Real Compañía de Caracas. En 1728 se estableció en San Sebastián la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, que fue la primera Compañía Privilegiada de la monarquía española (ver la voz correspondiente). Uno de los productos con los que comerciaba era el tabaco de Venezuela. Parte de este tabaco quedaba en la metrópoli, pero más del 70 % era reexportado con destino a Amsterdam. En 1752, una Real Instrucción ordenó que la Guipuzcoana sólo debería adquirir tabaco de la mejor calidad. Esto provocó unos excedentes que los cosecheros venezolanos no dudaron en colocar a los holandeses, fomentando así el contrabando y perjudicando a los intereses de la Compañía. Las Juntas Generales de Guipúzcoa en 1757, ante esta situación, solicitaron del monarca la derogación de la Real Instrucción. Al año siguiente el rey resolvió que la Compañía, en el tema de los tabacos, actuara en función de su conveniencia inmediata. Durante los primeros treinta años de su existencia la Compañía comerció casi exclusivamente con la hoja de tabaco pero a partir de 1765 empezó a introducir pasta, también llamada tabaco ambirado, posiblemente a causa de las dificultades que encontraba la hoja de tabaco al no existir en la metrópoli una mano de obra capaz de obtener unos productos elaborados de calidad. Pero parece: que esta modalidad no tuvo la aceptación deseada y para 1771 ya se había dejado de comerciar con ella. Cuatro años más tarde, la Compañía envió a Caracas a un grupo de especialistas para que hicieran un informe destinado a mejorar la elaboración de las diferentes variedades de tabaco. Pero la comisión de expertos fracasó en su misión, hasta el extremo de que fueron cesados fulminantemente por la junta particular de la Guipuzcoana y se les retiró su asignación. El comercio del tabaco creció de forma significativa al extender la Compañía el ámbito de sus actividades a los territorios de la Guayana, donde como hemos visto muchos antiguos corsarios, reconvertidos en hacendados, se dedicaban al monocultivo de la planta, utilizando abundante mano de obra esclava. Pero la Guerra de Independencia Norteamericana y las hostilidades desatadas entre las potencias relacionadas con este histórico hecho entre las que se contaba la monarquía española- tuvieron el océano Atlántico y más particularmente el mar Caribe como principales escenarios, llegando a paralizar el comercio del tabaco realizado por la Compañía. En ese momento, y a pesar de la Guerra, el tabaco de Virginia ocupó el primer puesto del total de las exportaciones a Europa. Sólo en 1784 llegaron a los puertos ingleses y holandeses más de ocho millones de libras de tabaco de Virginia. Pero a pesar de estos infortunios, la Compañía Guipuzcoana siguió interesándose por ese ramo del comercio ultramarino y cuando los avatares de la política económica española la llevaron a la extinción, su sucesora, la Compañía de Filipinas, erigida por Real Cédula el 10 de marzo de 1785 para fomentar el comercio con Asia y América, incluyó al tabaco entre los principales ramos de su tráfico.
Ambrosio Larrañaga industrializa la elaboración de puros en Cuba montando una fábrica en 1834.
Ambrosio Larrañaga industrializa la elaboración de puros en Cuba montando una fábrica en 1834.
