Kontzeptua

Janzkera Euskal Herrian (1985ko bertsioa)

Estudio y descripción de los trajes o vestiduras usadas en todas las épocas, (aldian aldiko) jazkerak, jaunzkerak, jaunzturak.

Vestido, traje, jantzi (c..), jauntzi, jazki (B), jaunzgi (L), jaunzteko (L, BN), jaunzkin, jaunzkura, jaunztura (H.), jaunzgai, jaunzkari, jaunzdura (Hb.), soineko, soiñeko (c..).

Diccionario Auñamendi

HISTORIA.
Hombres del Paleolítico. Los hombres del Paleolítico, cuando aparecen los primeros vestigios de los vascos, se supone vestían con pieles tal como en nuestro tiempo todavía lo hacen los pastores pirenaicos. Las agujas de hueso que se ven ya en los yacimientos paleolíticos revelan que era conocida la costura. Más que como adornos, debieron ser empleados como amuletos, diversos objetos de reducido tamaño, como conchas perforadas, cristales de cuarzo, dientes de animales provistos de orificios de suspensión, etc. El adorno corporal se complementaba probablemente con la pintura. En algunas estaciones paleolíticas (Lumentxa, Urtiaga e Isturitz...), han sido hallados trozos de hematites y de ocre desgastados por el uso. En el Neolítico, siendo sus ocupaciones principales el pastoreo y la ganadería, se comprende que las pieles de ovejas, cabras y vacas fueran utilizadas para confeccionar vestidos. Uno de éstos, el vestido por excelencia, cubría casi todo el cuerpo. Es el soineko que bajaría cubriendo la espalda hasta los tobillos. Las pieles servirían también para confeccionar el calzado, las abarkas, tal como se ha venido haciendo hasta nuestros días. La lana era utilizada para elaborar hilos y prendas siendo muy tardío el uso de fibras vegetales. Señales de una industria textil son las pesas de telar del yacimiento de Kützemendi (Mendiola) cerca de Vitoria. El euskara posee las voces jantzi "vestir", jazkai "ropa", soineko "vestidura". El hombre aprendió a hacer espalderos o capas, delantales, túnicas y sayos. Coexistían con objetos de hueso, piedra y plumas de aves.
Los vascos históricos. La historia sorprende ya a los vascos poseyendo pieles, telas o tejidos, cuerdas, cintas, vendas, hilos, redes, agujas, alfileres, brazaletes, hebillas, collares, correas y abarkas además del vestido. La palabra apaindu significaría ataviarse y quizá, también, calzarse. De la época romana y cartaginesa se poseen pocas noticias. Parece ser que el vasco usaba calzón sesgado sujeto por medio de cintas a las rodillas, pequeño manto de lana negra sobre la espalda y calzado de piel de cabra. Su cabeza, siempre descubierta, y su cabello, largo, sujeto por una redecilla de hilo. Sus armas de combate eran la ezpata "espada", aizkora "hacha", gezia "flecha", el chuzo y la guadaña. La ballesta se empieza a usar en el siglo X. (Labayru, Hist. de Bizcaya, I. p. 630). No se hubiera sabido nada sobre la vestimenta vasca en la alta edad media a no ser por un pasaje de Aimonio, consignado en el lib. 5, cap. 2. Se refiere la escena al año 785. Cuenta cómo el joven Ludovico se hallaba en la Aquitania y cómo el padre recelaba que pudiera aprender las costumbres de aquellas gentes. Para evitarle le llamó para que abandonara la Aquitania y fuera a hacerle compañía. Ludovico obedeció presentándose ante su padre Carlomagno vestido al uso de los vascones y acompañado de otros jóvenes de la misma edad vistiendo el mismo traje, que se componía de una túnica exterior redonda, camisa de mangas sueltas, calzones largos, calzas con espuelas y una lanza arrojadiza en la mano. El texto es éste: Cui filius Ludovicus, pro sapere et posee obedienter parens, occurrit ad patris proesentiam, habitu Vasconum cum cooevis sibi pueris indutus, amiculo scilicet rotundo, manicis manisioe diffusis, cruralibus distentis, calcaribus caligis insertis, missile manu ferens. Su hijo Ludovico, que le prestaba obediencia según su saber y poder, le sale al encuentro para presentarse a él, su padre, vestido a la usanza de los vascos como los niños coetáneos a él, es decir, con una túnica corta, ceñida y redonda en su remate inferior, con las mangas extendidas por las manos, con perneras [calzas] extendidas [largas], con botas rematadas con espuelas, llevando en la mano una lanza. El peregrino Aymeric Picaud, del siglo XIII, nos dice que los vascos visten al uso de los escoceses... "de paños negros y cortos que bajan solamente hasta las rodillas y usan de un calzado que llaman lavarcas, hechas de cuero peludo, esto es, sin curtir, y las atan con correas alrededor del pie, cubriendo solamente las plantas y dejando desnudas las bases. Usan de unas capillas negras de lana, largas hasta los codos, en forma de aletas frangeantes, a las que llaman saias. A donde quiera que salga el navarro o vasco, pende del cuello un cuerno, a usanza de cazador, y suele llevar en la diestra dos o tres auconas" (flechas). En la Edad Media usaban una túnica exterior redonda, sujeta por un cinturón, camisa de larga manga y suelta,. de las llamadas perdidas, y calzón. Los infantes o peones montañeses vestían pieles de oso o de cabra en forma de saco sujeto con cinturón. Según Marineo Siculo, los vizcaínos, aunque pocos, usaban yelmo con penachos y cota, pero este abrigo y defensa parece privativo de los caballeros y jefes de mesnada. Esta armadura se habría generalizado y extendido a los peones a partir del siglo XIII, en el XIV.
La Edad Moderna. De los siglos XV, XVI y XVII hay preciosas noticias gracias a los viajeros que visitaron el país. El viajero Cristóbal Weiditz proporciona datos abundantes e interesantes. Según sus láminas, publicadas en la obra Traschtenbuch, los principales vestidos del siglo XVI eran los siguientes:

Mujeres
El tocado y la pechera blancos, realzados con plata, la chaqueta azul, realzada con plata, con vuelta roja y justillo rojo, realzado en oro; el cinturón de oro con ribete de plata; el vestido rojizo violado, realzado con plata; el delantal amarillento con rectángulos rojos, realzados con oro; los galoclus amarillentos con cuero de color carmesí, realzados en oro.

Muchachas
Antes de casarse visten bizkainas y gipuzkoanas un capotillo blanco, realzado con plata; la pechera calada morenilla; el justillo rojo con doble raya dorada como ribete; el vestido verde, realzado con plata; las rayas y palos del delantal blancos, realzado con plata, rojos, los redondeles azules; los cabellos rubios.

Mujeres ricas.
Las mujeres ricas llevaban el tocado, pechera y delantal blancos, realzados con plata; sobrevestido de color carmesí oscuro, realzado con oro; cinturón y vestido interior azules.

Mujeres de Iruña.
Del vestuario de las pamplonesas nos da las siguientes noticias: tocado blanco (gris en las sombras), realzado con plata; pechera morena; sobrevestido azul realzado con plata con vuelta de oro en la manga; guarnición de oro; vestido interior rojo y sayas negras. Otro traje también consiste en tocado y gorguera blancos, realzados con plata; justillo azul; mangas y levitas verdes realzadas con plata; delantal blanco realzado con plata y ribete rojo. El tercer modelo presenta estas características: tocado y pechera blanca realzada con plata; capotillo rojo realzado con plata; bajo blanco realzado con oro; mangas verdes realzadas con plata; falda azul realzada con plata; galochos amarillos realzados con oro, con cuero rojo; el pico de la rueca blanco de color de acero; el mango pardo claro. De las mujeres del resto de Navarra nos da otra lámina interesante parecida a la descrita anteriormente pero con la variante de mangas blancas, falda roja realzada con oro y tocado corniforme.

Guerrero vasco.
Así van los guerreros en Vizcaya: Gorra; bragueta y pantalón rojo, realzado con plata; jubón verde; manga de debajo azul; escudo blanco, realzado con plata con orilla y cruz roja, realzada con plata; espada negra, parte de la guardia de color de acero realzada con plata; empuñadura rojiza con rayas doradas; las pértigas con puntas de color de acero; astas bayo oscuras.

Mozos solteros.
Así van en Vizcaya los mozos solteros: Gorra y capote verdes, realzados con plata; abrigo gris violado con rayas rojizas, realzado con plata; pantalones blancos, realzados con plata, con repuestos rojos, realzados con oro; la espada gris negra con guarnición de plata en un cinturón azul... Estas son las principales descripciones de las láminas del dibujante y viajero Cristóbal Weiditz redactadas por el Dr. Hampe quien sospecha que dichas ilustraciones podían no haber sido tomadas del natural y que quizá Weiditz utilizó modelos más antiguos, que pudo encontrar a su paso por nuestro país. Por lo demás parece ser reprodujeron varios de sus modelos en un libro de trajes, llamado de Heldt, hecho a mediados del siglo XVI. Varios de los dibujos coinciden en ambos autores. Cesare Vecellio nos da en su obra de trajes de todo el mundo, algunos vascos cuyas descripciones son las siguientes:

Habito di donna di Biscaglia. Biscaglia fu chiamata anticamete Numantia, & produce buonissimi nauigatori. l'habito della sopraposta é un conziero fatto di uelo assai lungo, & appuntato, il quale queste donne si mettono in capo, & lo stringono, &, allargano, come bisogna loro, perche é attormiato nella sua fine con una fascia di seta, 8c quella aggroppano alla banda largo, & stretto, come á quelle piu piace, portano poi un panno di ormesino, quale si legano sopra la testa, & fanno pender dauanti sotto la gola, quella copredo, & ancora il petto. usano alcune sottauesti lunghe fino al collo de'piedi, di panno, & le soprauesti del medesimo discinte, & senza altro ornamento. & si calzano scarpe bian che, ó nere di cordouano".

"Donna di Bilbao in Biscaglia. Qvesto é un' habito da donna leggiadro, & graue, che mostra in se nobilitá, & serue in tempo diuerno. é alquanto diverso da gl'altri habiti vsati da donne delle principali Cittá di Spagna, perche tutte portano i uisi coperti da un loro manto, & questa sopraposta và scoperta; & porta di sopra vna robba, ó sopraueste di damasco, ó seta ad opera, lungo á meza gamba, & é tutta foderata di pelli di bassette finissime, ó martori, ó foine. sotto há una ueste di raso, con alcune liste attorno di broccato d'oro lunga fino al collo de piedi, laquale si cigne co cordelle di seta un grembiale di seta lauorato. si orna il collo con grosse perle, & la testa con un conciero straugante, come dimostra il sopraposto habito. in mano suol portar guanti, ó altre gentilezze, & cosi se ne và conuersando tra parenti & amici".

"Donna Biscaglina plebea. L'Acconciatura della testa é assai semplice, & é di fieltro, ó panno bianco, che gli cuopre la testa, & tutto il collo di dietro, & é duro per alcuni cerchietti di legno, ó rame, che di dentro vi mettono. portano poi vna veste di fustagno, ó bambagina longa fino al collo de' piedi, con vn busto scauato nel collo, & con maniche lunghe, & larghe, le quali legano nel mezo, & attacano ad essa veste con alcune cordelle tessutte di filo. Si cingono con cinture di corde, ó di cuoio, alla quale attacano una guaina con un coltello. A i piedi costumano Zoccoli di legno, &, se ne vanno sempre filando".

Por todos estos testimonios y otros tales como estampas, cuadros, láminas de libros y noticias de historiadores sabemos que la nota más característica y que más ha llamado la atención de los viajeros fue el tocado corniforme o de forma de cuerno usado por las mujeres casadas, las que en estos tiempos se solían cortar el pelo el mismo día de la boda y se ponían la blanca toca con una borla en la frente. Las solteras no se cubrían de ordinario la cabeza, usando trenzas con cintas de colores en sus extremos. Se llegó incluso a obligar a tocarse con un pañuelo a rayas negras y verdes a las doncellas que hubieran tenido un desliz, y en señal la negra de mancha y la verde de esperanza. Los viajeros cronistas a quienes llamó la atención este tocado fueron principalmente Schaschek, cronista de León Rosmithal (1466-1467) y Antonio de Lalaing (siglo XVI) quien celebró la "hermosura de las damas vascongadas, las cuales llevaban en vez de bonetes una especie de turbantes con muchas vueltas de tela y asegura que las muchachas llevaban el pelo cortado, no pudiendo llevar bonetes las solteras y que las casadas llevábanlas cubiertas de bordados de oro y sedas". Para la sujeción del tocado que formaba una especie de capacete se usaba un palillo que sustituyó a varillas de hierro usadas antiguamente. Hacia la parte de Bilbao y Portugalete se llevaban otros tocados de figura de morteros redondos, y en la parte de Araba, anchos de oreja a oreja y con cuernos puntiagudos. En todos los trajes vascos un delantalillo suele ser la prenda obligada, casi siempre blanco realzado con plata y a veces amarillo con rectángulos rojos o azules y rayas rojas. Los justillos se nos presentan azules o rojos con ribetes de oro. Las faldas y mangas abundan también en colores rojo, verde, azul y blanco con realces de oro y plata. Pañuelos, gorgueras, chaquetas, sobrevestidos, capotillas y pecheras son las prendas más corrientes que completan el traje de la mujer vasca. El hombre soltero usa por lo general gorra y capote verdes realza dos con plata, abrigo gris de rayas rojizas, pantalones blancos y cinturón azul para sujetar la espada. El aldeano lleva por lo regular una capucha y capote oscuros realzados con plata, mangas y pantalones rojizos, realzados con plata. El guerrero lleva como características su jubón verde, manga interior azul, escudo blanco con orilla y cruz rojas.
Siglos XVIII y XIX.

De los siglos XVIII y XIX poseemos muchos testimonios y datos. De ellos transcribiremos los más interesantes debidos a historiadores serios y eruditos. El P. Larramendi al tratar de los trajes y modas de Guipúzcoa escribe: "Los trajes, esto es, los modos de vestirse que hay al presente en Guipúzcoa así en las caserías, como en los pueblos, así en los días de labor como en los de fiesta, así en hombres como en mujeres son como siguen: Todos los guipuzcoanos ellos y ellas, son muy inclinados, limpios y decentes. Nunca se ve en Guipúzcoa tanto capipardo, braguirroto, cazcarriento, arlote, desgreñado, mugriento, desparrajado, asqueroso y sucio como se encuentra en los pueblos de Castilla y otros reinos. En el monte y en sus caserías retiradas del pueblo donde se ven solos y miran ellos mismos andan con menos escrúpulos y más libertad, vestidos de cualquier modo oportuno para el trabajo y labores de campo. Pero bajando al pueblo a funciones de iglesias, a fiestas u otras precisiones y ocurrencias se visten con tal aire y decencia que puede dudarse si son aquéllos del monte o de la casería. Y los forasteros que examinasen a las gentes de Guipúzcoa sólo en días de fiesta dirían que todos eran acomodados así hombres como hembras y que no había labradores, ni oficiales ni pobres; se entiende si no les miraban a las manos en que seguramente hallarían el desengaño en sus primeras aprensiones. "Hombres y mujeres en las caserías conservan el calzado antiquísimo que notó Séneca en Córcega como propio de los cántabros, que son las abarkas, y es el calzado mejor para montes y cuestas especialmente en los tiempos de lluvia y nieve. También se conservan en los pueblos entre labradores, que hay y tienen vecinas las tierras, que labran entre peones y otras gentes de trabajo; pero no en los demás vecinos y moradores, que todos se visten medias y zapatos. Conservan también los "capisayos y charteses" con capillas, mangas anchas y cortas, de que usan en el monte en tiempos lluviosos y cuando cogen argoma y cortan de espinas y zarzas y otros trabajos. Pero estos capisayos se han desterrado aun de la gente común de los pueblos, y nunca se han estilado entre mujeres. Estas en las caserías usan también de abarkas, y en las cabezas de unos tocados de lienzo, más o menos fino con que se cubren, y son de más o menos aire, y en su acomodo y positura hay muchas diferencias; y tiene este tocado varios nombres, según los países: kurbitxeta, buruko, estalkia, oiala y zapia". "Cuando bajan de sus caserías los días de fiesta para oír misa y otras funciones de iglesia tienen en los lugares sus "jantzietxeas", en particular las mujeres, y así se llaman las casas en que se visten y se mudan, y son las de sus amos y amigos: y vestidos allí con limpieza y decencia se presentan en la calle delante de la gente, y van de manto o mantellina a la iglesia. En Beterri apenas se verá hombre ni mujer de casería que ande con abarkas en día de fiesta, ni en la iglesia, ni en las calles; en "Goyerri" aún se ve mucho de eso; y me pareció que desdecían de lo demás del vestido cuando lo observé, la primera vez, aunque ya acostumbrados los ojos no me disuena la junta de abarkas y mantos. Lo más de los caseros propietarios e inquilinos de cuenta tienen sus casacas y calzón de paño de Segovia, con que bajan a la calle y a la iglesia (o de otros paños no burdos, y usan mucho de felpa triple para calzones)". "Y corresponde la chupa, y almilla, media, zapato y sombrero, y así ocupan el sitio y los asientos destinados para los hombres que están separados del lugar de las mujeres. Los caseros e inquilinos que no son de tanta cuenta muchos gastan también paño de Segovia; pero los más se visten de otros paños pero ninguno burdo, ni basto, en particular los mozos casanderos y usan mucho de felpa triple para calzones. Unos y otros bajan con cara y manos lavadas y limpias; ninguno con camisa sucia, en que ponen gran cuidado; ninguno huele a mugre, a chotuno, a sobaquina; los más con pañuelos blancos, o de color, para limpiarse con decencia y no valerse del reservo de las capas u ongarinas como la hacen en Campos y otras partes de Castilla los labradores. Los caseros propietarios y de cuenta vienen con espadines aunque no son muchos, o con espadas largas, que aunque han querido desterrarse al mismo tiempo que las golillas, han quedado muchísimas en Guipúzcoa, a lo menos para los alardes y para la danza de espadas, que está en su vigor. Los otros caseros y los mozos vienen de montera y de palos altos y fuertes, que les sirven para bajar cuestas y montes, y después de arma y defensa en las ocasiones; y para riñas y pendencias quieren más su palo que cualquiera espada". "Si los caseros bajan con tanta decencia y limpieza, dicho se está que las mujeres e hijas vendrán con más aire y primor. Todas las guipuzcoanas son de una inclinación predominante a la ropa blanca, y en tenerla mucha y buena tienen su mayor gusto y cuidado. Bajan de sus caserías con su ajuar en la cabeza, limpia cara y manos como una plata. La camisa, o es de una pieza, como la del hombre, o de dos, que se compone de enaguas blancas, que llaman "atorra", y de mangas y cuello y dos faldas abiertas hasta la cintura, y llaman "charamela o atorramanka". Pónense medias, zapatos y hebillas. Sobre el zagalejo se visten las sayas, o lo que ahora llaman "guardapiés" y donde pusieron ese nombre apenas debía llamarse "guardapiernas"; tan al aire las traen y tan descubiertas las grandísimas de poca vergüenza. Nuestras caseras se ponen sobre otras, por lo común, una saya de lila encarnada con galón blanco, y en fin la basquiña o saya superior negra de carro de oro". "Antes de esto cubren su cabeza con el tocado blanco como la nieve, y gastan hasta prolijidad en acomodarlo, ya de un modo, ya de otro, y siempre con mucho aire. No hay casera casada que ande con la cabeza descubierta, aunque sí las casanderas: Arman las orejas con pendientes aunque sea con perlas falsas; al cuello con una cruz pulida, pendiente de cinta negra; el medio cuerpo, espalda y pecho con un jubón ajustado de raso, que se ata con agujeta de seda; luego casaca de damasco; los brazos con manguillas o mangas cortas de persiana. Vuelven otra vez al cuello a cubrirlo con una corbata finísima de gasa y encajes, que con alfileres aquí y alfileres allí la prenden con notable gusto y proporción y quedan modestísimamente cubiertas. En el punto de salir ya a la calle y a la iglesia ponen su mantellina negra, orlada de cinta negra o manto de tafetán negro, menos cuando están de duelo y de honras, de que luego hablaremos. Toman su rosario en la mano, y es muy común que esté engarzado en plata, y así andan en la calle y están en la iglesia. Pero ¿cómo se hace este milagro en pobres labradoras y caseras? Quitándoselo de la boca y ahorrando cuanto pueden en el comer y beber. Yo sé que en otras partes hombres y mujeres de labradores y oficiales están más entregados a su vientre y a comer y beber y andan arlotes y mal vestidos, pero en Guipúzcoa son dados a vestirse y engalanarse y estiman más que uno les diga: "Ederki apaindua zaude", que no el que les diga: "Oparo barazkaldu dezu". "Yo me acuerdo cuando las caseras se vestían sólidamente y con decencia, sí, pero sin tantos melindres y piezas superfluas, de que se visten hoy. Estas modas son nuevas y las han aprendido de la gente de calle, a quien han dado y dan ejemplo los caballeros y señoras. Ellos son monos, unos de otros y todos los son de franceses y castellanos. De pies a cabeza se han de vestir a la moda de Francia o de Castilla. Camisas, camisolas, corbatines, pelucas, peluquines de tantos modos y figuras, sombreros de esta manera y de la otra, y a la prusiana o chamberí, con sus tres mocos de candil de garabato; chupas, casadas y emballenadas, redingotes, surtues, roclas, nombres que sustituyen al español "sobretodo"; y ahora el embeleco de los capingotes, todo con el pretexto de defenderse del frío. Marisijas, que así degeneran de sus antepasados y los desacreditan. Guantes, manguitos, ya estrechos y libres, ya atados y anchos". "El traje actual de caballeros vizcaínos -dice Iturriza- es el mismo que usan los franceses a poca diferencia. Usan sombreros de tres picos, capingotes, cabrioles y surtús de paño, y bayetones de varios colores, chupas y calzones de la misma calidad; y éstos algo anchos, camisolas con puños, y hebillas crecidas de moda, y raro el que trae casaca de moda antigua. Los artesanos y gente labradora de conveniencias traen capas largas hasta el tobillo de paño negro, y castaño veintidoseno de Segovia, y de otras partes de Castilla, sombrero ancho, armodores o justillos de seda, lana y cotonia de varios colores, zapatos, medias y polainas, y en los días de labor los labradores usan monteras de paño negro, jaquetillas de bayeta roja y de paño pardo, calzones de paño antetripe, monfor, abarkas de cuero y mantas. Hasta mediados del presente siglo hubo costumbre de traer los hombres, cuando asistían a las funciones de iglesia, valonas blancas de encaje fino, desde el cuello hasta el ombligo, casacas largas y longarinas, y espadas de fierro y chuzos largos que en baskuence llamaban "porkerak"; pero por algunos inconvenientes dejaron de usar estas armas, conmutando en palos llamados "astramakillak", que son más servibles así para brincar en los barrancos y lodazales, como para evitar desgracias en las pendencias que solían tener en las funciones de Hermitas, a las que son muy inclinados naturalmente los Vizcaínos". "Las señoras vístense al presente con más honestidad que en tiempos pasados que se usaban los escotados y tontillos, y tienen razón de no usar aquellas modas por no parecerse deshonestas, huecas y tontillas, y ojalá abandonen los ridículos peinados que en "altura de un palmo" suelen traer en la cabeza armados con alambre y cerdas de caballo a manera de birretinas de granadero, invención diabólica sugerida a extranjeros e introducida en Vizcaya de veinte años a esta parte". "Cuando va a funciones de iglesias llevan guardapiés y mantillas de tafetán negro, carro de oro, y estameña de Francia; y son raras las que usan (excepto en Bilbao) las mantillas blancas de gasa; y cuando están en casa y salen a paseo traen batas, capotillos largos y mantuletes de varios géneros de seda y lana, los pechos cubiertos con cotilla y pañuelos de lienzo blanco fino y seda negra, y zapato de mediano tacón con hebilla grande de moda. Las dueñas, criadas y labradoras se visten a corta diferencia, como las señoras del mediano porte: cubren la cabeza con una sabanilla de lienzo blanco de vara en cuadro y las doncellas que tienen buen pelo traen descubierta, y otras con cofias o redecillas de seda de varios colores". "Las casadas hasta ahora 24 años, solían traer generalmente un tocado en la cabeza digno de que se haga mención para que sepan los venideros cómo era (así bien algunas, en días clásicos mantos de tafetán morado), pues rara la mujer que trae al presente, y dentro de poco ninguna usará; y únicamente vi traerle el año pasado de 1783, en la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora en Cenarruza, a la mujer del fiel regidor de Arbazegui. El Sr. Baleztena publica en Vida Vasca, 1934, pág. 147, tres bonitos dibujos de trajes de aldeanas iruñarras tomados de una obra italiana del siglo XVII, copia de los que publicó Hans Weige Formschencider el año 1577 en Nuremburg en la titulada "Habitus prae cipuorum populorum, tam virorum quam feminarum singulari arte depicti". Representan estos tres dibujos a tres aldeanas de Pamplona. La primera, una mujer marchando al mercado con su sombrero de anchas alas, una especie de blusa hasta la rodilla y dos faldas de diferente tamaño. El segundo dibujo representa una mujer en traje de fiesta con un delantadillo de flores y rayas y sombrero de alas levantadas hacia arriba. El tercero, otra mujer con sombrero muy plano que aprisiona en la cabeza la punta de una larga capa, calzando chocles o sandalias de suela alta como las figuras de Weiditz. Del siglo XVIII, año 1777, son dos dibujos de ronkaleses. Hasta hoy han subsistido algunas modalidades y vestigios de los trajes antiguos que hemos mencionado antes. Hemos visto cómo el P. Larramendi al tratar de los trajes y modas de Guipúzcoa nos dice que en su tiempo las abarkas ya no eran usadas por algunos vecinos de las villas guipuzcoanas; que se conserva el kapusai y chartes con capillas, mangas anchas y cortas de que usan en el monte en tiempos lluviosos y cuando cogen argoma y cortan espinas o zarzas y otros trabajos. Pero estos kapusais se han desterrado de la gente común de los pueblos y nunca son usados por las mujeres. Se conservan todavía tocados de lienzo blanco para cubrir la cabeza. La boina es moderna en este lado del País, aunque es más antigua en el País Vasco continental. En Zuberoa las boinas se hacían a mano y todavía se usan con una varilla circular por su interior. Después de la primera guerra carlista se empezó a generalizar el uso de la boina en todo el país basco, más pequeña en Vizcaya, Guipúzcoa, Alava y Navarra que en Laburdi, Benabarra y Zuberoa. Actualmente la región más rica en trajes típicos es la montaña navarra. En su reducido territorio desde Erronkari a Baztán, cada valle presenta una bellísima modalidad. Las roncalesas, por ejemplo, llevan jubón negro de paño con ribetes anchos de oro o plata bordados a veces en colores y cerrado por medio de un cordón de cuyos extremos penden borlas de flecos, también de variados colores. Las faldas son azules pero doblada la exterior, luciendo un forro de vivo color rojo llamado aldar, dos lazos de seda y cintas de colores colgantes de largas trenzas y una recia mantilla de paño rojo, ribeteada de anchos terciopelos, completan el traje de gala. La joven soltera no usa nunca el jubón con mangas, sino un justillo, luciendo las amplias y airosas mangas de la blanca camisa. El pecho cubre con collares y gargantillas que algunas veces son de oro o plata. Los hombres llevan traje de paño negro, muy airoso, calzón corto y ajustado que se ata en medio de la rodilla, medias negras de punto, zapatos bajos de igual color con hebilla triangular blanca, capote negro, llamado anguarina, con mangas perdidas y ribetes rojos; faja morada, y sobre los hombros, blanca valona de lino planchada a pliegues. Las joyas son el bitxi, colgante del cuello por medio de una cinta de terciopelo negra, y el amabitxi o bronce que sujeta la falda recogida por detrás. Los botones de las mangas suelen ser de plata o de piedra. El hombre usa, para sujetar los calzones, un gran botón de madera llamado tangano. El salacenco se diferencia del roncalés en que lleva los calzones atados por debajo de las rodillas, y la salacenca, en las faldas sin doblar al exterior, como lo hace la roncalesa. Los salacencos gastan también capa y sombrero sobre el traje de calzón. "El carbonero de la Ulzama y el anciano del Baztán llevan boina azul grande, echada hacia adelante y sirviendo como de visera. El traje de carbonero se compone de chaleco, sobre el cual va el elástico azul oscuro con adornos encarnados y algunas veces el nombre del dueño tejido en la bocamanga; pantalón, por lo común de pana, negro o color de aceituna, arremangado hasta debajo de la rodilla, las piernas cubiertas con un envoltorio de lana, y los pies con peales de la misma tela, sujetos con las correas de las abarkas, que suben formando aspas hasta debajo de la rodilla; llevan además faja de lana, generalmente encarnada, y su prenda de abrigo es el kapusai". El tipo de Baztán y el de Iguzkiza no se diferencian del de Ulzama en cuanto al traje: cuando no llevan el kapusai, usan su chaqueta de paño, de cuello derecho muy bajo y solapas vueltas. En general podemos decir que en la montaña navarra se usa como traje típico el calzón ajustado, chaqueta o blusa negras, espaldero de piel de cabra, abarkas y calcetas, sombrero redondo o boina. Las antiguas abarkas de piel cruda fueron sustituidas por otras claveteadas y últimamente por abarkas de goma hechas con desperdicios de ruedas de automóvil. Según El Oasis, los ribereños navarros vestían de la siguiente forma: "El pastor viste camisa de hilo grueso, chaleco negro de pana, llamado "justillo", faja ancha de lana morada, calzón de piel de cabra (cabruna), de color rojizo con refuerzos pespunteados en la entrepierna, calzoncillos de algodón blanco, medias de lana negra cubriendo el pie y hasta la mitad de la pierna con calcetines de bayeta blanquecina (peales) y alpargata abierta de cáñamo sujeta con cintas de algodón negro, a la aragonesa. Lleva al hombro en buen tiempo su "elástico" de lana azul turquí ribeteado de encarnado, y en invierno se abriga con la zamarra. En la cabeza, de la misma manera que el catalán del Priorato, lleva un pañuelo de seda de muy vivos colores doblando a modo de venda y ceñido a las sienes, dejando al descubierto la coronilla. Dan a esta prenda el nombre de "zorongo" acaso por la caída que forma a un lado de la cara a manera de borla. Los pastores ancianos de la tierra gastan sombrero. Completa la figura del pastor un palo muy grande con que guía al ganado, y en que apoya el peso de su cuerpo para descansar cuando está parado. El jornalero o bracero de la ribera gasta camisa de hilo grueso, chaleco de pana negra, chaqueta y pantalón de color verde botella, también de pana, faja de lana morada, alpargata abierta al uso de Aragón, sujeta con cintas negras y sólo en el rigor del invierno lleva media de lana azul. En la cabeza, en toda estación, boina azul, algo echada hacia atrás que no les defiende de los rayos del sol; prenda que sólo empezó a usarse en la Ribera a la conclusión de la guerra civil de los siete años, pues antes usaban el mismo pañuelo (zorongo) o sombrero que los pastores. Las jóvenes solteras de la clase jornalera o campesinas, que se llaman "zoceras" para diferenciarlas de las señoras, visten jubón de percal oscuro cerrado al cuello y ajustado con botones a la muñeca: un pañuelo de lana de color oscuro doblado en punta que les cubre la espalda, hombros y pecho; saya o falda y delantal, también de percal oscuro; medias de lana azul turquí y zapatos de becerro negro. Pendientes del similor, sin collar de ninguna clase, son su único adorno. Habitualmente llevan la cabeza descubierta, cubriéndola sólo cuando hace frío con pañuelo de seda o algodón de vivos colores. Para ir a la iglesia usan mantilla negra de lana con ribete de terciopelo. Péinanse echando todo el cabello atrás como las chinas, y formando el moño en la nuca. Con respecto a los hombres guipuzcoanos, el historiador Gorosábel, muerto en 1868, los describe de esta forma: "Los habitantes de las poblaciones de esta provincia, ora sean propietarios, ora comerciantes, ora industriales o meros artesanos, hombres y mujeres, se visten al estilo de las ciudades y villas del reino, cada cual en su respectiva clase. El traje común diario de los labradores es: chaqueta de paño pardo, pantalón de lienzo blanco, chaleco de paño o pana de variado color, ceñidor encarnado azul en la cintura, boina de este último color en la cabeza y abarkas con peales de lana gruesa por calzado. Pero el de los días festivos, en que viene a oír misa a las poblaciones, o cuando se le ofrece otro motivo semejante, consiste en ropa de paño más decente, al estilo de los artesanos. Aquel género de vestidura de los labradores es muy antiguo en el país, menos el uso de la boina, que es bastante moderno, pues en su lugar antiguamente se llevaban monteras de paño negro o pardo, cuyo uso se conserva todavía hacia Oñate y fronteras de Alava y Vizcaya. Otra vestidura que desde una época muy remota se estila entre la gente labradora es el kapusai...". Uno de los trajes vizcaínos más interesantes es el de los arratianos, descritos por Delmas en 1860 y presentados gráficamente por el dibujante Pancho Bringas: "Cubría su cabeza con el colosal sombrero chambergo de ala grande -dice Delmas- doblada hacia arriba por detrás y extendida por delante; llevaba la chaqueta al hombro; abierto el corto y floreado chaleco de botones de metal amarillo, atada con sus lazadas de cordones la elástica azul; limpia y holgada camisa; ceñida la faja azul en que iba oculta la bolsa; ancho pantalón rayado, de percal, oprimida la rodilla por las vueltas de las askinikuek, o trapos o polainas de lana sujetos con cuerdas por arriba y con la abarka por abajo; alta makila llena de caprichosas labores hechas a fuego": Hasta aquí la descripción del traje del labrador arratiano. La mujer se caracteriza por sus sayas rojas pero no multicolores como las de Txorierri. Por otra parte, Guillermo de Humboldt que recorrió el país basco a principios del siglo pasado nos da una detallada descripción del traje usado por los durangueses expresándose así: "Allí están los caseros apoyados en sus bastones con expresión particularmente intrépida, algunos el bastón apoyado bajo el hombro, otros por delante que el extremo de arriba está en el vientre, otros también al lado, los pies cruzados. El traje antiguo es: "abarkas", una especie de calzado zapato o más bien sandalias de cuero solamente muy poco por los lados y detrás, por delante más subidas, que tienen en los lados delante y detrás cordezuelas, con las que rodean y sujetan paños de lana, en que enrollan los pies. Estos paños son en las mujeres -que hoy, sin embargo, rara vez los usan- blancos y a menudo muy finos; en los hombres, con rayas negras estrechas. Además calzones ordinarios en general negros. Un coleto rojo, hoy más raro, y encima la longarina, sobretodo amplio con varios dobladillos en las mangas, el equivalente vascongado de la capa castellana. En otro tiempo llegaba la "longarina" parda o negra hasta la rodilla y las mangas estaban sujetas al cuerpo con cintas y botones, para si se desataban algunas, poder quitar las mangas y echarlas por encima. Ahora rara vez es algo largo. Alrededor del chaleco una "fusta". En la cabeza la "moretera", una montera negra en punta a modo de casco con ala triangular de un negro aterciopelado por delante, en la mano un largo bastón. Muchas veces llevan también bajo la capa (como especie de puñal, pues en ellos el palo hace veces de daga), una corta gruesa, más gruesa sobre todo por abajo, "cachiporra" (cachi corrompido de quasi y porra, mazo grande para la herrería). Este traje sólo se ve hoy por lo común en casos aislados y casi ya no más en su corte completamente antiguo". "Las mujeres llevan hoy baskiña y mantilla, vestido francés en la plaza pública, cabellera descubierta con largas trenzas colgando por detrás o la mayoría pañuelo atado a media cabeza con puntas detrás y abajo, almillas con faldas no cortas, pero no tan largas como en Francia, sayas y medias y zapatos, o semejantes paños, de lana y abarkas". "En otro tiempo llevaban todas las mujeres casadas una toca de calidad más o menos fina y elegante; y todas las solteras iban en pelo. Las muchachas que habían tenido algún desliz se debían vestir como las casadas. Sobre esto se vigilaban unas a otras". "También hubo, el día de Santa María de Ulibarri y de Santa Ana, una procesión propia de las muchachas. En estos días se hacen ofrendas (un ochava o lo que sea), las mujeres y los hombres hacen esto en la iglesia. Peto las muchachas se reunieron por calles. Cada calle iba mandada por la de más edad y luego las otras en hilera. Delante iba un tamboril. Todas iban en corpiño (en cuerpo) y en pelo, e iban así a la puerta de la iglesia. Allí las recibían dos sacerdotes revestidos con todos los ornamentos, y las conducían con el tamboril y a pelo descubierto (la única vez en el año pues en lo demás hasta la aldeana, que viniendo sin mantilla del monte sólo a su paso oye una misa, se pone un pañuelo) adentro de la iglesia, enseguida hacían su ofrenda y se marchaban. Después venía otra calle y a cada una debían salir al encuentro los sacerdotes. Su comodidad ha dejado perderse esta costumbre. Pero era buena, porque a ninguna muchacha, de la que se pudiera decir lo más mínimo, se le hubiera permitido a pelo descubierto, y como todas iban; así era esto una verdadera revista de buenas costumbres". El dibujo de tipos alaveses que reproducimos en la pág. 481 está sacado del natural por el Sr. Mañé y Flaquer y publicado en su obra El Oasis, donde nos dice que los alaveses usaban un traje muy parecido en todas las comarcas de la provincia, pero que en todas ellas había alguna prenda que las distingue; que los riojanos se cubrían la cabeza con un gorro redondo de paño o con un pañuelo; los aldeanos de la Llanada van con un sombrero ancho de fieltro calzando abarkas cuando trabajan en el campo; que los del Norte, rayanos de Vizcaya, usaban boina y fumaban en unas pipas muy pequeñas, de barro blanco; y que los rayanos de Navarra ostentaban en la cabeza un airoso zorongo y las mujeres casadas un pañuelo en la cabeza, blanco en el límite vizcaíno, y con muchos colores y flores en el llano. "Los trajes y vestidos de los alaveses -dice Landázuri- son en la mayor parte de la provincia muy parecidos a los que usan las inmediatas y vecinas de Vizcaya y Guipúzcoa; pero los de las mujeres son enteramente distintos. No tienen similitud o semejanza si no es con los de las montañesas de Pas, Reinosa, Espinosa de los Monteros y otras poblaciones de aquel territorio. Los "capillos" que cubren las cabezas, que son una especie de "capuces", adorno nada ventajoso, pero que sin duda tiene su origen en la primera población de la provincia, en la cual sólo hay un poco más de una quinta parte en que no se use de ese traje. En aquellas hermandades que siempre fueron de Alava y en que actualmente no se usan de él, se sabe que en lo antiguo lo usaron y no se halla motivo para la distinción. Las mujeres casadas usan también por lo común además de la "toca" con que cubren la cabeza debajo del "capillo", de otra que las rodea el cuello con la que se diferencian con las que no han recibido el estado de matrimonio. Pocos años hace que usaban también las mujeres de alguna edad en la Llanada de Alava, de unas "capas" muy largas de bayeta sobre sus cabezas; pero al presente se usa la "mantilla" negra en los días festivos, y en los que no lo son "mantas" de paño pardo cosidas en la forma de "mantilla" que las cubre desde la mitad de la cabeza. En donde se usa del "capillo" es para los días comunes de estremeña parda; pero para los festivos y singulares tienen las mujeres alavesas "capillos" de paño fino negro". Gracias a una colección de dibujos, conservada en los Museos de Bayona y Donostia podemos apreciar gráficamente los trajes del bello país laburdino. En ellos casi todos los hombres aparecen tocados de ancha boina y las mujeres de pañuelos blancos o azules atados sobre la cabeza y caídos sobre las espaldas. El joven laburdino gasta chaquetilla corta, camisa blanca, pantalón ancho y boina azul. Humboldt nos refiere que las sardineras de Donibane Loitzun (San Juan de Luz), iban con las sayas remangadas hasta media pierna, pues la camisa sólo les alcanzaba hasta la rodilla, hasta aquí desnuda, y sobre la cabeza el cesto tapado con los peces libre, sin asirlo. Habla también de unas muchachas que fueron en busca de agua al pie de la montaña a una fuente, llevando un gran cántaro de barro con figura de una tetera sobre la cabeza; todas iban tocadas con pañuelos de puntas blancas y los más peripuestos con rayas rojas, alzando detrás y sobre la espalda. Algunas de las muchachas llevaban trenzas pero no todas. Por otra parte, el joven que le servia de guía al sabio filólogo, iba con chaqueta roja, boina y bastón en la mano. Los benavarros vestían en verano calzones blancos de lienzo, medias blancas, chaleco también blanco, faja roja y chaqueta del mismo color, bastón y boina. Anota el célebre viajero que la ropa blanca la llevaban extremadamente limpia.

El traje burgués. Duceré nos recoge datos preciosos sobre la indumentaría bayonesa: "Menos afortunada que la mayoría de las provincias de la vieja Francia, que han conservado hasta hoy numerosas muestras de los trajes de los siglos pasados o su representación exacta en miniatura de manuscritos, grabados sobre madera o trabajos de escultores, Bayona no posee nada que nos permita describir fielmente la forma de tal o tal vestido empleado en otros tiempos en nuestra ciudad. No es pues sino con la mayor circunspección y apoyándonos sobre los numerosos vocablos que designen los trajes de uno y otro sexo, que los mencionaremos según nuestros inventarios, pero un gran número de estos vocablos son aún desconocidos o no significan nada preciso. Pasaremos revista, pues, sucesivamente a las diferentes prendas de los trajes sobre los que tenemos bastantes datos para precisar su forma. La edad media nos ofrece muy escasos documentos y de extrema sobriedad. En 1222, los vocales del comité de Bayona que se encontraban en Londres, recibieron del Rey como regalo varios trajes: "Entregados a Guilhem, hijo de Ramón, y a Anice de Bayona, vocales de Bayona, dos trajes de vero o de bruneta, a saber: la túnica y el palio, con "pénule" de tela morena, y entregado, además, cien soles para sus necesidades". En el siglo siguiente, como el negro era el color privilegiado, y como era importante que, bajo el pretexto del luto, los pequeños burgueses no llevaran demasiado tiempo esas prendas de distinción que utilizaban los hombres del "clero", se limitó su duración. Algunos años más tarde se prohíbe a las damas bayonesas el tener más de un vestido forrado de vero o de seda con tres. En cuanto a los vestidos de cuerpo, encontramos camisas o "camisis"; faldas de satén negro, de terciopelo y de serga; sayos de terciopelo, sayos hechos en forma de toga, de hombre y con forro formado por pieles negras; "cottes hardit" o "cothes hardies", se encuentran en todos nuestros inventarios. Ahí es ciertamente donde el vestido sufrió más transformaciones. Fue abandonado por las mujeres a finales del siglo XV; estas especies de túnica, ajustadas en la cintura, sólo estuvieron en uso entre el pueblo. Encontramos también vestidos para hombres y para mujeres, unos forrados de badana, nutrias o de bruneta con galón de terciopelo negro, otros forrados con terciopelo rojo; jubones de terciopelo o de satén brocado o bien de tela forrada de tafetán negro; engomados, especie de prenda de encima que llevaban ambos sexos; era una capa sin mangas, que cubría el cuello, provista corrientemente de un capuchón y abierta por delante; se utilizaba principalmente en Bayona para los lutos; esclavinas y abrigos. Numerosos cinturones o "faches", de hilo de oro o plata, con adornos del mismo metal; cinturones de seda o de cuero de España completaban el traje bayonés, que se destaca por la riqueza excesiva de los adornos y por el arreglo. Las dos ordenanzas de Carlos IX relacionadas con el traje y el vestir, parecen haber sido violadas descaradamente por nuestros bayoneses. Burgueses y burguesas se consideraban los primeros en una ciudad donde no había nobleza, y continuaron vistiéndose con seda y terciopelos. Cuando el viaje que realizaron dos diputados de la ciudad a Fontainebleau para presentar sus condolencias a Henri IV sobre la miseria en la que decían estaban sumergidos, este último se echó a reír y les dijo que esa pobreza no era aparente puesto que había entre ellos más de cien burgueses que no se vestían sino de seda y terciopelo. Se pueden ver en el artículo PEINADO lo que decía sobre ello el consejero de Lancre. El viajero holandés Aarsaen de Sommerdyck publicó, en 1660, el relato de su viaje, en el que dice: "Se empieza a percibir en Bayona que el honor de estos pueblos tiene un poco del de sus vecinos y que son arrogantes y poco comunicativos con el extranjero, las mujeres van cubiertas con sus mantos que se ponen sobre la cabeza, dejando sus caderas al descubierto, para cubrir sus oídos". A partir de 1630, el traje de los bayoneses no difiere apenas del de las personas de la misma condición de las demás ciudades de Francia, y sus trajes son más o menos numerosos y más o menos ricos, según la fortuna de los burgueses. El escudero Laralde posee dos abrigos de barragán, forrados de droguete; un simple tillolero tiene media docena de camisas, dos pares de calzoncillos, dos trajes de tela de burato completos, es decir con lo alto de los calzones y el justillo, un abrigo de la misma tela y otro más ordinario de marga. Un obrero de la Moneda posee un jubón y un chaleco de barragán negro, otro traje completo de droguete "color de muro" y un abrigo de barragán gris. Jean y su mujer están mejor provistos y su guardarropa mejor preparado, dos trajes completos, uno de paño gris y otro negro, abrigos, sombreros grises y negros, tres pares de medias grises; en cuanto a la burguesía, tiene un abrigo plisado y forrado de tafetán negro, otro de etamina "tirando hacia aurora", un cuerpo de vestido de camello negro, una falda del mismo tejido y otra de tafetán azul, adornada con encajes, con pequeños adornos negros, una falda de tafetán aurora adornada con ornatos negros y otros objetos. Otro rico burgués tiene cuatro trajes de paño completos, tres chalecos, seis pares de medias, una bata, mangas adornadas con encajes, dos docenas de camisas, cuatro chaquetas blancas. La mujer tiene un manguito con un aro de plata, seis pares de calzones y dos sombrillas hermosas, vestidos de seda y satén, echarpes, pañuelos adornados con finos encajes; como es una elegante, tiene incluso para ir "al campo" uno de esos zorros de terciopelo negro que se ponían sobre la cara y que se sujetaban solamente por un pequeño aparato que se sujetaba entre los labios ocasionando como resultado el disfrazar la voz completamente. Pero es sobre todo durante el siglo XVIII cuando aumenta el lujo, sobre todo entre las mujeres, con rapidez verdaderamente inquietante. Así, la burguesa Charles Barriere posee cadenas por docenas, ocho corbatas de muselina, un sobretodo y una chaqueta de paño con ojales y botones de plata, con el pantalón de lo mismo y un traje de camello. Una sencilla pequeña comerciante tiene vestidos de popelín de "gros de Tours" de moiré, etc. Un médico tiene menos pero en compensación Bernard de Fossecave tiene, en 1733, un traje completo de paño gris, con botones de plata, otro con botones de oro, una chaqueta de paño satinada de oro, medias de seda, de lana, de hilo, etc. Un maestro panadero tiene cuatro pantalones, tres de ellos de seda y uno de piel. Tiene también varios pares de medias de seda, que se han introducido en el siglo XVIII en todas las clases de la sociedad. Las costumbres y las modas, aunque variando poco según las ciudades y las provincias, tienden no obstante a generalizarse. El siglo XVIII, tan gracioso, lleva poco a poco a la unificación del traje en toda la extensión del territorio y no hay ya; por así decirlo, más que el campo que se resiste aún. Las mujeres habían adoptado corpiños muy ajustados al vestido y el corsé disfrutó de una gran boga en Bayona, incluso entre las mujeres del pueblo. El lujo se extiende siempre y por poco que subamos a lo alto de la escala social, no tardaremos en quedar maravillados. La mujer de un notario nos aparece, en efecto, con falda de seda blanca o de tafetán gris moteado, con nudos de terciopelo rojo; la mujer de un brigadier del ejército del rey tiene camisones y camisas por docenas, delantales de batista blancos y azules, medias de seda de todos los colores bordadas en las esquinas, faldas, mañanitas, guantes de piel bordados hasta el codo, tocados de punto de Inglaterra, de Valenciennes, de Maniles, de Cremone, y de Tulle. Verdaderamente debía ser muy importante, vestida con uno de sus numerosos vestidos de damasco gris de lino y plata, con la falda de lo mismo, con guantes de piel blanca, manejando con gracia un abanico de madera de las islas, un cinturón de plata ajustado a su cintura y calzada con unas de esas chinelas de damasco, bordadas de plata, que tenia por docenas y que hacía destacar su pie estrecho y combado. Los hombres están también muy lucidos con sus magníficos trajes de terciopelo bordado, de seda o de damasco bordado de oro y plata y con grandes flores. Con Louis XVI llega la transformación del traje. Se pueden aún encontrar en la corte tocados excéntricos, pero la clase media e incluso la burguesía apenas siguen esas fantasías, que eran demasiado costosas. Con este siglo debía terminar el reinado del encaje, de la seda y del terciopelo, ya que habían sido proscritos por el Rey y sabemos que, bajo la Revolución, el pueblo los tuvo en el mayor desprecio".

Bibliografía.
Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915; Estornés Lasa, Bernardo: Indumentaria vasca. Donostia, 1935 (152 pp.), Col. Zabalkundea, n. 9; Estornés Lasa, Bernardo y varios: Cómo han sido y cómo son los vascos, 2 vols. San Sebastián, 1975; Arizmendi Amiel, María Elena de: Vascos y trajes, 2 vols. San Sebastián 1976; para una bibliografia completa, ver Jon Bilbao, Eusko-Bibllographia en esta misma Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco.