Lexicon

UTILLAJE

Interpretaciones míticas. José Miguel de Barandiarán recogió diversos relatos explicativos de cómo el hombre adquirió el dominio de los útiles, que casi unívocamente siguen el mismo esquema del mitema de Prometeo rapaz del fuego a los dioses, adaptado en nuestro caso al ámbito cristiano, en que un santo, San Martín, arrebata a los gentiles o a Basajaun ese trascendental conocimiento. Pongamos un ejemplo: «Basajaun es representado en algunos sitios como ser terrorífico, de carácter maligno, dotado de fuerzas colosales y agilidad extraordinaria. Otras veces aparece en los relatos populares como primer agricultor, de quien los hombres, mediante un ardid, obtuvieron la primera semilla de trigo y aprendieron su cultivo; como primer herrero y como primer molinero, a quien el hombre robó el secreto de la fabricación de la sierra, del eje del molino y del modo de soldar metales...» Gracias también a un ardid, consiguió San Martinico arrancar al basajaun el secreto de la fabricación de la sierra, según relatos de la región de Oyarzun. El basajaun fabricaba sierras en su taller; no así San Martinico, que carecía de un modelo para ello. Deseando éste conocer el secreto, envió a su criado a anunciar en el pueblo que San Martinico había fabricado la sierra. Al oír esto el basajaun, le preguntó: ¿es que tu amo ha visto la hoja del castaño? No la ha visto, pero la verá contestó el criado, que luego refirió a San Martinico lo sucedido. San Martinico vio la hoja dentada del castaño y labró, a su estilo, una lámina de hierro. De noche fue el basajaun a la herrería de San Martinico para comprobar si éste había fabricado alguna sierra. Al encontrar allí una, le torció alternativamente a uno y otro lado los dientes, queriendo así inutilizarla. Pero, con ello, mejoró la herramienta: ahora estaba triscada y no se agarrotaba como le ocurría antes y les ocurría a las del basajaun. Desde entonces se propagó el uso de la sierra por el mundo». Como hacedor de instrumentos de caza y de defensa, el herrero estaba nimbado de un aura mágica y maligna a la vez, y a ello obedece que fuera visto como oficio impuro, y su herramienta como dotada de virtudes especiales. A este respecto, el antropólogo James G. Frazer decía que, en ciertas culturas africanas, «esa aura de misterio y maravilla se extiende también a los instrumentos de su oficio, y en particular a su martillo, que se supone dotado de virtudes mágicas o espirituales. De ahí que él tenga que mostrarse muy cuidadoso de cómo maneja el martillo en presencia de los demás miembros de la tribu, a fin de no poner en peligro sus vidas como consecuencia de los poderes milagrosos de la herramienta. Por ejemplo si el herrero hace simplemente el gesto de señalar a un hombre con el martillo, los demás creen que el hombre morirá sin remedio, a menos que se lleve a cabo alguna ceremonia para expiar la injuria. Por consiguiente, se da muerte a una cabra y con su pellejo se hacen dos anillos. Se pone uno de ellos en el dedo medio de la mano derecha del herrero y el otro en el dedo correspondiente del hombre cuya vida ha quedado comprometida, y se recitan fórmulas expiatorias. Se debe seguir un ritual semejante si el herrero ha señalado a alguien con las tenazas o ha quemado casualmente a alguien con las escorias del hierro que trabaja».