Poetry

Euskaldunak (1934). Nikolas Ormaetxea

Aparición. D. Manuel de Lecuona (Bol. Am. País, 1950) nos cuenta el acontecimiento muy de cerca como sigue: "Tuvimos en su día la gran fortuna de hacer las copiasde la obra con destino a la imprenta. Lo cual nos dio ocasión de una larga y reposada pregustación de la recia obra de nuestro "Orixe". Esta era muy esperada desde hacía muchos años. Su noticia había cundido en todos los medios más o menos interesados en la vida literaria del euskera. Hasta se había desesperado de parte de muchos de verla impresa. Por eso su aparición ahora habrá sorprendido a no pocos. Y esta circunstancia de expectación hará ahora que el examen y la crítica de ella sea muy tamizada. Sea, enhorabuena, todo lo tamizada que se quiera; la producción de "Orixe", así lo esperamos, sabrá arrostrarlo todo. Nosotros sabemos decir que ella es una de las pocas en que nuevas lecturas nos han llevado a nueva admiración de las buenas prendas literarias de lo que leíamos. Se aprecia que tras de la obra se oculta un muy poderoso genio poético. Digamos como impresión general de ella que la obra sabe a recia, clásica, lejos, sistemáticamente lejos, de todo resabio de romanticismo, lo mismo de sentimiento como de imaginación. Nada de imaginación fantástica, ni sentimiento desbordado o exaltado. Todo serenidad. Pero, eso sí, todo ello como fruto de una visión poética, de un ojo poético, que descubre en cada tema y cada caso los aspectos más hondamente poéticos, más reciamente humanos, más popularmente pintorescos... Y con soltura, desenfado y gracia en el manejo del tema. Canta el poeta en catorce Cantos la vida vasca en el transcurso del año. Con todas las faenas de un caserío de la raya de Guipúzcoa con Navarra, mitad granja agrícola, mitad borda de pastores, como lo son ordinariamente nuestros caseríos más típicos. Con todas las fiestas del ciclo anual. Con todas las contingencias y afanes de la vida de aldea (Pesta-buru, Olentzaro, Iñauteri, Letari; Gaztainaro, Artazuriketa, Axurtaro, Artajorra, Belarreko, Eultzi; Palankari, Laisterkari, Aizkolari, Segari, Aari-talka, Arraunlari; Eztaiak, Illetak...). Todo ello alrededor de una deliciosa "fábula" de los amores de una pareja de tal medio. El verso, que algunas veces afecta cierto abandono, tan propio de un poema, que nunca suele ni debe ser un primor de versificación, con todo -es tal el dominio y maestría del autor- ordinariamente reviste una rotundidad de cadencia y una novedad y exactitud de rima, que sorprende en obra de tanto aliento. Nada de lugares comunes. Nada, sobre todo, de rellenos. Los menores recovecos del verso nutre nuestro poeta de nueva sorprendente savia de observación y contenido poético. Es, a este respecto, de lo más denso, trinko, diríamos, que hemos visto. Si se nos diera a escoger uno sólo de los Cantos para nuestro gusto, nos encontraríamos enormemente embarazados en nuestro empeño. Cada Canto nos parece el mejor. Y es que creemos sinceramente que el poeta en cada uno de ellos se supera a sí mismo, hasta llegar en este ritmo de continua superación al último Canto, que, sin ser el mejor de todos, es, sin embargo, uno de los más pintorescos y más honradamente sentidos y observados al mismo tiempo (muerte y funeral de la abuela, seguidos de un partido de pelota a largo por los sacerdotes que han celebrado el funeral)."