Concept

La traducción en Euskal Herria

La evolución que ha tenido la traducción en Euskal Herria coincide con el itinerario por el que han transitado otras lenguas minoritarias y minorizadas, una travesía que no tiene nada que ver con la de las lenguas más grandes o hegemónicas: en las lenguas no dominantes la actividad traductora suele ser un medio para la pervivencia de la lengua y de la cultura, sobre todo; por tanto la traducción vasca ha sido también instrumento para la actividad política, para el proselitismo religioso y para la normalización lingüística.

Por lo que atañe al euskara, además, la historia de la literatura vasca en sus comienzos se superpone a la de la traducción, dado que los textos traducidos son mayoría en la primigenia literatura vasca, aunque en los inicios de la traducción vasca el rasgo más destacable sea que la traducción religiosa era dominante. Entre los siglos XVI y XX se vio inmersa en un proceso de secularización.

Esa actividad traductora ha solido tener como compañero de viaje un proceso de reflexión en torno a la lengua en sí y a la traducción, sobre todo mediante las introducciones a los textos traducidos -aunque alejadas de las líneas más en boga sobre la teorización y reflexión traductológicas en cada momento a lo largo del mundo, con todo-; y así sucedía con independencia de las organizaciones político-administrativas con competencias sobre los territorios vascoparlantes, porque hasta que se aceptó el Estatuto de Autonomía en 1978 no ha habido una política lingüística en dichos territorios, a excepción de la traducción religiosa impulsada por la reina Juana de Albret en el siglo XVI en el reino de Navarra, destinada a difundir el Protestantismo.

Por tanto, desde un principio la traducción ha tenido capital importancia en la producción literaria de Euskal Herria, y ese hecho coincide con el punto de vista de cierta parte de la teoría, es decir, aquel que sostiene que cuanto más produce una lengua o una cultura, resulta menor el porcentaje de lo traducido, y viceversa. La traducción suele suponer entre un 16% y un 40% de la producción en euskara (si se considera la administrativa y pedagógica, por imperativo legal, en la Comunidad Autónoma de Euskadi, al menos, se podría afirmar que en ocasiones es hasta un 50% del total).

Para poder entender ese relativa escasez de producción literaria traducida, resulta imprescindible considerar determinados factores sociopolíticos: que el euskara careciera de estatus oficial hasta el siglo XX impidió el desarrollo literario y traductor acaecido en las lenguas vecinas, pero no por la ausencia de personas vascas cultivadas, porque resulta de general conocimiento la presencia de vascoparlantes en las diferentes estructuras administrativas, educativas y de poder, sino porque no crearon en euskara -o porque sus creaciones no nos han llegado-.

Desde el punto de vista de la traducción literaria, no queda más remedio que pensar que la literatura oral y las primeras colecciones de refranes tienen que recoger inevitablemente rastros de traducción (incluso en las glosas del siglo X que se consideran origen del castellano), pero esos restos están velados por su carácter anónimo y la imprecisión de las fuentes. Por otra parte, en los repertorios de textos arcaicos también aparecen algunos testimonios, de temática diversa (incluso legales y administrativos); de todas maneras, no son sino briznas, porque en esos siglos no afloran rastros de los géneros literarios más clásicos y prestigiosos, como consecuencia de la supremacía de una traducción religiosa de corte utilitarista.

Si se consideran los textos conocidos en la actualidad, es preciso afirmar que la traducción vasca comienza en 1571, año en el que se publicó la translación realizada por Joannes de Leizarraga, a instancias de la reina Juana de Albret, del Nuevo Testamento, segundo libro más famoso de la primera literatura vasca.

Leizarraga utilizó la Vulgata en latín y diversas versiones francesas de aquella. Leizarraga dirigía el equipo de traductores que se encargó de la labor: Joan de Etcheverry, Pierres de Landetcheverry, Sanz de Tartas y Tardets. También vertieron otras obras: el catecismo ABC o Instrucción del Cristiano en la forma de orar y un Calendario (un calendario lunar perpetuo para situar las fiestas religiosas).

Aparte de su innegable importancia desde el punto de vista de la historia de la literatura, estas obras son significativas porque se convirtieron en el modelo "clásico" de traducción de los dialectos del este, por una parte, y por otra, como el mismo Leizarraga reconoce en la introducción del Nuevo Testamento, debido a que por falta de tradición escrita de anteriores generaciones, se vieron impelidos a inventar su propio modelo, teniendo por delante un gran reto desde el punto de vista de la traslación: conseguir un texto inteligible para el pueblo receptor sin traicionar a la letra (y al contenido).

Hay que indicar que la reina Juana de Albret también impulsó la creación de una universidad, y que gracias a ella y a la traducción, encaminó al euskara por la senda de ocuparse de cometidos de más alto nivel, pero que esa senda quedó interrumpida como consecuencia de la persecución política y religiosa a la que se vio sometida el movimiento protestante (situación que se corrigió, en parte, con la publicación en 1994 de la traducción por parte de un equipo de traductores católicos y protestantes denominada Elizen arteko Biblia).

La Contrarreforma puesta en marcha por la iglesia de Roma en el Concilio de Trento impulsó la traducción de textos religiosos acordes a la doctrina católica, que desde un punto de vista lingüístico resultaban más estrictos que los textos protestantes, por el temor a tergiversar la visión católica de la palabra de Dios.

Para apercibirse adecuadamente de lo trabajoso que resultó la secularización, es suficiente considerar lo que ocurrió hasta el siglo XIX, puesto que a pesar de lo reducido de la producción en euskara, la obra del monje alemán De imitatione Christi libri Thomae Malleoli à Kempis tuvo hasta cinco versiones distintas.

Entre otros, son dignos de mencionar también a Materre (Dotrina christianatik, 1617), Joannes Etxeberri Ziburukoa (Manual Devotionezcoa, 1627; Noelac, 1631; Elizara erabiltzeko liburua, 1636), Haranburu (Debocino eskuarra, mirailla eta oracinoteguia, 1635) eta Argaiñaratz (Avisu eta Exortacionea probetchosac bekhatorearentçat, 1641).

Uno de los traductores más productivos del siglo XVII fue Silvain Pouvreau: Guiristinoen dotrina (1656), Philothea (1664) eta Gudu espirituala (1665).

Son pocas la obras profanas que conocemos de ese periodo, el cirujano y boticario Mongongo Dassança vertió como Laborarien abissua (1692) la obra de Charles Estienne Praedium Rusticum (1554), y Piarres d'Etcheverry en 1677 Liburu hau da ixasoco nabigacionecoa, basado en la obra de Hoyarzabal Les voyages aventureux du capitaine Martin de Hoyarsabal (1633).

A partir del siglo XVIII, la producción literaria y traductora en euskara comenzó a transformarse, sobre todo por la influencia cada vez mayor de la Ilustración. En las provincias de oriente la secularización de las letras fue más temprana y directa, debido a las investigaciones filológicas de Antoine d'Abbadie y del príncipe Louis-Lucien Bonaparte, y se creó un grupo de traductores, escritores e investigadores notable: Artxu, Daskonagerre, Etxenike, Duvoisin, Intxauspe, Mendigatxa, Salaberri y Uriarte.

Son dignas de citar las traducciones relacionadas con las fabulas: Joan Batista Artxu público en verso las fábulas La Fontaine en 1848, y el clérigo Leonce Goyhetche, en 1852, otras 150 fábulas del mencionado autor, también en verso.

En las provincias occidentales, sobre todo, mediante la Sociedad Vascongada de Amigos del País instituida en 1765 por el aristócrata Francisco Xavier Munibe Idiáquez, conde de Peñaflorida, y siguiendo la línea marcada por el jesuita Manuel Larramendi, entre otros, se dedicaron a la traducción Pedro Antonio Añibarro, Agustin Kardaberaz, Sebastian Mendiburu, Bizenta Mogel y Juan Antonio Mogel. El vizcaíno J.A. Mogel tradujo los Pensamientos de Pascal, y su sobrina Bizenta 50 fábulas de Esopo (Ipui onac) del latín.

Es preciso retomar la influencia del príncipe Bonaparte (1775-1840), porque encomendó a diversos expertos en las diferentes variedades del euskara traducir los mismos textos religiosos, en base a un mapa de los dialectos elaborado por él mismo. El objetivo principal no consistía en impulsar la traducción, pero reclutó un grupo digno de mención: Duvoisin (labortano), Etxenike (baztanés), Intxauspe (suletino), Mendigatxa (roncalés), Otaegi (guipuzcoano y alto navarro), Salaberri (bajo navarro), Uriarte (vizcaíno y guipuzcoano). Obtuvo notable éxito en su tiempo la traducción del capitán Duvoisin de la Biblia, publicada en Londres en 1859 y en 1865.

El movimiento contrario al liberalismo originó la traducción de textos políticos (sobre todo desde el francés, aunque también del castellano): el jesuita Jose Ignacio Arana, en 1887, tradujo La doctrina de los liberales es pecado y en 1896 Sí, el liberalismo es pecado, de Sardá i Salvany; Laurent Diharassarry en 1890 Aphezen dretchoac eta eguinbideac eletzioetan [Derechos y deberes de los sacerdotes en las elecciones]; Michel Elissamburu Zer izan diren eta zer diren orain Framazonak munduan [Qué han sido y que son todavía los francmasones en el mundo] (1890) y Framazonak, bigarren edizionea, eta Frantziako hirur Errepubliken istorioa laburzqui [Los francmasones, segunda edición, y breve historia de las tres Repúblicas de Francia] (1891).

Por resultar totalmente diferente de los anteriores, debe mencionarse la crónica de José Colá y Goiti, La Emigración Vasco-Navarra, traducida por Marcelino Soroa como Euskal Naparren joaera edo emigrazioa (1885).

Además de literatura didáctica y política, en el siglo XIX siguieron traduciendo temas religiosos profusamente. Sin animo de resultar exhaustivo, he aquí algunos de los traductores y de las obras: Pedro Antonio Añibarro (Cristau dotriña, 1802-1803), Arrue (Mariaren Gloriak 1881, Kristoren imitazioa, 1887), Joakin Lizarraga (diversas obras, reseñables también por la variedad lingüística que utilizaba, dialecto alto navarro meridional que hoy ha desaparecido), Juan Antonio Moguel (Cristinaubaren jaquimbidea, 1879), Juan Jose Oteiza (San Lucasen ebanjelioa, protestante), Frantzizko Laphitz (Bi saindu heskualdunen bizia: San Inazio Loiolacoarena eta San Frantzizco Zabierecoarena, 1867; Santa Genovevaren vicitza, 1868).

Aunque las leyes aprobadas por los distintos gobiernos españoles en 1839, 1841 y 1876 ocasionaron la perdida del régimen foral, tuvieron como efecto colateral que a finales del XIX la ideología y el movimiento cultural abertzale se fueran fortaleciendo. De ese modo, hasta que se produjo el golpe de estado franquista contra la II República, surgió una prestigiosa generación de escritores y traductores.

Un literato que no comulgaba con la visión de la lengua propugnada por el impulsor de la ideología abertzale Sabino Arana, Nikolas Ormaetxea "Orixe" (1888-1961), fue uno de los ejes de ese movimiento cultural, y además de la importancia que tuvo en la creación literaria, desde el punto de vista de la traducción también es digno de mención, porque resume inmejorablemente un tipo de aproximación a la labor traductora vigente en aquel tiempo: traducir el sentido y no la letra, es decir, recrear el original en la lengua de llegada.

Según Orixe, las traducciones deben ser inteligibles, comprensibles para cualquier persona. Para conseguir su propósito, a menudo simplificaba excesivamente el original, incluso en ocasiones llegando a adaptar o censurar aquel. Debemos traer a colación las siguientes traducciones: El lazarillo de Tormes (1929), Mireio de Mistral (1930), Declaración de los derechos del hombre (1949), el vesperal bilingüe Urte guziko meza-bezperak (1950) y una versión de las Confesiones de San Agustín (1956).

De todos modos, ese tipo de traducción supuso un paso adelante notable en comparación con las anteriores tendencias a la literalidad, aunque resultara poco cuidadoso con la forma y las características culturales de la obra original. Tal y como se observa por las fechas de publicación, siguió en activo incluso tras la Guerra Civil.

No deben olvidarse otros traductores y traductoras anteriores al comienzo de la mencionada guerra civil. En el apartado de la literatura infantil y juvenil, es preciso aludir a Joseba Arregi "Txingudi" por Heine'ren olerkiak (1927); a los cuentos de Wilde traducidos por Joseba Altuna (1927) y los de Grimm (1929), vertidos según los modelos puristas de Sabino Arana; a otros cincuenta cuentos de los hermanos Grimm traducidos por J.A. Larrakoetxea "Legoaldi" (1929), no tan purista como el anterior, y a la traducción de A Christmas Carol de Dickens, realizada por Ander Arzelus "Luzear" (1931).

Respecto a la traducción de Arzelus, es preciso mencionar que solamente se había publicado por entregas en publicaciones periódicas y que hasta 2003 no vio la luz como libro, en la colección "Itzultzaile aitzindariak" de la asociación EIZIE.

En aquella época tuvo especial relevancia la traducción dramática: el dramaturgo Toribio Alzaga tradujo Macbeth en 1926; Jokin Zaitegi en 1933 Antigone de Sófocles; el capuchino Bonifacio de Ataun Amal, de Tagore, en 1934; Iñaki Goenaga, entre 1934 y 1935, tradujo y publicó, por entregas, Wilhelm Tell de Schiller -que también publicó la asociación EIZIE en 2004 dentro de la colección "Itzultzaile aitzindariak"-; Joseba Altuna vertió al euskara, entre otras, las siguientes obras de Manuel de la Sota "Txanka" Itxaroizarra (1931), Oztin (1932), Negarrez igaro zan atsua (1933), Urretxindorra (1934) eta Los caudillos [Buruzagiyak] (1935).

Mención especial merece la revista Antzerti [Teatro] que publicó traducciones de obras de teatro traducidas de diversas lenguas.

No es preciso añadir que en ese periodo se siguió traduciendo literatura religiosa, y entre las obras son dignas de mención las vertidas por del jesuita Raimundo Olabide: Ejercicios Espirituales de San Ignacio (1914); Kempis, de nuevo (1920); Nuevo Testamento (1931) y Antiguo y Nuevo Testamento (1958), todas ellas pergeñadas según las tendencias puristas de Sabino Arana.

La Guerra Civil y la Dictadura de Franco originaron una gran depresión cultural en la producción en euskara, lo que influyó directamente en la traducción, sobre todo porque se tuvo que llevar a cabo en el exilio y en las provincias del este, en territorio de la República Francesa. En el desierto cultural en euskara de las provincias del oeste, se dedicaron a traducir sobre todo personas allegadas a la Iglesia Católica.

Desde el punto de vista de la traducción, dos hechos cobran una importancia relevante: la aprobación por Euskaltzaindia en 1968 de las bases del euskara unificado y estándar, lo que poco a poco se fue reflejando también en la traducción, y el que a consecuencia de la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía, el Gobierno Vasco comenzara a poner en marcha políticas culturales y educativas propias.

Dentro de la iniciativa privada, debe referenciarse que la editorial Itxaropena dio comienzo a la colección "Kulixka [Andarríos]", que se inició con la traducción de la obra del jesuita Jon Svensson Nonni und Manni (1914) por parte de otro jesuita, Plazido Mujika, del alemán, publicada en 1952.

En la misma colección, encontramos, por ejemplo, la traducción pergeñada por Jon Etxaide de Las inquietudes de Shanti Andia con el título Itxasoa laño dago (1959) y la de Ángel Goenaga de la obra de Hemingway The old man and the sea, Agurea ta itxasoa (1963). A esa misma colección corresponde la traducción realizada por el sacerdote Luis Jauregi "Jautarkol" de la obra del Nobel C.J. Cela La familia de Pascual Duarte, Paskual Duarte'ren sendia (1967).

Andima Ibinagabeitia y el carmelita Santi Onaindia vertieron al euskara las obras completas de Virgilio: Idazlanak osorik: Unai-Kantak; eta Alor Kantak. Enearena (1966). Onaindia, por su parte, tradujo, entre otras obras, las Odae de Horacio (a partir de 1955, por partes), y poemas de Evtushenko, Machado, Tagore y otros poetas, la Divina Commedia de Dante (1985) y la Ódýsseia de Homero (1985). No se debe olvidar que Intxauspe en 1892 ya había dejado traducida la primera parte de la Commedia, intitulada Danteren comediaren lehen zatia.

El sacerdote vizcaíno Jon Gotzon Etxebarria "Dirauket" (1934-1996) tradujo algunos poemas de las Carmina Burana, así como poemas de clásicos como Anacreón, Boecio, Cátulo, Horacio, Marcial, Safo etc.; diversas fábulas de Esopo, Fedro y Perrault; además de poemas de poetas más modernos como Jean Aicard, Machado, Mistral...

De nuevo es preciso referirse al jesuita Jokin Zaitegi, tanto desde el punto de vista de la traducción como del cultural. Tras exiliarse debido a la Guerra Civil, en 1950 fundó la revista Euzko-Gogoa, que se convirtió en el aglutinante de numerosos escritores y escritoras vascas expatriadas. Además de las traducciones anteriores a la Guerra Civil, posteriormente vertió las siguientes: Evangeline, A Tale of Acadie de H.W. Longfellow, como Ebanjeline (1945), toda la obra dramática de Sófocles (1946-1958), Medeia de Euripides (1963), y de regreso del exilio, todos los diálogos de Platón entre 1975 y 1979.

Zaitegi tenía cierta tendencia formalista y cerrada al traducir, muy cercana a las estructuras lingüísticas originales, pero como también era seguidor de los modelos de Olabide y de Sebero Altube, solía prescindir de préstamos y buscar expresiones genuinas del euskara.

Otro exiliado merece un lugar privilegiado, Andima Ibinagabeitia (1907-1967), porque sin ser sacerdote, tuvo una influencia considerable. Llevó a cabo una labor encomiable en la revista Euzko-Gogoa. Además de las obras completas de Virgilio que tradujo con Santi Onaindia, vertió el Ars Amandi de Ovidio, como Maita-bidea (1952), y junto a su discípulo y amigo, el escritor Jon Mirande, abrió el camino para el erotismo en la literatura y traducción vascas. También trajo al euskara a Benavente: La fuerza bruta, Abere-indarra (1953). En cuanto al modelo lingüístico, coincidió con Azkue, Mirande, Olabide, Orixe y Peillen, y se posicionó con claridad a favor de unificar la lengua.

Benito Larrakoetxea (1894-1990) publicó en la mencionada Euzko-Gogoa algunas traducciones de Shakespeare: Macbeth (1957), Lear erregea (1958) y Ekatxa [The Tempest] (1959). Tras volver a Euskal Herria, publicó toda la literatura dramática de Shakespeare traducida entre 1974 y 1976. Desde el punto de vista de la lengua, usaba un vizcaíno con ciertos tintes puristas.

Bingen Ametzaga (1901-1969) también tradujo a Shakespeare desde el exilio: Hamlet. Danemark'eko Erregegaya (1952). Además, vertió al euskara a Cicerón, Esquilo, Goethe, J.R. Jiménez, Plinio, Wilde y varios más.

Los escritores y escritoras vascoparlantes han solido traducir a sus autores y autoras favoritas, sobre todo a partir del siglo XX. Sirva como botón de muestra esta somera relación: María Dolores Aguirre tradujo sobre todo dramaturgia, entre otros autores, a Baroja, Buero Vallejo, Casona, Lorca, Tagore; Jon Mirande fragmentos y obras cortas de Baudelaire, Bocaccio, Hemingway, Kafka, Nietzsche, Poe, Saki y otros autores -algunas traducciones han sido descubiertas recientemente-; Gabriel Aresti, Jon Juaristi y Joseba Sarrionandia publicaron a Eliot en euskara (1983); Sarrionandia O Marinheiro de Pessoa, Marinela (1985), poemas de diversos autores en Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak [Poemas míos que encontré ya escritos] (1985), The rime of the ancient mariner de Coleridge, Marinel zaharraren balada (1995) y una antología de Manuel Bandeira (1999).

Joxe Austin Arrieta ha traducido a M. Yourcenar (Mémoires d'Hadrien como Hadrianoren oroitzapenak, 1985), a Jaume Fuster (Les claus de vidre como Beirazko giltzak, 1997), a W. Golding (Lord of the Flies como Eulien ugazaba, 1990), a Max Frisch (Homo Faber, 2001) y a Proust (À la recherche du temps perdu Du côté de chez Swann como Denbora galduaren bila - Swann-enetik, 2010).

J.K. Igerabide ha traducido a Baudelaire, La Fanfarlo (1991), así como versiones adaptadas de diversos clásicos: Homero, Ovidio...

Koldo Izagirre ha vertido al euskara, de Castelao, Retrincos como Zirtzilak y Un ollo de vidro como Kristalezko begia (1986); de Novoneyra, Bazterrak / Os Eidos (1988); de Maiakovski, Poemak (1993); de Prosper Merime, Mateo Falcone (1995); de Victor Hugo Idi orgaren karranka (2002) y de Charles de Coster, La légende d'Ulenspiegel como Ulenspiegelen elezaharra (2007).

Mikel Lasa a J.P. Sartre Le Mur como Paretaren kontra (1980); a Alfonso Sastre, Bazterrean utzitako panpinaren ixtorioa (1984) [Historia de una muñeca abandonada, 1962]; Marcel Schwob Mimoak (1985) y Rimbaud, Une saison en enfer como Denboraldi bat infernuan (1991) y Poemak (1993).

Hay otra larga lista de escritores y escritoras que simultanean la escritura y la traducción: Jon Alonso, Xabier Amuriza, Begoña Bilbao, Itxaro Borda, Andolin Eguzkitza, Lukax Dorronsoro, Jüje Etxebarne, Luzien Etxezaharreta, Felipe Juaristi, Juan Kruz Igerabide, Pello Lizarralde, Pello Otxoteko, Jose Luis Padrón, Eider Rodríguez, Patxi Zubizarreta...

Hay que dar cuenta de otro fenómeno relacionado con la escritura, y es que algunos escritores y escritoras vascoparlantes suelen traducir a veces sus propias obras, bien al francés bien al castellano. Es preciso mencionar que más que de traducciones, hay que hablar de versiones o adaptaciones, puesto que a veces son más largas o más cortas que los originales.

Tras encomendar Euskaltzaindia a Xabier Mendiguren Bereziartu la tarea de ponerla en marcha, la Escuela de Traductores de Martutene dio los primeros pasos en 1980 para preparar a traductores y traductoras de modo sistemático y estructurado. Fue clausurada en 1990, entre otras razones, por problemas derivados de la validez legal de las titulaciones que otorgaba.

En 1984 la Escuela de Martutene fundó la revista Senez, que ha realizado hasta ahora una aportación teórica impagable a la traducción vasca. Desde que se fundó la asociación, es EIZIE quién se ocupa de editar la revista. En la actualidad está disponible en su totalidad en la red.

Desde la aprobación del Estatuto de Autonomía, las administraciones públicas de las tres provincias autónomas y las de Navarra (según su propio ordenamiento), comenzaron a contratar traductores e intérpretes administrativos. En 1983, el Gobierno Vasco constituyó el Instituto Vasco de la Administración Pública, y ese organismo puso en marcha mediante decreto, en 1986, ELAIE, una escuela de traductores de los ámbitos administrativo y jurídico, con objeto de proporcionar formación específica. Cerró las puertas en 1991, entre otras cosas, por problemas de homologación de las titulaciones.

IVAP también puso en marcha el Servicio Oficial de Traducción (IZO). El mencionado servicio ofrece un repositorio de textos legales traducidos, Legeria euskaraz. En Navarra también existe un servicio oficial similar, la Sección de Traducción Oficial del Gobierno de Navarra.

A partir de la experiencia de Martutene, en el año 1987 Lurdes Auzmendi, Juan Mari Lekuona, Xabier Mendiguren y Josu Zabaleta firmaron el acta de creación de EIZIE, Asociación de Traductores, Correctores e Intérpretes de Lengua Vasca. La que hemos denominado "Era Dorada" no se podría entender sin la intervención de la mencionada asociación.

En 1990 y 1991, respectivamente, las universidades de Deusto y la UPV pusieron en marcha sendos masters de traducción. El de la universidad pública fue de carácter eminentemente jurídico-administrativo.

En 1990, el Gobierno Vasco comenzó a otorgar los premios Euskadi, entre los que se encuentra el de Traducción. Se sigue concediendo en la actualidad, y al margen del puesto en marcha por el Ayuntamiento de Vitoria para premiar traducciones del ámbito de la literatura infantil y juvenil, es el único de traducción de cierta envergadura en euskara.

En 1990 el Gobierno Vasco y EIZIE pusieron en marcha la colección de literatura universal traducida "Literatura Unibertsala". En su primera época (1990-2002), publicó 100 libros, mediante la editorial Ibaizabal. En la segunda época (2002-2010), otros 52 ejemplares, por medio de las editoriales Elkar y Alberdania. En 2011 comenzó la tercera época, en la que las labores de edición correrán a cargo de Alberdania, Erein e Igela.

Una característica notable de la colección "Literatura Unibertsala" consiste en que las obras las asigna un jurado, mediante el sistema de plicas cerradas y secretas, en base a muestras de traducciones de las obras recogidas en un listado elaborado por personas expertas en la materia, y que cualquiera se puede presentar a las convocatorias anuales.

Mediante la colección "Urrezko biblioteka", la editorial Elkar ha comenzado a publicar, merced a ese acuerdo entre el Gobierno Vasco e EIZIE, algunos de los ejemplares agotados de esa colección de literatura universal. Las obras de la primera época de pueden consultar en la red (ver: Armiarma).

En 1991 la fundación denominada Klasikoak comenzó a publicar una colección de clásicos del pensamiento, "Pentsamenduaren klasikoak", que en el año 2010, considerando que ya había cumplido sus objetivos y tras publicar 130 libros, dejó de publicarse. No realizaba convocatorias públicas y abiertas, y eran las personas responsables de la colección las que decidían a quien asignárselas. En la actualidad, los libros están disponibles en la red: Pentsamenduaren Klasikoak corpusa.

La editorial Elkar comenzó en el año 1983 a publicar de modo sistemático literatura traducida, vertiendo al euskara obras de autores conocidos.

La editorial Igela empezó en 1989 a publicar literatura policiaca y negra, y aunque estos últimos años también se ha abierto a otro tipo de subgéneros, ha seguido dedicándose principalmente a divulgar traslaciones.

La editorial Erein en 1991 puso en pie una colección denominada "Bartleby", de literatura breve traducida, pero no perduró en el tiempo.

Otra editorial, Alberdania, desde su creación en 1993, siempre ha publicado traducciones junto a la literatura de creación, e incluso ha conseguido publicar algunos autores y autoras simultáneamente a los lanzamientos en otras lenguas.

La traducción de literatura infantil y juvenil siempre ha sido muy pujante, porque tienen un mercado muy potente gracias a la enseñanza.

En el año 2000, la UPV puso en marcha en el campus de Vitoria la licenciatura en traducción e interpretación, que se ha adaptada también al modelo Bolonia. Últimamente, gracias a esa licenciatura, la investigación universitaria en este ámbito ha recibido un notable impulso.

También hay que dar cuenta de otras iniciativas impulsadas por la UPV y relacionadas con la traducción; se trata de las colecciones de literatura científica y filosófica "Zientzia Irakurle Ororentzat" y "LIMES", en las que tampoco se realizan convocatorias públicas.

La traducción audiovisual y de los medios de comunicación cobró un gran auge con la creación de EITB y otros medios de comunicación y productoras en euskara, pero en la actualidad se encuentra en una situación de crisis alarmante.

La labor traductora tiene asociadas otras dos actividades hermanas: la interpretación y la corrección. Son dos áreas que se encuentran en fase de expansión actualmente.

El Gobierno Vasco ha habilitado en 2010 traductores e intérpretes jurados, y tiene en vigor un registro oficial de esas personas. La asociación EIZIE mantiene dos proyectos dignos de mención en la red: Euskal Literaturaren Ataria, Basque Literature, e ItzulBaita, la casa de la traducción vasca, estructura creada para ser centro de referencia y antena de la traducción vasca. Por otro lado, ofrece en su sitio web dos catálogos de traducción: uno de traducciones literarias y otro de traducciones de todo tipo.En 2004, un grupo de personas relacionadas con la escritura y la traducción crearon el Euskal Pen Club, que tiene en marcha un proyecto denominado Traducción y derechos lingüísticos.

Aunque la localización de software constituya un área novedosa, el Departamento de Educación del Gobierno Vasco tiene en vigor desde el curso 1981-1982 el programa EIMA, dirigido a crear y traducir todo tipo de material educativo (incluso audiovisual y software), que ha conseguido cimentar un catálogo de gran entidad desde el punto de vista de la traducción también, no solamente desde el pedagógico.

Por otra parte, el Gobierno Vasco ha hecho un notable esfuerzo destinado a traducir al euskara programas informáticos muy utilizados: Euskarazko softwarea deskargatzea.

Cada vez son más los recursos lingüísticos y tecnológicos en red que contribuyen a facilitar la cantidad y la calidad de las traducciones, hasta un punto nunca visto hasta ahora.

Últimamente, en la traducción vasca se ha producido una renovación tecnología notable, y traductoras y traductores se encuentran volcados en la traducción asistida por ordenador, incluso para la traducción literaria.

En el apartado tecnológico, resulta de obligada referencia Euskalterm, banco terminológico público, por la impagable ayuda que ofrece para la traducción, sobre todo técnica y científica. Fue creado en 1987 por UZEI, y se convirtió en banco público en 2001, mediante un convenio entre el mencionado instituto y el Gobierno Vasco.

Por otra parte, tanto las instituciones públicas como algunas empresas privadas se encuentran inmersas en diversos proyectos de traducción automática.

Es de todo punto ineludible dar cuenta de otro hecho crucial: el protagonismo cada vez más visible que tiene la mujer en la traducción vasca a partir del siglo XX.