Hístoria formal: estratos. Dejando a un lado el tipo y la estructura del sistema nos encontramos con que el euskara, como las demás lenguas, se halla configurado por implicaciones que le llegan desde el exterior, de otras que hereda desde el interior y, finalmente, por su aplicación hacia el exterior. Esquemáticamente se podrían representar así: | superestrato Configuración ...| adstrato | sustrato En el primer caso, el euskara se halla fuertemente afectado por la vecindad del castellano, del gascón y del francés en condiciones muy cambiantes cada año que pasa. Primera mente, vecindad externa y cada vez más, vecindad interna hasta llegar a la suplantación del euskara por la lengua advenediza. El euskara se configura exteriormente median te incidencias de vecindad totalmente externas como ocurría hasta no hace mucho con el gascón y el francés, pero éste, al invadir "oficialmente" la escuela y toda actividad pública, suplanta al euskara y le afecta gravemente en su vocabulario (galicismos: deserta, "postre"; mera, "alcalde", etc.) y en la vitalidad. La vecindad del gascón continúa siendo la de mera vecindad con mayor influencia en Zuberoa, cuyos nombres de pueblos se ven muy afectados. Una lengua puede haber convivido con el euskara por algún tiempo y dejar una huella en él después que desaparece o se retira o por lo menos no es adoptada por la aborigen. Es el caso del ibero, del celta, del celtíbero y del latín. El superestrato que dejan es la huella configuracional implicativa, algo así como las cicatrices del idioma en los rasgos fónicos, léxicos y gramaticales. ¿Dejó alguna huella el paso del celta, hablado por los suessiones y los autrigones, o el árabe de los Banu Kasi en la zona de Tafalla y de Tudela? Desde luego, en esa parte y en zona riojana de su dominación, encontramos dos ríos Cidacos, que no son sino Sidi Dacos, o Santiago. La huella del latín esta más importante de todas porque realmente afectó tan vitalmente al euskara que lo dejó en trance de desaparición y, desde luego, romanizado, aunque no más que lo fuera el inglés o el alemán. Actualmente nos hallamos ante una influencia de convivencia en la misma área de castellano y francés con el euskara en dos zonas separadas por una frontera estatal. La influencia del francés, en un caso, y del castellano, en otro, es tan visible que llega a colorear a ambos euskaras, el del Norte y el del Sur. La vecindad del euskara con el gascón es la de colindantes, reteniendo cada uno sus áreas respectivas. La influencia sobre el suletino y del suletino sobre el gascón nos llevaría al fenómeno conocido con el nombre de adstrato. Estos fenómenos implicativos desde el exterior se traducen en adstratos ocasionados por vecindad externa, superestratos por convivencia de una lengua que no acaba de suplantar del todo a la aborigen y por las influencias más lejanas llegadas a través de la literatura, la traducción, por ejemplo, que suele afectar, sobre todo, al léxico y a la sintaxis. A estos fenómenos se les conoce en nuestro país con el nombre de erderismos. El autor más destacado en el estudio de estos erderismos es D. Severo de Altube. Otro caso de implicación receptiva es la interna, aquella que procede de la lengua madre como en el caso del latín y el castellano, francés, etc. y en nuestro caso del proto-vasco que nos es desconocido y cuyas lenguas filiales han desaparecido. Se ha calificado al aquitano de protovasco pero las muestras que se conservan son euskara en la forma en que éste vive históricamente. Las palabras conservadas en las lápidas latinas son lisa y llanamente euskara y no proto-euskara. Para ser lengua madre debería haber una diferencia más profunda. Ahora bien; el euskara conserva capas léxicas de enorme antigüedad cuya morfología parece haber sido heredada del euskara madre. El ibero, por los pocos textos que se conocen, exhibe palabras de corte y aspecto netamente vasco, como si aflorara en ellas un sustrato vasco o pudieran ser consideradas en el euskara como una influencia ibera o superestrato. Se habla de un sustrato mediterráneo del que participaría también el euskara. Se trata de palabras muy difundidas por Hispania, Galia e Italia y que se corresponden con voces de los dialectos bereberes del Norte de Africa. Este sustrato es, desde luego, muy antiguo en Occidente. Pero el problema se invierte si admitimos un sustrato protovasco en Occidente del que participaría el ibero, o simplemente en casos restringidos a la península y Sur de Francia de un sustrato vasco en el ibero. Desde luego, el área toponímica vasca pirenaica nos deja al descubierto un sustrato vasco en los romances que después se han hablado y se hablan en ella, sobre todo en la vieja tierra gascona y Pirineo aragonés. El uso o no uso de b y v, de f y v, de r inicial y otros, se deben indudablemente a sustrato vasco. Quiere decir que los romances gascón y aragonés se han establecido sobre una población de habla euskérica. Lo mismo ocurre con el castellano y sus vocales. El sustrato vasco en los romances gascón, aragonés, navarro-aragonés-riojano y en el castellano se manifiesta en la supervivencia de hábitos fonéticos, léxicos y gramaticales que se incorporan a la nueva lengua. Del mismo modo que se ha dicho que el castellano es un latín hablado por los vascos también se ha dicho que el francés es el latín hablado por los celtas. Los lingüistas han parado su atención en lo fonético porque es audible y llamativo, pero, ¿y lo psicológico? Porque si la fonética está íntimamente ligada a la fisiología no es menos verdad que la semántica lo esté a la psicología. Entra en juego un problema: si son hereditables las predisposiciones fisiológicas fonéticas y las predisposiciones psicológicas semánticas. Actualmente hay una palabra maldita que es "racismo". Se huye como de la peste desde los crímenes racistas del nacismo, pero, aparte de eso no es científico omitir el factor biológico si es que es real, y en ese sentido. En todo caso, el problema biológico del sustrato es asunto de especialista, del antropólogo especializado en el factor raza. Así lo han entendido eminentes lingüistas como Saussure, Meillet, Darlington, Van Ginneken y otros. He aquí cómo se disputan la Biología y la Lingüística la implicación sustrato. Mañana podrá hacerlo la Geografía u otro ámbito entornante.
