Concepto

Las Guerras de Bandos

Cuando afrontamos el estudio de la Guerra de Bandos nuestra primera operación ha de ser la de aclarar el concepto puesto que, tradicionalmente, bajo el mismo hemos encerrado diferentes conflictos acaecidos durante el período bajomedieval en el País Vasco.

Así, en un sentido estricto, aluden a conflictos internobiliarios entre los bandos oñacino y gamboíno, y por un leitmotiv fundamental: el "valer más". Siendo ésta la primera acepción que se desprende de la lectura de las Bienandanzas e Fortunas de Lope García de Salazar -la principal fuente que contamos para el estudio de las luchas- su interpretación ha evolucionado de manera significativa. De una consideración puramente anecdótica -una crónica de sucesos- se ha pasado a explicar la lógica que movía a un linaje y a un bando (Caro Baroja, 1974; Marín, 1998), es decir, la lógica con la que funcionaba una comunidad cuyo vínculo principal era el parentesco o el pseudoparentesco, y en la que la violencia resultaba endémica (Dacosta, 2003). En otra línea interpretativa, los conflictos internobiliarios se han enmarcado en la crisis de rentas bajomedieval, un fenómeno de alcance europeo. Se supera así una interpretación meramente localista de los conflictos y se contextualizan las motivaciones de los linajes para competir entre sí (Díaz de Durana, 2004).

Esta última interpretación nos abre, además, otra interesante perspectiva: las Guerras de Bandos no serían sólo luchas internobiliarias sino que nos mostrarían también el fruto de la presión señorial sobre el "común" -en el mundo rural o en las villas- y los movimientos antiseñoriales que derivarían de esa presión. En suma, de la lucha internobiliaria pasamos al conflicto social.

En la misma línea de considerar la Guerra de Bandos algo más que un conflicto internobiliario, también se ha escrito mucho en los últimos años sobre la relación entre linajes-bandos y villas-hermandades, reflexionando no sólo sobre la incidencia de aquélla en el seno de los núcleos urbanos, sino considerando que la dirección del conflicto apunta progresivamente a un enfrentamiento entre dos fórmulas para organizar social y políticamente el territorio, la que promocionan los linajes rurales frente a la defendida por el patriciado urbano. Ello explicaría que, hacia el final de los conflictos, el leitmotiv principal fuera el del enfrentamiento entre Hermandades y Parientes Mayores, incluso superando éstos sus propias divisiones banderizas internas (Achón, 2006). Sería ésta una interpretación que hace hincapié en las consecuencias finales del conflicto, esto es, en la manera en que se articulan social y políticamente los Territorios Históricos y se propicia el nacimiento de una cultura foral, precisamente como consecuencia de las particulares formas de resolverse el conflicto entre Parientes Mayores y Hermandades en los diferentes territorios vascos.

Teniendo, pues, en cuenta que bajo el barniz del conflicto internobiliario el escenario en el que se desarrollan las Guerras de Bandos es mucho más complejo, tres son, a mi juicio, los ítems que debemos explicar para dar cuenta cabal de nuestros conocimientos actuales sobre las mismas:

  1. Que los Parientes Mayores, cabezas de linajes y bandos, fueron los portadores de un concepto de comunidad estructurado en torno al parentesco y ambicionaron el monopolio de la condición señorial en nuestros territorios.
  2. Que las Guerras de Bandos evolucionaron desde sus primeras fases en las que los episodios aislados (bandidaje, malhechores, enfrentamientos particulares...) fueron las principales manifestaciones del conflicto, hasta unos momentos postreros en los que la consolidación o no de un estamento señorial y la articulación social e institucional de los Territorios Históricos condujeron el conflicto hacia el enfrentamiento entre Bandos y Villas.
  3. Que el final de los conflictos, aun teniendo en cuenta las significativas variaciones territoriales, nos proporciona unas claves indispensables para la comprensión del nacimiento de nuestros Territorios Históricos y el desarrollo de éstos durante la edad moderna.

En efecto, lo primero que debemos entender es que los Parientes Mayores, e incluso otros cabezas de linajes de menor rango, representan el intento por alcanzar la condición señorial a partir de una situación de superioridad por razones de parentesco. Y ello en varias etapas que les llevaron desde la condición de Pariente Mayor, al intento de ser señores y, en última instancia, a componer un estamento nobilario.

Se comienza, por tanto, por ser el "mayor" de un grupo de parientes o que se consideran unidos por un vínculo de parentesco. Se ejerce entonces una superioridad que puede derivar de vínculos de sangre o de otros asimilados a éstos -los llamados de pseudoparentesco- y que componen un entramado de vinculaciones personales capaces de organizar una jerarquía social.

Pero para traducir esta superioridad a otra calificable ya como propiamente señorial la clave es la conversión de aquellos vínculos en derechos sobre las tierras y/o sus productos y en poder de dictar justicia -iuris dictio-, es decir, sobre los hombres que ocupaban aquéllas. Sin entrar en mayores detalles sobre el proceso (Achón, 2006, p. 229) el resultado nos ofrece un panorama con matices, pues, junto a la constatación de numerosos ejemplos de señores comportándose como tales, en Gipuzkoa y Bizkaia el grado de señorialización que alcanzaron los Mayores debe ser contemplado con alguna reserva. ¿Qué grado de poder lograron los Parientes Mayores? En resumen, es cierto que tejieron una estructurada red de dependencias personales articulando así bandos y parcialidades; es también cierto que en ese entramado funcionó un código moral propio, con una imagen muy particular de conceptos como "paz", "amistad" o "concordia", y en la que el ejercicio de la justicia privada, la venganza de sangre o el desafío jugaron un papel protagonista; es también comprobable, por último, que lograron acceder a cotas nada despreciables de la renta feudal (patronatos, rentas sobre montes, molinos o ferrerías, diezmos y otros ingresos). Pero, junto a todo ello, también es cierto que en Gipuzkoa y Bizkaia estamos ante unos auténticos "señores sin señorío" (Díaz de Durana, 2004, p. 131), con una notoria ausencia de grandes propiedades y de competencias jurisdiccionales, a las que, sin embargo, sí accedieron los beneficiarios de las llamadas "mercedes enriqueñas", mayoritariamente en territorio alavés.

Una de las características más relevantes del conflicto es su evolución, la transformación de su alcance y de las expectativas de sus protagonistas. Hasta bien entrado el siglo XV, el conflicto se caracteriza por el predominio de la rivalidad internobiliaria y por los movimientos que los aspirantes a ser señores realizaron a nivel local o comarcal, incluidos los intentos por enseñorearse de villas y valles o por fomentar bandos y parcialidades afines en el interior de estas comunidades. Un buen ejemplo es lo ocurrido en el Valle de Léniz, con las disputas entre el señor de Oñati y la villa de Mondragón en los decenios finales del XIV (Achón, 1994, pp. 75 ss.) Es también éste un ejemplo de cómo las aspiraciones de los Parientes Mayores chocaron con las de las villas y de cómo éstas también actuaron como señoríos colectivos en sus respectivos entornos.

Precisamente el caso guipuzcoano es asimismo un ejemplo paradigmático del sentido en que evolucionó el conflicto, con una tendencia clara al agrupamiento territorial de los protagonistas. En el caso de los linajes banderizos, la unión de sus fuerzas pone de manifiesto una autopercepción como colectivo, como estamento señorial. Igualmente, la organización de las villas en Hermandad demuestra que su patriciado comenzaba a superar una visión o comarcal de su realidad y a hacer visible su capacidad de autoprotegerse sin la tutela de los Mayores. Quizá todo ello venía a poner de manifiesto la radical incompatibilidad entre el código moral banderizo y el orden corporativo de las villas, fundado sobre la noción de vecindad y el mantenimiento de una paz social que permitiese el desarrollo de sus funciones económicas básicas, particularmente la comercial.

Así, el leitmotiv fundamental del conflicto fue derivando hacia la lucha entre dos concepciones diferentes para articular social e institucionalmente el territorio. Los Parientes Mayores construían esa articulación sobre su red de vinculaciones personales, que llevaban hasta el interior de las villas gracias a la formación de bandos y parcialidades urbanas, y a la superioridad ejercida sobre los hombres del territorio. Se vieron a sí mismos como el origen, como el tronco del que procedían el resto de los habitantes de la comunidad, y por ello reclamaban la condición de señores y la mediación ante el rey, negando en consecuencia cualquier reconocimiento de autoridad a villas o hermandades, y cualquier atisbo de equiparación social con los patricios urbanos (Achón 2006, p. 234).

Frente a dicho modelo, las villas imaginaron -y, de hecho, concretaron- otro esquema en el que los concejos se erigieron como auténticas cabezas en los espacios locales y comarcales. Como extensión de este esquema, la unión de las villas en hermandad se constituyó en cabeza del espacio provincial, institucionalizándose gracias principalmente a la consolidación de sus Juntas Generales, y materializando sus competencias en unos cada vez más extensos y precisos Cuadernos de Ordenanzas.

"El conflicto se salda con una manera de ver las cosas, no con la victoria de unos linajes sobre otros" (Aguinagalde, 1998, p. 159). Esta frase refleja perfectamente, en mi opinión, la dirección en la que debe interpretarse el final de la Guerra de Bandos. No se trata, en efecto, del triunfo o no de unos linajes concretos sobre otros. De hecho, no faltan ejemplos de cómo todos ellos -Parientes Mayores, menores, linajes rurales, hidalgos y patriciado urbano- se adaptaron al nuevo orden, ya fuese acudiendo directamente a la Corte o manteniéndose en territorio provincial. No fue ajeno a ello que el nuevo orden corporativo tuviese su pilar en la casa, en una cultura doméstica que hacía del engrandecimiento de ésta el nuevo norte hacia el que pudieron redirigirse las estrategias familiares, componiendo una nueva manera de "valer más".

Pero lo más significativo fue que, a nivel territorial, el orden corporativo propuesto desde las Hermandades e instituciones provinciales impuso su superioridad en el gobierno provincial, quedando reducida la influencia de los bandos, incluso en el interior de las villas, a un nivel simbólico (Achón 2006, pp. 234-235). En este nuevo orden corporativo, el elemento cultural más emblemático, el que más incompatible resultó con el modelo de los Mayores y el que más impacto de largo alcance produjo fue la negación del monopolio de la condición señorial a éstos. Al contrario, se afirmó una hidalguía colectiva, es decir, la extensión territorial del estatuto privilegiado, considerando a las provincias como solares nobles de los que emanaba esa condición libre y exenta de sus naturales y, en consecuencia, su derecho a gobernarse según sus usos y costumbres y sin ninguna mediación señorial en su vinculación a la corona.

Los siglos posteriores vieron el desarrollo del entramado institucional correspondiente a esta visión (corporaciones locales, Juntas Generales, Diputaciones) y la consolidación -con mayor o menor grado de formalización- de unos Fueros en los que se explicitaba el contenido, origen y alcance del autogobierno provincial, matizándose en qué manera éste se incorporaba en la monarquía católica. Se habían consolidado nuestros Territorios Históricos.

  • ACHÓN, José Ángel. A voz de concejo. Linaje y corporación urbana en la constitución de la Provincia de Gipuzkoa. Donostia: Diputación Foral de Gipuzkoa, 1995.
  • ACHÓN, José Ángel. "Los Parientes Mayores". Iura Vasconiae. Revista de Derecho Histórico y Autonómico de Vasconia, 3, 2006, pp. 221-247.
  • AGUINAGALDE, Francisco Borja De. "La genealogía de los Solares y Linajes guipuzcoanos bajomedievales. Reflexiones y ejemplos". DÍAZ DE DURANA, J.R. Las luchas de bandos, op. cit., 1998, pp. 149-206.
  • CARO BAROJA, Julio. "Linajes y bandos". Vasconiana. Donostia: Txertoa, 1974, pp. 13-61.
  • DACOSTA, Arsenio F. Los linajes de Bizkaia en la baja edad media: poder, parentesco y conflicto. BiIbao: UPV, 2003.
  • DÍAZ DE DURANA, José Ramón (ed.). Las luchas de bandos en el País Vasco: de los Parientes Mayores a la Hidalguía Universal. Guipúzcoa, de los bandos a la Provincia (siglos XIV a XVI). Bilbao: UPV, 1998.
  • DÍAZ DE DURANA, José Ramón. La otra nobleza. Escuderos e hidalgos sin nombre y sin historia. Hidalgos e hidalguía universal en el País Vasco al final de la Edad Media (1250-1525). Bilbao: UPV, 2004.
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  • LEMA, José Ángel; FERNÁNDEZ DE LARREA, Jon Andoni [et al.]. Los señores de la guerra y de la tierra: nuevos textos para el estudio de los Parientes Mayores guipuzcoanos (1265-1548). Donostia: Diputación Foral de Gipuzkoa, 2000.
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