II/ Usos de buena vecindad. Son vínculos convivenciales sociales que unen a los vecinos de un grupo local de reducidas dimensiones (auzo, hauzo) al margen de la tutela positiva de los ordenamientos oficiales.
Condiciones. Insiste Bonifacio de Echegaray (1933) en que tal relación ha de establecerse en un núcleo reducido: "La organización vecinal que se produce al margen de los tipos legales se desarrolla en un terreno muy circunscrito. Así, por ejemplo, en Guizaburuaga todos los que residen en la anteiglesia son vecinos entre sí. Pero en otro lugar cercano, en Aulestia, no sucede lo propio; Aulestia es mayor de Guizaburuaga y en Aulestia aquel vínculo se determina por la convivencia en el mismo barrio". Se trataría, según él, por tanto de un vínculo suprafamiliar en el que "el sello de individualidad bravía que caracteriza a la casa y a la familia vascas se debilita en la medida conveniente para relacionar a unos grupos y a otros con los lazos cuasi familiares que entrañan la vecindad (Echegaray, 1933: 5; Thalamas, 1975: 335)". Confirma esta tesis la aseveración popular, trasmitida de boca en boca, de que "el vecino es preferido al pariente" (Lecuona, 1978). Tres son los factores determinantes, según Echegaray, de la vecindad tradicional:
a) La adhesión del grupo social a la tierra, o sea su permanencia en un lugar fijo, asegurada por la propiedad inmueble.
b) Una organización familiar de tipo troncal.
c) La insuficiencia de medios para lograr los fines de la vida sin el concurso de otro grupo social. Estos factores habrían concurrido en los pueblos agricultores y no en los pastoriles, inestables por naturaleza, en los que la idea de propiedad fue débil o inexistente, la familia patriarcal, y la actividad autosuficiente. Existe, sin embargo, una institución pastoril, el partzuerre bajo navarro, de ayuda mutua semejante a las creadas por las vecindades agrarias. Ver FACERIA, PARZONERIA. Y, finalmente, existen las vecindades urbanas en las que la familia troncal se halla ya muy difuminada.
Agrupaciones vecinales rurales y urbanas. Diversos autores han recogido prácticas consuetudinarias de vecindad en relación aconteceres del vivir y el morir cotidiano (enfermedad, pleitos, defunciones, trabajo, etc.) así como las inherentes a la vida en sociedad.
a) La vecindad rural.
Echegaray (1933) establece dos posibles fases: l. Una específica y concreta que enlaza a dos o más familias entre sí con una relación extraña a toda idea de agrupación. 2. Una colectiva, que establece vínculos de asistencia mutua o de prestación común entre todas las familias que forman un pequeño núcleo, que puede coincidir o no con un término municipal o con un pueblo o con un barrio perteneciente a aquél. Estas fases, que han podido ser sucesivas, en nuestros tiempos se dan con simultaneidad y suelen perdurar por encima de contingencias tales como pleitos y riñas ocasionales. Sobre la vecindad surgen las cofradías de Bizkaia, los concejos de Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra, las cendeas en Navarra, las parroquias y sindicatos en Iparralde. Un aspecto interesante a constatar es que la vecindad, a su vez, se halla subdividida, como lo estudia Larrínaga (1988) por sexos y por edades.
Las prestaciones vecinales rurales: tipos. Atendiendo al beneficiado, Echegaray distingue entre prestaciones de beneficio privado y público.
De beneficio privado. Pertenecerían al primer rango los deberes impuestos por piedad, cortesía o beneficencia. Citemos el reparto de productos con ocasión de la matanza del cerdo, el artaxuriketa o ayuda en el deshoje del maíz en comunidad con los vecinos, el convite natalicio y la visita a la parturienta o andrakuste, el acompañamiento del vecino al novio (botagaba de Asteasu), el traslado del arreo (arrigotza), los convites de bodas, la asistencia a la novia, el auxilio al vecino enfermo o moribundo, el amortajamiento, el velatorio, inhumación, la quema del jergón del difunto y el auxilio solidario en caso de siniestros o grandes necesidades. Este último tipo de prestaciones de beneficiario privado abarca: los suaro o suarau, sociedades mutuas contra incendios; los llamados minadas, concordias, hermandades, ermandadiek, alkartasunak, anaitasunak, kofradiak y terramak, sociedades mutuas contra los riesgos del ganado que funcionan acudiendo raramente a los tribunales; el trabajo a trueque u ordea introducido cuando se requiere un esfuerzo mayor que el que pueden efectuar los miembros de la familia (siega, escarda, siembra, laya); el trabajo esporádico "por caridad" con viudas, enfermos, ausentes por servicio militar; el traslado de diversos efectos o lorra entre los que cabe distinguir los zimaur-lorra (aprovisionamiento de estiercol), bildotx-lorra (entrega de una oveja para formar un rebaño o reponer una pieza), zur-lorra (prestación de madera a quien ha perdido su casa o no posee recursos para erigir una), etxaldatz (transporte de muebles y enseres), el acarreo de construcción de una casa, etc. Entre todos estos usos destaquemos el hecho de que algunos eran seguidos, a título de reciprocidad, de ágapes y comidas copiosas (mezetas) causantes de grandes gastos y endeudamientos, lo que suscitó (Insausti, 1971) repetidas prohibiciones por parte de las autoridades civiles y religiosas. Larramendi, que registra en su "Corografía" de hacia 1754 esta costumbre, da cuenta del resultado infructuoso de tales persecuciones.
Prestaciones de beneficio común. La prestación más importante es el auzolan, trabajo comunitario que concierne a diversas faenas pero muy especialmente al trazado, limpieza y mantenimiento de los caminos; la atención de las ermitas; la erección de escuelas y contratación y pago de un maestro para la atención escolar de los niños, ej. las escuelas de barriada de Bizkaia erigidas en los años 20; la construcción de puentes; la trilla en las eras comunales y el aprovechamiento de los mismos.
b) La vecindad urbana.
Los lazos de vecindad también se crean en el interior de las ciudades, como lo atestiguan muchas ordenanzas municipales, entre las cuales las de los barrios de Pamplona, las vecindades de Vitoria, las cuadrillas de Dulanzi y Ayala, cuarterones de Laguardia, calles de Llodio y Arceniega, etc.. En 1458, por ejemplo, se fijan por escrito los usos vecinales de los habitantes de la Rua detras del Castillo de Pamplona (actual Estafeta). Unos años después, en 1483, se unifican las ordenanzas de las vecindades vitorianas. Dice Echegaray (1933) que si se compara a las Ordenanzas de la Vecindades de Vitoria con las de los Barrios de Pamplona se podrá advertir que éstas son más ricas en reglas de policía; pero unas y otras coincidirían -en su opinión- en que no son otra cosa que el transplante a un municipio extenso de una institución de abolengo rural, que en las viviendas dispersas de la zona montañosa y en los pueblos exiguos se ha mantenido y desarrollado sin necesidad de la vigorosa y asidua asistencia de nadie que se coloque en un plano superior al de los demás vecinos (sobremayorales, mayorales, contadores). Creemos, sin embargo, difícil de demostrar esta afirmación y más plausible que las vecindades nacieran "como una necesidad natural de los vecinos de contar con un Organismo que defendiera la moralidad, las buenas relaciones y los lazos de vecindad entre unos y otros" a efectos de seguridad, policía urbana, veredas, estadística, recepciones y honores, beneficencia, comunicaciones, quintas, etc. (Jiménez, 1969: 172).
Condiciones. Insiste Bonifacio de Echegaray (1933) en que tal relación ha de establecerse en un núcleo reducido: "La organización vecinal que se produce al margen de los tipos legales se desarrolla en un terreno muy circunscrito. Así, por ejemplo, en Guizaburuaga todos los que residen en la anteiglesia son vecinos entre sí. Pero en otro lugar cercano, en Aulestia, no sucede lo propio; Aulestia es mayor de Guizaburuaga y en Aulestia aquel vínculo se determina por la convivencia en el mismo barrio". Se trataría, según él, por tanto de un vínculo suprafamiliar en el que "el sello de individualidad bravía que caracteriza a la casa y a la familia vascas se debilita en la medida conveniente para relacionar a unos grupos y a otros con los lazos cuasi familiares que entrañan la vecindad (Echegaray, 1933: 5; Thalamas, 1975: 335)". Confirma esta tesis la aseveración popular, trasmitida de boca en boca, de que "el vecino es preferido al pariente" (Lecuona, 1978). Tres son los factores determinantes, según Echegaray, de la vecindad tradicional:
a) La adhesión del grupo social a la tierra, o sea su permanencia en un lugar fijo, asegurada por la propiedad inmueble.
b) Una organización familiar de tipo troncal.
c) La insuficiencia de medios para lograr los fines de la vida sin el concurso de otro grupo social. Estos factores habrían concurrido en los pueblos agricultores y no en los pastoriles, inestables por naturaleza, en los que la idea de propiedad fue débil o inexistente, la familia patriarcal, y la actividad autosuficiente. Existe, sin embargo, una institución pastoril, el partzuerre bajo navarro, de ayuda mutua semejante a las creadas por las vecindades agrarias. Ver FACERIA, PARZONERIA. Y, finalmente, existen las vecindades urbanas en las que la familia troncal se halla ya muy difuminada.
Agrupaciones vecinales rurales y urbanas. Diversos autores han recogido prácticas consuetudinarias de vecindad en relación aconteceres del vivir y el morir cotidiano (enfermedad, pleitos, defunciones, trabajo, etc.) así como las inherentes a la vida en sociedad.
a) La vecindad rural.
Echegaray (1933) establece dos posibles fases: l. Una específica y concreta que enlaza a dos o más familias entre sí con una relación extraña a toda idea de agrupación. 2. Una colectiva, que establece vínculos de asistencia mutua o de prestación común entre todas las familias que forman un pequeño núcleo, que puede coincidir o no con un término municipal o con un pueblo o con un barrio perteneciente a aquél. Estas fases, que han podido ser sucesivas, en nuestros tiempos se dan con simultaneidad y suelen perdurar por encima de contingencias tales como pleitos y riñas ocasionales. Sobre la vecindad surgen las cofradías de Bizkaia, los concejos de Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra, las cendeas en Navarra, las parroquias y sindicatos en Iparralde. Un aspecto interesante a constatar es que la vecindad, a su vez, se halla subdividida, como lo estudia Larrínaga (1988) por sexos y por edades.
Las prestaciones vecinales rurales: tipos. Atendiendo al beneficiado, Echegaray distingue entre prestaciones de beneficio privado y público.
De beneficio privado. Pertenecerían al primer rango los deberes impuestos por piedad, cortesía o beneficencia. Citemos el reparto de productos con ocasión de la matanza del cerdo, el artaxuriketa o ayuda en el deshoje del maíz en comunidad con los vecinos, el convite natalicio y la visita a la parturienta o andrakuste, el acompañamiento del vecino al novio (botagaba de Asteasu), el traslado del arreo (arrigotza), los convites de bodas, la asistencia a la novia, el auxilio al vecino enfermo o moribundo, el amortajamiento, el velatorio, inhumación, la quema del jergón del difunto y el auxilio solidario en caso de siniestros o grandes necesidades. Este último tipo de prestaciones de beneficiario privado abarca: los suaro o suarau, sociedades mutuas contra incendios; los llamados minadas, concordias, hermandades, ermandadiek, alkartasunak, anaitasunak, kofradiak y terramak, sociedades mutuas contra los riesgos del ganado que funcionan acudiendo raramente a los tribunales; el trabajo a trueque u ordea introducido cuando se requiere un esfuerzo mayor que el que pueden efectuar los miembros de la familia (siega, escarda, siembra, laya); el trabajo esporádico "por caridad" con viudas, enfermos, ausentes por servicio militar; el traslado de diversos efectos o lorra entre los que cabe distinguir los zimaur-lorra (aprovisionamiento de estiercol), bildotx-lorra (entrega de una oveja para formar un rebaño o reponer una pieza), zur-lorra (prestación de madera a quien ha perdido su casa o no posee recursos para erigir una), etxaldatz (transporte de muebles y enseres), el acarreo de construcción de una casa, etc. Entre todos estos usos destaquemos el hecho de que algunos eran seguidos, a título de reciprocidad, de ágapes y comidas copiosas (mezetas) causantes de grandes gastos y endeudamientos, lo que suscitó (Insausti, 1971) repetidas prohibiciones por parte de las autoridades civiles y religiosas. Larramendi, que registra en su "Corografía" de hacia 1754 esta costumbre, da cuenta del resultado infructuoso de tales persecuciones.
Prestaciones de beneficio común. La prestación más importante es el auzolan, trabajo comunitario que concierne a diversas faenas pero muy especialmente al trazado, limpieza y mantenimiento de los caminos; la atención de las ermitas; la erección de escuelas y contratación y pago de un maestro para la atención escolar de los niños, ej. las escuelas de barriada de Bizkaia erigidas en los años 20; la construcción de puentes; la trilla en las eras comunales y el aprovechamiento de los mismos.
b) La vecindad urbana.
Los lazos de vecindad también se crean en el interior de las ciudades, como lo atestiguan muchas ordenanzas municipales, entre las cuales las de los barrios de Pamplona, las vecindades de Vitoria, las cuadrillas de Dulanzi y Ayala, cuarterones de Laguardia, calles de Llodio y Arceniega, etc.. En 1458, por ejemplo, se fijan por escrito los usos vecinales de los habitantes de la Rua detras del Castillo de Pamplona (actual Estafeta). Unos años después, en 1483, se unifican las ordenanzas de las vecindades vitorianas. Dice Echegaray (1933) que si se compara a las Ordenanzas de la Vecindades de Vitoria con las de los Barrios de Pamplona se podrá advertir que éstas son más ricas en reglas de policía; pero unas y otras coincidirían -en su opinión- en que no son otra cosa que el transplante a un municipio extenso de una institución de abolengo rural, que en las viviendas dispersas de la zona montañosa y en los pueblos exiguos se ha mantenido y desarrollado sin necesidad de la vigorosa y asidua asistencia de nadie que se coloque en un plano superior al de los demás vecinos (sobremayorales, mayorales, contadores). Creemos, sin embargo, difícil de demostrar esta afirmación y más plausible que las vecindades nacieran "como una necesidad natural de los vecinos de contar con un Organismo que defendiera la moralidad, las buenas relaciones y los lazos de vecindad entre unos y otros" a efectos de seguridad, policía urbana, veredas, estadística, recepciones y honores, beneficencia, comunicaciones, quintas, etc. (Jiménez, 1969: 172).
