I- Vocalismo en los préstamos latinos. El euskara como lengua receptora sometió al simplismo de su sistema vocálico los préstamos latinos. Tal simplismo, en parte, se refleja en el romance castellano, en cierta forma, dependiente del euskara en varios aspectos de la fonética. Uno de los aspectos de coincidencia arcaica con el latín es el mantenimiento de las i/u breves, mientras que en los romances contiguos la i breve puede pasar a ser e, y la u breve a o (lat. picem, cast. pEz, lat. puteum cast. pOzo; pero bIke y pUtzu en euskara). El arcaismo de tipología sarda, como situación de lengua-isla, resulta sintomático; en efecto a las diez vocales latinas antiguas corresponde cinco unidades en nuestro idioma. Por el contrario, el gascón, el provenzal, el francés mantienen una estructura vocálica más compleja. En las vocales acentuadas y en las terminaciones el euskara en sus préstamos manifiesta una tendencia clara a mantenerlas, mientras el castellano, el gascón, el francés tenderán a eliminarla. Así se mantiene la e final en amorE lat. amoren, dolorE lat. dolorem. La -u latina final tampoco se abre en vasco, al contrario del castellano. Ejemplos: lat. saccum zakU, mundum mundU, succum zukU, colum gorU, gertum gertU. En el tratamiento de la i breve junto al conservadurismo de bIper lat. piperem, bIke lat. picem, hay que tener en cuenta resultados más tardíos en préstamos del mismo latín como gEde Idem, demEka por domi(ni)- cam. Esto indica, en parte, que el latín eclesiástico no tiene una configuración tan antigua en nuestra lengua, ya que la cristianización, seguramente, en muchas áreas es posterior al campo administrativo. La vocal breve (u) latina, idéntico comportamiento en los préstamos latinos. En los más antiguos se mantiene sin abrirse en o, como en urka lat. furcam, kukulla lat. cucullam, onddo lat. fungum, hondo lat.fundum. Otro aspecto interesante en el campo del vocalismo es el de las vocales átonas. En general, el euskara mantiene mejor que los romances gascón-occitanos (y franceses) los componentes silábicos. Por otra parte, la intensidad fónica en nuestro idioma, en general, es más suave que en los romances. El mismo latín conoció procesos de pérdida de vocales postónicas y pretónicas en casos como cup(i)ditia (eusk. kutizia), vet(e)ranus, civ(i)tatem. Todo ello se puede reflejar en préstamos en su paso al euskara (no siendo, a veces, fácil el determinar si un determinado romance ha tenido también su influjo en ese cambio). Así nuestro maxkla (gavilla) del latino fas(cu)lam ha llegado con la caída de la postónica, e igualmente tellatu del latino re(qu)latum o tella del latino te(qu)lam (a través del románico, probablemente). Sin duda son de esta tipología fonética voces vascas actuales como nabala (labana) lat. nova(cu)- lam, dallo lat. da(cu)lum (dall en aragonés). En dialectos vascos con contacto más secular con romances como el alto-navarro, salacenco o roncalés las tendencias a las caídas vocálicas son manifiestas. Especialmente la posición del salacenco resulta manifiesta en casos como tenpra (lat. tempra), tepla/tipla (lat. cepullam), maindre (lat. mantilem). En estos casos una intensidad fónica -no usual en el vasco en general- puede provocar tales caídas vocálicas, formando consecuentemente acumulamientos extraños el euskara arcaico en el campo de las consonantes como NBR, NDR, NPR, etc. (tipo kandra, maindre, abre).
