El método matemático de Swadesh y su alcance. La genial aplicación de las matemáticas a los cambios observados en estos dos mil últimos años entre lenguas conocidas entre ambas fechas consiste en cuantificar las diferencias en años y establecer de este modo una regularidad para poder penetrar en la prehistoria de las mismas. Se conoce, por ejemplo, la historia durante un milenio del anglosajón hasta llegar a ser el inglés actual, y del chino clásico hasta convertirse en mandarín moderno y casi los mil años, desde el s. VIII, entre el japonés de esa fecha y el de hoy. El período es ya el doble en las comparaciones entre el egipcio del Imperio medio y el copto, el griego de la Koiné y el de nuestros días, el latín y las lenguas románicas. En cambio con las lenguas indoeuropeas se ha ido mucho más lejos llegando hasta los 35 siglos. Según estas comparaciones, hechas por diversos autores, la renovación del vocabulario básico es algo menor de un 20% por milenio. En estos mil años últimos han retenido estas lenguas un 80% de este léxico, siendo el vocabulario lo más vulnerable de ellas. Concurre un factor importante que conviene tener en cuenta. Se trata de lenguas escritas y sería preciso saber a ciencia cierta hasta qué grado la escritura, elemento fijador pero también incrementador de una más intensa y extensa relación, ha influido en ese porcentaje. Hoy día muchas palabras las adoptamos precisamente a través de lo escrito, libros, prensa, etc. El vasco ha sido un idioma no escrito hasta la edad moderna pero también menos relacionado, por ello y con otros medios de fijación como un mayor desarrollo memorístico, una mayor tendencia a la versificación oral y un apego mucho más intenso a las tradiciones. Tampoco el área ocupada por el idioma y su movilidad, o la índole sedentaria o nómada pueden ser indiferentes. Hoy nuestra casa solar está invadida a causa de su pequeñez. En épocas prehistóricas la penetrabilidad de un área extensísima no podía ser la misma. Tampoco los períodos de pujanza o de decadencia del grupo dejarían de influir en la velocidad de ese cambio que en vasco, por lo que se sabe, es lentísimo. Estas variaciones de vocabulario, dejan un poso común a dos o más lenguas, que se trata de medir cronológicamente, estableciendo la distancia entre una lengua y sus parientes más modernos. Los resultados de la comparación clásica descubriendo y aun reconstruyendo formas antiguas vienen a complementarse con la del nuevo método que trata de establecer fechas, mediante la aplicación del cálculo de probabilidades eliminando así la parte correspondiente a coincidencias fortuitas en su forma y sentido simultáneamente. Este método, pues, puede servir de apoyo a los resultados no sólo de la comparación lingüística clásica, sino a los hallazgos de la antropología, arqueología y toponimia.
