Léxico

CLIMA 1961-1990

Nieblas. Los tipos de nieblas que se forman en el territorio de Euskal Herria, y que tienen muy diferentes génesis, son principalmente tres: las nieblas costeras, las nieblas de montaña y las nieblas de valle. De esta manera todo el país se ve afectado por uno u otro tipo de niebla, si bien con una frecuencia relativamente moderada. Conviene aclarar que las observaciones de niebla, al igual que las de nubes, tienen un cierto grado de subjetividad. Desde un punto de vista meteorológico un observador considera que existe niebla cuando la visibilidad es inferior a los 1.000 metros. Se considera día de niebla aquel en el que en alguna de las tres observaciones realizadas diariamente se ha constatado la existencia de este meteoro, es decir, que no es necesario que la niebla persista durante todo el día para considerarlo como tal. El observatorio de Igeldo es el que registra una mayor frecuencia, 83,1 días al año, en gran parte debido a su posición particular en lo alto de un monte, casi un acantilado, sobre el mar Cantábrico. Lo más característico del fenómeno de la niebla en el monte Igeldo, y probablemente en toda la costa, son las diferencias estacionales. Existen tres meses particularmente más propensos a ella: abril, mayo y junio. En estos meses es máximo el contraste entre la aún fría temperatura del agua del mar y la del aire suprayacente, más cálido. La situación térmica es propensa a las inversiones de superficie, sobre todo con presiones altas, y a la formación de estratos y nieblas marinas que las brisas adentran en la costa. Al situarse Igeldo en un alto, el relieve facilita el enfriamiento del aire y aumenta la frecuencia de niebla. Por el contrario, el observatorio de Pamplona/Iruña, en una cuenca bien aireada y soleada, tiene la frecuencia mínima, solamente 18,6 días de niebla al año. Los observatorios de Sondika, con 28,8 días, y Hondarribia, con 25,0 días, situados en valles abiertos, presentan también frecuencias bajas. Sin embargo, tanto en la Llanada alavesa, 50,5 días, como en la Rioja, 56,3 días, la frecuencia de nieblas se eleva bastante. En el caso de la Rioja es debido a las nieblas de la temporada otoño-invierno, las más frecuentes, con diferencia, de todo el país, y en el caso de Vitoria-Gasteiz, debido a la regularidad de una frecuencia persistente de nieblas a lo largo de todo el año, incluso durante los meses de verano. En el interior del país preponderan las nieblas de montaña y las de valle. En todos los relieves altos de Euskal Herria son frecuentes las nieblas de montaña, especialmente en las sierras de la divisoria. Alcanzan su máxima frecuencia en los montes del borde de Gipuzkoa con Navarra. Se producen normalmente en situaciones del norte que aportan una masa muy húmeda de aire marino Al elevarse a ras de las montañas, el aire se enfría y, por condensación del vapor de agua, se forman las nieblas. En toda la vertiente cantábrica de Euskal Herria las alturas del intrincado relieve, aunque no sean muy elevadas, son suficientes para que el aire se sature y se produzcan estratos bajos que envuelven los montes en un manto nuboso. El techo de las nubes estratificadas suele estar con relativa frecuencia por debajo de los 300 metros y allí en donde el terreno alcanza esta altura son, por lo tanto, percibidas como nieblas. La frecuencia de su aparición, dependiente de la altura, es mayor en verano, y son más frecuentes al atardecer, cuando el calentamiento diferencial de las solanas y las umbrías produce movimientos ascendentes de aire. Otro tipo de nieblas frecuentes en el interior de Euskal Herria son las nieblas de irradiación o de valle. Las nieblas de irradiación se producen cuando al final de las noches frescas y húmedas, favorecidas por situaciones de tiempo estable y cielos estrellados, el aire frío y denso desciende por las laderas hacia el fondo de los valles, en donde se estanca y su humedad se condensa. Al amanecer es frecuente la formación de inversiones térmicas, aire frío abajo y más caliente encima, que impiden las turbulencias y el intercambio vertical de calor, con lo que las nieblas del fondo del valle pueden persistir muchas horas diurnas. Las nieblas de irradiación, en invierno, también pueden afectar a territorios de Euskal Herria de mayor extensión y no tan cerrados, como la Llanada alavesa o la Rioja. Para ello se requiere que la situación atmosférica sea estable, anticiclónica, y la masa de aire que recubre el país sea fría y húmeda. En invierno, la corta duración del día y la baja intensidad de la radiación solar impiden que el suelo se caliente y permiten que la niebla no se disipe del todo durante las horas diurnas. En la Rioja, al igual que en toda la depresión del Ebro, son frecuentes estas nieblas invernales, frías y desagradables, que pueden persistir varios días seguidos. Estas nieblas, por su humedad, aumentan la sensación de frío. Pero a la par se evitan las heladas, ya que la temperatura del suelo se suele mantener, aunque próxima, por encima de los cero grados. Indica Pejenaute que en Navarra estas nieblas se producen normalmente cuando un anticiclón se centra en Europa Central, en Francia o en el Mediterráneo, y las isobaras se dibujan de tal manera que hay viento del sudeste. En estas situaciones invernales los observatorios de los Pirineos (Abaurrea, Orreaga-Roncesvalles, Urzainqui (Navarra), etc.), sin nieblas, alcanzan temperaturas superiores en 10 grados a los de Pamplona/Iruña o la Ribera, cubiertos por nieblas.