erquiaga y Chacho López.

Mariano ESTORNÉS LASA

  • FERNÁNDEZ ALMAGRO, Melchor. Historia política de la España contemporánea, 1885-1897
  • BILBAO, Jon. Basques in the Philippine Islans, "Newletter" n.° 20 iuly 1979
  • UBILLOS, Guillermo. S. J. Mártires vascos en Asia (con incidencia en Filipinas) "B. I. A. E. V.", n.° 58, Buenos Aires 1964
  • Instituto histórico de la Marina: Colección de diarios y relaciones para la historia de los viajes y descubrimientos, Madrid 1947
  • ARTECHE, José. Elcano, San Sebastián 1969
  • BOMBÍN, Luis; BOZAS URRUTIA, Rodolfo. El gran libro de la pelota, Madrid 1976
  • Federación internacional de pelota vasca, Boletines núms. 2 y 4, San Sebastián 1950 y 1952
  • Jai Alai Christmas magazine, de Manila, diciembre de 1950
  • CLAVERÍA ARZA, Carlos. Los vascos en el mar, Pamplona 1966
  • ARTECHE, José de. Legazpi. Historia de la conquista de Filipinas, Zarauz 1947
  • RIEZU, Crispín de. Necrologio de los frailes menores capuchinos de Navarra-Cantabria-Aragón, Pamplona 1959
  • PIGAFETTA, Antonio. Primer viaje en torno al globo, Madrid 1941
  • YNCHAUSTI, A. M. Quelques basques qui ont contribué au dévelopement des Philippines, "Gure Herria", 1959, XXXI
  • WALKER, J. Geoffrey. Política española y comercio colonial, 1700-1789
  • ARTECHE, José de. Urdaneta, San Sebastián 1968
  • UNCILLA Y ARROITAJAUREGUI, Fr. Fermín de. Urdaneta y la conquista de Filipinas. Estudio histórico
  • ARBEIZA, Bienvenido de. Reseña histórica de los capuchinos en Filipinas, Pamplona 1969
  • ISPIZUA, Segundo de. Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de Arnérica, tomo II, capítulos VII, IX y X dedicados a Filipinas, Bilbao 1915.

Mariano ESTORNÉS LASA