Reutilización del telégrafo óptico. En Euskal Herria se reutilizó la telegrafía óptica en dos fases de la interminable guerra carlista. Una red de torres ópticas fue establecida por el general Manuel Salamanca entre 1863 y 1865, en la zona del bajo Ebro. El sistema era muy sencillo: un mástil y dos aspas cuyo movimiento se podía asimilar al de los brazos de un hombre formando ángulos con el cuerpo. La red establecida por el general fue muy extensa y algunas torres eran verdaderos castillos fortificados. Una muestra de ello es el castillo de Caspe. En Vizcaya trató de establecer el mismo sistema sin conseguirlo. En 1873, la Dirección General de Telégrafos, con aprobación del Ministerio de la Guerra, envió a Bilbao a uno de sus técnicos, Antonio Villahermosa, para establecer un enlace Bilbao-Castro Urdiales, pero no lo consiguió por tener los carlistas tomadas las alturas próximas a Bilbao. El sistema de Villahermosa es similar al de Hurtado en la bahía de Cádiz de 1805, con la novedad de disponer de una pantalla colocada en la parte posterior de las aspas para los casos en que el paisaje dificulte la visión. El general Concha, en 1874, reclamó al guipuzcoano Mathé para que le organizara una red de telégrafos ópticos en Navarra. Las líneas que estableció tenían, prácticamente. los mismos trayectos que las primitivas del general Santa Cruz de 1837.
