Concept

El cuento en Euskal Herria. 1970-2000

El auténtico inicio del cuento vasco contemporáneo se sitúa dentro del contexto de los cambios habidos tras la literatura vasca posterior a la década de los 50. Y eso se lo debemos a ciertos escritores que pueden ser considerados como precursores. En cualquier caso, salvo algunas excepciones, dicho inicio tuvo muchos altibajos, pues se limitaba a las páginas de las revistas de aquella época. Así pues, se suele citar, entre otros, a Jon Mirande, Gabriel Aresti, Jean Etxepare, Martín Ugalde y Nemesio Etxaniz como precursores de ese origen. Es en este contexto donde debemos situar la primera colección de cuentos considerados como modernos: Hiltzaileak (1961), el libro publicado por Martín Ugalde en Venezuela. Pero no será hasta los años 70 cuando veamos pasar los cuentos desde las revistas a las colecciones publicadas. En la misma época, se fijó un nuevo y significativo hito en la historia de nuestra cuentística; se trata de Hunik arrats artean (1970), de Anjel Lertxundi. Dicha obra amplía la conciencia respecto al género. A partir de entonces, las colecciones de cuentos publicadas fueron en aumento. El género comenzó su andadura en nuestra literatura; tarde, pero a gran velocidad.

En la colección Hunik arrats artean (1970) de Anjel Lertxundi se constata que, en lo referente a la literatura vasca, el cuento es la base y el objetivo de una obra completa, y que es algo hecho de modo consciente. Lertxundi, en ésta su primera obra, hace suyas las características de la cuentística contemporánea. En ella, se pueden apreciar las influencias tanto del realismo mágico sudamericano como del teatro y cuentos del absurdo. Así pues, en este origen de la cuentística, hay que fijarse y subrayar las relaciones respecto a las influencias externas, característica que era totalmente común entre los escritores jóvenes de aquella época, pero totalmente novedosa dentro de la literatura vasca. Dicha relación, por otra parte, no habría podido materializarse si los cuentos no hubieran alcanzado el éxito internacionalmente, hecho que sucedió gracias a las características propias que el cuento tenía en sus expresiones narrativas y que hacían que fuera un género cada vez más desarrollado y complejo frente a la novela. Lertxundi se adueñó pronto de las características narrativas del cuento contemporáneo, y ahí es donde encontró el mejor medio de expresión para encauzar su creatividad.

La tentativa de Mikel Zarate fue totalmente diferente. De entre todas sus obras, Mikel Zarate nos dejó tres libros de cuentos: Ipuin antzeko alegi mingotsak (1975), Utopiaren Fantasian (1979) y Bilbo irribarrez (1980). El último de los citados libros fue publicado al año de su muerte. Sin duda alguna, el primero de ellos, Ipuin antzeko alegi mingotsak, es el que más fama ha obtenido. Con esa obra, Zarate, además de renovar la tradición cuentística, intentó hacer de puente entre la vieja tradición del euskera vizcaíno y la nueva del euskera batua.

Las colecciones de cuentos publicadas por Luis Haranburu Altuna (Zera, 1975 y Desgizona, 1978) y Patxi Zabaleta (Euskomunia eta Zoroastroaren artaldea, 1977) son claros ejemplos del experimentalismo de aquellos tiempos. En general, el experimentalismo superó la anterior tendencia existencialista, aunque dicha tendencia seguía apareciendo en diversos textos.

A finales de la década, las cosas empezaron a cambiar. Comenzaron a aparecer nuevas estéticas y propuestas. En la literatura vasca, Koldo Izagirre fue uno de los primeros escritores que cultivó la literatura fantástica moderna. El libro de cuentos titulado Gauzetan (1979) es el primer paso que dio para acercarse a la realidad fantástica. En esta literatura, se superponen dos tipos de lógica: la racional, que rechaza todo lo que no puede explicarse, y la irracional. Lo fantástico surge de la ambigüedad de dichas lógicas. En esta tendencia literaria, aparecen juntos elementos racionales e irracionales, y, en lugar de causas lógicas, aparecen causas mágicas e inusuales. En ellas, los elementos legendarios, míticos, creencias, metáforas, alegorías, etc. se mezclan con los elementos oníricos e irracionales provenientes del surrealismo, bajo la influencia del psicoanálisis; y, a veces, incluso se mezclan con el absurdo. En esta tendencia, el ambiente suele ser realista, y, por ello, algunas veces también se ha denominado realismo mágico, aunque en otras ocasiones haya sido clasificado como surrealismo fantástico. Este tipo de tendencia entró en la literatura vasca contemporánea de la mano de Anjel Lertxundi, tal y como demuestra el cuento titulado "Hiltzea munduko gauzarik errezena duk", del libro Hunik arrats artean. En varios de los cuentos de Haranburu Altuna también se puede apreciar un paso hacia esta tendencia. Pero, sin lugar a dudas, y dando continuidad al libro Gauzetan de Koldo Izagirre, la cuentística de los años 80 desarrolló y enraizó perfectamente las características de dicha tendencia, sobre todo gracias a las obras de los escritores que formaban parte de la banda Pott.

Volviendo a los primeros años de la década, fuera de las tendencias principales, existen otros escritores que entraron en el campo del cuento. En 1972 se publicaron dos colecciones de narraciones: Giza zirriborroa, de Kaxildo Alkorta, y Behin batean, de Xabier Kintana. A su vez, Kintana publicó el libro Nazioarteko ipuinak en 1980. Las citadas publicaciones muestran un claro ejemplo de la evolución que vivió el género. Algunas publicaciones, desde el punto de vista del género, plantean problemas, pues a veces es difícil ver en ellos verdaderos cuentos, tendencia manifiesta durante los primeros años de la década; pero, como ya hemos señalado, todo eso fue arreglándose a medida que los años pasaban y se publicaban más libros. Ejemplos de ello son los libros de cuentos de Gotzon Garate Lehortean (1979), Nafarroako Ezkurran (1982) y Aldarte oneko ipuinak (1982), donde la narratividad de los relatos prevalece en perjuicio del mero experimentalismo, abriendo el camino hacia la cuentística de la década de los 80.

En los años 80, toda la literatura vasca se vio inmersa en un rápido proceso de desarrollo, y, en comparación con los años anteriores, el cuento fue el género que más se desarrolló. Además de mejorar en cantidad, en la década de los 80 se publicaron los mejores cuentos vascos contemporáneos. La cumbre de dicha década fueron las colecciones de cuentos Obabakoak (1988) [Obabakoak, 1989] de Bernardo Atxaga y Narrazioak (1983) de Joseba Sarrionandia.

Seguramente, en este desarrollo del cuento influyeron tanto factores inherentes a la literatura como factores externos. En cualquier caso, podemos citar razones como las siguientes, para poder comprender el éxito que tuvieron los cuentos de esa época:

  1. La conciencia que los escritores tomaron respecto al género.
  2. El hecho de que la cuentística obtuviera mucho éxito y fama en la esfera internacional.
  3. La proliferación de concursos de narraciones.
  4. El incremento de la demanda de textos breves por parte de la escuela vasca.
  5. El trabajo a favor del género en las revistas literarias.
  6. La apuesta de las editoriales. Ante la demanda de textos que mejoraran el mercado, respondieron publicando colecciones de cuentos de escritores jóvenes.
  7. Gracias al gran éxito de algunos libros, aumentó el interés de los lectores hacia los cuentos.

El año 1983 supuso un hito para la cuentística vasca contemporánea y, en general, para la narrativa, en detrimento de la poesía que predominaba por aquel entonces. La narrativa comenzaba a imponerse.

Aquel mismo año, y concretamente para la feria de Durango, se publicaron los siguientes diez libros de cuentos: Suzko gezi bat bezala, de Mikel Antza; Panpinen erreinua, de Mikel Hernandez Abaitua; Aspaldian espero zintudalako ez nago bakarrik, de Arantxa Urretabizkaia; Narrazioak, de Joseba Sarrionandia; Ipurtargi beltza, de Josu Landa y Joxemi Zumalabe; Gau ipuinak, de Mario Onaindia; Dudular, de Joxemari Iturralde; Ilusioaren ordaina, de Laura Mintegi; Izan bainintzen soldadu, de Karlos Santisteban; y Urte guztiak diferenteak dira, escrito por varios autores. Está claro que no todos esos libros llegaron al mismo nivel. De ellos, sin duda, hay que destacar Narrazioak, Dudular e Ilusioaren ordaina como los más exitosos. Sin embargo, de una forma o de otra, en todos ellos podemos encontrar los estilos, técnicas y temas que la cuentística vasca utilizará durante esa década y las siguientes. En lo referente al estilo, aparecen varias tendencias: líricas (Suzko gezi bat bezala), relativas al yo (Aspaldian espero zintudalako ez nago bakarrik), simbólicas (Panpinen erreinua), realistas ("Ekaitz ilunaz", del libro Ilusioaren ordaina), narración del absurdo ("Txakur bizimodua", del libro Gau ipuinak), realismo sucio de procedencia americana (Izan bainintzen soldadu) y tendencias fantásticas (Narrazioak), sin olvidar la importancia que cobra el recuerdo en lo referente al estilo y la técnica, así como la influencia del cine y la literatura negra. A su vez, la diversidad prevalece en lo relativo a técnica y temática. Por primera vez en la literatura vasca, se aprovechan todas las posibilidades que ofrece la narrativa, se experimenta con ellas, pero no de la manera en que exigía el experimentalismo formal de los 70, que hacía vaciar la narración, sino con el fin de devolver a la narración su deber de contar. A pesar de todo, volviendo a analizar los estilos, hay que señalar que la tendencia que logró los mejores resultados fue la fantástica; tan es así, que podríamos considerar la década de los 80, al menos en lo relativo al campo cuentístico, como la década de la literatura fantástica.

Por otra parte, en dichas colecciones de cuentos aparecen otras características que se desarrollarán en los años venideros. Sobre todo, dos: por una parte, la posibilidad de crear antologías y libros unificadores; y por otra, difuminar las fronteras existentes entre los géneros, acercándose a veces a la poesía y otras veces hacia las estructuras de la novela.

A su vez, en la década de los 80 empezaron a publicarse multitud de revistas literarias. El cuento es un género muy apropiado para las revistas. La inmediatez y la brevedad del cuento, así como su tendencia a la experimentación, se adaptaron bien a las revistas. Sin embargo, no podemos decir que todas las revistas obtuvieran buenos resultados. Una de las salvedades es la revista Pott, publicada en Bilbao. Pott Banda era el grupo que necesitaba la literatura vasca para renovarse por dentro. En ella encontramos, entre otros, a los escritores Joseba Sarrionandia, Bernardo Atxaga y Joxemari Iturralde. La influencia de Pott Banda marcaría el futuro de la literatura vasca posterior.

El año 1987 trajo consigo cuatro interesantes libros: Azukrea belazeetan [Azúcar en los prados, 2006], de Inazio Mujika Iraola; Ahazturaren artxipielagoa, de Juan Luis Zabala; Mendekuak, de Koldo Izagirre; y Odolaren usaina, de Mikel Antza. Digamos que las colecciones de cuentos Mendekuak y Odolaren usaina establecieron un claro hito en el desarrollo de la narrativa de sus respectivos autores. En el caso de Mikel Antza, fue la cumbre de su narrativa, y el último libro que publicó en aquella época. Al contrario, en el caso de Izagirre se trata de un avance: el avance de por dónde iría la prosa del futuro Izagirre. Pero, sin ninguna duda, hay que destacar las obras Azukre belazeetan [Azúcar en los prados] y Ahuzturaren artxipielagoa, por la aportación que ambas hicieron a la cuentística de los años 80. El libro de Mujika Iraola Azukre belazeetan [Azúcar en los prados] hay que situarlo justo detrás de Obabakoak de Atxaga y Narrazioak de Sarrionandia, y entre los libros más famosos de la década.

Aunque posiblemente no se haya conseguido el mismo éxito que los logrados en la década de los 80, a partir de mediados de los 90 la cuentística vasca dio obras muy importantes, que en algunos casos han llegado a ser verdaderos hitos de la narrativa en euskera. Está claro, pues, que la cuentística vasca moderna ha seguido su desarrollo. Hemos aceptado totalmente que la literatura vasca actual es algo importante, aunque todavía aparece de vez en cuando el debate sobre la cuentística. Puede decirse que, año tras año, a medida que vamos acercándonos a los días en que vivimos, la cuentística vasca ha ganado mucho tanto en cantidad como en calidad.

Además de los nuevos nombres, la década de los 90 y los primeros años del nuevo milenio nos trajeron otro tipo de novedades, que hoy en día permanecen y son característicos en el cuento actual. Los nuevos cuentistas vascos, por primera vez, han contado con referencias de la literatura vasca a la hora de crear sus mundos literarios; concretamente, con las referencias desarrolladas durante las décadas anteriores. Se ha extendido la tendencia a escribir cuentos breves o microcuentos. Las obras de Gerardo Markuleta pueden ser buen ejemplo de ello, pues escribió la colección Istorio hiperlaburrak (1995), donde tradujo microcuentos seleccionados de Mario Benedetti, Eduardo Galdeano, Augusto Monterroso y Julio Cortázar. Este tipo de cuento se extendió rápidamente entre cuentistas e incluso poetas. La dimensión del cuento posibilita el uso de nuevas estrategias narrativas: en concreto, la importancia de los títulos, el uso de la ironía y la sorpresa, la desaparición de las nociones del tiempo y del espacio, la supresión de las formas de ser de los personajes y de los diálogos han sido algunas de las estrategias utilizadas. En todas ellas, prevalecen las situaciones simbólicas y metafóricas. Por otra parte, los autores muestran una gran libertad a la hora de crear sus colecciones, y, de esa forma, surgen colecciones unitarias junto con libros que no presentan unidad alguna. Aumentan las tendencias narrativas. La literatura de género también hace sus aportaciones, y, de esa forma, aparecen libros de viajes: Zazpi kolore (2000) [Siete colores, 2004], de Jon Arretxe; eróticos, sobre todo en la colección que la editorial Txalaparta crea a tal fin; humorísticos: Ostegunak (1997) y Ostiralak (1999), también de Jon Arretxe. Por otra parte, sin ser un género en sí, hay que poner de relieve la antología Gutiziak (2001), que reúne cuentos escritos por mujeres, por su calidad y por lograr que la literatura hecha por mujeres vuelva a ser tema de debate.

La obra Obabakoak de Atxaga enraizó y consolidó definitivamente la postmodernidad entre nosotros, no sin suscitar un ferviente debate sobre este tema. Así, aunque podemos afirmar que la literatura vasca, en general, entró de lleno en la postmodernidad, no podemos asignar la misma etiqueta a todos los libros de esta época. He ahí la colección titulada Piztiaren izena (1995) [El huésped de la noche, 2001], de Lertxundi, que dio comienzo a la serie Ifrentzuak. En ella, Lertxundi indagaba en las vastas tradiciones orales y escritas de Occidente, y las actualizaba, siendo fiel a su característico estilo modernista. Pero, como ya se ha señalado, las características que la postmodernidad dio a la literatura (indeterminación, fragmentación, descanonización, desaparición de la identidad del yo, imposibilidad de expresarse, ironía, hibridación, tendencia a la carnavalización, teatralización, construcción e inmanencia) no pueden ser asignadas a todas las obras. Por el contrario, dichos rasgos destacan en las obras de escritores de cuentos breves, como Iban Zaldua y Javi Cillero. De entre las obras de los citados autores, hay que destacar Hollywood eta biok (1999) [Hollywood me mata, 2004], de Cillero, y la amplia obra cuentística escrita en poco tiempo por Iban Zaldua -Ipuin euskaldunak (1999), junto a Gerardo Markuleta; Gezurrak, gezurrak, gezurrak (2000) [Mentiras, mentiras, mentiras, 2006]; Traizioak (2001); Itzalak (2004) y Etorkizuna (2005) [Porvenir, 2007].

Con el nuevo milenio, se publicaron libros de cuentos de algunos escritores que dieron inicio a su carrera literaria durante las décadas anteriores. Podríamos decir que todos estos autores no destacaron en la cuentística de la década de los 90, debido a que no publicaron ningún libro o porque en dicho periodo de tiempo no trabajaron este género. Algunos ejemplos son Hamaika ipuin (2000), de Juan Martin Elexpuru; Sugearen tristura (2000), de Jesus Etxezarraga; e Izar beltzaren urtea (2000), de Enrike Urrutia Capeau. Junto a ellos, encontramos colecciones de cuentos de escritores que comenzaron su andadura en los años 90: 101 gau (2000), de Txiliku; Zazpi kolore (2000) [Siete colores, 2004], de Jon Arretxe; Gezurrak, gezurrak, gezurrak (2000) [Mentiras, mentiras, mentiras, 2006], Traizioak (2001), Itzalak (2004), Etorkizuna (2005) [Porvenir, 2007] de Iban Zaldua; Behi eroak (2003) y Dioramak (2006), de Patxi Iturregi; Ez balego beste mundurik (2000) e Ipuin errotikoak (2001), de Karlos Linazasoro; Barrikadak (2003), de Patxi Zubizarreta; Bizia lo (2003), de Jokin Muñoz ... Así como obras escritas por escritores que se dieron a conocer junto con el nuevo milenio: Desira izoztuak (2000) y Bekatuak (2005), de Ana Urkiza; Kafka Bilbon (2002) [Kafka en Bilbao, 2007], de Pedro Alberdi; Txokolatezko dinamita (2001), de Mikel Taberna; Sartu, korrontea dabil (2001) [Y luego les separa la noche, 2003], de Ixiar Rozas; Begiak itxi eta kitto (2000) y Hamar manamenduak (2002), de Xabier Etxaniz Rojo...

En todas esas colecciones, podemos encontrar tipos de cuentos basados en modelos anteriores. Los libros cuyo eje principal es el viaje, como en el caso de Arretxe; las colecciones que se basan en la historia y la erudición, como sucede con las obras de Etxezarraga y Capeau; la fantasía que cultivan Alberdi e Iturregi (además del realismo sucio, en el caso de Iturregi); las obras de Urkiza, Rozas y Etxaniz, que enfatizan la importancia de la mirada; nuestra historia cercana vertebrada por el realismo de las colecciones de Elexpuru, Zubizarreta, Muñoz y Taberna; los indicios de ultramodernidad que trae Iban Zaldua; el modelo narrativo cercano al ensayo, de la mano de Txiliku; o Septentrio (2001), de Aurelia Arkotxa, que une la narración breve y la poesía. En lo que respecta a las estructuras, son libros que ofrecen una unidad casi tan grande como la de las novelas; por ejemplo, las obras de Zubizarreta y Rozas. Por lo demás, la mayoría son colecciones integradas por cuentos sueltos, aunque pueden encontrarse nexos de unión entre ellos. Sin embargo, la cuentística de principios del milenio también aporta novedades.

Por una parte, podemos afirmar que el cuento breve se impone totalmente; por otra parte, hay que subrayar la importancia que, en general, cobra la mirada, con los sentimientos y las impresiones tomando un lugar notorio. De ello deriva un cuento breve, ágil y bastante desnudo. Además, hay que subrayar el hecho de que se acelerara la traducción de libros de cuentos pertenecientes a la literatura universal. Y, por último, como nos muestran los años de la década de 2000, a medida que aparecían nuevos escritores, los cuentos han ido tendiendo hacia la feminización, igual que sucede, en general, en toda la literatura vasca.

  • ALDEKOA, Iñaki. Euskal literaturaren historia. Donostia-San Sebastián: Erein, 2010.
  • KORTAZAR, Jon. Euskal Literatura XX. mendean. Zaragoza: Prames, 2000.
  • KORTAZAR, Jon. Euskal kontagintza gaur. Cuenca: Cuadernos de Mangana 27, 2003.
  • MUJIKA IRAOLA, Inazio. "Ipuingintzaz". RIEV, Eusko Ikaskuntza, ejemplar 39, número 2, 1991.
  • OLAZIREGI, Mari Jose. Mende berrirako ipuinak. Donostia-San Sebastián: Erein, 2005.
  • RABELLI, Alvaro. Bizkaiko euskal idazleen ipuingintza modernoa. Bilbao: Instituto Labayru, 2005.
  • RETOLAZA, Iratxe. 90eko hamarkadako narratiba berria: literatur kritika. Bilbao: Instituto Labayru, 2000.
  • URQUIZU, Patricio (dir.). Historia de la literatura vasca. Madrid: UNED, 2000.