Lexique

ORNITOLOGÍA

El proceso degenerativo. Lo que más arriba hemos descrito ha sido una sucesión de los ambientes o biotopos que de modo natural se distribuyeron algún día en esta tierra. Hoy en muchos casos esas comunidades vegetales, y con ellas la fauna asociada, ya pasaron a un lamentable recuerdo. Hablar de robledales en Guipúzcoa y Vizcaya en la actualidad es un chiste negro. En Vizcaya sabemos que hay uno (un roble, no un robledal) porque lo llevan cuidando siglos a la sombra de la Casa de Juntas, en Gernika. De no ser por tan singular ejemplar habría que dar por desaparecida la especie en ese territorio histórico. En Guipúzcoa había, hasta fechas recientes todavía, algún robledal, pero parece que ya están consiguiendo la equiparación con Vizcaya en este aspecto también. El territorio «liberado» de la presencia del roble ha sido utilizado para muchas cosas: agrandar las ciudades, implantar industrias, crear praderas y cultivos pero fundamentalmente para plantar pinos con especies alóctonas. Cerca del 40 % del territorio de Guipúzcoa y Vizcaya lo ocupa totalmente el pino de Monterrey. Con los hayedos ha ocurrido algo parecido pero sin llegar a revestir caracteres tan drásticos. En los terrenos donde eran taladas las hayas en muchos casos se crearon praderas para alimentar la cabaña ganadera de cría extensiva. Más de lo mismo se ha dado con quejigales, encinares y carrascales; estos bosques han sido severamente castigados para implantar cultivos cerealistas en su mayor parte. Las marismas por su situación costera han padecido, como en el resto de Europa, un especial castigo. Excepto las dos marismas anteriormente mencionadas (Txingudi y Urdaibai) todas las demás rías vascas han sido colmatadas, desecadas, en definitiva, destruidas. Esta radical transformación de los biotopos naturales, que invariablemente lleva unido un empobrecimiento de lo que quede, tiene una repercusión directa en las poblaciones de aves que en ella habitan. Si tras la tala de un robledal, pongamos por caso, quedan, como vestigios de lo que hubo, arbustos asociados al robledal es más que probable que ciertas especies de aves que habitaban en el robledal cuando estaba entero, como el chochín o los jilgueros, que son especies poco exigentes en cuanto al hábitat, encuentren relativamente fácil acomodo entre los arbustos y puedan vivir y reproducirse en lo que fue robledal. No sucede lo mismo con otras especies de aves, los picatroncos, los arrendajos, los ratoneros... y todas las demás especies que, como las mencionadas, tienen unos requerimientos de biotopo de cierto nivel -que han desaparecido con la tala del bosque- y desaparecerán irremediablemente. Para recrear la comunidad completa de un robledal tras su tala son necesarios entre 100 y 120 años. Este esquema es extrapolable a cualquier biotopo alterado. A mayor alteración de las condiciones originales mayor desaparición de especies, comenzando por las más especializadas y finalizando con las especies generalistas, aquéllas que están presentes en prácticamente todos los biotopos.