El consumo responsable está basado en valores como la austeridad, insumisión ante el bombardeo publicitario, posición firme ante la agresión al medio ambiente y a los pueblos indígenas, recuperación de consumo cercano y de temporada, etc.

Las manifestaciones de la crisis social y medioambiental en todo el planeta son cada vez más visibles: todos los días se encuentran ejemplos en el entorno o en los medios de comunicación del injusto reparto de la riqueza y el consiguiente aumento de la pobreza o de los efectos que el actual desarrollo insostenible tiene para la naturaleza. Serían innumerables los ejemplos, desde los fenómenos migratorios, hasta la deforestación o desertización, pasando por la explotación laboral (sobre todo de mujeres y niños) o el efecto invernaderoComo consumidores, último eslabón del sistema económico, los ciudadanos tienen una responsabilidad, pero también un poder, aunque si bien es cierto que mucho menor en relación a la primera. Con la forma de consumir es posible influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa. Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias para la naturaleza y las personas es una gran contribución y un decisivo instrumento de presión frente al mercado.
El concepto de Consumo Responsable tiene cuatro bases:
- Consumo crítico.
- Consumo ético.
- Consumo social o solidario.
- Consumo ecológico.
Consumo Crítico es aquel que se pregunta por las condiciones sociales y ecológicas en las que ha sido elaborado un producto o producido un servicio. Es una actitud diaria que consiste en elegir de manera meticulosa lo que se compra sobre la base de dos criterios: la historia del producto y la conducta de la empresa productora, señalándole al sistema los métodos productivos que se aprueban y los que se condenan.
Consumo Ético, en el que se introduzcan valores, como las más justas, solidarias o ecológicas, como una variante importante a la hora de consumir o de optar por un producto y no sólo en función del beneficio personal. Se hace especial énfasis en la austeridad como un valor en relación con la reducción para un consumo ecológico, pero también frente al crecimiento económico desenfrenado y al consumismo como forma de alcanzar el bienestar y la felicidad. Una austeridad que implica tener la capacidad de distinguir entre necesidades reales e impuestas; organizándolas, además, a nivel colectivo, garantizando así a todas las personas la satisfacción de sus necesidades fundamentales con el menor despilfarro.
Consumo Social o Solidario, en el que entraría también el Comercio Justo, es decir, el consumo en lo que se refiere a las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un producto o producido un servicio. Se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado, tanto a gentes de otros países como a las más cercanas, en el ámbito local. Se trata de eliminar la discriminación, ya sea a causa del color de la piel o por diferente origen, o por razón de género o religión. Se trata de potenciar alternativas sociales y de integración y de procurar un nuevo orden económico internacional, apoyando la justicia en las relaciones sociales y laborables y luchando contra la explotación de menores y mujeres.
- Comercio Justo
A lo largo de la Historia de la humanidad, el comercio ha jugado un papel importante ya que, a través de él, los pueblos han intercambiado bienes, tecnología, modelos culturales, etc., permitiendo un recíproco enriquecimiento.
En la actualidad el comercio está siendo cada vez más subordinado y uniformado a las reglas del capitalismo en los países del Sur. La producción destinada única y exclusivamente hacia la exportación, está causando graves consecuencias para los pueblos. Entre otras, la pérdida de autosuficiencia alimentaria, el saqueo permanente de los recursos naturales y la imposición de hábitos de consumo irracionales ajenos a su tradición cultural.
En este sentido las multinacionales y el capital no dividen al mundo en Norte y Sur o entre las diferentes culturas. La auténtica división que plantean es entre quienes pueden comprar, que constituyen el mercado, y quienes no pueden hacerlo, que representan algo inútil que pesa al mundo.
Los intereses de las multinacionales que controlan gran parte de la producción y del comercio internacional no es generalizar el consumo y el bienestar a toda la humanidad, sino reforzar los niveles de consumo entre los que tienen un nivel económico suficiente para gastar.
En este contexto, nace el movimiento de Comercio Justo. Un movimiento que aglutina productores, organizaciones sociales, importadores y consumidores.
Tiene como objetivos prioritarios:
- Fomentar y potenciar el consumo responsable en la sociedad.
- Reducir la pobreza de los países empobrecidos del Sur del planeta, gracias a un sistema comercial equitativo y solidario que dé a los productores del Sur, marginados, acceso a los mercados.
La característica del comercio justo es la igualdad y el respeto que existen entre los productores del Sur y las importadoras, tiendas de comercio justo y consumidores del norte. El comercio justo humaniza el comercio al reducir al máximo posible la cadena producción/consumo, para que los consumidores tomen conciencia de la cultura, identidad y condiciones de vida de los productores y para que el beneficio vaya a ellos y no a los intermediarios.
· Ámbitos de acción
El movimiento de comercio justo funciona a tres niveles.
Comercialización. Se comercializan productos de los países empobrecidos, organizándose los productores en cooperativas y redes de producción y comercialización.
Sensibilización y campañas de presión política. A través de denuncias concretas o elaborando propuestas que llegan desde los parlamentos regionales, hasta el Europeo.
Consumo responsable. Informando a los consumidores de los procesos de producción y comercialización de los productos que compran, bajo qué condiciones sociales y medioambientales fueron elaborados, ya que el consumidor es la base sobre la que se sostiene el mercado.
El movimiento de Comercio Justo ha intentado llegar a unos reglamentos internacionales que supusiesen un mínimo de garantía en la actual jungla de la división internacional del trabajo y del comercio internacional. Tres ejemplos son:
- Cláusulas sociales: están basadas en las Convenciones adoptadas por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y amparan la libertad de asociación de los trabajadores, el derecho a la organización y a la negociación colectiva, la edad mínima de admisión al trabajo, la no-discriminación por motivo de raza, género, religión u opinión política y la abolición de los trabajos forzosos, como la explotación infantil.
- Códigos de conducta: son documentos de buenas intenciones firmados por empresas que tienen la voluntad de respetar ciertas legislaciones laborales, basados principalmente en las cláusulas sociales de la OIT..
- Etiquetas de garantía social: promovidas por el movimiento de Comercio Justo, garantizan que los productos adquiridos se han producido respetando unas condiciones laborales dignas para los productores. En el mundo existen actualmente tres sellos de Comercio Justo: TRANSFAIR (creado por EFTA en 1992), MAX HAAVELAR (de origen holandés) y FAIRTRADE (utilizado en Gran Bretaña). Actualmente en España está en proceso de creación una etiqueta a nivel general, aunque sí existen para cada una de las importadoras.
· Criterios de Comercio Justo
Los criterios sobre los que trabajan todos los eslabones de la cadena, son:
- Los grupos productores deberán proceder de colectivos registrados bajo forma de asociación o cualquier sociedad cuya estructura sea participativa y democrática.
- Las organizaciones de Comercio Justo deben trabajar con grupos de los países del Sur que, atraviesen por problemas especiales, debido a su pobreza, prácticas discriminatorias y restricciones comerciales.
- Los grupos deben estar comprometidos en el apoyo de la participación y las necesidades de los trabajadores y trabajadoras, en especial, de las mujeres y de los grupos raciales o sociales que sufren discriminación, explotación u otras situaciones injustas.
- Los grupos productores no deben instaurar una dependencia exclusiva de la exportación y deberán tender a la creación y fomento de la economía social.
- Las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras deben ser dignas y no atentar contra la salud.
- Los sueldos deben ser dignos e ir acordes con la realidad socioeconómica de la zona.
- El grupo productor debe estar dispuesto y ser capaz de ofrecer al comprador los detalles requeridos sobre los miembros productores, así como de compartir información sobre sus programas o proyectos dirigidos a la mejora de las condiciones de vida de las comunidades.
- Las Organizaciones de Comercio Justo trabajarán, prioritariamente, con grupos productores que estén involucrados en un proyecto social y/o de transformación socioeconómica. Estos grupos, además, deberán mostrar transparencia en su economía, siendo tarea de cada OCA conocer el destino de los beneficios de los productores.
Consumo Ecológico, que incluye, por este orden, las famosas "erres" del movimiento ecologista: Reducir, Reutilizar y Reciclar, pero en el que también se incluyen elementos tan imprescindibles como la agricultura y ganadería ecológicas, la opción por la producción artesana, etc.
Si se echa una mirada atrás en el tiempo para ver cómo ha cambiado la forma de producir y de consumir, se ve que las culturas tradicionales que identificaban a las personas con su entorno social y ecológico han ido desapareciendo. El modelo campesino basado en una producción diversificada para el autoabastecimiento sin perjudicar al entorno ha sido destruido.
A principios del siglo XX se acentúa el desarrollo industrial en torno a las grandes ciudades y el abandono de los pueblos y de la industria artesanal en éstos, pasando a depender cada vez más el medio rural de las ciudades y del capital. Las poblaciones humanas se concentran en grandes núcleos urbanos donde se pierde la relación con el medio físico y los recursos naturales.
En los años 50, en el medio rural tiene lugar la llamada "Revolución Verde", concepto lanzado por el Banco Mundial como garantía de la seguridad alimentaria y el fin del hambre en todo el mundo. Se basa en la mecanización masiva y en la utilización de grandes cantidades de abonos artificiales y fitosanitarios en la industria agraria. Para adaptarse a estos cambios se necesitaba una gran inversión que los pequeños propietarios no podían asumir, por lo cual comenzó a cambiar la estructura de la propiedad, concentrándose en cada vez menos manos y provocando éxodo en el campo y envejecimiento de la población rural.

Los procesos de globalización económica están transformando la estructura socioeconómica del medio rural. La producción se desplaza a otros países con menos coste de producción y menos protección ante los crímenes ecológicos. Todo esto va encaminado a una producción destinada más al mercado que a las personas. El productor se convierte en cliente dependiente de las multinacionales agroquímicas (que le suministran semillas, fitosanitarios, combustible,...) y en proveedor de materia prima barata para la industria alimentaria y las grandes cadenas de alimentación.
En definitiva, se está imponiendo un modelo que provoca desaparición de culturas campesinas y ganaderas más integradas en el medio natural, despoblamiento del campo, destrucción de ecosistemas, pérdida de diversidad agrícola y biológica, contaminación, y deterioro de la calidad y seguridad alimentaria. También se están imponiendo otros hábitos de consumo, al incrementarse las explotaciones dedicadas a la producción de carne, soja, maíz,...en detrimento de la producción de trigo, patata y legumbres, base tradicional de la dieta.
El consumo ecológico implicaría dos aspectos fundamentales:
En primer lugar la búsqueda de información y la formación de un pensamiento crítico con la realidad, con los medios de comunicación y la publicidad, cuestionando qué hay detrás de cada cosa que se consume y cuáles son sus consecuencias.
En segundo lugar, la reducción de los niveles de consumo como una opción ética. Si el modelo de desarrollo no es universalizable ni ecológicamente, ni por las estructuras injustas que genera, no es posible mantener esta situación. Se trata de cambiar el hábito de consumismo, optando por un modelo de bienestar y felicidad no basado en la posesión de bienes materiales. "No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita". Es, en definitiva, un cambio en la escala de valores y en las prioridades. Esto permitiría, por ejemplo, dedicar una mayor parte del presupuesto a comer de forma sana, disfrutar del ocio de una manera más constructiva, reducir el tiempo de trabajo, invertir en solidaridad, etc.
De la responsabilidad y el poder como consumidores derivan unas obligaciones que podrían resumirse en:
- Ser críticos con el consumo y la forma de vida, aplicando valores éticos.
- Exigir información e informarse acerca de las condiciones sociales y medioambientales en las que un producto o un servicio ha sido elaborado, como ha llegado hasta los usuarios y cuales son sus consecuencias.
- Reducir el consumo, como opción ética y ecológica, optando por un modelo de bienestar y felicidad no basado en la posesión de bienes materiales, lo cual repercute tanto medioambiental como socialmente.
- Practicar un consumo respetuoso con la naturaleza, reduciendo, reutilizando y, por último, reciclando y consumiendo productos ecológicos y artesanos.
Practicar un consumo solidario y socialmente justo, respetuoso también con las personas y las culturas, en el que por supuesto no existan la discriminación ni la explotación.
