Lexikoa

POESÍA

POESÍA EUSKERICA. La poesía, dentro del conjunto de la literatura producida en euskara, supone el género, sin duda, que más destaca por su abundancia, calidad, tradición y originalidad. Hasta la década de los años 70-80 del s. XX, al menos, la poesía constituye en el campo literario vasco el género más relevante.
Lírica tradicional. La tradición se liga, desde sus manifestaciones orales, con los hechos banderizos medievales, en casos como en el canto de la Quema de Mondragón, El cantar de la batalla de Beotibar, El cantar de Urrexola, El cantar de Olaso, donde, junto a la acción épica, es de destacar un escenario lleno de grave lirismo. Por otra parte, la endecha de Milia de Lastur, Alos Torrea, así como el Canto de Bereterretxe (Bereterretxe-ren khantoria) se asoman al hecho histórico desde una particular construcción poética, donde la emoción y el acontecer históricos son tratados con lirismo, situaciones de contraste estético, y hasta con bisemia, especialmente, en su referencia al mundo naturístico.

Los textos orales más antiguos han sido recogidos en colecciones de autores como R. M. Azkue, J. A. Donostia, Salaberri, S. Onaindia, etc. En los cantos épico-líricos indicados destaca la naturalidad, un diálogo fresco, una ligación al mundo simbólico de la naturaleza. Especialmente, en la poesía realizada en «kopla zaharrak» se da, a menudo, una introducción «naturística» con alusiones al mundo de la flora, como elorria (espino), otea (argoma), lizarra (fresno), y un corolario temático, que enlaza con la idea principal, que discurre en el texto poético, en general.

Esta técnica se enlaza muy bien con la estética moderna, pues, tales introducciones «simbólico-naturistas» resultan ilógicas y originales. En cantos como el de Bereterretxe la acción se entremezcla con el patetismo, por la fuerza del diálogo, rapidez de planos, sobriedad de elementos y un fondo de tragedia. El paralelismo entre la conducta humana y su reflejo en los fenómenos de la naturaleza son algunas de las constantes literarias de estos textos épicolíricos. Desgraciadamente, las historias tradicionales sobre la Literatura Vasca, como la de L. Villasante y la de L. Mitxelena, apenas reflejan el valor estético, lirismo y calidad de esta literatura poética tradicional.

En segundo término están los textos, propiamente, líricos, algunos del contexto histórico vasco, como el de la palaciana de Atharratze (1584) (Ozaze jaurgañian), Urritiako Anderia y Goizian goizik (la guardadora del muerto). El primer texto destaca por el recurso a la repetición y los paralelismos concatenados, así como los contrastes. En general, se trata de un hilo conductor sencillo, remozado de lirismo y de cierta elementalidad temática. En el caso de Elorri xuriaren azpian y en Neskatxa ontziratua el lirismo aún es mayor, entroncado con el argumento que se diluye en otras literaturas cercanas. Es preciso destacar, precisamente, que en los textos con argumento no histórico en el País, las coincidencias temáticas con textos y argumentos detectables en la Provenza, Gascuña, Cataluña, Castilla, Bretaña, etc., son grandes.

En el original Euskal Lirika Tradizionala (4 tomos) el crítico y poeta Luis María Mujika examina, de cerca, unos dieciocho romances vascos, con cotejamientos con textos gascones, franceses, provenzales, catalanes, castellanos, etc., en los que el hilo temático resulta, en rasgos generales, muy próximo, sobre todo, en casos como Neskatxa ontziratua, Goizian goizik, Zeta-haria y Ura isuririk. Todo esto indica, que tal como el léxico del idioma vasco, la literatura medieval euskérica no estuvo tan aislada en la Edad Media, como podría pensarse a priori.

Además, la lírica amatoria tiene en la poesía vasca desarrollo delicado (aunque, con menos trama) en casos como Amoros konsolatua, Lehen floria, Txorinoak kaloian, Ürzo lüma grix gaxua, etc., donde el recurso a temas como izarra (estrella), lilia (flor), txoria (pájaro), sarea (red), refleja una manera de concebir simbólicamente el amor.

Curiosamente, todo el mundo natural inmediato al euskaldun, como la flora, está presente en la producción lírica tradicional; entre otros, otea (argoma), iratzealgaroa (helecho), mertsika (melocotón), sagarra (manzana), gerezia (cereza); y en la flora mayor, lizarra (fresno), haritza (roble), saratsa (sauce), urkia (abedul), bagoa (haya), etc. Tales recursos tienen, además, un tratamiento ilógico, especialmente, en las introducciones simbolistas de los kopla zaharrak, aludidas ya.
Poesía de autores. En la poesía de producción personal de los autores es de destacar, en primer lugar, B. Etxepare, con su libro Linguae Primitiae Vasconum (1545), que supone, además, el primer libro escrito en lengua euskara, conocido hasta el presente. Etxepare, a pesar de ser autor del renacimiento, por su ingenuidad y tratamiento estético-religioso (temas marianos, el amor como «conquista» de la dama, etc.), se liga mejor con la producción lírica medieval.

Otros autores como Gazteluzar (con algún reflejo de temas renacentistas), Argiñarats y Harizmendi ofrecen una poesía sencilla y fresca, ligada al impulso religioso, del que no se libra nuestra literatura hasta bien entrado el s. XX.

Oihenart constituye un autor particular, con clara ligazón a intentos cultistas y renacentistas en el campo vasco, produciendo una poesía excesivamente elaborada, y bastante alejada de la producción poética general, más ligada al lenguaje popular.

Es preciso afirmar que, como la prosa, la poesía sigue, igualmente, ligada al hecho religioso, dado que fuera de los clérigos (siendo Oihenart y Joanes Etxeberri de Sara excepciones notables) la poesía escrita por los autores, se vincula al tema no-profano.
Poesía romántica. En el s. XIX el resurgir del romanticismo, con tan claros efectos en el campo de las reivindicaciones nacionalistas, supone también en el hecho poético vasco una recuperación del idioma literario y de la tradición, especialmente, con un auge del bersolarismo y de la poesía popular, pero, en general, menos ligado a una vena lírica intimista y simbolista, dada en siglos anteriores.

La poesía que se da en los certámenes de los juegos florales es de menos altura, más prosaica, más vinculada a tesis de reivindicación política (fueros) o cultura (recuperación del idioma), como producto de una vena lírica. Con todo, el romanticismo, a veces decadente, toca algunos autores del momento.

Entre otros destacan poetas como Arzak, Manterola, Hiribarren, Felipe Arrese y Etxahun. En Hiribarren y F. Arrese domina cierta vena oratoria, poco intimista, mientras que en Etxahun, a medio camino entre el bersolarismo y la poesía, destaca una producción cargada de sentimiento, donde la frustración existencial se convierte en auténtica poesía.

La poesía del s. XIX bascula, a menudo, entre una poesía sincera, un tanto blandengue con toques romanticistas, y la producción espontánea de tradición bersolarizante. Tal poesía no se libra, a menudo, del bersolarismo, con todos sus defectos, como falta de calidad, no rigor en aspectos formales de la poesía (rima pobre, por ejemplo) y cierta reiteración de temas (como el de la «muerte del euskara»), que la hacen poco original.
Renovación de la poesía vasca. El paso del s. XX supone en poesía un cambio cualitativo, especialmente, con la generación de olerkaris de los años 30.

A principios del s. XX hay que destacar poetas como Emeterio Arrese, de vena romántica sencilla, Jautarkol y Claudio Sagarzazu. La literatura vasca, en general, responde al reto de Unamuno, que había invalidado la posibilidad de renovación del idioma vasco desde sus raíces, invitando a los vascos a abandonar su idioma tradicional, en aras de una modernización cultural.

El s. XX conocerá, junto con una indudable renovación de la poesía y de la narrativa, especialmente desde la década de los años 60/70, una definitiva asunción del idioma unificado literario, así como su tecnificación, para las múltiples necesidades de una sociedad moderna, y la entrada del idioma en la enseñanza primera, secundaria y en la Universidad. La postura radical araniana resultó ser positiva para hacer salir a Euskal Herria de su letargo nacional, pues, de lo contrario, apenas hubiese subsistido unas décadas más como pueblo, languideciente ante el hecho de la inmigración industrial masiva y foránea.

La poesía, al igual que la narrativa y la prosa, en general, se verá influida, especialmente en los poetas de la generación del año 30 (menos Orixe), por el purismo lexical, afín a las ideas etnocentristas de Arana Goiri, restando a la vena lírica una comprensibilidad inmediata, que repercutía en el hecho poético como tal. En la generación de poetas u olerkaris destacan Loramendi, Lauaxeta, Lizardi y Orixe. Estos poetas cultivan "el arte por el arte", y tratan de desmarcarse, claramente, de la producción bertsolari y bertsolarizante de otros escritores.

Lauaxeta presenta ciertos tintes leves de modernización de la poesía vasca, en la línea del romancero lorquiano.

Iñoiz ikusi bako maitale kutuna
neure opa samurrok laztanduten dabe.
Begi gelgarriz dargist biotzeko illuna,
eta bere larrosak usainduten nabe.
Zerutar egak ditu maitasun zaleak;
lurrera baxen sarri so-dagi ortzira.
Bere leuntasun zear mosu sutsuenak
espan ganean, otoi biurtuten dira.
Mis más tiernos deseos acarician
a la amante adorada que aún no han visto mis ojos.
Su mirada gentil aleja la oscuridad del corazón
y sus rosas me envuelven en su aroma.
Su amor posee alas celestiales;
contemplo muchas más veces el cielo que la tierra.
Sus más encendidos besos sobre mis labios
se convierten en suaves oraciones.
(Lauaxeta: Eusko Olerkiak, 1930).

Lizardi, desde una estética tradicional, construye una poética elidida, sobria y bien construida, de difícil comprensión, a veces, en cuyo centro está el paisaje vasco, lleno de cromatismo y valencias anímicas.

Leioak itxitako yauregia
basoak iduri. Lo nagusia.
Baña, badu norbait -zoragarria-
bidazti-zai eder: bai, alegia!
Begira non dedan, atarpean zai,
gorputza sotilla, betartea arrai.

Itzal! Baso'ren ume yaukal.
Xaloagorik ezin âl:
beltxeran, begi bai azal:
Itzal!...
Itzal...
El bosque semeja un palacio de ventanas cerradas.
El amo duerme.
Alberga, sin embargo, a un ser encantador y bello
que acoge al caminante.
Vedla ahí, en el umbral, silueta sutil, rostro amigo :


Sombra, hija del bosque hermoso.
La hospitalidad sin par:
umbría y atezada,
sombra,
sombra...
(Urte giroak, 1931).

Orixe, por su parte, sigue modelos más ligados a la tradición castellana del renacimiento y mística castellanas, pero desde un euskara más popular.

Utsak ez baitu gairik, antz-bakar
geldi-bearra du beti;
alare ez inork utsak adin bat
antz bere baitan iduki.
Igeskorrago ta antzgarriago.
Zer utsa bezain igesi?
Como la nada no tiene materia, es preciso
que siempre permanezca uniforme.
Con todo, nadie es capaz de recibir en sí
tantas formas como ella.
Cuanto una cosa es más fugaz,
tanto es más susceptible de formas.
Y ¿qué es cosa más fugaz que la nada?

La poesía de la postguerra comporta consigo un gran pesimismo sobre el hecho nacional vasco, entre otros elementos.Destacan dos grandes poetas, con claros tintes existencialistas, como Salbatore Mitxelena y Juan Ignacio Goikoetxea, Gaztelu; S. Mitxelena es relevante por su hondo lirismo, su capacidad de síntesis conceptual y su pesimismo existencial. Gaztelu, por su parte, evoluciona desde posturas del lizardianismo hacia un velado interiorismo con ropaje existencial, terminando en sus obras últimas con una salida hacia la poesía "social" (Biziaren erroetan, Gauean oihu). N. Etxaniz e Iratzeder, junto a Monzón, siguen perpetuando el amor por la poesía medida y bien estructurada.
Poesía con acento moderno. Hacia 1950 irrumpe en la poesía vasca Jon Mirande, el primer poeta moderno, propiamente dicho, con una clara protesta sobre convencionalismos anteriores, como el monopolio religioso en la mentalidad vasca, y la anterior primacía del mundo rural. En la iconoclastia nueva ha de citarse a F. Krutwig, aunque desde una poesía más conceptual, y menos espontánea. En Gandiaga, la obra "Elorri" (1962) presenta todavía vínculos con el lizardianismo, si bien desde una poesía bien elaborada. Más tarde, Gandiaga deja tal camino en Hiru gizon bakarka, para salir a una poesía más urbana y menos convencional. Mikel Lasa aparece ligado a un simbolismo de gran vena lírica. Juan Mari Lekuona, por su parte, al principio ofrece una producción de tema tradicional, en parte, lizardiana, pero que evoluciona hacia el cultivo del simbolismo en Ilargiaren eskola. Su última obra (Mimodramak eta ikonoak) presenta una mayor elaboración conceptual, una poesía más subjetiva. Gabriel Aresti, por su parte, desde una poesía de influjos mirandianos (Maldan Behera), cultiva con pujanza una poesía de protesta, esto es, una poesía "social", con claro influjo de poetas vasco-castellanos, como Blas de Otero y Gabriel Celaya, rompiendo con esquemas tradicionales en Harri eta Herri (1964). Esa poesía tiene gran influencia en otros poetas del momento, como Mikel Arregi, y en parte, en la poesía coetánea de Joxe Azurmendi (Hitz berdeak). El arestianismo, sin embargo, suponía una inflexión en el cultivo estético del lenguaje poético, en libros como Euskal Harria (1967) y Harrizko Herri hau (1970).

Nik
poetatzatik
dimisioa
presentatu nuen
kantsazioaren aitzaldarekin
Baina nola gitzakia hura gezurrezkoa zen,
berriz ere hartu nuen eskuan mailua,
eta Kantabriako itsasoa jo dut kolpeka.
Jurgi Oteizak ere
kromletxaren aitzakiarekin
dimisioa presentatu zuen
eskultoretzatik,
baina hala ere
inork eztio Euskalerriari
penamenik eman.
Euskaltzaleak ezkara lutoz
beztitu.
Yo
presenté
mi dimisión
de la poesía
con el pretexto del cansancio,
pero como aquel pretexto era falso,
tomé en mis manos de nuevo mi martillo
para golpear el mar de Cantabria.
También Jorge de Oteiza
con el pretexto del cromlech
ha presentado la dimisión
de la escultura,
pero sin embargo
a Vasconia
nadie le ha acompañado en el sentimiento.
Los vascófilos no nos hemos vestido
de luto.
(Aresti: Harri eta Herri, 1964).

La voz poética de Luis María Mujika aparece, en parte, en contra de la trayectoria de la poesía "social" desde un cultivo claro de aspectos virtuales de la metáfora moderna, especialmente, de las imágenes "irracionales", vinculadas al surrealismo lorquiano y nerudiano. Desde la postura más confesional y theilardiana de Urdin eta Burni (1965) evoluciona a una poesía más formal y desvinculada en Hitzak ebakitzean (1974), y desde Zortziko Hautsiak (1978), Harria eta Herria y Erromantzeen airera (1979) asume un lenguaje poético más atrevido en el tratamiento de la imagen surrealista. Con Aire neurtuak (1983) trata de conectar con la lírica tradicional, pero desde un cultivo de la metáfora moderna, aportando al campo vasco nuevos ritmos en cuanto a estrofas y medidas nuevas. Mujika se vincula a la poesía vasca con el surrealismo de Neruda y de Miguel Hernández, pero desde la situación anímica del hecho vasco (canto a Gardoki, Xabi Etxeberria, por ejemplo).

Dentro de neoexistencialismo conviene citar a Joseba Zulaica en Adanen poema amaigabea (1975), Mikel Azurmendi Euskal Hilobia, y la poesía más delicada de Arantxa Urretabizkaia con San Pedro Bezperaren ondokoak. Hartzabal, por su parte, presenta intentos de cierto experimentalismo especial y fónico, atendiendo a recursos expresivos del idioma.

Con Bernardo Atxaga se plantea una poesía de nueva ruptura mediante una reivindicación de la estética del hecho urbano, y del contingente existencial. Etiopia (1978) es un camino poético nuevo sin la disciplina estética de poetas anteriores.

Harea lurrik anonimoena
Hareaz eginak desparadisoaren zutabeak
Eta Luma planetaren aidea ere
Hareazkoa
Harezkoak sateliteak
Urano
Venus ere
Harearena
Harea egotziz bihotzek
Harea erakarriz. Harea
Baina ez harea bakarrik
Harearekin batera malko esentziala
Eta odol bete ontzi bat
Eta harearen artean zuek ere gutun
Horituak erloju
Hautsiak
Hiztegi liliputiarra
Espartako eskuta herdoildua
Ba zatozte zuek ere
Baina arratsero galduz doa guztia
Zu edo argia bezala
Gauero ez da harea baino geratzen
Ilargi krudelaren azpian. Harea
Harea lurrik anonimoena
Hareaz eginak desparadisoaren zutabeak
Arena la tierra más anónima
Hechas de arena las columnas del desparaíso
Y el aire del planeta Tierra
De arena
De arena los satélites
Urano
También Venus
De la arena
Expulsando arena los corazones
Atrayendo arena. Arena
Pero no sólo arena
Junto con la arena la lágrima esencial
Y una vasija llena de sangre
Entre la arena también vosotros rotos
Relojes cartas
Amarillentas diccionario
Liliputiense Oxidado
Escudo de Esparta
También venís vosotros
Pero todo se va perdiendo cada noche
Como tú o la luz
Cada noche no queda más que arena
Bajo la luna cruel.
Arena Arena la tierra más anónima
Hechas de arena las columnas del desparaíso
(Atxaga: Etiopia, l984).

La paradoja, el equívoco, el cultivo de lo marginal aparecen como claves en la poesía de B. Atxaga.

Por su parte, Koldo Izagirre muestra en sus primeros intentos Itsaso ahantzia (1976) un camino de vuelta al simbolismo, y en Gaurdasola ahantzia (1978) un cultivo de la ironía y de una estética desmitificadora. Otros poetas a destacar son Joseba Sarrionandia con su Izuen Gordelekuetan barrena (1981), con nuevos aportes, como el tema de la muerte, la decadencia, con influjos de poetas y ambientes exóticos (Harlem, Alejandría, Rigel), estampas de Lisboa y Grecia, etc. Entre las voces femeninas de la moderna poesía vasca hay que citar a las guipuzcoanas Amaia Lasa (1948) con Poema bilduma, Hitz hahastuak, Nere Paradisuetan y Tere Irastorza autora de Hostoak, Gaua eta Gau-Aldaketak y Osinberdeko Khantoriak. Más ligada la primera al simbolismo espontáneo de su hermano Mikel y la segunda efectuando intentos de experimentalismo semisurrealista, donde el ideal adquiere un lenguaje propio moderno.

Begira gauaren sarrailetik eta
katu beltza ikusiko dun itsaso miazten
katua itsaso miazten eta
kosmoaren esku enguantatuak
argi hiltzen
argi hiltzen eta
ilargia moreturik ikatz botaka
eta herioa
semaforoa pasatzen.
Mira por la cerradura de la noche y
verás un gato negro lamiendo el mar
un gato negro que lame el mar y
la mano enguantada del cosmos
que mata la luz
matando la luz y
la luna violácea vomitando carbón
y cruzando el semáforo
la muerte.
(T. Irastorza: Derrotaren fabulak, 1985).

Por otra parte, es preciso destacar la vena poética de Patxi Ezkiaga, autor de más de nueve originales, con una vuelta a un simbolismo fino y bien construido, pero sin rupturas ideológicas; Joxe Austin Arrieta, por su parte, presenta una poética lexicalmente muy elaborada (Bertso paper printzatuak, Arrotzarena, Neurtitz neurgabeak), donde vuelve cierto planteamiento de la poesía social, cuidando los moldes de una poesía medida. Otras voces como Itxaro Borda (Bizitza nola badoan, Just love, etc.), K. Santisteban, Paulo Iztueta (temas existenciales, básicamente, como la muerte, la fe, el hecho vasco), Omar Navarro, Miren Amaia Iturbide, J. Casenave, I. Aranbarri, y, sobre todo, Felipe Juaristi, con un tratamiento cuidado de una poesía simbolista nueva, presentan una estética desmitificada, de aportaciones innegables.
  • Orixe: Euskal literatuaren atze edo edestia (Euskal Esnalea 1927)
  • Leizaola, J. M.: Literatura vasca, en Enciclopedia Espasa, t. «España»
  • P. Lafitte: Le Basque et la littérature d'expression basque en Labourd, Basse-Navarre et Soule (1941)
  • A. Irigarai; Prosistas navarros, 1958
  • L. Michelena: Historia de la literatura vasca (1960)
  • P. L. Villasante: Historia de la literatura vasca (1961)
  • J. San Martín: Escritores Euskéricos, 1968
  • B. Estornés Lasa: Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, Literatura (1969-1974, 5 vols.)
  • I. Sarasola: Euskal literaturaren historia (1971, trad. 1976);
  • --: Euskal literatura numerotan (1975)
  • S. Onaindia: Euskal literatura (1972-1977, 6 vols. inconcluso);
  • -- : Euskal elertia (1977)
  • J. M. Torrealday: Euskal idazleak gaur/Historia social de la lengua y literatura vascas, (1978)
  • P. Urkizu: Lengua y literatura vasca (1978)
  • L. M. Mujika: Historia de la literatura euskérica (1979);
  • --: Euskal Cirika tradizionala (Ed. Haranburu, 4 tomos);
  • --. Miranderen poesigintza (2 tomos)
  • Jon Kortazar: Teoría y práctica de Lauaxeta, Bilbao;
  • --: Laberintoaren oroimena, Ed. Baroja (1989).
Luis María MUGICA URDANGARIN
POESÍA EN LENGUAS ROMANCES.
Introducción. La especial situación geográfica de Euskal Herria como su peculiar desarrollo histórico condicionan la expresión lingüística de sus moradores y, como derivación lógica, la naturaleza y forma de sus manifestaciones literarias. Euskal Herria, un pequeño país entre dos colosos culturales y políticos se encuentra desde temprana edad tan marcado por las influencias de España y Francia que es imposible estudiar sus manifestaciones culturales sin tener en cuenta la presencia, más o menos velada según zonas y más o menos penetrante según períodos, de las formas de pensamiento y vida de sus vecinos geográficos. Incluso, es lugar de choque y límite divisorio entre las pretensiones políticas y culturales de las dos grandes potencias meridionales europeas. Cataluña en la zona este y Euskal Herria en la parte oeste de los Pirineos conforman situaciones parejas de confrontación político-militar durante muchos siglos y de enfrentamiento lingüístico desde siempre.

La historia y la cultura del País Vasco se hallan marcadas y delineadas por las historias y las culturas de España y de Francia. El hecho de la dependencia cultural hacía sus convecinos geográficos favorece una situación de claro plurilingüismo, en donde la lengua autóctona convive con las dos lenguas implantadas en un estado de bilingüismo doble: euskera-francés en la zona norte y euskera-castellano en la Zona sur. Este estado de doble bilingüismo determina la coexistencia de tres lenguas y tres culturas diferentes en el reducido espacio geográfico de Euskal Herria. Sin entrar en la controversia ya tradicional de cuál o quiénes representan la auténtica cultura de este país y si con razón o sin razón se puede llamar cultura propia la de aquellos vascos que asumen formas de pensamiento y de expresión en las otras dos lenguas, sino remitiéndonos exclusivamente a la realidad social y humana de este país, se llega a la conclusión de una coexistencia más o menos aceptada de tres literaturas como expresión de las tres lenguas-culturas existentes. Hoy en día es imposible o por lo menos desafortunado renunciar a cualquiera de estas manifestaciones culturales, ya que las tres culturas en cuanto coexistentes y operativas en esta tierra forman parte connatural del acervo cultural de la misma. Según circunstancias históricas o motivaciones personales, los vascos se han expresado en una de las tres lenguas señaladas y sólo en la actualidad se empieza a generalizar un auténtico bilingüismo de creación.

Teniendo en cuenta la presencia de esta triple cultura, la presente exposición por simples razones de metodología y de distribución de trabajo se reduce al área exclusiva de la poesía vasca escrita en castellano y en francés o bien a la poesía francesa o castellana escrita por poetas vascos. Euskal Herria antes y después de entrar en las esferas de poder de las dos grandes potencias vecinas, fue hasta el momento de los inicios de la industrialización, segunda mitad del s. XIX, un país pobre en recursos primarios y geográficamente alejado de los centros de decisión. Pudo llevar, de esta manera, una existencia diaria más o menos al margen de la dinámica política de las metrópolis respectivas, favorecida por el carácter periférico de su situación geográfica. Únicamente el valor altamente estratégico en las guerras de hegemonía europea junto a las luchas internas de intereses religiosos o políticos rompieron con el estado de indiferencia tradicional que mantenían los dirigentes bien franceses o bien españoles hacia este pequeño país. En esta situación de autonomía diaria, con una presencia cada vez más fuerte de las culturas vecinas en los lugares de contacto, pero claramente diferenciadas en el interior debido a la separación que creaba la propia orografía del lugar y al poco interés que despertaba la pobreza de su suelo, tuvieron que desarrollarse las tres culturas propias, relacionadas entre sí por el sentido popular y el carácter agrícola-naturalista de sus manifestaciones literarias.

En este contexto, tuvo que darse una rica literatura oral, tanto en la parte euskaldun como en la erdeldun, romancero o bertsolarismo respectivamente, relacionada íntimamente con la música y la canción. A pesar de lo que afirman ciertos autores, las manifestaciones literario-poéticas de escritores vascos en lengua castellana o francesa hasta mediados del s. XIX es realmente escasa. En primer lugar, no existen propiamente testimonios escritos publicados en el país. Aquellos escritos-poemarios redactados por vascos bien en castellano o en francés se publican por lo general en centros importantes pertenecientes al área geográfica de la lengua en que se escribe. En segundo lugar, estas obras literario-poéticas no reflejan la cultura o idiosincrasia del país de origen del escritor sino las constantes ideológicas donde estos escritores se mueven y desarrollan propiamente su actividad. Se puede afirmar con plena rotundidad que son obras poéticas escritas por literatos vascos en castellano o en francés que reflejan estados de conciencia y de pensamiento propios de la cultura española o francesa. En tercer lugar, estas obras no responden a una periodización literaria sino que aparecen de forma esporádica y con carácter intermitente, enriqueciendo de esta manera y en unión con otros escritores de la zona española o francesa el rico acervo poético de sus literaturas respectivas. En cuarto lugar, es necesario mencionar el número más bien reducido de poetas vascos en las dos lenguas mencionadas en este primer momento histórico. Frente al carácter esporádico y puntual de estos poetas vascos hasta mediados del s. XIX, a partir de este momento se verifica como una especie de eclosión de escritores que irrumpen en todas las manifestaciones literarias, copando de forma periódica y sistemática los lugares cimeros de la cultura y de las literaturas de ambos países, rebasando incluso las áreas de influencia de las culturas nacionales y entrando por derecho propio en el reducido capítulo de los intelectuales universales. Es verdad que la presencia e irrupción de esta fuerte ola cultural se materializó en la zona sur con los escritores vasco-castellanos sin que en la zona norte se verificase un nacimiento intelectual semejante.

Las razones de este cambio de importancia tanto cualitativa como cuantitativa descansan sobre factores de diversa índole que en un momento dado se unifican y aglutinan para propiciar este cambio drástico de sentido cultural. Esbozando simplemente las más importantes entre todas, podemos mencionar tres por su propio orden de importancia: industrialización, periodismo y romanticismo-nacionalismo.

a) Industrialización. Con la industrialización del País Vasco en su zona sur se genera una dinámica económica y laboral desconocida hasta estos momentos. La consecuencia directa de esta transformación social es la aparición de unos grupos sociales nuevos: el capitalismo, las clases liberales y técnicas, los obreros, etc. Junto a éstos, nace toda una serie de industriales subsidiarios y comerciantes que favorecen en la unión de todos ellos una sociedad mercantilista, burguesa y moderna. En este ambiente burgués y mercantilista y como consecuencia del nuevo dinamismo social (mejoras de vida-educación-etc.), se fragua un nuevo y rico ambiente cultural, de donde emergen unos nuevos intelectuales, unos nuevos lectores y una nueva literatura. Las nuevas clases sociales exigen formas de pasatiempo apropiadas a sus condiciones y a sus gustos. Quizá la más importante de todas ellas sea la literatura. Esta demanda de obras literarias origina la aparición de escritores y poetas que den respuesta con su trabajo a las necesidades de esta nueva sociedad.

b) Periodismo. Uno de los primeros síntomas de esta nueva sociedad es su preocupación por el conocimiento y por una puesta al día en materias particulares de su profesión y en asuntos generales de su condición. Al mismo tiempo, cada clase social, en la medida de sus posibilidades, busca órganos de expresión para poder generalizar sus ideas y asentar sus intereses. El medio de expresión y canalización de ideas va a ser el periodismo. El periódico se generaliza en esta época como algo consustancial a esta sociedad. Nacen los profesionales del periodismo; buena parte de los intelectuales de la época viven totalmente o en parte gracias a sus colaboraciones más o menos periódicas en estos sistemas de expresión y comunicación. A partir de estas circunstancias, el escritor puede dedicarse a la literatura, en nuestro caso a la poesía, ya que tiene creados los medios de comunicación y las formas de vida. El periodismo determina en gran manera la aparición del profesional de la comunicación escrita: periodista, ensayista, literato o poeta, etc. Estos datos explican el paso casi repentino entre una sociedad de escasos y puntuales literatos a otra que se caracteriza por la presencia siempre abundante de escritores y hombres de letras. Por otra parte, se verifica también la clara mutación entre un pueblo que presenta la oralidad como casi única manifestación literaria a otra que asume con todo vigor la escrita sin renunciar a la oral. El País Vasco, en su parte norte, que no conoce una transformación industrial semejante a la del sur, mantiene en cierto sentido las condiciones de vida y las formas de expresión típicas de épocas pasadas. La presencia o ausencia de revolución industrial explica la renovación o permanencia de las claves y manifestaciones literarias y poéticas.

c) Romanticismo-nacionalismo. La tercera razón de la transformación literaria que experimenta la sociedad vasca a mediados del s. XIX descansa en las secuelas históricas y culturales que conlleva el romanticismo. Desde las guerras napoleónicas y como reacción a la uniformidad política, nace la conciencia del entorno geográfico donde se hace y se forma el sujeto. Dependiendo de circunstancias históricas y de talante racial aparece en unos casos un claro regionalismo y en otros un indiscutible nacionalismo. Se empiezan a valorar los rasgos distintivos de cada pueblo o etnia como aspectos diferenciados entre los demás grupos humanos o zonas geográficas. Igualmente se da importancia a todas aquellas manifestaciones de vida y pensamiento que confieren personalidad propia a cada grupo racial o étnico. El individualismo personal abarca al individualismo racial y al nacional, proclamándose toda una serie de esferas superpuestas, donde el sujeto proclama en cada una de ellas la verdad de su yo y de sus circunstancias. La proyección universalista del neoclasicismo evoluciona a planteamientos personalistas en el romanticismo. En medio de este ambiente de tesitura romántica, aparece una literatura que recoge consciente y responsablemente todas las circunstancias de vida y conducta del pueblo, no sólo con afán de testimonio sino especialmente con clara voluntad panegirista. En este contexto socio-cultural, el costumbrismo literario y la poesía costumbrista adquieren una sólida presencia, donde el pueblo aparece como portador de la identidad nacional y portaestandarte de la tradición. Paisaje, pueblo y lengua serán las claves diferenciales de la nueva emocionalidad cultural. Estos planteamientos explican, aunque sea de manera superficial, el nuevo estado de beligerancia en que entran las tres culturas coexistentes.
El sentir nacionalista. Por otra parte y desde una perspectiva de la cultura vasco-española, según el alcance valorativo y la proyección semántica de dos de los tres conceptos planteados, paisaje-pueblo, se generan dos formas de concebir y sentir la idea de patria o nacionalidad.

Para unos, la patria se asentará en los límites geográficos comprendidos por las provincias tradicionalmente consideradas como vascas; para otros, la idea de patria se identificará con la totalidad de los países y regiones de la nación española, donde el País Vasco será y representará una de las partes naturales del estado español en situación de igualdad con el resto de las regiones o países.

Esta misma filosofía política con pequeñas diferencias de enfoque o matiz pero con una variable muy marcada a favor de las tesis centralistas es aplicable a Francia. Los primeros representarán las tesis fueristas o nacionalistas; los segundos defenderán las razones del españolismo o afrancesamiento.

Desde la perspectiva de este planteamiento, es necesario remarcar una doble dirección dentro del panorama cultural y literario de los escritores vascos en lengua castellana o francesa: el nacionalismo vasco y el nacionalismo español o francés. Esta división no significa que a priori los escritores vascos en lengua y sentimiento castellanos o franceses reniegen de su condición de vascos. Muy al contrario, en sus manifestaciones literarias recogen en mayor o menor grado las formas de ser y de actuar del pueblo, de tal manera que gracias a sus creaciones y a su propia personalidad han conseguido universalizar la realidad del país y la riqueza espiritual de este pueblo. La distinción planteada descansa en la tesitura emocional y en el concepto de paisaje y pueblo que estos escritores asumen y que posteriormente reflejan en sus obras.
Periodificación de la poesía vasca en las lenguas española y francesa. Después de esta breve introducción cabe plantear un grado de periodización dentro del panorama poético que se está tratando y lejos de las divisiones cronológicas e historicistas a las que estamos acostumbrados. De esta manera, se puede sostener un largo período de creación literario-poética que abarca desde los orígenes de la literatura castellana o francesa escrita por vascos hasta mediados del s. XIX. Un segundo período comprendería la actividad literaria de estos escritores desde mediados del s. XIX hasta la guerra civil española o la segunda guerra mundial en el caso francés. Y un tercer período que se desarrolla desde las épocas de guerra hasta nuestros días. A su vez, dentro de los dos últimos períodos cabría hacer una subdivisión, dependiendo de la ideología de los propios escritores, entre una literatura nacionalista (costumbrista o fuerista según momentos históricos) de sentimiento vasco y una literatura nacionalista de proyección españolista o francesa.
La poesía vasca hasta mediados del siglo XIX. Como se mencionaba con anterioridad, la lírica castellana o francesa escrita por poetas vascos hasta mediados del s. XIX se caracteriza por una disfunción clara entre la ideología que muestran estos escritos y la cultura que por origen debían tener sus creadores. Son manifestaciones literarias que representan la cultura propia del lugar donde se escribieron o bien el tipo de educación que recibieron sus respectivos creadores al margen del lugar de nacimiento. Desde este punto de vista, es lógico pensar que ambas literaturas respondieran preferentemente a modelos religiosos o bien cortesano-aristocráticos, en ocasiones ambos postulados van unidos, que imperaban durante este tiempo tanto en el área geográfica de España como en la de Francia.

Un segundo aspecto que caracteriza esta época literaria es la escasez y, salvo muy contadas excepciones, la falta de calidad literaria de estos escritores vascos en lengua castellana o francesa. A pesar de la ausencia de nombres, es de suponer que existiera una tradición mayor, pero el tiempo y la falta de relevancia de sus escritos motivaron el oscurecimiento y posterior olvido de sus personas y de sus obras.

Haciendo un recuento de escritos y autores, es obligado iniciar esta nómina con la poesía épica de los cantares de gesta, prescindiendo del carácter anónimo o colectivo de sus creaciones. Navarra tuvo que tener una rica tradición épica, motivada por el espíritu caballeresco dominante en este reino y por los hechos históricos que protagonizaron en sus luchas con franceses y árabes. La geografía de Navarra, por otro lado, va a ser uno de los escenarios predilectos de los cantares de gesta tanto castellanos como franceses. Estos datos hacen pensar en la existencia más o menos rica de una tradición épica. Como prueba de esta afirmación se conserva a pesar del mucho tiempo transcurrido, un breve fragmento del Cantar de Roncesvalles que manifiesta la presencia de la poesía épica dentro de la literatura vasca en castellano.

Los primeros ejemplos de literatura escrita por vascos con autoría precisa se verifican en lengua provenzal, latina o árabe.

Poesía medieval en otras lenguas. La guerra civil de Pamplona de Guillaume de Anelier en el s. XIII, escrita en provenzal y comentada y publicada por Michel y también por Ilarregui. En latín el poema histórico (1199-1215) atribuido a Rodrigo Ximenez de Rada, alabando las atenciones del hospital de Peregrinos de Nuestra Señora de Roncesvalles. El poema de Guillermo de Tudela Cansó de la Cruzada contra los albingenses (s. XIII), escrito entre 1212- 1213, publicado por Claude Fauriel. El canto latino, de género arcaico y sin rima, del s. X, en honor de la princesa Leodegundia. En árabe el poema del tudelano (navarro) Abraham ibn Ezra que, antes de 1140, intercambió poesías con los poetas de su época, y el también tudelano Yehudá ha Levi nacido hacia 1075. v. TEOBALDO I.

En castellano hay que esperar al s. XIV para encontrar una verdadera obra de autor conocido. En medio de este páramo literario generalizado hay que mencionar la figura del gran poeta alavés López de Ayala (1332-1407), primer nombre de poeta vasco conocido en la literatura castellana. El Canciller López de Ayala representa el espíritu aristocrático y el tono moralista de la época. Su gran obra Rimado de palacio es un poema escrito en cuaderna vía sobre asuntos varios de la realidad social y religiosa de la época con una finalidad claramente didáctica: criticar los vicios reinantes en su sociedad y especialmente en el medio cortesano. El Rimado de palacio es la última gran obra del mester de clerecía, pero en ella se atisban los primeros síntomas claros del renacimiento posterior: el intimismo interior, especialmente en sus poesías marianas; la irrupción del clasicismo en su obra; la temática de carácter humanista; etc. Desde este punto de vista, la obra del canciller López de Ayala representa los epígonos del pensamiento medieval y la apertura hacia la mentalidad humanista-renacentista.

Junto al Canciller López de Ayala se debe colocar a su sobrino Fernán Pérez, poeta insigne en obra pero mediocre en calidad. Entre sus obras poéticas más destacadas se encuentra Las setecientas o Los loores de los claros varones. Algunas de sus composiciones poéticas se encuentran en El cancionero de Baena.

En pleno período renacentista, especialmente durante la primera mitad del s. XVI, la corte de la Baja Navarra, aglutinada en torno a la figura de su reina Margarita, desarrolla una activa vida literaria. Mujer excepcional para la época, de gran cultura e inteligencia viva, supo rodearse de una corte de escritores y artistas, fomentando las letras y la poesía. Denominada por sus contemporáneos la «divina musa», animó a sus cortesanos a fomentar la ciencia, las artes y la literatura. Entre estas actividades, una de las más importantes y siempre presentes en esta corte fue la poesía. No se puede olvidar que su reina fue una poeta insigne además de preclara prosista iniciadora de la prosa fantástica con su obra el Heptamerón. Navarra desde un punto de vista intelectual y literario se vio muy favorecida por el gran impulso cultural y literario-poético que supo crear y expandir su reina Margarita.

Durante el s. XVII carecemos de poetas significativos tanto a un lado como al otro de la muga. La tradición o el deseo de los panegiristas vascos atraen a sus feudos nombres de insignes escritores por su simple ascendencia vasca como el vallisoletano Alonso de Ercilla, autor del poema épico La Araucana o bien el poeta Juan de Jáuregui, nacido en Sevilla y perteneciente a la escuela del culteranismo gongorino. Este sería el caso de la gran poeta barroca, nacida en México, Juana de Asbaje, Sor Juana Inés de la Cruz.

El barroco es un siglo prolífico en el número y en la calidad de los prosistas vascos pero ciertamente desolador desde una perspectiva estrictamente poética. Hay que esperar hasta el s. XVIII, en pleno siglo de las luces, para encontrar otro insigne poeta vasco: Félix María de Samaniego. Miembro de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País escribe sus Fábulas morales (1781-1784) para los alumnos del Seminario de Vergara. Samaniego retoma la tradición fabulista clásica y contemporánea de Esopo, Fedro y La Fontaine, etc, para convertir la obra literaria en una lección de moral con una finalidad claramente didáctica y moralizante. Desde este punto de vista, muestra su parentesco ideológico con las ideas ilustradas de la época. Las Fábulas morales tuvieron un éxito extraordinario y siguen manteniendo una gran actualidad. Han sido consideradas como piezas maestras de la literatura didáctica neoclásica. En esta misma línea de didactismo y moralidad y dentro de la corriente de las fábulas se encuentran también el bilbaíno Agustín Ibáñez de Rentería, el navarro Rodríguez de Arellano y el alavés Pablo de Xérica. Si las Fábulas morales representan la vertiente neoclásica de Samaniego, su obra El jardín de Venus responde a otra de las corrientes literarias más en boga en la época: la poesía erótica. En ella Samaniego con gran gracejo y soltura estilística narra en sucesivos poemas aventuras y situaciones de tinte cómico con una carga de suave erotismo sin llegar nunca a pintar cuadros escabrosos o de dudoso gusto. De origen vasco fue otro gran fabulista de la época, Tomás de Iriarte.

Ya dentro del s. XIX topamos con la misma realidad que en los períodos anteriormente tratados: la escasez de escritores vascos y la poca categoría literaria de los mismos. Sin embargo, bueno es citar algunos nombres para poder llenar, aunque sea de manera general y muy puntual, este importante período. En este contexto cabe iniciar esta pequeña nómina con la figura de Eugenio de Ochoa (Lezo, 1815-Madrid, 1872), quien tiene una gran importancia en el desarrollo de las ideas románticas como fundador de la revista El Artista, como traductor y como divulgador de la literatura española con su Biblioteca de Autores Españoles Contemporáneos en Prosa y en Verso, su Tesoro de Romances Españoles, etc., pero de escasa categoría como poeta lírico y dramático. Algo parecido cabe decir de la poesía dramática de Vicente Arana o la poesía lírica de Rementería Fica. Desde la perspectiva francesa sucede algo parecido. Como afirma Elías Amézaga (Euzkadi: al cruce de tres culturas, 1989, 103): «Detrás de Sponde advino un silencio de siglos. Entre el XVIII y el XIX unos cuantos poetas incidentales, un sacerdote que rima por afición, un cronista, Juan Antonio Reynon (1765-1842), pobre paniaguado y poeta-cronista oficial frente a la invasión napoleónica. Un grupo de vates que se inspira en gascón, Pierre Lesca (1730-l842), Juan Bautista Deldreuil (1796- 1852), Juan Bautista Larrebat (1816-1852), Isidro Salles (1822-1900)...»

Como se ha podido ver, todo este largo período que va desde las canciones de gesta hasta mediados del s. XIX se caracteriza por el número reducido de escritores vascos en castellano o en francés. Como resultado lógico de esta escasez numérica, se observa la presencia puntual y esporádica de hombres ilustres de las letras. Desde la perspectiva del hecho poético, sólo constatamos dos nombres: el canciller López de Ayala y el fabulista Félix María Samaniego. Todos ellos por lo general, si se exceptúa parte del s. XIX, representan la cultura y el pensamiento de las lenguas en que escriben sin referencia con la realidad social o intelectual de su país de origen.
La poesía desde mediados del siglo XIX hasta el período de guerras. Como se afirmaba con anterioridad, a la hora de valorar la poesía de estos últimos ciento cincuenta años es necesario hacer un desglose, tomando como punto de referencia la posición ideológica asumida frente a los principios de paisaje y pueblo, entre escritores-poetas de corte costumbrista-fuerista- nacionalista y los de mentalidad centralista o universalista.

A) Poesía costumbrista-fuerista-nacionalista.
Este grupo, a diferencia de los poetas de épocas anteriores, toman la realidad social, histórica y cultural de Euskal Herria como tema y fundamento de sus escritos poéticos. En ocasiones no tienen reparo en falsear la realidad histórica y humana para dar una visión social idílica y armoniosa. Sus valores esenciales son la tierra-patria, el pueblo, la historia y la cultura autóctona. Refleja estados de vida y costumbres propias de una sociedad tradicional sin «contaminación» ideológica en contacto armónico con su medio natural: la tierra o el mar. Lo foráneo es siempre valorado como algo negativo, como agente contaminador de costumbres y elemento destructor de la vida natural. Sus temas claves se centran en la tradición y en la religión.

Aunque el campo de la poesía no fue un terreno abonado para este tipo de manifestaciones, podemos ofrecer ejemplos significativos de una poesía costumbrista-nacionalista.

El ejemplo más notorio lo conforma el vizcaíno Antonio Trueba (1819-1889). Influenciado por la lírica de Bécquer y por la canción popular se da a conocer como poeta con El libro de los cantares (1851), donde ensalza la vida simple y las creencias íntimas de su pueblo. Obra escrita con soltura y agilidad métrica. Más tarde escribe El libro de las montañas (1868) de tono moralizante y carácter laudatorio como todas sus obras poéticas.

Dentro de esta literatura fuerista-costumbrista entra igualmente el navarro de ideología carlista Francisco Navarro Villoslada (1818-1895), quien conocido por sus novelas históricas entre las que destaca Amaya o los vascos en el s. VIII (1879) y Doña Blanca de Navarra, crónica del s. XV (1847) desarrolló una actividad poética importante centrada preferentemente en su obra Luchana, quizás la menos fuerista de todas sus obras.

En esta breve nómina entra por derecho propio el navarro Hermilio Olóriz (1854-1919) autor del Romancero Navarro.

El guipuzcoano Juan Venancio de Araquistain (1828-1906) en su obra Tradiciones vasco-cántabras (1886) identifica espíritu nacional con tradición popular, proponiendo la razón de tradición como elemento fundamental de raza y pueblo.

El vitoriano Becerro de Bengoa (1845-1902) quien proclama las tesis fueristas en su Romancero alavés (1885).

En este mismo capítulo cabría introducir las figuras de Teodoro Legraver y Jules Surbie, quienes con sus obras Poesies en gascon (1865) y Rimes de Labourd et du Béarn (1902) enlazan con esta tradición costumbrista o pupulista.

La literatura del exilio continuó con la línea costumbrista-nacionalista. Sin embargo, en la parcela de la poesía no se dio ningún caso reseñable. La característica común de la poesía costumbrista es el sentido local de sus creaciones y la poca incidencia que tiene en otras esferas y lugares de la cultura. Es una especie de producto cerrado para cultivo de sentimientos que sintonizaban con estos planteamientos y que buscaban esta literatura para nutrir sus inquietudes y anhelos. El poeta más cualificado de este grupo, Antonio Trueba, es simplemente un escritor de segunda línea, olvidado en la actualidad y valorado como resto de la arqueología literaria. La poesía costumbrista careció de un escritor de talla suficiente que pudiera revalidarla y consagrarla culturalmente.

B) Poesía universalista-españolista.
La literatura-poesía de sentido universalista o españolista corrió una suerte muy distinta a la poesía fuerista. En la parcela de este grupo de poetas se alinean figuras de gran importancia literaria y de proyección internacional. Este grupo, a su vez, por razones de cronología histórica, puede subdividirse en dos generaciones distintas. Nos estamos refiriendo a las dos grandes generaciones de preguerra, la generación del 98 y la generación del 27.

a) Generación del 98. Entre los poetas vascos de la generación del 98 cabe mencionar por orden de importancia a Ramón de Basterra, Pío Baroja y Miguel de Unamuno.

Ramón de Basterra (1888-1928) fue uno de los más sólidos panegiristas del carácter español y defensor de lo católico-romano sobre lo protestante-anglosajón. Sus obras poéticas más importantes son Vírulo, Las ubres luminosas y Las mocedades. Poeta de corte tradicional presenta una obra de estilo barroco. Tanto por sus temas como por su estilo resulta pesada y carente de actualidad.

Pío Baroja (1873-1956) es celebrado como novelista pero desconocido como poeta. Su obra narrativa eclipsó su creación poética, aunque la lírica del poeta donostiarra encierra grandes valores literarios. La poesía barojiana es fruto de la vejez, escrita en un estado de profundo decaimiento emocional durante su estancia en París los años 39 y 40. Su obra poética se reduce a cinco obritas, todas ellas escritas en romance, Juventud, Recuerdos de vagabundo, Impresiones de París, Melancolías grotescas y Epílogos de la época. Las cinco obras son recopilación de diferentes cuadros o estampas, donde prevalecen los recuerdos del pasado y las visiones del presente. La voz poética, como vagabundo que recorre los interiores del alma y los recovecos del recuerdo, narra las múltiples evocaciones de una vida escindida entre un pasado que ha muerto y un presente que carece de futuro. Poesía intimista a pesar de la objetividad aparente del romance. Presenta la radiografía espiritual de un corazón solitario, acompañado sólo por sus recuerdos y emociones.

El gran poeta de esta generación es Miguel de Unamuno (1864-1936), escritor polémico por su estilo pero universalmente reconocido por su conjunto. Entre sus obras poéticas destacan Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920), Rimas de dentro (1923), De Fuerteventura a París (1925) y Romancero del destierro (1928). En todas sus obras, ya sean de carácter familiar o religioso o bien de sentido amoroso o político, prevalecen las obsesiones profundas del escritor. De esta manera, predominan los temas de la inmortalidad, el problema de España, la tragedia de la fe, los expresados del amor humano o divino, la sacralidad de lo cotidiano, etc. Poeta de profundo humanismo acude a la poesía para expresar la angustia de su corazón y las contradicciones de su pensamiento, revelando la desnudez de un alma escindida entre sentimiento e idea.

b) Generación del 27. Con los poetas de la generación del 27 la poesía entra en las corrientes literarias europeas. Los nuevos poetas se agrupan en tomo al principio de poesía pura, razón que engloba manifestaciones diferentes, incluso aparentemente contradictorias, pero que presentan el denominador común de la pureza y de la precisión expresivas. Las corrientes vanguardistas coexisten con el popularismo y el conceptismo con el neopopularismo. Todo es válido en esta nueva concepción poética, si se salvaguardan los principios de lenguaje metafórico e intensidad expresiva. En este grupo de poetas una vez más se ubica una serie de escritores de origen vasco que representa la primera línea del nuevo ambiente literario. Juan Larrea, Ernestina de Champourcin y Cristina de Arteaga serían los más señalados. Sin embargo, es necesario iniciar este recuento por otro poeta proveniente de la generación anterior: Ramón de Basterra. Con Los labios del monte (1925) y Vírulo. Mediodía (1927) entroniza su poesía con los modelos del vanguardismo y de la experimentación.

Sin embargo, el poeta más importante del grupo es Juan Larrea (1895-1980), quien con su única obra Versión celeste (1970), escrita antes de la guerra, se erige en uno de los modelos literarios más sólidos para las nuevas y actuales generaciones poéticas. Su poesía sigue las huellas de Apollinaire y Vicente Huidobro, siendo con Gerardo Diego los dos poetas que dignificaron el creacionismo y demostraron la valía de los supuestos poéticos vanguardistas.

La alavesa Ernestina de Champourcin (1905) con sus obras Ahora (1928), La voz en el viento (1913), Canción inútil (1936), etc., representa la línea conceptista de la poesía pura. Con claras influencias juanramonianas escribe una poesía hondamente personal, donde el tema único es el amor, pero un amor universal que abarca todos las cosas y seres de su entorno físico y de su mundo espiritual.

Por último, se encuentra la poeta, nacida en Zarautz, Cristina de Arteaga. Su obra fundamental Sembrad (1926) representa la línea popular de la poesía de esta época, aunque no falten poemas de corte clásico y de conceptismo temático. Poesía intimista de tema amoroso, que hace que se relacione con la de Ernestina de Champourcin.

Si retomamos las breves notas que hemos expuesto en este último párrafo, es fácil colegir que estos tres poetas vascos representan las posturas o líneas más relevantes de la denominada «poesía pura»: poesía experimentalista-vanguardista, poesía conceptista y poesía popular.

Tanto en la generación del 98 como en la generación del 27 encontramos escritores vascos de talla universal que han dignificado las letras españolas gracias a su obra creativa y han reivindicado el País Vasco tanto a través de su propio origen como por la presencia de temas o sustratos lingüísticos en sus composiciones respectivas. Con estos escritores adquiere un protagonismo indiscutible la literatura castellana escrita por vascos. No sucede lo mismo con la literatura francesa que continúa la misma pauta de pobreza estilística y de penuria numérica, característica permanente de la literatura francesa escrita por vascos. Incluso Juan Larrea, escritor bilingüe, no alcanzó en Francia el reconocimiento que tuvo, y especialmente tiene, entre los jóvenes poetas españoles.

Antes de cerrar la nómina de poetas anteriores a la guerra civil, es pertinente dedicar unas breves líneas al bilbaíno Jaime Delclaux, muerto tempranamente (1936), cuando su obra poética era una de las más prometedoras. Sus poemas, publicados póstumamente, con el título de Poesía (Bilbao, 1977), representan la línea esteticista de la poesía vasca escrita en castellano. Muy influenciado por Juan Ramón Jiménez y los poetas del 27 concreta una poesía en el marco más estricto del purismo estético.
La poesía vasca desde el período de guerras hasta nuestros días. Una vez terminada la guerra civil, rota esa línea de continuidad que se observa a lo largo del último siglo, se impone un silencio creativo, sólo roto con poemarios de tipo religioso y patriótico. Euskal Herria entra de lleno en el área de influencia de la cultura nacional-católica. Las muertes de Miguel de Unamuno (1936) y la de Ramón de Basterra (1928), el exilio de Juan Larrea, Ernestina de Champourcin y parcialmente el de Pío Baroja, el mutismo de otros poetas que optan por el exilio interior como respuesta de inconformismo ante la realidad socio-política que se impone, etc. , determina este vacío literario-poético que no se superará hasta casi iniciarse la década de los cincuenta. En este momento irrumpen con una fuerza extraordinaria tres poetas vascos que son los encargados de marcar las pautas poéticas de la poesía española de posguerra: los bilbaínos Blas de Otero y Angela Figuera y el guipuzcoano Gabriel Celaya.

Blas de Otero, uno de los grandes poetas del s. XX, desarrolla una honda preocupación social a partir de sus obsesiones existenciales. En obras como Ángel fieramente humano (1950), Redoble de conciencia (1951), Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1964), Que trata de España (1964), Historias fingidas y verdaderas (1970), etc., concreta su poesía de búsqueda y de amor con un estilo fuerte y crispado en consonancia con la dureza y acritud de sus contenidos.

Angela Figuera, más existencialista que social, escribe entre otras obras Mujer de barro (1948), Soria pura (1949), Belleza cruel (1958), etc. Poesía intimista y personalista, canta el amor en sus diferentes formas desde la perspectiva de su condición de mujer y de su naturaleza de persona. Pero en todo momento busca un diálogo salvador con el ser humano en las figuras del hijo, del marido o del hombre.

Gabriel Celaya, poeta desde el período anterior de la guerra, se sumerge en el silencio hasta que en 1947 publica su obra Tranquilamente hablando, primera obra poética escrita en España después de la guerra desde la postura de la disidencia política. Mas tarde publica Las cartas boca arriba (1951), Paz y concierto (1953), Cantos Iberos (1955), De claro en claro (1956), El corazón en su sitio (1959), Rapsodia Euskara (1961), Baladas y decires vascos (1965), etc. Sin lugar a dudas es el poeta vasco más prolífico en lengua castellana. La poesía de Gabriel Celaya es profundamente vitalista y comprometida. Canta en todos sus poemas, bien desde una tesitura individual o desde planteamientos colectivos, al hombre desde el propio hombre.

La poesía de estos tres grandes poetas propone la temática de un claro humanismo utópico en cuanto exigen la salvación integral del hombre en momentos de opresión y en circunstancias de desorientación social. Angela Figuera, Gabriel Celaya y Blas de Otero componen la llamada tríada de la poesía social.

La poesía actual de los escritores vascos ya sea en francés o en castellano es muy compleja en su definición por la pluralidad de las tendencias y por la heterogeneidad de sus posturas. Sin embargo, cabe afirmar el número y la calidad literaria de su representantes. Es difícil encontrar en toda la historia de la poesía un momento tan rico en nombres y obras poéticas. Escritores de la talla de Jorge G. Aranguren, Jon Juaristi, Teresa Arocena, Blanca Calparsoro, Estíbaliz Bedialauneta, Jesús Munárriz, Inmaculada Corcuera, Sabina de la Cruz, Amparo Gastón, Charo Fuentes, Ramón Irigoyen, Julia Guerra, Virginia Imaz, Carlos Aurteneche, Marifeli Maizcurrena, Laia Martínez, Pablo González de Langarica, Teresa Merino, Miguel Sánchez Ostiz, Maite Pérez Larumbe, Javier Aguirre Gandarias, Germán Yanke, Julia Otxoa, J. A. Blanco, M. A. Marrodan, Eduardo Apodaca, Pedro Ugarte, Fernández de la Sota, etc. son buena muestra de esta rica realidad poética. Los abundantes títulos avalan también esta tesis. Calidad y cantidad son las dos notas más representativas del momento actual. Caso aparte es el de Bernardo Estornés Lasa (1907) con una serie de títulos de temática nacional y roncalesa muy peculiar. Hay que citar también la revista «Río Arga», de poesía, fundada en Pamplona en 1976 bajo la dirección de Angel Urrutia Iturbe y regida por el Consejo de Redacción formado por José Luis Amadoz, Víctor Manuel Arbeloa, Jesús Garriz y Jesús Mauleón, en la que colabora un buen número de poetas en castellano.

Entre los poetas vasco-franceses podemos destacar a escritores como Jean Caubere, Maryse Choisy, Michel Haristoy, Maider d'Andurain, Pierre Espil, etc., que forman un bonito grupo de poetas con una obra importante y de calidad estimable, aunque sin alcanzar las cotas de calidad y cantidad que se dan en la parte sur de país.

Entre todos los poetas y las publicaciones más recientes dos obras y dos títulos merecen nuestra atención: Palabra perdida de Carlos Aurteneche (1990) y Existe Dios al noroeste (1991) de Jorge Oteiza. En el primer caso se condensan unos veinte poemarios, la gran mayoría inéditos, donde el autor va creando y recreando una inconfundible mitología personal, que revela un alma atormentada por las vivencias y un corazón solitario sólo acompañado por su silencio. El caso de Jorge Oteiza, Existe Dios al noroeste, a través de formas típicamente vanguardistas y creacionistas, testimonia desde el apasionamiento personal la búsqueda rabiosa de la autenticidad del ser y de los valores esenciales de las cosas y de los hombres.

Dentro de los límites reducidos de esta exposición, sin abarcar todos los nombres ni todas las obras, se ha intentado dar una visión, lo más certera posible, de la realidad poética de los escritores vascos en lengua castellana o francesa. La conclusión última que podemos sacar es la relevancia de la poesía vasca en castellano durante los ciento cincuenta últimos años de acuerdo con el protagonismo social y económico-político de este pequeño país en la esfera del estado español y el valor más bien medio de la literatura vasca en francés en consonancia con la mayor pequeñez y marginalidad de este territorio dentro de las esferas de poder de la política francesa. Sea de una forma o de otra, por estas o aquellas razones, se comprueba la vitalidad de la sociedad vasca en las esferas de la cultura, concretada, como su propia experiencia socio-histórica, en las tres lenguas y en las tres literaturas que forman el acervo intelectual de este país.

José Ángel ASCUNCE ARRIETA