Lexique

ESCLAVITUD (HISTORIA)

Autoridades vascas y esclavos. El reparo a admitir, desde una perspectiva actual, la existencia de esclavos en Euskal Herria, parece obedecer a una falta de perspectiva histórica y a un desconocimiento de importantes características de nuestro pasado. Pero tampoco se puede negar que, ya desde antiguo, se han producido intentos de negar la realidad por el método de la ocultación de los hechos. Prevalece la sensación de que, en general, la presencia de esclavos no ha resultado del agrado de la sociedad vasca, y esta reticencia histórica se ha hecho notar en la época actual.

La presencia de esclavos en tierra vasca provocó, por parte de las autoridades locales, una doble actitud de resistencia. Se trata, en primer lugar, de poner todos los obstáculos legales a su alcance para frenar la introducción de esclavos en tierra vasca. El segundo intento de resistencia respondía al afán de negar una realidad, a cerrar los ojos ante un hecho que, aunque no les complaciera, era una realidad. Esto llevaba a una situación paradójica, por la que se obligaba a expulsar de la región a esclavos cuya existencia se negaba. Lo cierto es que la presencia de esclavos resultaba un hecho innegable dentro del tejido social vasco, aunque su número de ninguna manera era comparable al existente en Sevilla e incluso en Valladolid.

En cuanto sobreviene la crisis del siglo XVII, y la sociedad se repliega sobre sí misma, la presencia de esclavos decrece ostensiblemente. Para ello se confabulan dos factores determinantes. El primero, la sensible merma de poder y prestigio, dentro de la sociedad vasca, de los mercaderes. Estos habían traído, de vuelta de sus correrías mercantiles, a los esclavos que les servían de criados en Sevilla, Lisboa o las Indias. Frente a esta actitud aperturista y nada proclive a cerrar las puertas a elementos extraños, fruto de la convivencia entre amos y esclavos en los emporios mercantiles del Sur y de las Indias, fue cobrando fuerza una corriente más cerrada y preocupada por el mantenimiento, en ocasiones hipócrita, de la pureza del grupo vasco. Este último sector fue ganando posiciones en las instituciones vascas, y tras un siglo XVI en el que la llegada de esclavos había tomado carta de naturaleza, el control sobre la introducción de nuevos elementos extraños y la tendencia a la expulsión de los existentes fue la tónica dominante a partir del siglo XVII.

Diferentes casos confirman que, ante el creciente acoso contra los amos de esclavos se fue agudizando y dejan claro cómo muchos de ellos, sobre todo una vez entrados en el siglo XVII, optaron por evitar enfrentamientos con las autoridades. Algunos optaron por vender dichos esclavos, enviándolos a Sevilla. Menos problema suscitaba la titularidad sobre esclavos cuando éstos vivían fuera de la tierra vasca, en particular en América, circunstancia que no suscitaba especial animadversión en las autoridades provinciales.

A medida que nos adentramos en el siglo XVII, aumenta la tendencia a desprenderse de esclavos. En 1662, Gabriel Sáinz Izquierdo solicita a un conocido suyo, que tiene intención de viajar a las Indias, que se lleve consigo a su esclavo Juan Santiago, para quien ya tenía dueño en Méjico. Fruto de esta presión es la declaración del heredero del capitán Juan Bautista de Mugarrieta, dueño de un esclavo criollo llamado Francisco de Santa María. Debido a las dificultades de retenerlo, no sabe qué hacer con él, pues, "como es público y notorio en esta Provinçia, conforme a sus fueros y previlegios, no puede vivir ni habitar ningún esclavo".