Sailkatu gabe

VALLE DE RONCAL - ERRONKARI (CULTURA Y LENGUA)

Lenguaje sensorial. Es aquel que espontáneamente se ejercita por el contacto (incluidos olfato y gusto), por la vista y por el oído (excluido el oral que forma grupo aparte). La naturaleza nos ofrece en el Valle las impresiones contactuales de calor, frío y tibieza, aspereza y suavidad, el del agua, tierra, arena, ortigas, espinos y golpes, el perfume de las flores silvestres como la rosa, el clavel, la margarita, el narciso, el lirio y la azucena, el olor a monte, a yerba seca, el contacto con la humedad, la lluvia, la brisa y su caricia, el roce con el aire y el viento, la suavidad de la trucha al pescarla. También el gusto al saborear las fresas silvestres, los «grizes» (cerezas), ciruelas, frambuesas, arañones, bellotas, «xagarkos», nueces, castañas, moras, miel, avellanas, «guriarranes», y yerba «txarragitzarr», magarda «beilla», etc. La vista se impresiona por los cambios del paisaje, amanecer, mediodía, atardeceres, nevadas, tempestades, noche y luna, cielo estrellado, el brillo del rayo, la armonía del arco-iris, los pájaros, murciélagos, lagartos y lagartijas, cuervos y buitres, gusanos, avispas y moscas, hormigas, culebras, arañas, grillos... El oído se estremece con trueno o se admira con el rumor de la selva, la sinfonía musical de las esquilas de las ovejas cuando comen la yerba, los ladridos del perro que las cuida, el ruido de una pedregada o granizo, el chaparrón, el silbido del viento y el canto de los pájaros, del cuco, del búho, o el graznido del cuervo o los conciertos de grillos, sapos y ruiseñores... Tal es, en esbozo, el lenguaje sensorial silvestre de la naturaleza.
Lenguaje oral y escrito: idioma. A lo largo de toda la historia ha sido el euskara la lengua de los roncaleses para irse perdiendo a favor del romance navarro-aragonés y finalmente, en nuestros días, a favor del castellano impuesto en la escuela por los maestros. Del proceso de brujería de Burgui de 1569 son las primeras frases escritas en dialecto roncalés. A finales del s. XVIII (1778) el euskera era su idioma usual (Varios: «G. H. L. V.», Auñam., 1960, t. I, pp. 67-102). En l878 se atestigua que en Roncal «hablan generalmente el vascuence, pero muchos lo van dejando por el castellano». Años después, otro viajero pudo afirmar: «Ya los roncaleses entre sí suelen hablar castellano, aunque cuando conversan con sus mayores se expresan siempre en vasco...» (G. Ollé: «V. y R.» Pamplona, 1972, p. 42). La vida trashumante de estos pueblos dedicados al pastoreo, con su contacto invernal con comarcas castellanizadas, hacía que a su regreso se expresasen en castellano. Al contrario de otros valles, las mujeres han sido las últimas euskaldunes del Valle. Los últimos reductos del euskera han sido Ustarroz e Isaba. En 1970 quedan 3 vascófonos en Ustarroz, una anciana en Isaba y otra de 92 años en Urzainqui. En la capital del valle, Roncal, la última anciana euskalduna murió el año 69 (Sánchez Carrión: «El E. A. del V.», pp. 180-182). En 1869, L. L. Bonaparte clasificó al euskera de Burgui, Garde y Vidangoz, en el dialecto suletino, subdialecto roncalés y variedad de Vidangoz; al de Urzainqui y Roncal, en la variedad de Urzainqui; y al de Uztarroz e Isaba, en la variedad de Uztarroz. Acerca de esta clasificación ha habido diversas propuestas de correcciones (P. de Y.: «Los D. y V.», sep. «B. R. S. V. A. P.», 1973, pp. 68-72). Finalmente se ha clasificado como dialecto propio, de la familia del euskara hablado hasta el s. XIV en los valles pirenaicos aragoneses. Como muestra del euskara del Valle transcribimos una carta de Julián Gayarre a su tía Juana:

«Barcelona, 19 de diciembre de 1884. Ene tia Juana maitia. Eugenia sin da arro onqui. Queben gaude anisco onqui guciac eta ori nola dago? Nai din sin cona ichasaaren ecustra? anisco andia da tia Juana. Nai badu nic dud anisco deiru orenaco vidagearen pagateco quemengo ostatiaren pagataco. Ezdi eguiten quemen ozic batrere, chatan degu queben anisco onqui eta guero artan dugu iror nescache postretaco eta gazte eta polit ¡Ha! ¡cer vizia! ¡Tia Juana maitia, amar urte chiquiago bagunu...! Gorainzi guzientaco eta piyco bat nescachi pollit erroncari guziat.-Julián.

Su traducción es la siguiente: «Mi querida tía Juana. Eugenia ha venido harto bien. Aquí estamos todos muy bien y usted ¿cómo está? ¿Quiere venir aquí a ver el mar? Es muy grande, tía Juana. Si quiere yo tengo mucho dinero para ello, para pagar el viaje, para pagar el hospedaje. No hace aquí nada de frío, comemos aquí muy bien y luego tenemos para postre tres mocitas y bonitas ¡Ha! ¡qué vida! ¡Tía Juana querida, si tuviéramos diez años menos! Recuerdos para todos y un pellizquito a todas las chicas, a todo Erronkari». Elerran es hablar; erran, decir, y mintzatu, expresar. Expresarse es saber decir con gracia y salero. Lo generalizado es hablar en tono menor, o era, mejor dicho, ya que el dialecto roncalés ha desaparecido. El euskaldun Juan Vicente, archivo viviente de cuentos y sucedidos, sabía usar fina ironía. La palabra malsonante no encajaba bien. El Ala Xinkoa de los suletinos sonaba mal.Si nos fijamos bien en lo que se habla, unas veces domina la literalidad y otras la contracción de las sílabas o paso fugaz de algunos fonemas. En roncalés se oía bien porque se pronunciaba bien aun en conversación fluida y rápida. Cuando recogí una parte del dialecto roncalés a las denominadas «Tía Miguela de Bidart» y «Tía Manuela de Baixtero» les oía bien la frase y flexión verbal usada aunque yo no me distinguía por tener un buen oído para la música ni para las lenguas. Oir, entzun; escuchar, beatu y asentir, baietza emon, se hacen entonces más fáciles. El oir y el escuchar llevan consigo expresiones mímicas de agrado o desagrado, de sorpresa o de atención. El roncalés es más abierto al hablar y de un menor disimulo en el escuchar si lo comparamos con el salacenco. Quizás en esto coincida más con los zuberotarras. Aun hablando bien y diciendo bien lo que se quiere decir nos encontramos con el oyente, su dominio del idioma, su agilidad mental, su capacidad interpretativa, sus prejuicios, susceptibilidades y toda clase de subjetividades. Quizá se haya traspasado del euskara roncalés al habla romance y después al castellano del Valle, algo o mucho de lo que ocurría en solamente euskara y eso debido a su larga experiencia del bilingüismo, pero creemos que la actual población se halla ya alejada de esa experiencia. Y, además, en ese bilingüismo euskara-erdara el traspaso de actitudes se hacía de una lengua conocida íntimamente y más difícil de equívocos interpretativos a un erdara (romance navarro-aragonés) y luego castellano, peor conocidas y más expuestas a torcidas interpretaciones. Al interpretar literalmente se traiciona una gran riqueza de proverbios altamente significativos. La dividiremos para el estudio en fonología, lexicología y sintaxis. El alfabeto roncalés posee las vocales a, e, i, o, u, pero no ü como en suletino. Las consonantes son las mismas del castellano más tt (mojada) como en amatto, «madrecita»; ts, tz, como en otso, «lobo», atzo, «ayer»; x, idéntica a la ch francesa, como oxan, «selva»; y raramente, j y f, como jina, «señor», Nafarroa, «Navarra». Cada bloque de fonemas constituye un significante que, al unirse al artículo -a, -ak, «él», «los», no añade ningún fonema de ligazón como en gizon, más -a, = gizona, ogi más -a, = ogia y no ogiya como ocurre en otros dialectos. La serie o cadena de significantes ofrece una separación de los mismos ocasionando la puntuación según la amplitud de las pausas y los signos de admiración e interrogación. Los significantes del roncalés son más amplios que los del castellano debido a la aglutinación de afijos. El léxico, o caudal de palabras, es de gran riqueza en roncalés cubriendo su diccionario unas veinte mil acepciones castellanas gracias al juego de las combinaciones y a la afijación. Ello da lugar a un estudio del léxico en su morfología, semántica y enunciado. El roncalés es rico en modismos y proverbios pero no en verbos de conjugación sintética, que son pocos. La conjugación del verbo izan, «ser», «haber», «existir», es sumamente rica en sus variedades de tratamiento de iketz, de duketz y de zuketz o sea, de tú, de usted y de vos. La sintaxis diferencial del roncalés se halla sin estudiar apenas ya que se cuenta con pocos textos literarios y prácticamente ningún estudio detenido sobre el tema. Debería abarcar, por lo menos, la construcción de la frase, la concordancia y la voz, aunque a nuestro juicio, tratándose de traducción, debe de estar muy influida del texto original castellano como en el Evangelio de San Mateo de Prudencio Hualde.

El habla oral. Es la emisión sonora y, por tanto, de su pronunciación, dando lugar a la fonética. Azkue la ha estudiado, lo mismo que Michelena. Azkue trata de algunos casos de nasalización, la asimilación, la elisión vocálica, algunos diptongos especiales, la incorporación de la vocal i, diversas pronunciaciones de la d final, diferencia entre la r final roncalesa suave, y la de otros dialectos y la inicial i seguida de otra vocal. Koldo Michelena y sus colaboradores Beloqui, Elósegui y Pilar Sansisenea recogieron en 1953 un breve caudal de frases y conversación con vistas principalmente a la fonética, incluido el acento, como se dice en su introducción. Al precisar el valor de algunos signos empleados dice que «las vocales nasales llevan siempre acento (gráfico) circunflejo» añadiendo: «Como se observará, son más frecuentes en Uztarroz que en Isaba, donde sólo hemos oído claramente Î (kîo, zîatu, zî). En ambos lugares no hemos percibido nasalización en palabras donde la señalaron tanto Bonaparte como Azkue. Los grupos ai, ei, oi, ui, au, eu (con acento ái, áu, etc.) son diptongos. Ante vocal y tras consonante i y u deben leerse, salvo indicación expresa en contrario, como no silábicos: éskia = éskya, léxua = léxwa, bisílabos, etc. Tanto y como w nos parecieron más abiertas que i, u, vocales guipuzcoanas ante vocal. Hemos escrito -sigue Michelena- también u cuando este sonido ocurre entre vocales (áua) etc. No estamos seguros de la división de las sílabas en este caso, pero de cualquier modo no se trata de una b como la que nosotros pronunciamos en esos casos, Hualde Mayo escribe (ahua). Por el contrario hemos escrito y y no sólo la í- no silábica (yaz, etc.), sino también la i intervocálica (gáya, etc.) que nos parece tiene un carácter consonántico parecido al de la y castellana. En esto seguimos también a Hualde Mayo. Entre las consonantes, j tiene siempre el valor de la jota española. Hemos transcrito por n la nasal ante oclusiva, siguiendo el sistema (a que nos referimos antes): la notación, aunque haya quien piense en contrario, es fonológicamente correcta». Y sigue: «No pudimos distinguir la menor diferencia entre r suave y fuerte en posición final, p. ej. zur «madera» y zur(r) «avaro» con la única excepción de las verbales del tipo dur, etc. » La última persona euskaldun fue en Isaba Antonia Anaut Garde que murió en 1976 a la edad de 88 años y en Urzainqui, María Ezker Sarries, fallecida en 1975 a los 94 años de edad.
Lenguaje expresivo modal: el traje. Nos referimos aquí al usarse o estilarse un modo de vestir peculiar, pero en el caso de los roncaleses, la moda no aparece y desaparece al cabo de un más bien breve tiempo, sino que dura toda una época. El vestido es un lenguaje. Al ver ataviados a roncaleses y roncalesas con sus trajes típicos nos dicen, por de pronto, como en cualquier otro traje, soy varón, soy mujer, soy joven, soy vieja y, según la época, soy soltero o soltera. Esto sin contar que las roncalesas no se maquillaban ni pintaban la cara ni las uñas, mientras conservaron su vestimenta. La mantilla de gala lleva una franja de adorno y dos rombos colgantes en sus extremos y una borla sobre la frente en tanto la de trabajo y uso diario es de paño rojo ordinario y sin adornos. Nos habla de laboriosidad y mayor o menor pobreza. La mantilla negra de las casadas se correspondía últimamente de falda también negra. El traje de gala, a pesar de su homogeneidad, también expresaba la coquetería mayor o menor y era todo él ajeno a estímulos eróticos por la largura y amplitud de las faldas y la falta de relieve de sus justillos. El lujo, que no faltaba tampoco en la gente rica a pesar del carácter uniforme de la vestimenta, se traduce en la ostentación de ricas joyas y gargantillas, sedas y lanas de calidad. El traje de mujer dice a gritos que es una roncalesa, pero ya el traje del varón, aparte el de ceremonia, es muy parecido al de los valles vecinos. Su calzón da un porte más esbelto, le distingue del aragonés, ancho y flojo. El chaleco de los mozos solteros es blanco con ribetes negros. Va diciendo, soy joven, y lo mismo la manera de llevar la toca o el sombrero.
Semiología. Vamos a enumerar los motivos figurativos más corrientes en el arte popular roncalés al decorar las cucharas, tenedores cerilleros, «koporros» de cuerno, bastones y otros objetos. Las orlas que rodean lo figurativo son meramente de adorno y formadas por rayitas, como dientes de sierra en ocasiones y en otras no. Figuran las estrellas, animales, flores y árboles, escenas pastoriles, rosetones, cruces, ases y sotas de bastos, guitarras, Vírgenes, santos y santas, casas y bordas, castillos y en un caso hasta la cárcel modelo de Barcelona. Dejando a un lado los temas de las arcas casi desaparecidas del Valle por el paso de anticuarios profesionales, tanto los rosetones como las orlas han pasado también al tema en la cucharas. Aquellos son círculos con arcos que atraviesan el centro llegándose a formar hélices y rosetones. Ciertas orlas no son otra cosa que series de triangulitos, aunque en las banderas roncalesas se presentan en forma masiva y de distintos colores. Es difícil saber si simbolizan algo o son simple decoración vistosa y alegre. Entre la flora hay flores, árboles, hojas, ramaje, frutas... Entre los animales domésticos se pueden señalar ovejas, cabras, perros, caballos, gallos, burros y hasta caracoles. Entre las escenas de animales se ven cabras que riñen y ven las estrellas, cabritos con sus cabras, burros comiendo hierba, perro bebiendo el suero de la quesería y también solamente cabezas de perros, culebras y burros. Otras veces son copias de objetos como monedas, sotas de bastos, relojes, casas (entre ellas la del escultor Orduna, sin que sepamos si fue hecha esa cuchara por él mismo antes de dedicarse a la escultura). Hay también temas de inventiva como escenas de personajes, figuras grotescas, corazones, hombres y mujeres, reyes con sus ministros, castillos y danzas imaginarias, nombres y apellidos de su dueño, pájaros que picotean una planta, escudos, y hasta un centauro. Sobre las puertas de buen número de casas roncalesas se leen las iniciales mayúsculas J. H. S., que quieren decir «Jesús, Hombre, Salvador», talladas en piedra a modo de escudo de armas, y, sobre el escudo roncalés, la leyenda «Muy noble, muy heroico y muy leal Valle de Roncal», concedida por el rey Carlos IV de España (1788-1808), monarca que también concedió el añadido al escudo roncalés de un castillo y un lebrel. En cuanto a la documentación de archivo, se sigue la letra y escritura generales a todo el reino en los idiomas usados en él: el romance navarro-aragonés, el patois bearnés y el occitano, además del latín. En vascuence hay frases sueltas. En cuanto a signos, el de la cruz mediante la colocación de una lanza bearnesa sobre la línea de la frontera y otra roncalesa clavada en tierra bearnesa cruzándola después a la anterior. Sobre el lugar de contacto de ambas lanzas ponía la mano un jurado del valle de Baretous, encima de aquélla, la suya un roncalés; luego también otro de Baretous y así sucesivamente hasta quedar la última de todas la de otro roncalés y así prestaban juramento de conservar y guardar las sentencias vigentes sobre el tema; y en confirmación y crédito los baretenenses decían por tres veces, Paz avant, Paz avant, Paz avant, al mismo tiempo que los escopeteros roncaleses disparaban hacia el N. El signo de la cruz, es el signo de la unión de ambos contendientes, y las voces de «paz en adelante» parecen fáciles de interpretar. Acaso tiene analogía con este acontecimiento un sello en cera amarilla del rey Don Teobaldo I que se ve pendiente del homenaje prestado en el año 1244 por Remón Guillén, vizconde de Sola, a ese monarca, y otro sello igual de cera verde en una donación que en 1248 hizo dicho rey a su portero Pedro Morentín de una casa en Arguedas; el sello representa en el anverso al rey a caballo abroquelado con el escudo de las armas de Navarra, y en el reverso las de los condes de Champaña, de que lo era Don Teobaldo, y en ambos lados dos círculos, uno con dos hombres dándose las manos y otro con un animal al parecer vacuno; y alrededor esta inscripción: PASSEA VANT LATE IBAUT.

Escudo del Valle. Anteriormente al s. XVIII el escudo de armas concedido por la victoria contra los musulmanes en la batalla de Olast era solamente de tres figuras simbólicas, el puente de Yesa, sobre él la cabeza del rey moro «Adurramen» y bajo el puente tres rocas alusivas al lugar de la batalla. Se ha especulado sobre cuál de los «Adurramenes» podría ser el muerto en esa ocasión y solamente puede ser el llamado Gafeki. v. POITIERS, Batalla de. Este escudo, se ha seguido usando hasta 1798, fecha en la cual el rey de Castilla y de Navarra, Carlos, concede la adición de dos cuarteles con un lebrel y un castillo como premio a su comportamiento en la guerra de la Convención contra Francia. La real cédula de aumento de divisas puede verse íntegra en Erronkari (El Valle de Roncal) de B. Estornés Lasa, 1927 (p. 271). Dice en ella, después de enumerar los títulos reales y antecedentes: «he venido en concederos la gracia de poder añadir al Escudo de Armas que actualmente poseéis por signo de vuestra antigua Nobleza, la de un Castillo y un Lebrel... sin que por eso incurráis en pena alguna, ni se os pueda poner embarazo ni impedimento alguno por concederos este aumento de Armas por nueva gracia y merced, en señal de lo agradables que me han sido los servicios que habéis hecho en la guerra pasada con la Francia». Después manda al Virrey y Capitán General del Reino de Navarra y otras autoridades que enumera, militares y judiciales, el cumplimiento de esta carta. La fecha en Aranjuez el día 13 de marzo de 1798. El escudo resulta cuartelado y es así: 1.° De azur y un puente de tres arcos de oro y sobre él la cabeza coronada de un rey moro. 2.° De gules y un lebrel de plata siniestrado. 3.° De gules y un castillo de plata. 4.° De azur y tres torres de oro. Esta batalla y muerte del caudillo musulmán está ligada a leyendas sobre el traje roncalés, tanto masculino como femenino. Se dice que una roncalesa perseguía sobre el puente de Yesa al rey moro en retirada y que le alcanzó de un flechazo que le causó la muerte y que para prueba le cortó la lengua y se la llevó. Se dice también, que los salacencos reclamaban también ser ellos los que mataran a «Adurramen» y que, presentando la cabeza del mismo al jefe vascón que mandaba la tropa cristiana, reclamaban ser los autores de la hazaña. La roncalesa reclamó para sí el honor. El jefe pidió pruebas y ésta hizo que abrieran la boca del moro y resultó que no tenía lengua. Entonces la roncalesa la exhibió triunfalmente. Por eso, se dice, que la capucha, estrecha y estirada del traje roncalés de capote y valona, colocada bajo la valona y apareciendo a la vista en su mitad posterior simboliza la lengua del rey moro. Y del traje de la roncalesa, con la falda remangada en forro rojo, que alude a las roncalesas que tomaron parte en la guerra y el color rojo, la sangre derramada en la refriega. También se dice que esta hazaña rematando a los fugitivos de la batalla de Olast (más arriba de Leire) la cometieron las roncalesas porque los hombres se hallaban con el resto de la tropa de Eudón Duque de Aquitania y de Vasconia.
Lógica. Es una ciencia emancipada de la Filosofía que, en sentido popular se refiere a dar por válidos los argumentos empleados en una conversación o discusión. El roncalés es, a estos efectos, más abierto que el salacenco que es más retraído. La tertulia en la puerta de alguna casa hubiera sido un buen lugar para dar una cabal idea de la lógica roncalesa. Por lo general el roncalés no es amigo de pleitos ya que desconoce la índole de muchos asuntos pero se abre de buena fe con facilidad. Claro que el grupo de profesionales, secretario, médico, farmacéutico, párroco, veterinario, maestros, saben más del exterior que de muchas cosas en los litigios populares. El roncalés no es muy dado a la imaginación sino a hablar con sentido práctico. Se tiene sentido de lo necesario y de lo posible.
Ideología. Literatura prosaica. Lo escrito en simple prosa sin afanes estéticos, pero sí de claridad y corrección, tales como el ensayo, los tratados de historia, obras de divulgación de conocimientos o las doctrinas filosóficas. Se pueden citar la obra de B. Estornés Lasa, Erronkari monografía publicada en 1927 (291 pp.); las de José Estornés Lasa, Erronkariko uskara, 1968 (120 pp.); Nuestro Pirineo y la defensa de la naturaleza: Belagua, 1973 (222 pp.); la de Florencio Idoate La Comunidad del Valle de Roncal, 1977 (455 pp.); la de J. C. Alli La Mancomunidad del Valle de Roncal, 1989 (452 pp.) y la mayoría de la rica bibliografía roncalesa.

Ciencia. Los hijos del valle han cultivado las Matemáticas, en una ocasión, la Historia del Valle, la Lingüística y la Tecnología, entre otras cosas. Citemos primero a Fr. Miguel Hualde, religioso lego de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, autor de varios estudios pero sobre todo de dos obras, publicadas ambas en 1758, tituladas El Contador Lego, especulativo y práctico, sobre varios asuntos de Arithmética civil y Astronómica, una, y la otra, Astronómicas Reflexiones por las quales se intenta persuadir a las gentes que el Sol, Luna y Estrellas sirven y enseñan al hombre por demonstración de cuenta: es obra muy útil para el gremio de la Catholica Iglesia Militante. También escribió Compendial apologética historia de Navarra. El P. Tomás de Burgui escribió y publicó en Pamplona, 1774, su obra en dos tomos San Miguel de Excelsis representado como Príncipe Supremo de todo el Reino de Dios en Cielo y Tierra y como protector excelso aparecido y adorado en el Reino de Navarra. Sobre la Historia del Valle se tiene noticia de una obra manuscrita titulada Val-de-Roncal escrita por don Juan Martín Hualde (Isaba, 1427) que se hallaba en la biblioteca de don Ramón de Zaro y Ortega, Cronista y Rey de Armas que es de la Majestad del Rey don Carlos III, en Madrid. El 15 de junio de 1755 la Junta del Valle acordaba encargar al P. Thomas de Burgui una Historia del Valle de Roncal para el honor y conservación de ese Valle, por ignorarse muchos de sus Privilegios y como «medio de instruir a los individuos del Valle y hacer constar su distinguida y especial nobleza» pero nunca se llevó a cabo esta empresa. Pero la primera monografía impresa con tema roncalés es Erronkari (El Valle del Roncal) de Bernardo Estornés Lasa (Zaragoza, 1927, 292 págs.) y la segunda, el n.° 27 que T. C. P. de Navarra dedica a El Valle de Roncal de Rafael Gambra, originario de la villa de Roncal ( 1968). En el terreno de la Lingüística, y refiriéndose al dialecto roncalés, es de señalar el librito Erronkari'ko uskara, método para aprender el vascuence roncalés de José Estornés Lasa y del mismo, Erronkari'ko uskaraz elestak. Fraseología roncalesa («Fontes...», n.° 40), de su hermano Bernardo, la obra Sobre orígenes e historia de la Lengua Vasca y un Diccionario castellano-roncalés de unas 20.000 voces y acepciones, además de artículos breves sobre el mismo dialecto publicados en distintas obras. Diremos también que Prudencio Hualde tradujo el Evangelio de San Mateo al dialecto roncalés, publicado con su traducción por José Estornés Lasa. Y finalmente, son de señalar las cartas en euskara roncalés escritas por Mariano Mendigacha, de Vidangoz, a don Resurrección María de Azkue. De finales del siglo pasado son las dos obritas de Bernardo Anaut, de Isaba, Manual para construir cuadrantes o sean relojes de sol adicionado con explicaciones para llevar bien los relojes (1891) y los Elementos de Cosmografía, Uranografía y Geografía astronómica. De tema roncalés pero no roncaleses citemos a F. Idoate y a Juan Cruz Alli.

Filosofía. Los proverbios encierran una filosofía popular a falta de otros textos escritos. Los refranes y sentencias son orales y los ha recogido Azkue en su bello libro Particularidades del dialecto roncalés, en número de 260, cifra alta para un valle de tan poca población. Para muestra daremos algunos más o menos castizos: Adexkiderik bage bizitea da orobat nola testigorik bage iltea: «vivir sin amigos es lo mismo que morir sin testigos»; Agorrileko ura da zafran ezti eta ardau: «el agua de agosto es azafrán, miel y vino»; Aita lazoen umek egi txiki eta anitx bizio: «los hijos de padre haragán, mucho vicio y poco pan»; Ari erapilatua ezta sekula oso: «la amistad rota nunca vuelve a ser lo que fue». Hay un libro de un roncalés, J. J. Pérez Necochea, titulado El asno ilustrado o la apología del asno... por un asnólogo aprendiz de poeta, que no sabríamos cómo clasificarlo y del que dice el propio autor «por manera que si bien se echará de ver un cierto lujo de nociones históricas que parece que redundan y sacan al Asno de sus quicios, ella no embargan, completan y enriquecen el gran tesoro de galas de la borriquería; y por otra parte pueden ser instructivas y útiles, tanto por la novedad como por la aplicación que tienen, o a la moral, o a la religión, o a la política, o a las letras, o a las costumbres. Dejamos a que el lector curioso lea este libro raro (de 1837), obra de un obispo, de gran erudición, con un texto de 582 páginas de muy apretada lectura.
Moral. Costumbres Cuando se repiten actos a lo largo del tiempo se convierten en consuetudinarios. Las leyes y las ordenanzas municipales y del Valle las van convirtiendo en obligatorias, en preceptos jurídicos, cuyo cumplimiento ya no se traduce por una sanción social, el ridículo, o la censura, p. ej., sino que lleva aparejado un castigo, multa por lo general. Así lo consuetudinario se convierte en calendario de faenas y fiestas a lo largo del año. Es costumbre, p. ej., reunirse en tertulias las mujeres junto a la puerta en un rincón de la calle y entretenerse en las labores mientras conversan o puramente cambiar noticias. En Isaba, p. ej., existían estas tertulias en cada barrio. Cuando se lavaba la ropa en el río era costumbre llevar la ropa sucia en una cesta sobre la cabeza y tener en el río, un lugar, donde cada lavadora tenía su propia piedra para jabonar y golpear la ropa, además de enjuagarla en la corriente de agua del río. Cada lugar era propio de una casa determinada y se respetaba sin necesidad de patentes ni acuerdos municipales ni registro alguno. Los niños cuando recogían fresas, avellanas u otras frutas silvestres como arañones y magardas solían lanzar el grito de anderriko! señalando el «tajo» de tales frutos. Los niños también, cuando plantaban sus capazos para cazar pájaros tenían anderrikados ciertos campos y lugares. El dueño que dejaba la borda abierta para que sirviera de refugio en caso de lluvia no hacía otra cosa que seguir la costumbre. Y el vecindario, unánime, seguía el calendario local de fiestas, faenas, juegos, etc., como vida normal en un calendario en el que también cabían obligaciones jurídicas y en ambos casos supeditados a una ética basada, de hecho, en los mandamientos y frenos religiosos.

Usos. Uno de los principales es la indumentaria, el traje. Las roncalesas, en los ss. XIX y XX vestían jubón negro de paño con ribetes anchos bordados de oro y plata y a veces en colores y cerrado por medio de un cordón de cuyos extremos pendían borlas o flecos, también de variados colores. Las faldas eran azules pero doblada la exterior, luciendo un forro de vivo color rojo llamado aldar, dos lazos de seda y cintas de colores, zintamuskos, colgantes de largas trenzas y sobre el brazo, doblada, una recia mantilla de paño rojo, ribeteada de anchos terciopelos. Este era el traje de gala y lo es ahora también para ciertas ceremonias y recibimientos. La joven soltera no usa nunca el jubón con mangas, sino un justillo, luciendo las amplias y airosas mangas de la blanca camisa. El pecho se cubre con collares y gargantillas que algunas veces eran de oro y plata. Las joyas son el bitxi, colgante del cuello por medio de una cinta de terciopelo, y el amabitxi o broche para sujetar la falda recogida por detrás y los consabidos pendientes, kirkillak. Los botones de las mangas suelen ser de plata o de piedra. El traje de los hombres es de paño negro, muy airoso, calzón corto y ajustado que se ata en medio de la rodilla, medias negras de punto, zapatos bajos de igual color con hebilla triangular blanca; capote negro, llamado anguarina, con mangas perdidas y ribetes encarnados; faja morada, y, sobre los hombros, blanca valona de lino planchada a pliegues. Para sujetar los calzones se usaba un gran botón de madera llamado tangano. Sobre la cabeza, toca de seda, y sombrero redondo. En el s. XVIII la roncalesa llevaba sobre la cabeza gran toca blanca cerrada sobre la frente y el cuello y pendiente de la cintura, desde el centro, una especie de faja, una banda, casi hasta el extremo de la falda.

Derecho. Al decir privilegios se suele entender por tales un trato excepcional y de favor hacia los interesados pero no hay tal. Privilegio vale tanto como «ley privada» y así es en efecto. Al hablar de los roncaleses se refiere a los otorgados por su actuación en la batalla de Olast con la muerte de un caudillo cordobés «Adurramen». Los privilegios originales se quemaron en la iglesia de Isaba de 1427. Por eso cuando en 1512 Castilla conquista Navarra los roncaleses, perdida Navarra, tratan de poner a salvo sus privilegios y libertades, compareciendo ante el Duque de Alba en Burguete el día 3 de septiembre, los alcaldes de las villas, salvo el de Urzainqui, yendo también Iñigo Mayo, clérigo de Uztarroz. A cambio de prestar juramento de fidelidad demandan la confirmación de sus privilegios que confirma el Rey Fernando de Castilla el 27 de septiembre. En esas Capitulaciones firmadas por el Duque de Alba una de las condiciones es la de que los roncaleses no están obligados a salir en plan de guerra fuera del Reino aunque, si ocurriese, servirían a S. A., como súbditos reales pagándoles el sueldo correspondiente. Inmediatamente de quemados los originales hubo en Isaba un proceso para la expedición de copias que acreditaran el régimen autónomo del Valle. Con tal motivo declaran, entre otros: Petri Gayarre, de Vidangoz; Petri Johaniz, de Uztarroz; el capitán Petri Sanz de Bereterra, de Garde; Sancho de Albear y Johan de Guelbenzu, notario de la Corte Mayor. Dice Idoate, a quien seguimos en este caso concreto, que Petri Sanz de Bereterra manifestó que tuvo los originales hacía unos 6 años cuando el general Asparros «le dió comisión para levantar toda la gente de la val de Roncal». Dice también que los roncaleses alegaban sus privilegios de «no yr debaxo de ningún capitán, sino con la persona del rey». En 1527 el Emperador Carlos firmaría nuevamente los privilegios del Valle y de su capitanía propia. Posteriormente las leyes del Valle de Roncal se expresan en forma de Ordenanzas, como ocurrió en 1534, 1543 y las modernas de 1 de agosto de 1902 implantadas después de la abolición foral. Tratan de la Mancomunidad, Atribuciones y derechos, de las Ordenanzas del Valle, funcionamiento de la Junta, de la conservación y custodia de los montes y pastos del Valle, del aprovechamiento de maderas y leña, de las roturaciones y sementeras, de los panificados y disfrute de pastos, del arrendamiento de yerbas, de los cubiertos del monte, de las queserías, del tránsito de ganados. También es de destacar que los roncaleses se acogían en sus pleitos a los fueros de Jaca y de Sobrarbe hasta que les fue concedido el Fuero General de Navarra para tales casos.

Etica. Es la que busca una orientación en la conducta de la persona, p. ej. en los pequeños comercios del Valle al hacer las ventas al fiado no cobrando a los «parroquianos» ni a nadie intereses de ninguna clase y precios justos, atendiendo a normas morales o éticas. Ha existido una cierta moralidad en la conducta moral supeditada a una normativa religiosa como caso de conciencia.