Léxico

PESTE

Nociones epidemiológicas. La peste es una enfermedad que azotó a la humanidad en forma epidémica, desde la antigüedad hasta el s. XVIII. El germen responsable de la peste, la «Yersinia pestis», fue descubierto y descrito por primera vez por Yersin en 1894. Es un bacilo ovoide, de 1 a 1,5 micras de longitud, inmóvil y capsulado, aerobio y que se desarrolla idealmente con atmósfera cálida y húmeda. Se conocen tres variedades salvajes principales, tóxicas todas ellas para el hombre: a) La «Yersinia orientalis», responsable de las pandemias contemporáneas de Asia. b) La variedad «medievalis», considerada como causante de las pestes europeas del s. XIV y subsiguientes, que se encuentra acantonada actualmente en el área centroasiática. c) La forma «antiqua» situada en Africa en torno a los grandes lagos, de cuyo foco se supone partieron las grandes pestes de la Antigüedad y de la Alta Edad Media. En cualquiera de sus variedades, el bacilo no puede sobrevivir más que algunos días en los cadáveres en putrefacción al igual que en superficie; pero en el subsuelo, al abrigo de las madrigueras de los roedores especialmente, puede sobrevivir meses e incluso años. La contaminación se produce por vía cutánea, en la variedad bubónica, y bronco-pulmonar, en la neumónica. En el caso de peste bubónica, objeto de nuestra atención, se produce por la picadura de la pulga, que actúa como vector del bacilo, cualquiera que sea su variedad: «Pullex irritans», «Ceratophylus fasciatus» o «Xenopsylla cheopis». La pulga juega un papel de primer orden en la cadena de transmisión de la enfermedad, ya que al picar a una rata contaminada absorbe una cantidad de su sangre con bacilos y, en caso de cambiar de huésped, lo infecta a través de la picadura, transmitiéndole de este modo la enfermedad. La pulga es de naturaleza compleja y en condiciones favorables puede vivir entre unos meses y un año, esto es cuando la temperatura se sitúa entre los 15 y 20 grados y la humedad en tomo al 90 %. La variación de ésta es el factor que limita realmente su longevidad, ya que la temperatura limita su actividad (frío) y su reproducción (calor), pero es aquélla quien determina su muerte si se sitúa por debajo del 70 %. El estrecho contacto en que convivían hombres y ratas, favoreció el que la pulga eligiera a los primeros como huéspedes alternativos. La rata negra «Rattus ratus», incubadora de los bacilos pestosos, establecida en Europa desde el bajo medievo, abundaba en las ciudades y sobre todo en los puertos marítimos; animal extremadamente sedentario que vivía en lugares secos en los que pudiera encontrar sustento (bodegas, graneros...) y que no se trasladaba sino de forma pasiva (bodegas, fardeles...), de ahí que el contagio avanzase con la rapidez de los transportes de la época y preferentemente entre zonas urbanas bien comunicadas. De entre las tres variedades de peste -bubónica, septicémica y pulmonar-, veamos los síntomas y desarrollo de la primera, por ser la que se manifestó con mayor frecuencia. La acción tóxica del bacilo pestoso en el hombre comienza tras la picadura, y la inoculación dura de uno a seis días. La enfermedad tiene, generalmente, un inicio muy brusco con 39 ó 40 grados de temperatura. En el punto de la inoculación se produce una pústula que se gangrena rápidamente, para dar paso a una placa gangrenosa, el carbúnculo, que no se manifiesta en todas las epidemias. Tras el segundo o tercer día aparece en el territorio de las linfáticas tributarias del punto de inoculación una adenopatía, generalmente en la ingle, a veces en la axila o en el cuello, voluminosa, dura, muy dolorosa, tendente a menudo a la supuración, es el bubón. Frecuentemente se producen turbaciones nerviosas y psíquicas: cefaleas y vértigos que conducen al delirio y a la obnubilación del enfermo; acompañado de turbaciones digestivas, como vómitos y diarreas. Transcurridos ocho o diez días comienza una fase septicémica aguda con complicaciones viscerales múltiples: corazón, riñones, pulmones...; la temperatura puede alcanzar los 42 grados, momento en el que la muerte es casi segura. Si tarda, aparecen lesiones embólicas subcutáneas formando nuevas pústulas que se gangrenan y dan nuevos carbúnculos, hemorragias espontáneas de las mucosas y de las vísceras, complicado con púrpura, hematurias y amplias manchas subcutáneas que pasan por colores variados, del naranja al negro, al azul, al malva, al amarillo. Después las turbaciones nerviosas y psíquicas se agravan rápidamente, vértigos, alucinaciones con delirio, que aparecen y desaparecen con brusquedad hasta ser sustituidos por el coma o la muerte. Con anterioridad al descubrimiento de las sulfamidas y de los antibióticos la letalidad oscilaba entre el 90 % al principio de la epidemia y el 30 % al final de ella, cuando había perdido ya gran parte de su virulencia.