Léxico

CULTO A LOS SANTOS

Mandas testamentarias. Las mandas testamentarias y las donaciones a diferentes santuarios o establecimientos religiosos muestran elocuentemente la piedad más personal, íntima y cercana del individuo. Los testamentos constatan las devociones individuales del testador reflejando, por lo general, las corrientes imperantes en la religiosidad popular del momento.

Los testamentos constituyen una tipología documental que refleja nítidamente el culto a los santos propio de la piedad individual. El análisis de las diferentes partes que configuran un testamento muestra las devociones individuales del testador. El encabezamiento se compone de dos puntos donde suele constar la invocación o protestación de fe por la cual el fiel acepta su destino y su muerte en nombre de Dios. (En el nombre de Dios et de la Virgen Santa Maria et de todos los santos e santas de parayso que sea a su santo seruiçio et prouecho et honrra de mi cuerpo et salvaçion de mi anima) Sigue la encomendación del alma del fiel a determinadas figuras o santos (a Jesucristo redentor, a Dios creador, a la Santísima Trinidad, a la Virgen como madre o como abogada, o a diferentes santos y santas de la corte celestial). Este apartado resulta especialmente ilustrativo para todo lo relativo al culto de los santos, pues muestra las devociones de los testadores. En numerosas ocasiones las invocaciones a Dios, Jesucristo, la Virgen o la corte celestial suelen resultar fórmulas genéricas de encomendación, si bien las referidas a los santos específicos suelen mostrar las devociones más íntimas del testador.

Las devociones personales de los fieles se reflejan igualmente en la disposición de legados píos a instituciones religiosas, destacando las catedrales y los monasterios y conventos más importantes del País Vasco. A un nivel local, las mandas testamentarias recogen también donaciones a monasterios, ermitas e iglesias del lugar. Existen también donaciones a establecimientos religiosos de otros territorios, como los santuarios de Guadalupe en Extremadura o el Pilar en Zaragoza. Por otra parte, los diferentes legados piadosos a hospitales, cofradías, capillas, obras de iglesias y monasterios, construcción de retablos, capillas, donaciones de vestimentas litúrgicas, objetos de orfebrería, encargo de figuras devocionales... también nos sirven como marco de referencia para calibrar la devoción hacia determinados santos.

Existe otro punto en el testamento que evidencia las devociones a los santos: las peregrinaciones. Es usual encontrar entre los testadores peregrinos a los lugares santos que, ante la posibilidad de no regresar de su viaje, realizan testamento antes de partir. Así dejan ordenados sus asuntos materiales y espirituales, repartiendo su herencia y ordenando su sepultura y sufragios. Incluso, son numerosos los testadores que, gravemente enfermos y ante la imposibilidad de realizar por sus propios medios la peregrinación deseada, delegan esta labor en otras personas para que la realicen en su lugar.

Por último, no debe olvidarse la elección del lugar de sepultura. Este factor también puede ayudar a calibrar el grado de devoción hacia un santo o un centro religioso, ya que el cuerpo físico debe ser custodiado en lugar sagrado hasta el día del Juicio Final. En las áreas rurales se solía elegir como lugar de sepultura la iglesia parroquial de la localidad. Sin embargo, en los núcleos urbanos la situación era más compleja, ya que aquí entraban en juego otras influencias.

Pero hay aún otros aspectos que, asimismo, permiten investigar la espiritualidad del hombre medieval y se pueden rastrear también a través de los testamentos, así como de otras tipologías documentales. Las fundaciones de aniversarios, misas o capellanías, pueden realizarse a partir de las figuras de determinados santos. Pero no es la única modalidad, ya que también se pueden celebrar en determinadas festividades religiosas, o en días concretos del calendario litúrgico. Lo mismo puede decirse de las donaciones para lámparas o luminarias, que se pueden fundar de igual manera.

En cuanto a las devociones personales reflejadas en los testamentos bajomedievales y modernos, era frecuente que el fiel encomendase su alma a Jesucristo Redentor, a la Virgen como madre o como abogada, a Dios creador, a la Santísima Trinidad, y a diferentes santos de la corte celestial, singularmente a San Pedro, San Pablo o San Miguel. El conjunto de mandas testamentarias permite conocer las devociones personales de los fieles gracias a la disposición de legados píos a instituciones religiosas. Los testadores solían reflejar la devoción a las parroquias, conventos, monasterios y ermitas de sus lugares de origen o residencia. También resulta frecuente encontrar entre las diferentes donaciones, devociones a establecimientos religiosos de otros reinos. Los diferentes legados piadosos a hospitales, cofradías, capillas, obras de iglesias y monasterios, construcción de retablos, donaciones de ajuar litúrgico, encargo de figuras devocionales, etc., fueron muestra de la devoción hacia determinados santos. Las mandas testamentarias también indicaban la elección del lugar del sepelio, frecuentemente favorecido a través de la disposición de bienes del testador y donde se veneraba el santo de su devoción.