Pintoreak

Ortiz De Elgea Jáuregi, Carmelo

Pintor contemporáneo, nace en Aretxabaleta (Álava) el 20 de diciembre de 1944.

Se dedica a la pintura desde muy niño, siendo de formación plenamente autodidacta. Sobresalió con celeridad dentro del ambiente artístico vitoriano: en mayo de 1961, con dieciséis años, realiza su primera exposición individual en los Salones de Cultura de la Caja Municipal; en mayo de 1962 celebrará la segunda, y en septiembre de 1964, la tercera. En todas ellas afianza sus inclinaciones pictóricas y su predilección por los temas de paisaje. Unos paisajes que son algo más que la transcripción de lugares concretos, aunque recoja encuadres reales del entorno más próximo.

Recibe en 1963 una de las primeras becas de la Fundación Vidal y Fernando de Amárica para estudios artísticos. Marcha por primera vez a Madrid; completa su formación en el Círculo de Bellas Artes, con visitas frecuentes al Museo del Prado. El pintor y grabador donostiarra Luis García Ochoa le cede temporalmente su estudio, que comparte con Pinto Coelho. Esta primera experiencia fuera de casa tiene su refrendo, a su regreso, con una exposición individual en la vieja mansión de los Amárica (Calle Dato). Ante los rectores de la Fundación exhibe el aprovechamiento de la beca concedida tiempo atrás.

Volverá de nuevo a la capital madrileña, ahora en compañía del pintor vitoriano Juan Mieg, con quien le une desde entonces inquebrantables lazos de amistad. Durante los meses iniciales de 1965, vivirán ambos en un estudio de la calle Amaniel con el artista riojano Julián Gil. Fruto de esta segunda estancia será la exposición de Ortiz de Elgea en la sala Círculo 2, del 8 al 25 de abril. José María Moreno Galván redactará el texto del catálogo. En julio, expondrá "Obras recientes" con Mieg en los Salones de Cultura de Vitoria. A los cuatro meses, en noviembre, comparecerá otra vez en el mismo espacio de la calle Olaguíbel, ahora en solitario.

La precoz vocación pictórica de Ortiz de Elgea se manifiesta igualmente en los Certámenes de Arte Alavés. En el XVI Certamen (1959) presenta los cuadros Arechavaleta y Bodegón. Con el paisaje de su pueblo natal gana el primer premio de la sección de noveles. En el XVII Certamen (1960) remite cuatro paisajes, volviendo a ganar el primer premio de la sección segunda con Plencia, según el jurado porque "se aprecia un notable sentido plástico". En 1961 obtiene con La era el tercer premio ya dentro del apartado principal del concurso. Con el cuadro De regreso recibirá el primer premio del XX Certamen (1963), compartido con Javier Vizcarra y Emilio Lope. Indicamos que en aquella edición se concedieron dos premios extraordinarios a Pichot y Alonso Verástegui. Participa por última vez en la convocatoria de 1964; conseguirá un segundo premio con Pintura.

Por entonces, sus propuestas pictóricas recogen los detalles ambientales propios del paisaje rural; pero son ya ambientes caracterizados por exhibir una impronta ruda y desenvuelta, yendo más allá de la pura contemplación. Unos paisajes reducidos a elementos esenciales. Gradualmente, en su proceso de autoafirmación artística tenderá Ortiz de Elgea a despegarse de la realidad figurativa para ahondar en interpretaciones paisajísticas cada vez mucho más informales o abstractas: la materia, los pigmentos, la textura y el color adquirirán mayor preeminencia.



Los fermentos vanguardistas, no sin esfuerzo, resultan ya un sello distintivo en la pintura local. En este camino hacia nuevas aventuras estéticas, emergerá el grupo alavés Orain; colectivo que planteará un sentir inconformista ajeno a la figuración ecléctica postimpresionista de la generación anterior. Encuadrado dentro del Movimiento de la Escuela Vasca, Orain saldrá a la luz pública en agosto de 1966: en la galería Barandiarán de San Sebastián. Y estará integrado por los pintores Ortiz de Elgea, Juan Mieg, Joaquín Fraile y el fotógrafo Alberto Schommer. Del 30 de octubre al 13 de noviembre, este colectivo expondrá en el Museo de Bellas Artes de Álava con sus compañeros guipuzcoanos de Gaur. Se incorporará, para la ocasión, el escultor alavés de Barambio, exiliado en Cambó, Jesús Echevarría.

En una lucha contracorriente, los tres pintores de Orain volverán a participar en nuevas experiencias comunales: en los Salones de Cultura de la calle Olaguíbel, del 15 al 28 de abril de 1968, y en la sala Mosel de la calle Herrería, número 24, del 16 de diciembre de 1969 al 10 de enero de 1970. En Vitoria son años de debate; en torno a la creación artística contemporánea, acerca del verdadero compromiso del artista en la sociedad actual, discutiéndose también mucho sobre arte y cultura popular, entre otros conceptos.

Al margen del grupo Orain, Ortiz de Elgea consolida su prestigio en numerosos foros. Por estos años acentúa su personalidad en las distintas convocatorias del Gran Premio de Pintura Vasca, prestigioso certamen organizado por el Centro de Atracción y Turismo de San Sebastián. Si en la primera edición no pasa desapercibida su presencia con el paisaje que envía, ya en la segunda edición, en enero de 1966, recibirá el segundo premio, siendo superado únicamente por su viejo amigo Luis García Ochoa. En julio de 1967 obtendrá el tercer premio con Relato dinámico de una caída, para conseguir el máximo galardón del Gran Premio de Pintura Vasca en 1968 con Mujer en blanco sobre el mar.

Asimismo, participa en los Salones de Estío del Ayuntamiento de Baracaldo (1965 y 1966) y en la colectiva que organiza la galería madrileña Edurne en el castillo de Carlos V en Hondarribia (agosto-septiembre, 1965), con amplia nómina de artistas españoles. Pero definitivamente serán sus exposiciones individuales durante la segunda mitad de los sesenta en Vitoria, Bilbao y San Sebastián las que otorgarán a Ortiz de Elgea un puesto relevante en el arte contemporáneo vasco. Técnica y temáticamente, sus trabajos suscitan cada vez más el interés de los aficionados.

Expectante resultó su primera comparecencia individual en San Sebastián, en las Salas Municipales de Arte (15-30 de marzo, 1966), con carta-presentación del escultor Jorge Oteiza en el catálogo de la muestra, antesala de la gestación de los grupos del Movimiento de la Escuela Vasca. Otro momento vital acontecerá semanas más tarde, a finales de abril, cuando exponga en la sala Illescas de Bilbao. Adquirió entonces el Museo de Bellas Artes de Bilbao la primera de las obras con las que se encuentra actualmente representado en esta pinacoteca. "Eres el artista que más joven ha entrado en nuestro Museo", le transmitió Crisanto de Lasterra, director de la institución. A principios de 1967 figuran también obras suyas en el Museo San Telmo de San Sebastián y en el Museo de Bellas Artes de Álava.

Una pintura de gran seriedad formal y conceptual, revelando hondas preocupaciones existencialistas en clave de neofiguración y pop-art, aflorará en los Salones de Cultura, de Vitoria (22 febrero-10 marzo, 1967). En este mismo recinto, en junio de 1968, montará una especie de retrospectiva con "Pinturas anteriores: 1965-1966". En octubre/noviembre de 1968, nueva comparecencia donostiarra: en Huts. Y en diciembre, en el recién habilitado Hostal Samaniego, de Laguardia, que por entonces acogía exposiciones artísticas de relumbrón. En marzo de 1969, vuelve a Bilbao, a la galería Grises. En junio/julio, inaugurará nuevo espacio expositivo en la capital alavesa: Mosel.

La revalorización de su firma artística continúa creciendo. Así, los últimos diez días de marzo de 1971, la sala Luis de Ajuria, de Vitoria, acoge otra muestra monográfica, circunstancia que aprovecha Crisanto de Lasterra para adquirir un par de cuadros más del pintor con destino al Museo de Bellas Artes de Bilbao. Antes de concluir el año su obra se exhibe en la sala Torre Luzea de Zarautz, así como en los nuevos locales de la galería Huts, de San Sebastián (20 octubre-13 noviembre). También asiste a la Muestra Indiscriminada de Arte Vasco de Baracaldo: será a finales de 1971 y durante los primeros meses de 1972.

Ya en 1972 (21 febrero/10 marzo) remite parte de su producción a la sala Mikeldi, de Bilbao; a los "Encuentros de Pamplona" (26 junio- 3 julio); a las Salas Municipales de Cultura, de Durango (agosto-septiembre), colaborando durante el cuarto trimestre del año en sendas colectivas culturales en Tolosa y Azpeitia.

En 1973 participa en el homenaje que los artistas vascos tributan al pintor canario Manuel Millares, fallecido el año anterior. Fue en la galería Arizta de Bilbao. También asiste en Ataun al homenaje que la cultura vasca dispensa al veterano prehistoriador y etnógrafo José Miguel de Barandiarán. Participará en dos colectivas más; en Zumárraga y Tolosa.

A partir de 1974, nuevas necesidades espaciales y geométrico-formales introducen a Carmelo Ortiz de Elgea, otra vez, en el campo de la abstracción. Han terminado por el momento sus experiencias figurativas, al menos hasta finales de la década. Concluido este período neofigurativo, que duró aproximadamente un lustro, desde 1967 hasta 1972-73, el artista vitoriano decide reorientar sus impulsos hacia el ámbito de la abstracción. No era, pues, la primera vez que el pintor desembocaba en el mundo "informal".

El cambio de registro que experimenta ahora su obra se acusa con notable propiedad en la doble exposición que celebra simultáneamente en Bilbao durante los meses de enero y febrero de 1974: en el Museo de Bellas Artes, al alimón con el escultor Vicente Larrea, y en la galería Lúzaro. Las referencias figurativas de antaño han desaparecido, y con ellas los seres y las escenografías que inundaban la superficie de aquellos cuadros. La figuración humana es sustituida por un conjunto de formas y elementos muy simplificados en su estructura, que nos remiten más al trazo de una pincelada, a la armonía de unos colores o a la sutileza de unos fondos que a una geografía fácilmente reconocible por el espectador.

Así, la renovada orientación estética de Ortiz de Elgea comienza pronto a explayarse. Ahí están sus exposiciones individuales en Vitoria: en la sala Luis de Ajuria (11-20 febrero, 1974) y en la galería Eder Arte, en noviembre de 1974. Con la muestra itinerante "Un escultor y cuatro pintores alaveses", participó con sus compañeros Josetxu Aguirre, Juan Mieg, Santos Iñurrieta y José Luis Álvarez Vélez en el Museo San Telmo, de San Sebastián, en septiembre de 1974, y en los pabellones de la Ciudadela de Pamplona, en noviembre de ese mismo año.

Después de una extensa actividad expositiva por las principales capitales y villas del País Vasco, vuelve a exponer en una galería madrileña. Fue en Kreisler Dos, en noviembre/diciembre de 1975. La primera y hasta entonces única comparecencia en la capital de España, en la galería "Círculo 2", en abril de 1965, quedaba bastante lejos en el tiempo. Ahora, diez años después, aparece arropado por un espléndido catálogo en el que Santiago Amón, Javier Serrano y Javier Viar, como antaño hiciera Moreno Galván, glosan un capítulo más de su personal evolución.

En esta segunda presentación en Madrid, Ortiz de Elgea exhibe elocuentes variaciones con respecto a la obra del último año y medio. Las telas pierden definitivamente el contorno formal figurativo, engendrándose un nuevo territorio de complejas amplitudes; en realidad, estructuras espaciales formuladas desde una configuración mental, cubista para los críticos Amón y Viar. Así pues, los ámbitos de reminiscencia orgánica terminan siendo suplantados por una inquietud constructiva, geométrica, "abstracto-cubistizante", que es la que determina en estos instantes su discurso plástico.

Queda constatado este cambio de rumbo en las muestras individuales celebradas en la galería B, de San Sebastián, en marzo de 1976; en la galería Valera, de Bilbao, octubre de aquel año, así como en la sala Luis de Ajuria, en noviembre de 1977. Esta etapa viene a coincidir con su estancia, como artista becado, en el Instituto de Arte y Humanidades de la Fundación Faustino Orbegozo Eizaguirre.

Gracias a las actividades que despliega la fundación bilbaína por estas fechas (1978-1980), una selección de cuadros de Ortiz de Elgea recorre, con la de otros artistas vascos, importantes localidades de Euskal Herria: Bilbao, Vitoria, Bergara, Hondarribia, Irún, Gernika, Zarautz, Zumárraga..., con salidas a Madrid, al Palacio de Velázquez en el Parque del Retiro, y Barcelona, a la sede de la Fundación Joan Miró.

La década de los ochenta supone un nuevo encuentro, el enésimo, con el paisaje. Porque Ortiz de Elgea es y se siente, ante todo, pintor de paisajes. En toda su trayectoria, incluso en la no figurativa, ha mantenido la fidelidad al paisaje como género pictórico. Un paisaje real o imaginario, o reinterpretado, del que toma los elementos esenciales del mismo y que luego transforma según su propia experiencia y sentimientos, con absoluta libertad. Con una paleta muy rica en colorido, con pinceladas amplias y sueltas; a menudo con raspaduras enérgicas, muy impulsivas, donde la materia pictórica cobra dimensión por sí misma. Y con la materia, la infinita gama de posibilidades cromáticas. En suma; el paisaje como elemento constante de búsqueda y de identidad.

Proyecto vital que comienza a perfilar sus señas más inconfundibles a partir del año 1984 con una misma divisa y dos momentos estelares: "Del Paisaje al Paisaje. 1952-1984", repaso muy cumplido a través de casi sesenta cuadros a lo más selecto de su ejecutoria; muestra que se contemplará en el Museo de Bellas Artes de Bilbao (septiembre) y en la sala San Prudencio, de la Caja Provincial de Álava, desde el 19 de octubre al 16 de noviembre.

El paisaje, pues, como elemento a transformar, como búsqueda plástica, con el color, define la actividad pictórica de Ortiz de Elgea: en una iniciativa constante, pero siempre renovada. En Galerías Apellániz, en un espacio casi contiguo al establecimiento tradicional de la calle vitoriana General Álava, pero ahora en el núm. 2, expondrá el pintor un lote de sus característicos paisajes expresionistas y/o fauves. Del 4 al 30 de mayo de 1987.

Son años, ya en plena madurez, en los que verbaliza los principios que instintivamente han dirigido su carrera profesional desde que era un niño: "Siempre me ha interesado eliminar lo superficial, ir a la esencia de las cosas"; "Si tengo un cuadro en la cabeza ya no necesito pintarlo"; "Me planto ante el lienzo sin una idea previa y sin boceto. Dejo que las pinturas me dominen. Nace un impulso que es el que me dicta lo que debo pintar"; "El impulso creativo es imprevisible"; "Pintar es para mí divertirme mucho y no hacer lo que ya he hecho"; "No voy siguiendo las modas, lo que hago es pintar", etc.

Ideas, pensamientos, reflexiones en voz alta que enlazan con otra de sus grandes virtudes: asimismo se trata de un pintor tremendamente laborioso. Cualidad que vuelve a confirmar en la sala Amárica de Vitoria (15 Febrero-20 Marzo, 1994) con la exposición "Pinturas 1992-1994". Colgó en aquella oportunidad un total de 42 óleos de gran formato elaborados en poco más de dos años. Sobresalieron, entre ellos, dos imponentes composiciones del casco viejo gasteiztarra con alusiones figurativas al Jerónimo penitente y a La Última Cena de Leonardo da Vinci: la plaza de la Burullería con la Casa-Torre de los Anda, y la llamada Puerta del Solar, de la iglesia de San Miguel, en su salida más occidental hacia la calle de la Correría.

El agresivo desmantelamiento industrial de Bilbao y el nuevo paisaje que se crea en el entorno de los muelles y las riberas del Nervión sirve de inspiración para idear la serie Bilbao entre 1993 y 1995. En Durango, en la antigua iglesia de San Agustín, actual Centro Cultural, desde el 20 de diciembre de 1995 hasta el 28 de enero de 1996, exhibirá dieciocho lienzos de gran tamaño sobre aquellos parajes industriales bilbaínos ya desaparecidos. Ciclo pictórico que volverá a exponer ese mismo año en la Casa de Cultura de Cruces (Baracaldo). Del 12 de abril al 4 de mayo.

Las distintas salas del Centro Cultural Montehermoso de la capital alavesa, incluido el antiguo Depósito de Aguas (Espacio Oihanederra), albergarán la selección más notable de obras de toda su carrera artística: en total, 153 pinturas. Exposición antológica que, del 22 de enero al 28 de febrero de 1999, ofrecerá al visitante todas las etapas y todos los perfiles estilísticos de Ortiz de Elgea: como uno de los grandes intérpretes de la pintura contemporánea alavesa.

El afán que trasluce por la pintura de paisaje, se refuerza y enriquece continuamente al conocer la geografía de otros lugares. Así, del 8 de febrero al 17 de marzo de 2001, exhibirá en la galería Báculo de Madrid una veintena larga de cuadros agrupados bajo el título de "Viajes". Sus estancias en Egipto o Suiza, o en los parajes volcánicos de Almería, por citar algunos puntos, revertirán en su actividad plástica, como las panorámicas de las grandes ciudades norteamericanas que plasma en 2002-2003. Sin olvidar, por supuesto, los rincones de su tierra vasca.

Así cuadros como Mi padre en el paisaje, Contraluz (Korres, Álava), La cantera, Niebla en el pantano, La Rioja, Paisaje volcánico, Marisma, Treviño, África, Paisaje de Yesa, Paisaje chino, Y al fondo la gran ciudad, La ciudad sobre el hielo, Chicago desde la ventana, Paisaje asturiano o lienzos de la serie Bilbao, hasta completar los setenta, nutrirán el repertorio de la exposición individual que vuelve a celebrar en Madrid, en el Centro Cultural de la Villa, entre el 3 y el 30 de septiembre de 2003.

Una muestra que reúne obras pintadas desde el año 1980. Visiones paisajísticas, recuerdos de mundos presentes, ausentes o imaginarios, próximos o lejanos, juegos de luces y sombras, análisis de formas y figuras, el magicismo de los timbres cromáticos, las preocupaciones perspectívicas, entre otros recursos, patentizan como trasfondo el mejor modelo de aprendizaje conque siempre ha contado Ortiz de Elgea: su inspiración en la naturaleza. Y en sus gentes.

Repertorio fidelísimo -paisaje y figura humana- que está presente en la donación de ocho cuadros y una escultura que efectúa el vitoriano al Museo de Bellas Artes de Bilbao en 2005. Lo hará como testimonio de gratitud al apoyo que siempre le ha brindado esta pinacoteca desde los mismos albores de su carrera, agradecimiento que extiende por igual a toda Bizkaia.

El lote donado, expuesto en el propio museo (4 octubre, 2005-8 enero, 2006), recoge óleos de distintas épocas agrupados alrededor de tres escenarios: paisajes de Álava (Las tentaciones del paseante (1967), La danza (1970), Contraluz (Korres), (1983) y Otoño en el río, (1987); el segundo de los encuadres paisajísticos es un motivo de la capital vizcaína, Bilbao I, en puridad, el primer cuadro que pinta sobre las ruinas industriales de la Villa, correspondiendo el tercer escenario a "Viajes", el descubrimiento de nuevos y exóticos parajes. A este bloque pertenecen El ladrón de momias (1983-97), Momia de santo (1992) y La faluca (1997). La pieza escultórica obedecerá al título Torso entre paisajes (1996).

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