Monarkia eta noblezia

Antso Gartzes III.a Nagusia (1996ko bertsioa)

(1004-1035). Los modernos historiadores han rectificado la fecha de comienzo del reinado de Sancho el Mayor fijándola en 1004. Hecha esta rectificación, el primer documento de Sancho el Mayor sería uno del año 1005 por el cual da al monasterio de Fuentfrida, juntamente con su madre Ximena, los seis modios de sal acostumbrados. Don Sancho habría comenzado a reinar a los doce años de edad, rodeado de una especie de tutoría formada por la reina abuela doña Urraca, la reina madre Ximena, los dos obispos Belasio y García y los personajes de la corte el botilario y el mayordomo de la reina, García Velázquez y Oriolo Johaniz, que confirman la carta del año 1005. Sin embargo, el primer documento que nombra a Sancho es del año 987, en el cual confirman la donación a Leire los padres del infante y, después de ellos, don Ramiro régulo; don Gonzalo, régulo; don Sancho, régulo. El año 1006 Abd al-Malik dirige una expedición contra el reino de Pamplona localizada en Ribagorca. En el año 1006 los leoneses peleaban contra Abd al-Malik pero salieron derrotados leoneses y pamploneses en la batalla de Clunia. Simultáneamente las avanzadas vasconas conquistaron tierras a orillas del Gállego, hacia el Ebro, apoderándose de la Bardena que en el naciente romance significaba «extremadura». En 1008 muere Abd al-Malik, hijo de Almanzor, sucediéndole en el gobierno su hermano Abd al-Rahmán «Sanchuelo», llamado así por ser nieto de Sancho Abarca. Haría las veces de regente del califa Hisham II. Tanto Abd al-Rahmán como Hisham II son hijos de padre musulmán y madre vascona.
Boda del rey (1011 ?). En la familia real había dos mujeres, la reina abuela Urraca, y la reina madre Ximena, que harían las veces de regentes durante la minoría de edad de Sancho. Urgía casarle, y se pensó en Munia, hija del conde castellano Sancho García. La nueva boda seguía los pasos a la reciente tradición de unión con Castilla y León. Para 1011 aparece ya Sancho como casado con Munia a la que va a llamársele doña Mayora quizá por el sobrenombre del rey. Tendría en ese momento diecinueve años de edad pero con un percance: que había tenido el rey, siendo soltero, un hijo natural con una joven llamada Sancha de Aibar. El hijo se llamó Ramiro e iba a jugar su papel en la sucesión del reino.
Donación a Leire de 1014: Monasterio de San Sebastián. Un documento expedido por Sancho III el Mayor, rey de Pamplona, contiene la donación del monasterio de San Sebastián, su iglesia, su villa y pertenencias. Este documento ha sido estudiado meticulosamente por Serapio Múgica dejando en claro una interpolación interesada que adultera el concepto de lo donado. Llama la atención inmediatamente que cita una villa de Izurun que en otra parte del documento figura como pardina de Izurun. Del mismo modo choca también la existencia de las iglesias de Santa María y de San Vicente. Se trata de una interpolación falsaria del documento como se comprueba con la confirmación de esta donación hecha por don Pedro Ramírez, rey de Pamplona, en 1101, donde solamente se refiere al monasterio de San Sebastián y su villa y pertenencias, es decir, una pardina constituida por una villa de labranza, sus tierras y árboles.
Frontera vascona con los moros (1016). Hacía años que la frontera del río Aragón y sus cercanías venía siendo teatro de luchas con los musulmanes. Se sabe que Uncastillo se perdió en tiempos de Almanzor y que Leire debió ser destruido en alguna de las incursiones musulmanas. Lo que hoy es Sos (Aragón) era entonces un centro de defensa del reino de Pamplona. Un documento, falso, pero que contiene indudables noticias de estas luchas, habla en concreto del valle de Funes. Es posible que las donaciones a Leire hayan sido ciertas aunque el documento sea falso. Dicho valle, camino natural para acceder a Pamplona, debió ser fortificado por Sancho el Mayor, lo mismo que otros lugares como Sos y Luesia.
Tratado de límites entre Castilla y Pamplona. Parece que el conde castellano don Sancho presentía su próxima muerte. No quiso dejar nada desarreglado en sus últimos años. Así, no es extraño que llegue a un acuerdo de límites con su yerno don Sancho el Mayor en aquel trecho disputado o litigioso de la frontera castellano-pamplonesa. Castilla nombró al caballero don Nuño Alvarez, y Pamplona, al señor y gobernador de la provincia cantábrica (Rioja) don Fortunio Ojoiz. El monasterio de San Millán de la Cogolla guarda en sus archivos la copia del tratado firmado por los testigos y confirmadores que anteriormente hemos citado. Dice así: «De la división del Reino entre Pamplona y Castilla, como lo ordenaron el conde don Sancho, rey de Pamplona, como les pareció en concordia y buena conveniencia: convienen a saber, desde lo más alto de la sierra de la Cogolla (Cucula) al río Valvanera, y a Grammeto, donde está sito un mojón, y de collado Moneo y Biciercas y Peñanegra, y de allí al río Razón, donde nace. Después por medio del monte Calcanio, por lo alto de la loma, y por medio de la valle de Gazala, donde está sito un mojón, y hasta el río Tera: allí está Garray, ciudad antigua desierta, y hasta el río Duero. Don Nuño Alvarez, de Castilla, y el señor don Fortuño Ojoiz de Pamplona, testigos y confirmadores: en la era 1054.» (Año 1016). En este tratado se deslinda únicamente lo que pertenecía de antiguo al reino de Pamplona como asevera Moret.
Hostilidades vascón-musulmanas (1018). Lejos de aislarse el rey vascón, los hechos y las circunstancias le inclinaban a señorear las tierras cristianas de ambos lados del Pirineo. En 1017 moría el conde Sancho de Castilla; en 1018 moría también el conde Ramón Borrell de Cataluña. Las nuevas circunstancias colocaban al joven Sancho el Mayor en árbitro de la política cristiana. Respecto a Castilla quedaba como tutor del «infant» García. Por la frontera musulmana seguía siendo Zaragoza el centro de las miras pamplonesas. Hubo numerosos roces e incidentes fronterizos. Sería l018 cuando se acusa a Sancho de haber roto las treguas vigentes hasta entonces. Se mencionan dos hechos de armas consecutivos en los que resultan muertos destacados jefes de las tropas de Sancho. Las cabezas de dos de ellos fueron expuestas sobre las murallas de Zaragoza. El poeta Ibn Darray considera a dos de los jefes muertos como los «dientes» y las «garras» del rey de Pamplona. El mismo poeta amenaza a Sancho reprochándole su conducta y dando por posible que algún día su cabeza penda también de las murallas de Zaragoza. En 1022 muere el rey de Zaragoza al-Mundhir y le sucede Yahya ibn al-Mundhir, su hijo, que también considera a Sancho como un peligro. Sancho el Mayor apoya un levantamiento en Lérida a cargo del rebelde Ibn Hud. La frontera pamplonesa-musulmana se halla permanentemente en estado de alerta. Las escaramuzas e incidentes están a la orden del día, aunque no faltan tampoco incursiones importantes, como una contra Nájera con gran devastación, botín e incluso cautivos. Las hostilidades cesan momentáneamente. Se establece probablemente una tregua, porque se ve a Sancho el Mayor viajar con sus jinetes y séquito a Zaragoza, donde son recibidos con todo honor, mediando regalos. No obstante, se mantiene una frontera casi estabilizada. Sancho el Mayor debió construir los castillos fronterizos y defensivos de Ruesta, Ulle, Sos, Uncastillo Luesia, Biel, Agüero y Murillo del Gállego.
Oriente del Reino (1017- ?). El reino de Pamplona tenía tres zonas muy diferenciadas política e históricamente, la zona occidental (Bizkaia, Bureba, Rioja, Álava y Gipuzkoa), el centro (Navarra y valles pirenaicos) y el oriente, las tierras entonces vascas de Aragón (limitado por el Gállego), Sobrarbe, Ribagorza y Pallars, ésta ya en tierras de Lérida. Después de Ribagorza, siempre hacia oriente, se hallaba el condado de Pallars. Se extendía entre el Pirineo y las tierras de Graus, Benabarre y Monzón. Sus condes dependían en el siglo IX de Tolosa y desde 872 de sus propios condes empezando por Ramón I. Reinando Sancho el Mayor, Ribagorza y Pallars se rigen por condes de la casa de Ramón I. Sancho el Mayor extendía su reino por estas tierras euskaldunas empezando por Sobrarbe, desalojando el país de musulmanes donde los había y eliminando al heredero cristiano de Isarno, que había muerto luchando con los moros en Monzón en 1003. En 1006 los musulmanes habían invadido los valles de Esera e Isabena. Pero Sancho el Mayor no interviene en estos condados hasta 1017 durante el reinado de al-Mundhir en Zaragoza, ocupando la plaza de Buil en Sobrarbe, y acto seguido la ribera del Cinca. El mismo autor Pérez de Urbel supone que hacia 1025 hubo un conato de arreglo entre el rey navarro y la familia condal de Pallars y aquí encontraría la razón por la cual Sancho el Mayor, en dos documentos, en un mismo año, afirma que reina «in Pallars». En documento de 1025 de San Juan de la Peña (Ubieto, Cartulario, n. 47) el rey Sancho introduce la norma benedictina en dicho monasterio firmando él y sus testigos: «...in Legere monasterio, regnante ego rex Sancius in Aragone, in Paliares, in Pampilonia, in Alaba et in Castilla». Entre los confirmantes están Sancho Guillermo de Guaskonia y Berenguer, conde de Barchinona; los hijos del rey; los obispos de Aragón y de Pamplona y los señores de Arrosta, Uncastillo, Sos y Boltaña; además del Bono Patre de Nájera. En otro documento de 1026 en que Sancho concede al monasterio de San Juan de la Peña la estiva de Lecherín se dice: «... regnante me rege Sancio in Aragona et in Paliares, in Pampilona, in Alaba (Alava, Guipúzcoa y Vizcaya) et in Castella,».
Corrientes culturales: reforma cluniacense. La especial situación de Euskal Herria le coloca entre dos corrientes culturales vecinas y otra a distancia. Son Córdoba y Occidente europeo, por un lado, y Roma por otro. La lucha contra el Islam y las relaciones en tiempos de paz llevan aparejadas repercusiones directas e importantes. Al oriente del reino de Pamplona, Aragón y Cataluña están directamente influenciados por las nuevas corrientes espirituales del Occidente europeo pero los reinos cristianos de su occidente quedan relegados a un cierto aislamiento en cuanto a ese occidente se refiere. Roma influye a través de la Iglesia. Ahora, en el apogeo del reino de Pamplona, existe un triángulo especial que llega a tener trascendencia: Pamplona-Ripoll-Cluny. En efecto, Sancho el Mayor es un gran amigo del abad Oliva, del monasterio de Ripoll, en Cataluña, que se sirve de un intermediario, Poncio, procedente de Ripoll; otros dos grandes amigos son Odilón, abad de Cluny y Sancho Guillermo de Gascuña, la antigua Vasconia de siglos pasados. La amistad con el abad de Cluny fue íntima y redondeada con la protección económica a la abadía. La reforma cluniacense no se sentía tan urgente en el reino porque sus monasterios eran de fundación real y no feudal. Además nuestras diócesis eran pobres, sin que se pueda saber hasta qué punto podían hacer efectiva su jurisdicción y percibir la cuarta parte de los diezmos de las iglesias. El problema de la reforma se orientaba a la restauración de muchos monasterios arruinados en el período de guerras precedente. La reforma, basada siempre en la observancia de la regla benedictina, se implantó en los grandes monasterios comenzando por San Juan de la Peña (1025) y en los de Albelda e Iratxe. El caso de Oña es especial porque se sustituyó a las monjas por benedictinos. En la implantación de la reforma juega un papel importante el monje Paterno que se traslada a Cluny con otros monjes para aprender la regla de San Benito tal como allí se practicaba.
Iñigo López, señor de Vizcaya (1033?). Se ve a Iñigo López confirmando la escritura de Sancho el Mayor de 1033 con motivo de la introducción de los benedictinos en Oña.
García Azenáriz, señor de Guipúzcoa (1025?). En cuatro diplomas de San Juan de la Peña se menciona a un García Azenáriz (Aznárez) como señor de Guipúzcoa y a su esposa doña Gaila de Ipucha, a su hija doña Blasquita y a su yerno Sancho Fortuniones. Uno de estos diplomas, el más importante, es la donación del monasterio de San Salvador de Olazabal, en término de Alzo, al monasterio de San Juan de la Peña. En él se dice: Yo, el expresado Sancho rey, reinante en Pamplona y bajo su dominio el señor García Acenáriz de Ipúzcoa.
Conde Munio González, en Alava. El rey, dominando en varios reinos, incluye algunas veces el detalle de «reinado en Alava». Así por ejemplo en la de 1023 dice reinar en Pamplona, en Aragón, en Sobrarbe, en toda Gascuña, en Alava, en toda Castilla, en Asturias, en León y en Astorga. Pero siempre el dato más importante es el de que los obispos alaveses sigan la corte del rey de Pamplona.
Vizcondados de Baztán, Laburdi, Arberoa y Zuberoa. En la reorganización del reino, Sancho el Mayor erigió, además de los condados, varios vizcondados y señoríos. Sancho el Mayor creó hacia 1025 el vizcondado de Baztán a favor de Ximeno I Ochoániz, que tenía en honor del rey a Lizarra, cerca de Estella; por estas fechas, 1023, se suele citar a Lupo Sancho como primer vizconde de Laburdi con residencia en Bayona; del mismo tiempo cita Jaurgain a Fort I Fortún como vizconde de Arberoa; a García Lupo I como vizconde de Baigorri y señor de Marañón, Azagra y Ruesta; a Guillermo I el Fuerte, vizconde de Zuberoa o Soule investido como tal por el duque de Gascuña o Vasconia Mayor. Es de subrayar que Sancho el Mayor y Berenguer Ramón estaban casados con hermanas, Munia y Sancha, ambas de Castilla.
Boda «infant» García y Sancha, hermana del nuevo rey de León. Terrible venganza de los Belas alaveses (1028-1029). Muerto Alfonso V, le sucedía su hijo Bermudo III (1028), niño de once años. La reina Urraca, viuda ahora, protege al niño Bermudo junto con obispos y condes. Castilla y León se hallan en situación difícil. Sancho el Mayor es el llamado a apaciguar los ánimos en medio de levantamientos castellanos pro leoneses y castellanos pro Castilla. La situación es extremadamente grave. Sancho el Mayor recurre de nuevo a la fórmula casamentera proponiendo el matrimonio del «infant» García y la hermana de Bermudo, Sancha, niña de trece años. Estas noticias produjeron gran alborozo en Castilla, pero no tanto en León. En ese momento nadie pensaba en los Belas. Estos, a la sombra, subterráneamente, al margen del alborozo general, conspiran y traman feroz crimen que ha de conmover hasta las entrañas a leoneses, castellanos y pamploneses: proyectan asesinar al niño García cuando llegue a León para casarse con la princesa leonesa. Sancho el Mayor va a Burgos en busca de su cuñado y le acompaña hasta la frontera leonesa, donde pernocta, escoltado por fuerzas militares escogidas. Don García se hospeda en casa de su hermana la reina de León, pero se da el caso de que Bermudo se halla ausente, en Oviedo, detalle que nadie creyó de importancia. En breve debería venir a participar en las fiestas con motivo de la boda. Entretanto, grupos armados, ocultamente, entran en gran número en León, hospedándose secretamente como obedeciendo a una consigna dada de antemano. De todo hay entre los conspiradores: vasallos, parientes, facciosos y ambiciosos de toda laya, ansiosos de medrar a la sombra del poderío de los Belas, quizá amparados por personajes de la corte y quizá también por el rey Bermudo. Mucha confianza deberían tener aquellas gentes dirigidas por extranjeros para obrar con tanto desenfado y osadía. Lo cierto hasta entonces es que el conde era espiado en todos sus pasos. Rodrigo e Iñigo Bela, hermanos, buscan al conde y le besan la mano en señal de amistad y de sumisión. Al fin y al cabo Rodrigo era su propio padrino. La boda, a los ojos del joven futuro primer rey castellano, va a servir también de reconciliación con aquella rencorosa familia. Pero los Belas no pueden soportar la exaltación y el triunfo definitivo de la casa condal castellana ascendida ahora a casa real. No pueden ver a Castilla erigida en reino, cuando todavía recuerdan la usurpación de sus tierras alavesas y el triunfo separatista de Fernán González. Cuando el conde caminaba con su brillante comitiva hacia la iglesia de San Juan, un tropel de gentes ocultas le embiste sorpresiva y villanamente. Al frente de los asaltantes, don Rodrigo, arrogante y soberbio, atraviesa al conde niño con un venablo, usando para ello -como dice Moret-, la misma mano con que había sustentado la fuente sagrada del bautismo. Toda la comitiva, cogida de sorpresa, es rematada bárbaramente, salvándose pocos con vida. Es de figurar la indignación y el horror que causaría la noticia entre las gentes, ya lanzadas al regocijo de las fiestas desde la víspera. Pero donde la noticia había de producir una mayor conmoción fue en el campamento de don Sancho el Mayor. Algunos emisarios castellanos informaron al monarca de lo ocurrido. Este amenazó con terribles represalias. Entretanto, los Belas, envalentonados con el éxito, ocuparon inmediatamente territorios y fortalezas. Sancho el Mayor, sabido esto, deja todo y con sus tropas se encamina a marchas forzadas hacia la fortaleza sitiada. Al fin llega el rey y carga sobre los sublevados. Todos ellos fueron muertos o heridos o hechos prisioneros. Los dos Belas cayeron en manos del rey de Pamplona. La sentencia fue inmediata, ejemplar y terrorífica, en consonancia con la magnitud y consecuencias del crimen: ambos hermanos fueron inmediatamente quemados vivos para escarmiento de las gentes venideras. Así finalizó aquella larga y dramática historia de los Belas alaveses. Ahora la corona castellana recae en doña Munia, esposa de Sancho el Mayor, motivo por el cual Castilla entra en el imperio pamplonés como un estado anexo. No cabe olvidar que doña Mayora o Munia, era castellana y, por tanto, ansiaba ver a su patria ascendida a la categoría de reino independiente. Harto trabajo había costado a su familia separarla de León y forjar así su independencia nacional. No extrañe, pues, que ambos esposos, decidan separar los estados vasco y castellano como reinos independientes a favor de García y de Fernando, sus hijos, iniciándoles en la vida política titulándoles como reyes en las confirmaciones de documentos. Pero a García, como primogénito, le habían reservado el reino de Pamplona, como matriz de todos y señorío de los monarcas vascones desde tiempos antiguos.
Reinando en Gascuña (1032). No se sabe a ciencia cierta cómo llegó Sancho el Mayor a extender su autoridad sobre la antigua Vasconia ultrapirenaica comprendida entre el Pirineo y el Garona. Lo que sí se sabe de cierto es que a la muerte del duque Sancho Guillermo, el día 4 de octubre de 1032, el rey de Pamplona comienza a mencionar en sus documentos su dominio en Gascuña. Para explicarlo, Jaurgain hizo una reconstrucción histórica originando dicho dominio en una ayuda militar de Sancho el Mayor al duque Sancho contra el conde de Tolosa que detentaba tierras gasconas. Tampoco se habían suspendido los lazos familiares entre las casas ducales de Vasconia, el condado de Aragón y el reino de Pamplona. El último, y que parece el más decisivo, fue el casamiento del duque Guillermo Sancho, hacia 975, con Urraca, hermana del rey Sancho Abarca y viuda del conde Fernán González de Castilla. De estos lazos familiares resulta que el duque reinante durante Sancho el Mayor, Sancho Guillermo, resultara tío de aquél. El ducado de Gascuña junto con el condado de Burdeos lo regía Sancho Guillermo desde 1009 hasta el día de su muerte en 1032. Además, este duque tiene una historia peregrina por cuanto había vivido en la corte de Pamplona durante el reinado de Sancho Abarca. Suscribe documentos reales en 992 y 996.
Vizcondado de Laburdi (1021). Se supone que Sancho el Mayor erigió a Laburdi en vizcondado entre 1021 y 1023 a favor de Lupo Sánchez, mayordomo del rey. Es la época en que también aparecen a la luz pública de la historia los condados pamploneses de Guipúzcoa y de Vizcaya. Los sucesivos vizcondes habrían sido Fortún Sánchez (1060-62), hermano del anterior; Fortún Sánchez II (1062-1099), y sus descendientes. Según Jaurgain y Pérez de Urbel siguieron vinculados al reino de Pamplona. El día 18 de octubre de 1035 moría Sancho el Mayor en el apogeo de su poder, cuando tenía unos 43 años de edad. Es un rey pirenaico por excelencia, ya que sus dominios a títulos diversos, herencia, conquista, vasallaje, se centran en el Pirineo entendido como tal la cordillera interior y su continuación la cantábrica, paralela a la costa. No obstante, el patrimonio territorial propiamente dicho abarcaba solamente las tierras de habla vasca, navarras y occidentales. El problema de los hijos se hallaba íntimamente unido al problema del reparto y de la sucesión. Cuatro hijos vivían al tiempo de morir el monarca; uno, Ramiro, el primero habido durante su soltería con Sancha de Aibar, y por tanto con derechos limitados aunque se hallaba reconocido por el rey; otro, García, el primero habido del matrimonio con Munia, la reina, quien, como primogénito, debería heredar el reino matriz de Pamplona; y después, Gonzalo y Fernando, que eran los más jóvenes. Según la tradición navarra, las dotes territoriales otorgadas a los hijos deberían estar vinculadas en cierto modo al reino matriz, ya que le debían fidelidad. A Ramiro le asigna la provincia aragonesa, que erige en reino.
El hombre. Don Bernardo, primer obispo de Palencia, en su carta del año 1045, dice de don Sancho: «Que fue gran rey en todas sus cosas, sagacísimo, procreado de prosapias reales, criado en las partes de Pamplona»; «Que no se conoció varón mejor en la guerra, ni más clemente y constante: blando de condición, temeroso de conciencia en las cosas sagradas..., «Que en la guerra parecía un león en la animosidad...; «Que era rey hermoso de rostro, alegre, espléndido, en los convites liberal y que con estas artes se arrastraba a todos al séquito de su corte». Indirectamente, el historiador árabe contemporáneo Ibn Haiyan, hace un elogio que le honra: al compararlo al conde castellano, su suegro, Sancho también, y conocido en la historia castellana con el sobrenombre de «el de los buenos fueros». Dice: «No he visto entre los cristianos guerreros semejantes a los de Sancho, ni entre sus príncipes un hombre que le igualase en gravedad de aspecto, en valor varonil, en claridad de entendimiento, en sabiduría y en elocuencia; el único que pudo serle comparado era su pariente y homónimo Sancho, hijo de García, «Señor de los Vascones», el cual, después de la muerte de Sancho de Castilla, reinó solo.» Esta gran concentración de poder le hizo el rey más temido y respetado de su tiempo. Además, don Sancho es el paladín de la europeización. Convierte a su tierra en puerta de entrada de ideas, disciplinas y sentimientos netamente europeos y occidentales: la extensión de sus dominios a toda la Vasconia Ducal, la introducción de la observancia benedictina de Cluny en San Juan de la Peña, Leire y Oña; y el fomento y organización del camino de Santiago. Y es tan intensa la corriente de arte y cultura que entra por esa puerta, que la tierra ibérica, verdadera habitación sin ventilar, es oreada y renovada en tal forma, que sus frutos son inmediatos y espléndidos.

Bernardo ESTORNÉS LASA