En plena crisis postbélica, la principal misión encomendada por el distrito de Bergara a su nuevo representante fue la de canalizar e impulsar en Madrid las gestiones de la Comisión de armeros en orden a la derogación del R. D. de 15-9-1920, que estaba sumiendo en la ruina a las poblaciones armeras. La contestación de todos los sectores sociales urbanos e instituciones locales fue creciendo ante la cerrazón gubernamental a toda vía de acuerdo. De esta suerte, la ausencia de alternativas al problema armero y un comportamiento no demasiado comprometido del Duque en las negociaciones trajeron consigo una relativa actitud de rechazo hacia éste por buena parte de la opinión pública. Sin embargo, eran tenidas por beneficiosas algunas iniciativas suyas con respecto a la obtención de la supresión de las guías de pertenencia para armas largas, la agilización de la exportación armentística a Francia, subvenciones para diferentes sociedades y Escuela eibarresa de Armería, así como la defensa en la Junta de Aranceles y Valores de las industrias del distrito. A todo ello, se unían logros en otros campos, tanto públicos como privados (traída de aguas de Bergara...).
