Sociedad occidental, superioridad natural y esclavitud. La sociedad occidental, en particular Europa, ha sentido, ante el resto de la humanidad, una superioridad natural. Esta mentalidad, unida a la legitimación, por parte de juristas y teólogos, de la guerra justa y la conquista, justificaba la sumisión de los paganos al estado de esclavitud.
La eventualidad de que fueran los cristianos los sometidos a esclavitud provocaba, al contrario, una fuerte repugnancia. Naturalmente, la sociedad vasca participaba de ese sentimiento y le resultaba insoportable la situación de muchos hijos de la tierra que, víctimas de la confrontación con los musulmanes, vivían presos en ciudades del Norte de Africa, capturados en sus incursiones guerreras o mercantiles, o simplemente víctimas de los ataques del turco a ciudades cristianas. La respuesta a esta penosa situación, dolor del que se hacía partícipe al conjunto de la sociedad vasca, se materializaba en movimientos de mediación, casi siempre asignados a órdenes religiosas, al objeto de canjear los presos cristianos a cambio de dinero.
Una curiosa reacción del mundo cristiano, propia de la superioridad natural mencionada, fue la distinta denominación que se adjudicaba a los presos, dependiendo de a qué comunidad pertenecían. Los presos paganos eran esclavos, mientras que los cristianos recibían la denominación eufemística de cautivos, esto es, hermanos caídos en desgracia a la espera de que las comunidades a que pertenecían pagaran su rescate y los devolvieran a su dignidad natural.
Esta situación, que se volvió endémica, convirtió a los presos en motivo de inspiración literaria y motivo de los desvelos de la familias y poblaciones de origen de los desdichados. Estos sufrían incluso acosos para que renegaran de sus creencias y se convirtieran al islamismo, paso que muchos dieron sin mayores presiones, convirtiéndose a su religión y llegando a obtener puestos relevantes en aquellos reinos. Las comunidades norteafricanas convirtieron el sentimiento de solidaridad cristiana en una poderosa razón para obtener pingües beneficios, lo que constituyó una auténtica sangría para la economía de la comunidad marinera vasca. El efecto de la conmiseración que el cautiverio producía en los reinos cristianos se refleja en las importantes fundaciones a favor de los presos y en las mandas que se generalizan en los testamentos al efecto de contribuir a la liberación de los mismos.
La eventualidad de que fueran los cristianos los sometidos a esclavitud provocaba, al contrario, una fuerte repugnancia. Naturalmente, la sociedad vasca participaba de ese sentimiento y le resultaba insoportable la situación de muchos hijos de la tierra que, víctimas de la confrontación con los musulmanes, vivían presos en ciudades del Norte de Africa, capturados en sus incursiones guerreras o mercantiles, o simplemente víctimas de los ataques del turco a ciudades cristianas. La respuesta a esta penosa situación, dolor del que se hacía partícipe al conjunto de la sociedad vasca, se materializaba en movimientos de mediación, casi siempre asignados a órdenes religiosas, al objeto de canjear los presos cristianos a cambio de dinero.
Una curiosa reacción del mundo cristiano, propia de la superioridad natural mencionada, fue la distinta denominación que se adjudicaba a los presos, dependiendo de a qué comunidad pertenecían. Los presos paganos eran esclavos, mientras que los cristianos recibían la denominación eufemística de cautivos, esto es, hermanos caídos en desgracia a la espera de que las comunidades a que pertenecían pagaran su rescate y los devolvieran a su dignidad natural.
Esta situación, que se volvió endémica, convirtió a los presos en motivo de inspiración literaria y motivo de los desvelos de la familias y poblaciones de origen de los desdichados. Estos sufrían incluso acosos para que renegaran de sus creencias y se convirtieran al islamismo, paso que muchos dieron sin mayores presiones, convirtiéndose a su religión y llegando a obtener puestos relevantes en aquellos reinos. Las comunidades norteafricanas convirtieron el sentimiento de solidaridad cristiana en una poderosa razón para obtener pingües beneficios, lo que constituyó una auténtica sangría para la economía de la comunidad marinera vasca. El efecto de la conmiseración que el cautiverio producía en los reinos cristianos se refleja en las importantes fundaciones a favor de los presos y en las mandas que se generalizan en los testamentos al efecto de contribuir a la liberación de los mismos.
