Lexikoa

ORTOGRAFÍA

HISTORIA. La fijación definitiva de la ortografía vasca ha sido un hecho reciente cuyo accidentado proceso discurre estrechamente asociado al despertar nacionalista entre los s. XIX y XX. Hasta estos años, la lengua vasca, representante solitaria de las antiguas lenguas prerromanas, lengua de pequeña extensión territorial y sin parentesco genético, marginada de la cultura y de la vida urbana, se había mantenido casi ágrafa y subordinada, en cuanto a la ortografía, a las de sus dos potencias vecinas, la lengua francesa y la castellana. De esta forma, lo que solemos denominar clásicos antiguos de la lengua vasca suelen utilizar una ortografía más o menos personal dentro de los parámetros de la cultura española o francesa enfrentando, solos y sin asistencia de lenguas similares, los problemas derivados de la existencia de fonemas diferentes de los de éstas. Así vemos que, en el s. XVI, autores como Etxepare (1545) o Leizarraga (1571), primicias de la lengua escrita, ofrecen sus propias soluciones. Leizarraga, en concreto, preocupado por el tema (ABC), distingue entre ch y tch (x y tx actuales), introduce la tz (idéntica en la actualidad) y utiliza la k llamada a gozar de gran longevidad en Iparralde y a entrar por la puerta grande de la unificación literaria de siglos más tarde. Durante éstos, z y ç serán indistintas dando lugar a las grafías tz y , viéndose también aparecer la ts para un sonido más palatalizado. En el enorme esfuerzo del P. Larramendi y en el Eusqueraren Berri Orrac (1761) de Cardaveraz podemos calibrar la preocupación que el tema ortográfico suscita en los autores prenacionalistas. Al llegar al s. XIX veremos que los vascofranceses utilizan generalizadamente la k y otras grafías z, ts ya unificadas, mientras que los autores de influencia española no las usan (Moguel, J. B. Aguirre) y su escritura transparenta la castellana.