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Nafarroa Beherea. Historia

En 1564 se celebra un sinodo calvinista en Pau en el que se acuerda, entre otras medidas conducentes a la implantación de la reforma en el país vasco, la traducción del Nuevo Testamento al euskera. La persona elegida para llevar a cabo este trabajo es el sacerdote Joannes de Leizarraga, junto con una comisión de cuatro ministros protestantes tambi én vascos. Iesus Christ gure Javnaren Testamentv Berria, Abc edo Christinoen instructianea y Calendrera aparecen en La Rochela en 1571. Lo curioso es constatar que Leizarraga aparte de preocupaciones proselitistas, las tuvo también lingüísticas y puede decirse que fue uno de los primeros literatos vascos preocupados por la unificación de la lengua, como bien lo demuestra en su prefacio Heuskalduney. Juan de Cheverry, llamado tambi én de la Rive o de "le petit basque", fue enviado a Saint-Palais en 1562 junto con Tartas, para predicar en euskera la religión reformada. Tuvo que huir en 1568 ante las tropas católicas del señor Luxe. Algo más tarde la reina establece en Ostabat un ministro calvinista de Tardets.

Leizarraga menciona en la dedicatoria de su traducción principal el Nuevo Testamento- a varios señores navarros que -a alentaron en la tarea, entre ellos, Antonio de Gramont, los señores de Belzunze y de Méharin, etc. Martín de Vizcay dice que sólo cuatro nobles se convirtieron al calvinismo. En Labastide-Clairence, donde Leizarraga era ministro del culto calvinista desde 1567, reinó la tolerancia llegando a celebrarse en su iglesia los oficios tanto según el ritual católico como según el reformado Pero el calvinismo no se abrió paso en el pueblo de la Baja Navarra, y cuando lo hizo fue esporádico y nada duradero, al contrario de lo que sucedió en Zuberoa en que lo abrazaron personas de valer y cristalizó en pequeños núcleos cultos. La ceremonia del Béarn fue decisiva a este respecto como lo fue la influencia francesa y española en los demás territorios euskaros. Tampoco debe dejar de tenerse en cuenta la antigua división en bandos del país vasco que hacía que bajo cualquier discrepancia latiera el "vale más que quién", germen de guerra civil. Pero aun así, y a pesar de las duras persecuciones posteriores, dos docenas de ejemplares del Leizarraga celosamente guardadas han llegado hasta nuestros días.

Las leyes consuetudinarias de la Baja Navarra son codificadas, como dijimos, mediante una orden expedida por Enrique III (IV de Francia) el 14 de marzo de 1608 una comisión compuesta por Auguste Gallard asesorado por 4 delegados de los Estados: el Obispo de Bayona por el Clero, el señor de Echauz por la Nobleza el se ñor de l'Hostal vicecanciller, por la Justicia, y el señor Bidart por el Estado Llano. Bajo el título de Fors et Costumat deu Royaume de Navarre Defa-Ports avec t'estil et aranzel dedit Royaume, son editados en Orthez, bastante más tarde (1645). La Principal novedad, que chocó inmediatamente a los navarros, fue la ausencia de legislación sobre derecho público, lo que confería al rey un gran margen de la libertad.

Los Estados, que habían hecho otra recopilación anterior rechazada por Enrique III bajo el pretexto de que había sido confeccionada sin su consentimiento, no aprobaron la redacción que hallaron artificiosa y poco fiel a las costumbres. Luis XIII la impuso (abril de 1611) desafiando todas las protestas. En el artículo I de esta redacción, que no fue registrada por la Chancillería hasta 1622 se suprime la parte tocante al juramento real de los fueros, fórmula que los mismos monarcas observaron y cuya supresión fue rechazada por los Estados. También se publica el Style o Aranzel, reglamentación de la Chancillería del reino que data de 1607 y fue reformada en 1632. Sin embargo, por las razones ya expuestas, y por la ambigüedad o carencia de datos de cuál debía ser la obligación del soberano respecto al súbdito y sus instituciones, esta codificación foral es insuficiente y se presta, como era de esperar, a una creciente penetración de los poderes públicos estatales a partir de 1620.

En un Memorial de la Sexta Merindad de Navarra o Navarra la Baja a las Cortes de Pamplona del 8 de enero de 1685, se pide información sobre el examen de poderes de los diputados de los pueblos, el juramento de los presidentes de los Estados, etc. Un año después, el 8 de noviembre de 1686 igual petición de los Estados pidiendo "noticias de sus archivos sobre derechos y libertades que disfrutaba" confirmando la inquietud bajonavarra por la carencia de legislación de derecho público. Dicen en su petición

"de estas leyes no podemos tener sino algunas ideas ligeras... de donde nace el vivir nosotros en una triste incertidumbre de nuestros derechos, sobre los cuales nos lleváis la ventaja de no ignorar nada y de conservaros en ellos, porque teniendo de vuestra parte los títulos comunes a todos los vasallos de ese Reino en los archivos de la ciudad capital, poseéis las verdades que ignoramos y deseando tener alguna luz de ellas hemos resuelto enviaros nuestro síndico para pediros las instrucciones y motivos necesarios para establecer derechos y libertades en las cuales los sujetos de esa corona tienen y poseen sus bienes y las obligaciones tanto reales que personales que se hallan hacia su soberano... "

La demanda de asesoramiento a la matriz natural, Pamplona, se proseguía aún en 1752.

Fenómeno periódico, fenómeno resurgente cada momento en que la sociedad europea se halla en crisis, la brujería hace su aparición en la Baja Navarra en época muy temprana, tal vez la más temprana de todo el país vasco. En el a ño 1329 Arnaud Sanz de Acha, lugarteniente de Labastide-Clairence, tiende una emboscada a una pobre leprosa, Juana, a la que se acusa de nigromante y entendida en bebedizos. Para ello se emplea a 17 hombres armados, más el lugarteniente. Ese mismo a ño las autoridades erigen en Labastida una hoguera en la que perecen cinco mujeres: Juana la leprosa, Peyrona de Posac, Dominica de Burban, Arnauda de Bose y Juana Fillola. El 7 de octubre de 1450 se procede a juzgar en la corte de Mixe, ante el castillo de Garris, a una mujer acusada de prácticas de hechiceria, por el bayle de Ostabarret.

Durante el interrogatorio que llevan a cabo 16 diputados de Ostabarret, la mujer se declara culpable y relata las acciones que ha llevado a cabo por lo que es condenada a muerte. Pero el rebrote generalizado parece haber sido el que cunde durante el largo período de guerras religiosas que sacuden el reino en la época de Enrique III (IV de Francia). Comienza también en Mixe cuyos procuradores envían un escrito al presidente de los Estados acusando a los magistrados de negligencia y de dejar invadir el país de brujas y adivinos que ejercen diversos conjuros y maleficios, en especial al "mal de hacer ladrar" El pueblo donde este "mal" se manifestó con mayor intensidad fue en Amendeuix donde se encarceló a varias hechiceras. En el resto de Mixe se arrestó a más hombres y mujeres acusados de efectuar sortilegios y estropear cosechas.

Arnaud de Foix, ordena al procurador general proceder contra las acusadas, el 27 de junio de 1587. En 1594 son todos los valles bajonavarros casi los que protestan; el 12 de septiembre los procuradores de Mixe, Arberoa, Ostabarret, Irissarry, Ossès, Baigorry y Labastide-Clairence elevan una queja a los Estados por la marea de "brujas y echadores de suerte" que ha invadido al país.Se vuelve a acusar a los magistrados de desinterés y se pide que, de aquí en adelante, cada villa y cada valle de Navarra pueda elegir a dos hombres buenos para perseguir a los hechiceros corriendo los gastos a cargo de los acusados o de los valles para lo cual se establecerá un impuesto especial. Tras diversos forcejeos, los Estados aceptan la proposición (Saint-Palais, 15 de septiembre de 1594). Durante el proceso de brujas de Lab. 1609 numerosas localidades de la Baja Navarra contribuyeron para la persecución de los hechiceros. En Labastide-Clairence, el 6 de enero de1647 una asamblea general vota un empréstito de 1.800 libras y se nombran dos síndicos para continuar las diligencias comenzadas contra cinco mujeres y un hombre encarcelados por prácticas de magia. La pacificación intentada en 1614 por los dos jesuitas vascoparlantes enviados por el provincial de los jesuitas de Aquitania recomendando clemencia resultó infructuosa.

A un cultivo reducido exclusivamente al fondo de los valles se superpone el modo de producción pastoril sobre todos los otros con un goce ilimitado de los abundantes terrenos comunales. Debido a ello, las relaciones entre las dos Navarras se ven agriadas con las continuas disputas fronterizas por los terrenos de pastos, desde la partición del reino. Disputan, por un lado, los valles altonavarros -Baztán, Erro, Aezkoa, Valcarlos, Ronkal y Salazar-, por otra, los bajonavarros -Baigorry, Mixe, Cize- e incluso suletinos. Como consecuencia de estos incidentes, en el año 1610, se produjo una incursión en territorio de Baigorry; varias bordas son quemadas. Tres años después se elabora un reglamento por parte de una comisión de la que formaba parte el obispo de Bayona, Bertrand de Echauz, y se firma un acuerdo en Arnéguy.

Sin embargo, a pesar de que este reglamento fue ratificado por el Tratado de los Pirineos, los incidentes seguirán teniendo lugar entre los valles de Baigorry y Erro. Durante los siglos XVII y XVIII tiene lugar la colonización de estas tierras de pastoreo por parte de pastores procedentes de Baigorry. Los bajonavarros se destacaban en esta centuria como arrieros y comerciantes. Por las cuentas presentadas por el Tesorero a la sección de Comptos de Pamplona en 1604, sabemos que el principal artículo de comercio era la lana y los asnos, con destino a Francia y a Guipúzcoa.

El tráfico corría a cargo también de bearneses que vendían tanto productos del lugar -cuerdas, artículos de cuero- como del resto del hexágono - lana, botones, guarniciones, barrenas, almuazas, lanigorda, lana de rebol, cuerda, chufletas de hierro, cerrajas, cucharas de hierro, etc. Como se ve, se trata de mercaderes de muy segundo orden, anclados plenamente en lo rural, arropados en las cercanas aduanas de Hernani, Ochagavía, Vera, Tudela, Estella, Pamplona, Uztárroz, Isaba y Garde, entre otras. La vida es dura; la impronta de las guerras religiosas en la economía será un trauma difícil de superar, agravado por las repercusiones de la guerra europea de los 30 años (1618-1648).

(1610-1660). En la pérdida de la soberanía de la Baja Navarra hay clavados dos hitos: 1620 y 1789. Inexistente ya el lazo sentimental que unía a Enrique y su primer reino, Luis XIII, hijo de éste y de su segunda esposa, María de Médicis, procederá a la unión de Navarra y a la reunión del Béarn a la corona francesa. Los preparativos de la unión de Navarra suscitaron una enconada oposición entre los súbditos del viejo reino. Destaca entre las protestas el opúsculo fechado en Saint-Palais, el 20 de enero de 1617, que se titula Responce d'un gentilhomme navarroisá la lettre d'un seigneur de marque sur l'unión du royaume de Navarre et souveraineté de Béarná la couronne de France en el que se pretende que más fácilmente puede decirse que "La France est navarraise, que non la Navarre francaise".

El Béarn, por otra parte, se halla por entonces en franca rebeldía contra el rey de Francia que representaba la restauración católica que, por el edicto de septiembre de 1617, obligaba a los calvinistas a devolver los bienes que habían confiscado a la iglesia. Esto sumado a un espíritu independentista, hizo que el Béarn se opusiera desde el primer momento a la centralización borbónica. Los Estados del Béarn se niegan a registrar el edicto, el comisario del rey es zarandeado... El joven Luis tuvo que volverse atrás, pero en 1620, el ejército real se dirige hacia el foco navarro-bearnés, toma por sorpresa Navarrenx y obliga al Consejo a registrar un edicto (octubre) por el que se une a Francia el reino de Navarra y las soberanías de Béarn, Andorra y Donnezan. Se invoca para la unión la situación estratégica de estas regiones, el deseo de Enrique IV, el peligro de la "devolución" de la Baja Navarra al no existir en Navarra la ley sálica... La fórmula de la unión especificaba

sans déroger aux fors, franchises, libertés, priviléges et droits appartenant aux sujets dudit royaume de Navarre et pais de Béarn, que nous voulons leur étre inviolablement gardés et entretenus

o sea "sin derogar los fueros, franquezas, libertades, privilegios y derechos pertenecientes a los súbditos de dicho reino de Navarra y país del Bearn, que Nos queremos que les sean inviolablemente guardados y mantenidos".

Los Estados de la Baja Navarra no dieron el pase a este edicto (noviembre), aunque la protesta, como bien puede comprenderse, no sirvió de nada. Estos fueros habían de mantenerse hasta 1789; el título de reyes de Navarra lo ostentaron los monarcas franceses hasta 1830, tras el paréntesis revolucionario republicano. La protesta de los Estados a la incorporación a Francia es continua y su formulación teórica puede sintetizarse en esta deliberación de 1673:

Les royaumes de France et de Navarre sont divers, différents et indépendants l'un de l'autre. Chacun d'eux est et doit être gouverné par ses lois fondamentales, sans que celles de l'un soient sujettes à celle de l'autre.

Se conserva la fórmula del juramento de los Fueros por parte real antes de la prestación de público homenaje al rey de parte de los navarros aunque a veces se posterga la ceremonia para evitar los gastos del viaje a París y se aprovecha algún viaje del rey, como en el caso de Luis XIV a Lapurdi. Puede decirse que, desde 1620, la suerte de los Estados de Navarra está echada; la vieja fórmula navarra que permitía a los monarcas ameyorar y no apeorar los Fueros está en pugna con el absolutismo europeo, lucha en la que los Estados defienden denodadamente sus libertades cada vez más restringidas.

La Chancillería de Navarra, situada en Saint-Palais, sede de la soberanía del reino, fue fusionada por el mismo adicto de 1620 al Consejo Soberano del Béarn. Los bajonavarros invocaron ante el rey el derecho secular de los navarros a ser juzgados por jueces del país, la diferencia con los bearneses, protestantes, la dificultad de encontrar en Pau intérpretes para los procesos, en lengua vasca, etc. Luis XIII transigió en parte y autorizó a los funcionarios de la Chancillería navarra a seguir ejerciendo justicia en Saint-Palais (30 de junio de 1622). Pero ni las embajadas bajonavarras -visita de los señores de Belzunce y del de Arouni, el envío de una remesa de jamones a la Corte-, pudieron atajar el siguiente paso centralizador: edicto definitivo de unión (junio de 1624) de ambas justicias, la bajonavarra y la bearnesa.

El organismo resultante de la fusión de la Chancillería navarra y el Consejo Soberano del Bearn recibió el nombre deferencial de Parlamento de Navarra, al que se unió la justicia de Zuberoa y tuvo su sede en Pau. La lengua usual en la Chancillería, el gascón, fue sustituida por el francés. Esta mutilación de la soberanía bajonavarra fue más importante, a los ojos de los Estados, que la incorporación a Francia, ya que representaba la pérdida palpable de los poderes públicos que había prometido respetar la monarquía francesa. Para alivio de los navarros de escasos recursos, Satnt-Palais pasó a ser después cabeza de senescalía dependiente del Parlamento de Navarra, (julio de 1639). De aquí en adelante, la historia de la Baja Navarra se tiñe de un provincianismo cuya sanción definitiva la darán los acontecimientos de la noche del 4 de agosto de 1789.

Con la unión a Francia (1620) estaba la Casa Real llamada a desaparecer, pero, aún subsistía en 1632, año en que seguía pagando sueldos e indemnizaciones a sus antiguos funcionarios.

El absolutismo francés triunfa definitivamente durante el gobierno de Richelieu (1624-1642) pero es, sin embargo, durante el reinado de Luis XIV cuando el descontento político navarro se va a poner de manifiesto con mayor intensidad hasta llegar a la franca subversión de los años 1685-1686. Luis XIV jura los Fueros de la Baja Navarra en 1660 (San Juan de Luz); a partir de este monarca, el juramento caerá en desuso, se silenciará la obligación regia y se subrayarán las obligaciones de fidelidad de los súbditos. Esto no quiere decir que toda forma de participación sea reprimida; a la resistencia y recelo de las autoridades navarras se conjuga a menudo una política de acomodo por parte real que logra que la incompatibilidad, durante la primera parte del reinado, entre viejas y nuevas fórmulas de vida no adquiera un carácter abiertamente conflictual. Pero en 1685 el acrecentamiento de los impuestos, especialmente de la gabela y del impuesto sobre el tabaco, tropieza con sublevaciones en todo el territorio del estado, incluido el navarro. Este mismo año, las mujeres de Saint-Jean-le-Vieux se manifiestan tumultuosamente. En el valle de Cize cunde la protesta por la pretensión real de anexionarse al Estado la salina de Aincille perteneciente al valle.

Los tumultos son considerables sobre todo en San Juan de Pie de Puerto; como consecuencia caen ejecutados dos de los cabecillas y se deporta a otros dos. Llegado a este extremo, París cedió pero entre los bajonavarros el autoritarismo y la fiscalización absolutista han endurecido la vieja fibra independentista que tanto les caracteriza desde la pérdida del reino. Se mira, incluso, al régimen de los Austrias españoles de la Alta Navarra con envidia. El 8 de enero de 1685 se redacta el

Memorial de la Sexta Merindad de Navarra o Navarra la Baja, a las Cortes de Pamplona pidiendo testimonio de lo que se observaba en ellas sobre el examen de poderes de los diputados de los pueblos, su juramento y forma de hablar los presidentes de los Brazos; pues, sin embargo, de que dicha merindad tenía las mismas leyes, usos y costumbres que Navarra la Alta en las últimas Cortes que había celebrado en San Pelai, el Consejo de Justicia había pretendido examinar los poderes y exigir el juramento a los diputados...

La carta que escriben en 1686 (8 de noviembre) las Cortes de la Baja Navarra a la Diputación de la Alta, haciendo relación de su antigua unión en una monarquía y pidien dola noticias de sus archivos sobre los derechos y libertades que disfrutaba se trasparenta una dolida preocupación, en palabras bajonavarras, una triste incertidumbre de nuestros derechos, después de la doble ejecución de San Juan de Pie de Puerto y de la represión con que se paga la mantención de las salínas en el patrimonio navarro. El Tratado de los Pirineos (1659) acercó a las poderosas vecinas, Francia y España, entre sí; Luis XIV fue el monarca que renunció para siempre a la reivindicación de la Alta Navarra tras haber ofrecido la Baja a cambio de ventajas en los Países Bajos. El advenimiento de Felipe de Anjou 1713 al trono de España deja fuera de juego los intereses de los valles bajonavarros en la cuestión de Aldudes. En 1691 la Cámara de Comptos reales es incorporada al Parlamento de Navarra con sede en Pau.

Un funcionario de la monarquía absoluta, el intendente Le Bret, nos ofrece un panorama de esta pequeña rinconada vasca, al despuntar el siglo de las luces. No puede ser más desolador el intendente Le Bret, en sus Memorias sobre Navarra y Béarn (1700) cuando resume la situación de las villas bajonavarras como sigue:

"No hay nada en Navarra que merezca la atención de los viajeros. La capital, que es San Juan de Pie de Puerto, es una villa totalmente arruinada y compuesta por sólo una calle que contiene de 80 a 90 casas... La villa de Saint-Palais tampoco tiene más que una calle y alrededor de un parecido número de casas; al lugar donde la senescalía se reúne y donde los alcaldes y los jurados tienen también su jurisdicción le llaman el castillo, sin que se sepa la razón y sin que la fisonomía del edificio, que se parece bastante a una casa particular, pueda adivinarla. La villa de Garris es todavía más pequeña que las otras dos; hay en ella un antiguo castillo que perteneció a los reyes de Navarra y cuya fundación se ignora. La villa de Labastide-Clairence es un poco más considerable que Garris y la de Larceveau en Ostabarret se reduce a unas pocas casas a pesar de que haya sido en otras épocas un lugar de estadía de los reyes de Navarra".

En esa calle de 80 0 90 casas que es San Juan de Pie de Puerto funciona la Escolanía que imparte enseñanza de humanidades. Una memoria de 1787 nos describirá por otra parte a la región como si no hubiera experimentado cambio alguno en 87 años:

"un país montañoso, sin comercio, sin casi ninguna manufactura, produciendo y consumiendo poco... Pequeña rinconada de los Pirineos, muy pobre y casi estéril".

A pesar de que el calificativo último se suela emplear para eludir en lo posible los impuestos, no se puede dudar de que la Baja Navarra es, a finales del siglo XVIII un territorio pobre, de escaso rendimiento, con claro predominio aún del modo de producción pastoril sobre el agrícola, cinco o seis centros de extracción de cobre y hierro -ferrería de Arnéguy en Cize, Bidarray en Ossès, Bidache cerca de Mixe y dos en Baigorry, una de ellas perteneciente a medias al vizconde y al valle (Ferrería de Echauz)- y nulos industria y comercio, exceptuando el traspirenaico en las zonas más cercanas a la Alta Navarra efectuado por arrieros semiambulantes. La ferrería más importante era la de Baigorry -cerca de un kilómetro de depósitos, galerías, lavaderos, fundiciones, etc, a orillas del río- que proporcionaba plata y hierro pero sobre todo cobre. Es en esta centuria cuando los bosques, los pastizales y, en general, los comunales entran en crisis.

"La aplicación de viejos reglamentos y la administración de los jurados lograron durante mucho tiempo proteger los bosques y pastizales y mantener la indispensable armonía. Pero a partir de cierta época, no se pudo resistir al empuje de los factores nuevos: desde la segunda mitad del siglo XVIII las necesidades de la marina, los interese privados excitados por los estímulos dados por Colbert a las industrias del hierro y de la lana, en fin el aumento de la población que exigía cada día más tierra para desbrozar y poner en cultivo, sumergieron a las tradicionales precauciones que aseguraban la defensa de los bosques y de los pastizales. En efecto, las costumbres pastoriles y montañesas, sin que pueda decirse que fueran la principal causa de la devastación de los bosques, impidieron a la naturaleza el reparar la obra de destrucción y despoblación forestal"

(Un vallée de Navarre su XVIIIme siècle, Etcheverry- Ainhnart: "E. Yakintza", 1947).

Las tierras comunales son aún abundantes, sobre todo en Baigorry y Ossés, pero conforme avanza el modo de producción agrícola el interés privado tiende a cerrar los campos... En cuanto a las comunicaciones, de los reinados de Luis XIV y XV datan las primeras rudimentarias carreteras o rutas reales que cruzan el pequeño país hasta San Juan de Pie de Puerto que en las últimas decadas del siglo XVII había sido fortificada por Vauban. Luis XV crea, al comienzo de su reinado, un servicio de Puentes y Caminos cuya mano de obra la suministra la vieja corvea real, prestación en trabajo obligatorio de todos los vecinos cerca de cuya población pase la nueva vía.

Naturalmente, por poco que se aleje ésta del núcleo de población, los vecinos dejarán de sentirse en la obligación de trabajar por el rey y de ahí la "cuestión de los caminos" que enzarzó en litigios a los modernos funcionarios de la monarquía y a las viejas comunidades regidas por el fuero. En la Baja Navarra es el valle de Baigorry el que con más aspereza se obstina en escabullir la obligación. La generalidad de Auch, a la que la Navarra del Norte pertenece, había proyectado, a finales del siglo XVIII la construcción de dos importantes carreteras: la de Lapurdi, que iba desde San Juan de Pie de Puerto a Bayona por Hasparren y la del Béarn, desde San Juan a Saint-Palais, Zuberoa y Béarn. Desde San Juan, un tramo común ganaría Arnéguy. Baigorry litigió con la Corona desde 1783 hasta el 1788, perdiendo al final. En vísperas de la Revolución, pues, el país está empobrecido, esquilmados los bosques, reducidos los comunales, endeudado por los pleitos con los representantes reales y por los crecientes impuestos. El descontento social es palpable; en las principales villas del país las mujeres se manifiestan por la carestía de la vida en repetidas ocasiones, destacándose la manifestación de 1748 en San Juan de Pie de Puerto sofocada por la fuerza pública. La venalidad de algunos cargos, el diezmo eclesiástico, la retribución de las gestiones, los salarios de los jurados de los valles proyectan una pesada sombra sobre los labradores que viene a superponerse a las multas del intendente y a las imposiciones de los Estados. Pero tres serán los acontecimientos fundamentales que, en estos vallecitos, prepararán el ambiente a la Revolución y harán esperar a los bajonavarros en una era mejor y más justa: El proceso de Baigorry (1783-1784), el Tratado de Elizondo (1785) y la Crisis de los Parlamentos de 1787-1788.

El enfrentamiento entre Bernard de Echauz, vizconde de Baigorry, y Jean de Harismendy, burgués de Baigorry, tuvo un tremendo eco en la Baja Navarra orgullosa de su tradición alodial. Harismendy ha cazado ostensiblemente en las cercanías del castillo Echauz; el vizconde le acusa de porte de armas, violación de la prohibición de caza plebeya y en última instancia de intento de agresión. Luego Echauz desentierra viejos derechos feudales, ya anacrónicos, como, además del censo, dos corveas. Declara a Harismendy felón, etc...

Teniendo en cuenta que el proceso tiene lugar dentro del marco de la clara reacción señorial que se desata en Francia entre 1760 y 1789, no es de extra ñar que la causa se politice rápidamente en manos de abogados que estaban al tanto de las vicisitudes políticas del momento. Echauz invoca como pruebas de su soberanía sobre el burgués: una serie de liéves, la investigación de 1700, las declaraciones de rentas del vizconde, dos contratos -uno de 1655 y otro de 1746-, una enumeración de feudos efectuada por la madre del vizconde y confirmada en 1770...

Desgraciadamente, el veredicto se desconoce pero no hay duda de que tuvo una profunda resonancia, no sólo en la Navarra norte sino en toda la Francia pirenaica de gran predominio alodial.

Pocas arbitrariedades estatales han causado entre los bajonavarros mayor descontento que la firma de este tratado suscitado por las disputas entre pastores de ambas Navarras. Recordemos, que aún no hacía una generación que 1.000 hombres de Baigorry, armados de fusiles, hachas, palos y makillas habían abatido las palomeras de Roncesvalles y Burguete hiriendo a varios compatriotas. Pero las discordias se solían saldar por gentes que conocían el terreno. Esta vez se parte el valle de Aldudes por medio de la Línea Ornano en dos partes, una para el valle de Erro y otra para el de Baigorry, sin tener en cuenta la opinión de los interesados. Fue ésta una concesión a la buena armonía entre los estados francés y español.

En el País Vasco significó la irrupción, en el mundo de los usos y costumbres, de un elemento nuevo, moderno: la frontera. Se borraba de un plumazo la institución de los pastos indivisos tradicionales (facerías) entre las dos Navarras. Se abolieron las facerías, se entregó Ondarrolle y su mina de hierro a España, se dividió Aldudes... La protesta en Baigorry fue unánime y ruidosa. Los diputados del valle fueron encarcelados. El rey tuvo que postergar la puesta en vigencia del tratado hasta 1787. Luego éste se perdió en el océano de la Revolución... El 14 de mayo de 1787, el secretario del valle explicaba en euskera el discurso del rey ante la Asamblea de Notables (23-IV-1787). Esta es la única alusión a la situación general de Francia que puede recogerse en las actas de la Corte General de Baigorry. Lo demás es Aldudes, Harismendy y el Parlamento.

Entre los años 1787 y 1788 se abre una grave crisis entre los Parlamentos locales del estado francés y el gobierno central. Un año antes de la Revolución, el Parlamento de Navarra, con sede en Pau, también se subleva ante la amenaza de pérdida de los antiguos derechos que aún subsistían después de la tala de 1620. Es curioso constatar, cómo, en boca de los bajonavarros ilustrados, las protestas tradicionales se engalanan de rodaje rusoniano:

Ce que des hommes peu instruits désignent sous le nom vulgaire de coutumes est le titre le plus authentique des droits de ce pays. C'est le renouvellement de son contrat social originaire avec les stipulations également obligatoires de la nation assemblée d'une part, du prince de l'autre...

Navarros y bearneses procedentes de todas las capas sociales apoyan al Parlamento en su violenta protesta por haber sido obligado a dar el pase a los edictos reales del 8 de mayo de 1788.

El Parlamento se cierra por orden real. Montañeses de todo el Béarn acuden entonces a Pau (19 de junio), reabren el Parlamento, lo ocupan, legislan, etc. Los navarros desobedecen ya abiertamente. Toda la Baja Navarra, presa de una fuerte agitación, se niega a pagar más impuestos desde 1788. A partir de 1789, todos los impuestos. Los parlamentarios dictaminan al final que ningún impuesto puede ser establecido ni aumentado en Navarra, sin el consentimiento y aceptación consiguiente de los Estados de este reino que son los únicos en tener un carácter legal para deliberar sobre los impuestos y para consentir la aceptación de los mismos. Envían también unas Trés-humbles et trés-respectueuses Remontrances adressées au Roi par le Parlement de Navarre. Luis V de Navarra (XVI de Francia) convoca los Estados Generales.