Poetas

Figuera Aymerich, Ángela (versión de 1982)

Poetisa bilbaína nacida en 1902, residente en Madrid. Estudió Filosofía y Letras y ejerció la docencia. Inicia sus publicaciones en 1948 con el lírico y naturalista Mujer de barro (Madrid, 1948). A continuación da a luz Soria Pura (Madrid, 1948) en homenaje a Antonio Machado. Vencida por el ángel (Alicante, 1950) marca un importante giro en su producción que de gozosa pasa a ser rebelde e implacable pese a conservar intacta la generosidad elemental de los primeros versos. En la línea de su compatriota Blas de Otero pero con una sensibilidad más feminista, Figuera reivindica a los humildes y explotados sin olvidar nunca el lugar postrero que, entre todos éstos, ocupa la mujer del explotado (Mujeres de mercado, Rebelión, etcétera, Canto a la madre de familia). Tampoco admite el arte por el arte como puede leerse en el Belleza Cruel (México, 1958) prologado por León Felipe, poemas de arrebatadora fuerza, como El grito inútil (Alicante, 1952). Tras Víspera de la vida y Los días duros (Madrid, 1953) viene la primera recolección de Obras completas (Madrid, 1954), la Primera antología (Caracas, 1961), Toco la tierra (Madrid, 1962) y Antología total (1973). Se le ha solido llamar "la Gabriela Mistral de Bilbao" porque en sus poemas late la misma panteística maternidad que en los de la poetisa chilena. Esta percepción germinal le acompaña tanto en sus primeras elaboraciones como en las últimas, como puede comprobarse por estos exponentes. Tierra Tendida, vientre a vientre, con la tierra -humedecida y blanda; abierta a la semilla, a los viriles rayos del sol- pegué mi boca cálida a sus mullidas sienes: "Yo también, yo también paro, hermana" "Tú y yo, cauce profundo de la vida. Tierra las dos... "¡Hermana, hermana, hermana!... Madres Madres del hombre, úteros fecundos, Hornos de Dios donde se cristaliza el humus vivo en ordenados moldes (...) Madres del mundo, tristes paridoras, gemid, clamad, aullad por vuestros frutos. Antología de la poesía española contemporánea (Salvat, 1970). Fragmentos suyos podemos hallarlos en: Poesía Social de Leopoldo de Luis (Madrid-Barcelona, 1965) y en Creadores líricos vascos (Bilbao, 1977) del primero de los cuales reproducimos, por su interés, este trozo autobiográfico: "Todo lo que yo puedo decir de mi poética está en mi poesía. La escribí siempre, aunque no publiqué hasta 1948. Nunca me pregunté por qué ni para qué lo hacía. Obedecía a un impulso esencial de origen desconocido que me llevaba al intento de crear con la palabra aquella belleza que tanto me emocionaba cuando la leía en los poetas a mi alcance. Una primera poesía imitativa, vacilante, intimista y mala, sin duda alguna. La vida misma, más adelante, concretó y afinó mis temas: amor de mujer y de madre, misterios del pensamiento, de la vida y la muerte, paisaje interpretado. De pronto, los tremendos golpes de nuestra guerra y la guerra mundial, la intimidad feliz se desgarra, el suelo se hunde, los sueños se quiebran, las perspectivas se transmutan y confunden entre la negrura del humo y el rojo de la sangre. Entro en contacto con el odio, la codicia, la destrucción, la injusticia, la muerte innumerable, antinatural e ilícita. El hambre pisándonos los talones; el desprecio hacia el hombre y hacia la libertad humana. Hay que vivir contra todo y a pesar de todo en un mundo convulsionado y atroz. Vivir viéndolo todo y sufriéndolo todo con todos. Terminó la íntima soledad del poeta. Porque también hay que escribirlo todo. El impulso primario de expresarse y crear belleza con la palabra es el mismo. Las circunstancias, no. Lo que he visto padecer, padeciéndolo, lo que sigo viendo, me acucia con exigencia imperiosa. Tengo que gritar contra ello y buscar algo que oponer al derrumbe. Crear belleza pura, inútil y cruel en su exclusividad, ya no es bastante. Hay que hacer algo más con la poesía, que es mi herramienta, como cualquier hombre tiene que hacerlo con la herramienta de que disponga y pueda manejar, para salvarnos y ayudarnos unos a otros. Mas, la poesía ¿servirá para algo? Dice Bertrand Russell: "Todo hombre, cualquier hombre, puede servir para perfeccionar el mundo". Intentémoslo, pues. El mundo es maravilloso, pero está mal dispuesto. El hombre es maravilloso, pero lleno de mezquindades y flaquezas. Amemos al mundo, nuestra morada, y al hombre, nuestro hermano, dentro de ella. Amémoslos como son, pero ayudemos a que sean mejores el día de mañana. Desenterremos sus bellezas esenciales: el trabajo, el amor, la unión, el valor de lo humilde, la nobleza de lo cotidiano, la esperanza indestructible en la perfectibilidad. La fuerza de todo lo que es positivo y camina hacia adelante. Por eso mi poesía de hoy grita con el dolor de todos y denuncia con la rabia de todos. Y pretende también estar con todos los que saben su dolor y los que lo ignoran; los que buscan y los que caminan a ciegas. Y, si no puede salvarlos, al menos puede caminar con ellos. No me importa si mi poesía es, por lo circunstancial, por lo concreta e impura, perecedera. Si un solo hombre de-mi tiempo se siente por ella comprendido y acompañado, consolado y estimulado, ya no habrá sido inútil".

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA