Concept

Historia editorial de Euskal Herria

La evolución de la publicación de textos vascos y la de la historia editorial vasca han estado estrechamente ligadas, desde la apertura de la primera imprenta en Euskal Herria en el siglo XV, a la situación sociopolítica y cultural del país. Las obras publicadas en euskera entre los siglos XVI y XIX fueron escasas, de corte mayormente religioso y se imprimieron fuera de Euskal Herria. Sin embargo, entre los siglos XVIII y XIX se produjo una paulatina mejoría en el proceso de impresión que facilitó la publicación de obras, proporcionó una estabilidad antes desconocida al sector y propició el aumento cuantitativo de libros publicados.

El renacimiento cultural vasco del siglo XIX, por otra parte, favoreció dicho proceso, y desde aquella época hasta los años 30 del siglo XX fueron diversas las personas, asociaciones y editoriales que trabajaron en torno al libro en euskera. El trabajo de dichas personas y entidades, sin embargo, fue interrumpido por la Guerra Civil Española, y los años de posguerra constituyeron una larga época de penuria:las primeras editoriales se crearon en el exilio y apenas se publicó nada sistemáticamente hasta la década de los 50, década en la que afloró el débil y tímido resurgir de la cultura vasca que en años posteriores facilitó el resurgir del mundo editorial vasco y su nuevo afianzamiento.

Aún así, no se puede hablar de un afianzamiento editorial mínimamente estable hasta finales de la década de los 70 y el comienzo de los 80, años en los que la lengua vasca vio reconocidos distintos grados de oficialidad y el euskera entró sistemáticamente en la enseñanza pública. En aquella época se crearon, precisamente, las principales editoriales vascas de hoy en día, si bien también cabe mencionar alguna creada años después.

El desarrollo de las ediciones vascas ha estado unido a las condiciones sociopolíticas y técnicas de cada época durante siglos, y es que, a pesar de que la primera imprenta de Euskal Herria data del siglo XV, no se puede hablar del inicio de un mínimo proceso de estabilización hasta los siglos XVIII-XIX. Las imprentas solían estar bajo dominio de una única persona o familia, y se trasladaban de un lugar a otro en función de las necesidades del negocio. Por otro lado, desde aquella primera imprenta del siglo XV hasta nuestros días, los problemas sociopolíticos han condicionado totalmente el lugar de impresión de las obras vascas.

A consecuencia de todo lo mencionado, los trabajos de los principales autores de la literatura vasca en los primeros dos o tres siglos fueron impresos fuera de Euskal Herria: el Linguae Vasconum Primitiae de Etxepare en Burdeos, las traducciones de Leizarraga en La Rochelle, la obra del historiador Garibai en Amberes, el Gero de Axular y los tres libros de Joannes Etxeberri de Ziburu en Burdeos, los trabajos de Oihenart y Pouvreau en París, etcétera. Fueron escasas las obras publicadas en Euskal Herria en los siglos XVI y XVII, entre las que cabe destacar la Doctrina christiana del alavés Betolaza (Bilbo, 1596), el refranero anónimo Refranes y sentencias (Iruñea, 1596) y la traducción de Kapanaga (Bilbo, 1656).

A lo largo del siglo XVIII, se logró un mínimo de estabilidad en el sector editorial: el costo de los materiales de imprenta se abarató y se fundaron nuevas imprentas fuera de las ciudades y pueblos principales, hechos que propiciaron que algunos autores vascos no debieran buscar impresor fuera de los límites de Euskal Herria para publicar sus trabajos. Hablamos de escritores fundamentales de la época como Otxoa Arin, Larramendi, Mendiburu, Kardaberaz, Juan Bautista Agirre o Juan Antonio Ubillos, todos ellos de Hego Euskal Herria.

Por lo que a Ipar Euskal Herria se refiere, la situación resultó ser más bien la contraria: tras el florecimiento de las letras vascas durante los siglos XVI y XVII, en el siglo XVIII se produjo un brusco parón: el protagonismo pasó a Gipuzkoa, fueron muy pocos los autores que escribieron algo al otro lado del Bidasoa, y los que lo hicieron no consiguieron ver sus trabajos publicados. El autor vasco-francés más importante de la época fue Joannes Etxeberri de Sara, y es sabido que no consiguió ver impreso ninguno de sus proyectos.

Siendo consciente de la situación que vivía el euskera y de la necesidad de cultivar la lengua literaria, escribió tres obras: una para aprender latín partiendo del euskera, un diccionario hoy perdido y la apología Escuararen ethorquia. Etxeberri envió una carta a la Corte labortana pidiendo, entre otras cosas, ayuda económica para publicar sus trabajos, pero la Corte le negó dicha ayuda y los trabajos del médico de Sara no vieron la luz hasta décadas después.

El suletino Jusef Egiategi padeció una situación similar: a pesar de redactar sus trabajos en el siglo XVIII (fueron hallados por Txomin Peillen en la Biblioteca Nacional de Francia en 1966), no han visto la luz hasta finales del siglo XX y comienzos del XXI.

A pesar de que a finales del siglo XVIII hubo grandes problemas para publicar en euskera debido a la falta de permisos y prohibiciones, a lo largo del siglo XIX el proceso de estabilización dió nuevos pasos: además de poder publicar primeras ediciones en Euskal Herria, se reimprimieron varios clásicos vascos y se crearon algunas imprentas históricas (Baroja, López Mendizabal, etcétera).

El resurgir de la cultura vasca y la fuerza que el nacionalismo vasco tomó a finales de siglo contribuyeron notablemente al proceso de estabilización mencionado, y es que en aquella época nacieron importantes iniciativas en torno a la literatura vasca. Hablamos de iniciativas como los Juegos Florales (creados en 1853 en Ipar Euskal Herria y que se extendieron a todos los territorios vascos a partir de 1879), la creación de revistas y concursos literarios, la fundación de asociaciones culturales, etcétera. Por lo que a Ipar Euskal Herria respecta , Baiona fue el centro de impresión de las obras de Jean Duvoisin, Mixel Elizanburu, Martín Duhalde u Oxobi a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Se puede decir que las pequeñas editoriales aparecidas en las primeras décadas del siglo XX son la herencia del anterior proceso de estabilización y expansión editorial.

Junto al siglo XX, la edición de libros en euskera se multiplicó: entre 1896 y 1915 se publicaron 350 por primera vez y se reimprimieron 70. Entre 1916 y 1936, por otro lado, se publicaron 532 por primera vez y se reimprimieron 61.

Si contemplamos la producción editorial vasca a comienzos del siglo XX, percibiremos que las principales casas editoras se encontraban en Hego Euskal Herria: López Mendizabal, Martín y Mena, Casa Baroja, Grijelmo, Jaungoiko-Zale, Iñaki Deuna, Verdes Achirica, etcétera. Por lo que al contenido de dichas obras respecta, la mayoría estaban relacionadas con la religión (doctrinas, catecismos, reimpresiones de obras de clásicos y similares). Dicho de otra forma, la tendencia temática imperante desde el siglo XVI se mantuvo hasta comienzos del siglo XX, a pesar de que la creación literaria tomaba cada vez más fuerza tanto por lo que al género como por lo que a la calidad respecta.

No se puede decir que a finales del siglo XIX y comienzos del XX hubiera ningún impresor ni editorial perfectamente estable. Es más, no se puede hablar de tal estabilidad hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los trabajos de literatura vasca publicados entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil Española no fueron publicados de la misma manera: por un lado, hallamos los impresos directamente en las imprentas, y por otro lado las publicaciones llevadas a cabo por o gracias a diversas personas y asociaciones relacionadas con la cultura.

El bilbaíno José Astuy, además de dueño de una librería católica, también fue impresor, y publico varias obras importantes entre el siglo XIX y el siglo XX. Entre ellas se encuentran la ópera Vizcaytik Bizkaira (1895) y el Método para aprender el euskera bizkaino y gipuzkoano (1896) de Azkue, las compilaciones de poemas de Felipe Arrese Beitia, la revista La abeja: revista mensual científico-literaria dirigida por Azkue o la gramática de Paulo Zamarripa. De la imprenta de Astuy salió, del mismo modo, la reimpresión de los Refranes y sentencias de 1596 en el año 1905.

De la mano de Martín y Mena, por otro lado, vieron la luz algunas de las más importantes revistas culturales del inicio del siglo: hablamos de la publicación oficial de Euskaltzaindia Euskera, de la revista Euskalerriaren alde o de los trabajos de la entidad Euskal Esnalea. Por lo que a obras literarias respecta, en 1911 publicó los textos de Bilintx preparados por Etxegarai y algunos trabajos de Julio Urkixo y Toribio Altzaga.

Las obras Josecho (1909), Jayoterri maittia (1910) y Au, ori ta bestia (1913) del mundaqués Jose Manuel Etxeita fueron publicadas por Florentino Elosu en Durango, y Federico Grijelmo publicó la recopilación de narraciones Abarrak (1918) de Ebaristo Bustinza "Kirikiño" y varias obras de Tene Mujika.

Como se ha señalado al inicio, junto a la labor de algunas imprentas cabe destacar el gran número de publicaciones aparecidas gracias al impulso de diferentes asociaciones culturales. En 1912 se creó Jaungoiko-Zale Bazkuna en Amorebieta, y durante las primeras décadas del siglo publicaron obras de corte religioso: un catecismo batua tomando como base las distintas hablas vizcaínas, traducciones de obras religiosas, los semanarios Jaungoiko-Zale y Ekin (el segundo en la década de los años 30) y algún que otro libro de poemas. A su vez, fueron publicadas por imprentas de carácter religioso algunas obras importantes de la época: podemos citar la novela Ardi galdua de Azkue (Jesusen Biotzaren Elaztegia, 1918), el poemario Biozkadak de Jautarkol (Ama-Birgiñaren Irakola, 1929) o la obra Txinpartak de Klaudio Sagarzazu (Loyola?tar Eneko Deuna, 1922).

Las asociaciones culturales tomaron gran relevancia a comienzos del siglo XX, y promovieron y ejecutaron numerosas publicaciones. El trabajo Euskal literaturaren atze edo edesti laburra se publicó, por ejemplo, en la revista Euskal Esnalea. Tras la muerte de Lizardi, los miembros de la asociación Euskaltzaleak prepararon y publicaron las colecciones póstumas Itz lauz (1934) y Umerzurtz olerkiak (1934) de prosa y poesía respectivamente.

Al hablar de las publicaciones en euskera de los años 20 y 30, es obligatorio mencionar dos editoriales: Editorial Vasca y Verdes Achirica. La primera publicó trabajos en torno a la historia, cultura y lengua vasca sin descanso: de sus planchas salieron, por ejemplo, la revista Euskal-Erria o el acta fundacional de Euskaltzaindia, así como las obras de algunos de los más respetables investigadores del momento: la colección Esaera-zarrak (1927-1928) de Damaso Intza, el profundo trabajo Morfología vasca (1925) de Azkue, La vida del euskera (1934) de Altube, etcétera. Además de ello, Editorial Vasca también publicó trabajos de literatura, entre los que cabe destacar la colección de poemas reunidos Olerkijak (1919) de Sabino Arana o la novela Donostia (1932) de Agustin Anabitarte.

Emeterio Verdes Achirica estableció su imprenta y librería en el Casco Viejo de Bilbao, y allí vieron la luz algunas de las obras de los más importantes poetas vascos del momento. Verdes Achirica publicó, por ejemplo, la traducción del Lazarillo de Tormes de Orixe (1929), el trabajo Gazigozoak de Tomás Agirre (1933), los poemarios Bide-barrijak (1931) y Arrats beran (1935) de Lauaxeta y el Biotz-begietan (1932) de Lizardi. Además de las obras literarias, cabe destacar la labor de Verdes Achirica en la publicación de obras sobre Euskal Herria y política: allí se publicaron textos como La Nación Vasca (1931) de Engrazio Aranzadi y allí se reimprimió el trabajo Bizkaya por su independencia (1932) de Sabino Arana.

En 1932 nació la editorial zarauztarr a Icharopena, pero como sucedió a la mayoría de las editoriales de la época, la Guerra Civil Española trajo la práctica desaparición de la misma. En 1934 había publicado el librito Barne muinetan de Orixe.

Un año después de la creación de Icharopena, los hermanos Estornés Lasa crearon la editorial Beñat-Idaztiak, donde se publicó la colección "Zabalkundea" a mediados de los años 30. Entre los ayudantes y consejeros de la editorial estaban varios de los más destacables escritores e investigadores de la época. Publicaron, entre otros, trabajos de Estornés Lasa, Barandiaran, Campion, Aitzol o Manuel Lecuona.

Aunque la mayor parte de los libros en euskera de comienzos del siglo XX se publicaron en Hego Euskal Herrian, los autores de Ipar Euskal Herria no tuvieron necesidad de recurrir a dichas imprentas para ver publicadas sus obras, si bien es cierto que algunos de ellos lo hicieron (la novela Atheka-Gaitzeko oihartzunak de Daskonagerre y los trabajos literarios de Pierre Lhande se publicaron en Donostia). Jean Etchepare publicó en la editorial Môme el trabajo Buruchkak (1910) y en Lasserre la novela Beribilez (1931). Los trabajos de Jean Barbier, por otro lado, vieron la luz de la mano de Folzer y de Sordas. La mencionada Lassierre fue la principal editorial de Ipar Euskal Herria, y además de libros, en ella vieron la luz almanaques, anuarios, revistas, cancioneros y folletos religiosos.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de las publicaciones al inicio del siglo XX se hacían en Ipar Euskal Herria, la Guerra Civil Española tuvo efectos devastadores en todos los aspectos de la cultura vasca, el mundo editorial incluido. Durante una década apenas se publicó nada en euskera: algunos escritores y promotores culturales fueron fusilados, otros partieron al exilio, algunos grandes proyectos se retrasaron y el trabajo de las editoriales quedó truncado. Apenas se publicó nada en euskera hasta la segunda mitad de la década de los años 40, y los trabajos entonces publicados vieron la luz fuera de Euskal Herria. Azkue, por ejemplo, publicó los cuatro tomos que forman la obra Euskalerriaren yakintza (1939-1947) en la editorial Espasa-Calpé, en Madrid.

Tras la Guerra Civil Española los trabajos escritos en lengua vasca o sobre temas vascos fueron publicados en el exilio. En los años 40 se fundó la editorial Ekin en Argentina, y publicaron docenas de obras sobre cultura, antropología, literatura y política vasca. Cabe destacar la publicación de autores como Aitzol (La democracia en Euzkadi, reedición), el lehendakari Agirre (De Guernica a Nueva York pasando por Berlín), Barandiaran (El hombre prehistórico en el País Vasco), Campión (Blancos y negros, El genio de Nabarra, reediciones), Estornés Lasa (Eneko "Arista", Estética vasca), Galindez (Estampas de la guerra, El derecho vasco, Los vascos en el Madrid sitiado), Justo Garate (Viajeros extranjeros en Vasconia), Iruxo (Inglaterra y los vascos), Manuel Larramendi (Corografía de la muy noble y muy leal provincia de Guipúzcoa, reedición), Leizaola (Estudios sobre la poesía vasca, Los romances vascos), Ixaka López Mendizabal (Breve historia del País Vasco, Gramática vasca abreviada, El idioma vasco, La lengua vasca) o Martín Ugalde (Unamuno y el vascuence).

Por lo que a la literatura vasca respecta, la novela Joañixio (1946) de Jon Andoni Irazusta, es decir, la primera publicada en euskera tras la Guerra Civil Española, apareció en la editorial Ekin. Cuatro años después se publicó Bizia garratza da, del mismo autor y en la misma casa editorial. Hay que tener en cuenta que en aquel entonces publicar en Europa tampoco era sencillo, ya que aún se hacían notar los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial finalizada apenas un año antes.

A pesar de que la editorial que tres amigos de Zarautz crearon en 1932 bajo el nombre Icharopena vió conculcadas sus aspiraciones, en la década de los 50 los responsables de dicho sello editorial decidieron retomar su labor. Merece mención especial el trabajo desarrollado por Francisco Unzurrinzaga con la creación de la colección " Kuliska sorta", colección en la que se publicaron en aquella época las más notables obras literarias en euskera y donde se recuperaron antiguos clásicos.

Las obras publicadas en la colección "Kuliska sorta" pueden clasificarse en cuatro grupos. Por un lado, se reimprimieron obras de autores ya fallecidos: Peru Abarca de Mogel, Biotz-begietan de Lizardi, Kresala de Txomin Agirre, Olerki berrizte de Emeterio Arrese, etcétera. Por otro lado, encontramos las obras de autores vivos y ya consagrados: es el caso de Jautarkol, Eusebio Erkiaga o Manuel Lecuona. En un tercer grupo están las obras de escritores que comenzaron su producción literaria entonces: se trata de trabajos Hamasei seme Euskalerri-ko, Alos-torrea, Joanak joan y Gorrotoa lege de Jon Etxaide o Harri eta herri de Gabriel Aresti. En el último grupo, hallamos numerosas traducciones de autores como Hemingway, Baroja o Cela.

Además de la colección "Kuliska sorta", la editorial Icharopena publicó otros títulos dignos de mención. A pesar de ser redactado en los años 30, el que debía ser poema nacional vasco, la obra Euskaldunak de Orixe, no se publicó hasta 1950, y lo hizo en una cuidada edición aparecida en la editorial zarauztarra.

En 1958 y bajo la protección de la editorial Icharopena, Estornés Lasa comenzó a publicar la colección Auñamendi, no sin tener que solventar numerosos problemas originados por la censura franquista. Las primeras obras de la colección se pusieron a la venta mediante suscripción, y se recibió un gran número de peticiones de suscripción que reflejaron el amplio interés suscitado por las obras entre la sociedad vasca. Fruto de aquel trabajo se constituyó como entidad jurídica la editorial Auñamendi, si bien es cierto que no puede hablarse de fundación, sino de la continuación de la editorial Beñat-Idaztiak, puesta en marcha antes de la Guerra Civil Española.

Por lo que a la colección Auñamendi respecta, en ella se publicaron más de un centenar de obras relacionadas con Euskal Herria, tratando temas como la literatura (escrita y oral), historia, geografía, folklore, lingüística o antropología de la mano de autores de primer orden entre los que cabe destacar los siguientes: Barandiaran, Arocena, Michelena, Irigaray, los hermanos Estornés Lasa, Urquijo, Campión, Aranzadi, Labayen, Orixe, Arrinda, López Mendizabal, Mújica, Zavala, etcétera.

Por otro lado, no hace falta señalar que la Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco constituye el proyecto de mayor envergadura de la editorial Auñamendi. El primer borrador de dicha enciclopedia lo preparó Estornés Lasa en los años 30 con la ayuda de diversos hombres relevantes de la cultura vasca (Aitzol, Irigaray, Azkue, Lafitte, Orixe, Etchegaray, etcétera), pero el estallido de la Guerra Civil Española impidió el desarrollo de dicho borrador. La enciclopedia sigue viva a día de hoy (incluída su versión digital en internet), y sin duda alguna es el mayor y más profundo trabajo enciclopédico jamás realizado sobre temas que atañen a Euskal Herria.

Finalmente, cabe mencionar que la obra Quosque tandem...! (1963) del escultor Jorge Oteiza también vió la luz de mano de la editorial Auñamendi.

Durante las décadas de los 50, 60 y 70 el Santuario de Arantzazu fue un centro cultural relevante, ya que diversos franciscanos allí residentes produjeron una amplia gama de trabajos en torno a la cultura vasca. El primer libro publicado en Hego Euskal Herria tras la Guerra Civil española fue Arantzazu: euskal poema (1949) de Salbatore Mitxelena, y fue publicado por los franciscanos. Dicha orden religiosa creó la editorial EFA en 1952 como proyecto para la provincia cántabra franciscana, y en ella, junto a numerosos trabajos sobre la religión, se publicaron varios tomos de y sobre la literatura vasca. Son dignos de mención los poemarios Elorri (1962), Uda batez Madrilen (1977) y Gabon dut anuntzio (1986) de Bitoriano Gandiaga, el amplísimo trabajo sobre el euskera y la literatura vasca desarrollado por Luis Villasante (Estudios de sintaxis vasca, Euskararen auziaz, Hacia la lengua literaria común, La oración causal en vasco, Sintaxis de la oración simple, Sintaxis de la oración compuesta, Axular. Mendea, Gizona, Liburua), algunos ensayos de Joxe Azurmendi (Zer dugu Orixeren alde?, Zer dugu Orixeren kontra?) y la reimpresión de algunos clásicos vascos del siglo XIX e inicios del XX (Txomin Agirre, Jean Hiriart-Urruty, etcétera). La colección Jakin sorta, en la que se publicaron algunos de los trabajos de los autores recién mencionados) también surgió de la mano de los franciscanos de Arantzazu.

En la década de los 60 se creó otra gran editorial: La Gran Enciclopedia Vasca. En ella se reeditaron con gran cuidado, sobre todo, trabajos originalmente publicados en otro tiempo (la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, fundamentalmente). Por un lado, la editorial preparó y publicó nuevas ediciones de las principales revistas culturales vascas aparecidas antes de la Guerra Civil Española: RIEV, Euskal-Erria, Euskalerriaren alde, Yakintza, etcétera. Junto a ellas, se realizaron nuevas ediciones de autores ya clásicos tanto en el ámbito de la literatura como en el de la investigación de temas vascos. Nos referimos a nombres como Etxepare, Iztueta, Mogel, Campión, Caro Baroja, Barandiaran, Dodgson, Lacombe, Jaurgain, Mañaricua, Vinson, Urquijo, Schuchardt o Azkue, por citar algunos.

Junto al trabajo de los anteriores, La Gran Enciclopedia Vasca también se hizo cargo de la impresión de las obras completas de Jose Miguel Barandiaran (en 22 tomos), del Diccionario Retana de autoridades de la lengua vasca y de las obras completas del guipuzcoano Agustin Kardaberaz.

Es suficiente ver el tipo de obras publicado por las editoriales antes mencionadas para percatarse de que la cultura vasca en su conjunto y la historia, la antropología y la etnografía en concreto suscitaban gran interés por parte del lector. Fruto de tal interés, precisamente, Luis Jiménez Aberasturi fundó la editorial Txertoa a finales de los años 60, tras solventar numerosos problemas provocados por la censura. La editorial sigue en funcionamiento y durante las últimas cinco décadas ha publicado todo tipo de libros. Aún así, cabe señalar que las principales disciplinas objeto de publicación en los inicios fueron la etnografía y antropología, teniendo gran relevancia autores como Barandiaran o Caro Baroja. Con el tiempo, sin embargo, dichas materias han perdido espacio en favor de la historia general de Euskal Herria.

Hoy en día la editorial mantiene cuatro colecciones: Anboto, Easo, Sokoa y Leire. Los ejes de la primera son la etnografía y el arte, la historia el de la segunda, la alimentación, las plantas medicinales y temas similares constituyen la tercera y la cuarta la componen todo tipo de libros-guía: métodos para aprender euskera, recetarios, etcétera.

La colección Auspoa surgió, de igual manera, en la década de los 60 bajo la dirección de Antonio Zavala, cuyo propósito fue recoger todo el material perteneciente a la literatura oral vasca posible. La colección aún perdura, y se trata de una de las colecciones más amplias sobre literatura oral a nivel mundial, ya que la componen más de 300 obras. El primer libro publicado fue Sagardoaren graziya, y los responsables de la colección aún se encargan de recopilar, analizar y publicar todo tipo de materiales relacionados con la literatura y transmisión popular oral: versos de versolaris tanto antiguos como contemporáneos, versos impresos, obras de teatro, coplas, anécdotas, biografías, etcétera.

A pesar de que la Compañía de Jesús la fundó en 1915, la editorial Mensajero no publicó obras en euskera hasta la creación de la colección "Etor Bidean Kultura" al inicio de los años 70. Entre 1972 y 1973, además, la dirección de la editorial se fraccionó, y el miembro de la dirección Enrique Ayerbe optó por crear la editorial Etor, diferenciándola de Mensajero. A consecuencia del cambio, Mensajero pasó a llamarse Gero en 1973 y publicó, entre otros trabajos, los libros sobre el marxismo (pero no únicamente) del profesor Gotzon Garate o las obras de Patxi Altuna. A nivel literario, en la misma década de los 70 Gero publicó obras de autores como Xabier Lete, Orixe, Mikel Zarate o los recién iniciados Anjel Lertxundi (Ajea du Urturik, 1971) y Joan Mari Irigoien (Oilarraren primesa, 1976). Últimamente ha colaborado en la publicación de clásicos vascos tanto dentro como fuera de la colección "Klasikoak" promovida por el Gobierno Vasco, entre los que encontramos trabajos de Kirikiño, Zaldubi, Errose Bustintza, Iturriaga, Zamarripa o Tartas.

Por lo que a la editorial Etor respecta, hoy en día se ha reconvertido en Etor-Ostoa, y tomando siempre Euskal Herria como punto de referencia, de la mano de dicha casa editorial han visto la luz trabajos de historia, geografía, antropología, etnografía, sociedad, arte, naturaleza, música, literatura, mitología, fauna, deporte, medios de comunicación, etcétera. También han contribuido a la reedición de obras de algunos clásicos del siglo XX como Txomin Agirre, Lauaxeta, Orixe o Koldo Mitxelena, entre otros.

Es conocido que a lo largo de la década de los años 60 (y anteriormente también) la literatura vasca se vio refrescada por nuevos aires venidos de la mano de jóvenes escritores que optaron por romper los moldes y líneas maestras predecesoras. Con ello, produjeron la renovación de las letras vascas.

Parece ser que aquel ambiente de renovación e impulso cultural fue propicio para el mundo editorial, ya que a finales de la mentada década se crearon varias editoriales importantes. Gabriel Aresti fundó el grupo de teatro Kriseilu, del que surgiría la editorial con idéntico nombre y director. Durante la década de los 70 se publicaron varios libros bajo la supervisión de Aresti, hasta que Luis Haranburu Altuna se hizo con el sello de la editorial. Un año después de fallecer Aresti, Ibon Sarasola y Jon Juaristi prepararon una compilación de las obras del poeta bilbaíno que vio la luz en la propia editorial Kriseilu bajo el título Obra guztiak (1976).

A finales de los años 60, por otro lado, se creó la editorial Lur en Donostia, de gran importancia debido a las obras que en ella se publicaron en dicha época. En su fundación participó un importante grupo de jóvenes escritores (Gabriel Aresti, Rikardo Arregi, Ramón Saizarbitoria, Ibon Sarasola, Arantxa Urretabizkaia, Luis Haranburu Altuna y Xabier Kintana) que, además de sus propios textos, publicaron obras de otros autores. La editorial Lur dividió sus publicaciones en las colecciones Kriseilu y Hastapenak, donde aparecieron más de treinta libros.

En 1969 la editorial Lur publicó la antología Euskal elerti 69 bajo la dirección de Aresti, trabajo en el que se recopilaron numerosos textos de diversa índole: ensayo, artículos de opinión, novelas cortas, obras de teatro, cuentos y poemas. En 1970 se atrevieron a publicar la polémica novela Haur besoetakoa de Mirande, y dos años más tarde vio la luz la antología Euskal literatura 72, donde aparecieron, entre otros, los primeros textos publicados de Bernardo Atxaga y Arantxa Urretabizkaia. Junto a los ya mencionados, cabe destacar la publicación por parte de Lur de las primeras novelas de Saizarbitoria, las obras Poemagintza y Euskal literaturaren historia de Ibon Sarasola, el poemario Harrizko herri hau de Aresti, Behin batean de Xabier Kintana, Hunik arrats artean de Lertxundi y otros trabajos, entre los que se incluyen varias traducciones.

Cuando cerró la editorial Lur, cada uno de sus fundadores tomó un camino. Únicamente Luis Haranburu Altuna se mantuvo en el mundo editorial, y a mediados de la década de los 70 creó la editorial Haranburu Editor. Junto a varias obras sobre historia y antropología, publicó numerosos trabajos literarios como el poemario póstumo Azken harria de Gabriel Aresti.

En 1999 el propio Haranburu Altuna fundó la editorial Hiria, donde ha publicado obras de clásicos vascos de todos los tiempos. En su catálogo hallamos nombres como Txomin Agirre, Azkue, Daskonagerre, Elizanburu, Joannes Etxeberri de Sara, Etxeita, Irazusta, Iturriaga, Leizarraga, etcétera.

En la década de los 70 comenzaron a publicar, por otro lado, el durangués Leopoldo Zugaza y la editorial Hordago. El primero trabajó en la impresión de obras relacionadas con la enseñanza del euskera como el método de aprendizaje de Iñaki Eguzkitza o diversas obras sobre la lengua vasca escritas por Mikel Zarate. La editorial Hordago, por su lado, publicó en euskera y español, y de su catálogo cabe destacar la amplia colección de ediciones fascímiles de clásicos vascos.

La editorial Elkar fue fundada por veinte socios en Baiona en 1972. Si bien los primeros pasos fueron pequeños, en 1974 se unieron veinte nuevos socios, y la muerte del dictador Franco propició que la editorial pasara a Hego Euskal Herria y se expandiera. En 1976/77 se abrió la librería histórica Bilintx en Donostia, y la editorial Elkar se trasladó a Gipuzkoa. Por aquel entonces, al igual que ahora, producía libros y discos. Hoy en día es la mayor editorial vasca.

Como consecuencia del auge de la cultura vasca y la enseñanza del euskera, algunos materiales antes escasos se convirtieron en necesarios: libros de texto para los centros de enseñanza, libros de lectura para los estudiantes, literatura infantil, etcétera. Precisamente, la editorial Elkar, entre otras, supo aprovechar la ola creada por tal situación de necesidad para afianzarse y expandirse allá por 1980. La editorial abrió nuevos almacenes en Bilbo e Iruñea, y comenzó a colaborar con otras entidades (UZEI, Elhuyar, GILE, etcétera) para cubrir la demanda de material escolar existente en el momento.

Ya en la década de los 90, Elkar se hizo con la editorial Ttarttalo y creó la cadena de librerías Megadenda, logrando implantarse en la mayoría de las capitales vascas y en algunas otras ciudades de relevancia dentro de Euskal Herria. A finales de dicha década se creó la Fundación Elkar, es decir, la fundación que coordina diferentes empresas que desarrollan su labor en torno a los libros y discos (producción, distribución, venta, etcétera).

El catálogo de Elkar contiene, a día de hoy, más de dos mil quinientas referencias entre discos y libros. Las obras literarias publicadas por la editorial pueden distribuirse en tres apartados: literatura infantil, literatura juvenil y literatura para adultos. A su vez, dentro de cada uno de esos apartados la editorial mantiene vivas docenas de colecciones, y es que la editorial publica más de cien títulos anualmente, siendo también cientos los autores vascos que han publicado parte o la totalidad de su obra en dicha editorial.

En el mismo ambiente sociocultural y político de finales de los 70 nació la editorial Erein en Donostia, otra de las grandes editoriales vascas aún en funcionamiento. Fue fundada por un grupo de personas que militaban en el partido ESEI, entre los que se puede mencionar a Julen Lizundia, Anjel Lertxundi, Xabier Lete, J.M. Castells o Edorta Kortadi.

Como ya hemos señalado, la introducción del euskera en la enseñanza pública vasca, el mínimo rango legal otorgado a la lengua vasca y el impulso y renovación vividos por la literatura vasca de mano de escritores jóvenes produjo necesidades editoriales antes inexistentes y nunca conocidas en el ámbito vasco. Hubo que preparar a ritmo frenético los libros de texto y sus materiales complementarios, entre otros, los destinados al lector infantil y juvenil, y todo ello sin olvidar a los lectores adultos.

Erein es una de las grandes editoriales vascas, y los trabajos publicados por la editorial pueden dividirse en dos ramas: los dirigidos a la enseñanza y los puramente literarios. Entre las obras literarias, a su vez, se diferencian las secciones de literatura infantil y juvenil y las lecturas para adultos. Finalmente, dentro de esa nueva ramificación hallamos numerosas colecciones: Behin Batean, Letra magikoa, Antzoki Txikia, Holaxe bizi da Xola, Iholdi, Perzebal o Gure Klasikoak pertenecen a la literatura infantil y juvenil, mientras Poltsikokoak, Saiopaperak, Euskal Kultura, Narratiba, Bakanak o Unibertsitate saila corresponden al público adulto.

Los nombres que conforman dichas colecciones y otras que han quedado sin mencionar son múltiples, entre los que destacan las firmas de los más grandes autores de la literatura vasca contemporánea: Bernardo Atxaga, Ramón Saizarbitoria, Iban Zaldua, Pello Lizarralde, Joxemari Iturralde, Arantxa Urretabizkaia, Anjel Lertxundi, Mariasun Landa, Karlos Linazasoro, Patxi Zubizarreta, etcétera.

En la década de los 80 también surgieron nuevas editoriales. En 1979 un grupo de jóvenes fundó la revista literaria Susa, cuyo último número se publicó en 1994. Sin embargo, entre medio, en 1983 dichos jóvenes crearon la editorial de mismo nombre. Entre los fundadores destacan escritores y promotores culturales como Josu Landa, Mikel Hernández Abaitua, Iñaki Uria, Pablo Sastre o Tere Irastortza. El paso del tiempo no ha conseguido sino afianzar la labor editorial de Susa, donde se han publicado obras y colecciones importantes en los últimos veinticinco años. En su catálogo de autores hallamos, entre otros, los siguientes: Xabier Montoia, Mikel Antza, Jon Alonso, Iñigo Aranbarri, Edorta Jimenez, Itxaro Borda, Pako Aristi, Lutxo Egia, Harkaitz Cano, Miren Agur Meabe, Kirmen Uribe, Koldo Izagirre, Jose Luis Otamendi, Juanjo Olasagarre, Pablo Sastre, Jokin Urain, Juan Luis Zabala, etcétera.

Entre las colecciones publicadas por Susa destacan las obras completas de Gabriel Aresti o los 50 libritos que, preparados por Koldo Izagirre, constituyen la más amplia antología de poesía vasca del siglo XX (XX. mendeko poesia kaierak).

Con la llegada del siglo XXI, por otro lado, la editorial ha sabido adecuarse a las nuevas tecnologías y a las múltiples oportunidades que proporciona la red de redes, y es habitual hallar en su página web fragmentos de obras, obras completas y muy diverso material relacionado con la literatura vasca en formato digital.

Por lo que a los inicios respecta, los de la editorial Maiatz, en Ipar Euskal Herria, fueron similares a los de Susa: Luzien Etxezaharreta e Itxaro Borda crearon la revista independiente Maiatz, que todavía se publica, y poco después nació el proyecto editorial. El primer libro publicado fue el poemario Bizitza nola badoan (1984) de Itxaro Borda, y desde entonces han publicado numerosas obras, la mayoría de ellas de autores originarios de Ipar Euskal Herria: la propia Borda, Jean Louis Davant, Eñaut Etxamendi, Marie Louise Legorburu, Antton Luku, Imanol Txabarri, Auxtin Zamora, Luzien Etxezaharreta, etcétera.

Desde que dio los primeros pasos en 1983, la editorial navarra Pamiela ha publicado más de quinientos títulos divididos en numerosas colecciones. Son destacables las colecciones dedicadas a la historia de Euskal Herria, y más concretamente a la historia de Nafarroa. Entre dichas colecciones es reseñable la que recoge las obras completas del investigador Jose María Jimeno Jurío, así como varios tomos dedicados a la historia externa de la lengua vasca.

Entre los trabajos literarios publicados por Pamiela, son mencionables la revista Erlea, promovida por Euskaltzaindia y dirigida por Bernardo Atxaga. También ha publicado las obras de diversos autores vascos como Sarrionandia, Anselmi, el propio Atxaga, Asun Garikano, Epaltza, Irigaray, Lete, Etxaniz Erle, Etxegoien o Luku.

A lo largo de los años 80 surgieron otras dos editoriales que aún publican: Txalaparta e Igela. La primera nació en Bilbao, pero desde 1988 está afincada en Tafalla. Publica obras en euskera y español, y su catálogo muestra un firme compromiso para con la crítica social y el pensamiento de izquierdas. Publica más de una treintena de obras al año, y dentro de dicha producción destacan los libros sobre historia, crítica social o ensayos de corte político. Los autores recogidos en el catálogo de Txalaparta incluyen a escritores vascos y extranjeros de distintas épocas.

La editorial Igela se fundó en Iruñea en 1989 bajo la dirección de Xabier Olarra, y la principal característica de la editorial es que todas las obras que publica son traducciones. Entre otros muchos, hallamos en su catálogo las traducciones de autores como Ballinger, Baricco, Cain, Chandler, Capote, Celati, Celine, Agatha Christie, Conan Doyle, Ernaux, Ginzburg, Henry James, Maupassant, Nothomb, Queneau, Roth, Tabucchi, Thompson, Vian, Xukri o Zweig.

La mayor editorial fundada en los años 90 fue Alberdania, creada por Inazio Mujika Iraola y Jorge Giménez. Desde entonces han publicado obras en euskera y español, y el recorrido llevado a cabo desde entonces ha afianzado el desarrollo de la editorial. La mayoría de las obras publicadas se dividen en tres grandes apartados: literatura infantil y juvenil, literatura para adultos y publicaciones especiales, es decir, obras que no se clasifican en los anteriores apartados. Es digno de mención el peso que tiene el ensayo entre las publicaciones de la editorial.

Por lo que a autores en lengua vasca se refiere, son muchos los que han publicado alguna de sus obras en Alberdania: Harkaitz Cano, Aurelia Arkotxa, Javi Cillero, Iban Zaldua, Andoni Egaña, Aingeru Epaltza, Hasier Etxeberria, Juan Gartzia, Joxerra Gartzia, Aritz Gorrotxategi, Juan Kruz Igerabide, Arantxa Iturbe, Felipe Juaristi, Anjel Lertxundi, Karlos Linazasoro, Jokin Muñoz, Joxean Sagastizabal, Patxi Zubizarreta, etcétera.

Finalmente, son múltiples las traducciones publicadas por Alberdania, muchas de ellas preparadas junto a la asociación EIZIE dentro de la colección Literatura Unibertsala.

Durante la última década se han fundado diversas editoriales, si bien no todas han corrido la misma suerte. Algunas de ellas han logrado estabilizarse y hallar su propio lugar en el mercado editorial vasco. La editorial Utriusque Vasconiae da muestra de ello: fue creada por Jokin Apalategi y Paulo Iztueta cuando quedaron excluídos de la Fundación Elkar en el año 2000, a día de hoy cuenta con diez apartados y entre ellos destaca el dirigido por Ur Apalategi, dedicado a la crítica literaria. En dicha sección han publicado algunos de los más valorados críticos literarios vascos. Se trata de autores como el propio Apalategi, Kortazar, López Gaseni, Atutxa, Egaña, Billelabeitia o Retolaza.

Junto a todas las anteriores, existen otras editoriales importantes cuya producción está destinada principalmente al sector de la enseñanza: Ibaizabal, Elhuyar, Giltza o Zubia son algunas de ellas. Para concluir, conviene no olvidar las editoriales encargadas de las publicaciones universitarias, las pertenecientes a entidades privadas, etcétera.

  • TORREALDAI, Juan Mari. Euskal kultura gaur. Liburuaren mundua. Donostia: Jakin, 1997.