Resultados. En el caso de relación del vasco con estas lenguas no hay problemas en cuanto a la determinación del grado de separación. Es con todas ellas el de total aislamiento. Solamente a través de otros idiomas de contacto han podido llegar elementos a su seno. El mismo sistema estadístico presupone una pérdida continua de vocabulario y su substitución por otro importado. Quiere esto decir que el vocabulario viaja y sigue trayectorias nada fáciles de imaginar. Para el léxico más inestable las mayores distancias son grandes en relación al tiempo a que nos refiramos. En miles de años este ir y venir de los vocablos reune un cierto kilometraje. Es cuestión de tiempo la cuestión de espacio. Pero no ocurre lo mismo con el núcleo firme y reacio a todo cambio cuyos movimientos son lentos. Las listas de semejanzas establecidas por los especialistas ya citados según el trabajo de Tovar, reducidas a índices numéricos dan dos resultados importantes: a)Vasco-bereber del Sus: 10,86 y 7,38 de semejanzas lo que daría una separación de 8.000 a 9.000 años. Esto quiere decir que su vecindad o contacto con el vascuence dataría de las postrimerías del magdaleniense. Dato, muy importante, como se verá. Tovar anota esta valiosa observación: «La comparación de los elementos comunes con el vasco por un lado y con egipcio (y árabe) por otro, acaso permita reconocer en los dialectos bereberes dos capas: una occidental y otra camito-semítica. Sin embargo, hemos de anotar la difusión general desde el vasco hasta el árabe del vocablo «nombre». b) Vasco { circasiano 7,52 y 6,62; b) Vasco {georgiano: 7,52 y 4,73 Estas cifras remontan el contacto a más de 10.000 años, en pleno magdaleniense. También dato de extremo interés. Otra vez Tovar hace otra atinada observación: «Es interesante que podamos atribuir al vasco una situación central, es decir, con índices significativos tanto en la dirección del bereber, como en la del caucásico. Los mismos índices de las relaciones egipcio-georgianas, bereber-georgianas o árabe-georgianas no permiten considerar esa relación. El caucásico queda separado del mundo camítico-semítico, mientras que el vascuence queda en el centro de las relaciones remotas tanto con uno como con otro de estos mundos». Los demás idiomas quedarían en los umbrales del margen destinado a las semejanzas debidas a la casualidad.
