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Ambar Elkartea

Ambar Elkartea: Un Legado en la Conservación de la Fauna Marina de Euskadi

La sociedad para el estudio y la conservación de la fauna marina de Euskadi, Ambar, fue fundada en 1998 por un grupo de estudiantes de biología apasionados por el mar. Movidos por los varamientos que se producían en nuestras costas, se dieron cuenta de que los cetáceos habitaban el litoral vasco. Al encontrar ejemplares muertos en las rocas y arenales, decidieron arrojar luz sobre la escasa información disponible acerca de estas especies. Con escasos recursos pero gran entusiasmo, comenzaron a recolectar datos, realizando necropsias para extraer la máxima información de los cuerpos encontrados. Se organizaron para acudir a diferentes cabos de Bizkaia y Gipuzkoa, equipados con telescopios para registrar los avistamientos que pudieran realizar desde tierra. La diversidad de animales que documentaron fue asombrosa: ¡más de 20 especies diferentes de cetáceos! La opacidad de nuestro Cantábrico había mantenido oculto este tesoro a los ojos de la ciencia.

A lo largo de los años, la ONG creció tanto en número de socios como en relevancia. En el año 2000, comenzó a colaborar en el programa de investigación Marinelife - Biscay Dolphin Research Programme a bordo del ferry que cubría la ruta Bilbao-Portsmouth, obteniendo una gran cantidad de datos que evidenciaron la importancia del Golfo de Vizcaya para diversas especies de mamíferos marinos. Participó activamente en los congresos anuales de la Sociedad Española de Cetáceos, organizando la edición de 2018 en Bilbao, y contribuyó en numerosos congresos y estudios científicos a nivel nacional e internacional.

Ambar estableció la red de varamientos del País Vasco, financiada desde 2017 por el Gobierno Vasco. Esta red estaba compuesta por personas capacitadas por Ambar que residían en el litoral vasco y acudían a los lugares de varamiento alertados por SOS Deiak (112). La intervención variaba dependiendo de si los animales estaban vivos o muertos: en el primer caso, se intentaba la reintroducción al mar si era viable; en el segundo, la labor de Ambar consistía en asesorar a diversas entidades, recopilar datos y recoger muestras. Posteriormente, se llevaban a cabo necropsias, para las cuales, desde 2015, existió un acuerdo con el PiE, el Centro de Investigación en Biología y Biotecnología Marinas Experimentales de la UPV, que proporcionaba un espacio equipado para las disecciones. Las muestras obtenidas se donaban al biobanco de tejidos del centro para estudios posteriores.

Se diseñó e implantó un protocolo de actuación oficial para varamientos y se realizaron numerosas formaciones dirigidas al público en general y a colectivos específicos que a menudo se encontraban con cetáceos antes que los voluntarios de Ambar, como surfistas, pescadores y cuerpos de policía y bomberos. A lo largo de su trayectoria, Ambar atrajo a personas especializadas en biología, veterinaria, ciencias ambientales y del mar, así como a amantes del océano dispuestos a contribuir con su tiempo al estudio y divulgación de los cetáceos del litoral vasco.

La asociación siempre estuvo abierta a iniciativas de cualquier socio, siempre que estuvieran alineadas con los objetivos fundacionales y hubiera personas dispuestas a llevarlas a cabo. Así, siempre había oportunidades para involucrarse. Además de la actividad científica, había espacio para que voluntarios de otros perfiles se sintieran útiles: organizando exposiciones, atendiendo varamientos, colaborando en necropsias, guiando salidas al mar, realizando censos, gestionando la presencia digital de la asociación, atendiendo a medios de comunicación, impartiendo charlas y cursos, realizando tareas administrativas, limpiando huesos y muchas otras acciones relacionadas con la gestión de la asociación y la concienciación.

El objetivo fundamental de Ambar era promover el conocimiento y el interés por la fauna marina. Dentro de este marco, la actividad que más participantes atrajo fue "Cetáceos a las 10". Coordinada desde Torre Madariaga, el centro de biodiversidad del País Vasco, se llevó a cabo en colaboración con la empresa Hegaluze. Una embarcación diseñada específicamente para el avistamiento de cetáceos zarpaba desde Bermeo con voluntarios de la asociación que actuaban como guías, localizando animales y registrando los avistamientos. Estas salidas fueron un éxito tanto en términos de avistamientos como en la valoración de los asistentes, quienes a menudo quedaban asombrados por la riqueza de la fauna marina de la costa vasca. También se llevaron a cabo censos de animales y estudios, como la fotoidentificación de aletas de delfines mulares, que revelaron que algunas manadas residían en nuestras aguas durante todo el año. Sin embargo, esta actividad era exigente, y su frecuencia requería un compromiso difícil de mantener para un grupo de voluntarios. Después de 10 intensos años, a finales de 2018, la asociación tuvo que abandonar estas campañas de avistamientos.

La pandemia tampoco ayudó a mantener activa la asociación. La cancelación de un segundo proyecto de investigación prometedor sobre delfines mulares y la falta de actividad e ingresos llevaron a un letargo del que Ambar no pudo recuperarse. En 2021, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) lanzó un concurso de ayudas para proyectos de refuerzo de redes de varamientos en todas las comunidades autónomas, pero los requisitos del pliego eran inalcanzables para la asociación. En 2022, el PiE asumió la responsabilidad de la red de varamientos de Euskadi. El trabajo con los animales varados había sido el motor que mantenía viva a la asociación, y con la transferencia de la red, ese motor se apagó. Ambar perdió así su misión principal.

A lo largo de su historia, llegó a contar con hasta dos personas contratadas simultáneamente para realizar diversas tareas y estudios, aunque siempre fue una organización sin ánimo de lucro basada en el voluntariado. Para continuar, una asociación de este tipo necesita un objetivo común y socios motivados. La reducción de la actividad fue minando el interés y la implicación de los socios, lo que a su vez resultó en aún menos actividad, creando un ciclo que terminó por asfixiar a Ambar.

A pesar de ello, es importante destacar que el trabajo voluntario realizado por Ambar fue excepcional y llenó un vacío que nadie más estaba dispuesto a cubrir. La reacción de los socios ante la decisión de disolverse fue de tristeza, pero también de satisfacción por el importante trabajo realizado y agradecimiento por todo lo que la asociación les permitió aprender y disfrutar. Se quedan con la tranquilidad de que gran parte de su labor ha sido asumida por entidades públicas y privadas que continuarán con ella. El trabajo realizado no se pierde. Ambar fue el referente vasco en el ámbito de los mamíferos marinos, y su legado perdurará. Los datos recopilados a lo largo de casi 30 años de estudio están disponibles para quienes deseen acceder a ellos a través de la plataforma opendata.euskadi.eus.

Ambar Elkartea se disuelve tras traspasar parte de sus actividades a otros organismos.