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Literatura vasca en el siglo XX. 1900-1975

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En el primer tercio del siglo XX el sistema literario vasco presenta algunas debilidades. El libro no es el centro del sistema y la literatura aparece de manera más normal en las revistas. Aun así, en los primeros años del siglo se crearon algunas instituciones que han llegado hasta nuestros días y fueron esas instituciones las que dieron impulso al sistema literario.

Entre las instituciones que tuvieron mayor protagonismo debe citarse en primer lugar a Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos. Fundada en 1918 por las cuatro diputaciones vascas, trabajó a favor de la cultura vasca en una sociedad que carecía de universidad. Se estructuró en secciones al modo de las sociedades que en Gran Bretaña buscaban el impulso de las ciencias, y fomentó la investigación a través de sus congresos que se convirtieron en importantes foros científicos. El primer congreso se celebró en Oñate en 1918 impulsando la creación de la sociedad. El segundo se celebró en Pamplona en 1920 y trató el tema de la enseñanza. El tercero, celebrado en Gernika en 1922, tuvo como temas centrales la lengua y la educación. De su seno surgió Euskaltzaindia-Academia de la Lengua Vasca para trabajar a favor del euskara. En el congreso de Oñate se aceptó su reglamento y se reunieron los cuatro primeros académicos: Azkue, Campión, Eleizalde y Urquijo, y las diputaciones aceptaron su normativa el año 1919.

En 1927 nació en Mondragon la asociación Euskaltzaleak que, tal y como se comentará más tarde, tuvo como presidentes a Lizardi y a Aitzol. Más adelante se creó Euzkel Bazkunen Alkartasuna [Asociación de Sociedades Vascas], con la intención de coordinar a las asociaciones que trabajaban a favor del euskara.

Todas estas asociaciones crearon una red que impulsaba el uso del euskara, pero las revistas literarias canalizaron la creación literaria. Siguiendo una estela que provenía de finales del siglo XIX fueron las siguientes revistas las que dieron continuidad a la literatura vasca: la revista Euskal Erria (1880-1918) de Donostia; Eskualduna (1887-1944) de Bayona, una revista conservadora "blanca", que se posicionaba a favor de la religión y la familia; Euskal Esnalea (1908-1931) de Donostia; Gure Herria (1921-...); Euskal Erriaren Alde (1911-1931). Pero sobre todas ellas destacó la Revista Internacional de Estudios Vascos (1907) fundada e impulsada por Julio Urquijo. En la época se apreciaba una tendencia primitivista, es decir, un afán por llegar a las fuentes de la lengua. Y eso es lo que hizo RIEV: promover la recuperación de los clásicos vascos, impulsando las ediciones facsimilares, a la vez que ofrecía un lugar a la nueva literatura vasca.

En sus páginas se publicó la tercera novela, Garoa (1907-1912), de Domingo de Agirre (1864-1920). Aunque los escritores foralistas inventaron leyendas y en el País Vasco Continental se publicaron algunas novelas cortas, se considera que la novela histórica Auñemendiko Lorea-La flor del Pirineo (1898) de Domingo de Agirre dio carta de nacimiento a la novela vasca. Domingo de Agirre publicó otras dos novelas, Kresala [Agua Marina] (1902-1905) y Garoa [El elecho] (1907-1912). Este sacerdote escritor comenzó su andadura en el género de la novela histórica para pasar después a la novela regionalista con la descripción de un pueblo pescador en Kresala y terminar con una novela égloga en Garoa. El escritor representó en sus novelas un mundo tradicional y patriarcal. Sus personajes son de una sola pieza, no sufren crisis que cambien su personalidad, defienden la vida tradicional y son cristianos fieles en un momento histórico en que el liberalismo y el mundo industrial demuestran su poder. Un narrador omnisciente ofrece la voz principal de la narración y el tratamiento del tiempo es muy lento. Agirre buscaba ofrecer una mirada hacia el pasado, porque para él los verdaderos valores morales e ideológicos de la sociedad se encontraban en los montes y los campos idílicos.

José Manuel Etxeita (1842-1915) se educó en la novela romántica, pero su novela Josetxo (1909) se basa en su biografía y, a pesar de que sigue la técnica narrativa del folletín, consigue pasajes verosímiles cuando cuenta episodios de su vida. Su segunda novela Jayoterri maitia [Querido pueblo natal] (1910) es diferente puesto que trata de forma idílica el tema de la emigración.

La afirmación de que no existe el realismo en la novela vasca ha oscurecido la narración y la crónica realista de Jean Etxepare (1887-1935). Es cierto que no publicó novela, pero en su recopilación de crónicas Buruxkak (1910) aparece clara su intención de alejarse de la tradición costumbrista a través de una narración realista y de la influencia de Nietzsche.

En el panorama de ese sistema literario débil y disperso hay un género que mantiene de manera coherente su producción: el teatro. Dentro de este género habría que tener en cuenta sus dos vertientes: la institución (con sus representaciones) y la escritura dramática. Si en Bilbao se produjo un teatro nacionalista en Donostia había una gran tradición de representar teatro en euskara. Tras la carrera literaria de Marcelino Soroa (1848-1902), Toribio Altzaga (1861-1941) conquistó el centro de este género literario. Publicó más de veinte obras teatrales y se especializó en la comedia ofreciendo textos que afinaban el sentido cómico de sus antecesores. Cuando el ayuntamiento de San Sebastián creó la academia Euskal Iztundea [Declamación Vasca] (1915) encargó su dirección al escritor Altzaga. Adaptó la novela Ramuntcho (1897) al teatro y sus textos se caracterizaron por fijarse en pequeños detalles, por mantener la unidad en la trama y por su carácter humorístico. Sus temas se centraban en pequeños conflictos, con personajes de un estrato social medio-bajo y tramas dramáticas basadas en conflictos privados. Destacó, también, en la configuración de los diálogos de los personajes.

En ese tiempo abundaban los concursos de teatro y a través de ellos se dio a conocer la autora Katariñe Eleizegi (1886-1963). Sus dramas históricos Garbiñe (1917) y Loreti (1917) obtuvieron una favorable acogida. Cuando Altzaga muere en 1941, María Dolores Agirre (1903-1997) se hizo cargo de la dirección de Euskal Iztundea y del teatro vasco convirtiéndose así en un nuevo símbolo del teatro vasco.

La lírica no tuvo una evolución tan continua. Los textos se publicaban en revistas pero debemos referirnos a dos autores que pudieron publicar libros de poemas antes de que el sistema literario se reforzara en tiempo de la República.

Emeterio Arrese (1869-1954) publicó dos libros en la época que describimos: Nere Bidean [En mi camino] (1915) y Txindor [Ruiseñor] (1928). Aunque era liberal su poesía elaboró tópicos de un romanticismo tardío. En esa estética se sitúa también Klaudio Sagarzazu (1895-1971) en su obra Txinparta [Chispas] (1922). Estos dos poetas siguieron publicando después de la Guerra Civil de 1936. Jules Moulier Oxobi (1888-1958) publicó abundante poesía aunque su obra trabajó fundamentalmente el pequeño género de las fábulas en su libro Alegiak [Fábulas] (1926).

El poeta Koldobika Jauregi, Jautarkol (1896-1971) obtuvo una resonancia importante por su libro Biozkadak [Corazonadas] (1929); fue un libro muy leído, comentado y que tuvo influencia en la configuración de las poéticas de Lizardi y, sobre todo, de Lauaxeta - importantes poetas dentro de su género. Además Jautarkol se convirtió en el poeta símbolo de la poesía neopopularista que Aitzol promovió desde 1933.

Aunque se han utilizado diversas denominaciones para nombrar al grupo literario que aparece en la literatura vasca en el periodo 1930-1937, preferimos en nuestro análisis utilizar un nombre histórico, la época de la República, y no una denominación literaria.

Por ejemplo, Jokin Zaitegi (1906-1979) llamó al grupo literario que apareció en esa época "la generación de Aitzol". Ese título presenta problemas, sobre todo porque José Ariztimuño, Aitzol (1896-1936) fue un promotor y editor de ese grupo literario, pero no fue un creador. Además utiliza el concepto "Generación", un concepto que solo se utiliza en las historias literarias de España que cada día es más difuso y que se utiliza menos en las investigaciones de alto nivel. Para el grupo se acuñó un segundo membrete: "la época del renacimiento". Esta segunda denominación, aunque fue utilizada por los propios escritores para nombrar la época y en algunos casos a sí mismos, crea problemas dentro de la historiografía literaria vasca, ya que con el término "renacimiento" se describen dos épocas distintas: el renacimiento romántico que tuvo lugar a finales del siglo XIX y que Joseba Intxausti (1992: 135) coloca entre los años 1876-1903 y el renacimiento que se produce en la época de la República.

Si denominamos este movimiento con un nombre histórico, "la época de la República", no nos referimos solo a un momento de la historia sino que describimos también estéticas innovadoras que se produjeron en la época.

Desde el punto de vista estético, y sobre todo en la lírica, el grupo muestra una característica fundamental: el acercamiento a las formas modernistas y simbolistas que se producen en España y en Europa. La literatura vasca se encuentra en un momento en el que quiere conectar con la modernidad, y en ese proceso modernizador son muy determinantes movimientos estratégicos e ideológicos que se producen dentro del partido nacionalista EAJ-PNV. En el pensamiento de los escritores existe una ambición para acercarse a la literatura contemporánea Europea (quizás sea necesario matizar que se trata de la literatura Europea conservadora). El modernismo acabó en España antes de que empezara la Primera Guerra Mundial y por tanto los escritores vascos comenzaron tardíamente su acercamiento al modernismo (a la obra de Francisco Villaespesa (1877-1936), a la primera época poética de Juan Ramón Jiménez (1881-1951)) o al ejemplo del simbolismo (Antonio Machado (1875-1939), sin olvidar al poeta que fue muy leído y poco citado Miguel de Unamuno (1864-1936).

El comportamiento de José Ariztimuño, Aitzol fue muy importante en la renovación de la literatura y cultura vascas que se produce en esa época histórica. Su actividad más importante consistió en la creación del sistema literario vasco. Se denomina sistema literario al momento en que se produce una cierta autonomía literaria, cuando los lectores y otras organizaciones sociales ven la importancia de la literatura y cuando esas mismas organizaciones sociales aceptan a la literatura como una institución social. Aitzol vio claro que la sociedad vasca debía pronunciarse a favor de la lengua y la literatura vasca si se quería crear una sociedad euskaldun. Favoreció el prestigio de la literatura vasca en la medida en que quería una sociedad moderna. Por ello, es evidente que no pueden separarse los objetivos literarios de Aitzol de su ideología poética. Trabajó a favor del nacionalismo vasco y expresó en más de una ocasión que impulsando la literatura y la cultura vasca creaba las condiciones para la independencia de la nación vasca. Por otro lado, son conocidos los vínculos que mantuvieron los escritores vascos del momento con el partido nacionalista hegemónico, con EAJ-PNV. Aitzol, no se encontraba lejos de la ideología de este partido. José María Agirre, Xabier Lizardi (1896-1933) también tuvo importantes cargos en la ejecutiva de EAJ-PNV en Gipuzkoa. Esteban Urkiaga, Lauaxeta (1905-1937) se destacó entre la elite dirigente de ese partido. Y otro tanto podríamos decir de otros escritores de la época: Juan Antonio Irazusta, Abelino Barriola, Antonio María Labayen, Kepa Enbeita, Bernardo Garro, Andima Ibinagabeitia, Balendin Aurre Apraiz, Sabin Muniategi, Errose Bustinza, Sorne Unzueta, Francisca Astibia (Onintze)... Muchos escritores y agentes culturales del momento se movieron entre la literatura y la política. Como consecuencia, los debates literarios entre la ideología y la autonomía de la literatura son tan importantes como duros en esta época.

Aitzol utilizó como plataforma para impulsar la cultura vasca la asociación Euskaltzaleak, que se había fundado en 1928. Su intervención cultural agrupa varias actividades: fundó la revista cultural Yakintza (1933); organizó y financió el periódico nacionalista El día (1930), aunque no estaba unido orgánicamente al PNV; puso en marcha el Día de la Poesía Vasca (1930-1936) y más tarde el Día de los Bersolaris (1935-1936). Aunque los libros que se publican tras esas jornadas se llaman Bertsolari Guduak [Guerras de Bersolaris] estas iniciativas se organizaron como unos modernos Juegos Florales. Pero eran días que unían objetivos distintos: la creación literaria y las actividades culturales y políticas.

Bajo la influencia de la "Institución Libre de Enseñanza" (1876) la organización pedagógica Krausista, Aitzol afirmaba que la cultura podría renovar la vida social, que la cultura empujaría a la persona a buscar y crear un mundo nuevo: "Es tan elevada y esencial la misión de crear una cultura indígena, que para suscitarla es menester poner en actividad el patriotismo de todo el grupo étnico" (19-02-1932). Situado en el núcleo del Idealismo, Aitzol confió a la creación de un poema nacional la consecución de ese objetivo, creyendo que el pensamiento de un pueblo podría cambiarse por medio de la poesía y afirmando en último lugar que la cultura y la poesía favorecían la independencia del País Vasco. Ha quedado una frase como el resumen de su pensamiento: "Es un fenómeno general que se observa en el renacimiento literario de todas las lenguas. En la vanguardia figuran los poetas". Si en un principio Aitzol defendía que la poesía era la vanguardia de un renacimiento literario, en poco tiempo amplió su objetivo y para defender que la poesía era capaz de iluminar la conciencia popular: "la coincidencia de la inspiración poética y la concepción de resurgimiento patrio en esos genios restauradores de las modernas nacionalidades" (24-04-1932), "la mayoría de los genios que alumbraron a sus naciones oprimidas fueron poetas" (25-11-1932) o de forma más clara, "la poesía es uno de los factores más importantes en el resurgimiento nacional" (05-10-1933). Su modelo preferente fue en un principio, hacia 1930, el poeta de Provenza Frederik Mistral (1830-1914), y en fases más avanzadas de su pensamiento, desde 1933 en adelante, junto a Mistral situará como ejemplo al poeta Finlandes, Elías Lönnrot (1802-1884). Sin embargo, hará una defensa seria de la poesía popular y confrontará la estética de Mistral con la de Baudelaire, Lamartine y Victor Hugo, porque el primero era panteísta, el segundo un escéptico y el tercero un revolucionario. Buscaba una poesía basada en las formas populares, por eso, por encima de los problemas que tuvieron, entronizó a Nicolas Ormaetxea, Orixe (1888-1961) como el ejemplo de poesía vasca (en el artículo "El cantor de la vida vasca" 12-10-1930). Y le encargó la redacción del poema nacional Vasco, Euskaldunak, que Orixe terminó en 1935 pero que no se publicó hasta 1950. Aitzol continuó con su labor de examinar el papel de la poesía en la creación de la conciencia nacional en Cataluña, en Galicia, en Flandes, en Letonia y en Finlandia.

Aitzol puso la literatura a favor de la ideología nacional. Y de aquí surgió el mayor malentendido sobre su función y los debates de la época. Aitzol quería y buscaba una poesía que despertara al pueblo, épica, fácil de leer y unida al folclore popular. En cambio, Lizardi y Lauaxeta realizaron una poesía diferente que buscaba la autonomía literaria.

Jose María Agirre, Xabier Lizardi (1896-1933) representa a la poesía de la época. Publicó una sola obra Bihotz-begietan / En el corazón y en los ojos (1932). No era fácil publicar libros en euskara en aquel momento, pero éste consiguió una fama merecida. En el título puede observarse cuáles son los objetivos de su poesía. Al parecer se basa en las teorías filosóficas de José Ortega y Gasset (1883-1955). En opinión del filósofo madrileño la realidad se construye cuando se unen el mundo exterior (ojos) y el mundo interior (corazón). La poesía de Lizardi busca esa instancia de realidad, uniendo y completando el mundo interior y el mundo exterior y creando una experiencia de realidad. Como sucedía con otros libros del momento el el autor contaba la historia de su evolución poética. Además, se reunían poemas que había publicado con anterioridad. Si el libro apareció en 1932 se constata que algunos poemas los había firmado en 1917 como el que sirve de introducción, el soneto "Jaun errukiorra".

Desde el punto de vista cronológico pueden verse las siguientes épocas en su poesía. Época de aprendizaje: 1917-1929, en esta primera época Lizardi recoge los poemas publicados con anterioridad. La poesía vasca de principios de siglo había propugnado la creación de sonetos y en este contexto se sitúa el poema religioso "Jaun errukiorra" que escribió con veintiún años. "Oia" es una composición de estilo irónico que anuncia el humor del autor. A partir de 1920 el autor trabaja con el tema que definirá su poesía: el tratamiento simbólico de la naturaleza. En el poema "Mendi gaña" aparece por primera vez la imagen que luego será general de un poeta de la naturaleza. Su tratamiento de este tema no es solo descriptivo sino que en él se abre paso una lectura simbólica y de esa manera el camino que el poeta recorre hasta la cima del monte es un símbolo de su ambición por llegar al ideal. "Zeru azpia" es un ejemplo de la importancia que le dio al bersolarismo 13609 y a la improvisación. En 1927 Joseba Altuna publicó la traducción de los cuentos de Oscar Wilde en una recopilación que llamo Ipuñak [Cuentos] y el poema de Lizardi "Aldakeri" parece ser un fruto que debe mucho a esa influencia. El poema "Xabiertxo'ren heriotza" habla de la muerte de un hijo, tema que fue muy tratado en la literatura española de principios de siglo. Los siguientes tres poemas del libro "Neskatx urdin-yantzia", "Bultzi-leiotik" y "Parisko txolarrea" testimonian la influencia del modernismo y de las lecturas de Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez.

Época de madurez: 1930. En los poemas firmados en ese año Lizardi profundiza en el tema y el tratamiento de la naturaleza. Describe una naturaleza cercana y se convierte en un poeta de la naturaleza. Los elementos que utiliza se convierten inmediatamente en símbolo y construye una poesía de plena madurez. En "Otartxo utsa" realiza una descripción del objeto para convertirlo en símbolo de la sociedad. En el poema "Agur!" profundiza en la reflexión sobre la muerte. Lizardi había escrito sobre su hijo y de su única hija pero a partir de este momento tratará el tema fundamental del simbolismo: la muerte, a través de una mención directa del paso del tiempo ("Biotzean min dut (illeta-Eresi)") o representando la muerte a través del tiempo en la naturaleza ("Urte-giroak ene begian").

Poemas sobre la lengua: 1931. Los últimos cuatro poemas que se firman un año antes de la edición del libro son textos analógicos. El primero "Izotz ondoko eguzki" mantiene el tema de la descripción simbólica de la naturaleza. Pero los tres siguientes versan sobre la lengua Vasca y de su pervivencia. En este periodo, el poeta prefiere hablar de la eternidad de la lengua y no de la vida y la muerte de las personas. La poesía que se expresa en los versos: "Hizkuntza larrekoa,/ nahi aunat noranahikoa/ yakite-hegoek igo" [Idioma campesino,/ te quiero para todo lugar/ elevado por las alas de la ciencia] simboliza de manera clara la situación que vive el euskara y la preocupación del poeta por ella.

Nueve años más joven que Lizardi es Esteban Urkiaga, Lauaxeta (1905-1937) quién publicó una poesía menos elaborada pero más atrevida que la del primero. La poesía de Lizardi se basaba en las características estilísticas de la lengua y por eso ha recibido el calificativo de "conceptista", porque siguió las reglas estéticas de Orixe y porque fue capaz de ofrecer en pocas palabras un significado amplio. En cambio, Lauaxeta, basó su poesía en las referencias externas y en la fuerza de la novedad. Recibió el premio del I Día de la poesía vasca por su poema "Maitale Kutuna" y se hizo famoso ese mismo día. Sin embargo, Lauaxeta poseía otros resortes para ser conocido en la sociedad vasca. Era director de "Euskal orria" [Página vasca] que se publicaba diariamente en Euzkadi y ocupaba importantes cargos en el partido EAJ-PNV. Aunque en Gipuzkoa no era muy conocido, y el centro del sistema literario se encontraba allí, en Bizkaia tuvo mucha influencia por su trabajo como periodista y por sus responsabilidades dentro del partido, tanto como orador en los mitines, como profesor de euskara. Tras recibir el premio en Rentería publicó en 1931 su libro Bide Barrijak/ Rumbos nuevos. El título representaba una metáfora de su proyecto renovador y en palabras del poeta quería ser "un nuevo Odiseo" dentro de la literatura vasca. Lauaxeta quería ver un mundo nuevo en los cambios políticos de la época y en la nueva situación política que se creaba tras la unificación del Partido Nacionalista y Comunión Nacionalista presentaba un proyecto optimista. En ese primer libro el poeta recoge tendencias poéticas distintas: en él se pueden leer poemas que escribió mientras estudiaba en los jesuitas, poemas escritos bajo la influencia de la música ("Lied"), textos de influencia romántica y pequeños juguetes como "Txakurtxuba" / "El perrito" que bebe de "La vaca cega" de Joan Maragall, que Unamuno tradujo al castellano y que Orixe vertió al euskara. Pero el poemario que comienza con el verso de influjo modernista: "Zer dodan ez dakit, baña gexo nago" / "No sé lo que tengo pero estoy enfermo" introdujo en la lírica vasca el tema de misterio/ "zadorra". Orixe le respondió diciendo que esos poemas eran "blandos" y que además él ya había trabajado esa estética con anterioridad, aunque no los dio a conocer en un libro. Lauaxeta en la última parte del libro presentaba una poesía que reflexionaba sobre la inmortalidad, como lo hacían otros poetas que se situaban en la estética de la "poesía pura". Siendo un nacionalista confeso, seguía las normas gramaticales de Sabino Arana, sobre todo en los aspectos léxicos y morfológicos y ello provocó la opinión de que Lauaxeta era un poeta oscuro y difícil.

Arrats beran/ Atardeceres (1935), el segundo libro de poemas de Lauaxeta, sigue las pautas que Aitzol había programado en 1933 para que la lírica culta se acercara a la poesía popular. Lauaxeta siguió las pautas de la poesía folclórica pero como su estilo se basó en la elipsis, su poesía siguió siendo difícil para los lectores. Tuvo en cuenta el barroquismo del momento y siguió la poesía de García Lorca, aunque en el libro se pueden encontrar ecos estéticos de otros poetas como Rafael Alberti, Manuel Machado, Paul Valéry, Arthur Rimbaud... Lauaxeta era un buen lector de la poesía europea y su proyecto consistía en unirla con la lírica vasca, como propugnaban los modernistas. En esa lírica vasca de pre-guerra no se encuentra mucha poesía vanguardista, y los únicos ejemplos están en la poesía de Lauaxeta: el Futurismo en "Langille eraildu bati" / "A un trabajador asesinado" o el surrealismo en el poema poco conocido que se titula "Neska lixunaren urte giroak" [Las estaciones de la muchacha licenciosa].

Nikolas Ormaetxea, Orixe (1888-1961) es el tercer poeta del grupo "Olerti", un escritor que dejó una honda huella en el mundo de la literatura vasca sobre todo por la riqueza de su lenguaje. En palabras de Aitzol, con quien tuvo profundas diferencias a partir de que no fuera premiado en el I Día de la poesía vasca, Orixe era el autor más capacitado para expresar la esencia del alma vasca y convertirla en literatura. Por eso, la sociedad Euskaltzaleak le encargó a partir de 1931 la redacción del poema "Euskaldunak", que pretendía ser un poema nacional y terminó siendo un poema idílico. El libro estaba terminado en 1935 pero no se editó a tiempo, y cuando apareció en 1950 eran otros los tiempos y eran otros los lectores. Orixe publicó muchísimos trabajos en las revistas de la época. Fue el traductor de Mireio/ Mireia al euskera y todos los escritores de la época conocían su maestría en la escritura. Él describió la preceptiva para escribir en un euskara conciso y conceptista. Aunque por desgracia solo publicó un libro en el tiempo que describimos. El autor la llamó Barne muinetan (1934) un ejemplo de la exploración en la poesía del pensamiento y de los valores expresivos de la lengua que Orixe buscaba sin descanso.

El sistema literario que se creó antes de la Guerra Civil y el ambiente social fraguado con el grupo "Olerti" quedó destruido y desestructurado tras la guerra. Tras ella la literatura volvió a buscar cobijo en las revistas. En Guatemala, bajo la dirección de Jokin Zaitegi (1906-1979) y con la colaboración de Andima Ibinagabeitia (1906-1967) y Nikolas Ormaetxea, Orixe la revista Euzko Gogoa [Alma vasca] consiguió reunir a un importante conjunto de escritores vascos. La revista tuvo dos periodos distintos de edición, la primera se produjo en Guatemala entre los años 1950 y 1955 y la segunda en Biarritz entre 1956 y 1960. Jokin Zaitegi decidió trasladar la sede de la revista desde Guatemala, ya que sufría serios problemas de distribución en el País Vasco, pero paradójicamente en Biarritz se redujo la distribución que la revista conseguía en Guatemala. En ella colaboraron más de setenta escritores que contribuyeron al objetivo fundamental que Jokin Zaitegi perseguía: difundir el humanismo en lengua vasca y reforzar a la cultura como medio de cambio social. Dado que los tres principales responsables de la revista habían estudiado en colegios jesuitas mostraron una inclinación a las estructuras culturales que se habían formado antes de la Guerra Civil. La segunda revista de importancia fue Gernika fundada en 1945 en San Juan de Luz por el periodista del diario El día Rafael Pikabea y que perduró hasta 1953. La revista continuaba la tradición humanista pero en los años en que se editó fue el refugio para un debate sobre tradición y modernidad. Gernika no era una revista monolingüe sino que aceptaba trabajos en castellano y en francés aunque ofreció un lugar importante a la literatura vasca, sobre todo a la poesía. En ella convivían tres grupos importantes: quienes seguían la estética de los juegos florales, quienes preferían una estética simbolista y los renovadores - entre estos podemos citar a Andima Ibinagabeitia, Jean Diharce, Iratzeder (1920-2008), Federico Krutwig (1921-1928) y Jon Mirande (1925-1972).

En la época se publicaron otras revistas como Herria (1944) que nació para sustituir a la revista Euskualduna que fue cerrada por colaboracionismo con los nazis. El padre Barandiaran creó en 1947 Eusko Jakintza y más tarde apareció la revista Egan.

Se publicaron pocos libros y sobre todo de tema religioso, aunque habría que destacar una obra que se editó en homenaje del Mariscal Petain (Petain Marechala, D. Soubelet, 1942). La iglesia y los clérigos volvieron a proteger la literatura vasca y en el sur los carmelitas y los franciscanos destacaron en la publicación de textos vascos.

La poesía fue el primer género publicado tras la Guerra Civil: Telesforo Monzón, publicó en 1945 Urrundik [Desde la lejanía]. El mismo año apareció la obra Jakes de Iratzeder. Y un año más tarde Jokin Zaitegi publicó Goldaketan (atzerri, Euskalerri) [Arando (extranjero, Euskal Herria)]. Finalmente, Gudarien egiñak [Las acciones de los soldados] de Monzón se publicó en 1947.

En buenos Aires se publicaron dos novelas bien conocidas en el sistema vasco: Juanixio de J.A. Irazusta en 1946 y Ekaitzpean [Bajo la tormenta] (1948) de J. Izagirre, una novela dialogada que mantiene influencias del teatro. El mismo año de 1950 en el que Irazusta publica en Buenos Aires su segunda novela Bizia garratza da [La vida es amarga] comienza la obra narrativa de Jon Etxaide por medio de su narración legendaria Alos-torrea [La torre de Alos]. En 1952 la imprenta Itxaropena de Zarauz se convierte en editorial y comienza la publicación de su importante colección Kuliska Sorta.

En la trayectoria que sigue la novela vasca tras la Guerra Civil, a partir del año 50 podrá observarse un declive del paradigma de la novela costumbrista. En los años 40 aún se mantienen vivas algunas de las características de la novela tradicional. Sin embargo, en 1946 y en la revista Herria Jean Pierre Iratxet publica Antton. Tras ella aparecen las novelas ya citadas de Joseba Andoni Irazusta y la de José Eizagirre. Pero la renovación parte de la obra de Jon Etxaide, quien comenzó en la senda de la narración de leyendas pero que en 1955 publicó Joanak Joan [Lo pasado pasado está], una obra basada en la vida del bersolari Pierre Topet Etxahun. En ese trabajo se rompe con el mundo idílico en el que se basaban las novelas costumbristas, aunque Jon Etxaide mantiene una ideología cristiana que hace que el personaje se salve al final de la novela. Ese mismo año, José Antonio Loidi publica la novela policiaca Hamabost egun Urgainen [Quince días en Urgain]. Aún así, en todas ellas los personajes no muestran un conflicto con el mundo que les rodea aunque vivan una situación dura y difícil. No hay una revuelta contra la sociedad. La novela de la emigración, la novela histórica y la novela policiaca no rompen con el mundo ideológico establecido en la novela tradicional. Quizás una excepción podría ser la novela Laztantxo eta Betargi (1956) de Sebero Altube que trata de manera dura el tema de la Guerra Civil, pero este trabajo quedó fuera del sistema literario vasco.

Fue José Luis Álvarez Emparanza, Txillardegi (1929) quien rompió el paradigma de la narrativa tradicional con su novela Leturiaren egunkari ezkutua [El diarió secreto de Leturia] (1957), la cual se considera la primera novela vasca por utilizar un personaje conflictivo. Su protagonista Leturia vive lleno de dudas y es un hijo humilde del existencialismo francés. Txillardegi utilizó algunos elementos de la novela de Paul Sartre y Albert Camus, aunque no aparece lejano al pensamiento de Miguel de Unamuno. En la obra, escrita como un diario, Txillardegi realiza el retrato de un personaje que transita de las contradicciones interiores a la búsqueda de la felicidad. Pero hay que reconocer que la construcción del personaje no es la única novedad presente en esta novela. La novela se situó en una ciudad, utilizó la realidad urbana para construir el espacio, se basó en la primera persona para la narración, trabajó la focalización interior y utilizó el simbolismo para ambientar la crisis del personaje. Txillardegi publicó otras novelas años más tarde. En una primera época publicó novelas basadas en el estudio psicológico de los personajes y así los nombres de los protagonistas son el título de la novela: Peru Leartzako (1960) y Elsa Scheelen (1969), el retrato de una infelíz mujer que no puede decidir entre dos amores. Posteriormente, el escritor prefirió una estética simbolista: Haizeaz bestaldetik [Al otro lado del viento] (1979). Y en un tercer momento reflejó la situación del País Vasco contemporáneo: Exkixu (1988) y Labartzari agur [Adiós a Labartza] (2005). En la novela Putzu (1999) ha retratado la época de las Carlistadas.

Si la prosa narrativa se renovó a través de la novela de Txillardegi, en la misma época se produjo la modernización de la poesía. Aunque en este género las estéticas y las prácticas poéticas fueran más diversas.

Jon Mirande (1925-1972) renovó la poesía vasca a través de una nueva lectura del simbolismo francés. Su presencia fue abundante en las revistas vascas de la época pero no publicó (o no le publicarón) un libro de poemas hasta muy tarde. Tuvo la intención de publicar en Iberoamérica un poemario que llevaba por título 24 poema [24 poemas] (en el manuscrito sobre el número veinticuatro se escribió veinticinco). Pero el intento no fructificó y en 1984 Txema Larrea recuperó el manuscrito y publicó con el título Poemak 1950-1966 el proyecto que Mirande había puesto en papel. Sin embargo, una primera edición de sus poemas se realizó en 1976 y se titula Oroituz [Recordando], en esa edición se recogían poemas previamente publicados en revistas, pero no se seguía el manuscrito. Jon Mirande destacó por realizar una nueva lectura del simbolismo. Si antes de la Guerra Civil Lizardi y Lauaxeta aprovecharon esa estética para ofrecer una renovación de la lírica vasca, Mirande retoma las formas poéticas de Charles Baudelaire (1821-1867), sobre todo las que se refieren al malditismo y a la estética de lo feo. Siguió la senda de la poesía erótica del poeta francés; si el erotismo apareció de una forma muy débil y metafórica en la poesía de pre-guerra, Mirande optó por un discurso directo y claro sobre el tema. Por otro lado, conectó con el nihilismo de Friedrich Nietzsche (1844-1900) y expresó su corriente filosófica en poemas como "Nil-igitur-mors-est". Esta tendencia nihilista derivó hacia una poesía ante-cristiana. En ese aspecto su expresión literaria es una respuesta al pensamiento cristiano defendido en la época por el PNV. En 1984 y con el título de Gauez parke batean [De noche en un parque] se editó el conjunto de sus cuentos que previamente habían aparecido sueltos en diversas revistas. Pero su principal trabajo narrativo es Haur besoetakoa / La ahijada que no se publicó hasta 1970. Esta novela corta cuenta la relación amorosa entre un hombre y una niña. Al parecer está basada en la historia de una persona que Mirande conoció.

El poeta bilbaíno Gabriel Aresti (1933-1975) modernizó la poesía vasca a partir de los años 60, acercándola a la poesía social y alejándola de la poesía sublime y metafórica que era hegemónica en la época. Su poesía se basa en la fuerza de su experiencia cotidiana. Gabriel Aresti terminó con el euskera "limpio" que el nacionalismo quería para la literatura vasca y expresó en sus textos un Euskara "klaroa", una poesía que trabajaba el concepto de comunicación frente al conceptismo. Su poesía tuvo muchísima influencia en las jóvenes generaciones porque Gabriel Aresti reflejaba un nuevo mundo ideológico. Ante el nacionalismo, y siendo profundamente antifranquista, intentó expresar la ideología socialista.

Aunque se afirma que en su obra literaria existen tres etapas, pensamos que pueden describirse al menos cuatro. En un primer periodo, y en torno a los cinco poemas que configuran la obra Bizkaitarra [El Vizcaino], Aresti expresa dos temas preferentes: su autobiografía y su afición al bersolarismo. La segunda época está representada por la obra Maldan behera [Pendiente abajo] (1960), un poema simbolista y hermético que expresa el mito de Zaratustra de Nietzsche: un humano baja del monte hacia la nueva sociedad para explicar su mensaje pero no es entendido y muere crucificado. Gabriel Aresti defendía que existía un segundo mensaje en la obra: el amor entre Miren y Joan, los personajes de la obra que corresponden a la sublimación que Aresti realizaba de su relación con Meli Esteban, su mujer, y debido a ello, el texto ofrece una influencia clara de Pedro Salinas (1891-1951). La obra puede leerse también como un testimonio metaforizado de las relaciones conflictivas que Aresti vivía con la sociedad de su tiempo. En una tercera época se acercó a la poesía social a través de la obra censurada Zuzenbide debekatua / La justicia prohibida (después de 1960). En esta obra Aresti escribió textos que utilizaría en sus libros posteriores, como mostró Karmelo Landa en la edición que realizó en 1986. La cuarta etapa de la poesía de Aresti le confirió la fama por la que es conocido hoy en día. Comenzó el ciclo del símbolo de la piedra con Harri eta Herri / Piedra y Pueblo (1964). En ese libro, como los que vendrían a continuación Euskal Harria / Piedra Vasca (1967) y Harrizko Herri Hau / Este pueblo de piedra (1970), Aresti crea una mitología propia, compara al pueblo vasco con la Piedra que mantiene su identidad contra el franquismo y esa metáfora le proporcionó la identificación de los lectores con su obra. Gabriel Aresti nunca olvidó la importancia de la poesía oral en su obra y en sus poemas aparece patente la importancia del ritmo oral. Tres características se convirtieron en pilares de su poesía: la metaforización de la experiencia cotidiana, la protesta contra la injusticia y la aparición de registros diferentes que unían ironía y vanguardia.

En 1969 el poeta Juan San Martín (1922-2005) publicó una antología que devendría emblemática: Uhin berri (1964-1969) [Nueva ola (1964-1969)]. Las dos partes de ese título mantienen una significación importante. En primer lugar, debemos fijarnos en la fecha porque está claro que para Juan San Martin había una unidad, al menos en la poesía, en los cinco años que van de 1964 (fecha de la publicación de Harri eta Herri) a 1969. Sin embargo, es más importante el título principal del libro, es decir llamar "Uhin berria"/ Nueva ola a este grupo que él presentaba en sociedad, ya que con ese rótulo quería traducir el movimiento de la "nouvelle vague" que estaba teniendo mucho éxito en el cine y en la literatura francesa. Venía una nueva ola, que seguía las pautas culturales francesas. Como sucede en las literaturas minoritarias, muchos escritores que aparecieron en la antología desaparecieron al poco tiempo o trabajaron otros géneros literarios. En cualquier caso Juan San Martin tuvo la virtud de ver que se abría una nueva época. En 1968, como puede verse la obra 1968: The year that rocked the world (2004) de Mark Kurlansky, el mundo cambió. En aquella antología que publicó Juan San Martin se encontraban algunas pistas de la nueva estética. Allí se reunían los poetas que iban a contestar a la poesía social. Mikel Lasa (1938) y Amaia Lasa (1948) publicaron juntos el libro Poema bilduma [Colección de poemas] (1971), un libro que crecía desde un simbolismo personal. Arantza Urretabizkaia (1947) ofrecía las primeras referencias a una ideología feminista en su poema San Pedro bezperaren ondorengoak [Las consecuencias de la víspera de San Pedro] (1972). Ibon Sarasola publicó en 1969 su texto antipoético Poemagintza [Costrucción de poemas]. El mismo año Joxanton Artze publicó su libro Isturitzetik Tolosa barru [Desde Isturitz por dentro de Tolosa], un texto que visto desde la perspectiva actual mantiene constantes de cultura pop, vanguardia visual y crítica social. Explorando nuevos caminos en el existencialismo desde una profunda conciencia personal, Xabier Lete (1944-2010) publicó su libro Egunetik egunera orden gurpilean [Día a día en el giro de las horas] (1968). En esa antología podía leerse a Julen Lekuona pero no estaban ni Juan Mari Lekuona (1927-2005), ni Bitoriano Gandiaga (1928-2001), ni Jean Diharce, Iratzeder (1920-2008), muy probablemente porque no entraban en los límites cronológicos que el antologador se había puesto para la recogida de textos. Más tarde estos tres poetas se convirtieron en maestros del simbolismo y de la expresión poética vasca.

En 1969 la editorial Lur publicó otro libro emblemático: Euskal elertia 1969 [Literatura vasca 1969]. Utilizando la fórmula de un almanaque, el libro reunía trabajos de ensayo, teatro y relato breve. Complementando así la antología poética de Juan San Martin. En esa recopilación de textos puede encontrarse recogida la obra de Ramon Saizarbitoria (1944) quien también aparecía en la antología de San Martin.

No hay duda de que Ramon Saizarbitoria se ha convertido en uno de los escritores más importantes de la literatura vasca. En el año 1969, al que nos estamos refiriendo con insistencia, publicó su novela Egunero hasten delako [Porque amanece cada día]. La novela innova los temas tratados y la técnica narrativa. Situada en Suiza, cuenta la historia de una Mujer, llamada Giselè, que viaja de un cantón donde está prohibido el aborto a otro en el que está legalizado. Es por tanto una novela a favor de las leyes del aborto y no se entiende bien cómo pudo editarse en pleno franquismo. Desde el punto de vista narrativo se estructura en dos niveles: por un lado aparece un hombre que habla sin parar y por otro se cuenta la peripecia vital de Giselè. La unidad entre los dos niveles se realiza a nivel temático. Los temas comentados por ese personaje monologador se expresan a nivel narrativo en la historia de Giselè.

Poco tiempo después el autor escribió la novela 100 metro / Cien metros (quizás comenzada en el año 1972 se presentó a un premio el año 1973, se reescribió el año 1974 y se publicó en 1976). Esta novela breve cuenta los últimos minutos del activista Joxe quién, rodeado por la policía, morirá tiroteado. Está estructurada en diferentes planos narrativos: la conciencia interior del personaje, sus recuerdos, las noticias de los periódicos del día siguiente, los comentarios indiferentes de la gente de San Sebastian. El autor quiso mostrar la inutilidad de la lucha armada y eso se refleja en muchos pasajes de la novela, como por ejemplo en la actitud de su amigo Manuel que deja la organización o en la canción de Leo Ferré que se escucha en la novela y que simboliza un tiempo circular. En la obra están presentes las referencias a Manhattan Transfer de John Dos Passos por lo que puede pensarse que el primer proyecto del escritor consistió en reflejar el avatar de una gran ciudad, pero en su práctica literaria no se encuentra lejos de la estética posmoderna.

El año 1976 publicó también su novela psicoanalítica (Hernández Abaitua: 2008) Ene Jesus [¡Ay Jesús!]. El argumento mezcla distintos niveles narrativos. Es la narración de un loco, de un personaje que está quieto en una cama. La historia comienza con la muerte del padre del protagonista. Más tarde el protagonista forma parte de un triangulo amoroso, pero el día que encuentra a su amada Marga teniendo relaciones con Abel, el protagonista mata a Abel (y al perecer viola a Marga). Tras estas acciones, al llegar a su casa su madre le recuerda que, como su padre, quedará impedido y morirá. El protagonista cumplirá la maldición de su madre quedándose quieto en una cama esperando a la muerte. Con esta novela Ramon Saizarbitoria cerró su primer ciclo narrativo.

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