Poetry

Euskaldunak (1934). Nikolas Ormaetxea

C) Obra maestra, en fin, de estética euskaldun. El carácter vasco de una producción literaria no depende del asunto, ni tan sólo del idioma: es fruto de la psicología racial del autor. Novelas y piezas teatrales hay, sobre motivos nuestros, que, con toda su intención patriótica y aun vertidas en buen euskera, siempre sonarán a cosa extraña en los oídos de un vasco neto. Como hay "olerkis" muy calificados que jamás despertarán un eco en el alma del euskaldun. Lo que hace vasca la obra literaria es la manera habitual de "situarse" y de "reaccionar" el autor frente a los hechos que registra; el sesgo y curso que toman normalmente sus ideas y sentimientos al tratar de reproducir aquéllos con palabras. Y tanto más vasca resulta la obra, cuanto mejor se ajustan las operaciones internas del autor -reflejadas en la expresión- a las normas, gustos y métodos predilectos de nuestro genio. Pues bien: aun bajo este aspecto, y prescindiendo de la naturaleza de su inspiración, el Poema de "Orixe" es eminentemente vasco. En primer lugar, forma parte esencial de él la melodía, desechados una vez más los convencionalismos rutinarios. Es un canto épico de verdad, concebido cantando y destinado a cantar, al modo vasco. Ya se sabe que entre nosotros poesía y música se complementaban, y que toda la razón de ser del artificio métrico consistía en el compás de la canción. Sin melodía, no tienen objeto ni justificación, para el euskaldun, las trabas técnicas del verso. En segundo lugar, los metros y estrofas presentan la misma contextura clásica, corte expedito y tono familiar que los del bertsolari. Lejos de desdeñar los procedimientos tradicionales, "Orixe" se propone rehabilitarlos y autorizarlos. Y logra, sin duda, un éxito definitivo: el vasco letrado que pruebe una vez la delicia de estos versos, no es posible que le siga ya entusiasmando la pompa clásica del exámetro o de la octava real. La marcha del estilo traduce la nota más característica del temperamento vasco: la inquietud. Todo el Poema es una movida descripción que no se interrumpe, y donde el escenario y las situaciones se renuevan de continuo, a semejanza de las aguas juguetonas del arroyuelo que baja serpeando por la vertiente sin formar remansos. Nada de morosidades o languideces. En la multitud, variedad y ritmo de las sensaciones que transmite su lectura bulle el dinamismo de un pueblo que todo lo hace danzando, y que ni en el gozo ni en la pena se abandona a la molicie de los sentidos. Y no es sólo el ágil movimiento del estilo el que evoca el sano brío de la danza, en contraposición con la tristeza mórbida del baile. Es también la jovialidad del humor. Esta otra cualidad, típicamente nuestra, síntoma de salud física y moral, se manifiesta en la visión y apreciación de los mil incidentes de la vida. Ni el amargor pesimista, ni la zumba maligna o maliciosa, ni la lamentación deprimente turban nunca la placidez del Poema. Los pequeños entuertos y comicidades se exhiben, si, a plena luz, y con notoria complacencia; pero siempre va envuelta su descripción en un cálido vaho de bondad que los pone a salvo de la mofa, del sarcasmo, de la intención picaresca, de la sátira escéptica; y la risa que provocan es, en todo tiempo, noble y cordial. Impregna la obra el espirito del bien, que es espíritu de alegría; y en sus versos jubilosos, tan distintos de la mayor parte de los que se celebran en otras literaturas flébiles y amaneradas, campea el genio étnico de uno de los pueblos más festivos y bromistas, y a la vez, más humanos de la tierra. Por último, también la materialidad de la dicción es de un vasquismo absoluto. Ahí precisamente, en esa particularidad que constituye uno de sus grandes méritos, se fundará el reparo mayor que le pueda oponer una critica superficial. Siendo cada vez más rudimentario el conocimiento que muchos vascos tenemos de nuestra lengua, es inevitable que una obra genial como ésta defraude, a primera vista, a un crecido número de lectores renacentistas, muy versados, si se quiere, en gramática, pero poco o nada familiarizados con los resortes complicadísimos del euskera vivo. Su concisa fraseología, su caudal de modismos intraducibles, la forma habitualmente elíptica de su construcción, tan del gusto del euskaldun puro y tan corriente entre los buenos bertsolaris..., no son cosa que se aprendan en los tratados, sino en la prolongada intimidad de un ambiente genuino. Mas, por lo mismo, tampoco el juzgar de ellas puede ser incumbencia de quienes, por falta de preparación, son incapaces de apreciar su sabor. A la mayoría de los vascos bilingües nos toca recibir lecciones del euskaldun puro, con sumisión y humildad. Esta obra, tanto por la forma como por el fondo, arguye en el autor un instinto privilegiado de captación y Selección de los valores del alma vasca, y un criterio decididamente rendido a nuestra estética popular. En suma: obra rebosante de contenido humano y, por lo mismo, fecunda en sugerencias; síntesis armónica de cuanto hay de bello y amable en la naturaleza; puede asegurarse que será leída con interés y con fruición. Y, trasunto viviente de la vida vasca, un instinto cierto advertirá al euskaldun de que aquel mundo donde todo habla familiarmente a sus sentidos y se adapta a su complexión racial, es su verdadero mundo. En él se engolfará, seguramente, con avidez, todo aquel que posea el euskera desde el regazo materno. Y las ideas y sentimientos que forman la atmósfera espiritual del Poema se encargarán de activar la virtualidad latente de su alma vasca, promoviendo en ella tendencias, afinidades, afectos, quizá largo tiempo ignorados. Aun los "pródigos" de la raza, hechos a vagar por campos de cultura extraña, se sentirán allí en su elemento; y no tardarán en observar con asombro que ninguna obra literaria había colmado jamás como ésta las auténticas exigencias de su genio. Obra bella, honrada y fecunda; concebida en la presencia de Dios y oreada por su gracia; su aparición en nuestra tierra será como la del alba de un claro día, que inunda en luz los espacios e hinche de júbilo los corazones."