Concept

Literatura infantil y juvenil en euskara

La literatura escrita en lengua vasca es una literatura bastante reciente en opinión de algunos historiadores, el mismo Villasante, por ejemplo, indica lo siguiente en su historia de la literatura vasca: "La literatura culta o libresca es más bien tardía, escasa y de no muy alta calidad." (Villasante, 1979: 19). Esa realidad, sin embargo, se acentúa cuando hablamos de la Literatura Infantil y Juvenil, entre otras razones porque dicha producción literaria es tardía a nivel mundial (no hay que olvidar que el concepto de niño como persona con una personalidad propia, como un ser que está desarrollando su personalidad, es un concepto que apenas tiene unos siglos de existencia).

La primera obra escrita para el público infantil en lengua vasca vio la luz en Tolosa en 1803 y se trató de un catecismo escrito por Juan Bautista Aguirre: Confesioco eta Comunioco Sacrementuen gañean Eracusaldiac, lenvicico Comunioraco prestatu bear diran Aurrentzat, eta bidez Cristau acientzat ere bai. Una obra tardía y procedente de la tradición religiosa. Sin embargo, un año más tarde, en 1804, se publicó Ipui onac (Cuentos buenos), obra que reúne diversas fábulas de Esopo y que Bizenta Moguel tradujo para educar a los más jóvenes, tal y como lo indica en la introducción del libro:

"Ipuiok atera nai ditut gaztetxo, ta nekazarientzat (...) Deritzat enzuten nagoala mutiltxo, neskatxatxo ta nekazari askoren farra ta algara gozoak irakurri edo aituaz ipui onek" (Quiero publicar estos cuentos para los jóvenes y las personas del campo (...) Me parece estar oyendo reírse a los chicos y chicas, así como a muchos campesinos, oyendo o leyendo estos cuentos)

(Mogel: 23-28).

Tal y como indica la autora en el título de dicha obra, su intención es "instruir deleitando" y así propone dichos cuentos, las fábulas con sus enseñanzas y moralejas frente a otros cuentos sin intención pedagógica, frente a otros que son perjudiciales para la juventud.

A lo largo del siglo XIX se publicaron también las recopilaciones de fábulas realizadas por Iturriaga y Goyhetxhe, pero aparte de dichas obras con claro objetivo didáctico no hay más publicaciones dirigidas al público infantil hasta 1890, año en que se publica la novela romántica Patxiko Txerren, escrita por A. Apaolaza y que se basa en la obra El Judas de la casa de Trueba.

Esta situación tan pobre en cuanto a la producción literaria se mantiene hasta el siglo XX, aunque los cambios políticos como consecuencia de la pérdida de los fueros o el surgimiento del sentimiento nacionalista, poco a poco fueron influyendo en toda la cultura vasca posterior.

A comienzos de este siglo empiezan a surgir las ikastolas o centros de enseñanza en euskara y como consecuencia de ello la necesidad de materiales educativos en lengua vasca. Así comenzaron a publicarse diversos libros y cuadernos entre los que destacan los aportados por el tolosarra Lopez de Mendizabal quien, al igual que otros, editó diversos libros de texto y de lectura para niños en las tres primeras décadas del siglo. Además, en esta misma época se publican varias obras religiosas, antologías de cuentos populares e incluso la primera obra teatral infantil en lengua vasca.

En 1914, la editorial bilbaína Grijelmo, comienza a publicar algunas obras infantiles de distinto valor literario; así ven la luz tres obras de Jon Gauzekaitz recopiladas bajo el título "Umientzako ipuiñak" -Cuentos para niños- en los que los protagonistas son unos niños y en los que el autor intenta transmitir las ideas nacionalistas de Sabino Arana. Un claro ejemplo de ello es el cuento Margarite'ren ames ixukorra -El sueño terrible de Margarite- (1914), en el que cobran mayor protagonismo las ideas nacionalistas que el argumento mismo de la historia.

Dar-dar. Txiki

Esa influencia o sesgo nacionalista aparece también en otras obras de la época, incluso el deseo de instruir por parte del autor como se puede apreciar en el libro Ipuin laburrak umetxoentzat -Breves cuentos infantiles- (Garitaonandia, 1922) o en la primera obra teatral para niños en euskara: Nekane edo Neskuntzaren babesa -Nekane o la protección de la Virgen- (Tene Mujika, 1922).

Al igual que en la literatura universal, también en la literatura en euskara los jóvenes lectores se apropiaron de obras destinadas en un principio al público adulto y que hoy en día podemos encontrar en las colecciones de literatura infantil y juvenil. Es el caso, por ejemplo, de obras como Abarrak (Kirikiño, 1918) y Pernando Amezketarra (G. Mujika, 1927), ambientadas ambas en el mundo rural y que a través de diversas anécdotas, chistes o situaciones humorísticas logran hacer reír a los lectores. El éxito de estas obras ha llegado hasta finales del siglo XX, habiendo logrado muchas ediciones y, en el caso de la segunda obra, dando lugar incluso a una serie de dibujos animados en la televisión.

La literatura de tradición oral también tuvo un gran éxito entre los jóvenes lectores. Las recopilaciones de cuentos de Barbier (1931) o Mayi Ariztia (1934) al igual que las fábulas de Oxobi (para algunos el mejor fabulista de las letras vascas) publicadas en 1926, sirvieron para acercar la literatura tradicional a la infancia. Dichas obras se editaron con unas ilustraciones muy cuidadas y un lenguaje muy esmerado, logrando una excelente calidad para la época. Los cuentos Dar-Dar-Dar (1929) o Txomin Arlote (1929) cuidadosamente ilustrados por "Txiki", John Zabalo, son una muestra de lo anteriormente indicado.

Pero junto a la creación y la literatura popular hay un tercer ámbito que es muy importante en esta época: la traducción. Además de las fábulas anteriormente comentadas, se publicaron los cuentos de los hermanos Grimm (1929) o de Schmid (1929), obras de O. Wilderen (1927) y Croce (1932) o Tormes'ko itsu-mutila -El lazarillo de Tormes- (1929) creando los cimientos de lo que sería la Literatura Infantil y Juvenil Vasca; sin embargo la guerra de 1936 y sus consecuencias, así como las de la Segunda Guerra Mundial en el País Vasco francés, truncaron dichos inicios, dando lugar a una época de inactividad en las letras vascas.

El franquismo impuso la imposibilidad de expresarse en euskara en las cuatro provincias vascas, por lo que fueron muy escasas las obras de literatura publicadas en lengua vasca. Más aún, muchas de las obras publicadas en ese periodo lo hicieron fuera del País Vasco, en París, Sudamérica, las colonias de exiliados, etc. En las provincias bajo el régimen franquista no se publicó ninguna obra para niños hasta 1948, año en que se comenzó a editar obras religiosas para la infancia (Iesu Aurraren Bizitza, -Vida del niño Jesus- 1948; Haurren Eliz-liburutxoa, -Catecismo para niños- 1949, edo Kristau-Ikasbidea Bertsotan, -Enseñanzas religiosas en versos- 1950).

Entre las obras publicadas durante ese periodo podemos destacar dos, el primer libro de poemas para niños escrito en euskara: Haur elhe haurrentzat -Palabras infantiles para niños- (1944), de la mano del escritor bajonavarro Oxobi; y el libro de imágenes Leoi-kumea -Cría de león-, escrito por Orixe, que bien pudiera tratarse de una traducción libre de un libro ilustrado, publicado en 1948 en París por encargo del Gobierno Vasco en el exilio.

Purra purraA comienzos de la década de los 50 empiezan a darse unos pequeños cambios en el régimen franquista que, sin necesidad de controlar tan estrechamente a la población y buscando el reconocimiento internacional tras el final de la Segunda Guerra Mundial, da lugar a una "liberación intelectual". Durante esos años, en parte gracias a la labor callada de los propios autores o de la Real Academia de la Lengua Vasca -Euskaltzaindia -, se publican varias obras literarias como Alos-Torrea (1950) o Purra! Purra! (1953) escritas y editadas por J. Etxaide; la traducción del escritor jesuita Svensson Noni eta Mani (1952) realizada por el también jesuita Plazido Muxika; o los libros humorísticos Pernando Plaentxiatarra (1957), Ipuin barreka -Cuentos humorísticos- (1958) y Zirikadak -Provocaciones- (1958) entre otros.

Entre las obras publicadas en esa época podemos destacar la novela policiaca de J. A. Loidi Amabost egun Urgain'en -Quince días en Urgain-, ganadora del premio literario de la Real Academia de la Lengua Vasca y que es la primera obra literaria escrita en euskara publicada en otra lengua. Esta novela, dirigida al público adulto pero que ha sido ganada para la literatura juvenil, se publicó en castellano en la revista El Bidasoa en 1958 y tres años más tarde en catalán en formato libro.

En esa época de cambios literarios (y políticos) se editó la primera revista infantil en lengua vasca: Umeen Deia -La llamada de los niños-, una publicación de cuatro páginas que subvencionó una institución oficial navarra (Príncipe de Viana) durante los 65 números que se publicaron hasta la muerte de su creador, hecho que supuso el final también de la revista.

 

A comienzos de la década de 1960 se produjeron una serie de acontecimientos que tuvieron gran influencia en el devenir de la Literatura Infantil y Juvenil vasca. Por una parte surge el movimiento de las ikastolas, centros educativos que imparten la enseñanza en euskara y que, a pesar no ser legales, son aceptados. Estos centros demandan materiales didácticos y de lectura en euskara, convirtiéndose en propulsores y consumidores de obras literarias.

Por otra parte, surge la figura de Marijane Minaberry, escritora natural de Banka (Nafarroa Behea) y que en su busca de lecturas que buscan el placer y el gusto por encima de otros objetivos, dio inicio a lo que propiamente sería la Literatura Infantil y Juvenil vasca.

El primer libro infantil de Marijane Minaberry es una breve publicación, Marigorri, versión de un conocido cuento y que se vio la luz en 1961; posteriormente, en 1963 con el libro de cuentos Itchulingo anderea... -La señora de Itchulin...-, y dos años más tarde con el poemario Xoria kantari -El pájaro cantor-, esta escritora dio los primeros pasos para la creación de una literatura que busca el placer y el entretenimiento; una producción cuyo objetivo principal es el literario, obras que frente a la intención moralizante, educativa o instructiva para la enseñanza del lenguaje, buscan narrar, contar historias, con un objetivo claramente estético. Ese objetivo se aprecia más claramente en el poemario que agrupa 23 poemas, siete de los cuales utilizó el grupo de música folk Oskorri en 1997 en su disco "Marijan kantazan".

Ipurbeltz

Sin embargo, la obra de Marijan Minaberry no tuvo una gran influencia en la literatura infantil vasca, tal vez por la situación socio-política del momento o por el hecho de que la autora escribiese en un dialecto, el bajonavarro, distante de la mayoría del público potencial existente. En las cuatro provincias al sur del Bidasoa los cambios políticos propician un aumento de novelas históricas que, tras varios años de represión, avivan las ideas nacionalistas. Un ejemplo de ello es la traducción, incluso años más tarde, de la novela Gillermo Tell, publicada en 1976 y que tiene este texto en la contraportada: "Gillermo Tell liburuak dakarren historia mendi arteko herrixka bateko kontakizuna da; hango abertzaleek nahi izan zuten herri hura askatasun bidean jarri" -La historia que cuenta el libro Guillermo Tell es una narración ambientada en un pequeño pueblo rodeado de montañas, los nacionalistas de aquel pueblo buscaban el camino para la libertad de su pueblo-.

Desde las publicaciones de Marijan Minaberry hasta 1975, año en que muere Franco, se dan toda una serie de cambios, desde el surgimiento de nuevas modalidades de pedagogía, la creativa, las ideas de Freinet, la presencia de nuevas editoriales (algunas de ellas incluso de fuera del País Vasco, como es el caso de la catalana La Galera),... y, sobre todo, en el ámbito de la literatura en euskara destaca el nacimiento de la colección "Kimu" a manos de la editorial religiosa Mensajero. Las primeras obras de esa colección buscan formar a los lectores, así junto a varias obras divulgativas (historias de la literatura, por ejemplo), se publican novelas históricas (Amaia, Antso Gartzeiz, Eneko Haritza, Harkaitz elurra ari zueneko haurra,...), obras teatrales infantiles de la mano de Lurdes Iriondo para ser representadas en los centros escolares (Martin Arotza eta Jaun Deabrua eta Sendagile Maltzurra, 1973; Buruntza azpian, 1979), e incluso se editan libros de cuentos o poemarios creados por los mismo jóvenes.

Tras la muerte de Franco y el final del franquismo, se dan toda una serie de cambios políticos, pero sobre todo sociales. Una muestra de ello son, por ejemplo, las campañas que organizó la Real Academia de la Lengua Vasca en favor del euskara, o la marcha de la Libertad que agrupó a medio millón de personas.

Aumentan las matriculaciones en las ikastolas. Si en 1970 eran 11.885 los niños que estudiaban en dichos centros, en 1974 casi llegan a los 27.000 y en 1980 son 65.000. Además, en 1979 se publica el Decreto de bilingüismo que regula, entre otras cuestiones, la enseñanza del euskara en todos los centros escolares de la Comunidad Autónoma Vasca. Por su parte Euskaltzaindia, la Real Academia de la Lengua Vasca, no puede responder a la demanda creciente de personas adultas que desean aprender euskara (45.000 personas), dando así lugar a la creación de organismos que se dedican a dicha labor.

La Literatura Infantil y Juvenil también vive este resurgir. Cada vez hay una demanda mayor, son muchas las obras que se solicitan y, en cambio, las infraestructuras editoriales son muy débiles y la oferta muchas veces no se adecúa a dicha demanda. Algunas editoriales estatales comienzan a publicar obras en las cuatros lenguas oficiales, pero en el caso del euskara sin mucho éxito, en parte por las traducciones mal cuidadas, el lenguaje inadecuado para los niños, la mala distribución, etc.

A finales de la década de 1970 surgieron tres importantes editoriales en el ámbito de la Literatura Infantil y Juvenil, y gracias a ellas comenzó a estructurarse la producción. La editorial Hordago, que durante años había publicado con éxito obras de contenido político, crea la colección "Tximista" que en poco tiempo aglutina 40 obras, la mayoría traducciones de la literatura universal. Tan solo cinco obras, tres libros de cuentos de Txomin Peillen y dos novelas de J. Etxaide, son originales escritos en euskara. Dicha editorial se disuelve en unos pocos años.

Así, a partir de la década de 1980 serán las editoriales donostiarras Elkar y Erein quienes lleven la mayor parte del peso en la Literatura Infantil y Juvenil vasca. Ambas editoriales, desde su inicio, se centran en la publicación de obras para la infancia, tanto obras literarias como de texto. Además, la editorial Erein crea en 1979 la revista Ipurbeltz que ofrece cómics, cuentos y narraciones a los más jóvenes junto con Kili-Kili, también creada ese mismo año (aunque en 1966 Jose Antonio Retolaza ya había editado un número antes de que fuera censurada).

Los cambios políticos, las reformas educativas, la nueva política editorial así como los cambios, tanto en los creadores como en los consumidores de literatura, marcaron el inicio de lo que podríamos considerar como la literatura infantil y juvenil moderna en lengua vasca.

A partir de 1980 la LIJ vasca vive un profundo cambio tanto a nivel cualitativo como, sobre todo, cuantitativo. El número de obras publicadas aumenta muchísimo a partir de esa época. De no publicarse prácticamente casi nada, o unas pocas decenas de libros (en las décadas anteriores en los 80 se editan 300 libros de LIJ en euskara al año), en la década de 1990 serán 400 obras anuales las que se publiquen. Y aunque este cambio, esta evolución sea muy importante, más lo es el cambio cualitativo que se da en esas fechas.

Hace falta una literatura moderna, atractiva, interesante que sea capaz de atraer al lector vasco; así entre 1981 y 1984 se publicaron tres libros que son fundamentales en la LIJ vasca: Tristeak kontsolatzeko makina -La máquina para consolar a los tristes- (1981) escrita por Anjel Lertxudi, el cuento Chuck Aranberri dentista baten etxean -Chuck Aranberri en casa del dentista- (1982) de Bernardo Atxaga y Txan fantasma -Txan el fantasma- (1984), cuento ganador del premio Lizardi y escrito por Mariasun Landa. Estas tres obras marcan el inicio de la LIJ moderna en euskara. La influencia de Rodari es muy notoria en las narraciones de Lertxundi, o la del realismo crítico y las obras de Chiristine Nóstlinger en el cuento de Mariasun Landa, mientras que en el cuento de Atxaga la combinación de fantasía, realidad y humor da lugar a una obra moderna, novedosa, tal y como ocurre en las otras dos obras anteriormente citadas.

Xola (Atxaga)

Por supuesto que junto con estas obras modernas también se publicaron otras más clásicas y tradicionales que reflejaban, por ejemplo, el mundo rural. Además, también se editaron muchas obras basadas en cuentos populares y recopilaciones de historias, anécdotas, cuentos, sucesos, etc.

En este contexto podemos destacar la figura de Joxe Arratibel, conocido recopilador de cuentos populares, quien a comienzos de la década de los 80 comentó que el mundo había cambiado más desde su nacimiento en la década de 1920 hasta ese momento que en los dos mil años anteriores. Algo parecido podríamos decir de la literatura infantil vasca; se han publicado más libros cualquiera de estos últimos años, que todos los que lo hicieron desde que en 1545 se publicó el primer libro en euskara hasta 1975. Por todo ello, podemos indicar que analizando la LIJ de las últimas décadas tenemos una visión general de toda la Literatura Infantil y Juvenil en lengua vasca.

Hoy en día, además de las versiones y de los cuentos de tradición oral, el lector que se acerque a la LIJ en euskara puede elegir entre obras de cualquier género y corriente literaria. Desde aquellas que se pueden incluir en el realismo crítico hasta obras de ciencia ficción, de aventuras, misterio o de humor (entre estas últimas merece la pena destacar la novela de Joxean Sagastizabal Kutsidazu bidea, Ixabel -Enséñame el camino, Isabel-, 1994, verdadero best seller de la LIJ vasca y que ha sido llevada tanto al cine como a la pequeña pantalla. Asimismo, son muchas las obras escritas en otras lenguas y que han sido traducidas en estos años. Pero el mayor cambio acontecido en la LIJ vasca ha venido de la mano de aquellas obras que nos ayudan a conocer mejor nuestra sociedad, a ser más crítico incluso con nosotros mismos, es decir, aquellas obras que se enmarcan dentro del realismo crítico, obras que utilizan desde las técnicas más tradicionales hasta las más modernas en su afán por buscar un lector más crítico, más reflexivo.

En 1982 Mariasun Landa obtuvo el premio Lizardi con un cuento que narraba la relación entre una niña y un fantasma. La falta de cariño y amor, la soledad, la incomprensión de los adultos, propician esa relación entre niña y fantasma y, así, Karmentxu busca la ayuda de ese fantasma imaginario frente al mundo de los adultos. Txan fantasma (1984) es una de las primeras obras modernas de la LIJ vasca no solo por su temática, sino que también por las técnicas narrativas, dando así inicio a una lista de obras interesantes de gran calidad. Trabajos que reflejan nuestra sociedad como son Dado iratxoa -El duende Dado- (1986) o Matias Ploff-en erabakiak -Las decisiones de Matias Ploff- (1992), cuento que plantea el tema de la obesidad, el de los valores,... Mariasun Landa es, sin lugar a dudas, la principal autora vasca que ha planteado, en sus obras, temas relacionados con el realismo crítico. Son muchas sus aportaciones, desde Julieta, Romeo eta saguak -Julieta, Romeo y los ratones- (1984), Alex (1990), Nire eskua zurean -Mi mano en la tuya- (1995) cuento iniciático sobre el amor, la dependencia materna, los sentimientos en la adolescencia,... o Krokodilo bat ohe azpian, -Un cocodrilo bajo la cama- 2003, obra con la que la autora obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil y que narra la relación que mantiene el protagonista con un cocodrilo que ve bajo su cama; una obra literaria juvenil y adulta que nos anima a reflexionar sobre nuestros miedos, la soledad y la sociedad en la que vivimos.

Iholdi (Mariasun Landa, Balzola)

A partir de mediados de los años 80, el realismo crítico ha tenido un peso cada vez mayor en la LIJ vasca; ha influido en ello la aportación realizada por escritores de otras lenguas que han visto su obra traducida al euskara, como es el caso de U. Wölfel, F. Hetmann, M. Gripe, Ch. Nöstlinger, P. Härtling, T. Haugen entre otros. Igualmente, merece la pena destacar la producción de obras escritas en euskara que tratan de prácticamente cualquier tema social de actualidad. Así podemos encontrar publicaciones que tratan sobre la militarización o la violencia, (Joxeme gerrara daramate -Llevan a Joxeme a la guerra-, 1992), la ecología (Desafioa -El desafío-, 1988; Joxepi dendaria -La tienda de Joxepa-, 1984), la familia (Jaun agurgarria -Ilustrísimo señor-, 1993, Pirritx eta Porrotx arrantzan -Pirritx y Porrotx van de pesca-, 2004), la pobreza (Kittano -Gitano-, 1988), la emigración (Bi letter jaso nituen oso denbora gutxian -Dos letters-, 1984; Eztia eta ozpina -De miel y de hiel-, 1994), la inmigración (Eddy Merckxen gurpila -La rueda de Eddy Merckx-, 1994, Semaforoko ipuina -El cuento del semáforo-, 2004), el paro (Harrika -A pedradas-, 1989), el amor (1948ko uda -Verano de 1948-, 1994, Kixmi elurpean -Kixmi bajo la nieve-, 2005), la libertad (Asto bat hypodromoan -Un burro en el hipódromo-, 1984; Potx, 1992; Tristuraren teoria -Teoría de la tristeza-, 1993; Behi euskaldun baten memoriak -Memorias de una vaca-, 1991), etc., entre las obras de calidad publicadas durante estos últimas años.

La LIJ vasca ha sido una literatura que prácticamente desde la nada ha tenido que surgir para responder a las necesidades, gustos, temáticas y estilos de nuestros días. Por todo ello se ha dado ese boom en dicha literatura y esa evolución, esa progresión, ha tenido su influencia también en los escritores; junto a la anteriormente citada Mariasun Landa (una de nuestras autoras más reconocidas a nivel internacional, candidata al premio Andersen y Premio Nacional de LIJ) podemos encontrarnos con Bernardo Atxaga quien desde el surrealismo y el mundo rural de sus primeras obras (Bi letter jaso nituen oso denbora gutxian -Dos letters-, 1984, es un claro ejemplo de ello), ha pasado al humor y la ironía en sus obras más recientes, como Xola eta Angelito -Xola y Angelito-, 2004.

Asimismo debemos remarcar la figura de Patxi Zubizarreta, autor de gran sensibilidad que aúna la literatura tradicional con la moderna, como ocurre en la novela Atxiki sekretua -Guarda el secreto- (2004), obra en la que se cuenta la vida cotidiana de una chica al tiempo que se intercalan las historias, cuentos y narraciones sobre brujas que le cuenta una anciana vecina. Junto a obras como ésa también podemos encontrarnos con otras de gran carga poética, es el caso de Usoa, hegan etorritako neskatoa -Paloma, llegaste por el aire- (1999), breve y emocionante cuento sobre una niña africana abandonada y posteriormente adoptada.

Junto a estos escritores tenemos una gran nómina de autores como A. Kazabon, J. K. Igerabide, I. Zubeldi, X. Mendiguren, A. Egaña, F. Juaristi, A. Arana,... que ofrecen obras de calidad sobre ciencia-ficción, crítica social, experimentalismo y otros muchos temas.

Hoy en día, sobre todo por la influencia que tiene el sistema escolar en la lectura infantil y juvenil, la mayoría de las publicaciones de LIJ son narraciones (los cuentos y novelas suponen más del 95% de las obras), lo cual hace que exista un gran desequilibrio entre los distintos géneros literarios. Asun BalzolaPor lo que respecta al teatro, las obras teatrales para niños y jóvenes, al igual que ocurre en la literatura para adultos, no llegan al 1% de los libros publicados. Xabier Diaz Esarte, Aizpea Goenaga, Alaitz Olaizola o Enkarni Genua son algunos de los escritores de obras teatrales infantiles y juveniles en euskara; un género minoritario y en el que, como se puede apreciar, predominan las mujeres.

Mucho más distinta es la situación con respecto a la poesía; desde que en 1992 Juan Kruz Igerabide escribió el poemario Begi-niniaren poemak de clara influencia oriental, el panorama con respecto a la poesía cambió radicalmente. Elena OdriozolaEste género literario que tan amplia y rica tradición ha tenido en nuestra literatura oral, comenzó a tener importancia tras la publicación del libro escrito por Igerabide, autor asimismo de varias libros de poemas posteriormente en los que, además de la influencia de los haikus japoneses, podemos apreciar también otros estilos e influencias (desde la poesía culta española hasta la tradición oral europea o los limerick y nursery rhymes).

Otros autores juegan con el lenguaje, las definiciones, los juegos de palabras... en sus obras; así tenemos, por ejemplo los poemarios Hitzak jostailu, -Juegos de palabras- 1994, o Irri eta barre, -Sonrisa y risa- 2002, de Joxantonio Ormazabal o el libro para primeros lectores Denboraren kanta-kontuak, -Canciones y cuentos del tiempo- 1995, escrito por Yolanda Arrieta e ilustrado por una de nuestras principales ilustradoras: Asun Balzola). En la obra de Jon Suarez Ilbete dilindan -La luna meciéndose-, Xabier Olaso. Pupuan trapuapor su parte, podemos apreciar cómo busca la complicidad del lector en el constante juego que hace con la literatura y la tradición, mientras que la influencia de la literatura oral está muy presente en el poemario Pupuan trapua -Un trapito en la pupa- (2004) con el que su autor, Xabier Olaso, obtuvo el premio Euskadi de Literatura Infantil y Juvenil.

Hoy en día a la hora de analizar la situación de la Literatura Infantil y Juvenil en euskara, además de tener en cuenta la calidad de los textos, hay que hacer lo mismo con la de las ilustraciones. En los libros para los más pequeños es esencial la ilustración y la labor de los ilustradores; más aun, en algunos libros tiene más importancia la parte gráfica que la escrita. Así, en la LIJ vasca, junto a ilustradores "clásicos" como Asun Balzola, Antton Olariaga y Jon Zabaleta por ejemplo, podemos encontrarnos con otros más jóvenes y que han realizado una gran carrera entre nosotros como pueden ser J. Mitxelena, E. Odriozola, E. Eibar, M. Valverde o A. Villate, por citar algunos. Todos ellos han aportado una gran riqueza de estilos y técnicas a la ilustración de libros en euskara y, en algunos casos, (Mitxelena, Valverde, Odriozola,...) también a los libros en otras lenguas.

zergatik bizi da basoan... Genua eta Zabaleta

Últimamente hay una nueva generación de nuevas e interesantes ilustradoras en el ámbito de la Literatura Infantil. Ahí están Estibalitz Jalon, Iraia Okina, Maite Gurrutxaga, Aitziber Alonso... todas ellas con nuevos e interesantes estilos y aportaciones. Cada una desde su estilo están produciendo unos libros de gran calidad, adecuados a la sensibilidad de los niños. Así, gracias a la labor de estos ilustradores y, sobre todo, a las traducciones se está produciendo un pequeño boom en relación a los álbumes. A la labor de la editorial gallega Kalandraka (y posteriormente también a la de OQO) debemos añadir la producción propia de álbumes (hecho en el que ha influido decisivamente el premio Etxepare a la creación de álbumes en euskara). Las obras Gerlari handia -El gran guerrero- (2007), irri eta barra. OrmazabalOtsoa, axeria eta ahuntzak -El lobo, el zorro y las cabras- (2009) o Mila magnolio lore -Mil flores de magnolio- (2010), por citar obras de tres editoriales distintas, con etilos y autores diferentes, son un ejemplo claro de lo anteriormente indicado.

Y al igual que son mujeres las que están llevando a cabo estos cambios en la ilustración, también hay un grupo, cada vez mayor, de mujeres que está haciendo lo mismo en la escritura, como son Leire Bilbao, Yolanda Arrieta, Ana Urkiza, Miren Agur Meabe,... que están realizando una labor muy interesante y con una producción literariamente muy cuidada.

A comienzos de la década de 1980 casi nadie podía imaginarse que la Literatura Infantil y Juvenil vasca pudiera estar en una situación como la actual, con tantas obras y de gran calidad literaria. Ipuinen haría ipuinekoa da, Elena Odriozola ilustratzailea, 2008Casi nadie podía pensar que en Corea, Estados Unidos, Alemania o Méjico se publicasen obras de LIJ escritas en euskara, o que los best-seller mundiales se pudieran disfrutar también en lengua vasca, y es que, además de todo lo anteriormente indicado, también debemos destacar la labor de calidad realizada por los traductores durante estos años.

Por supuesto que también hay claro-oscuros en la LIJ vasca, su excesiva dependencia con el mundo de la enseñanza, la reducción en las tiradas de ejemplares, la saturación del mercado, el número cada vez mayor de profesionales que desean vivir en este mercado reducido, el arrinconamiento de la crítica,... pero a pesar de todo, distintos organismos (como por ejemplo la asociación Galtzagorri o la asociación de bibliotecarios), los medios de comunicación, las editoriales (entre las que deberíamos destacar la labor que realizó durante tantos años el editor Joxean Ormazabal, fallecido en el 2010) y los autores, continúan trabajando por una Literatura Infantil y Juvenil de calidad, trabajando en favor de la cultura vasca.

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