Los vascos y el mercado de esclavos. A pesar de esta doctrina restrictiva, adornada de proclamas de pureza y prohibiciones de presencias no deseadas, el sector vasco más representativo y dinámico de la época, el constituido por los mercaderes, admitía con naturalidad no sólo la posesión de esclavos que les servían de sirvientes, sino incluso el propio comercio de sujetos pertenecientes a este colectivo sometido y carente del menor amparo jurídico. Estos hombres de negocios se movían con naturalidad a lo ancho de Europa y América, y participaban de una sociedad, sobre todo la europea del Sur, que se mostraba proclive a la tenencia y el comercio de esclavos.
Marinos, mercaderes, capitanes y secretarios vascos ejercían una gran influencia en toda el área del emergente imperio castellano. Su presencia en Sevilla, Toledo, Lisboa o América era muy significativa, y en la atmósfera en la que se movían resultaba improbable poder sustraerse a la moda de la adquisición y utilización de esclavos. Tampoco cabe extrañarse, por idéntica razón, de toparse con comerciantes vascos que, entre otras mercaderías, incluyen esclavos, pues éstos forman parte del mercadeo humano habitual en el Mediterráneo y el Atlántico.
Pero este fenómeno no se redujo a los siglos XVI y XVII. Camuflados entre las mercaderías que predominaban en el movimiento de las grandes compañías guipuzcoanas del siglo XVIII, no faltó la presencia de esclavos, algunos de los cuales llegaban a formar parte de la servidumbre de los vascos establecidos en Venezuela. Pero incluso un siglo después de haberse iniciado el gran movimiento humanista promocionado por los enciclopedistas a favor de la abolición de la esclavitud, los vascos seguían en el comercio de esclavos. El Caribe de mediados del siglo XIX se convierte en escenario donde actúa el vitoriano Zulueta, quien hizo fortuna introduciendo cargamentos de esclavos negros en Cuba, después que el gran concurso de naciones diese por asumida la abolición de la esclavitud. Pío Baroja se hace eco, sobre todo en su novelística sobre el mar, de las narraciones recogidas de viejos marinos vascos que habían participado en aquel tardío episodio de esclavismo.
Marinos, mercaderes, capitanes y secretarios vascos ejercían una gran influencia en toda el área del emergente imperio castellano. Su presencia en Sevilla, Toledo, Lisboa o América era muy significativa, y en la atmósfera en la que se movían resultaba improbable poder sustraerse a la moda de la adquisición y utilización de esclavos. Tampoco cabe extrañarse, por idéntica razón, de toparse con comerciantes vascos que, entre otras mercaderías, incluyen esclavos, pues éstos forman parte del mercadeo humano habitual en el Mediterráneo y el Atlántico.
Pero este fenómeno no se redujo a los siglos XVI y XVII. Camuflados entre las mercaderías que predominaban en el movimiento de las grandes compañías guipuzcoanas del siglo XVIII, no faltó la presencia de esclavos, algunos de los cuales llegaban a formar parte de la servidumbre de los vascos establecidos en Venezuela. Pero incluso un siglo después de haberse iniciado el gran movimiento humanista promocionado por los enciclopedistas a favor de la abolición de la esclavitud, los vascos seguían en el comercio de esclavos. El Caribe de mediados del siglo XIX se convierte en escenario donde actúa el vitoriano Zulueta, quien hizo fortuna introduciendo cargamentos de esclavos negros en Cuba, después que el gran concurso de naciones diese por asumida la abolición de la esclavitud. Pío Baroja se hace eco, sobre todo en su novelística sobre el mar, de las narraciones recogidas de viejos marinos vascos que habían participado en aquel tardío episodio de esclavismo.
