Festivals-Événements

Premios literarios en Euskal Herria

Han sido múltiples los obstáculos que el mundo literario vasco ha tenido que salvar desde los primeros certámenes de literatura vasca organizados a mediados del siglo XIX hasta hoy en día. Los primeros se organizaron en el ambiente romántico de los Juegos Florales y se multiplicaron a la vez que la cultura vasca tomó fuerza en los años previos a la Guerra Civil Española, que tuvo efectos demoledores en el mundo cultural y literario vasco. Ya en las décadas de 1950 y 60, junto al resurgir del mundo cultural en euskera, diversas asociaciones e instituciones volvieron a organizar nuevos certámenes literarios, alguno de los cuales aún perdura. El fin de la dictadura de Franco y la aprobación de la Ley para la Normalización y el Uso del Euskera en la Comunidad Autónoma Vasca (1982), propiciaron que las instituciones públicas organizaran nuevos certámenes, y no deben olvidarse los premios últimamente otorgados por instituciones ajenas a Euskal Herria a autores vascos.

Los primeros certámenes literarios de Euskal Herria fueron creados a mediados del siglo XIX, cuando Antoine d'Abbadie organizó los Juegos Florales en 1853. Se trataba de días festivos organizados anualmente bajo el influjo romántico en los que, además del concurso literario correspondiente, se unían numerosos elementos y actuaciones relacionadas con los vascos y a las tradiciones del país: música, bersolarismo, deporte rural, romería, concurso de irritzis, comida popular, etcétera. Como hemos señalado, entre los anteriores elementos la literatura tenía una presencia especial en dichas jornadas, en las que además de entregar el premio correspondiente a los autores galardonados, los textos eran leídos en público.

Durante los primeros diez años, los Juegos Florales se celebraron en Urruña (Lapurdi), y en los siguientes doce (1864-1876) en Sara. A partir de aquella fecha, sin embargo, los organizadores optaron por celebrarlos de forma itinerante, eligiendo cada año un pueblo o ciudad distinta: en 1877 se celebraron en Donapaleu, en 1878 en Sara nuevamente y en 1879 en Elizondo. Precisamente, los celebrados en Elizondo fueron los primeros Juegos Florales de Hego Euskal Herria. A partir de aquel año se celebraron en lugares repartidos por toda la geografía vasca: en 1881 en Irun, en 1883 en Markina, en 1886 en Urnieta, en 1897 en Areatza, en 1899 en Aramaio, en 1901 en Bilbao, en 1906 en Mungia, en 1908 en Eibar, etcétera. Durante algunos años se celebraron simultáneamente en dos pueblos. Fue el caso del año 1890 (en Uztaritz y Azpeitia), el de 1895 (en Bera y Elizondo) o el de 1896 (en Kanbo y Maule).

Los temas de los certámenes literarios (en ocasiones eran dados de antemano por los organizadores) estaban directamente unidos a la tradición y a la situación sociopolítica de Euskal Herria, siendo destacables motivos como la casa, la lengua vasca, la emigración o la vida rural. Los siguientes son los temas dados para los certámenes celebrados en los años iniciales: "Los dolores de corazón del joven vasco que marcha a Montevideo", "Honor a la labranza", "La mujer bebedora" y "La fiesta popular".

En los Juegos Florales de 1879, sin embargo, el poeta ganador Felipe Arrese Beitia estableció un nuevo límite con su texto "Ama euskeriaren azken agurrak" ("Último adiós a la madre euskera"), texto en el que reflejaba los sentimientos de angustia y preocupación originados entre la población vasca por la pérdida de los derechos forales. En el texto del que hablamos, un euskaldun se dirige a la madre euskera que yace moribunda, y línea tras línea se recogen muchos de los elementos del imaginario foralista.

Los certámenes literarios celebrados en los Juegos Florales resultaron ser un importante punto de partida e impulso para los escritores de la época, y entre los ganadores hallamos los nombres de algunos de los más destacados autores vascos. En 1853 el primer premio fue para B. Celhabe con el texto "Montevideorat noha zenbat ureterentzat". Al año siguiente venció Dussaut con el trabajo "Laboraria" y un año después lo hizo el conocido Jean Baptiste Elizanburu con "Emazte edalea". Elizamburu volvió a ganar el primer premio en 1858, 1860 y 1862. Por otro lado, Gratien Adéma "Zaldubi" también participó en dichos certámenes, obteniendo el primer premio en Sara en 1873.

Similares a los Juegos Florales creados, impulsados y subvencionados por Abbadie fueron las Fiestas Euskaras (nombre que también ha sido empleado para nombrar a los Juegos Florales) creadas por algunas entidades públicas y culturales a finales del siglo XIX y comienzos del XX. En 1896 la Diputación guipuzcoana se hizo cargo de su organización de dichas fiestas, celebrándolas en aquel año en Arrasate. Dicha diputación se encargó de la organización hasta 1913. Las Fiestas euskaras tenían más de un día de duración, y por lo que al contenido respecta, eran similares a los Juegos Florales: estaban directamente unidas a las tradiciones vascas e incluían certámenes literarios. Entre los ganadores de dichos certámenes cabe destacar a autores como Luis Izagirre, Elizanburu, Arrese Beitia, Victoriano Iraola, Arturo Campion, Claudio de Otaegui, Carmelo Echegaray, José Ignacio Arana, José Artola, Francisco López Alen, Txomin Agirre, Pedro Mari Otaño, Jean Barbier, Ramón Inzagaray, Paulo Zamarripa o Gregorio Múgica.

Junto a los certámenes arriba mencionados cabe destacar los organizados en honor de autores ya fallecidos (Calderón de la Barca, Sebastian Mendiburu, Navarro Villoslada, Iparragirre, etcétera). Es de destacar, asimismo, el trabajo realizado por las revistas culturales del momento ( Eskualduna, Euskal-Erria, Euskal Esnalea o Euskalerriaren alde): por un lado, publicaron los trabajos premiados en los distintos certámenes reseñados y por el otro las propias revistas fueron impulsoras de nuevos premios literarios. La revista Euskalzale, dirigida por Azkue, por ejemplo, organizó un certámen que ganaron Txomin Agirre (con su primera novela en euskera Auñemendiko lorea) y Biktoriano Iraola (con una comedia).

A pesar de que la Primera Guerra Mundial interrumpió algunas iniciativas culturales (las Fiestas Euskaras de Hondarribia en 1914, por ejemplo), es conocido que durante las primeras décadas del siglo XX la cultura vasca conoció un notable crecimiento: se crearon asociaciones y entidades culturales de gran relevancia (Eusko Ikaskuntza, Euskaltzaindia, Euskalerriaren alde, etcétera) que, a su vez, fundaron nuevas publicaciones y contribuyeron a la estabilización de las anteriormente existentes. Dicho auge cultural alcanzó la cumbre desde comienzos de los años 20 y los años 30. De aquella época son, precisamente, los certámenes literarios más importantes anteriores a la Guerra Civil Española.

Durante los años 20, junto a los certámenes organizados por las instituciones públicas, son dignos de mención los creados y / o impulsados por algunas asociaciones culturales. Euskal Esnalea, por ejemplo, creó varios premios a lo largo de dicha década: en 1921 un certamen de artículos periodísticos que ganó Kolestin Onaindia, al año siguiente el mismo premio fue para Juan I. Garmendia, en 1925 Juan Garbizu ganó el premio de poesía que en 1926 y 1927 obtuvo Jautarkol, etcétera. La Escuela de Declamación donostiarra también repartió sus premios a las mejores obras de teatro en aquella época.

En 1927 se creó la asociación cultural Euskaltzaleak bajo la dirección de José Ariztimuño "Aitzol". Dicha asociación creo la Semana Vasca en Donostia con la ayuda del alcalde José Antonio Begiristain y algunos escritores vascos como Toribio Altzaga. Se trató de una semana repleta de actividades culturales similares a las ya referidas al hablar de las Fiestas Euskaras. Tres años después, en 1930, Euskaltzaileak organizó el primer Olerti eguna.

Como el propio nombre indica, la literatura fue el eje de los Olerti Eguna o Día de la Poesía, pero, además de repartir premios literarios, el programa también recogía otras actividades como la misa, charlas sobre política y cultura, versolaris, obras de teatro, romería, cánticos, comida popular, etcétera. El primer Olerti Eguna se celebró en junio de 1930 en honor a Koldo Jauregi "Jautarkol", y el vencedor fue el vizcaíno Estepan Urkiaga "Lauaxeta" con el texto "Maitale kuttuna" (publicado en la obra Bide-barrijak un año después). En 1931 se celebró en Tolosa en honor de Emeterio Arrese (estuvo presente), y tras la misa dada por Azuke y la exposición de Echegaray sobre la poesía de Arrese, otorgaron el premio a J. Maria Agirre "Lizardi" por el texto "Baso-itzal". Un año después el Olerti Eguna se organizó en memoria del fabulista Iturriaga en Hernani: el primer premio fue otorgado a Joaquín de Bedoña "Loramendi" por el trabajo "Barruntza leioan" y el segundo a Domingo Jakakortajarena por el texto "Len-euzkotarrak". El Olerti Eguna de 1933 fue organizado en Urretxu en honor de Iparragirre, autor sobre el que versó la exposición de José Eizagirre allí realizada. Resultó premiado el trabajo "Bost lore" de Francisco Echeberria y se dieron dos accésit: uno a Alfonso Urkidi y otro a Rafael Kerexeta. Tras la muerte prematura de Lizardi, el Olerti Eguna se celebró en su ciudad natal, Zarautz, en 1934. Aitzol y Telesforo Monzón hicieron sendas exposiciones y se repartieron numerosos premios: el premio de honor fue otorgado a Jokin Zaitegi por "Tori nire edontzia", el correspondiente a la mejor poesía al texto "Orio?ko umezurtza" de Fabian Loidi y se otorgaron tres accésit (a Andrés Ezenarro, Eulogio Gorrochategui y al Ondarroako Euskeltzale Bazkuntza). Por otra parte, el premio al mejor conjunto de composiciones navideñas fue otorgado a la academia Kardaberatz de Vitoria. Tras el reparto de premios, se hizo una comida popular y los allí presentes colocaron una losa en la casa natal de Lizardi.

El Olerti Eguna de 1935 se hizo en honor a Loramendi en Aretxabaleta. Al inicio del día se representó la obra de teatro Eun dukat de los hermanos Lekuona en Arrasate y el coro popular dio un concierto. El premio de honor fue otorgado a Jautarkol y el correspondiente al mejor poema en euskera a Nikolas Ormaetxea "Orixe" por el texto "Arraunketa". El último Olerti Eguna fue celebrado en 1936, en Lekeitio y en honor de los Azkue (padre e hijo). Se representó la pieza teatral "Gora-buru" de Lauaxeta y se hicieron varias exposiciones, tras las que se otorgaron los siguientes premios: premio de honor a Iñaki Otamendi por "Giza-adiñak", mención de honor a Angel Sukia por "Euzko apaizgaiarena" y premio a la mejor composición poética para Manuel Lekuona por "Yesus aurraren bizitza". Finalmente, hay que mencionar que en todos los Olerti Eguna fueron premiadas diversas personas dedicadas a la recolección de la poesía popular vasca.

Además de los Olerti Egunak, en la década de los años 30 se celebraron tres Antzerti Egun o Días del Teatro en Donostia. En dicho día se otorgaban los premios a las obras de teatro previamente presentadas y juzgadas, y se representaban ante el público tras ofrecer diversas charlas. El primer Antzerti Eguna se celebró en 1934 y a él se presentaron 3 monólogos y 8 comedias. También se quiso premiar al mejor cuadro dramático, y de los catorce trabajos presentados el premio fue a parar al grupo "Eusko-Etxea" de Donostia por la interpretación de la adaptación realizada por Toribio Altzaga de la obra Ramuntcho de Pierre Loti. Los premios fueron repartidos el 6 de mayo, y el cuadro ganador fue representado en el teatro "Poxpoliñas" del Kursaal.

El II. Antzerti Eguna se celebró en 1935 y se presentaron catorce monólogos en total además de los cuadros dramáticos. Resultaron ganadores Tene Mujika, Antonio Arocena y Andrés de Amonarriz. En abril de aquel año se hizo el concurso de cuadros dramáticos y el primer galardón fue otorgado al grupo "Mendiburu" de Oiartzun por la representación de Eun Dukat de los hermanos Lekuona. Por la tarde se representó la obra Gogo-oñazeak de Tene Mujika en el Kursaal.

Al último Antzerti Eguna, celebrado en 1936, se presentaron dieciséis monólogos y díalogos, siendo galardonados Jacinto Karraskedo, Felix Markiegi y Antonio Arocena. Los premios se repartieron en mayo de dicho año en Donostia, y por la tarde el grupo "Euzko Etxea" de Donostia representó la obra Garo usaia en el teatro Victori Eugenia.

La Guerra Civil Española que estalló en 1936 hizo desaparecer prácticamente toda expresión de cultura vasca en Hego Euskal Herria, y como resultado de ello no existió premio literario alguno hasta finales de la década de los 40.

Los primeros premios literarios tras la Guerra Civil Española fueron organizados fuera de Hego Euskal Herria por vascos exiliados principalmente. En 1949 las asociaciones Gernika, Eskualtzaleen Biltzarra y Herria organizaron Juegos Florales en Ipar Euskal Herria y América. El premio a la mejor poesía fue otorgado a Salbatore Mitxelena por su trabajo "Bi poema", y el de teatro lo ganó Pierre Larzabal por el texto Urtchilotar horiek. En aquel mismo año la asociación Nekazari Alkartasuna organizó un certamen teatral en el que resultó vencedora Mª Dolores Agirre gracias a la obra Aukeraren maukera, azkenian okerra.

Ya en la década de 1950, la cultura vasca resurgió tímidamente, y con ello se crearon nuevos certámenes literarios. En 1950 se organizó un premio de poesía y versolarismo en Donibane Garazi, y tres años después un certamen poético en Urretxu en recuerdo de Iparragirre en el que resultó vencedor Nemesio Etxaniz. En aquel mismo año la revista Euzko Gogoa, creada, dirigida y difundida desde el exilio, organizó un nuevo concurso literario en el que ganó Salbatore Mitxelena con el poema "Itsasalde". Entre 1955 y 1960, las asociaciones Euskaltzaleak y Euskaltzaleen Biltzarra también organizaron algunos certámenes literarios.

En la década de los 50 se crearon dos conjuntos de premios de notable importancia: los de Euskaltzaindia y los otorgados por el grupo cultural Oregui.

El grupo Oregui nació en Donostia y durante los años 50 se encargó de organizar numerosos certámenes literarios. El primero se dio a conocer en 1954 y a él se presentaron 32 trabajos a pesar de la escasez de galardones: los premios eran algunas obras de autores vascos como Orixe, Axular, Santi Onandia, etcétera. El primer año ganaron Sabin Berasaluce y Peru Guarrochena, respectivamente. El segundo los ganadores fueron Alberto Elosegi y Fernando de Garixo, y en la tercera convocatoria resultaron vencedores Iñaki Echebeste y S. de Celaya. También otorgaron una mención de honor a Gabriel Aresti. Los organizadores optaron por concretar el tema a trabajar en la cuarta convocatoria: temas críticos en torno al futuro político de Europa, y los ganadores fueron Iñaki Bereziartua, Iñaki Bastarrica, Eneko Pérez, Gabriel Aresti y Joseba Mirena Iriondo.

Desde la década de los 50, como hemos dicho, Euskaltzaindia ha organizado diversos certámenes literarios. Tras premiar a algunos autores como Jon Etxaide (con la novela Joanak joan en 1955) o Gabriel Aresti (con la obra poética Maldan behera en 1959), en 1958 creó el concurso de novela Txomin Agirre con la ayuda de la Caja de Ahorros Vizcaína. El ganador del certámen resultó ser Eusebio Erkiaga, y durante las siguientes décadas han sido muchos los autores premiados: Jon Etxaide (1964), Txomin Peillen (1966), Txillardegi (1972), Mikel Zarate (1973), Gotzon Garate (1977), Augustin Zubikarai (1979), etcétera.

En la década de 1980 Euskaltzaindia optó por crear los premios Resurrección María Azkue, en los que se galardonaron novelas, ensayos y tesis doctorales. Entre los ganadores cabe citar a autores como Augustin Zubikarai, Joan Mari Irigorien, Gotzon Garate, Patxi Goenaga, Pello Salaburu, Miren Azkarate o Mario Onaindia. Con la llegada de los años 90, sin embargo, tras algunos años sin adjudicarse, Euskaltzaindia retomó el premio de novela Txomin Agirre. Entre los ganadores de las últimos años puede mencionarse a Xan Irigaray (1991), Martin Ugalde (1993), Luis Mari Mujika (1995), Aitor Arana (1999), Txema García-Viana (2006) o Mikel Zubeldia (2008).

En los años 60 Euskaltzaindia y la Caja de Ahorros Guipuzcoana crearon tres nuevos premios: el premio Toribio Altzaga de teatro, el Lizardi de poesía y el Xenpelar de versos escritos.

El premio teatral Toribio Altzaga fue otorgado por primera vez en 1961 y lo recibió Gabriel Aresti. Desde entonces y hasta 2008, exceptuando algunos años en los que no se ha presentado trabajo alguno o en los que el jurado ha optado por no galardonar ninguna de las obras recibidas, son muchos los autores que se han hecho con él: Augustin Zubikarai (1963, 1967), Lourdes Iriondo (1970), Luis Haranburu Altuna (1974, 1991), Marijeanne Minaberry (1982), Xabier Mendiguren Elizegi (1986, 1994), Juango Olasagarre (1995), Karlos Linazasoro (1997), Karlos del Olmo (1998), Aizpea Goenaga (2008), Pako Aristi (2008), etcétera.

Por lo que al premio Lizardi de poesía respecta, se entregó por primera vez en 1961 y en la lista de ganadores aparecen algunos de los nombres más destacados de la época: Orixe, Gandiaga, Sarasola, etcétera. Durante algunos años no se entregó y en la década de los 70 el premio Felipe Arrese Beitia (organizado por Euskaltzaindia y la BBK) le tomó el relevo. Los primeros ganadores del Premio Felipe Arrese Beitia fueron Polikarpo Iraizoz y Mikel Zarate (1978), y desde entonces han sido muchos los autores premiados, entre los que cabe citar a Alfonso Irigoyen (1980), Xabier Lete (1991), Juan Luis Zabala (1999), Juan Ramon Madariaga (2000), Sonia González (2001), Karmele Igartua (2007) o Amaia Jauregizar (2008).

El premio Xenpelar fue creado en 1962, se mantuvo hasta 1989 y en cada convocatoria se otorgaron tres galardones en todos esos años exceptuando los que van desde 1977 hasta 1984. Entre los ganadores hallamos a Jesus Lete, Sebastián Salaberria y Manuel Uranga en 1962, a Manuel Matxain, Inozenzio Olea y Jesus Lete en 1965, a Xalbardor, Joxe Aierbe y Mantxola en la convocatoria de 1971/72, a Pello Esnal en 1978, a Jesus María Mendizabal en 1984, etcétera.

Junto a los anteriores, en la década de 1960 algunas asociaciones e instituciones también crearon sus propios certámenes literarios. Gabriel Aresti, por ejemplo, obtuvo el premio Orixe de poesía en 1962 con su obra Harri eta herri, y la revista Olerti (creada en 1950) repartió algunos premios bajo la dirección de Santi Onaindia, Eusebio Erkiaga y Nemesio Etxaniz. Entre los ganadores, puede mencionarse a autores como Bitoriano Gandiaga, Sabin Muniategi, Balendin Aurre-Apraiz, Nemesio Etxaniz o Paulo Iztueta.

Del mismo modo que los anteriores, en los años 60 se crearon los premios Agora de novela, poesía y teatro, y entre los entonces galardonados están Gregorio Gabiria (1963), Augustin Zubikarai (1965 y 1968), Xabier Lete (1966), Pedro Sarriegi (1966) y Eusebio Erkiaga (1969).

En la década de 1970 el sistema literario vasco se estabilizó con la aparición de nuevos escritores y la fundación de algunas editoriales, y todo ello contribuyó a la creación de nuevos premios literarios, llegando a ámbitos antes nunca premiados. Como ejemplo, se puede citar el premio Orixe (1977) a las mejores traducciones al euskera de obras de la literatura universal.

En los inicios de la década de 1970 se creó el premio Irun Hiria de la mano del Ayuntamiento de Irun y la Kutxa guipuzcoana. Hasta 1994 se premiaron los mejores cuentos, novelas, poemas y ensayos. A partir de entonces, sin embargo, los premios se dividieron en dos: los de poesía, novela y ensayo quedaron unidos al nombre Irun Hiria, pero para los otorgados a los mejores cuentos y obras de teatro se crearon los premios Donostia Hiria.

Desde los años 70, se cuentan por docenas los escritores que han ganado los premios Irun y Donostia Hiria tanto en la modalidad de euskera como en la de español, entre los que destacan los siguientes: Bernardo Atxaga, Arantxa Iturbe, Joan Mari Irigoien, Joxe Azurmendi, Eduardo Gil Bera, Inazio Mujika Iraola, Hasier Etxeberria, Joxe Austin Arrieta, Iñaki Mendiguren, Xabier Lete, Joan Mari Torrealdai, Karlos Linazasoro, Yolanda Arrieta, Xipri Arbelbide, Joxerra Garzia, Patxi Ezkiaga, Sonia González, Aitor Arana, Urtzi Urrutikoetxea, Asier Serrano, etcétera.

En 1971 se creó el premio Ignacio Aldekoa y sigue vivo de mano de la Diputación Foral de Álava. Durante los últimos treinta años, han sido varios los autores vascos que lo han conseguido: Sarrionandia, Urretabizkaia, Juan Garzia, Mujika-Iraola, Patxi Zubizarreta, Harkaitz Cano, Koldo Biguri, Jon Bilbao, etcétera.

Durante los años 80 el sistema literario vasco se estabilizó de una forma nunca antes conocida (hay que tener en cuenta que en 1982 se aprobó la ley de normalización del euskera), y ello tuvo consecuencias directas en la creación y evolución de los premios literarios. El Gobierno Vasco creó varios premios tanto en euskera como en español: los premios de novela Jon Mirande y Pío Baroja, los de poesía Lizardi y Alonso de Ercilla, el Kirikiño de relato corto, el Pedro Axular de ensayo y los Francisco de Avellaneda y Pedro Ignacio Barrutia de teatro. Transcurridos unos años, en 1997 el Gobierno Vasco reestructuró dichos premios bajo el nombre Premios Euskadi, y a día de hoy continúan premiando cuatro categorías: literatura escrita en español, literatura escrita en euskera, literatura infantil y juvenil y mejor traducción. En 2009 se añadieron los galardones al mejor trabajo de ilustración y el premio al mejor ensayo.

Como es lógico en premios de larga trayectoria, son muchos los nombres de autores y traductores galardonados en las categorías mencionadas: Anjel Lertxundi, Luis Mari Mujika, Luis Baraiazarra, Patxi Ezkiaga, Felipe Juaristi, Juan Mari Irigoien, Xabier Mendiguren Elizegi, Iñigo Aranbarri, Eduardo Gil Bera, Bernardo Atxaga, Martin Ugalde, Laura Mintegi, Karlos Linazasoro, Joxe Azurmendi, Patxi Zubizarreta, Josu Zabaleta, Xabier Montoia, Aingeru Epaltza, Lourdes Oñederra, Ramon Saizarbitoria, Itxaro Borda, Pello Lizarralde, Harkaitz Cano, Iban Zaldua, Xabier Lete, Fernando Rey, Koro Navarro, Juan Garzia, Iñaki Mendiguren, Antton Garikano, Xabier Olarra, Jesus Mari Mendizabal, Miren Agur Meabe, Txiliku, Fernando Morillo, Juan Kruz Igerabide, etcétera.

En los años 80 Euskaltzaindia y la BBK crearon, por otro lado, los premios Mikel Zarate de ensayo. En aquella misma década se repartieron en escasas ocasiones ( Jon Sodupe fue el ganador de la primera convocatoria en 1983), pero durante las últimas dos décadas han sido muchos los ensayistas que se han hecho con el galardón. Se trata de autores como Patri Urkizu (1991), Jon Alonso (1994), Pako Sudupe (1995), Julen Zabalo (1996), Jurgi Kintana (2001), Patziku Perurena (2003) o Julen Arriolabengoa (2007).

Más allá de los premios organizados por las instituciones públicas, hay que mencionar algunas iniciativas privadas creadas en los años 80 como el premio de novela corta Cafe Iruña (creado en 1983), o el premio de traducción Jokin Zaitegi organizado por la asociación AED de Arrasate y la editorial Elkar que durante los últimos años se ha otorgado a modo de beca para la traducción de los Premios Nobel de literatura. Entre los traductores ganadores se encuentran Urtzi Urrutikoetxea, Oskar Arana, Iñigo Errasti, Fernando Rey, Koro Navarro, Luis Berrizbeitia, Ibon Uribarri y Santi Leoné.

El premio periodístico Rikardo Arregi es organizado por el Ayuntamiento de Andoain desde 1989, y premia la labor periodística realizada en euskera en distintos ámbitos.

Junto a los galardones de largo recorrido mencionados hasta ahora, han sido muchos los creados en la década de los 90 y de los 2000, por lo que resulta imposible mencionar todos, y es que a los grandes premios de las instituciones públicas hay que añadir los de las instituciones privadas, los organizados por grandes y pequeños ayuntamientos, los de las editoriales, los otorgados por los grupos de lectura, etcétera.

A mediados de la década de los 80, el Gobierno Vasco creó un nuevo galardón con la intención de impulsar a los jóvenes estudiantes a escribir: el Urruzuno. Todavía se celebra anualmente, y está dirigido a alumnos de enseñanza secundaria y bachillerato en las modalidades de prosa y poesía. Desde que se creó en 1986, han sido más de trescientos los jóvenes galardonados, entre los que se encuentra algún destacado autor de la literatura vasca contemporánea como Harkaitz Cano. El premio correspondiente al certamen consiste en la publicación de un tomo que recoge todos los textos galardonados y un viaje por Europa para las personas ganadoras.

Por lo que a la literatura infantil y juvenil se refiere, Euskaltzaindia creó los premios Azkue de literatura infantil y juvenil en 1991. Los participantes pueden presentar narraciones o poemas, y al cabo del año los textos premiados son publicados en un libro.

En 1989 la asociación EIZIE y el Gobierno Vasco crearon la colección Literatura Unibertsala con el objeto de publicar obras de la literatura universal en euskera. Para ello, anualmente se publica una lista de obras a traducir, que se adjudica tras presentar los posibles traductores una muestra de la futura traducción. Entre 1990 y 2002 se tradujeron cien libros y entre 2002 y 2010 cincuenta y dos. En el año 2010 no se hizo pública lista alguna al preferir EIZIE recuperar algunas obras que ya se encontraban agotadas o fuera de catálogo. En 2011, sin embargo, se publicó una nueva lista de obras a traducir, abriendo así la tercera fase de traducción.

En la década de los 90 la editorial Elkar puso en marcha con la ayuda de varios ayuntamientos algunas becas destinadas a impulsar la creación literaria. Más que a un trabajo ya finalizado o publicado, se destina una concreta cantidad de dinero al proyecto elegido entre los presentados en cada convocatoria, para que el autor desarrolle y finalice la idea expuesta en su proyecto literario. La beca Joseba Jaka, por ejemplo, fue creada por la Fundación Elkar en 1996, y se asigna cada dos años. Entre los que la han obtenido destacan autores como Koldo Izagirre, Joseba Sarrionandia, Aingeru Epaltza, Harkaitz Cano, Juango Olasagarre, Karlos Linazasoro, Angel Erro, Igor Estankona, Rikardo Arregi Díaz de Heredia, Eider Rodrígez, Unai Elorriaga, Piarres Xarriton, Jon Alonso, Edorta Jiménez o Patxi Zubizarreta.

El premio Igartza, por otro lado, fue creado en 1998 y tiene como objetivo impulsar el trabajo de los autores jóvenes. Lo organizan en Ayuntamiento de Beasain, la empresa CAF y la Editorial Elkar, y en él pueden participar autores que no superen los 35 años. A día de hoy, autores como Julen Gabiria, Unai Elorriaga, Karmele Jaio, Uxue Alberdi, Katixa Agirre, Uxue Apaolaza o Eider Rodriguez se han hecho con el galardón.

En 1999 seis editoriales de Valencia, Euskal Herria, Galicia, Catalunya, Asturias y Aragón se unieron para crear la plataforma de trabajo conjunto. Crearon el premio Abril de literatura juvenil, y en 2002 lo ganó el elgoibartarra Hasier Etxeberria con la novela Inesaren balada.

Junto a los anteriores, la Editorial Elkar y el Ayuntamiento de Ondarroa organizan el premio Augustin Zubikarai desde e laño 2001. En 2002 y 2008 no se adjudicó premio alguno, y el último ha sido entregado a Iratxe Esnaola por la obra Galerna.

A inicios del siglo XXI la editorial navarra Pamiela creó el premio Juan Zelaia con el objetivo de impulsar el pensamiento crítico, y a día de hoy lo han ganado autores como Pedro Alberdi, Xabier Agirre, Antton Luku, Kepa Larrea o Kepa Altonaga.

Por otra parte, en 2003 se otorgaron por primera vez los premios "Opera prima" Erein y Donostia, organizados por la Editorial Erein y el Ayuntamiento de Donostia. Se crearon al objeto de impulsar los trabajos de nuevos autores, y se entregan bianualmente. Entre los ganadores se encuentran Joxe Belmonte, Aitziber Etxeberria, Xabier Etxaniz Rojo, Xabier Altube y Joseba Gabilondo.

Junto a todos los anteriores y desde 1996, la asociación Manuel Larramendi Kultur Bazkuna se encarga de la entrega del premio Beterriko Liburua. Como tal, no es un premio otorgado por un reducido número de personas que forman un jurado, sino por los lectores que constituyen la 111 Akademia. Dicho de otro modo, son los lectores los que premian directamente al autor. Entre los ganadores están Joxean Agirre (1996), Koldo Izagirre (1997), Ur Apalategi (1997 y 2011), Lourdes Oñederra (1999), Ramon Saizarbitoria (2000), Joseba Sarrionandia (2001), Bernardo Atxaga (2003), Juan Kruz Igerabide (2005), Anjel Lertxundi (2002, 2008) y Jokin Muñoz (2007).

Finalmente, cabe mencionar los premios otorgados a autores vascos por instituciones públicas y privadas ajenas a Euskal Herria. En ocasiones, dichos premios han repercutido, además de en la trayectoria del propio autor, en el sistema literario vasco. Los Premios Nacionales del Ministerio de Cultura español son buen ejemplo de ello. Bernardo Atxaga fue el primer autor vasco en ganar el Premio Nacional de Narrativa con la obra Obabakoak (1988), y en las últimas décadas otros dos novelistas se han hecho con dicho galardón: Unai Elorriaga con SPrako tranbia (2002) y Kirmen Uribe con Bilbao-New York-Bilbao (2009). Más allá de los premios nacionales de narrativa, Mariasun Landa se hizo con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con la obra Krokodiloa ohe azpian, y en 2010 el Premio Nacional de Ensayo recayó en manos del oriotarra Anjel Lertxundi por el ensayo Eskarmentuaren paperak.

  • TORREALDAI, Juan Mari. Euskal kultura gaur. Liburuaren mundua. Donostia: Jakin, 1997.