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IRLANDA

El ejemplo irlandés en el nacionalismo vasco. Dentro de la Comunión Nacionalista vasca comienza en tomo a 1919-20. a dibujarse una alternativa cuyos rasgos principales serán el regreso a las fuentes doctrinales sabinianas y la búsqueda de un mayor dinamismo de nuevas formas de movilización de los militantes frente a la estrategia legalista autonómica de la Comunión. La alternativa acabó en escisión. No es casual que fueran los jóvenes los protagonistas de la disidencia ni que como caballo de batalla figurase la cuestión irlandesa, dice el historiador Elorza. El partido había optado por secundar la línea parlamentaria, de compromiso y no violenta que seguía el Partido Nacionalista irlandés. De ahí que en 1916 sus dirigentes condenasen la Pascua Sangrienta de Dublín y la táctica antialiada de los rebeldes. Por el contrario. la juventud sabiniana vería en los sin-feiners irlandeses el ejemplo a seguir de un nacionalismo insurrecto, aplicable a la pujante Euzkadi de la neutralidad. Eran dos opciones de clase y generacionales, con dos planteamientos teóricos y estratégicos diferenciados, que harán explosión cuando sea manifiesta la crisis económica y política de la posguerra, al encallar la línea moderada comunionista. El resultado conocido es la llamada escisión «aberriana», que en 1921 hace resurgir el Partido Nacionalista Vasco, sabiniano e independentista, montado sobre el bastión principal de la Juventud Vasca de Bilbao. Minoritario respecto a la Comunión, pero con superior dinamismo organizativo e ideológico. El presidente de la Juventud Vasca, Elías de Gallastegui, será quien a título personal protagonice la escisión y dinamice a su grupo. Anima el teatro vasco, orientado a potenciar la repulsa juvenil respecto a la guerra de Africa, reaviva el papel movilizador de las fiestas y excursiones nacionalistas, dirige a los montañeros nacionalistas («mendigoxales») y piensa que la mujer puede ser algo mucho más activo y eficaz de lo que hasta entonces ha representado en el movimiento nacional euzkadiano. También en este punto el ejemplo vendrá del nacionalismo irlandés. La organización militante de la mujer vasca sigue el molde del Cumann nan Ban de Irlanda, cuyos principios expuso en una conferencia de propaganda Ambrose V. Martín O'Daly. Fue en Bilbao, el 10 de abril de 1922. Por supuesto, O'Daly habló del papel de la mujer irlandesa en el hogar o en defensa de la fe religiosa, pero sobre todo exaltó su calidad de militante, al lado del hombre, llegando a empuñar el fusil en la lucha por la independencia patria. Si como escribe «Xabier de Bursain» (Policarpo Larrañaga) hasta entonces la mujer en Euzkadi iba como mucho a las romerías, ahora el cambio propuesto era más que notable. Ante el entusiasmo suscitado por la conferencia, Elías de Gallastegui trató de forzar una afiliación masiva a una organización de mujeres «abertzales» todavía por crear. En el mismo acto lo propuso, consiguiendo ganar la adhesión de un núcleo inicial de cincuenta, en torno a una militante que venía de atrás, Carmen (Karmele), de Errazti. La nueva organización, que asumía el título de «Asociación de la mujer patriota», (en euskera, «Emakume Abertzale-Batza»), nace así como hijuela de la Juventud Vasca de Bilbao, a la que seguirá físicamente ligada, para bien y para mal, hasta que se haga autónoma ya en los años 30. v. EMAKUME ABERTZALE BATZA. [Ref. Elorza, Antonio. La mujer en el nacionalismo vasco. «Tiempo de Historia», año IV, n. 38, enero 1978 (pp. 8-10].

Bernardo ANAUT