Concepto

Reconquista

Hacia el 720, todo el territorio del desaparecido reino visigodo, es decir, toda la Península más la provincia Narbonense al norte del Pirineo, formaba al-Andalus y estaba por tanto bajo la autoridad de los gobernadores asentados en Córdoba en representación de los califas de Damasco. A partir de ahí, las fronteras de al-Andalus fueron retrocediendo, primero por sus conflictos internos, luego por las conquistas de los cristianos del Norte, hasta que la rendición de Granada en 1492 acarreó su destrucción total. Se ha llamado tradicionalmente Reconquista a los avances cristianos que tuvieron lugar a lo largo de estos ocho siglos.

La palabra Reconquista tiene una carga ideológica evidente en la medida en que únicamente reconoce a los cristianos la legitimidad para ser dueños de la Península: sólo lo que es de uno se puede reconquistar. Tal idea escamotea el hecho de que la mayor parte de la población de origen hispano se islamizó y arabizó, y entiende que la religión cristiana es razón suficiente para que los poderes surgidos en Asturias o en los Pirineos tuvieran derecho a apropiarse de toda la Península. Desde el punto de vista de la ciencia histórica, el uso del término Reconquista mezcla épocas, contextos, sociedades y situaciones muy diferentes entre sí. Por eso es mucho más adecuado referirse a las conquistas de al-Andalus. De hecho, lo que ha dado coherencia a la noción de Reconquista ha sido un antiguo discurso político.

Cuando los musulmanes se adueñaron de la Península, los gobernantes y la población de muchas zonas se integraron en el nuevo orden islámico por medio de pactos pacíficos; en otros lugares en cambio los conquistadores hubieron de doblegar resistencias. Hacia 722 se gestó un núcleo de resistencia en Asturias, del que surgiría el reino que pasaría a ser de León, que a su vez daría lugar a Castilla y Portugal. Ya en el último tercio del siglo IX, los pilares ideológicos de la corona estaban bien afirmados en Oviedo: la monarquía asturiana se presenta como la heredera y guardiana de la legitimidad del reino visigodo de Toledo. Por tanto, la guerra contra al-Andalus tiene por fundamento la recuperación de lo que les ha sido arrebatado contra toda justicia y por la fuerza, es decir la Reconquista. La reivindicación de la herencia de Toledo tiene una segunda consecuencia relevante: la soberanía sobre toda Hispania corresponde exclusivamente a los reyes de Oviedo.

Desde entonces, esta idea nunca ha desaparecido. Se mantuvo viva a lo largo de toda la Edad Media y entre los historiadores de la Edad Moderna. En el siglo XIX cobró un nuevo impulso: cuando se pusieron los cimientos intelectuales de la monarquía constitucional de Isabel II, hubo que construir una historia nacional. Puesto que el destino histórico de los españoles era vivir bajo una monarquía católica, la Reconquista aparecía como la manifestación más vigorosa del espíritu nacional combatiendo al peor obstáculo que se había interpuesto en su camino. Más tarde, en el siglo XX, sobre todo por influencia de la obra de C. Sánchez-Albornoz, un segundo concepto vino a completar el de Reconquista: la Repoblación. Ésta designa la reorganización socioeconómica y jurídica de los territorios arrebatados a los musulmanes. Tampoco está exento de discursos metahistóricos: en el tiempo de la Europa feudal, la colonización de Castilla habría generado una sociedad especial de campesinos-guerreros libres en la que germinaría la peculiar personalidad histórica de España. Al término de este recorrido, el medievalismo español conoció una renovación profunda a partir de los años 60 y 70 del siglo XX. En la actualidad se tiene en general por inadecuado el término Reconquista. Sin embargo, los usos terminológicos tienen una inercia notable y aún hoy sigue siendo relativamente corriente encontrar tal palabra en la bibliografía, así sea en un sentido muy genérico.