Si bien en este apartado hemos dado un importante salto cualitativo, en cierto modo seguimos en el paleolítico. es decir, aunque pesadillas y sueños como los transgénicos en vegetales de gran consumo (tomate, maíz, soja) y la definitiva CO2 ? Ø nos visiten diariamente, la pesca sigue por donde siempre: se captura en exceso y, en compensación, se devuelven a la mar ácidos, lejías y plásticos.
Pero en los cultivos de tierra el vasco transciende el neolítico, ya que es capaz de multiplicar los alimentos y alargar su caducidad. Cultiva numerosos acuáticos: algún marisco (ostra, almeja, bogavante...) y varias especies de peces (dorada, rodaballo, rape, salmón...), carnívoros en su mayoría y, por tanto, antieconómicos.
Avanza la ganadería de estabulación, una vez desaparecida la pratense, sobre todo la ovina, por el alto precio alcanzado por el queso Idiazabal. Se va extinguiendo el vacuno de leche, ya que es más barato comprar que producir. Ante esa situación, algunos ganaderos determinan fabricar y comercializar productos con valor añadido (yogures, lácteos).
Otro tanto sucede con el porcino: el pequeño productor prefiere manejar el cerdo y comercializarlo en producto acabado (salchichón, paté, etc.) y no falta quien aprovecha la coyuntura para lanzar alimentos de excelente calidad.
Aparecen en las cuadras "nuevos" ganados: búfalos, jabalíes (para cruzarlos con cerdos), ciervos, etc., a la vez que aumentan las clases de aves: pato (no así su equivalente, el ganso), que adquiere un bonito mercado, avestruz, emú, junto a preciadas variedades gallináceas tradicionales, criadas en paradisíacos jardines, porque el cliente desea especializar su gasto.
Y van aumentando los "desconocidos" hasta hace poco: setas y hongos exóticos, frutas y verduras tropicales y subtropicales, etc. Al lado de ese kiwi que ha cumplido su primer medio siglo en Euskal Herria florece y fructifica el ruibarbo, bábaco, bergamota, carambola, kiwano, crosne, kumkuat, lima, lichi, mandioca, mango, maracuyá, nashi y mil más, al compás de la globalización.
Un factor desencadenante de ese proceso ha sido el caserío que, si bien en el s. XVI era domicilio de la familia numerosa, fábrica y taller, templo, depósito de tradiciones y unidad autárquica, últimamente muchos de ellos han decidido dar el salto evolutivo, en lugar de resignarse a ser esclavo en casa y peón en la fábrica, eternizada su jornada laboral. Algunos (agricultores, pastores) insatisfechos con la producción de materia prima, transforman ésta y la y comercializan. La calidad del producto en modo alguno es uniforme, a lo que contribuyen unas leyes que regulan los aspectos controlables por la burocracia, arrinconando la calidad organoléptica (y subjetiva) de lo producido.
