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Argentina. Integración social de los inmigrantes vascos

    Ver además:

    1. Argentina
    2. Argentina. Inmigrantes vascos 1840-1920

    La experiencia de un porcentaje importante de los inmigrantes no terminaba en el ahorro de varios años para volver a casa como si nada hubiese pasado. No eran máquinas de trabajar; eran personas, con afectos, miedos, ilusiones. Un amor, varios hijos, un viaje de ida penoso o un trabajo rentable que cuesta dejar, son posibilidades concretas para inmovilizar a cualquiera. Un balance rudimentario sobre lo que les deparaba el nuevo país con el que dejaron años atrás, pudo decidir a más de uno a dejar sus huesos en las fértiles tierras del Río de la Plata.

    El fenómeno, en su conjunto, se conoce como integración social o asimilación. Aunque el enunciado se presenta como muy sencillo, pudieron darse -al menos potencialmente- distintas experiencias de integración. Desde comportamientos extremadamente cerrados (en la elección de pareja, instituciones propias e idioma), hasta actitudes cercanas a un verdadero "crisol de razas", pasando por toda una variedad de posibilidades intermedias. Se considera asimilación, en definitiva, al proceso en el cual personas de medios étnicos o culturales diversos llegan a interactuar en la vida de una comunidad libre de trabas anteriores. La primer etapa de este proceso no implica un cambio de identidad, pero sí un cambio en el eje material y cultural de la vida de muchos inmigrantes. La gran mayoría debió arribar al Río de la Plata inmerso en estrategias sociales centradas en su lugar de origen, con la expectativa del retorno. Algunos lo concretaron; en el caso vasco alrededor de un 40% retornó a su lugar de origen. Pero otros fueron cambiando poco a poco sus preocupaciones e intereses sociales y materiales, pasando a centrar sus vidas en un nuevo medio social. Esto no implicaba necesariamente perder su identidad de origen, o desvincularse de la comunidad (o comunidades) étnicas locales, pero sí ir pensando progresivamente el propio futuro en el ámbito de la sociedad de adopción.

    En todo ello debieron jugar fuertemente los bagajes culturales portados por los propios inmigrantes; también las coyunturas socioeconómicas y políticas de sus lugares de origen; la continuidad -y conformidad- del flujo inmigratorio; los momentos y formas de llegada; los lugares y formas de asentamiento -rurales, urbanos, dispersos o compactados- etcétera. Las actitudes nativas -por momentos discriminantes y fóbicas- no debieron tener un peso menor. Más allá de que hoy, fríamente, arriesguemos conclusiones globales a partir de cifras sobre el retorno, la adquisición de propiedades en Argentina o el número de hijos, las decisiones de volver -al igual que en la partida- debieron conformarse en ámbitos acotados, íntimos, individuales o familiares. Lo que posiblemente no admita tantas dudas es que las experiencias de integración debieron estar íntimamente ligadas al mundo laboral; difícilmente pueda arribar a conclusiones firmes aquél investigador que intente analizar la integración social como fenómeno aislado. Piénsese, sin ir más lejos, en la dispersión geográfica y el amplio abanico de ocupaciones que caracterizó al grupo vasco. Esa sola razón, si se lo compara con grupos localizados "apretadamente" o que se dedicaron masivamente a tareas pastoriles o agrícolas como los irlandeses y daneses respectivamente, tiene que haber jugado un papel diferencial importante.

    Los vascos provienen de una región cuya identidad política estaba repartida entre dos naciones, Francia y España. Una vez en suelo americano, se los vería participar -por lo general- en instituciones y manifestaciones instrumentadas por aquellos parientes mayores. El hecho de tratarse de un grupo nacional minoritario y encubierto por otros; pero principalmente que arribó en forma más temprana -ocupando el espacio antes- que aquellos, nos presenta un panorama tan complejo como atractivo, y hasta ahora poco abordado.

    Salvo un puñado de vascos que se trasladaron inicialmente a Entre Ríos a trabajar con ovejas y los que luego marcharon a los viñedos de Mendoza, la gran mayoría quedó asentada en lo que conocemos como pampa húmeda, y que abarca principalmente la provincia de Buenos Aires, Parte de Santa Fe y una porción de La Pampa. Lo primero que nos viene a la mente, imaginando como pudo haber sido la experiencia de integración social vasca en ese ámbito, es que en ellos hubo comunidades vascas importantes. Si esto es verdad, podemos suponer dos cosas: que lograron aquello basándose en mecanismos de cohesión que los distinguieron del resto; y que, a priori, experimentaron una integración lenta, por alguna razón y mecanismo retardada. Paradójicamente, pronto nos damos cuenta de la inexistencia general -antes de 1940- de instituciones euskaldunas que avalen dicha sensación. Las características de los escenarios que predominaban en el interior de esa vasta región, nos inclinan a pensar, entonces, que sus primeros habitantes -nativos e inmigrantes- debieron verse obligados a solucionar los problemas y ausencias más elementales que el Estado bonaerense, ocupado de frecuentes guerras, desatendía. Esto pudo actuar, en la etapa temprana (hasta 1880), como un acelerador de la integración social. Si la experiencia de integración vasca fue -aún contando con una colectividad fuerte- poco traumática y "rápida", se confirmaría la idea de que la retardación en una asimilación social definitiva de un grupo nacional dependía en gran medida de la existencia de instituciones en su seno.

    Otra sospecha apunta a la posibilidad de que la imagen de una colectividad pudiera haberse conformado por elementos puramente culturales e incluso por la actuación de unos pocos de sus miembros. Si esto es válido, podremos probar que aunque la conformación de instituciones por parte de un grupo étnico pudo -en ciertos casos- ser decisiva en la retardación de la integración definitiva, no lo era tanto en la conformación de una imagen de colectividad. Por último, y no menos interesante, creemos que hubo una influencia -a priori notable- de una excepcional experiencia de integración social de los pioneros en el período posterior a 1880. Si la tradición hispánica colonial -y dentro de ella la euskalduna- de trasladarse a América, influyó positivamente en la inserción-integración temprana, ésta hizo lo mismo con los vascos arribados en la etapa masiva.