Juego "Ollar joko". Aparte de las peleas de gallos existe un juego cruel importado en Euskalerria hacia el siglo XVIII. Sus variedades son muchas. Unas veces el juego consiste en hacer un hoyo en el suelo, metiendo en él un gallo al que sólo se deja la cabeza al descubierto. Un hombre con los ojos vendados recorría la plaza sable en mano, dirigiendo sus golpes a ras de tierra hasta cortar la cabeza del animal. Hay una fotografía de este juego en 1912 (Euskalerriaren Alde) muy expresiva. En la plaza de una pequeña aldea vasca nueve hombres y cinco niños contemplan la escena. Un hombre en cuclillas, maneja el sable sobre la cabeza del gallo, mientras un txistulari acompaña con la música de su instrumento y redobles de tamboril cada golpe de espada. En Euskalerria Norte se rodeaba el espectáculo de un mayor ceremonial, por influencia indudable del teatro clásico, primero, y, más tarde, de la Revolución y de las guerras napoleónicas, que tan profunda huella dejaron en todas las provincias vascas. Rodney Gallop, en su obra "Los Vascos", dice: "Los siguientes detalles se los debo a Philippe Veyrin, quien le vio resucitar (por primera vez en quince años) en Amotz, cerca de St. Pée. En el lugar señalado se levanta una tosca plataforma, sobre la que se improvisa un trono con un par de sillas cubiertas de terciopelo rojo. Junto, se encuentra una gallina encarcelada en una caja de madera, con un estrecho agujero por el que se asoma el cuello del ave, como si estuviera en un cepo. Entonces se acercan en procesión los actores del juego. Primero llega el rey y la reina, precedidos por dos músicos (clarinete y corneta); el rey con boina colorada, pantalones y chaqueta escarlata con cintas verdes y botones de metal, armado de una gran espada y de un ramillete como cetro; la reina, con un traje blanco, con lazo flotante y una diadema de perlas artificiales. Sus servidores inmediatos van seguidos por una veintena de hombres y muchachas que caminan cogidos de las manos por parejas, vestidos de blanco con los atavíos rojos propios de los bailarines. Uno de los hombres no tiene pareja. Cuando el rey y la reina se han sentado en el trono, este hombre se sitúa al lado de la gallina con una espada en la mano y una limpia servilleta doblada sobre su brazo izquierdo. Empieza a tocar la música, y las filas de parejas danzan hasta llegar donde está el rey. Entonces se paran. El que lleva la espada se la alarga a la primera de las doncellas, quien la coge, se arrodilla en un cojín y con el gesto de un sacerdote pagano ofreciendo el sacrificio, la abate sobre el cuello de la gallina. Si la espada estuviera afilada, no estaría mal. Pero no lo está, y toda la ceremonia ha de repetirse diez o veinte veces antes de que la cabeza sea separada finalmente del cuerpo. En los tiempos pasados, la gallina se enterraba hasta el cuello en la tierra, y las doncellas que la ejecutaban iban con los ojos vendados. No puede uno por menos de preguntarse de qué siniestro rito pagano puede haber derivado esta sanguinaria costumbre." En Guipúzcoa se ha practicado este juego en Aya, Usurbil, Sorabilla (Andoain) y otras localidades. Todavía en la actualidad, cada año en noviembre, por fiestas de San Martín, los jóvenes de Amasa (Villabona) ejecutan el ollasko-joko según establece la tradición del lugar.
