Kontzeptua

Ikastola (1985ko bertsioa)

Nombre euskérico de la escuela cuya enseñanza se imparte en lengua vasca.
HISTORIA.
Los inicios de la ikastola. Los anhelos de incorporación del vascuence como lengua instrumental a la enseñanza primaria del país fueron frecuentes en el siglo XVIII, pero apenas cristalizaron en realidades concretas hasta finales del XIX. En la primera mitad de este siglo destaca la figura de Agustín de Iturriaga que, además de ejercer la docencia, escribió libros de texto en vascuence para niños y ofreció interesantísimas reflexiones sobre los problemas de la enseñanza vasca a las autoridades del país. En 1897 Sabino Arana Goiri publicó Umiaren lenengo aizkidia, librito destinado a los niños, cuyo valor es más simbólico, por lo que entraña de proyecto, que propiamente pedagógico. Hacia 1896-1897 Resurrección M.ª de Azkue fundó en Bilbao el Colegio Ikastechea, de enseñanza primaria y exclusivamente masculino, para el aprendizaje y el desarrollo del vascuence entre los niños. Sin embargo parece que no se impartía la enseñanza en vascuence sino la enseñanza del vascuence, tanto con los alumnos vascófonos como castellanófonos. El Colegio Ikastechea duró sólo hasta 1899 y no tuvo continuidad hasta 1903. Azkue, sin embargo, estaba firmemente convencido de la necesidad de vasquizar la enseñanza. En 1905 y 1914, siguiendo el camino emprendido por Azkue, dos escuelas vascas más fueron inauguradas en Bilbao, pero como la mayoría de los alumnos sólo hablaban castellano se decidió que la enseñanza se realizara en esa lengua y que el vascuence recibiese tratamiento de asignatura. El año 1914 representa una fecha clave en la historia de la ikastola. Ese año Miguel de Muñoa fundó en San Sebastián la escuela denominada Koru'ko Andre Maria'ren Ikastetxea en la cual toda la enseñanza, tanto en parvulario como en primaria, se impartía en vascuence. El éxito acompañó a Muñoa en la realización de su proyecto, y fue tal la aceptación obtenida por su escuela que en 1916 decidió comprar un edificio para poder ampliarla. En 1918, en el Primer Congreso de Estudios Vascos celebrado en Oñate, la labor de Muñoa mereció el elogio de los asistentes. En el mismo Congreso Luis de Elizalde, Eduardo de Landeta, Leoncio Urabayen y Adelina Méndez de Torre fueron los ponentes encargados de la Sección de Enseñanza. Todos ellos pusieron el acento sobre los problemas que afectaban a la enseñanza vasca, subrayando especialmente los derivados de la situación lingüística. Eleizalde, en la conferencia titulada El problema de la enseñanza en el País Vasco, lanzó la idea de que fueran las propias gentes del país quienes crearan escuelas euskéricas (sic) al estilo de las Matitse Skolska de los checos, ideadas para preservar la lengua propia del alemán oficial. Una de las conclusiones de este Congreso se refiere justamente a la necesidad de crear parvularios para la enseñanza en vascuence en las zonas vascófonas. En 1920 la Excma. Diputación de Vizcaya puso en marcha las Escuelas de Barriada, entre cuyos inspiradores destacan Eleizalde y Landeta. Con la creación de estos centros se quería servir a la educación e instrucción de los pueblos y barrios peor comunicados, con una atención especialísima a las características lingüísticas de la provincia. Sin embargo los objetivos iniciales se frustraron al cabo de algunos años y en 1931 la Sociedad de Estudios Vascos denunciaba que las Escuelas de Barriada se habían convertido en el medio más eficaz de la destrucción definitiva del vascuence.
La ikastola de preguerra. Entre 1918 y 1936 se realizó bajo el liderazgo de la SEV una labor importantísima para dotar al país de una infraestructura mínima que permitiese la utilización del vascuence como lengua instrumental en la instrucción infantil. Se impulsó la creación de textos escolares, se organizaron cursos para la preparación del profesorado, y se trató de lograr por todos los medios la ordenación legal que posibilitase la implantación del bilingüismo escolar, y que nunca fue concedida. Siguiendo el modelo de la ikastola de Muñoa fueron abriéndose otras en todo el País Vasco. La relación de ikastolas inauguradas en esta época es la siguiente: Tolosa (1921), Rentería (1928), Placencia (1932), Bergara (1932), Pamplona (1932), Estella (1932), Gasteiz (1933) y Elizondo (1935). En la misma década de los treinta se inauguraron además las de Oñate, Segura, Irura y Andoain, todas ellas en Guipúzcoa. En 1932 se fundó en Bilbao la Federación de Escuelas Vascas, denominada en vascuence Eusko-Ikastola-Batza, auspiciada por la rama femenina del PNV y Eusko Gaztedi, "para la realización de la gran obra de la Escuela Vasca". Esta Federación realizó su labor en Vizcaya y sus actividades se desarrollaron hasta 1936. Las características fundamentales del modelo de ikastola que propugnaba eran las siguientes: popular, abierta a todas las clases sociales, íntegramente vasca, íntegramente cristiana y abierta a las nuevas corrientes pedagógicas. En este punto hay que resaltar el hecho de que las personalidades más significativas de todo este movimiento estaban bien informadas sobre las corrientes pedagógicas propugnadas por Decroly y Montessori, por ejemplo. En 1936 la ikastola era una institución que se expandía ya por todo el país, tras haber sorteado toda clase de dificultades. Desgraciadamente la guerra civil y el régimen dictatorial que le siguió significaron un arrasamiento cuyas consecuencias han sido funestas para el desarrollo de la enseñanza vasca. Las personalidades más inquietas y mejor informadas en los campos de la enseñanza vasca y de la pedagogía -Villalonga, Landeta, M. de Alzo, el mismo Miguel de Muñoa- y gran parte del profesorado se vieron en la necesidad de marchar al exilio para no regresar jamás, con lo cual se produjo una pérdida inmensa.
La ikastola clandestina: Elvira Zipitria. Finalizada la guerra civil, sin embargo, regresó a San Sebastián desde su exilio de Sara (Laburdi) Elvira Zipitria, antigua andereño de la ikastola de Muñoa. Elvira Zipitria era una mujer de enérgica personalidad, muy identificada con la institución ikastola y con su profesión de andereño. En 1943 ella y un grupo de padres decidieron recomenzar con la enseñanza en vascuence, organizando a tal fin una pequeñísima ikastola en el domicilio de una de las familias comprometidas. Habida cuenta de que se trataba de los primeros años de la postguerra no es necesario insistir sobre el carácter clandestino de esta actividad. Bajo la aparente sencillez del proyecto gestado por Elvira y el grupo de padres se descubren dos cuestiones importantes: en primer lugar, Elvira Zipitria, personalidad significativa del movimiento de ikastolas anterior a 1936, será quien mantenga viva a través de los avatares de la guerra la llama de la ikastola y la hará conocer a la generación de la postguerra. En segundo lugar, en el hecho de recomenzar la labor, aunque la situación era infinitamente precaria en todos los aspectos, se encuentra la semilla de todo el movimiento actual. Elvira Zipitria acabó instalando la ikastola en su propio domicilio de la Parte Vieja de San Sebastián. Una habitación fue acondicionada como aula, pero ésta era tan austera y discreta que nada hacía sospechar que era la sede de una escuela. La labor de andereño de Elvira se desarrollaba bajo la más absoluta discreción. Los grupos de alumnos nunca excedían de diez y la clase se impartía durante dos horas diarias. El resto de la jornada la completaban con las clases de lengua francesa, cuya profesora era Felitxu Eraso, y otras actividades libres. En la década de los cincuenta varias andereños más abrieron sus ikastolas en San Sebastián. En Bilbao la nueva andadura se inició en 1957, en Pamplona en 1963, en Vitoria en 1966 y en Laburdi en 1969. Desde el punto de vista pedagógico las directrices marcadas por Elvira Zipitria se siguieron fielmente hasta casi el final de los sesenta, en que la expansión de la ikastola adquirió gran envergadura, y por lo tanto se produjeron cambios importantes a nivel organizativo, ideológico y pedagógico. Elvira Zipitria nada dejó escrito sobre la metodología que ella utilizaba, ni sobre los autores ni materiales en que se inspiraba. Tras su muerte ha sido necesario recoger y ordenar todo aquello que permitiera reconstruir esa metodología. Para ello ha habido que recurrir a los recuerdos, vivencias, apuntes, cartas, cuadernos de trabajo, etc., de aquellas primeras andereños que se formaron a su lado, de los alumnos, de los padres de éstos e incluso de personalidades de la cultura vasca con quienes ella mantuvo estrecha relación. El examen de su biblioteca personal ha permitido conocer las fuentes en que se inspiró tanto para el sistema de aprendizaje de lecto-escritura, realizado por medio de "txotxas", como para el sistema que seguía en la enseñanza de las matemáticas y que eran, ambos, totalmente originales y eficaces aquí. Los contenidos escolares se agrupaban en cuatro grandes áreas: euskara, matemática, religión y experiencias: La lengua se cultivaba por medio de canciones, poesías, cuentos, fábulas.... provenientes del folklore del país o seleccionados de la obra de escritores como "Orixe" o "Lizardi". La matemática se trabajaba según la metodología arriba mencionada, y el área de experiencia partiendo de la vida y del entorno natural del niño. La formación religiosa de los alumnos era un capitulo que merecía una especial atención. En el ideario de Elvira Zipitria era inconcebible una ikastola que no la contemplara. No hay duda de que Elvira Zipitria llevaba en su mente y en su corazón la concepción de lo que debería ser la ikastola como escuela del pueblo vasco. Otra cosa es que esa concepción evolucionase al compás de los tiempos. En todo caso su personalidad y su obra marcan un hito en la Historia de la Pedagogía de este pueblo.
Renacer y expansión del fenómeno ikastola.
Características socio-políticas. Entre 1960 y 1976 tuvo lugar la expansión de la ikastola en todo el País Vasco. Este fenómeno es inseparable de la evolución socio-política que tiene lugar en la sociedad vasca en ese período, sometida a procesos de industrialización y urbanización muy importantes, y muy concienciada políticamente. La ikastola se va a desarrollar sobre dos pilares básicos: los padres, lanzados a la aventura de obtener una escuela vasca para sus hijos, y el profesorado comprometido en la enseñanza en vascuence, en condiciones de trabajo muy precarias. Hasta época muy reciente la ikastola jamás contó con la ayuda de instituciones, salvo la de la iglesia local en momentos críticos. Guipúzcoa y Vizcaya han sido, por este orden, las dos provincias en las que el movimiento de ikastolas se ha desarrollado con más fuerza y más rápidamente que en el resto de las provincias. Ello se debe a que la población ha vivido, hasta la llegada de la crisis, en una situación económica que le ha permitido afrontar los gastos generados por la financiación de los centros. Estas dos provincias, además, son las que cuentan con núcleos vascófonos muy importantes y es asimismo en ellas donde el nacionalismo está más arraigado. La coincidencia de estos tres elementos, lengua, conciencia nacionalista y medios económicos, ha sido fundamental para que este proceso de expansión haya tenido lugar. Aquí cabria preguntarse si las ikastolas creadas en los pueblos son la prolongación de las existentes en la ciudad. Habría que responder afirmativamente en cuanto que el concepto de ikastola es el mismo. Habría que responder negativamente en cuanto que las ikastolas de los pueblos surgieron sin ningún acuerdo ni planificación que las ligara a las de la ciudad, se asientan sobre una amplia base social que comprende todos los estamentos del pueblo y con una intensa participación de todos ellos, y se organizan, desafiando la clandestinidad, con todas las características de una escuela legal en cuanto a número de alumnos y horario, pero no en otros aspectos tales como ubicación de los centros, titulación del profesorado, programaciones escolares y financiación.

Evolución del alumnado por años escolares

  Número de alumnos
Año escolar Alava Gipuzkoa Navarra Bizkaia Euskadi Norte Total
1964-65
1969-70
1970-71
1971-72
1972-73
1973-74
1974-75
1975-76
1976-77
1977-78
1978-79
1979-80
1980-81
1981-82
22
171
334
376
486
677
1.026
1.429
1.812
2.654
3.293
4.277
5.086
5.509
520
5.770
8.181
10.673
13.245
15.272
17.971
21.325
25.314
29.652
31.423
34.733
37.145
39.128
---
348
765
950
1.377
1.631
1.892
2.158
2.621
3.094
3.744
4.909
5.369
5.727
54
1.958
2.591
3.157
3.755
4.938
5.822
8.634
10.977
13.422
14.875
16.136
17.157
19.107
---
8
14
47
101
175
225
305
341
382
390
474
516
564
596
8.255
11.885
15.203
18.964
22.693
26.936
33.851
41.065
49.204
53.809
60.529
65.273
69.935

Fuente: Siadeco: 1964?65 a 1974?75. Federaciones de Ikastolas: 1975?76 a 1981-82.

En las cuatro provincias de Euskadi Sur el crecimiento del número de alumnos en cantidades absolutas fue entre 1969 y 1973 superior a 3.000; en el curso escolar 1974-1975 fue de 4.000 y llegó a ser de 7.000 en 1975-1976. En cuanto a la distribución por sexos del alumnado se ha comprobado que no existen tendencias que lleven a pensar que los padres introduzcan un factor discriminatorio a la hora de enviar a sus hijos a la ikastola, considerándolo como centro adecuado para los varones pero no para las hijas o viceversa. No hay que olvidar que las ikastolas rompieron una lanza importante en favor de la educación mixta. En este período de expansión de las ikastolas, pero especialmente al final de la década de los sesenta, hubo algún sector político que, enmascarado bajo la etiqueta de progresismo, tuvo especial interés en calificarlas de burguesas. Los datos relativos a las categorías socio-profesionales de los padres de los alumnos en 1977 daban la siguiente distribución para el conjunto de ikastolas del País Vasco, de mayor a menor: obreros cualificados, empleados, cuadros, medios y pequeños comerciantes, obreros no cualificados y, finalmente, agricultores y pescadores. Las clases populares son, pues, las mejor representadas, sin embargo es preciso señalar que el orden de esta distribución puede sufrir alguna variación de una comarca a otra. La mayoría de los padres es originaria del propio país, siendo los porcentajes correspondientes a los padres nacidos fuera los que se muestran a continuación:

Provincias Alava Gipuzkoa Navarra Bizkaia Media del
País Vasco
Padres
Madres
16,5 %
17,8 %
7,6 %
7,2 %
8,1 %
8,4 %
10,2 %
10,7 %
10,6 %
11,2 %

Fuente: SIADECO.
La lengua de los padres. El hecho de que la mayoría de los padres sean vascos de nacimiento no significa que todos ellos sean vascófonos, lo cual tiene una incidencia directa sobre los conocimientos lingüísticos de los hijos. Los niveles de conocimientos de euskara por parte de los padres son los siguientes:

Conocimiento
de euskera
DESCONOCEN SIN ESPECIFICAR
  A B G N A B G N
Padres
Madres
61,4
64,7
30,9
32,9
15,3
14,0
64,6
64,0
14,8
13,5
3
4
---
---
2,3
2,3

Fuente: SIADECO. A = Alava / B = Bizkaia / G = Gipuzkoa / N = Navarra.

La familia vascófona se encuentra fundamentalmente en Guipúzcoa. En el extremo opuesto se sitúa Alava con un porcentaje de padres vascófonos que apenas roza el 20 %. En Guipúzcoa la ikastola es un factor fundamental de mantenimiento de la lengua, a diferencia de Alava en que lo es la recuperación. En Navarra los porcentajes de padres vascófonos son algo más elevados que en Alava, pero parece que en esta provincia es mayor la conciencia lingüística de ciertos sectores castellanizados, que muestran deseos de recuperación lingüística, que la de algunas zonas rurales vascófonas que no están interesadas en mantenerla. Vizcaya presenta características que la sitúan entre Guipúzcoa por un lado y Alava y Navarra por otro. En dichas provincias las dos tendencias de mantenimiento y recuperación son claras. El análisis de los porcentajes presentados muestra que el 51,9 % de los padres y el 51 % de las madres de los alumnos desconocen el vascuence. Los dominios lingüísticos de la familia tienen, sin embargo, una importancia vital a la hora de establecer las directrices de la política lingüística escolar, aunque en el caso de las ikastolas este aspecto ha estado relegado durante largo tiempo.
La formación del profesorado. En el capitulo referente al profesorado la situación fue muy difícil en los años de mayor expansión de los centros, pues se carecía del número suficiente de maestros, incluso para cubrir las necesidades más perentorias. Esto obligó a crear la figura de la "andereño laguntzaile", mujer joven, con cualidades para trabajar con niños de parvulario, vascófona, sin titulación de magisterio, normalmente originaria del mismo pueblo donde iba a abrirse la ikastola que tras un período de prácticas realizadas bajo la dirección de una andereño titulada, se responsabilizaba de los alumnos de edad preescolar. Naturalmente con esta solución no se facilitaba el camino de la legalización de las ikastolas, pero está fuera de toda duda que, si en esa época no se hubiera tenido la audacia de optar por una decisión como la que se tomó, difícilmente hubiera podido desarrollarse el movimiento de ikastolas. A partir de 1975 se observa, sin embargo, una evolución muy positiva en la cualificación del profesorado. Un aspecto a señalar es la incorporación progresiva del personal masculino que en 1975 en Guipúzcoa representaba ya un tercio del total. El profesorado de las ikastolas trabajó durante varios años sin ninguna asociación ni sindicato que lo aglutinara. En 1966 se había creado el grupo "Gordailu" por un grupo de profesores, con objetivos pedagógicos y formativos. Es en 1968 cuando, tras la fundación de la Federación de Ikastolas, los profesores organizarán su propia asociación bajo el nombre de Ikastoletako Irakasleen Elkartea, realizando su labor tanto en el campo sindical, como en el de formación de profesorado y pedagógico. Desde 1982, sin embargo, su campo de acción se limita a la formación del profesorado y a impulsar iniciativas de carácter pedagógico, puesto que los aspectos sindicales se han canalizado a través de los distintos sindicatos.
El problema económico. La cuestión económica ha sido una pesada losa que ha acompañado siempre al movimiento de ikastolas. En aquellas primeras ikastolas regentadas por Elvira Zipitria y el grupo de andereños que se formó a su lado, los padres pagaban una mensualidad, ciertamente no muy cuantiosa, por niño y mes de clase. Ello significaba que durante los meses de vacaciones los padres no pagaban y que la andereño carecía de sueldo. No existía ninguna clase de subvención ni de ayuda, de manera que cuando la habitación donde se había instalado la ikastola era alquilada, la propia andereño debía pagarla de su bolsillo. A todo esto había que añadir la falta de seguridad social que, ciertamente, hacía que la situación de estas andereños fuese verdaderamente precaria. El problema de la Seguridad Social no se solventó debidamente hasta mediados de la década de los setenta en casi ninguna ikastola. Paralelamente a la expansión de los centros aumentaban los problemas financieros. Los recursos procedentes de las mensualidades pagadas por los padres resultaban insuficientes y hubo que buscar ayudas económicas de todo tipo: aportaciones populares, créditos y subvenciones. Las aportaciones populares, todavía en vigor aunque actualmente la situación no es tan dramática como podía serlo hace algunos años, se realizan bajo diversas formas. Son innumerables las personas que han ofrecido desinteresadamente sus conocimientos profesionales en el momento en que su preparación o su experiencia han sido necesarios. Carpinteros, albañiles, abogados, contables, aparejadores, pintores..., todos han contribuido desde su parcela a la creación de una infraestructura de la que se carecía. Los socios con que cuenta cada centro contribuyen con sus cuotas al sostenimiento, sabiendo que el dinero que aportan, cualesquiera sea la fórmula o la cantidad, nunca les reportará beneficios económicos. Además, durante años ha habido que recurrir al capítulo de festivales, rifas, bares, pequeños mercados, exposiciones artísticas, etc., con el fin de obtener recursos suplementarios que sirviesen para equilibrar los presupuestos económicos. Si bien este tipo de actos no es ya tan habitual, el desfile continuo de miles y miles de personas de todas las edades por un circuito de varios kilómetros, a lo largo de todo un día, pagando además por ello, resulta seguramente un espectáculo insólito a los ojos de un extraño. En Euskadi este acontecimiento se repite cinco veces al año, con éxito creciente. La clave puede residir en la razón de la convocatoria: recaudar fondos para las ikastolas y, sobre todo, reivindicar el euskara de una manera festiva. Los primeros organizadores que, por cierto, no carecieron de imaginación al inventar este tipo de acto aunque reconocían haberse inspirado en una marcha realizada en California, no podían llegar a pensar que su idea tuviera tal acogida. Esta primera marcha, bajo el nombre de Kilometroak, se celebró el 16 de octubre de 1977 en Beasain, localidad industrial guipuzcoana de unos 10.000 habitantes, que acogió a cerca de 15.000 andarines. Fue José Miguel Barandiarán, etnógrafo de prestigio internacional, quien abrió la marcha, recorriendo los seis kilómetros que constituían el circuito, a pesar de su avanzada edad. El circuito contaba a lo largo de su recorrido con bares bien guarnecidos de comida y bebida y con espectáculos deportivos, musicales, etc., que convirtieron el día en una fiesta completa. El dinero recaudado -cada participante en la marcha pagaba un tanto por kilómetro, siendo habitual el patrocinio de figuras del mundo del deporte y la cultura por parte de entidades financieras e industriales- ayudó a mitigar el déficit de las ikastolas de la zona. Desde 1977, diferentes comarcas de Guipúzcoa se han sucedido en la organización de Kilometroak, de manera que cada edición supera la anterior. Por ello, no es extraño que la idea se haya extendido a las restantes regiones de Euskal Herria y así se celebra en Vizcaya Ibilaldia, en Navarra Nafarroa Oinez, en Alava Araba Euskaraz y en el País Vasco Norte, por primera vez en mayo de 1984, Herri urrats. En cada caso es la Federación de Ikastolas de cada región quien se hace cargo de la convocatoria. Todas estas marchas, junto a su carácter reivindicativo y festivo, tienen en común el hecho de que han sabido cuajar en todos los sectores de la población mínimamente receptivos a la problemática del euskara y su enseñanza, siendo muestra de ello el que políticos, intelectuales, artistas, deportistas, etc., de todos los signos participen año tras año en las diferentes ediciones. Como decía una vez uno de los organizadores guipuzcoanos, aunque el problema económico de las ikastolas se solventara, habría que seguir celebrando este acontecimiento como gran fiesta del euskara. Dentro del capítulo de créditos y subvenciones los primeros han sido indispensables para la financiación de los proyectos previstos. Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y Navarra, por este orden, han utilizado los créditos concedidos por las Cajas de Ahorro y Caja Laboral Popular. Entre las subvenciones hay que distinguir las estatales y las no estatales. Las primeras responden a la construcción de nuevos centros y a la gratuidad de la enseñanza, pero nunca han sido suficientes. En 1975, año en que el crecimiento de las ikastolas llegó a sus cotas más elevadas, éste fue el resultado de múltiples gestiones llevadas a cabo en Madrid en orden a conseguir subvenciones: de 27 solicitadas para la construcción de centros escolares fueron concedidas 4; de 52 solicitadas para contribuir a la gratuidad de la enseñanza fueron concedidas 26. Las subvenciones no estatales han provenido en su mayor parte de particulares. En Guipúzcoa hay que subrayar las ayudas concedidas por las empresas, cosa que no ha ocurrido en Vizcaya a pesar de su gran importancia industrial. En Alava y Navarra han sido las respectivas Diputaciones quienes las han ofrecido. Sin embargo para tener una idea de los problemas económicos de las ikastolas es interesante reproducir los datos referentes a Guipúzcoa en el curso 1974-1975: el total de gastos eta de 180.100.000 pesetas y la ayuda estatal de 49.745.000 pesetas. El saldo resultante tuvo que ser cubierto por los métodos descritos más arriba. Los propios trabajadores de las ikastolas han contribuido a enjugar los déficits cobrando durante largos años sueldos menores que los mínimos establecidos por la Ley y renunciando a la Seguridad Social. En la actualidad esta situación está superada.

Subvenciones oficiales a las Ikastolas (EGB) antes de la creación de los gobiernos autónomos de Pamplona y Vitoria, según datos de la Federación de Ikastolas de Vizcaya.

  1977 1978
Provincias N.º de
unidades
Tipo de
subvención
Ptas. (1) N.º de
unidades
Tipo de
subvención
Ptas. (2)
GIPUZKOA



NAVARRA


BIZKAIA


ALAVA

EUSKAL-
HERRIA
289
67
23

22
39

52
58

15

565
100 %
68 %
36,8 %

36,8 %
100%

68%
36,8%

36,8 %

---
193.000.000
30.450.000
5.511.000

5.271.000
25.000.000

23.000.000
13.900.000

3.594.000

300.844.600
356
23
---

22
91

58
---

15

565
100 %
50 %
---

50 %
100 %

50%
---

50%

---
284.000.000
9.200.000
---

8.800.000
72.900.000

23.200.000
---

6.000.000

404.800.000

(1) Cifras aproximadas. El total es correcto.
(2) Subvenciones previstas año 1978. Datos facilitados por Bizkaiako Ikastolen Elkartea.
La legalización de las ikastolas. El proceso de legalización de las ikastolas es una clara muestra de la actitud que históricamente han mostrado los Gobiernos centrales de Madrid en materia de enseñanza en vascuence. Las ikastolas se desarrollaron en plena época franquista, en un clima de represión por una parte y de una cierta tolerancia por otra. En 1965, tras larga espera y mucha insistencia, fue legalizada la ikastola "Resurrección M.ª de Azkue", ubicada en Bilbao. La documentación que se había presentado estaba avalada por Euskaltzaindia, pero su legalización era una excepción que sólo se entendía conociendo los modos de funcionamiento de la burocracia franquista. En 1966 y 1967 Euskaltzaindia, sin duda animada por la legalización de la ikastola bilbaína, mostró ante el Ministro de Educación y Ciencia su preocupación por el porvenir de la lengua y le instó para que fuese introducida en las escuelas. A las buenas palabras del Ministro le siguió en 1968 una circular del Gobernador Civil de Guipúzcoa fechada el 19 de julio, en la que sin mencionar la palabra ikastola ni el vascuence, advierte sobre la existencia de "numerosos niños inscritos en centros no autorizados" y de "varios miles de niños que asisten a centros que escapan de todo control". Pero el Gobernador Civil va más lejos y para evitar que la situación se agrave toma una serie de disposiciones: 1. Prohibición de apertura de nuevos centros sin autorización y exigencia a los alcaldes del cumplimiento de esta disposición. 2. Los responsables de los centros no autorizados deberán presentar su petición de legalización en el plazo más breve. 3. A título de información el Gobernador Civil hace saber que la legalización de los centros está regulada por la O. M. de 15 de noviembre de 1945. Ante esta angustiosa situación las ikastolas tratan de buscar una salida. Permanecer en la ilegalidad, en el supuesto de que ello fuera posible, suponía para los alumnos carecer del Libro de Escolaridad, único documento válido para poder cursar los estudios medios y esto, naturalmente, inquietaba a los padres. Ante este estado de cosas la Asamblea de Padres se dirigió a la Iglesia Diocesana, puesto que ella poseía capacidad jurídica suficiente para legalizar sus propios centros de enseñanza. La iglesia local prestó entonces su apoyo y la mayoría de las ikastolas de Guipúzcoa fueron legalizadas bajo la responsabilidad de las parroquias y de algunas órdenes religiosas, como escuelas primarias diocesanas. Otras ikastolas fueron legalizadas como centros privados, siguiendo el articulo 27 de la Ley de Instrucción Primaria, y el resto a través de fórmulas tales como sociedad anónima y sociedad cooperativa. En 1969 otra circular del Gobierno Civil ordenaba la clausura de los preescolares. En esta ocasión la vía de legalización fue el reconocimiento de estos centros como Centros de Catequesis de la Iglesia. Este mismo año de 1969 la Asamblea de Padres y la Diócesis tomaron el acuerdo de fundar la Federación Diocesana de Ikastolas. Este acuerdo duró hasta el año 1978 en que, ante las nuevas perspectivas políticas, la Federación de Guipúzcoa decidió abandonar la tutela eclesiástica y transformarse en institución civil.
La crisis de madurez de la ikastola. Hay que subrayar el hecho de que 1968 fue un año que marcó el comienzo de un período importante en el movimiento de ikastolas. Significó el inicio de una crisis que llamaríamos de maduración porque empezó el debate duro, inflexible muchas veces, doloroso, con cotas de ingenuidad en algunas ocasiones, sobre el proyecto ikastola. Aunque en el fondo queda la duda de si lo que se debatía en verdad era el proyecto ikastola, o si la discusión del proyecto ikastola era una especie de catalizador ideológico. Hubo que discutir y tomar decisiones no sólo para asegurar la legalización sino sobre el euskera unificado, la educación religiosa de los alumnos, los principios pedagógicos de los centros, e incluso, sobre las opciones políticas del profesorado. Fue un período rico en inquietudes y nuevas experiencias. Entre éstas algunas fueron extremadamente interesantes, otras, todo hay que decirlo, carecían de seriedad o fueron un tanto anacrónicas. Está claro que las discusiones que hubo, algunas muy serias entre padres y profesores, reflejaban los problemas de orden ideológico de la propia sociedad vasca. Las ikastolas fueron a la vez, bajo el régimen franquista, lugar de encuentro y lugar de conflicto. Esto se explica porque superaron el concepto de organización escolar y se convirtieron en centros vitales de la vida sociocultural vasca.
La euskaldunización del niño castellanoparlante. El extraordinario crecimiento observado en la década de los setenta, tanto en el número de centros como en el de alumnos, produjo un fenómeno nuevo e importante: la incorporación masiva de niños monolingües, de lengua materna castellana y de bilingües con clara predominancia del castellano sobre el vascuence. Este hecho es positivo en cuanto que demuestra el interés de los ciudadanos por la recuperación lingüística y la consideración que les merece la ikastola como centro adecuado para la educación de sus hijos. Pero este cambio tan importante en los dominios lingüísticos del alumnado ha creado una nueva situación, tanto desde el punto de vista de la psicolingüística como de la psicopedagogía, a la que el profesorado trata de responder adecuadamente. Su análisis muestra que: 1) La ubicación de la ikastola no se limita exclusivamente al País Vasco vascófono, lo cual significa que no es una institución de mero mantenimiento lingüístico sino de recuperación; 2) Sólo la mitad de los niños que acceden a la ikastola tienen el vascuence como lengua materna; 3) El contexto sociolingüístico de una gran mayoría de los alumnos es castellano. Ello quiere decir en los casos extremos que el único contacto que tienen con el vascuence se realiza a través del profesor de clase; 4) Sin embargo, puede y debe hablarse de diversidad de contextos sociolingüísticos de las ikastolas del país. Ello ha hecho necesaria la descripción de las distintas tipologías lingüísticas de los centros y la fijación de unos criterios mínimos de actuación; 5) La ikastola no es un ghetto reservado a los autóctonos. La participación de los inmigrantes aumenta lenta pero progresivamente. Esta participación significa en la mayoría de los casos un profundo afán de integración en el país que los ha acogido.
La implantación de la ikastola en Iparralde. Coincidiendo con el auge de la ikastola en Euskadi peninsular se inició en Euskadi continental la labor de implantación. Un pequeño núcleo inicial de unos cuatro o cinco niños organizado en Bayona en 1969 fue el punto de partida. El 30 de abril de ese mismo año nacía la asociación Seaska, que aglutina a todas las ikastolas que se han creado en Euskadi continental. La enseñanza en vascuence es una realidad que, superando todas las trabas del centralismo francés, se asienta lenta pero inexorablemente en las provincias del Norte. En el curso 1983-1984 se contaba ya con 699 alumnos, desde los cursos de maternal hasta el final de los estudios primarios, y 73 asalariados. Seaska lucha en la actualidad por la consecución de la legalización de la educación en euskara en todos los niveles de la escolarización, como una red normal del Ministerio de Educación, en las provincias vascas de Francia. Las negociaciones con el Ministerio no han hecho más que comenzar. El 24 de enero de 1982 Seaska, reunida en asamblea extraordinaria, decidió iniciar una serie de acciones respaldadas por más de ocho mil firmas de partidos, sindicatos y alcaldes. En setiembre de 1983 se logró firmar un acuerdo entre el Ministerio de Educación nacional francés y Seaska que, según ésta, "representa un paso adelante en la elaboración de un sistema de enseñanza adecuado a la especificidad del País Vasco Norte". En las provincias del Sur la legalización fue ya conseguida hace algunos años, como se ha visto más arriba.
La ikastola ante la autonomía. En la actualidad se debate el proceso que se ha de seguir para la plena integración de las ikastolas dentro del marco que ofrece la Autonomía para la organización de la enseñanza vasca en las provincias de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya. En febrero de 1980 se firmó la Normativa de Titularidad Oficial de las Ikastolas con el fin de dotarlas de un estatuto jurídico público que pudiese garantizarles la seguridad económica y jurídica. Dicha firma significaba la cesión de la titularidad al Gobierno Autónomo. Este, a su vez, a través de la Consejería de Educación firmó con el M. E. C. del Gobierno Central el Convenio de Ikastolas en el mes de octubre de 1980. Ello supuso la consecución de logros importantes, tales como la regulación administrativa de 1.738 aulas, la regulación del profesorado carente de la titulación académica precisa, reconocimiento de la gestión democrática existente en las ikastolas con la participación de los padres, profesores y delegados de las instituciones públicas; fusión de las ikastolas con las escuelas públicas en los pueblos donde no es posible mantener dos escuelas. En el plano económico la situación ha mejorado de manera notable, pero las ayudas concedidas por la Administración no llegan a cubrir totalmente los costos. El 6 de diciembre de 1982 se publicó en el Boletín Oficial del Parlamento Vasco el Proyecto de Ley para la creación del EIKE (Euskal Ikastolen Erakundea) y la aprobación del Estatuto Jurídico de las Ikastolas. Dicho proyecto fue aprobado en el Parlamento Vasco con los únicos votos favorables del PNV. Inmediatamente después el PSOE presentó la impugnación de dicha Ley ante el Tribunal Constitucional y en la actualidad se está a la espera de la sentencia correspondiente. Sin embargo las discusiones sobre el futuro de las ikastolas como parte integrante de la enseñanza pública vasca continúan en el seno de la Comisión de Educación del Parlamento Vasco. Las ikastolas de Navarra se encuentran, por su parte, en situación de verdadero desamparo a pesar de las reiteradas reivindicaciones de la Federación de Ikastolas de Navarra. Las instituciones del Gobierno de Navarra nada han ofrecido (1984) en orden a institucionalizar las ikastolas, ni tan siquiera un Decreto dc Bilingüismo que regule la incorporación del euskara a los programas de enseñanza.

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María del Carmen GARMENDIA LASA