Sailkatu gabe

EUSKARA (PUNTOS DE VISTA PARA EL ESTUDIO DEL EUSKARA)

Desarrollo. ¿Se puede hablar de grado de desarrollo interno en la lengua en tanto no se dispone de un método adecuado de comparación y medición? Hay que destruir el mito de los que, apresuradamente, ven riqueza en la complicación y no la distinguen de la amplitud de desarrollo que es algo muy distinto. También es mítica la postura de los que se echan en brazos del excepticismo y creen "en nada" de particular. Pero no cabe duda, que el léxico actual del euskara es más pobre que el del castellano y del francés en materia, por ejemplo, escolar y científica, pero, a la inversa, posee el euskara recursos morfológicos que pueden competir airosamente, incluso con apreciable ventaja, sobre las dos lenguas mencionadas a pesar del peso de la oficialidad con todas sus consecuencias. El desarrollo interno, que se inicia en los orígenes, habría que remitirlo, en último término, a los del lenguaje humano, y más inmediatamente a la lengua madre del euskara. El balbuceo oral, si es que lo hubo, habría que remontarlo al origen primero. Nos contentaremos con señalar al euskara como una lengua que tuvo, indudablemente, otras hermanas, aquí mismo, en Europa, constituyendo una familia lingüista. Las invasiones asiáticas sobre Europa las absorbieron o aniquilaron. En euskara abundan exclamaciones que rememoran el grito, el gesto, el ataque, la huida, la atención, es decir, todas esas elementabilidades de la vida más primordial: ¡hel! "socorro"; ¡he!, grito de desafío; ¡hepa!, llamada; ¡eup! de encuentro, etc, Existe en euskara un tope de numeración en el 3, en el que se inicia una nueva serie terminada en -ur, irur, "tres" y laur, "cuatro": A partir del tres, irur, comienza la exclusividad de anteponer el numeral al nombre. En esta fase primordial entrarían algunas actitudes imperativas como lo que hoy son núcleos verbales, etor, ekar, ikus e inicios de pronombres y de nombres específicos a partir de otros confusos y generales. Se dibuja otra fase a partir del 5 en la numeración, que, además, significa "muchos", y llega, quizá, al once, amaika, nuevo tope del conteo con significación también de "muchos", "infinidad": bost aldiz, amaika aldiz, "muchas veces". Morfológicamente existen en euskara palabras muy antiguas, el fondo básico de la lengua, determinadas por -ar -or, y sus variantes fonéticas, -er, -ur, etc.: bel-ar, "hierba"; ap-ar, "espuma"; bul-ar, "pecho"; sag-ar, "manzana"...; leg-or, "seco", ez-ur, "hueso". Igualmente son de esta promoción básica los verbos enmarcados, terminados en vocal o -n, como e-torr-i, "venir"; e-go-n, "estar"; e-gi-n, "hacer"; i-za-n, "ser". El proceso diferenciador parte de nociones muy generales hacia otras cada vez más especificadas: sagar: algo que pende, -algo que pende del árbol, -manzana; negar: algo que fluye, -algo que fluye del ojo, -lágrima En la fase gramatical tienen lugar los procesos de conjugación y de derivación hasta llegar a desarrollos extremos. Idéntico proceso tiene lugar en lo semántico, pasando de un primitivo verbo "haber" al "ser" y al "existir", mediante unos ingeniosos juegos de pronombres que se anteponen o se posponen y de combinaciones de éstos entre sí. Se posponen en el origen como en dut, duzu, du, dugu, dute, formas que denuncian tener su origen en du, "haberlo", y luego, "haberlo yo", "haberlo tú", etc. Idéntico proceso ocurre con las flexiones preposicionales como nabil, habil, dabil, gabiltza, zabiltza, dabiltza, que delatan, a todas luces, que el punto de partida en dabil, "andarse", "andar" y luego, por analogía, nabil y habil, "ando" y "andas". Las plurales pertenecerían a una etapa posterior. La fase literaria oral, quizá originada en las cuevas paleolíticas, a una con sus figuraciones pictóricas, promocionaría toda clase de imágenes y recursos literarios de expresividad y narrativa. El euskara está ya hecho y probablemente se dialectiza con la instalación definitiva de tribus y clanes en nuestro suelo. Este desarrollo interno de la lengua presupone no solamente el desenvolvimiento del sistema en si, sino en su relación con el pensamiento, el desarrollo de la capacidad y expresividad del sujeto hablante. Cabe también considerar, entre mil aspectos que se nos escapan, pero que habría que sistematizar metódicamente, la potencia interna del euskara y su índice de resistencia al ataque foráneo lingüístico. El embate latino contra las lenguas nacionales occidentales, entre ellas la vascónica, hizo desaparecer a todas las habladas desde el Rhin al estrecho de Gibraltar, no sin dejar al inglés y al francés altamente afectados. El euskara subsistió en la región más occidental, y eso es muy significativo. La zona más urbana fue la más afectada porque el latín significaba no solamente la alta cultura de la época, sino el buen tono social, la fuerza militar, el prestigio eclesial y la conveniencia comercial. La ciudad estuvo siempre más en contacto con el elemento oficial latino y más liada a sus intereses económicos y sociales. El campo, aparte lo cultural, significa también rechazo extranjero, falta de contacto directo, independencia nativa. Es de destacar que la introducción del cristianismo aportó, sí, un buen número de términos latinos en el euskara pero, en contrapartida, la Iglesia dio beligerancia a la lengua vernácula al utilizarla para su predicación y catequesis. Así debieron actuar las diócesis, autrigona de Oca, caristia de Calahorra y vascona de Pamplona, aquitana de Dax, etc. Es posible que el euskara se defendiera también a causa de la eficacia de algunos de sus recursos léxicos y la extraordinaria capacidad asimiladora que hace casi irreconocibles o muy bien vasquizados casi todos los términos recibidos en préstamo: gurutze (cruz), giristin (cristiano), aingeru (ángel), o eliza (iglesia). El euskara quedó como una isla lingüística en el Occidente europeo, a modo de testigo excepcional del pasado occidental. En cuanto al número de vasco-hablantes, su capacidad, práctica y maestría se da en bajada por motivos de todos conocidos pero que cuenta en nuestros días con la eclosión escolar de las ikastolas, de alcance insospechado. El área euskaldun ha decrecido en estos últimos siglos, en el siglo XVI incluía a Tafalla, en Navarra; a la llanada alavesa, incluso Vitoria, en Alava; a Bilbao, en Vizcaya, y a núcleos bayoneses, en Laburdi, más las tierras de la Baja Navarra y Zuberoa y algunos pueblos del Bearne