Sailkatu gabe

EUSKARA (PUNTOS DE VISTA PARA EL ESTUDIO DEL EUSKARA)

Otras implicaciones. Más internamente influye la propia socio-cultura que acaba por informar el vocabulario y los diversos hábitos orales. Por ese motivo podemos hablar de vocabulario parental con voces tan castizas como aizpa, "hermana de hermana", y arreba, "hermana de varón". Se percibe la huella de la organización familiar y parental. Se puede hablar, pues, de terminología botánica, zoológica, fisiológica, psicológica, etc., qué más da. El vocabulario, la piel, como si dijéramos, de la lengua, es el elemento más externo e influenciable. El vocabulario, así concebido, es como la configuración exterior del euskara. La fisiología podrá configurar la cara fónica pero la psicología lo hará con la cara semántica. El pensamiento configura al euskara y penetra en su interioridad renovando el vocabulario y dándole nuevas acepciones y expresividades. A todo esto es debido que se estudie al euskara como implicado por todos y cada uno de los ámbitos, porque todos inciden de una forma u otra ya que el euskara, a su vez, incide en ellos. Acaba de publicarse un precioso libro dirigido por D. Martín Ugalde, coordinado por Siadeco, promocionado por la Academia y financiado por la Caja Laboral Popular, que trata estos temas: Incidencia de los diversos factores sobre el euskara, económico-sociales (pp. 219 a 301), étnico-socio-culturales (pp. 301-333), político-administrativos (pp. 333-375), jurídico-legales (pp. 385-422), Diputaciones (pp. 427-461), literatura (pp. 139-199). Aunque se halle este estudio sin sistematizar en su conjunto, aunque sí, y en cierto modo, en cada tema tratado, es una buena base de lanzamiento hacia un planteamiento total que penetre en la entraña misma del sistema, de tal modo, que no quede marginada ninguna incidencia. Respecto a las implicaciones dativas, ahí tenemos, como se ha dicho, el fenómeno de sustrato en lengua ajena como pudo ser en el ibero, ya que el proto-euskara fue muy anterior e incluso probablemente se habló en la zona de Levante con la expansión de vasquitanos magdalenienses testimoniada por la arqueología. Del mismo modo, en la Edad Media, el euskara deja un cierto sustrato en los romances que ocupan su suelo nativo. Más interiormente, ya en la propia socio-cultura, el euskara ha dejado su huella al etiquetar con su léxico las tareas de cualquiera índole, porque todas se hacen preguntando, informando o inquiriendo oralmente. La incidencia del euskara en cada ámbito se halla patente en lo que sucede cuando el país se desvasquiza idiomáticamente. Cambiar de lengua es cambiar de alma dijo alguien y, en cierto modo es verdad, porque es el euskara el que mantiene la identidad y conciencia al hombre euskaldun como hijo de un pueblo. El euskara sirve de vehículo y baluarte a la socio-cultura en su totalidad en ciertas épocas históricas o se le escapan gradualmente como ha venido ocurriendo en los últimos tiempos. Es el problema de la desvasquización en todos los terrenos ocasionada por la retirada del idioma. El dicho euskaldun, fededun, es un síntoma de la influencia de la lengua en el ámbito religioso. Y es que el euskara ha sido, algo así, como la vivencia inviolada de lo autóctono. La correlación de la deseuskerización en la socio-cultura y viceversa nos daría la clave de las implicaciones dativas del euskara en la vida y cada uno de sus ámbitos en particular.

Limites internos del euskara.
Al arrancar el euskara del pensamiento y al hacerse tradición nace ligado a los centros vitales de los sujetos individual y colectivo para objetivizarse y exteriorizarse. De ahí que los ámbitos "Euskalerria" y "Euskaldunak" sean los más íntimamente compenetrados desde sus linderos íntimos. Dentro de lo colectivo es lo nacionalitario la especificación más cercana a la que da identidad, sigue lo que es país, en donde se dialectaliza, y continúa en lo social para adoptar tratamientos y rangos. Penetra en el mundo individual a partir de todos y cada uno de los hablantes, y se individualiza hasta identificarse la palabra dada con el propio sujeto que la da. Como instrumento-sujeto que es, irrumpe en la sociocultura haciéndose lenguaje cultural, escritura, aunque en nuestro caso muy tardíamente, pero, desde sus comienzos, se ha trenzado el euskara a toda tarea convivencial, creacional y humanística. Quiere esto decir que el euskara, funcionalmente, ha lindado con todas las tareas euskaldunas hasta el punto de configurarlas. Pero, a los efectos estructurales, concebida la socio-cultura como un desarrollo horizontal, "sujeto-creación-actividad", ha de verse proyectado también, en profundidad, en "sujeto-cultura y civilización" gracias a la dimensión histórica. El euskara, pues, hay que situarlo en tres coordenadas, como acaba de indicarse, a continuación del mundo individual y antes del colectivo, en una; ante el mundo semiológico y el intelectual en otra, y, finalmente, ante la cultura y la civilización en la tercera. Claro, que para llevar a feliz término este tipo de estudios, ha de precederlos una afinada definición de los conceptos "sujeto", "cultura", "creación", "actividad" y "civilización". (véase imagen)

Normativa
Considerar al euskara como normativa lingüística es atenerse a las conversaciones usuales, a las técnicas inherentes a la lengua y a los dictámenes de los entendidos en los casos litigiosos o en las innovaciones literarias. Lo contrario a lo tradicionalmente convenido, a la técnica o al dictamen admitido como bueno, es lo que se llama "falta". Hay, pues, reglas, pautas, que dan normalidad a la lengua mediante su cumplimiento. Las faltas gramaticales constituyen, algo así, como si se tratara de atentados a la lengua, de maltrato por error o por ignorancia. Lo convencional, toda la lengua es una convención, puede referirse a convencional-convencional, convencional-técnico y convencional-dictamen, según el matiz de la regla hacia una de esas vertientes. Así, al hablar de i a un hermano varón, p. ej., empleando la flexión verbal den, en lugar de dek, cometemos una falta, pero teniendo en cuenta en primer término, a quién se dirige, alguien que habla dirigiéndose a alguien que escucha. Aparte de esto, hay una falta de concordancia en género que es ya puramente técnica. Y lo mismo ocurre si decimos a un adulto ñan en lugar de jan, "comer", pero en habla pueril uno, y en habla de adultos otro. El uso de la lengua, sin preocuparnos quién escucha, sino en cuanto a la relación de signo y cosa significada (no de quien y quien) nos puede dar lugar a faltas puramente gramaticales que, en segundo lugar, pueden ser también convencionales, como puede ocurrir cuando me dirijo en euskara a otro que no lo sabe. La falta de comunicación es técnica y, secundariamente, convencional. Pero si digo sagarra jan ditut, en lugar de sagarra jan dut, quiere decir que se ha empleado mal el utillaje verbal y la concordancia de número de objeto. Hay faltas morfológicas, semánticas, sintácticas, fonéticas. Si digo egur "leña" en lugar de zur, "madera", cometo una falta imputable a mi mal conocimiento de la lengua o a vicios lingüísticos personales de posesión del euskara, como si digo nais, en lugar de naiz, o su sera, en lugar de zu zera. Estas faltas son, más bien, fallos de mi euskara personal. Finalmente, dejando a un lado ese tipo de faltas técnicas, matizadas de convencionalismo o de puro tecnicismo, consideremos los casos dudosos, las innovaciones literarias y los dictámenes académicos. El uso es quien va a admitirlos o no. Cuando Arana Goiri creó el nomenclátor de nombres personales para sustituir al usual entonces, que no era sino castellanización del santoral cristiano, el usuario, poco a poco, fue dando su consenso a unos y el no, a otros. El vasco-hablante sigue, o no sigue, al innovador. En casos de dictámenes, como el de la Academia Vasca sobre el uso de la letra h, al chocar con el principio vigente de una letra para cada sonido, la masa usuario ve con desagrado esa letra parásita sin representatividad fónica ninguna en la mayor parte de los vasco-hablantes. Atenta el dictamen a la mayoría consensual, usuario, que eso es el uso, puro consenso, voluntad colectiva. Este dictamen, como todo "dictamen", se "dicta" desde una cima autoritaria, con resabios de "dictadura" cuando procede de un grupo audaz y unilateral. Entonces las faltas al dictamen, a sus reglas, pueden no ser faltas, sino oposición a una regla dictatorial sin consenso del usuario.