Toponimoak

Nafarroa Beherea. Historia

Un funcionario de la monarquía absoluta, el intendente Le Bret, nos ofrece un panorama de esta pequeña rinconada vasca, al despuntar el siglo de las luces. No puede ser más desolador el intendente Le Bret, en sus Memorias sobre Navarra y Béarn (1700) cuando resume la situación de las villas bajonavarras como sigue:

"No hay nada en Navarra que merezca la atención de los viajeros. La capital, que es San Juan de Pie de Puerto, es una villa totalmente arruinada y compuesta por sólo una calle que contiene de 80 a 90 casas... La villa de Saint-Palais tampoco tiene más que una calle y alrededor de un parecido número de casas; al lugar donde la senescalía se reúne y donde los alcaldes y los jurados tienen también su jurisdicción le llaman el castillo, sin que se sepa la razón y sin que la fisonomía del edificio, que se parece bastante a una casa particular, pueda adivinarla. La villa de Garris es todavía más pequeña que las otras dos; hay en ella un antiguo castillo que perteneció a los reyes de Navarra y cuya fundación se ignora. La villa de Labastide-Clairence es un poco más considerable que Garris y la de Larceveau en Ostabarret se reduce a unas pocas casas a pesar de que haya sido en otras épocas un lugar de estadía de los reyes de Navarra".

En esa calle de 80 0 90 casas que es San Juan de Pie de Puerto funciona la Escolanía que imparte enseñanza de humanidades. Una memoria de 1787 nos describirá por otra parte a la región como si no hubiera experimentado cambio alguno en 87 años:

"un país montañoso, sin comercio, sin casi ninguna manufactura, produciendo y consumiendo poco... Pequeña rinconada de los Pirineos, muy pobre y casi estéril".

A pesar de que el calificativo último se suela emplear para eludir en lo posible los impuestos, no se puede dudar de que la Baja Navarra es, a finales del siglo XVIII un territorio pobre, de escaso rendimiento, con claro predominio aún del modo de producción pastoril sobre el agrícola, cinco o seis centros de extracción de cobre y hierro -ferrería de Arnéguy en Cize, Bidarray en Ossès, Bidache cerca de Mixe y dos en Baigorry, una de ellas perteneciente a medias al vizconde y al valle (Ferrería de Echauz)- y nulos industria y comercio, exceptuando el traspirenaico en las zonas más cercanas a la Alta Navarra efectuado por arrieros semiambulantes. La ferrería más importante era la de Baigorry -cerca de un kilómetro de depósitos, galerías, lavaderos, fundiciones, etc, a orillas del río- que proporcionaba plata y hierro pero sobre todo cobre. Es en esta centuria cuando los bosques, los pastizales y, en general, los comunales entran en crisis.

"La aplicación de viejos reglamentos y la administración de los jurados lograron durante mucho tiempo proteger los bosques y pastizales y mantener la indispensable armonía. Pero a partir de cierta época, no se pudo resistir al empuje de los factores nuevos: desde la segunda mitad del siglo XVIII las necesidades de la marina, los interese privados excitados por los estímulos dados por Colbert a las industrias del hierro y de la lana, en fin el aumento de la población que exigía cada día más tierra para desbrozar y poner en cultivo, sumergieron a las tradicionales precauciones que aseguraban la defensa de los bosques y de los pastizales. En efecto, las costumbres pastoriles y montañesas, sin que pueda decirse que fueran la principal causa de la devastación de los bosques, impidieron a la naturaleza el reparar la obra de destrucción y despoblación forestal"

(Un vallée de Navarre su XVIIIme siècle, Etcheverry- Ainhnart: "E. Yakintza", 1947).

Las tierras comunales son aún abundantes, sobre todo en Baigorry y Ossés, pero conforme avanza el modo de producción agrícola el interés privado tiende a cerrar los campos... En cuanto a las comunicaciones, de los reinados de Luis XIV y XV datan las primeras rudimentarias carreteras o rutas reales que cruzan el pequeño país hasta San Juan de Pie de Puerto que en las últimas decadas del siglo XVII había sido fortificada por Vauban. Luis XV crea, al comienzo de su reinado, un servicio de Puentes y Caminos cuya mano de obra la suministra la vieja corvea real, prestación en trabajo obligatorio de todos los vecinos cerca de cuya población pase la nueva vía.

Naturalmente, por poco que se aleje ésta del núcleo de población, los vecinos dejarán de sentirse en la obligación de trabajar por el rey y de ahí la "cuestión de los caminos" que enzarzó en litigios a los modernos funcionarios de la monarquía y a las viejas comunidades regidas por el fuero. En la Baja Navarra es el valle de Baigorry el que con más aspereza se obstina en escabullir la obligación. La generalidad de Auch, a la que la Navarra del Norte pertenece, había proyectado, a finales del siglo XVIII la construcción de dos importantes carreteras: la de Lapurdi, que iba desde San Juan de Pie de Puerto a Bayona por Hasparren y la del Béarn, desde San Juan a Saint-Palais, Zuberoa y Béarn. Desde San Juan, un tramo común ganaría Arnéguy. Baigorry litigió con la Corona desde 1783 hasta el 1788, perdiendo al final. En vísperas de la Revolución, pues, el país está empobrecido, esquilmados los bosques, reducidos los comunales, endeudado por los pleitos con los representantes reales y por los crecientes impuestos. El descontento social es palpable; en las principales villas del país las mujeres se manifiestan por la carestía de la vida en repetidas ocasiones, destacándose la manifestación de 1748 en San Juan de Pie de Puerto sofocada por la fuerza pública. La venalidad de algunos cargos, el diezmo eclesiástico, la retribución de las gestiones, los salarios de los jurados de los valles proyectan una pesada sombra sobre los labradores que viene a superponerse a las multas del intendente y a las imposiciones de los Estados. Pero tres serán los acontecimientos fundamentales que, en estos vallecitos, prepararán el ambiente a la Revolución y harán esperar a los bajonavarros en una era mejor y más justa: El proceso de Baigorry (1783-1784), el Tratado de Elizondo (1785) y la Crisis de los Parlamentos de 1787-1788.

El enfrentamiento entre Bernard de Echauz, vizconde de Baigorry, y Jean de Harismendy, burgués de Baigorry, tuvo un tremendo eco en la Baja Navarra orgullosa de su tradición alodial. Harismendy ha cazado ostensiblemente en las cercanías del castillo Echauz; el vizconde le acusa de porte de armas, violación de la prohibición de caza plebeya y en última instancia de intento de agresión. Luego Echauz desentierra viejos derechos feudales, ya anacrónicos, como, además del censo, dos corveas. Declara a Harismendy felón, etc...

Teniendo en cuenta que el proceso tiene lugar dentro del marco de la clara reacción señorial que se desata en Francia entre 1760 y 1789, no es de extra ñar que la causa se politice rápidamente en manos de abogados que estaban al tanto de las vicisitudes políticas del momento. Echauz invoca como pruebas de su soberanía sobre el burgués: una serie de liéves, la investigación de 1700, las declaraciones de rentas del vizconde, dos contratos -uno de 1655 y otro de 1746-, una enumeración de feudos efectuada por la madre del vizconde y confirmada en 1770...

Desgraciadamente, el veredicto se desconoce pero no hay duda de que tuvo una profunda resonancia, no sólo en la Navarra norte sino en toda la Francia pirenaica de gran predominio alodial.

Pocas arbitrariedades estatales han causado entre los bajonavarros mayor descontento que la firma de este tratado suscitado por las disputas entre pastores de ambas Navarras. Recordemos, que aún no hacía una generación que 1.000 hombres de Baigorry, armados de fusiles, hachas, palos y makillas habían abatido las palomeras de Roncesvalles y Burguete hiriendo a varios compatriotas. Pero las discordias se solían saldar por gentes que conocían el terreno. Esta vez se parte el valle de Aldudes por medio de la Línea Ornano en dos partes, una para el valle de Erro y otra para el de Baigorry, sin tener en cuenta la opinión de los interesados. Fue ésta una concesión a la buena armonía entre los estados francés y español.

En el País Vasco significó la irrupción, en el mundo de los usos y costumbres, de un elemento nuevo, moderno: la frontera. Se borraba de un plumazo la institución de los pastos indivisos tradicionales (facerías) entre las dos Navarras. Se abolieron las facerías, se entregó Ondarrolle y su mina de hierro a España, se dividió Aldudes... La protesta en Baigorry fue unánime y ruidosa. Los diputados del valle fueron encarcelados. El rey tuvo que postergar la puesta en vigencia del tratado hasta 1787. Luego éste se perdió en el océano de la Revolución... El 14 de mayo de 1787, el secretario del valle explicaba en euskera el discurso del rey ante la Asamblea de Notables (23-IV-1787). Esta es la única alusión a la situación general de Francia que puede recogerse en las actas de la Corte General de Baigorry. Lo demás es Aldudes, Harismendy y el Parlamento.

Entre los años 1787 y 1788 se abre una grave crisis entre los Parlamentos locales del estado francés y el gobierno central. Un año antes de la Revolución, el Parlamento de Navarra, con sede en Pau, también se subleva ante la amenaza de pérdida de los antiguos derechos que aún subsistían después de la tala de 1620. Es curioso constatar, cómo, en boca de los bajonavarros ilustrados, las protestas tradicionales se engalanan de rodaje rusoniano:

Ce que des hommes peu instruits désignent sous le nom vulgaire de coutumes est le titre le plus authentique des droits de ce pays. C'est le renouvellement de son contrat social originaire avec les stipulations également obligatoires de la nation assemblée d'une part, du prince de l'autre...

Navarros y bearneses procedentes de todas las capas sociales apoyan al Parlamento en su violenta protesta por haber sido obligado a dar el pase a los edictos reales del 8 de mayo de 1788.

El Parlamento se cierra por orden real. Montañeses de todo el Béarn acuden entonces a Pau (19 de junio), reabren el Parlamento, lo ocupan, legislan, etc. Los navarros desobedecen ya abiertamente. Toda la Baja Navarra, presa de una fuerte agitación, se niega a pagar más impuestos desde 1788. A partir de 1789, todos los impuestos. Los parlamentarios dictaminan al final que ningún impuesto puede ser establecido ni aumentado en Navarra, sin el consentimiento y aceptación consiguiente de los Estados de este reino que son los únicos en tener un carácter legal para deliberar sobre los impuestos y para consentir la aceptación de los mismos. Envían también unas Trés-humbles et trés-respectueuses Remontrances adressées au Roi par le Parlement de Navarre. Luis V de Navarra (XVI de Francia) convoca los Estados Generales.