Carlos II en París. Situado entre franceses e ingleses, Carlos II de Navarra trama un complot, que pronto es descubierto, para instigar al delfín a tomar el poder. Juan II de Francia, por su parte, planeaba la muerte de Carlos y de sus dos hermanos. El día 5 de abril de 1356, cuando el rey de Navarra estaba cenando con el delfín en el castillo de Rouen, fue sorprendido por el rey de Francia y reducido a prisión con otros caballeros. Al día siguiente, cuatro de sus acompañantes -el conde d'Harcourt, el señor de Graville, Maubué de Mainemares y Colin Doublel- fueron decapitados sin juicio alguno en las afueras de Rouen, y sus cuerpos colgados del patíbulo. Carlos II fue encerrado en el castillo de Louvre, luego llevado al Châtelet y a otras prisiones. Todos temían por su vida. El primer ofendido aparecía el delfín, cuya hospitalidad había sido violada. Las gentes quedaron asombradas ante una decisión tan grave, cuyas razones ignoraban. Una medida tan arbitraria atrajo la simpatía general hacia el rey de Navarra. El pueblo sospechaba que la verdadera traición de que le acusaban era su resistencia a los impuestos acordados últimamente para levantar un ejército de 30.000 hombres. El príncipe Felipe de Navarra, temeroso de que el rey de Francia diera muerte a su hermano, le desafió. El rey Juan quiso apoderarse de los feudos del navarro y de los d'Harcourt en Normandía, pero encontró una tenaz resistencia. La traición del rey de Francia echaba a sus enemigos en brazos de los ingleses. El duque de Láncaster desembarcó en Cotentin y, aliado con Felipe de Navarra y Godefroy d'Harcourt, tío del conde ejecutado, atravesó Normandía llegando a las puertas de París. Poco después, otro ejército mandado por el Príncipe de Gales (el Príncipe Negro), subía de Burdeos y derrotaba al rey de Francia en Poitiers, cayendo prisionero éste y su hijo Felipe (19 septiembre 1356). El rey Juan fue llevado cautivo a Inglaterra, donde fue tratado con toda caballerosidad. La situación de Francia no podía ser más desastrosa. Eran muchos los que de tiempo atrás pensaban que los Valois gobernaban mal. Ahora, el poder recaía en un joven de dieciocho años, inexperto y descalificado -el delfín Carlos-, el tesoro estaba vacío, los caballeros derrotados o prisioneros. La persona del rey de Navarra, mucho más popular, gana ahora un prestigio inesperado. Se piensa que con él "el reino será más fuerte y estará mejor defendido". No faltan quienes digan que "desde la prisión del rey de Navarra no ha venido ningún bien al rey ni al reino, por el pecado cometido con él". Por eso, cuando el 17 de octubre el delfín convoca los Estados Generales, uno de sus primeros acuerdos es solicitar la liberación del rey de Navarra. Pero el delfín se negó a ello. Sus hermanos, Felipe desde Normandía, y Luis desde Navarra, redoblan los esfuerzos para liberar a Carlos II. Felipe dirigía a los Tres Estados "cartas amables y dulces palabras", poniéndose a su disposición. Luis envió una embajada a Burdeos para negociar con el Príncipe de Gales la libertad de su hermano, otras al Papa y a ciertos cardenales. El papa Inocencio VI se dirige a sus legados para que se interesen por el rey de Navarra. Los dos infantes están en comunicación constante. Se envían emisarios a los reyes de Castilla y de Aragón. El clero de Navarra otorgó los dos tercios de las primicias para gestionar la libertad del rey y para enviar tropas a Normandía y continuar la guerra. Se encargan oraciones por la salud del rey de Navarra. Mientras tanto los Estados Generales, movidos por el obispo de Laon, Roberto le Coq, y por Esteban Marcel, preboste de los mercaderes de París, tratan de recortar las atribuciones de la Corona: piden la revocación de los principales consejeros del rey y la reunión periódica de los Estados; se niegan a votar los subsidios mientras el rey no cumpla sus compromisos. Luego, los provinciales, los nobles y los clérigos se van ausentando de las reuniones. Sólo Marcel y la burguesía parisina agrupada tras él mantienen el fervor revolucionario. El delfín va recuperando su autoridad. Pero, impensadamente, el panorama cambia. Carlos II es sacado de su prisión de Arleux el 9 de noviembre de 1357, y llevado a Amiens donde es recibido en triunfo. De aquí pasó a París acompañado de nobles y burgueses, y el pueblo salió a su encuentro hasta Saint Denis. Al día siguiente, 30 de noviembre, arengó a una multitud de burgueses y estudiantes -se habla de 10.000 personas- en el Pré-aux-Clers, junto a los muros de Saint-Germain. Habló "moult sagement et bellement" -dice un cronista-, exponiendo la injusticia que con él se había cometido, y diciendo que estaba dispuesto a morir por el reino de Francia, ya que por su sangre tenía más derecho a la corona que el que estaba prisionero en Inglaterra. Era ésta una insinuación que podía dar su fruto en el momento oportuno. Por intervención de las reinas viudas, de Marcel y de Le Coq, el delfín y el rey de Navarra se reconciliaron, y aquél consintió en devolver a éste los castillos y plazas confiscadas desde su detención (12 diciembre). De París, Carlos se dirigió a Rouan donde hizo descolgar los cuerpos de los decapitados, organizó unos solemnes funerales, y habló a los burgueses como lo había hecho en París. Las desgracias habían acrecentado su popularidad, y la burguesía sobre todo, piensa en el rey de Navarra que puede libertar al país de las Grandes Compañías y contener el partido de la Corte. Es el momento de Marcel y de la burguesía de París. Marcel, con verdadero sentido político, piensa en una federación de "comunas", que sustituya a la fracasada revolución de los Estados, y apoya al partido navarro para obligar al delfín a someterse a sus condiciones. El delfín, por su parte, espera ganarse la popularidad arengando al pueblo en el mercado (11 enero 1358), como lo había hecho el rey de Navarra. A la vez reúne tropas alrededor de París. Es entonces cuando Marcel, dispuesto a jugar fuerte, irrumpe con sus gentes en la cámara del delfín, y asesina en su presencia a los mariscales de Champaña (Juan de Conflans) y de Normandía (Roberto de Clermont); el delfín se ve obligado a ponerse el capirote rojo y azul, que es la insignia adoptada por los burgueses de París, mientras que Marcel coloca en su cabeza el del delfín (22 febrero 1358). Cuatro días después Carlos II entra en París. El navarro está también enfrentado con el delfín, ya que los encargados de entregar a aquél las plazas devueltas, se niegan a hacerlo sin una orden del rey Juan, prisionero en Inglaterra. Carlos II cree que todo ello se ha tramado de acuerdo con el delfín, y no le faltan motivos para pensar así, ya que a pesar de la intervención de la Universidad de París, el delfín se ha negado a todo acuerdo con el navarro. Pero ahora, enemistado con todos, acepta una negociación con Carlos II, como proponen Marcel, las reinas viudas y el obispo de Laon. El delfín, ahora titulado regente, le hace donación de un palacio en París "para que nuestro querido hermano pueda estar más próximo a nosotros, y aconsejarnos para bien y provecho nuestro y del reino". En compensación a la larga prisión "en la que ha padecido grandes males, villanías e injurias", así como grandes pérdidas en sus intereses, le asigna 10.000 libras de renta en la senescalía de Tolosa y condado de Bigorra. Pero la reconciliación era sólo aparente. El regente abandona París para buscar el desquite, mientras Carlos queda en la ciudad con una apariencia de autoridad. Daba salvoconductos para circular por toda Francia, que eran más obedecidos que los del regente. Este prepara un movimiento envolvente. Anima a los descontentos de las provincias, que se habían retraído de asistir a las últimas reuniones de los Estados Generales. Los champañeses, resentidos por la muerte de su mariscal, le apoyan con entusiasmo. El regente recluta tropas. Al fin los dos reyes parlamentaron; Carlos II lo hace en nombre de los de París, y en los primeros días de mayo el regente hace su entrada en la capital del reino. En esta coyuntura es cuando tiene lugar un movimiento popular de carácter muy distinto al de París. Los campesinos, cargados de gabelas y víctimas de la rapiña de los soldados, se levantan contra los nobles, que les oprimían sin defenderlos. Asaltaron castillos, con la secuela de incendios y matanzas, especialmente en la región de Beauvais. Marcel se puso en contacto con los revoltosos o jacques, nombre tomado de Jacques Bonshomes, con que frecuentemente se conocía a los campesinos franceses; el rey de Navarra en unión de la caballería francesa e inglesa les hizo frente. Capturado su jefe con engaño, fue ejecutado. La represión fue sangrienta. La lucha había durado un mes, de mayo a junio de 1358. Carlos II, aspirante al trono de Francia, aparecía ahora como el representante del orden. Por un momento parece que sus sueños se van a hacer realidad. Esteban Marcel, sitiado en París por el regente, llama al rey de Navarra y le ofrece el título de capitán de París. El 15 de junio entra en París acompañado de algunas tropas inglesas. Arengó a las gentes diciendo lo mucho que amaba al reino de Francia, pues estaba rodeado de lises por todas partes; dijo que "su madre hubiera sido rey de Francia, de haber sido hombre". Se oían gritos de Navarra! Navarra!, como diciendo: queremos al rey de Navarra!. Pero su popularidad, como la de Marcel, empezaba a gastarse. Su alianza con los ingleses es hábilmente explotada por los partidarios del regente. Carlos no cesaba de negociar, ya con los ingleses ya con el regente, y traslada su cuartel general a Saint Denis para conservar su libertad de acción. Por medio de la reina Juana, el rey de Navarra vendió su alianza al regente: aquél recibiría 10.000 libras de renta en tierras y 400.000 florines. El pueblo de París, que pasaba hambre, murmura de unos a otros. Marcel, al verse abandonado, quiere estrechar su alianza con el rey de Navarra. Son frecuentes los incidentes con las tropas inglesas instaladas en París. Al fin, Marcel es asesinado el 31 de julio, y el regente entra en París. Quedaba todavía la guerra franco-inglesa. Carlos II abandona por imposibles sus pretensiones a la corona de Francia, y prepara un convenio con los agentes del rey de Inglaterra comprometiéndose a ayudar a éste en la conquista del reino de Francia a cambio de la cesión de Champaña, Bria y otros territorios. Durante un año tropas anglonavarras saquean el país, y el regente, asustado, gestiona con el navarro una paz en Pontoise: Carlos recibiría 600.000 escudos pagaderos en doce años, y 12.000 libras de renta en tierras, a cambio de defender el país contra los ingleses (22 agosto, 1359). Esta paz, como todas las acordadas hasta la fecha, fue de corta duración, porque en noviembre Carlos ayudaba al captal de Buch a apoderarse de Clermont, en Beauvaisis, y poco después se descubría en París una conspiración para entregarle la ciudad. Por el tratado de Brétigny (8 mayo 1360) Francia e Inglaterra ponían, de momento, fin a su lucha: Francia cedía a Inglaterra casi una tercera parte del país en plena propiedad, y pagaría tres millones de escudos oro por la libertad de su rey. La paz privaba al navarro del apoyo del rey de Inglaterra, quien ofreció su mediación para reconciliarle con el rey de Francia. Esta nueva paz fue negociada por Felipe de Navarra, hermano del rey, con lo que éste pudo entrar en posesión de sus bienes de Normandía (24 octubre 1360).
José María de LACARRA
José María de LACARRA
