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Literatura vasca en el siglo XX. 1975-2000

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Este trabajo trata de describir el camino histórico recorrido por al literatura vasca entre los años 1975-2000, y en el se han tenido en cuenta los trabajos creativos de los escritores y las situaciones sociales situándolos dentro de un proceso interior, que se ha querido contar de forma narrativa.

Una pregunta recurrente en la Historia Literaria concierne a las razones por las que se abre una nueva época. ¿Cómo se define el comienzo de una época? ¿Son razones históricas o puramente literarias las que dan razón a una nueva denominación? ¿Qué sucedió en 1975 para pensar que cambió la literatura vasca?

La muerte en 1975 del General y Dictador Francisco Franco cambió la historia de la literatura en el País Vasco. Pero en qué parcela debemos situar ese hecho histórico: ¿en el campo literario o en el político? Claramente en la historia de la política, pero es innegables su efecto en la sociedad, y de rebote, en la literatura y en su práctica. La Historia manda en los procesos literarios. Como supo ver la Teoría de los Polisistemas, la literatura es un sistema dentro de otros sistemas a cuyas leyes obedece. La Literatura, como institución social, está incardinada en la Historia, y en ella inciden y no está ausente de los hechos políticos, sociales y económicos.

La institucionalización de una época de democracia liberal, la creación de un sistema político que va iniciando su andadura entre los años 1975-1977 tiene un efecto importante en la creación literaria. Pero, si observamos el proceso de institución literaria con atención veremos que el proceso atañe, fundamentalmente al País Vasco peninsular, y sobre todo el cambio se aprecia con fuerza en la Comunidad Autónoma Vasca, con una incidencia más débil en Navarra. Desde luego, los efectos de una nueva situación literaria se dejaron sentir de manera menos efectiva en el territorio que ya gozaba de una democracia liberal: el País Vasco continental. La renovación literaria que comienza en 1975 cambia las condiciones de la literatura vasca, pero crea tres sistemas literarios diferenciados, tema en el que no podemos detenernos aquí con tranquilidad, siendo el más potente el que se crea en la Comunidad Autónoma Vasca, Euskadi, y ese es precisamente el sistema más fuerte, el que visibiliza de forma más clara el cambio, de manera que hablamos de una renovación que afecta de forma distinta a tres territorios: más clara en la Comunidad Autónoma Vasca, no tan potente en Navarra, y menos clara en el País Vasco Continental.

Hablamos de una nueva época literaria, pero éste es un mapa literario que se crea en el reflejo del cambio político. Para la normalización literaria, más efectiva que la muerte de Franco, fue la desaparición de la censura, que no se fue sin dejar su impronta negativa, y basta pensar en el proceso que sufrió la novela 100 metro/ 100 metros (publicada por fin en 1976, aunque estaba escrita desde 1974) de Ramon Saizarbitoria (1944).

La aprobación de la Ley para la Normalización de la Lengua Vasca representó uno de los hechos ineludibles en la configuración de la nueva época, un primer paso en el recorrido de la creación del nuevo sistema literario. Pero, de la misma forma, se sabe que una ley no cambia mecánicamente y de manera rotunda una situación. Otras leyes y otros preceptos acompañaron a esa ley que introdujo la enseñanza de la lengua y la literatura vasca en las escuelas públicas. Su aprobación se produjo antes de la publicación de las leyes de normalización de la lengua catalana y gallega (1983). Pero junto a ella, se aprobaron leyes que cambiaron el marco político, institucional y económico, fuerzas diferentes que impulsaron el desarrollo de la literatura.

Antes de la Ley de Normalización de la Lengua Vasca el Parlamento aprobó Leyes que configuraron una nueva vida político-social. Así pueden citarse las siguientes leyes y hechos como hitos en el proceso de liberalización:

  1. 1976: Aprobación en referéndum de la Ley de Reforma Política.
  2. 1977: Elecciones Generales. 1978: Ley de preautonomía del País Vasco.
  3. 1978: Constitución del Consejo General Vasco, aprobación de la Constitución española.
  4. 1979: Elecciones Generales, Elecciones Municipales. Aprobación del Estatuto de Autonomía.
  5. 1980: Elecciones al Parlamento Vasco. 1981: reinstauración de los Conciertos económicos.

La Ley de Normalización de la Lengua Vasca venía a reforzar la ley que en 1979 aprobaba la enseñanza de la lengua vasca en la enseñanza de primer y segundo nivel, y se subraya la norma de 1982 por las importantes consecuencias que tuvo en el campo literario. Probablemente configuró las primeras características de un sistema literario. El escritor ya no es la persona solitaria que no solo debe escribir sus libros, sino que, a menudo, debe imprimirlos y distribuirlos con gran esfuerzo. Ahora se siente dentro de una red que asegura de manera cada vez más eficaz el circuito de la escritura, publicación y recepción de la obra literaria. Y ese proceso se ve desde hoy con problemas y debilidades (aunque hoy mismo existan otro tipo de problemas en el sistema literario). En 1982 la normalización literaria fue una de las primeras preocupaciones de los diferentes agentes del sistema literario. La normalización representa un horizonte para el sistema que debe definirlo, al que, sin embargo, nunca se sabe si se ha llegado. Además cambió la forma de escritura, había que pensar en el lector, pensando en el lector escolar; afectó a la estructura económica de las editoriales, que vieron reforzada su estructura en la edición de textos escolares; afianzó la distribución literaria; y cambió el repertorio -la estructura de fuerzas de los géneros dentro del sistema-; propició la creación de un sector de lectores más amplio; y facilitó la profesionalización de las editoriales.

En la época de la Transición, mientras alcanzaba su mayor intensidad el debate político entre los partidarios de la continuidad o de la ruptura, la literatura vasca impulsó la creación de asociaciones de instituciones que agrupaban a los creadores: en 1982 se creó Euskal Idazleen Elkartea (EIE)/ Asociación de Escritores Vascos. En 1987 la Asociación de Traductores, Intérpretes y correctores, la Asociación de Bersolaris se creó también ese mismo año.

Desde 1975 se percibían aires de cambio en la literatura vasca. Gabriel Aresti muere ese año. Pero además se perciben cambios en las estructuras literarias que venían funcionando desde 1969 en torno a la editorial Lur, que se convierte en editorial Kriseilu, momento en que algunos de los escritores de referencia de la editorial (Ramon Saizarbitoria, Ibon Sarasola, Arantxa Urretabizkaia) prefieren tomar otros rumbos literarios. Y se observa una nueva inquietud en el mundo creativo vasco.

Esa inquietud se demuestra en el cambio de imagen de las nuevas editoriales (Elkar, 1975;Erein, 1976) y en el nacimiento de diversas iniciativas y colecciones literarias (Ustela saila, 1977; Susa, 1983). Las revistas literarias nacen con fuerza: Ustela [Podrido] (1975-1976); Pott [Fracaso] (1978-1980); Oh Euzkadi (1979-1983); Susa (1980-1994) y Maiatz [Mayo] (1982-...). Si se comparan los libros que las editoriales eligieron para dar comienzo a sus colecciones las conclusiones saltan a la vista, puesto que certificaron aventuras de estéticas nuevas en el panorama literario vasco, a la vez que confirmaban a las nuevas voces de cambio en la creación. La colección Ustela Saila, bajo la protección de la editorial Lur, eligió en 1977 la obra Oinaze zaharrera [Hacia el viejo sufrimiento] de Koldo Izagirre (1953), y reeditó la novela Egunero hasten delako [Porque amanece cada día] de Ramon Saizarbitoria en 1979. En ese mismo año la editorial Erein comenzaba su colección literaria con la obra Ilargiaren eskolan/En la escuela de la luna de Juan Mari Lekuona (1927-2005). La editorial Hordago publicó en 1979 la obra Zergatik panpox/Por qué mi niño de Arantxa Urretabizkaia (1947). También apareció ese año la novela Abuztuko 15eko bazkalondoa [La sobremesa del 15 de Agosto] de Joxe Austin Arrieta (1949), obra que fue muy leída y analizada en la época.

La editorial Elkar eligió a Narrazioak [Narraciones] (1983) de Joseba Sarrionandia (1958) para dar comienzo a una colección literaria que aún perdura. Susa inició su andadura en 1983 con la obra Anfetamiña [Anfetamina] de Xabier Montoia (1955).

Esa enumeración basta para constatar las novedades estéticas que renovaban la literatura vasca, los distintos signos estéticos que venían a confluir en el espacio literario y la primera configuración de un canon. Entre 1977 y 1983 sucedieron muchas cosas en el sistema literario. Era una literatura que miraba hacia el futuro. Confluyeron estéticas que iban desde el simbolismo esteticista de Juan Mari Lekuona, el senior de la edición del momento, a la narración fantástica y simbólica de Joseba Sarrionandia, el junior. Se hacían guiños a la vanguardia histórica (Koldo Izagirre), se recuperaban las figuras señeras que trabajaban desde 1969 (Ramon Saizarbitoria), y comenzaba la introducción de un feminismo en la pluma de Arantxa Urretabizkaia, bajo la influencia de Simone de Beauvoir (1908-1986).

Sin embargo, la obra Etiopia (1978) de Bernardo Atxaga (1951) hace surgir en el sistema literario la confirmación de un cambio de rumbo en la literatura vasca y en sus estéticas. Etiopia significó una explosión de creatividad. Renovadora y rupturista, la obra confirmó que se estaba a las puertas de una nueva época. Su estética vanguardista expresaba las condiciones de un mundo caótico, pero que resultaba claramente legible en el momento histórico en el que se vivía. En el viaje que el lector realizaba en torno a los círculos que configuraban Etiopía se veía acompañado por una estética surrealista, que además apelaba a los círculos dantescos para invitar a un viaje por el infierno.

Se ha repetido con asiduidad que la obra propone una lectura anti-utópica, y que Etiopia no sería sino un juego de palabras con Utopía. Quizás la guerra que asoló Etiopía en 1974 que terminó con la huida de Haile Selassie (1892-1975) y las hambrunas consiguientes tuvieron que ver con el proceso creativo de la obra. El mundo estaba cambiando y Etiopia expresaba el sufrimiento del cambio.

La obra se basaba en la expresión del irracionalismo poético y su toque surrealista ha tenido muchísima importancia en la configuración de la estética de nuevos poetas. Como poesía que se encuentra en la fractura entre dos épocas muestra elementos de dos épocas. Por un lado mira hacia las vanguardias históricas, hacia una estética de lectura difícil que, poco a poco, iría perdiendo fuerza, incluso en la estética de Bernardo Atxaga; por otro muestra ya algunas formas expresivas de la postmodernidad en la crítica a la utopía y, por tanto, a las grandes narrativas, y en su afirmación de las identidades fragmentarias como en la metáfora de la "ánfora rota". En los años posteriores a su publicación Etiopia fue tomada como una obra fundacional de una nueva estética y de un movimiento de renovación de la poesía vasca y por ello fue comparada a otra obras que renovaron la poesía gallega, como Con pólvora e magnolias (1976) de Xose Luis Méndez Ferrín (1938) y catalana, como Estimada Marta (1978) de Miquel Martí i Pol (1929-2003). Pero contemplada desde la actualidad, la obra parece más un texto que viene a cerrar una manera de crear, y que en su expresión difícil, hermética, surrealista, manifiesta una estética que va a terminar su desarrollo. Bernardo Atxaga la volvió a publicar en 1983 y desde entonces no se ha conocido una edición completa del libro.

Las nuevas inquietudes a las que nos hemos referido más arriba aparecen en las nuevas intuiciones y en la multiplicidad de iniciativas que aparecen en el campo literario. Las personas que se acercaban a la literatura, a las editoriales y a las revistas lo hacía por un afán militante, no por razones económicas, aunque muy pronto iban a aparecer las leyes del mercado para ir digiriendo las iniciativas.

Como sucede en toda literatura pequeña, fueron muchos los que se acercaron a la literatura en aquel momento. Y muchos se decantaron por dirigirse a la creación y edición de poesía, probablemente por dos razones: por razones económicas, es más barata de editar; por razones socioliterarias, para hacer poesía basta con la lengua personal, para hacer novela se necesita un idiolecto social, que en aquel momento aparecía sin configuración precisa, y que se iba haciendo poco a poco. Pero como a menudo sucede en las literaturas pequeñas, muchos fueron autores de un solo libro, autores sin trayectoria y que pronto pasaron a otros quehaceres. El universo del euskara debía ocupar muchos espacios (la escuela, la ikastola, la universidad, el mundo musical, el periodismo, la creación de guiones, la televisión, el cine, las editoriales...) y resulta normal que el primer espacio que se ocupe, por su simbolismo identitario, sea el literario. El perfil del escritor del momento era un profesor de euskara que escribía y editaba una obra literaria. Pronto cambió el perfil y los periodistas comenzaron a proliferar como escritores literarios e impulsaron de manera general, la narrativa.

El problema del lenguaje literario no era menor en ese ambiente de creación enfervorecido e impulsivo. La normalización del euskara daba pasos con gran rapidez, pero la llamada filologización del lenguaje literario era una característica fácilmente perceptible. Podía observarse un estilo que prefería una tendencia hacia la abundancia y riqueza del lenguaje que aparecía en la tendencia a la sinonimia, y una tendencia hacia la preferencia por el arcaísmo. Pero había problemas con el ritmo de la prosa y se discutía sobre la repetición de los verbos auxiliares en euskara.

Pero el sistema literario, a su vez, facilitó la trayectoria de los escritores y posibilitó la creación de un estable canon literario.

1983 fue el año en que el relato conoció un despegue inusitado hasta entonces. Hasta ese momento, la poesía seguía siendo el género central en el sistema, y la novela mantenía su aceptación, pero 1983 significó el año del relato. Se publicaron 10 libros para la Feria del Libro de Durango de aquel año. Citamos a los más conocidos: Narrazioak [Narraciones] de Joseba Sarrioandia, Panpinen erreinua [El reino de las muñecas] de Mikel Hernández Abaitua (1959), Dudular del miembro de la banda Pott Jose Mari Iturralde (1951), Ilusioaren ordaina [El pago a las ilusiones] de Laura Mintegi (1955). Otros experimentados escritores publicaron también sus libros de relatos, como Arantxa Urretabizkaia, quien dio a la imprenta Aspaldi espero zaidulako ez nago sekulan bakarrik [Porque te espero desde hace tiempo no estoy nunca sola], o Mario Onaindia (1948-2003) de quien conocimos la recopilación Gau ipuinak. [Cuentos nocturnos].

Con la perspectiva que da el tiempo podemos afirmar que los relatos de Joseba Sarrionandia se han convertido en canónicos. Su obra se caracteriza por ser recopilación de narraciones de diversa índole temática, que no forman un ciclo de cuentos, en cada cuento se encuentra un "it", una circunstancia que mueve al lector y que da unidad a los relatos, aunque la temática que toque sea muy diversa; en su caso el tono nostálgico de las narraciones constituye el núcleo de ese "it" marcado para sus textos. Además quería que en su obra estuvieran temas y tonos que no habían aparecido antes en la historia de la literatura vasca; el suyo se definía como un trabajo de renovación; sus temas resultaban desconocidos: el tema artúrico, o la anacronía, o el tema de las historias de los marineros, a la manera de Herman Melville (1819-1891); cuentos realistas, fragmentarios, fantásticos, míticos. Los libros de relatos de Joseba Sarrioanandia presentan una diversidad de mundos narrativos unidos por el estilo simbolista del autor que tanto debe a Jon Mirande. En la obra de Joseba Sarrionandia se percibe que la biblioteca de los escritores vascos, esa lista de autores preferidos, estaba cambiando en el mundo de la literatura vasca y que se estaba leyendo a nuevos autores y creando nuevas referencias literarias. Si los autores de los años 70 dejaban sentir una admiración por la literatura francesa, ahora el influjo de José Luis Borges (1899-1986) y su literatura fantástica se dejaban sentir hasta en el título de la recopilación.

El relato comenzaba a tener una presencia importante en el sistema literario. Álvaro Rabelli (2011) ha catalogado las características socioliterarias que contribuyeron a su relativo éxito:

"Algunas claves del éxito del cuento son los siguientes:

· La conciencia de género que demuestran los autores.
· El éxito internacional que estaba logrando el género.
· La multiplicación de los premios de relatos.
· La demanda de la escuela para la escritura de textos cortos.
· La labor de las revistas a favor del cuento.
· La apuesta de las editoriales. Los jóvenes escritores respondieron con la publicación de colecciones de relatos a la demanda de textos que mejoraban el mercado.
· La atención de los lectores hacia el cuento que facilitó la publicación exitosa de colecciones de relatos.

En consecuencia, 1983 se convirtió en una fecha límite en la historia del cuento literario vasco".

En aquel momento existían muchas revistas literarias que demandaban relatos cortos. Bernado Atxaga siguió la estrategia de publicar sus relatos en diversas revistas hasta que las editó conjuntamente en el libro Obabakoak en 1988, un título emblemático para la historia de la literatura vasca.

Pero entre 1983 y 1988 sucedieron otras cosas en el sistema literario vasco. En el campo de la novela Anjel Lertxundi (1948), que se había dado a conocer por la publicación de relatos, conoció un éxito notable con su novela Hamaisegarrenean aidanez [A la decimosexta fue la vencida] (1983) que obtuvo el Premio Jon Mirande del Gobierno Vasco. En sus siguientes entregas, y defendiendo que Obabakoak había llevado a su límite las formas de la narrativa tradicional, optó por una narrativa vanguardista, alejada de las formas realistas y convencionales de la narración. En esa línea publicó Carla (1989) y Kapitain Frakasa [Capitán Fracasa] (1991), momento en que su narrativa toma otros recorridos estéticos que veremos más tarde. Otro representante de la novela de largo aliento es Joan Mari Irigoien (1948). Sus argumentos se basan en la historia conflictiva del País Vasco, pero busca una unidad de contrarios que abrazan tanto los campos políticos del conflicto histórico -carlistas contra liberales-, como genéricos -hombre y mujeres crean una historia. Así sus novelas se caracterizan por una estructura que alterna personajes y por una narración de una historia familiar, que se entrecruza con el devenir histórico de la sociedad vasca (Poliedroaren hostoak [Las hojas del poliedro], 1983) o describe el complejo mundo contemporáneo (Udazkenaren balkoitik [Desde el balcón del otoño], 1987).

En ese período la andadura de la poesía correspondió a una época de publicaciones de amplio eco. Como se repite con frecuencia, un sistema literario posibilita la concurrencia de escritores de varias generaciones, y eso es lo que ocurrió en el campo poético. Así Bitoriano Gandiaga (1928-2001) ofreció dos obras que enriquecieron su creación literaria: Denbora galdu alde [A favor de la pérdida del tiempo] (1985), una introspección que confirió madurez y profundidad a su voz, y el más personal Gabon dut anuntzio [Anuncio de la Navidad] (1986). Xabier Lete (1944-2010) publicó su libro Urrats desbideratuak [Pasos desviados] (1981). Otro poeta de la promoción de los cuarenta, Joxanton Artze (1939) dio un giro a su poesía y publicó un friso de sentimiento religioso naturalista: Ortzia lurrez, lurra izarrez [Un cielo hecho de tierra, una tierra hecha de estrellas] (1994).

Sin embargo uno de los libros más emblemáticos de la década se publica cuando estaba a punto de terminar ,en 1990. Juan Mari Lekuona ofreció en Mimodramak eta ikonoak / Mimodramas e iconos (1990) una espléndida visión de la intrahistoria artística y religiosa del pueblo vasco, a través de un rico lenguaje simbolista que aunaba culturalismo, simbolismo y tradición oral.

En ese momento Joseba Sarrionandia (1958) publica sus primeros libros de poemas: Izuen gordeluetan barrena [A través de los escondrijos del miedo] (1981), un libro culturalista, estética de la que pronto se separará en busca de una estética más realista y comprometida, que sin embargo no abandona la visión alegórica de la experiencia poética, como en Marinel zaharrak [Los viejos marinos] (1987). La poesía de Felipe Juaristi (1957), Juan Kruz Igerabide (1956) y Amaia Iturbide (1961) (poetas nacidos en un arco breve de tiempo) se sitúa cerca de la poesía de la experiencia. Tere Irastortza (1961) siguió una senda propia en la poesía y ha seguido publicando con continuidad una poesía de carácter feminista. A su lado se situó, a veces por razones de amistad, Itxaro Borda (1959) aunque la poesía de esta última gusta de la experimentación poética. Como vimos, la editorial Susa comenzó su andadura con la publicación de Anfetamiña [Nostalgia de las anfetas] de Xabier Montoia. Iñigo Aranbarri (1963) y Jose Luis Otamendi (1959) son poetas que aman la experimentación. Como puede observarse, al menos tres promociones poéticas estaban activas en el momento que tratamos aquí.

El panorama del sistema literario cambió con la publicación y con el eco internacional que obtuvo Obabakoak (1988), obra con la que Bernardo Atxaga obtuvo el Premio Nacional de Narrativa de España en 1989, y consiguió una difusión fuera del País Vasco hasta entonces impensable.

El éxito de la obra tuvo dos consecuencias importantes:

  1. Social: la obra se convirtió, probablemente sin que lo quisiera el autor, en un espejo de la labor de la Comunidad Autónoma. Las cosas se estaban haciendo bien y la obra venía a corroborarlo. Aunque fuera de manera indirecta, las ayudas a la promoción del arte y la literatura veían sus frutos de manera palpable.
  2. Literaria: la obra contribuyó a la autoestima de los escritores vascos. Es evidente que la literatura vasca es una literatura pequeña, pero estaba a punto de conseguir un efecto que poseen las literaturas mayores: la posibilidad de poder tener influencia en escritores de otras lenguas. Otras literaturas iban a saber que existía también una literatura que se llamaba vasca. No sólo fue una cuestión de hacer visible una literatura, sino que esa literatura iba a tener una cierta -pequeña- influencia fuera de las fronteras de la lengua.

También tuvo consecuencias que no se percibieron en aquel momento, como por ejemplo la posibilidad de que sistemas que estaban fuera del sistema literario tuvieran una incidencia grande dentro del propio sistema. Tanto por razones políticas, como literarias, el debate sobre el influjo que un elemento externo pueda tener dentro del sistema y cambiarlo ha animado los debates sobre la importancia del Premio Nacional. En cualquier caso, esa influencia es menor de lo que se propone, puesto que las obras que han recibido el premio han tenido antes una presencia importante dentro del sistema, por lo que su efecto se nota más en el momento de la traducción -o exportación- de los textos vascos hacia el exterior.

Obabakoak tuvo el efecto de modificar y definir el sistema literario vasco y en cierto sentido le dio unas "reglas", puso a la narrativa en el centro del sistema, por ejemplo, o hizo aparecer la posibilidad del escritor dedicado profesionalmente a la literatura. Como alguna vez lo ha expresado Anjel Lertxundi, tras Obabakoak quedaba poco espacio para la narrativa clásica, tradicional, moderna, por lo que propuso una narrativa que no estuviera sujeta a la narración de un argumento, de una historia. El trabajó, como ya hemos visto, en una línea de experimentación narrativa. Por otro lado, dos autores centrales dejaron de publicar: Ramon Saizarbitoria se mantuvo en silencio entre 1976 y 1995; y Koldo Izagirre no publicó hasta 1997 tras la edición de Non dago Basques' Harbour [dónde se encuentra Basques' Harbaour] en 1989. Probablemente, la razón tuvo que ver con una configuración del sistema que miraba a la facilidad de lectura del texto narrativo, y no tanto con el efecto que produjo en el sistema la obra de Bernardo Atxaga. Es probable, por tanto, que la crisis viniera de antes.

La edición de Obabakoak redefinió el ámbito literario. Y aunque no solo sucediera por la edición misma, sino por un conjunto de factores, la narrativa se convirtió en el género dominante, cada vez iba a publicarse menos poesía, y cada vez se oiría hablar más de mercado dentro de los parámetros de la industria cultural.

En 1992 la crisis económica era patente en la mayoría de los países europeos. Pero en España se retrasó su efecto. El Partido Socialista en el Gobierno de España impulsó dos eventos que enmascararon el problema de una crisis que no tardó en estallar: Las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, ambas celebradas en 1992.

La crisis tuvo en el País Vasco consecuencias evidentes. La modificación del tejido económico y la aparición de una economía de servicios se definieron como los dos ejes de cambio social y económico. Desaparecieron los grandes astilleros y las grandes empresas fueron reduciendo su tamaño, con la consecuente contestación social, y se lanzaron las actividades unidas a los servicios y al turismo. Otros sectores tradicionales de la economía vasca se reforzaron: Los Bancos Bilbao y Vizcaya se fusionaron en 1988. En 1992, con la unión de varias eléctricas, nació la empresa Iberdrola.

En el campo cultural en 1991 comenzaron las negociaciones para construir el Museo Guggenheim Bilbao y en 1992 se decidieron el lugar de la edificación y el arquitecto que lo iba a construir: el norteamericano Frank Gehry. Fueron años de enconados debates en torno a la construcción del Museo, y uno de los argumentos utilizados presuponía que la inversión en el Museo iba a dejar a la cultura vasca sin ayudas, es decir, sin subvenciones. Lo que ocurrió fue que el Museo ha sido un éxito social y cultural y que ha puesto el nombre de Bilbao en los circuitos culturales internacionales.

El Museo ha tenido dos efectos sobre la cultura vasca: en primer lugar ha impulsado los debates en el seno del arte vasco, y en segundo lugar se ha convertido en un emblema de la arquitectura postmoderna. Es probable que tengamos ante nuestros ojos a un icono mayor del arte postmoderno. Tras los debates, uno de cuyos ejes pivotó en torno a la colonización y americanización de la cultura que iba a producir el Museo, sus efectos han sido múltiples en el mundo cultural vasco. Si en aquella circunstancia histórica el debate entre renovación o ruptura era un eje político importante, unos años más tarde otro tipo de cuestiones iban a aparecer en la cultura vasca, como el tema de la mirada hacia el exterior o el de la identidad interior.

No habría que olvidar que los años 80 fueron llamados los años de "plomo" por la durísima actividad terrorista de ETA, y de la ofensiva despiadada de los grupos antiETA. En ese contexto la construcción del Museo se convirtió en un símbolo de renovación cultural, hasta conseguir una imagen de sociedad que, como última paradoja, no agrada ya a su arquitecto.

El Museo Guggenheim Bilbao puso a la postmodernidad frente a la literatura vasca y otros factores, como la profesionalización de los escritores, la ampliación del público lector, dieron un nuevo impulso a la literatura vasca, con dos fuerzas motrices que le darían una nueva cara: la preeminencia de la novela y la influencia de la postmodernidad.

Como ha señalado Iñaki Aldekoa (2004, 259-269) entre 1993 y 1995 se publicaron tres novelas centrales de la actual literatura vasca. En 1991, tras anunciar un cambio en su estética en una conferencia memorable de los Cursos de Verano de Donostia, Bernardo Atxaga publicó Gizona bere bakardadean / El hombre solo. En la conferencia el autor de Obabakoak señalaba que abandonaba el camino simbolista y de ficción fantástica que caracterizaba la obra, para internarse en una estética que mantenía dos principios: el comienzo del camino que llevaba al realismo y la opción por un estilo más fácil para el lector y más paralelo al mundo moderno. Esa estética tuvo un precedente en la novela Behi euskaldun baten memoriak / Memorias de una vaca (1991), un obra dirigida al público juvenil con un argumento que poseía como trasfondo el tema de la Guerra Civil y la existencia de los maquis. Pero a diferencia de esa obra, Gizona bere bakardadean proponía una lectura de la actualidad política del País Vasco. Bernardo Atxaga quería ofrecer una lectura simbólica de lo que sucedía en nuestro pueblo, convirtiendo una novela histórica en una novela simbólica. Un poco más arriba hemos señalado que los 80 fueron "años de plomo", pues bien, el autor hizo un esfuerzo estético para descender a las raíces del sufrimiento de la sociedad. Era el primer paso para llevar a cabo una trilogía sobre la historia del País Vasco y sobre el terrorismo que la atenazaba. Junto a esa primera novela el tema está presente en Zeru horiek /Esos cielos (1995) y en Soinujolearen semea / El hijo del acordeonista (2003). En ellas Bernardo Atxaga describe el camino recorrido por la sociedad vasca. Y en el recorrido que va de la Fábula a la Historia el autor ha preferido el concepto de "contemporaneidad" al de "realismo" para definir su estética. El planteamiento es diferente en las dos primeras novelas. Gizona bere bakardadean debe mucho a la novela policíaca y psicológica y centra la acción en un lugar concreto (un hotel cercano a Barcelona) regentado por un grupo de personas que fueron de ETA. Entre ellos destaca el protagonista Carlos, el panadero, que aún no ha roto del todo con la organización, y un tiempo concreto: en la celebración de los Mundiales de Fútbol de España en 1982. La actualidad es patente en el texto y para reforzarla el autor ha mezclado realidad y ficción. Carlos esconderá en el hotel a unos activistas de ETA que llegan huyendo, hasta que el acoso de la policía propicia un final trágico. La novela mantiene muchos hilos simbólicos, y solo por poner unos ejemplos podemos citar: la lucha entre afecto e ideología que aparece a menudo en nuestra sociedad; la fuerza de la soledad y su tragedia; la importancia del materialismo si se olvidan los intereses comunitarios; la desilusión producida por los movimientos revolucionarios...

Si en esa novela el examen de la psicología de Carlos ocupaba un lugar central, Zeru horiek explora la identidad de Irene, una exmilitante que deja la cárcel de Barcelona acogiéndose a las medidas de inserción del Ministerio del Interior, por lo que sabe que, cuando llegue a su ciudad, deberá sufrir el desprecio de los suyos. Bernardo Atxaga proyecto un retrato total del personaje uniendo la mirada hacia lo social, lo político y lo literario. Irene se encuentra sola ante su futuro y en esa incertidumbre solo recibe la ayuda de personajes marginados en la sociedad: dos monjas, una mujer enferma, y el recuerdo de las amigas que dejó en prisión.

Anjel Lertxundi publicó en 1994 una novela que pronto llevó el membrete de clásica: Otto Pette/ Las últimas sombras. El autor venía de una fase experimental en su novela que comenzó en 1989, y para la elaboración de esta novela conservó la ambición de contar un proceso de creación de identidad personal. Situada en una Edad Media de ficción, el personaje Otto Pette recuerda en su lecho de muerte su pasado, buscando las huellas de su identidad en los hechos del pasado. En esta novela Anjel Lertxundi modera su carácter experimental y refuerza la riqueza de su lenguaje. El recuerdo de Otto Pette se convierte en un recurso alegórico que trata sin pausa el tema de la crueldad del poder, de manera que la narración de su vida es un descenso a los infiernos. Se recuerda cómo se acusó indebidamente a Aba Yakue de ser responsable de la llegada de la peste, se cuenta el final infeliz de su amada Gezabel. Utilizando tópicos conocidos de la literatura medieval, Anjel Lertxundi utiliza la urdimbre del recuerdo para reflexionar sobre temas eternos de la literatura: sobre la lucha entre la vida y la muerte, sobre la crueldad y el poder...

Tras esa novela se embarcó en un proyecto ambicioso que llamó Ifrentzuak. Pretendía narrar algunos episodios recogidos de la tradición oral vasca que están emparentados con la tradición europea, como puede ser el tema de Fausto y la mitología del diablo en Piztiaren izena/ El nombre de la bestia (1995). En Azkenez beste/ Un final para Nora (1996) tomó como tema el del judío errante, el ser que no puede morir y se ve impelido a un destino de errancia perpetua. Argizariaren egunak / Los día de la cera (1998) novelaba tres temas: la escritura, la locura, la muerte, estructurada como una Danza de la muerte. Dentro del proyecto, publicó también el libro de glosas Letrak kale kantoitik [Las letras desde la esquina] (1996) una colección de glosas sobre refranes y dichos populares vascos. La narrativa de Anjel Lertxundi ocupó una década en una proyección de sus devociones más queridas, de sus obsesiones más tratadas literariamente.

Tras muchos años en silencio, el mismo año en que se publicaban Zeru horiek y Piztiaren izena, Ramon Saizarbitoria, el maestro de la narrativa vasca en los años 70, daba a conocer la novela Hamaika pauso/ Los pasos incontables, la novela que ha sido definido por Jon Juaristi, como "la novela de una generación", un trabajo gigantesco y una muestra de expresión simbólica en la narrativa. Ramon Saizarbitoria tomó la figura de los últimos fusilados del franquismo, sobre todo la de Ángel Otaegi, como núcleo de una narrativa que creaba un mundo de referencias. Combinando realidad y ficción, cuenta la historia de Iñaki Abaitua que escribe una novela que se llama Hamaika pauso, pero que no es la novela que leemos. Su relación con el etarra Daniel Zabalegi le llevará a un proceso de autodestrucción por no saber decir que no, hasta que termina en su suicidio, en un desenlace que debe mucho a una indisimulada devoción por el libro El suicidio de Emile Durkheim, un autor clave en la educación del autor. La novela toma en cuenta y reúne toda la educación sentimental, cultural y cívica de Ramon Saizarbitoria, en la novela se encuentran referencias a sus coetáneos, a los que pusieron en marcha la literatura vasca de los años 70, a su afán cultural, a sus dudas políticas y vitales, a sus debates sobre la modernidad y la sexualidad. Su valor literario consiste en que ha sido capaz de retratar una época bajo la máxima de que la memoria es "plato roto", pero que a la vez es un instrumento para construir el tiempo perdido. En la novela aparecen algunas de las características específicas de sus estilo narrativo: las frases estructuradas en repeticiones cambiantes, la veracidad de los detalles, y la atención casi patológica que se les presta, una tendencia a mezclar realidad y ficción, y el juego entre diversos niveles narrativos, hasta ocultar la verdad.

En 1996 publicó la novela Bihotz bi. Gerrako kronikak/ Amor y Guerra, otra novela de largo aliento. La novela se estructura en dos niveles temporales, y en distintos planos de ficción. Los pasajes que se sitúan en la actualidad muestran la influencia de James Joyce, y trata de un tema que cada vez importa más al autor, la diferencia entre hombres y mujeres, su dificultad de comunicación, una diferencia que termina en una guerra entre sexos. El segundo nivel se sitúa en 1936 y en una crónica de la Guerra Civil que relatan los compañeros que se reúnen en el restaurante Hanbre, un relato que se une a la memoria histórica. La unión entre los dos niveles narrativos se realiza mediante un inesperado incesto. Tras la publicación de ambas novelas Ramon Saizarbitoria volvió a ocupar un lugar central en el sistema literario vasco y comenzó el segundo período de su narrativa.

Con este desarrollo editorial surgió la idea, no del todo exacta, de que la década de los 90 era la década de la novela, cuando, como veremos, las colecciones de relatos fueron también muy importantes en calidad literaria.

Arriba citamos la presencia de la postmodernidad como la segunda de las características generales de la década. Aún se discute sobre el momento de la aparición del movimiento en la literatura vasca, pero es innegable su presencia en las novelas que se han citado en el apartado anterior. Para algunos críticos puede rastrearse en Obabakoak mientras otros muestran su presencia un poco antes, incluso se cita la novela 100 metro como primer ejemplo del movimiento.

Desde luego puede rastrearse sin problema en las novelas citadas, en elementos como la pérdida de la ilusión en la revolución (Gizona bere bakardadean), la importancia de la metanarrativa (Argizagiaren egunak), la mezcla entre ficción y realidad (Hamaika pauso), la hibridación de los géneros (Zeru horiek, Hamaika pauso), el constructivismo en la estructura narrativa, la duda sobre la veracidad de lo contado (Hamaika pauso, Bihotz bi. Gerrako kronikak). Pero la presencia es diferente en los autores citados. La ironía mantiene un gran peso en la narrativa de Ramon Saizarbitoria. En cambio, puede apreciarse un interés por la modernidad en la narrativa de Bernardo Atxaga en la medida que quiere construir la Historia, de manera que existe una ambición por crear una narrativa sublime con un peso moral, perceptible también en la novela de Anjel Lertxundi.

Como salida metodológica puede pensarse que no todas las obras de la época son postmodernas, aunque el movimiento sea importante en ese momento histórico. En el campo narrativo pueden encontrarse obras modernas junto a obras que elogian las utopías de la modernidad.

Quizás en el relato la presencia de la postmodernidad es más clara. El relato obtuvo un impulso decisivo con la fundación de la editorial Alberdania en 1993, que impulsó de manera decidida el género. Como hiciera 10 años antes la editorial Elkar, una obra de relatos inauguró su colección literaria, se trataba de una antología de cuentos.

El cuento de la década mostró mejor que otros géneros la impronta de la postmodernidad, y lo hizo a través de tres instancias que pueden definirse en la atención prestada a la comprensión del texto por parte del lector, en la oferta de relatos de ritmo rápido, y en la importancia concedida a argumentos que hablaban del individualismo y de las relaciones personales.

Entre los creadores de relatos de la década pueden mencionarse a estos autores y a sus obras: Bazko arrautzak/Huevos de Pascua (1993) de Mikel Hernandez Abaitua (1959), Sargori [Bochorno] (1994) de Pello Lizarralde (1956), Autoestopeko ipuinak [Cuentos de autostop] (1994) de Pako Aristi (1963) que en los años 80 llevó a cabo una exitosa carrera de novelista, la ya citada Piztiaren izena (1995) de Anjel Lertxundi, Lehenago zen berandu [Antes ya era tarde] (1995) de Arantxa Iturbe (1964), la excelente Gasteizko hondartzak [Las playas de Vitoria] (1997) de Xabier Montoia (1955), Telefono Kaiolatua [El teléfono enjaulado] (1997) de Harkaitz Cano (1975), y Hollywood eta biok/ Hollywood me mata (1999) del escritor extraterritorial Javier Cillero (1961) y por último cabe citar la apuesta por la ficición de Iban Zaldua (1966) que en 2001 publicó la colección Traizioak [Traiciones].

No es una lista banal, al contrario, pone en claro las diferentes formas de contar que se dan en el relato moderno. Si hacemos una lectura del panorama que ofrecen podemos citar estas características generales (además de la presencia clara de los escritores nacidos en los años 1963-1964 en los que se produjo un baby-boom de escritores vascos, aunque aún no ha quedado claro por qué se ha producido esa promoción de escritores nacidos en esos años): la variedad de estéticas, una voluntad de jugar con la ficción, ironía, una cierta inmanencia que ha pasado por superficialidad, falta de trascendencia, una práctica que une cultura popular y nivel cultural alto, presencia de los mass-media (sobre todo de la música pop en sus variantes), presencia inabarcable del cine; la presencia de escritores extraterritoriales, que escriben desde fuera del País Vasco, como Javi Cillero, un escritor que vive y escribe en Estados Unidos, o Suiza su residencia actual, y que publica en el sistema literario vasco.

Fueron procesos paralelos. Mientras la narrativa iba ocupando un espacio cada vez mayor dentro del sistema literario, la poesía fue quedando en los márgenes. Las editoriales que miraban al mercado -y al mercado de la escuela- han disminuido la publicación de poesía, con la excepción de la editorial Susa que siempre ha guardado un espacio especial para la aparición de poesía en su catálogo. Si la década comenzó con la publicación del maravilloso libro Mimodramak eta ikonoak/ Mimodramas e iconos (1991) de Juan Mari Lekuona (dos años antes Koldo Izagirre había editado su Balizko erroten erresuman [En el territorio de los molinos imaginarios]), una mirada desde la actualidad constataría una debilidad en la edición de poesía. Llama menos la atención de la crítica, tiene una venta más escasa que las novelas, una edición menor (las editoriales más importantes publican un par de libros de poemas al año), también ha descendido el número de creadores en la década de los 90 con respecto a los que aparecieron en los 80, además ha sido el género donde se ha producido una diferencia mayor entre las características de las postmodernidad y la defensa de los rasgos identitarios.

Las instancias sociales que han mantenido el fuego de la poesía residen en una vía tradicional, la pervivencia de los premios literarios, que siempre mantienen un lugar para la poesía, y uno innovador: la presentación en perfomance de la poesía, la multiplicación de recitales y el hermanamiento, nada nuevo, entre poesía y música, y la difusión de la poesía mediante la colaboración entre músicos y poetas. Por eso hay que tomar con cuidado el tópico que habla de la debilidad de la poesía. Como ha disminuido el número de publicaciones, existe un filtro más espeso y por tanto mayor cuidado en los libros publicados. Y a pesar de que las condiciones sociológicas y la reducción de lectores fueron patentes, podemos citar a algunos poetas que han mantenido el emblema de la calidad en tiempos difíciles. Sobre todo son destacables los poetas que siguen las estéticas postmodernas.

Rikardo Arregi (1958), el poeta vitoriano, ha mantenido una relación con el clasicismo en sus dos libros: Hari hauskorrak [Débiles hilos] (1993) y Kartografia / Cartografía (1998). En su creación desea cartografiar la vida que le rodea y suyo es uno de los poemas que más se ha traducido desde su publicación, el excelente: "66 lerro hiri sitiatuan"/ "66 líneas desde la ciudad sitiada", uno de los poemas más emocionantes sobre el cerco a Sarajevo. Miren Agur Meabe (1962) une cotidianeidad y nuevo lenguaje poético en su Azalaren kodea/ El código de la piel (2000). Busca crear un nuevo lenguaje del cuerpo, y su poesía aúna el mundo onírico y la vida cotidiana. Juanjo Olasagarre (1963) ha tomado el tema del cambio social de una pequeña comunidad en sus libros de poemas Bizi puskak [Trozos de vida] (1996) y Puskak biziz [Vida a trozos] (2000). Su poesía trata de la introducción de la modernidad posterior al 68 y sus efectos en una comunidad, cómo ha cambiado a las personas, cómo las ha separado, y las ha llevado a lugares y condiciones distintas, cómo su identidad sólida se ha convertido en una identidad cambiante y líquida. Harkaitz Cano (1975) mantuvo la influencia del surrealismo en su primer libro Kea lainopean bezala [Como humo bajo la niebla] (1994).

Kirmen Uribe (1970) rompió el tópico de que la poesía no se leía y no se vendía con su libro Bitartean heldu eskutik/Mientras tanto dame la mano (2001). En muy poco tiempo vendió 5.000 ejemplares y pronto conoció ediciones en castellano, francés e inglés en Estados Unidos. Realiza una poesía clara, de fácil lectura, que parece fácil pero que está muy pensada y que cala en el lector. El es, por ahora, uno de los autores más reseñables en el límite de tiempo marcado.

  • ALDEKOA, Iñaki. Historia de la Literatura Vasca. 1. ed. Donostia: Erein, 2004.
  • DE LA GRANJA, José Luis; DE PABLO, Santiago (Coords.). Historia del País Vasco y Navarra en el siglo XX. 1. ed. Madrid: Biblioteca Nueva, 2002.
  • KORTAZAR, Jon. Luma eta Lurra. Euskal poesia 80ko hamarkadan. 1. ed. Bilbao: Labayru-BBK Fundazioa, 1997. Traducción: La pluma y la tierra. Poesía vasca en los años 80. 1 ed. Zaragoza: Pramés, 1999.
  • KORTAZAR, Jon. Literatura Vasca. Siglo XX. 2. ed. Bilbao: Iparragirre.
  • KORTAZAR, Jon (ed.). Montañas en la niebla. Poesía vasca de los años 90. 1. ed. Barcelona: DVD editor, 2006.
  • KORTAZAR, Jon. Postmodernidad y narrativa vasca. 1. arg Cuenca: Cuadernos de la Magrana, 2005.
  • RABELLI, Álvaro (responsable del ejemplar). Egungo euskal ipuingintzaren historia. 1. ed. Leioa: Servicio Editorial de la UPV-EHU, 2011.