Léxico

CLIMA 1961-1990

Lluvia I. Quizás lo más característico del mapa pluviométrico de Euskal Herria son los contrastes tremendos entre el norte y el sur, y el que la transición se manifieste en muy poca distancia. Mientras que la zona montañosa del contacto de Gipuzkoa con Navarra es una de las áreas más lluviosas de Europa, el extremo sur de la Ribera es una de las más secas. De unas condiciones hiperhúmedas se pasa, por el efecto de sombra de los relieves de la divisoria cántabro-mediterránea, a unas condiciones esteparias en poco más de 100 kilómetros.

En la vertiente cantábrica de Euskal Herria. Las precipitaciones anuales oscilan entre los algo más de 1.100 mm. de su parte más occidental y los más de 2.500 mm. del norte de Navarra. El observatorio con un registro máximo es Artikutza (Navarra) (2.668 mm.), rodeado por otras tres localidades en cuyos observatorios también se rondan los 2.000 mm.: Oiartzun (Gipuzkoa), Elduain (Gipuzkoa) y Leitza (Navarra). Cercanos a estos puntos y en la costa, se registran en Errenteria (Gipuzkoa) unos 1.800 mm. de precipitación anual y en Hondarribia 1.730 mm. Suponemos que las precipitaciones máximas de Euskal Herria deben registrarse en el monte Ekaitza, en cuya ladera norte se encuentra Artikutza, y en donde probablemente se ronden los 2.800 mm. de precipitación media anual. En la vertiente cantábrica el observatorio con precipitación anual más baja, si bien con un período de observaciones menor que los restantes, parece ser Amurrio (Alava, 1.150 mm.), situado en un valle bastante protegido de los vientos del norte. En las cercanías de la costa vizcaina, en Sondika, la precipitación anual en el período reciente de 30 años, 1961-1990, ha sido de 1.236 mm. Las precipitaciones aumentan en la costa guipuzcoana y se alcanzan en Igeldo 1.581 mm. El máximo costero se alcanza en el vértice del golfo, en Hondarribia y Hendaye-Hendaia (Lapurdi), con 1.730 mm. Luego la precipitación anual de nuevo es menor a medida que se avanza hacia el norte por la costa de Lapurdi. En el observatorio de Biarritz-Anglet (Lapurdi) se obtiene una precipitación media anual de 1.483 mm. y al llegar a Burdeos apenas se rebasarán ya los 800 mm. En el interior de la Euskal Herria continental, en donde tenemos una serie larga y detallada del observatorio de Irulegi (Baja Navarra), las precipitaciones disminuyen algo pero siguen siendo muy abundantes, alrededor de los 1.500 mm. En la Navarra cantábrica se superan los 1.500 mm. incluso en los valles (Doneztebe-Santesteban (Navarra): 1670 mm.) y los 2.000 y hasta 2.500 mm. de precipitación anual en las alturas. En la zona alavesa cantábrica las precipitaciones anuales son inferiores a los 1.500 mm. en los valles, pero superiores a esa cifra en las alturas de las sierras de la divisoria. La importante pluviosidad y la fuerte intensidad de las precipitaciones en toda la vertiente norte de Euskal Herria se explica fundamentalmente por el factor orográfico. La orientación oeste-este de las sierras y el hecho de que las montañas vascas sean más bajas que las montañas de la Cordillera Cantábrica al oeste y las de los Pirineos al este, unido al efecto de succión de aire producido por la región ciclogenética del Mediterráneo occidental, es causa de que con frecuencia el flujo general del oeste se tuerza hacia la cuenca mediterránea a través de Euskal Herria. Los montes vascos actúan de trampolín disparador de la inestabilidad atmosférica y refuerzan las precipitaciones de los frentes fríos del noroeste y de las corrientes postfrontales. Así se explica que, a pesar de tener alturas inferiores a sus espaldas, la pluviosidad de la costa vasca, superior a los 1.500 mm. en su parte más oriental, sea muy superior a la de la costa cantábrica de Galicia (La Coruña: 990 mm.), de Asturias (Gijón: 980 mm.) y de Cantabria (Santander: 1.200 mm.). Otra característica de la pluviosidad de la vertiente cantábrica de Euskal Herria es el alto nivel de precipitaciones que con frecuencia se suele registrar en la segunda mitad del verano y comienzos del otoño. Se explica en parte por la anomalía térmica positiva de las aguas superficiales vascas en esta época, estancadas en el vértice del Golfo de Bizkaia, y que registran temperaturas superiores en varios grados a las de las aguas gallegas. Es así frecuente en esta época la formación en la costa vasca de una masa de aire superficial muy inestable y muy húmeda. Con ligeros vientos del norte, propiciados por encontrarse la región en el borde oriental del anticiclón de las Azores, y tras las primeras incursiones frías en los niveles altos, los montes vascos provocan que se dispare la inestabilidad y se puedan producir fuertes precipitaciones. La existencia frecuente de una baja térmica peninsular en verano facilita el proceso. Con respecto a la actividad de los frentes que afectan a la vertiente norte de Euskal Herria es importante señalar que los de carácter frío tienen mucha mayor repercusión en las precipitaciones que los de carácter cálido. La cifra de los frentes fríos que alcanzan al año la costa vasca oscila entre los 50 y los 60, mientras que los frentes cálidos suelen ser menos de 30 al año. Esto es debido a nuestra posición bastante meridional respecto al eje de la trayectoria del centro de las borrascas y a que los frentes fríos suelen ser más largos que los cálidos. Además, y sobre todo, las precipitaciones son muy superiores al paso de los frentes fríos, ya que el flujo suele ser del NW, con lo que el factor orográfico refuerza las ascendencias frontales, mientras que, al paso de un frente cálido, el flujo suele ser del SW, con lo que la orografía provoca un efecto descendente que enmascara las ascendencias. En toda la vertiente cantábrica de Euskal Herria, durante el período de 30 años considerado (1961-1990), la estacionalidad de las precipitaciones está bien marcada. De todas formas hay que tener en cuenta que la variabilidad es muy elevada y que por lo tanto las cantidades reales recogidas en un mes determinado pueden alejarse mucho de las medias mensuales. Así, en Igeldo, el coeficiente de variabilidad mensual suele ser de un 50 %, superándose en octubre el 60 %. Por ejemplo, en octubre de 1973 llovió en Igeldo solamente 37 mm., pero al año siguiente, en octubre de 1974, cayeron 404 mm., es decir, diez veces más. Sin perder de vista la variabilidad mencionada, el máximo de las precipitaciones medias se produce en el corazón del otoño-invierno, en los meses de noviembre, diciembre, enero y febrero. El mínimo se produce en los meses del verano, siendo julio en todos los observatorios claramente el mes más seco. Una particularidad de las precipitaciones registradas en este período 1961-1990 es que el mes de septiembre ha sido de media más seco que agosto en muchos de los observatorios estudiados. El motivo radica en la existencia de varios septiembres muy secos, debido a prolongadas situaciones de viento sur. Otra particularidad que rompe la curva regular de las precipitaciones mensuales es que abril se ha comportado en las medias como un mes muy lluvioso, que ha superado a marzo en todos los observatorios.

En la zona media de Euskal Herria. Las precipitaciones descienden considerablemente y difícilmente superan los 1.000 mm. anuales, si exceptuamos los relieves altos y los valles navarros pirenaicos (Abaurrea: 1.513 mm.). También en el corredor del Arakil (Altsasu-Alsasua (Navarra): 1.178 mm.), que aprovecha las ascensiones de las sierras que lo encierran, se superan los 1.000 mm. En el resto las precipitaciones oscilan entre los 600 y los 1.000 mm. de precipitación anual, dependiendo en gran parte de la altitud de la localidad y de la proximidad por su flanco sur de alguna sierra o monte que favorezca las ascendencias del aire húmedo del norte y consecuentemente las precipitaciones. No existe de oeste a este un gradiente claro de precipitación anual. En Vitoria-Gasteiz se recogen 828 mm., en Altsasu-Alsasua 1.178 mm., en Pamplona/Iruña 753 mm. y en Yesa (Navarra) 832 mm. En el suroeste, en la parte occidental de Treviño ( administrativamente Burgos) y en los límites con Burgos, las precipitaciones descienden por debajo de los 600 mm., pero en Estella/Lizarra (Navarra) aún se siguen recogiendo 689 mm. La estacionalidad de las precipitaciones aparece menos marcada que en el norte. Así ya no es siempre el invierno la estación más lluviosa, pues a veces la media de la precipitación en primavera es superior, como ocurre en el caso de Pamplona/Iruña. La estación con menos lluvia continúa siendo el verano, pero las precipitaciones medias adicionadas de los tres meses estivales suelen quedar por encima de los 130 mm., lo que no es poco.

En la zona meridional de Euskal Herria. En la Rioja alavesa y en la Ribera navarra, el efecto de sombra pluviométrica producido por los relieves del norte se hace evidente. En la Rioja alavesa, a poco de superar la barrera norteña de la sierra de Cantabria, el nivel desciende por debajo de los 400 mm. anuales y en la Ribera navarra se produce también un gradiente rápido de disminución a medida que avanzamos hacia el sur Carcastillo (Navarra) : 467 mm., Tudela (Navarra): 380 mm.). Las precipitaciones anuales son muy escasas y la sequía estival muy clara, lo que es típico de un clima mediterráneo. Sin embargo, el invierno pierde definitivamente la primacía en lluvias frente a las estaciones equinocciales, el otoño y la primavera. Tan es así que el invierno es ya en esta zona casi tan precario en precipitaciones como el propio verano, lo cual es ciertamente más propio de un clima continental que de uno mediterráneo.

Duración e intensidad de las precipitaciones. La mayor o menor pluviosidad de un clima viene definido no sólo por la cuantía de las precipitaciones sino también por su duración. El tiempo en que está lloviendo tiene en muchos casos mayor relevancia que la cantidad de lluvia caída. En actividades como las turísticas y las de recreo la duración de la lluvia es un dato esencial. Desgraciadamente no suelen confeccionarse estadísticas sobre la duración real de las precipitaciones y este dato suele ser sustituido por el del número de días de precipitación, el cual no puede utilizarse sino como un índice aproximativo. En el territorio de Euskal Herria hay estadísticas sobre la duración real de la lluvia en los observatorios de Igeldo y de Biarritz. En el de Igeldo se han estudiado las lluvias diarias de un período de 20 años, 1961-1980, revisando unas 7.000 bandas pluviográficas. En el observatorio de Biarritz el período es de 30 años, 1961-1990. De estos dos estudios se extraen unas medias de 616 horas de lluvia al año en Igeldo y de 840 horas en Biarritz. En porcentaje de tiempo esto significa que en Igeldo está lloviendo el 7 % del tiempo y en Biarritz casi el 10 % del tiempo total, esto es, que de cada 10 veces que un habitante de Biarritz sale a la calle en una de ellas está lloviendo. La media de Biarritz es realmente alta, semejante a las de países tan lluviosos como Irlanda. Esto está en consonancia con una mucho menor intensidad media de precipitación (1,8 mm./hora), que en Igeldo (2,7 mm./hora). Puede deberse esta moderación a que algunos flujos del sector oeste que no llegan a producir precipitaciones en Vasconia peninsular, sí producen lluvias ligeras al elevarse sobre los relieves bajos de la costa de Lapurdi. El dato hace pensar que las verdes colinas del país continental gozan o sufren de lo que se ha solido considerar como lo típico de la pluviometría vasca, lluvias suaves y persistentes, mientras que por el contrario, la costa de Bizkaia y de Gipuzkoa soportan en realidad una pluviometría no de "sirimiris", sino de chubascos y lluvias intensas de menor duración. En los dos observatorios la duración de las precipitaciones en invierno es mucho mayor que en verano. En Biarritz, en los meses invernales llueve con una frecuencia tres veces superior a la del verano. En Igeldo es el mes de abril, el de aguas mil, el que tiene una mayor duración de lluvia: 74 horas, que representan el 10.3 % del tiempo, frente a julio, con 31 horas de lluvia, que representan sólo el 4.1 % del tiempo. Esto es, de cada veinte veces que una persona de Donostia-San Sebastián sale a la calle en julio, una de ellas está lloviendo. Si sale. Una medida más frecuente sobre la duración de la lluvia, aunque como ya hemos indicado bastante equívoca, es la del número de días de precipitación. Se suele entender por día de precipitación aquél en el cual, ya sea de noche o de día, y en mucho o poco tiempo, se haya recogido al menos 0.1 mm. de lluvia o nieve. En los observatorios de la costa de la vertiente cantábrica la cifra de los días de lluvia así considerados suele suponer casi la mitad de los días del año, 180 días. En la Euskal Herria central los días de lluvia disminuyen sensiblemente. Sobre todo en su parte oriental: Vitoria-Gasteiz, 153 días y Pamplona/Iruña, 127 días. En la Rioja y en la Ribera las cifras bajan hasta aproximadamente unos 100 días de lluvia al año. Las diferencias estacionales son muy pequeñas. En toda Euskal Herria los meses primaverales de abril y de mayo presentan las medias máximas. Destacan los 18 días de precipitación en abril en el observatorio de Biarritz o los 17.8 días en mayo en Arantzazu (Gipuzkoa). El verano es por lo general la estación con menor número de días de precipitación si bien en los observatorios de la costa vizcaina y guipuzcoana es el mes de septiembre el que presenta la cifra media mínima. Un dato de interés a efectos de riesgos de inundaciones, de desprendimientos y de corrimientos de laderas, muy frecuentes en el norte de Euskal Herria, es el de las cantidades diarias máximas de precipitación Destacan las grandes intensidades de la costa, con precipitaciones máximas diarias que en este período de 30 años han rebasado ampliamente los 100 mm. diarios y en Sondika incluso los 200 mm. En el interior las precipitaciones máximas diarias se reducen considerablemente. En todos los observatorios es en la mitad veraniega del año en la que se registran estas precipitaciones extremas, que se explica por la inestabilidad térmica y por la mayor capacidad de humedad de las masas cálidas de aire. Existe un estudio referente al observatorio de Igeldo que señala las precipitaciones habidas en tiempos más cortos, de 10 minutos a 12 horas, durante el período 1961-1980. Comparándolas con otras del Cantábrico las precipitaciones de Igeldo resultan ser muy fuertes en los tiempos cortos medidos. Las precipitaciones máximas en 10 minutos, 30 minutos y 1 hora se recogieron el 30 de mayo de 1964, siendo bastante impresionantes los 33 mm. recogidos en 10 minutos, que suponen una intensidad de 198 mm./hora. La lluvia de aquel día ocurrió a las 4 de la tarde, fue de corta duración y no hubo precipitaciones ni antes ni después de la tromba. En los momentos de la lluvia se alcanzaron rachas de viento de 144 km./hora de dirección SSW, y la tromba fue precedida y seguida por un día entero de calma chicha, con probable gota fría en altura.